Para Katara, esto ya era demasiado. Había soportado de todo, hasta cosas que no creía que pudiera aguantar, pero esto ya era el colmo. Recordó todas y cada una de las cosas que había sacrificado y resistido tan solo por el bien de la paz y tratando de apoyar a Aang en su rol de Avatar y su expresión se volvió aun más sombría.
Al principio no le importo mucho. La ausencia de Aang no era tan notoria mientras ella ayudaba a los Maestros-Agua de la Tribu Agua del Norte a reconstruir su hogar. Las casi inexistentes ocasiones que tenia para verlo, interrumpidas por reuniones con los líderes de su tribu (su padre y otros guerreros), las constantes preocupaciones que la asaltaban sin saber si el monje se encontraba bien o no, las muchas "admiradoras" que el menor se había ganado por detener la guerra, todo eso estaba bien… ella sabía que era el precio que se debía pagar para mantener la incipiente paz que su novio, al igual que todos sus amigos y familia y ella misma, habían luchado tan arduamente para establecer… pero esto era la gota que derramo el vaso.
No solo no tenía tiempo para ver al que ella llamaba "novio", sino que, además de que esos escasos momentos eran acortados aun más por las constantes reuniones, no pasaba mucho tiempo antes de que Aang recibiera algún llamado del Señor del Fuego. Katara sabia de los muchos problemas internos que la Nación del Fuego tenía desde que el adolescente había tomado el mando y en un principio intento ser comprensiva y no ponerle demasiada atención. Pero luego de ver que prácticamente ya no existía nada más para Aang que el mayor, la ojiazul comenzaba a sentir algo que pensó, se había terminado en el momento en el que Zuko le había ayudado a encontrar al asesino de su madre, solo que había vuelto mucho peor de lo que había sido en el pasado.
Por meses, la Maestra-Agua había soportado en silencio la indiferencia del monje, ver como él y su queridísimo amigo Zuko cuchicheaban el uno en el oído del otro para soltar risitas discretas y luego, recobrar la compostura; las miradas cómplices de ambos cuando alguna reunión era demasiado aburrida y repetitiva y alguno de los dos mantenía distraído al otro sin que nadie más se diera cuenta, haciendo parecer que en verdad ponían atención; las noches enteras que ambos pasaban encerrados en la habitación de alguno de los dos, en las que apenas dormían un poco y, lo más irritante del asunto, las "conversaciones" (si es que a eso se le podía llamar así) que solían tener ambos, siempre igual, haciendo parecer que hablaban en clave.
Katara recordaba una ocasión tres meses atrás, mientras visitaban la Nación del Fuego y caminaban por un pasillo media hora antes de una reunión con el Reino Tierra.
FLASHBACK
Como siempre, Zuko y Aang caminaban juntos, ignorando al resto de su compañía y compartiendo esas miradas cómplices que le hacían hervir la sangre a la Maestra-Agua, cuando algo capturo la atención de Aang, haciendo que se detuviera.
-Oye- dijo, tomando las armas envainadas que descansaban sobre una fina mesa de madera oscura -estas son…?
-mhm- fue la llana respuesta de Zuko –aunque no se que hacen aquí
-deberían estar en tu habitación, no?- un asentimiento de cabeza fue suficiente respuesta.
Aang saco una de las espadas dobles que todos reconocían como las que Zuko había llevado consigo, primero como el Espíritu Azul y luego como aliado en el Templo Aire del Oeste, y la observo con atención. De pronto y sorprendiendo a todos menos al Avatar, Zuko retiro la otra espada de la vaina y Aang no dudo un momento en chocar metal contra metal. Zuko le había estado enseñado como utilizarlas y, aunque aun no era un experto, aprendía muy rápido y sabía manejarlas con bastante gracia. Pero, más que un reto, parecía una danza. Dando vueltas lentamente, sin despegar los ojos el uno del otro, con las hojas rechinando al contacto de la otra, sonriendo.
-como sabias que funcionaria?- Aang formulo la extraña pregunta, dejando a todos confundidos. Pero Zuko respondió con facilidad
-pues…- esa simple palabra y encogiéndose de hombros fue toda su respuesta. Ambos dieron una vuelta rápida, en dirección contraria del otro, hasta que las espadas volvieron a chocar, sacando chispas al contacto de filo contra filo, haciendo círculos con las espadas aun tocándose. De pronto, Zuko salto por encima de la cabeza de Aang (algo increíble considerando lo mucho que había crecido el menor en los últimos meses y lo poco que la vestimenta del Señor del Fuego lo dejaba moverse) y quitándole la otra espada a Aang, aterrizo parado detrás de el, ambos filos peligrosamente cerca de la delicada piel del menor.
-que crees que haces?- eso fue más de lo que Katara pudo soportar, iba a ahorcarlo con sus propias manos si era necesario. Suki y Sokka palidecieron, mas por el grito de Katara que por lo que pasaba entre Zuko y Aang, Toph no se inmuto para nada, sonriendo burlonamente. Pero ninguno de los dos, ni el Avatar ni el Señor del Fuego pusieron atención a su protesta. Aang dócilmente a merced del letal filo de las espadas, sin señales de querer hacer algo por cambiar su posición, sonriendo. Zuko sin moverse, no atacando, pero tampoco quitando las espadas. Zuko se inclino un poco, alcanzando el oído del Avatar, para decirle en un tono algo inusual
-pero así fue- y Aang sonrió como un idiota mientras el mayor se enderezaba de nuevo y ambos se miraron a los ojos, sonriendo aun más ampliamente –sabias la respuesta, no?
-claro que si… todo el tiempo
-cual era el punto de preguntar?- Aang pareció pensar un poco en la respuesta para luego contestar simplemente
-confirmación?- después simplemente rieron a carcajadas y se quedaron en la misma posición, viéndose a los ojos.
-ok, amigos- Sokka, que en este punto comenzaba a asustarse, no solo por los extraños pedazos de conversación de ambos adolescentes, sino también por el aura de maldad que comenzaba a emanar de su hermanita, los trajo de nuevo a la realidad –tanto como disfrutamos que ustedes se estén riendo de un chiste que obviamente nosotros no hemos escuchado, tenemos una reunión y lamento informarles que, siendo el Avatar y el Señor del Fuego, seguramente notaran que ustedes dos no están ahí… así que es mejor que nos apresuremos, por favor?
-oh, si… lo siento Sokka- Aang se sonrojo mientras Zuko se aclaro la garganta, metiendo las espadas de nuevo en la vaina y caminando hacia el salón.
-vámonos, Aang- dijo Katara, mientras se acercaba a su novio, decidida a que no pasara ni un minuto más cerca de Zuko
-sí, claro- Katara pensó que al fin le prestaría un poco de atención. Pero un gesto de Zuko y Aang corrió un poco para alcanzarlo, dejando a la ojiazul atrás sin notar su expresión de ira pura. Ahora sí, los celos la estaban ahogando y al menor no parecía importarle para nada…
FIN FLASHBACK
Si, Katara se había reservado en silencio sus reproches y comentarios, viendo como poco a poco el Maestro-Fuego le robaba la atención del Avatar mientras este pasaba menos y menos tiempo con ella. "Zuko parece más tu novio que tu amigo" alguna vez le dijo, mitad broma, mitad seriamente, pero Aang lo desecho rápidamente "es mi mejor amigo, tu eres mi novia" le dijo simplemente para luego darle un pequeño beso en los labios e ignorarla sistemáticamente de nuevo. Ella comenzó a notar, con bastante fastidio, que solo con la mención de Zuko en una frase podía atraer realmente la atención del menor y eso la irritaba más de lo considerado saludable. Lo dejo pasar de todas formas, sinceramente creyendo que estaba sobre actuando… pero esta noche, en esta especifica reunión, todo se fue al demonio y toda esa furia reprimida exploto, aunque no como un volcán como cualquiera hubiera pensado. No, Katara sabía esperar y encontraría el momento justo. Esta vez, Aang tendría que escuchar lo que ella tenía que decir, ya fuera si lo quería o no.
Todo esto burbujeaba en su cerebro mientras volaba sentada en la montura de Appa, rumbo a la Tribu Agua del Sur y, aunque Aang sabía que algo no andaba bien ya que conocía muy bien a su querida novia, prefirió estar en tierra firme para conversar con ella a arriesgarse a que ella decidiera tirarlo desde la cabeza del bisonte y terminar con el problema sin la necesidad de gastar saliva.
-Katara, espera!- Aang corría como podía tras de la Maestra-Agua que parecía volar con la rapidez que la furia le daba a sus pies –ya te explique qué… - pero Katara detuvo sus palabras mientras el menor casi se estrella con ella cuando la chica se detuvo de repente hecha una tormenta y lo encaro
-si ya lo sé, se que "esa" era la hija de uno de los Generales que le sigue siendo fiel a Ozai y que la única razón por la que no ha sido removido de su puesto es porque tiene gran influencia en el resto del ejercito y es por eso que quieres ganarte su confianza y hacerlo aceptar a Zuko como el nuevo Señor del Fuego, ya que temes que pueda levantarse en armas contra él y provocar una lucha interna o, peor, que los opositores de otros reinos se unan a él y estalle otra guerra, porque la vida de Zuko estaría en peligro y eso es algo que no vas a permitir!- decir que el menor estaba atónito por lo bien que Katara recordaba todas y cada una de sus palabras en orden, era decir poco –pero aun así, no encuentro la razón para que dejaras que te besara
-pero solo fue en la mejilla!- Aang intento negociar con ella, pero la ojiazul no iba a tragarse ese cuento
-SOLO. EN. LA. MEJILLA? TE PARECE POCO?
-cálmate, por favor!
-es sencillo para ti decirlo, pero como crees que me sentí yo, no te importa?
-claro que sí, es solo que no creo que sea para tanto
-QUE NO ES PARA TANTO?- Katara vio su oportunidad, era el momento justo para dejar salir todo lo que había en su mente –porque siempre crees que los problemas son nada? No es posible que no veas nunca el tamaño de las cosas! Ya estoy cansada de que siempre creas que todo está bien cuando no está ni cerca de estarlo! Te has puesto a pensar en cómo me he sentido en todo este tiempo, siempre preocupada por saber si te encontrabas bien, manteniendo mis celos al mínimo cuando pensaba en todas esas… "hijas" de cualquiera que se te acercara, las pocas veces que podía verte y todo para que simplemente te fueras otra vez, siempre mucho más preocupado por Zuko que por mi!
Los enormes ojos grises de Aang reflejaban toda la sorpresa que sentía ante las palabras de la chica. Pero esa sorpresa fue rápidamente reemplazada por frustración.
-te lo dije, te lo advertí desde un principio!- Katara se sorprendió por el tono elevado de la voz del menor, pero prefirió no mostrarlo –te deje en claro que esto era lo que pasaría cuando te convirtieras en mi novia! Sabias perfectamente que no podría quedarme en un solo lugar, aun hay muchas cosas que hacer y debo estar en todas las reuniones para asegurarme de que las naciones lleguen a un acuerdo sin tener más problemas!
-y el beso de esa? Eso que fue, un tratado de paz?
-solo intentaba ayudar a Zuko!
-porque? Si el no puede resolver sus problemas por si mismo, que clase de gobernante será?- Aang definitivamente estaba impresionado, preguntándose quién era esta chica y que había hecho con Katara. El menor intento calmarse, respirando profundo y masajeándose las sienes. Haciendo uso de su probada paciencia de Nómada Aire, Aang intento razonar con ella, tomándose su papel de protector del equilibrio más en serio que nunca.
-ya lo sé, pero si puedo ayudarle en algo, lo hare. Y si lo estoy ayudando es porque es mi mejor amigo y, después de todo lo que hizo por nosotros, pensé que tu pensarías igual y me apoyarías en esto, pero veo que no- Aang suavizó el tono de su voz, tratando de llegar a ella –que es lo que te está pasando Katara?
-que es lo que me está pasando?- el monje creyó que era un avance, que al fin podrían llegar al centro del problema y comenzar a resolverlo… craso error –nada me pasa a mí, todo esto es solo tu culpa!
Y así de rápido, Aang sintió que el cerebro se le freía, tratando de analizar todo lo que habían discutido. Es que se había perdido alguna parte de la conversación?
-MI culpa?
-si! Es tu culpa, estas más preocupado por lo que el piense o sienta o lo que le pase y yo quedo en segundo plano siempre! Comienzo a preguntarme si en verdad te importa nuestra relación…
-por supuesto que me importa! Esto es lo que he querido desde el primer momento en que te vi, pero sabes que no puedo quedarme en un solo lugar. A pesar de que la guerra ya termino, los problemas aumentaron y es mi deber mantener todo bajo control
-Zuko no debería necesitar tu ayuda…
-el jamás lo pidió, ya te dije que, si lo estoy haciendo, es solo porque yo quiero hacerlo
-ahora ves que si es tu culpa?- la paciencia se le estaba agotando rápidamente al Maestro-Aire, algo que la chica frente a el había logrado en varias ocasiones con mucha facilidad, para sorpresa de Aang –si tu no fueras tan tu, siempre queriendo resolver los problemas de los demás para que no sufran…
-y que se supone que haga, que cambie quién soy? Todo este tiempo me han pedido que asuma mi papel de Avatar, y cuando finalmente lo hago, resulta que no te parece!
-tal vez lo que necesitas es concentrarte menos en Zuko y preocuparte más por nosotros- Katara se cruzo de brazos y Aang pudo notar un tono distinto en su voz. Un brillo peculiar en los ojos azules le hizo ver que en esa frase iba inyectado parte del veneno que la estaba carcomiendo por dentro. De repente, se dio cuenta de algo que lo dejo aun mas sorprendido de lo que ya estaba, si era posible
-esto… esto nunca tuvo que ver con la hija del General- Aang la miro a los ojos, haciendo que la mayor desviara la mirada
-claro que sí, no puedo creer que las dejaras besarte
-no- Aang no cayó en el juego –esto siempre fue por Zuko, no es así? Siempre se trato de él!
-y que si lo fue?- Katara no pudo contenerlo más –parece más tu novio que tu amigo! Le das más importancia a el que a mí! Como quieres que no sienta celos?
-pero es NUESTRO amigo, Katara! Como puedes estar celosa de el?
-pues no lo tratas así! Porque no te vas a la Nación del Fuego y te casas con él?- "no puedo seguir con esto, tengo que tranquilizarla" pensó el menor, si no lo hacía, terminarían matándose
-Katara, por favor… escúchame- suavizo su mirada, intentando hacerla entender –no quiero pelear contigo, pero tampoco puedo abandonar a Zuko… no me pongas a elegir
-no lo hare- Aang casi pudo sonreír, pensando que al fin ella había entrado en razón y podrían hablar en paz –vete de aquí
Aang se quedo petrificado donde estaba. No podía moverse y al mismo tiempo, sentía que temblaba. No era posible que hubiera escuchado eso, no era posible… Katara le había prometido apoyarlo…
-pero… pero tu dijiste… dijiste que siempre estarías a mi lado, pasara lo que pasara- sus ojos azules no pudieron soportar el dolor en las orbes grises del monje. Recordaba haberle dicho eso como si hubieran pasado solo minutos, pero la verdad era más fácil decirlo que hacerlo. A pesar de ser mucho más madura que la mayoría de las chicas de su edad, sin duda debido a todo lo que había tenido que pasar, muy en el fondo Katara era solo una chica normal buscando algo normal en su vida. Aunque debía admitir que no podía haber buscado a alguien más alejado de lo normal que el Avatar en persona.
Dándole la espalda, volvió a repetir aquellas palabras, medio matando al menor sin saberlo
–vete de aquí, Aang. Tú y yo ya no somos nada, ni novios, ni amigos, ni familia… no quiero que regreses aquí y no quiero volver a verte…
Sus pies parecían hechos de metal, era difícil caminar o hacer algún movimiento. Pronto encontró las fuerzas para moverse, ajetreando un poco alrededor, recogiendo las pocas pertenencias que poseía y llevándolas a la montura de Appa. Regreso adentro, observando el largo cabello chocolate de la chica, sin que esta se dignara a darle la cara.
-ojalá y yo no fuera quien soy… así tal vez podría ser quien tú necesitas que sea. Adiós, Katara- y sin decir una sola palabra mas, el menor salió del lugar, levantándose en el aire hasta quedar sentado en la cabeza del bisonte. La mayor pudo escuchar el suave "yip, yip" de Aang, seguido del sonido del aire que Appa alborotaba al despegar. La Maestra-Agua cayó sobre sus rodillas, mientras apretaba las manos apoyadas sobre el suelo, la frustración y el coraje hirviéndole en las venas, acompañados de unas cuantas lagrimas rebeldes que se negaron a obedecerla.
Aang viajaba sin rumbo fijo sobre la cabeza de su bisonte, con el corazón destrozado y sin saber qué hacer. Katara era la persona más importante en su vida, la chica de sus sueños, su mejor amiga, la única persona que lo había apoyado desde un principio y justo ahora cuando más la necesitaba a su lado, lo abandonaba sin pensarlo dos veces.
A donde iría ahora? Por los últimos diez meses y desde que había terminado la guerra, el único lugar al que había llamado hogar era la Tribu Agua del Sur. Cuando menos, ahí estaban sus modestas pertenencias y la persona que más amaba en todo el planeta, la misma que esta noche le había roto el corazón por ninguna razón en particular. El único lugar que visitaba más seguido que el polo sur era la Nación del Fuego y eso le pareció la respuesta a su dilema.
Pensó en ir con la única persona que sabía que podía ayudarlo, no solo con alojamiento sino también con consejo. El Maestro-Aire tomo rápidamente las riendas de Appa, mientras daba la vuelta.
-vamos amigo. Es hora de hacerle una larga visita a Zuko.
_Toc, toc_ Zuko se levanto de golpe, arrepintiéndose rápidamente del movimiento tan brusco cuando su cabeza golpeo contra el respaldo de la silla donde estaba, ehm, sentado. Solo había cerrado los ojos por cinco minutos, no era posible que se hubiera quedado dormido, o si? La saliva que tuvo que limpiar de su cara y de algunos de los papeles en los que había estado trabajando antes de tomarse ese "pequeño descanso" le dijo lo contrario. Últimamente se mataba trabajando en documentos que, en lugar de desaparecer de su escritorio, seguían apilándose y, así, se quedaba dormido en los momentos menos pensados.
_toc, toc_ de nuevo el golpeteo en la puerta que lo había despertado, aunque un tanto más inseguro. El adolescente camino rápidamente, pensando en que podría ser tan importante como para darle el valor a algún sirviente de molestarlo cuando había especificado que no debía ser interrumpido por ningún motivo.
-que sucede?- Zuko abrió la puerta con mas rudeza de la necesaria, casi golpeando a la mujer parada en el corredor –oh, disculpa, que pasa Len?- la mujer, entrada en años, era una especie de niñera que su tío había dejado para él cuando se fue a Ba Sing Se a atender su casa de té. Aunque Zuko no le permitía hacer mucho por él, jamás fue grosero con ella y, aunque tal vez nunca se lo diría, apreciaba sus cuidados.
-no tiene por que disculparse, Señor del Fuego Zuko- la mujer le sonrió maternalmente –mi señor, Avatar Aang está aquí- ella mantuvo su mirada fija en el suelo y Zuko se lo agradeció en el alma, ya que, aunque realmente hubiera querido, no habría podido contener la sonrisa boba que se dibujo en sus labios
-puedes retirarte- le dijo, queriendo prepararse y arreglarse el cabello, especialmente la insignia del fuego sobre su cabeza que se había casi caído cuando se golpeo contra el respaldo de la silla, pero la mujer no se retiro. Aun más, se acerco y con sus dedos, peino con suavidad el cabello del joven y arreglo el adorno del Señor del Fuego. Zuko se sorprendió pero, al ver que ella lanzaba una mirada sobre su hombro y sonreía, Zuko vio a sus espaldas y se dio cuenta de lo que ocurría. Ella hizo una reverencia y se perdió tras las puertas que el Maestro-Fuego no dudo en cerrar, la sonrisa boba de su rostro se torno en una burlona ante la vista de la persona que pretendía recibir en la entrada, parado en medio de su balcón.
-tus modales han empeorado, Avatar Aang- dijo mientras se cruzaba de brazos –no deberías entrar a la casa del Señor del Fuego sin ser invitado
-lo siento- Aang le siguió el juego, haciendo como si buscara a alguien en la habitación –no sabía que aquí estuviera él. Yo solo veo al Profesor Calor- Aang rio con ganas cuando Zuko le rodeo el cuello con su brazo
-ya te he dicho que no me digas así- lo regaño el mayor, aunque la sonrisa lo delataba. El monje se soltó con facilidad del agarre del otro mientras lo envolvía en un abrazo que Zuko tardo solo un momento en corresponder. Le había costado bastante, pero finalmente comenzaba a acostumbrarse a las muestras de afecto del menor.
-como has estado, Zuko?
-desde unas horas atrás, cuando fue la última reunión que tuvimos? Mh, déjame pensarlo, igual que hace unas horas?
-bueno, muchas cosas pudieron haber pasado desde entonces- Aang le contesto, ayudándose de los dedos para enumerar las muchas calamidades que pudieron ocurrirle a su amigo – pudo haber un terremoto, o pudiste haberte caído del barco imperial y haberte ahogado, o caído de uno de los globos hacia el vacio…
-oye, oye- Zuko lo calmo, levantando las manos como si las palabras del otro fueran golpes e intentara detenerlos –gracias por los buenos deseos, creo… pero visto que el palacio esta completo y sigo aquí Y respirando, creo que estoy bien, exactamente como hace unas horas- dijo el mayor, sonriendo levemente –además, solo para que lo sepas, soy un excelente nadador
-si y me vas a decir que también eres un gran volador?- Zuko entorno los ojos e ignoro la absurda pregunta de su amigo
-y a que debo el honor? Que puede ser tan importante como para que el Avatar me haga una visita a estas horas de la noche?- la temida pregunta llego, y aunque Aang repaso una y otra vez en su cabeza lo que le diría al otro cuando la hiciera, todo eso se fue al demonio y el monje tenia la mente en blanco –Aang?
-ehm… yo… - "vamos, puedes hacerlo. No es tan difícil, venciste a Ozai contra todos los pronósticos, puedes hacer esto" pero era más fácil decirlo que hacerlo. A pesar de que eran buenos amigos, Aang no estaba acostumbrado a pedirle cosas a nadie y era más incomodo cuando se trataba de Zuko -yo… podría quedarme aquí contigo por un tiempo? No puedo ir con Toph, no he tenido tiempo de hablar con sus padres y después de todo lo que paso, pues tú sabes…
-pero no estabas viviendo con Sokka y Katara en el polo sur?- no quería tocar ese tema y, sintiéndose de lo mas avergonzado, Aang comenzó a caminar rápidamente hacia el balcón
-lo siento, perdón por llegar así. Si no tienes espacio para nosotros aquí, no hay ningún problema. Simplemente volveré al Templo Aire del Sur –el menor le sonrió, aunque Zuko podía ver que era fingido –ahí hay mucho espacio y estoy seguro que Appa y Momo estarán felices de volver a casa… hasta luego, Zuko
Aang estaba a punto de subirse en su bisonte cuando Zuko lo tomo de la muñeca, deteniéndolo.
-yo jamás dije eso…- le dijo en un tono suave, lo hizo dar la vuelta y lo tomo de los hombros –nada me hará mas feliz que tenerte como invitado todo el tiempo que quieras
-gracias, Zuko
-Aang… que está pasando?- el monje bajo la mirada y el mayor decidió dejarlo por la paz -está bien… si no quieres hablar, no tienes que hacerlo- Zuko volvió adentro mientras Aang se quedo en el balcón. Viendo hacia la noche, se dio el valor suficiente para hablar
-Katara… rompió conmigo- Zuko, que le había estado dando la espalda se volteo como tornado, casi cayéndose por el movimiento
-es…espera- le dijo el Señor del Fuego –traeré un poco de té y así podrás contarme mejor.
Aang se quedo en el despacho, Zuko insistía en hacer el té el mismo cada vez que sus amigos lo visitaban, dejándolo solo con sus pensamientos. "No debí haber venido aquí" sabía que era la última persona con la que Katara hubiera querido que fuera, pero no tenía a ningún otro lado a donde ir y regresar al Templo Aire del Sur donde no tendría mas que el silencio como compañía (sin contar a Appa y Momo, por supuesto) no era algo que quisiera. La verdad era que necesitaba a alguien que lo distrajera, aun si eso significaba tener que hablar acerca de sus problemas con su novia? Ex novia?
Zuko apareció de la nada, salvándolo de su cerebro, cargado con una bandeja con una tetera llena de té caliente y dos tazas acompañadas de un plato lleno de galletas que Momo no dudo en asaltar, dejándolo medio vacío para luego irse junto a Appa… seguramente queriendo compartirle su botín. Zuko sirvió las tazas y Aang se tomo su tiempo para disfrutar del liquido caliente. Zuko no lo presiono, dando de sorbos a su taza distraídamente y esperando a que se decidiera a empezar el mismo. El menor contemplo la taza medio vacía, queriendo hacer un comentario de lo delicioso que estaba el té, su tío le había enseñado bien al Maestro-Fuego, no solo el Fuego Control, sino también a preparar el liquido. Se lo hubiera dicho si no supiera que el mayor lo tomaría como una desviación de la conversación, y en parte, tendría razón.
-Katara termino conmigo- al fin tuvo el valor suficiente para comenzar, repitiendo lo que había dicho al principio, pero aun no lo podía creer
-te dijo por qué?
-si… al principio, puso de excusa que había sido por la hija del General al que intento convencer –Zuko recordaba vagamente como la chica, bonita por cierto, platicaba muy pegada a Aang, creía recordar también ese pequeño beso en la mejilla y vio cual era el problema –pero luego me di cuenta de que eso no era la verdadera razón de que estuviera tan enojada
-entonces…- Zuko lo animo a que siguiera. Todo ese tiempo, el monje lo había estado viendo a los ojos, pero cuando llegaron a ese punto de la conversación, el menor desvió la mirada
-ella dijo que no ponía la suficiente atención a nuestra relación porque siempre estaba muy ocupado con… otras cosas
-te dijo que siempre estabas muy ocupado conmigo, no?- después de ver su expresión no necesito ninguna respuesta
-como…?
-por favor Aang, no soy tonto… algunas veces podre ser algo distraído y no entender las cosas tan rápido como quisiera, pero se cuando no le agrado a una persona
El menor suspiro, encorvándose aun más. Zuko estaba preocupado, nunca había visto al menor tan abatido, ni siquiera cuando pensaba que no tenía otra opción que matar a su padre para detenerlo.
-ella…- era difícil repetir sus palabras, mas enfrente de la otra persona afectada –dijo que debía venir a la Nación del Fuego y casarme contigo… que tu parecías mas mi novio que mi amigo, que me importabas mas tu que nuestra relación… y luego dijo que todo era mi culpa… que si yo no fuera tan *yo*, nada de esto habría pasado
-si tu no fueras tan *tu*?- el mayor realmente no quería interrumpirlo, pero no pudo evitar repetir lo que su amigo había dicho. Eso era de lo más absurdo.
-eso dijo ella. Yo le dije que si me importaba, pero que no podía abandonarte y que no me hiciera elegir y ella dijo que no lo haría y…- aquí, la expresión de Aang se transformo en una de pura tristeza, rompiendo el corazón de Zuko –dijo que ya no éramos novios, ni amigos, ni familia, ni nada… que no quería que regresara ni quería volver a verme
-oh…
-no lo entiendo. Se comporta como… recuerdas como te trataba cuando apenas te uniste a nosotros?
-si- como no hacerlo. Aun recordaba la dulce amenaza de muerte que le había hecho por si alguna vez quería hacerle daño a Aang. Pfft, como si quisiera. Aunque entendía que ella no confiara en el, al menos debió darle una oportunidad cuando casi lo entregan a su padre mientras intentaban rescatar al suyo de la Roca Hirviente.
-así es de nuevo. No comprendo que le pasa y sinceramente, me desespera más seguido de lo que creía posible
Ambos se quedaron callados. Aang intentando procesar todo lo que ocurría y Zuko buscando las palabras correctas para explicarse y hacer sentir mejor al menor.
-sabes- Zuko corto el pesado silencio que se había instalado entre ellos –la comprendo. Y creo que, de cierta forma, tiene razón- casi se arrepintió de haber dicho eso cuando Aang lo miro como si, de repente, le hubiera crecido un cuerno en medio de la frente –no me malinterpretes, no la estoy justificando. Yo tampoco creo que haya sido la mejor manera de resolver esto, solo digo que, de cierta manera, comprendo por qué se comporta así
-pues yo no, así que creo que tendrás que explicarme
-pasas demasiado tiempo conmigo- Aang parecía indignado y Zuko lo corto antes de que pudiera hablar –no es a mí a quien le molesta eso, Aang… eres mi mejor amigo, algo que no conocía antes de encontrarte, créeme que el tiempo que pasamos juntos es de lo poco que agradezco todos los días a los espíritus- esto pareció tranquilizar al menor –pero trata de ponerte en el lugar de Katara. Intenta imaginar lo mucho que te extrañaba todos los días y lo poco que la veías durante el tiempo que estabas en el polo sur… siempre en reuniones, siempre hablando de tratados de paz y conflictos por tierras robadas. Ella debió sentirse olvidada, que la hacías a un lado
-pero Katara sabía muy bien que esto era lo que tendríamos que pasar por un largo tiempo, sabe muy bien que los problemas siguen apareciendo y que no puedo quedarme de brazos cruzados, que todo es por mantener la paz
-estoy seguro de que ella entiende eso- Zuko lo volvió a calmar –pero todos tenemos un límite, supongo que ella ya llego al suyo- fijo la vista en su taza, perdido en su propio reflejo –además, no deberías preocuparte tanto por mí, si no puedo hacer esto yo solo, que clase de líder seré para la Nación del Fuego?
Cuando Zuko no recibió respuesta levanto la mirada para encontrarse con los ojos llenos de resentimiento de Aang
-solo te lo diré una vez- el menor le advirtió, serio como pocas veces lo había visto –si te ayudo, no es porque crea que no puedes hacerlo por ti mismo, sino porque eres mi mejor amigo y si puedo ayudarte en algo, lo hare, así que no vuelvas a decir eso- Zuko se sintió un tanto intimidado por la casi amenaza que recibió del Avatar. Seguramente la Maestra-Agua le había dicho lo mismo…
-solo digo que trates de comprender porque se porta así. Es difícil para ella no poder verte cuando quiera y no poder tener una relación normal, como todas las chicas… aunque, bueno, no todas son novias del Avatar- Aang parecía bastante más tranquilo que cuando llego y Zuko pudo distenderse un poco
-supongo que tienes razón. Tal vez no considere lo suficiente lo que ella sentía con todo esto
-entonces, regresaras al polo sur y arreglaras esto?
-no- la llana respuesta del menor lo tomo desprevenido
-n-no?
-no- repitió el menor, acompañándolo con un suspiro –Katara dejo muy en claro que no quería volver a verme, no creo que sea el momento correcto para intentar hablar- lo miro a los ojos, viéndose como un león alce dientes de sable cachorro perdido –sigue en pie la oferta?
-sí, claro- Zuko le sonrió levemente, algo que solo el lograba sacarle –ven conmigo y te mostrare donde dormirás.
Zuko lo condujo por un largo pasillo, si mal no recordaba, en esa misma dirección estaba la habitación de Zuko. Es que pensaba dejarlo dormir en su habitación, en su cama? Casi sintió que se sonrojaba de pensar en eso. Es decir, no era que no lo hubieran hecho antes, pero ahora mismo se sentía tan extraño, era algo en la boca del estomago que no podía explicar porque nunca antes lo había sentido. Pero, para su tranquilidad, se detuvieron en la habitación que estaba justo al lado de la del Señor del Fuego
Sin decir una sola palabra, Zuko abrió las elegantes puertas rojas con finos tallados y detalles en dorado, para revelar una enorme habitación, donde un pequeño ejército de sirvientes se movía como una colonia de hormigas, acondicionando la habitación y acomodando sus escasas pertenencias. La habitación era completamente impresionante, abrumadora. Es decir, los Templos de los Nómadas Aire eran majestuosos, pero las habitaciones de los monjes, incluso la del Avatar, se mantenían humildes. Este lugar era todo lo contrario a eso, con sus telas costosas y lleno de lujo y derroche, Aang no estaba acostumbrado a esto, a pesar de todas las veces que había estado ahí o en el Reino Tierra como invitado de honor.
-pensé que como esta vez te quedaras más tiempo, sería mejor que tuvieras la habitación que está más cerca de la mía, ya te han preparado un baño caliente y en ese closet- dijo señalando un enorme mueble de madera oscura –hay toallas y túnicas ligeras para que duermas. Debes estar agotado, así que dejare que descanses y te veré mañana por la mañana
-hasta mañana, Profesor Calor- Zuko le dio una mirada asesina que fue reemplazada rápidamente por otra de esas sonrisas que parecía reservar para Aang y su tío exclusivamente
-hasta mañana, Aang- el Señor del Fuego se retiro junto al grupo de sirvientes, dejándolo solo en la habitación. Aang se sentía, así como el mayor lo dijo, agotado. Pero también estaba mucho más tranquilo y, de una extraña forma, se sentía protegido. Tener a Zuko de su lado lo hacía sentir como la persona más segura del planeta y era un sentimiento extraño, mucho más cuando provenía de un ex enemigo que, de haber tenido la oportunidad, habría acabado con él.
