Parte 2: simios lampiños

Era la oscuridad absoluta. No hacía frío, ni calor, sólo era la nada, sin embargo, una pequeña luz comenzó a surgir desde el centro de este manto negro. Un resplandor blanco y tranquilo, que, con lentitud, trajo a flote los recuerdos y la conciencia. Este era, sin duda, el momento entre el sueño y la realidad.

Sobre su piel pudo sentir el calor del sol de un día primaveral, la suave brisa y el tacto con la tierra. Escuchó el sonido indiscutible de las aves cantando al cielo y uno que otro ruido lejano de alguna criatura deslizándose sobre el suelo.

Abrió los ojos y lo primero que encontró fue el follaje del árbol que usaba como respaldo. Las hojas eran verdes y se mecían con dulzura. De inmediato pensó en la belleza de las cosas simples de la vida y se quedó así, viendo hacia arriba, sin pensar, sólo sintiendo esa tranquilidad que daba la naturaleza.

En eso, una de las ramas se movió un poco más que las otras y, al hacerlo, dejó caer un potente rayo de sol sobre los ojos del que recién despertaba. Fue molesto, nunca se había sentido muy a gusto frente al astro proveedor de vida en el planeta. Pero ahora lo tenía un poco más abajo que por sobre la cabeza y tardaría mucho tiempo en perderlo de vista.

Fue entonces cuando cayó en cuenta. ¿Tenía al sol casi sobre su cabeza? ¿Cómo podía ser eso posible si hace muy poco estaba anocheciendo? ¿Significaba eso que…había dormido toda la noche y que este era un nuevo día? Claramente había perdido una jornada de vuelo nocturno sólo por…un mew.

Se sentó y movió la cabeza varias veces para quitarse el sueño de encima, mas, cuando miró hacia adelante, encontró el peor espectáculo de su vida, el hecho más horrendo, la más terrible de sus pesadillas.

Frente a él, justo bajo su rostro, el cuerpo que descansaba bajo la sombra de un gran árbol era… un ser humano.

Con espanto se puso de pie, sin notar que, al hacerlo, un pequeño niño cayó como un bulto a su lado, todavía dormido.

"¡N-no puede ser!", exclamó con horror al mirarse de pies a cabeza.

Tal y como sucedería en el infierno, Mewtwo, el blanquecino y malhumorado pokémon se había convertido por completo en un ser humano. Su cola había desaparecido, el suave pelaje que lo cubría ahora era reemplazado por un casi invisible vello corporal. Sólo conservaba una gran maraña de cabello de color blanco grisáceo. El resto de su cuerpo, delgado como siempre fue, dejó al descubierto una piel demasiado pálida, tanto como si estuviese enfermo. Su rostro, ahora sólo expresando pánico, tenía un ligero parecido con el que alguna vez fue. Sus ojos, sin duda, conservaron el color original, mas ahora estaban ensombrecidos por sus pobladas cejas. Su nariz era pequeña (como lo fue desde los comienzos de su memoria), pero humana y ya no tenía sus afilados dientes felinos.

Cinco dedos en cada extremidad, uñas, orejas todo, todo absolutamente humano.

No pudo contener el impacto y terminó sentado otra vez, respirando demasiado rápido al darse cuenta de que, a partir de ahora, su vida había cambiado para siempre. ¿Qué iba a ser de él? ¿Cómo volvería a la normalidad? ¿Cómo fue que sucedió esto?

Esas preguntas al parecer no iban a tener respuesta. Estaba mareado, extasiado por la tan repentina metamorfosis.

¿Cómo pudo pasar que él, el pokémon que siempre sintió recelo por la raza humana, terminara convertido en uno de ellos? Ahora Mewtwo se veía como un joven de unos 24 años, sentado en el suelo, desnudo, sin saber que había sucedido con él.

En eso, miró hacia el árbol y encontró a un niño de tal vez 8 años de edad, acurrucado, todavía perdido en el reino de Morfeo. Lo miró por un instante, mas su identidad se le reveló al segundo cuando se quedó fijo en el cabello rosa del infante. Sin duda era Kawara, también transformado.

El cuerpo del que fue un pequeño gato se convirtió en un chico con mejillas sonrosadas y suaves al tacto. Su torso y extremidades lo hacían ver bien alimentado y hasta adorable, con su baja estatura y su rostro inocente.

Mewtwo lo miró, se le acercó y lo tomó del cabello con la rudeza más cruel. El chico se despertó cuando era sostenido por el más grande, a quien no parecía importarte que el pelo del niño era parte de su cuerpo y podría causarle dolor.

"¡¿Qué fue lo que hiciste?!", le gritó, pero cuando el ex - mew se vio lejos del suelo y alzado de esa manera, comenzó a llorar para que lo soltaran. Así lo hizo el chico de pelo gris y repitió la pregunta teniéndolo en el suelo.

"¿Quién eres tú?", preguntó el niño.

"¿Preguntas quién soy? ¡¿Preguntas quién soy?!", continuó gritando el más grande. "¿No puedes imaginar quién soy?"

"Yo…"

"¿Acaso no te has visto a ti mismo? Respóndeme quien eres tú, tal vez así sepa quién soy yo."

Entonces Kawara observó su cuerpo y, con espanto, le gritó a su compañero:

"¡Nos convertimos en humanos!"

"No me digas", contestó Mewtwo. "¿Sabes? No lo había notado, gracias por informármelo."

"P-pero… ¿Cómo pasó?"

"¿Y esperas que yo lo sepa?"

"…"

"Fueron las manzanas que trajiste, idiota. Después de todo sí tenían algo malo, sí tenían veneno. Pero nos dieron algo peor que la muerte", le dijo. "Qué piensas que vamos a hacer ahora, ¿eh?"

Pero el pequeño, entonces comenzó a llorar y a llamar a su madre mientras Mewtwo se paseaba de un lugar a otro pensando en qué hacer. No quería entrar en pánico y terminar como el niño, acurrucado, sin parar de lamentarse, con la cara llena de lágrimas.

"Fueron las manzanas" se repetía, así que se agachó y tomó una para olfatearla. Fue extraño, ahora parecía una fruta perfectamente normal, por lo que la mordió y tragó. Esperó y nada sucedió. "Maldita sea."

Continuó yendo y viniendo frente al niño que no cesaba su llanto, hasta que Mewtwo se detuvo, lo miró con el odio más profundo y le gritó:

"¡Ya cierra la boca, maldito niño!"

"Pero es que…", hipó Kawara, "ahora somos…"

"¡Humanos, ya lo sé!"

"¿Cómo vamos a volver a…?"

"¿Cómo quieres que lo sepa? ¡Me trajiste esas manzanas y ahora mírame! Parezco un maldito humano, con la misma maldita cara de esos simios parlantes."

"Mi mamá dice que es incorrecto maldecir."

"No me interesa lo que piense tu madre, puedo maldecir todo lo que quiera. Además", le dijo de cerca, "¿Por qué te preocupa lo que ella considere correcto o no? Cuando te vea negará de inmediato conocerte y…así nada más, ya no tendrás madre."

"¿Qué?"

"¿Acaso creíste que podrías volver a tu casa? Todos te rechazarán por ser un fenómeno, mi pequeño maldito niño."

"P-pero…", sollozó el chico. "Mi madre me quiere, ella…"

"Su hijo era un mew, pero él ya está muerto."

"…"

"A partir de ahora, mi estimado, te has convertido en un paria."

"¿Un…paria?"

"Así es", dijo Mewtwo alejándose, "bienvenido a mi mundo."

Kawara lo miró caminar y su vista se nubló. Comenzó, entonces, a llorar a gritos, clamaba por su madre, sus amigos, por Arceus y por todo lo que se le ocurrió y que tenía cierto valor para él.

Entretanto, el clon indirecto se sentó en el suelo otra vez e intentó pensar, pero los lamentos del niño estaban perforándole la cabeza. A él no le importaba para nada la familia del chico, pero éste, al parecer, quería comunicárselo a todo el bosque.

"¡Mamá, por favor, ayúdame!", gritaba. "¡Mamá!"

"Ya cierra la boca", dijo Mewtwo poniéndose de pie y caminando hasta el infante. "¡Cállate! ¿Qué no ves que estamos perdidos? ¡Gritar por tu madre no te salvará!"

"¡No, por favor!", continuó.

"¡Ya basta!", gritó el joven tomando otra vez al niño del cabello, mas, cuando se disponía a continuar con su discurso…

"¡Déjalo tranquilo!", dijo una muchacha que repentinamente apareció desde unos arbustos.

Era una chica promedio, no medía más de 1, 60 metros y su edad no rondaba más allá de los 21 años. Tenía el cabello negrísimo y enmarañado, corto casi como el de un hombre; usaba anteojos, tenía una mirada algo distraída, mas, en esta ocasión, expresaba gran enojo. Poseía varias pecas en su cara y otras en el cuello. Usaba una camiseta y pantalones cortos de un color sobrio. Su piel tenía un tono tostado, pero no demasiado.

Parecía muy molesta con el joven de cabello grisáceo, a quien miró con gran ira.

"Suéltalo en este momento o llamo a la policía", le advirtió, por lo que el muchacho hizo lo que le pidió, dejando con poca suavidad al niño en el suelo. "Ahora aléjate de él ¿Qué crees que estás haciendo? ¡Pervertido!"

"¿Pervertido?"

"¡Papá!", gritó la chica. "¡Papá por favor ayúdame!"

"Humanos… ¡qué no puedan dejar de gritar!", exclamó el joven con hastío.

"Te irás a la cárcel por abusar de ese pobre niño. Mi papá te dejará en el suelo y vas a dormir en una celda, ¿oíste?"

"Guarda silencio, maldita sea", le dijo Mewtwo. "No seas idiota y presta atención. Este niño que ves aquí, no es humano y yo tampoco lo soy. No estoy abusando de él y no soy un pervertido. ¿Piensas que por el sólo hecho de ser humano durante diez minutos he de caer tan bajo como ustedes?"

"Estás…¡estás demente!", dijo ella.

"Para los de tu raza, todo aquel que piensa distinto está demente. Todo aquel que no encaja en su canon es un fenómeno. Sé perfectamente que no me crees, pero no voy a seguir el juego. No soy un humano y lo negaré por siempre."

"No… niño", le dijo a Kawara. "Aléjate de él, ven conmigo, te llevaré a tu casa, tu madre debe estar muy preocupada."

"No", negó el chico. "Mi mamá ya no me quiere", y continuó llorando.

"Esto es insoportable", suspiró Mewtwo, pero miró a la humana y se dio cuenta de que, efectivamente, no tenía prueba alguna para demostrar su verdadera naturaleza. Ella interpretaba las cosas a su manera y él tendría que acatar eso. Estaba en problemas, entendía lo que ella creía y tal vez, de verdad podría terminar en la cárcel. "Te contaré una historia", dijo, "estas manzanas que ves a mi lado, fueron las responsables de lo que estás viendo ahora."

"¿Q-qué?", preguntó ella con un repentino interés.

"Hace…bueno, a decir verdad no se hace cuánto tiempo fue, nosotros comimos de esta fruta, nos quedamos dormidos y despertamos así. Es la verdad, no tengo otra historia."

"¿Dices que… las manzanas los transformaron?"

"Veo que no eres tan tonta como imaginé."

"P-pero… ¿ustedes son pokémon?"

"Vaya, me sorprende tu viveza".

"Eso es… imposible."

"Lo sé, pero…"

"Las manzanas tenían otro efecto, ¿cómo fue que…?"

"Espera", la detuvo el muchacho adelantándose un poco. "¿Qué acabas de decir? ¿Tú sabes cuál es que origen de estas manzanas?"

"Bueno…sí", admitió ella.

"Entonces… ¿tú las envenenaste?"

"No, claro que no. No están envenenadas, es otra cosa. Tenían un efecto, pero no era este, la idea es que los pokémon hablaran como seres humanos, no que…terminaran así."

"…"

"Dios mío, esto es…. ¡papá!", gritó otra vez, "¡por favor ven pronto!", y se volteó para correr hacia el bosque otra vez.

"¡Espera!", dijo Mewtwo, pero ella no se detuvo. "Maldición."

Se quedó viendo hacia donde la joven ya no estaba, con el corazón oprimido al saber que había una razón para todo y tal vez una cura. La chica tenía información y, conociendo la enfermedad, fácilmente podrían llegar a una conclusión e idear algún antídoto. Sin embargo, ahora ella ya no estaba. Corría en el bosque sin que el clon pudiese imaginar a dónde había ido.

Esa fue, según él, la única oportunidad de regresar a la normalidad…y se había esfumado tan rápido como llegó.

Otra vez, lentamente, se sentó en el suelo, pero ahora dejó caer su cabeza entre sus manos y así se quedó. Kawara entonces cesó su llanto y lo miró. Mewtwo parecía perdido, resignado, sintiéndose terriblemente mal por lo que le ocurría.

"Mewtwo…"

"Dime", susurró el chico de cabello gris, "dime Kawara, ¿qué vamos a hacer ahora? Somos humanos pero no sabemos cómo serlo correctamente. Ellos tienen reglas, tienen protocolos que nos será muy difícil acatar."

"…"

"En primer lugar, ellos usan ropa. ¿En dónde vamos a conseguir algo de vestir sin robarlo? Ellos viven en casas y trabajan. Según la edad que tengo, debería conseguir un empleo y tú tendrías que asistir a la escuela."

"No entiendo."

"Lo sé, sé que no entiendes y que estás asustado…y yo también", y ambos guardaron silencio por mucho tiempo, tal vez minutos en que el bosque se mantuvo calmo para compartir la incertidumbre de los recién transformados. Sin embargo, poco a poco comenzaron a sentir que unas voces se acercaban. El clon alzó la vista y, a lo lejos, pudo divisar a la chica que lo había llamado pervertido. Corría trayendo de la mano a un hombre mayor, quien la seguía a duras penas. Cuando ya los separaban unos pocos metros, el chico se puso de pie para, de alguna manera, darle la bienvenida a su miseria.

"Aquí están", dijo la joven señalando a ambos desnudos. "Ellos se comieron las manzanas y se transformaron en humanos."

"¡Es increíble!", comentó el hombre con cierta fascinación por lo que estaba viendo. Recorrió a Mewtwo se pies a cabeza con la mirada y lo mismo hizo con Kawara. "¡Es fantástico!"

"¿Disculpa?", preguntó el clon con obvia molestia. "¿Crees que estar en estas condiciones es fantástico?"

"¡Y puedes hablar también!", agregó el adulto. "Creo que hemos hecho el descubrimiento del siglo."

"…"

"Papá…"

"No, me corrijo, ¡el mayor descubrimiento de la historia!", gritó. Entonces, sin soportarlo por mucho tiempo, Mewtwo se abalanzó sobre él, gritándole que ya no era experimento de ninguna clase y que no iba a permitir que lo trataran como tal. Le dijo que era su obligación regresarlos a la normalidad y, que de no hacerlo, iba a encargarse él mismo de que el hombre jamás volviera a tocar un tubo de ensayo.

Kawara quedó boquiabierto al ver al muchacho de esa manera. Ciertamente era la primera vez que hablaban, mas sabía que Mewtwo siempre mantenía la calma aun en las situaciones más difíciles. Pero, en esta ocasión, el clon terminó sacado de sus casillas. Le gritó al hombre como nunca en su vida lo había hecho y éste, asustado, sólo se mantuvo callado, escuchando el descargo del recién convertido.

Fue la chica quien intervino en la situación, separándolos al pensar que, en algún momento, el joven recurriría a la violencia.

"Por favor, basta", dijo en medio de ambos. "Cálmate, ¿sí?", se dirigió al clon.

"¿Esperas que me calme?", replicó éste. "¡El humano me convirtió en esto y está contento! ¡¿Acaso no puedes imaginar cómo me siento?!"

"Trato de hacerlo, pero necesitas calmarte. Por favor."

Mewtwo la miró, lanzó un bufido de hastío y se alejó rápidamente. Le sorprendió el hecho de haber casi perdido el control por completo, sin embargo atribuyó su estado histérico al ser ahora, un humano, los amos y señores del drama y la tragicomedia.

"Papá, no hagas eso", susurró la muchacha al hombre.

"Lo sé, lo siento."

"Imagina que tú te conviertes en un pokémon y no sabes qué hacer, trata de entenderlo."

"Sí, lo lamento", y se acercó al joven. "Oye" le dijo, pero éste no lo miró. "Por favor, te pido disculpas por mi actitud, realmente no respeté para nada tu situación y me emocioné. No volverá a pasar. Entiendo que ahora estamos en un predicamento y que es mi deber como causante de esto el regresarte a la normalidad."

"A él también", susurró el clon señalando al infante que aún estaba sentado en la base del árbol. "Su familia está esperándolo."

"Sí, por supuesto. Ambos regresarán a la normalidad, te lo prometo."

Entonces el hombre les dijo que debían ir hasta su casa para resolver todo el embrollo, preparar un antídoto y ver que por fin, ambos chicos regresaban a sus cuerpos de pokémon.

Recogió las manzanas y el adulto caminó por entre los matorrales, señalándoles que debían seguirlo. La muchacha los invitó amablemente y se aproximó a su padre. Mewtwo se regresó un instante, sólo para ayudar a Kawara a caminar, ya que, producto de la forma de su cuerpo original, el niño no podía mantener correctamente el equilibrio. Avanzó sujetándose del brazo de su clon indirecto, quien de un momento a otro, parecía indiferente a todo.

"Mewtwo… ¿qué te pasa?", le susurró.

"Soy un humano, ¿qué crees que me pasa?"

"…"

Y continuaron en fila india por el bosque.