Disclamier: Detective Conan es propiedad de Gosho Aoyama.


El corazón de Shinichi

No sabía cuanto tiempo había pasado desde la partida de Ran, sólo pudo divisar como desaparecía al doblar una esquina mientras el daba vueltas esperando a Agasa, quien de seguro aún permanecía oculto.

— ¿Necesita ayuda muchacho? — una elegante mujer de traje, sombrero y misteriosa sonrisa se hallaba parada a su lado. Fue ahí cuando Shinichi percibió varios pares de intrigados ojos mirándole. Aparentemente, todos los chismosos de Londres tenían acordado transitar precisamente por ahí, al tiempo en la que se desarrollaba la escenita que acababa de protagonizar.

— Buscaba a un amigo, pero no importa, seguro se me ha adelantado, gracias — sólo eso fue capaz de articular, inexplicablemente esa dama le intimidaba y los acontecimientos recientes tampoco ayudaban.

Quiso retirarse, acaparar tanta atención era malo, pero unos gritos detuvieron sus pasos

— ¡Acosadooor! — una octogenaria señora se precipitó hacia él, y empezó a darle bastonazos en la espalda con inusitada fuerza para alguien de su edad.

Auch!, enloqueció

— Madre, cálmese por favor, ¡le va a dar un infarto! — suplicaba el hijo que la había seguido intentando apaciguarla.

— Yo lo ví, yo lo ví — la ancianita señalaba al detective del este temblando con ira —. Persiguió a una pobre e indefensa muchacha que huía de él y no paraba de llorar, vaya a saber con que oscuras intenciones. ¡Pervertido! — chilló — ¡Llamen a la policía!

El joven se escabulló entre la muchedumbre mientras los entrometidos mejores informados explicaban a la viejita como habían sido las cosas en realidad… o lo intentaban

No estoy para locuras

— ¡Hasta que te apareces Shinichi! — acababa de ingresar al hotel y se veía que el profesor pretendía acribillarlo a preguntas.

— ¡Ahora no por favor! — imploró agobiado — Ha sido un día duro, mañana continuaremos resolviendo los acertijos, de momento iré a descansar.

— Como quieras.

Metido en su cama, pensaba en lo sucedido horas atrás. Jamás imaginó hasta que punto se complicarían las cosas. Ran lo había acorralado y el tenía que hacer algo para no perderla. Podía sonar egoísta, pues nada aseguraba que recuperaría su cuerpo definitivamente pero… nunca renunciaría a ella, estaba claro.

A su memoria vino la vez que su amiga de la infancia le había comentado, siendo Conan por supuesto, cuán débil se sentía por extrañar a Shinichi siendo que este estaba lejos y no le pasaba igual.

Tonta. Yo estoy contigo, siempre lo estuve. Cuando amenazaron alejarme de ti me negué en rotundo, rechacé ir a EEUU con mis padres para seguir a tu lado. Sobre la frase de Minerva, nuestro amor será de todo menos cero, espero que ahora lo entiendas.

Sonrió, se hallaba verdaderamente en calma, finalmente había logrado expresarse bien. Pudo ser honesto con la mujer que amaba después de mucho tiempo. Cerró los ojos dispuesto a dormir, lo necesitaba.

Secuestro y terremoto habían recibido al nuevamente Conan tras regresar a Japón. Afortunadamente todo se resolvió. Ahora el pequeño descansaba en la agencia de detectives Mouri.

Debo intentar actuar con normalidad, si no Ran sospechará.

Complicado era fingir frente a la hija de Kogoro el durmiente tras lo ocurrido en Inglaterra, sus sonrojos y nerviosismo delataban sus emociones.

Aún así hice lo correcto, no importa lo que piense Haibara

Recordaba su conversación con ella tras reencontrarse llegando de Londres, si bien tenía razón en algunos planteos, no le gustaba que se entrometa tanto, era él quién debía decidir como iba a manejarse con su amada, él y nadie más. Al fin de cuentas, todo mejoró cuando abrió su corazón, Ran era feliz, sólo eso imporataba.