Disclaimer: Los personajes mencionados a lo largo de la historia son de la autoria de Stephenie Meyer, yo juego con ellos ubicandolos en un mundo creado por mi loca imaginación.

Un touchdown a mi corazón.

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Capítulo beteado por Pichi LG, Beta de Élite Fanfiction

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Capítulo dos: A pasos de bebe.

El puto sonido del despertador perforó mis oídos. ¡Joder! Estaba seguro de que me había dejado sordo.

Quitando mi gigantesca almohada de la cabeza, apagué la alarma. Giré completamente mi cuerpo quedando boca arriba e inmediatamente tuve unas patitas en mi estómago para después sentir el completo peso acurrucado de Elska. Esa era nuestra rutina, yo despertaba y ella se acurrucaba en mí.

Comencé a acariciar su cabecita y sus orejas escuchando como gruñía suavemente, satisfecha por mis caricias. Eran las siete de la mañana, así que tenía tiempo para una ducha y mi desayuno antes de ir al entrenamiento.

—Vamos, bebé. Me bañaré y después desayunaremos —dije mientras la hacía a un lado y me dirigí al baño. ¡Jesucristo! Desperté con demasiada pereza. Raro. Había dormido como un jodido bebé. Nueve horas seguidas, no salí a ninguna fiesta. Sinceramente Isabella o sexy morena, como yo la llamaba, había destrozado mi espíritu fiestero, y le había dado un fuerte bajón a mi ego.

Lavé mis dientes con mi cepillo especial, enjuagué y limpié mi boca de lo que quedó fuera de pasta dental y le sonreí a mi rostro en el espejo. ¡Joder, sí que era guapo! Ojos verde esmeralda, nariz recta, labios esculpidos, mandíbula cuadrada... Pelo cobrizo despeinado que grita "sexo" y, por supuesto, cuerpo bien formado y musculoso. Soy un dios griego.

Me quité el boxer negro y abrí la regadera. Estaba fría la puta agua, pero joder si no me quitó la pereza. En 20 minutos ya estaba bañado y cambiado. Tomé a Elska en brazos y bajamos a desayunar. La dejé en su silla, porque ella era mi princesa y claro que tenía la suya.

Abrí el refrigerador en busca de algo de alimento, pero solo encontré huevos y jamón. Suspirando me dispuse a prepararlos haciendo nota mental de decirle a Chelsea que se encargara de las compras.

—Por lo menos tú comerás brochetas de pollo —Le dije a Elska mientras abría un sobre de su comida y lo echaba en su plato. Cualquiera del equipo que me viera ahora hablándole y atendiéndola así, creería que soy gay y que estoy loco. Posiblemente, lo último era verdad, pero lo primero, jamás.

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—¡Uno! ¡Dos! ¡Uno! ¡Dos! —Escuché los gritos de los chicos cada que hacían las sentadillas.

Sí, llegaba tarde. James posiblemente patearía mi culo por esto. "Yo era Edward Cullen, el capitán del equipo debía poner el ejemplo", palabras de él.

Dejé mi mochila en la banca y caminé hacia mi puesto para hacer lo mismo que los chicos. Emmett me sonrió al igual que Jasper, ambos completamente sudorosos.

—¡Uno! —gritaron y me agaché— ¡Dos! —Ahora arriba, y así sucesivamente.

Vi cuando James comenzó a acercarse a mí a zancadas, seguramente a pegarme un cagadón.

—¡Qué bonito, Cullen! Esta no es una fiesta a la cual puedes llegar a la hora que quieras. Esto es un entrenamiento, uno que necesitas —Lo sabía. Joder, pero no podía dejar a mi nena sola. Además de que hoy se levantó sentimental, y para que no estuviera sola fui a dejarla con mi madre—. Dime el motivo de tu retardo para así no patear tu trasero.

—Desperté tarde, joder —Ni loco le decía que una fresh pool mini toy me tiene colgado de su pequeña patita—. ¿Satisfecho?

—No, pero lo dejaré pasar. No dudo que una de tus "amiguitas" tenga la culpa —Ojala fuera eso, pero gracias a cierta morena, no lo fue.

—¡Joder, James! Te estoy diciendo la verdad —Pasé una mano por mi pelo—. Lo importante es que llegué, ¿no?

—Sí, sí... ¡Uno! —gritó el pendejo—. Anda Cullen, he dicho ¡uno! —Lo miré mal y comencé a hacer las sentadillas.

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—Fiesta hoy por la noche, Cullen —Me dijo el pendejo de Tyler—. Ayer te estuve llamando para que vinieras a la fiesta pero no respondiste. ¿En dónde andabas? —Lo miré como si se acabara de cagar en los pantalones; su gay interno acababa de salir del closet y, al parecer, no había sido el único en darse cuenta.

—¡Jodida madre! Luces como si fueras su chica, Tyler —exclamó Garrett cagándose de risa. Tyler lo fulminó con la mirada y después la desvió hacia mí, la cual me decía que esperaba la respuesta.

—¡Anda, Cullen, respóndele a tu chica! —Se burló Jasper.

Puse una sonrisa en mis labios y me acerqué a Tyler. Su manzana de Adán subió y bajó por mi acercamiento, pero mi instinto de supervivencia me advirtió que me alejara, que posiblemente me iba a besar y le hice caso, me alejé un poco.

—¿Qué te importa, nena? —Le susurré lentamente. Me fulminó con la mirada y salió corriendo como si el diablo lo siguiera mientras todos nos reíamos.

—Eres malo, hermanito. Heriste sus sentimientos —Soltó una carcajada cuando le enseñé el dedo corazón.

—Pendejo. Entonces, ¿en dónde será la fiesta esta noche? —Les pregunté.

—En mi casa. Mi Rose ha dicho que no hay problema, además llevará a unas amigas con las que se acaba de reencontrar —Se encogió de hombros. Raro en Rosalie, ella no tenía amigas ya que, por lo general, todas sus "amigas" terminaban queriendo violar a Emmett.

—¿Ya te preparaste para el ataque de sus amigas? Aunque, tal vez hoy que me conozcan querrán violarme a mi —Sonreí presumidamente y el solo rodó los ojos.

—Estas son diferentes… Palabras de Rosie.

Rodé los ojos. —Lo mismo dijo de las anteriores.

—Pero me juró que estas no son iguales. Son sus amigas desde el instituto hasta la universidad. Pero se distanciaron cuando ellas se fueron a Londres, porque la... ¿enana?... no, no... ¿duende? ¡Eso!... Porque la "duende" se casó y su hermana se fue con ella para trabajar.

Miré a Emm sorprendido. Era la primera vez que se grababa en la cabeza algo de la tanta mierda que decía Rose. Casi me dieron ganas de reír.

—Rosalie ya te pegó los instintos de chica, ¿eh? —Se encogió de hombros.

—Esto pasa cuando tu esposa habla y habla… y más habla de lo mismo… —Suspiró teatralmente antes de continuar—. Me sé las vidas de esas chicas de memoria.

Negué con la cabeza. —Jodido gay. Mejor nos vemos en la fiesta. Tal vez esas chicas —Levanté las cejas sugestivamente— me harán compañía esta noche. Claro, una de ellas.

Emmett me miró horrorizado y pálido como papel.

—¡Ni se te ocurra acercarte a ellas, Edward! Rose me castrará completo —Lo dijo con tal seriedad que me cagué. Luego recordé que era Emmett y se me pasó—. La "duende" vivió algo feo, Edward. Ni te le acerques a ella y a... esta... No recuerdo su nombre, pero Rose me dijo que a ella le gusta batear chicos mujeriegos. Así que adiós a tu noche de revolcón.

Sonreí burlonamente.

—Claro, Emmett. Nos vemos en la fiesta de tu mujercita. —Tomé mi mochila y salí de los vestidores hacía casa de mi adorada madre.

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—Deberías venir mas seguido, no cada vez que tu perr... Digo, tu "nena" ande sentimental y no quiera estar sola. —Rodé los ojos hacia mi madre y recibí un golpe en el brazo—. No me pongas ojos de huevo.

—Lo siento, y prometo venir a visitarte mas seguido. A ti y a papá —Le guiñe un ojo y ella me sonrió.

—Eso espero, querido. Nos tienes muy abandonados.

Sí, los tenía muy abandonados, pero no era porque quisiera, los entrenamientos y partidos estaban siendo muy duros y terminaba demasiado cansado.

—Ya sabes, ma, los entrenamientos son muy duros y me quitan la mayor parte del tiempo. —Soltó una carcajada y la miré confundido.

—¡No creo que sea lo único duro que haces y te quita tiempo! —La miré sin comprender—. No te hagas el tonto, jovencito. Te vi con esa modelo italiana hace dos días.

¡Oh, sí! Alina Lombardi. De milagro lo recordaba. Supongo que por ser el más reciente polvo.

—Ya entendí tu punto, pero prometo… no, madre, mejor te juro que vendré a visitarte pronto. Volveré tan pronto que ni tiempo de extrañarme tendrás —Le guiñé el ojo, y ella solo se limitó a bufar.

—Claro, Edward. Lo más seguro es que vuelvas cuando tu rata blanca ande sentimental —La miré mal por decirle rata a mi mascota—. Ni me mires así. Esa cosa, más que perro parece rata.

Lo sabía. Toda la familia lo decía, pero ellos no sabían que Elska era mi única compañía, mi mejor amiga... Ellos no sabían nuestra conexión.

—Ustedes son unos habladores, no la conocen —respondí indignado. Miré el reloj y me di cuenta de que eran las dos de la tarde, demasiado temprano para estar en casa, sumándole que tenía flojera de preparar comida o encargar, y... estaba en casa de mi amada madre. Finalmente, la miré con una sonrisa olvidando mi indignación—. ¿Sabes qué, mamá? Me quedaré a comer. Sirve que paso tiempo de calidad con papá y contigo.

Me miró con amor y acarició mi mejilla.

—Bien, amorcito. Ayúdame a hacer la comida en lo que llega tu papá y tu hermano con Rose. —Mamá era mala, sabía bien mi desastre en la cocina. ¡La vida no es justa!— Vamos Edward, haré lasaña.

Una hora y media después, nos encontrábamos degustando una rica lasaña hecha por mi madre. Fui corrido de las instalaciones de cocina tan pronto como llegué, solo por picar los trozos de la cebolla demasiado grandes. Pero bueno, no soy un puto chef así que no me puede culpar.

Mi padre, sentado en el extremo de la mesa, mi madre a su lado, y junto a ella seguían Emmett y Rosalie, yo me encontraba al otro lado de mi padre quedando frente a mi madre.

Rosalie y mi madre compartían recetas. No sé ni por qué si Rosalie apenas y sabía preparar un jodido sándwich. Pero a mi madre se le veía complacida mientras le pasaba la receta de como hacer los ravioles de queso más deliciosos "de Esme Cullen".

Rodé los ojos, estaba aburrido. Estaba comiendo pero muy aburrido, los hombres no hablábamos, solo ellas. Mi cuello picaba a causa de eso, era una extraña reacción que tenía cuando estaba aburrido, ansioso o nervioso. Mi padre me miró con curiosidad al ver mi, ahora rojo, cuello.

—¿Por qué estás nervioso?

Bufé. —No estoy nervioso, estoy aburrido. Solamente se escuchan los cotilleos de Rose y mamá, y eso me altera —Mi padre sonrió—. ¿Cómo mierdas lo toleras?

—¡Esa boca, Edward! —Me reprendió—. Y, respondiendo a tu pregunta, ya es costumbre. Cuando tienes 30 años al lado de la misma mujer, te acostumbras a su forma de ser... A su todo —Lo miré sin entender, y estaba claro que jamás lo haría—. Cuando te enamores lo entenderás, y no en ese instante, sino a través de los años. Confía en mí.

¡Cuéntame una de vaqueros! Eso no iba con mi estilo, no estaba lo más mínimo interesado en saber eso de "acostumbrarse", ni mucho menos en esa mierda de "lo entenderás con los años". Antes de que eso pasara, los dinosaurios tendrían que revivir. O sea, nunca.

—Sí, cómo no, papá.

Me miró burlonamente.

—Eso decía tu abuelo a tu edad. Yo también, y Emmett, y míranos ahora, felizmente casados.

Rodé los ojos. —Porque están ciegos. Lo único bueno de que mamá y tú se casaran, fui yo —Sentí un golpe en la rodilla, y por un momento pensé que había sido el pendejo de Emm, hasta que mis ojos se cruzaron con la enojada mirada de mi madre. No sé ni por qué se molestaba, era la pura verdad.

Continué con mi lasaña en silencio hasta que terminé y decidí irme. Mi panza llena y mi corazón contento, solo faltaba llegar a casa y arreglarme para la fiesta…

A conquistar chicas...

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Me veía caliente, sin duda alguna.

Camisa blanca arremangada hasta los codos, pantalón negro y unos Nike igualmente negros. Mi cabello lucía despeinado, mucho. Pero era un despeinado sexy. Fui por mi loción Dior Homme Sport y la puse en mi cuello y ropa, volvía loca a las chicas.

Tomé tres condones de la caja que tenía, sabía que los necesitaría. De hecho, es una de las cosas primordiales que un hombre debe llevar cada que sale a una fiesta. Es ley.

Agarré las llaves de mi Audi y salí prácticamente corriendo por la puerta mientras escuchaba las patas de Elska acercarse. Si me despedía de ella, jamás llegaría a la fiesta.

—Adiós, nena. Cuida el departamento —Le dije a través de la puerta y solo se escucharon sus raspones a través de ella. Posiblemente no llegaría hoy a dormir, y me quedaría en la casa de alguna de las afortunadas chicas que ligaría esta noche.

Caminé hacia el garaje saludando a Diego, el conserje del edificio. Amaba ver cómo besaba el suelo donde pisaba por ser Edward Cullen. Encendí a Sasha, escuchando su suave ronroneo y emprendí el camino a casa de Emmett y de su esposa.

Por el camino encendí la música escuchando a... ¿Shakira? ¿Addicted to you? ¡¿Qué mierda?! Golpeé el volante con mis manos e inmediatamente me arrepentí. Maldito Emmett y su esposa, última vez que les presto mi coche.

Finalmente, llegué a mi destino complacido con la música de Shakira —cosa que jamás admitiría ni mucho menos, incluso, llegando a casa quemaría ese CD—. Ese pendejo se iba a arrepentir, aunque secretamente me hubiera gustado.

Me puse mis lentes oscuros, aunque ahora no había nada de sol, y bajé de mi nena recibiendo millones de flashes en el rostro. Sonreí y saludé con la mano antes de entrar a la casa de mi hermano; era enorme y de mucha ayuda para las fiestas.

Saludé a los chicos del equipo que me fui topando hasta que encontré a Emmett en la cocina preparando bebidas. Me acerqué a él y golpeé su espalda causando que saltara del susto.

—¡Hijo de puta! —Me gritó causando que riera—. Ya me las cobraré pendejo… y muy pronto —aseguró misteriosamente, pero yo me encogí de hombros.

—Lo dudo, pero cualquier venganza que quieras, que quede para otro día, hoy vengo a ligar nenas.

Sonrió triunfante, como teniendo una genial idea, aunque viniendo de él, lo dudaba seriamente. A veces llegaba a pensar que no tenía cerebro, que seguramente se le había hecho mierda de tanto que llegó a fumar en la secundaria.

—¿Sabes, hermanito? Hay una chica allá arriba que está buenísima. Es una de las amigas de Rose, y está soltera —Levantó sus cejas—. Te encantará.

Algo en su voz me hizo dudar. Posiblemente me quería llevar con una "cara de chango", una mujer fea y enfadosa. Una fan loca y acosadora, así que lo miré con desconfianza. Emmett, a pesar de su falta de cerebro, podía llegar a ser cabrón.

—Pobre de ti que sea una de esas raritas feas, cara de chango. Te patearé las bolas y le contaré a Rose que el día de su boda te besaste con tu ex. —Tragó seco ante lo último, seguramente Rose pediría el divorcio, no sin antes castrarlo.

—Hey, hermano… no hay por qué meter los trapos del pasado. Y por la chica, ni te preocupes, está guapísima. Te encantará.

¿Trapos del pasado? Ja, eso fue apenas hace dos meses. Y más le valía al cabrón que estuviera buena; hoy venía como león, moría de hambre... Y no de comida.

—Más te vale —Sonrió y ambos nos dirigimos al segundo piso. Él cargando las bebidas, y yo saludando a cada chica que se cruzaba por mi camino—. ¿Y Jasper? —Le pregunté ya que no lo había visto, ni a él ni a su fea novia María.

—Visitando a sus suegros. María lo obligó —Ambos reímos. Pobre Jasper. Sentí una punzada de lástima por él; muy leve. Pero pobre, la verdad, María hace lo que quiere con él.

Llegamos a la segunda sala, en donde Rosalie se encontraba con dos morenazas e inmediatamente me recordaron a sexy morena. Emmett le entregó su bebida a cada una y me hizo una seña para que me sentara a un lado de la morena de pelo largo.

Tomé un poco de mi bebida antes de voltear a ver a la chica que se encontraba a mi lado, y casi me ahogo en el trago, era... era... Sexy morena.

Ella fijó sus ojos verdes en mí y me miró fríamente. Sonreí levemente hacia ella. Estaba más que claro, ella era la chica que el estúpido de Emmett decía, esta era su venganza. Quise matar a mi hermano en ese momento. ¿Cómo se le ocurría poner a esta mujer frente a mi?

Hice un recorrido de su cuerpo sentado a un lado mío y, efectivamente, hoy se veía más caliente que ayer. Usaba un corto vestido azul que le llegaba a mitad del muslo, sus senos se marcaban hermosamente y el canal de ellos se alcanzaba a ver. ¡Puta madre, quería follarla aquí mismo!

—Tómeme una foto para que no me desgaste, señor Cullin —advirtió amargamente enarcando una de sus perfectas cejas. ¡Y volvía con esa mierda de Cullin!

—Es Cullen, pero para ti soy Edward. Y tal vez te tome la palabra, ya sabes… —Me encogí de hombros— Tu foto puede ser de mucha utilidad para mis necesidades.

—¡Eres un sucio, Cullen!

Tal parecía que enojada o... excitada, sí recordaba bien mi apellido.

—Lo soy. Mucho. En la cama —susurré cerca de su oído, pero ella se alejó de mí y fijó su atención en Rosalie. La observé mucho mejor y sí... era muy atractiva; además, olía muy bien, fresias y... flores. Un olor poco peculiar pero atractivo.

—Edward deja de mirar así a Isabella, la estás incomodando —Escuché la odiosa voz de mi cuñada. La miré. Su ceja estaba levantada y me miraba retadoramente.

—¿Y qué? —pregunté sonriendo, ganándome un codazo de Emmett.

—Deja de mirarla así. Y bueno, te presento a Isabella —Señaló a Sexy morena, quien solo arrugó la boca cuando le sonreí—, y a Alice —Señalo a la otra morena que ni había visto. Era bonita, sexy también pero no tanto como Isabella; su pelo llegaba a los hombros y estaba de punta en punta, sus ojos eran del mismo verde que Isabella y me miraba con una amable sonrisa, pero no como si quisiera violarme. Raro. Amabas eran raras.

—Un placer conocerte —Le sonreí de vuelta.

—Igualmente.

Las tres mujeres se pusieron a charlar dejándonos a un lado. Bufé y me puse a coquetear con una rubia, de pelo demasiado largo, llamada Annie, nombre tierno. Posiblemente ella sería mi polvo de hoy, aunque la que yo quería en mi cama no me daba ni la hora.

Bailé y toqué a Annie por un par de horas, ya habíamos quedado en ir a su departamento cuando vi que Isabella y Alice se ponían de pie para irse.

Por puro impulso, fui hacia donde ellas estaban, dejando a Annie en espera. A lo mejor sí lograría algo con Isabella. Así que me comportaría como un caballero, después de todo, mi promesa de ayer por la noche seguía en pie.

—Bueno chicas, espero con ansias la llegada del viernes para salir de compras —dijo emocionada Rosalie. Parecía una chica de universidad.

—Nosotras igual, Rose. Iremos al spa y compraremos mucha lencería… —Alice soltó unas risitas— Por lo menos tú. Ya tengo planeado todo el día del viernes.

—Podrás comprar ese vibrador que te traía loca, Rose —dijo Isabella haciendo que Rosalie se sonrojara.

—¿Qué vibrador? ¿Yo no te basto, nena? ¿Por qué necesitarías uno? —Emmett soltó una tras otra las preguntas con un puchero. Casi me daban ganas de darle una patada en las bolas.

—Luego te digo, nene —respondió y luego se giró hacia sus amigas—. Fue hermoso volver a verlas después de años.

—Igual, Rose. No esperábamos encontrarte casada —rió Isabella—. Te aseguramos que nos tendrás que soportar de ahora en adelante.

—Eso me hace muy feliz. Las quiero mucho chicas y las eché muchísimo de menos. —Las tres se abrazaron y yo rodé mis ojos, esto era tan cursi. Terminaría cagando arcoiris y vomitaría corazones.

Se separaron y las dos morenas se despidieron, primero de Emmett y luego de mí.

Abracé más tiempo del necesario a Isabella. —Espero verte pronto, chiquita —Le susurré al oído.

Trató de alejarse pero no la dejé, se sentía bien tenerla cerca, sobre todo sus senos pegados a mi pecho.

—Pues yo espero no verte más. —Sonreí.

—Eso no pasará, chiquita, nos veremos mínimo cada domingo en los juegos.

—Para mi desgracia. Me caes mal.

La alejé de mí y la miré a los ojos con el ceño fruncido. Yo no le había hecho nada. —¿Por qué? No te he hecho absolutamente nada.

Sonrió y su sonrisa me pareció linda, aunque falsa.

—Por ser un mujeriego Cullin, por eso. Odio a los mujeriegos con todo mi ser.

Tenía su punto y sí, yo era un mujeriego aunque... eso estaba en mi naturaleza, pero podíamos ser amigos, por el momento, mientras lograba persuadirla.

—Podríamos ser amigos, soy cool —Le dije y ella sonrió negando con su cabeza.

—Ni para amigos me gustan los mujeriegos, Edward

¡Qué complicada mujer! Pero mi nombre en su boca, en su lengua, sonó caliente y sexy como el infierno.

—Te puedo mostrar que soy diferente —¿De dónde salió eso?— O intentar por lo menos mostrar que soy diferente y que podemos ser amigos —O... amantes quise decir, pero seguramente me golpearía, si ya yo mismo me quería golpear por decir lo anterior.

Ella me miró confundida pero después de un momento suspiró.

—Bien, esto no funcionará para nada. Los mujeriegos nunca cambian —aseguró sonriendo y negando con su cabeza.

—Dame el beneficio de la duda. —Me miró intensamente y me sentí incómodo.

—Bien, señor Cullin, le daré el beneficio de la duda. Pero ni crea que por esto lo trataré diferente. No lo conozco y ya me voy. Nos vemos el domingo en el juego. —Hizo una seña con la mano y se fue hacia donde Alice la esperaba.

Bueno, un avance. De amigos a amantes, eso sonaba bien para mí. Llevándomela a la cama me iba a saciar de todo y... ¡argh! Yo solito me entendía, ya tenía todo planeado en mi cabeza. Esto iba a ser tardado pero... Bueno, lo iba a lograr, a pasos de bebé como dice papá.


Heeeeeello! Estoy jodidamente feliz de lo bien que recibieron la historia chicas. Muchísimas gracias a todas, las adoro.

Quiero decirles que Edward es bipolar, va a cambiar mucho de opinión y sus pensamientos serán contradictorios. Si, así somos los machos xD. Bueeeeno, Bella es Bella y ella es muuuy madura y como hasta ahora leerán Edward nopo.

Se les hará muy rápido que ellos sean ya amigos, peeeero falta muuuuuucho. Edward va a madurar, poco pero lo hará.

Quiero agradecer a las chicas del grupo por su apoyo, en especial a Vero Cullen DE Grey por apurarme y también a Day Aguilar muchas gracias :3

A Pichi mi beta, muchísimas gracias por corregir mis horrores ortográficos, eres la mejor.

Bueno, eso es todo hasta la próxima semana :)