"Entonces pasará más tiempo hasta que lo vuelva a ver, Señor Sesshomaru. Seguramente usted también escuchó aquello y ha de estar en busca de la fuente. Quisiera estar a su lado, era tan divertido estar con usted y el señor Jaken... aunque él fuese un tonto" pensaba Rin mientras intentaba dormir. Veía cómo el humo de la fogata salía por la ventana que se encontraba frente a ella. Recostada, viendo hacia el cielo por medio de esta ventana, se negaba a dormir… tenía miedo de soñar con el señor Sesshomaru, ya que sabía que sus temores estarían dentro de la ilusión del sueño. "Baku, protege mis sueños, debo descansar pero no quiero llorar al dormir… protege mis sueños… protégelos, por favor" y dicho esto, Rin durmió.

Al despertar, giró su cuerpo hacia el centro de la cabaña donde se encontraban Kagome y la anciana Kaede preparando un caldo.

-Hola Rin, ya despertaste. ¿Tienes hambre?- preguntó Kagome con su amabilidad de siempre.

Rin negó con la cabeza, sonriendo, mientras se despojaba de su ropa de dormir para usar la de diario. Se sentó en medio de Kaede y Kagome, frente a la puerta, con la débil esperanza de que el señor Sesshomaru entrara en algún momento aunque sabía que era tonto desear aquello.

-Rin… ¿estás preocupada por Sesshomaru, verdad?- preguntó Kagome, lanzándole una mirada triste. Kaede, sólo miraba de reojo mientras cortaba unas verduras y las metía al ferviente caldo.

-Sí, la verdad es que, nunca había tardado tanto en visitarme y si lo hacía, indirectamente me lo decía pero esta vez no… ya han pasado varios meses y el señor Sesshomaru no ha venido. Me preocupa que…-

-Rin, sabes que es un demonio muy fuerte, no temas por él. A pesar de lo que el tonto de InuYasha pueda opinar al respecto, el único demonio más fuerte que Sesshomaru era Naraku y él ya se encuentra en otro mundo, lejos de nosotros. Seguramente está entrenando y le es imposible venir a visitarte por el momento. No se ha olvidado de ti- dijo Kagome, mientras revolvía el contenido de la olla que se encontraba frente a ellas.

"¿Olvidarse de mí…?" Rin ni siquiera había pensado en esa posibilidad y rompió en llanto. En ese justo momento InuYasha entró en la cabaña quejándose sobre Taiyo y Saki que le jalaban las orejas.

-¡InuYasha!, ¡abajo!-

InuYasha con todo e hijos, cayó hacia el suelo. Los niños ni siquiera se asustaron y no desistieron de jugar con las orejas de su padre.

-¡¿Ahora qué hice para que me tratarás así, Kagome?- gritó InuYasha furioso sin despegar la cara del suelo mientras que sus hijos lanzaban tremendas carcajadas.

-¡Guarda silencio!, ¿no ves que Rin está llorando?-

InuYasha miró hacia Rin quién escondía su cara con sus manos y rodillas. No soportaba ver a una mujer llorar y se sintió sumamente incómodo y preocupado.

-¿Y qué le pasa?- preguntó InuYasha pausadamente.

-Está preocupada por Sesshomaru- contestó Kagome, mirando a InuYasha en código para que no fuera a hacer un comentario fuera de lugar sobre su odiado medio hermano.

-¡Ja!, ¿por ese imbécil?-

-¡Abajo!- volvió a indicar Kagome, esta vez enrojecida de vergüenza y coraje –Tú no comprendes aún sobre los sentimientos de las demás personas, ¡tonto! Sabes que Rin aprecia mucho a Sesshomaru así que ahórrate tus comentarios hirientes para otra ocasión-

Los niños reían al ver que su padre estaba siendo regañado por su madre.

"Por estas cosas Saki y Taiyo no me respetan" pensó InuYasha.

-Rin… tranquila…- repetía Kaede a la desconsolada Rin.

-…No puede… olvidarme…- dijo con una voz débil y quebrada por el llanto. Tan triste que casi desborda de los ojos de Kagome varias lágrimas.

-Lo siento mucho… no quise infundir un temor que no albergabas en tu corazón Rin, de verdad lo siento mucho, fue algo que dije por decir. Sesshomaru no se puede olvidar de ti, eres como su hi…-

-Sí, su hija, ya lo sé. Es posible que me olvide de todas formas, ya que… al final de cuentas, sigo siendo un ser humano, tan simple e igual a los demás… tal vez por eso me dejó aquí-

-No seas tonta, Rin. El Sesshomaru de antes te olvidaría pero ahora estamos hablando de un demonio totalmente distinto para mí. Ja… claro que a mí me sigue tratando como basura… (de todas formas lo detesto), pero el punto es que, gracias a ti, Sesshomaru es tolerante hacia los humanos por lo que, no eres un ser insignificante para él-

Kagome, sorprendida por las palabras tan maduras de su querido InuYasha le sonrió. InuYasha miraba fijamente a Rin, quien tenía su rostro lleno de lágrimas y brillaba con la luz del Sol que entraba por las ventanas.

-Entiende que nosotros los seres sobrenaturales debemos ocuparnos de cosas. Los humanos estorban-

-Era demasiado bueno para ser verdad- dijeron Kaede y Kagome al unísono. Sin embargo, Rin comprendió las palabras de InuYasha y hasta las halló reconfortantes.

-Gracias InuYasha… eres casi tan gentil como el Señor Sesshomaru-

InuYasha enfurecido por el comentario mostró sus colmillos, Rin sólo rió, ya que, le resultaba muy gracioso hacer enojar al medio hermano del Señor Sesshomaru.

Después de aquel desbordamiento de sentimientos, Rin salió un rato para caminar. Los aldeanos la saludaban mientras ella pasaba. Todo era tan tranquilo, tan pacífico, pero constantemente se preguntaba si de verdad era feliz. A pesar de encontrarse en situaciones riesgosas, algo que siempre motivaba a Rin para sonreír, era la presencia del Señor Sesshomaru. Curiosamente, siendo ella una persona que hablaba mucho y Sesshomaru todo lo contrario, sentía que sabía leerlo a la perfección, no había necesidad de palabras y extrañaba tanto eso en alguien.

-No puedo esperar para verlo- fue lo que Rin dejó escapar de su boca cuando se adentró al bosque de InuYasha, como lo llamaban aún los aldeanos. Se cobijó bajo la sombra del árbol sagrado y miró hacia el cielo. –Tal vez, si estoy atenta, pueda ver al Señor Sesshomaru. Es posible que no pueda venir a verme, ¿pero qué tal si pasa por aquí, sólo para saber si estoy bien?- Sabía que no era cierto, pero no podía evitar refugiarse en esperanzas falsas. Era lo único que le quedaba.

De pronto, después de estar un buen rato pensando, escuchó un ruido detrás de los arbustos. Se mantuvo quieta, esperando a descubrir quién se encontraba ahí. De pronto una sombra se vio pasar a toda velocidad a unos cuantos metros de donde estaba cuando de pronto, el rostro de una persona apareció frente a ella, sólo que, frente a sus ojos se encontraba una boca. Rin no pudo evitar emitir un chillido y cerrar los ojos. Sintió como unas manos presionaban su boca pero no la lastimaban, entonces abrió los ojos y vio frente a sus ojos a Kohaku.

-¿Eh?, ¡Kohaku!, has venido de visita- dijo Rin sorprendida y alegre de ver a su viejo amigo.

Kohaku, quien había crecido bastante y era ya un adulto, sonreía frente Rin mientras guardaba su arma.

-Así es- dijo mientras se sentaba frente a ella –no esperaba verte aquí en realidad, pero me alegra mucho que me hayas dado una extraña bienvenida-

Rin sonrió. Estaba sorprendida por este Kohaku adulto aunque ella tampoco era una niña ya. A veces olvidaba que su vida corría a veloces caudales yque ya no era esa pequeña niña que seguía a Sesshomaru.

-¿Cómo están los demás?- preguntó Kohaku interrumpiendo los pensamientos de Rin –vine porque al encontrarme algo cerca de aquí escuché…-

-Un estruendo. Sí, eso supuse- dijo Rin, ya cansada del tema.

-Por lo visto ustedes también lo escucharon. Bueno, no se trata de algún demonio, supongo que eso ya lo saben también. Sólo quería venir a avisarles y bueno, a visitarlos- Kohaku se puso de pie y le extendió su mano a Rin – ¿Vienes?, quiero saber cómo están todos-.

Rin aceptó la ayuda de Kohaku para ponerse de pie y ambos se dirigieron con sus amigos.

Varios días habían pasado desde la llegada de Kohaku y una semana había transcurrido desde el estruendo. No había señas de alguna amenaza. Finalmente, Rin se convenció de lo que Kagome le había dicho; estaban tan alertas sobre las cosas sobrenaturales que llevaron este asunto bastante lejos. Así que, como los demás, decidió tomar las cosas como si no hubiera sucedido nada. Así mismo, había pasado otro mes sin que Sesshomaru apareciera en la aldea. Rin, comenzaba a desesperarse.

Era media tarde y como todas las tardes, debía recolectar para la reserva de hierbas medicinales. No tenía poderes de sacerdotisa pero Kaede se había esmerado mucho en enseñarle todo lo posible sobre plantas. Le servía para distraerse y enfocarse, no pensar en Sesshomaru o algo que la preocupara. Al encontrarse en el campo vio a lo lejos a Kohaku, quien se encontraba sentado, como si estuviera esperándola. Rin llegó hasta allí y se colocó en el suelo, comenzando a arrancar algunas plantas.

-Estaba esperándote- dijo Kohaku.

-Ya sabía- respondió sonriendo para sí Rin sin mirarlo.

-No pienses mal, sólo quería…-

Rin no decía nada, en realidad no pensaba absolutamente nada sobre Kohaku ya que se encontraba muy concentrada recolectando las hierbas que Kaede le había pedido.

-Sé que sigues preocupada, yo también lo estoy- dijo Kohaku, esperando atraer la atención de Rin a la conversación y en efecto, lo consiguió.

-Kohaku, creo que ya no hay que hablar de eso porque, como dice Kagome, sólo es predisposición nuestra a tomar las cosas como una amenaza. Simplemente fue un ruido, es todo- respondió algo irritada. Ya había decidido olvidar el asunto. No era más que algo que en su momento causó confusión, ahora sólo quería olvidarlo para ya no preocuparse por Sesshomaru.

-Entiendo… lo siento Rin, no pensé que fuera algo que te molestara a tal grado- dijo Kohaku cabizbajo, viendo hacia las montañas, tratando de no ver a Rin ya que le había avergonzado mucho molestarla –Podemos hablar de otra cosa… puedes contarme lo que has hecho últimamente.-

Rin sin interrumpir su tarea le contó a Kohaku sobre cómo estaban las cosas en la aldea, tranquilas como siempre y ella aprendiendo más y más. Sin embargo, no le mencionó sobre su estado de ánimo, fue muy ambigua en su respuesta. Kohaku no notó nada extraño en Rin, su naturaleza tímida no le permitía ser audaz para descifrar a las personas. -¿Cómo has estado tú, Kohaku?-

-Exterminando demonios, adquiriendo nuevas habilidades… es cansado, ya quería tomarme un descanso, por eso estoy aquí- Kohaku observaba a Rin mientras trabajaba. Sonriendo pensaba en lo mucho que había crecido y en lo madura que era. Era una de las personas más fuertes que conocía y eso le producía bastante curiosidad.

-Me da gusto, Kohaku- respondió finalmente Rin, esta vez mirando al rostro de su amigo. –Creo que ya es todo, esta vez no nos hacen falta tantas plantas-

-Te acompaño- dijo Kohaku poniéndose de pie y antes de que Rin lo hiciera tomó la canasta con hierbas. Rin, le agradeció con un movimiento de cabeza y su sonrisa.

Rin sabía que si le contaba a Kohaku sobre su pena, él entendería. Él también había pasado tiempo acompañándola junto con Sesshomaru y sabía de aquella felicidad que había en su corazón en esa época. Muy pocas personas podrían entender en realidad. Sesshomaru era su protector, la persona que más quería en el mundo, era una luz brillante en su vida y temía que desapareciera. Por un momento los ojos de Rin se llenaron de lágrimas pero dirigió su mirada hacia el cielo para que se fueran.

Rin dormía. No había imágenes en sus sueños, sólo una estela plateada. "Señor Sesshomaru" decía en su sueño. La estela plateada parecía moverse con el viento pero no podía ver nada más. De pronto, Rin ya no tenía esa visión en su sueño. Todo comenzó a verse rojo. Abrió los ojos. Kaede en el umbral de la puerta se encontraba parada. Rin se levantó e hizo igual. Frente a sus ojos vieron un enrojecido amanecer. Sorprendidas, salieron de la cabaña. No había movimiento alguno, el viento no soplaba, ningún ruido se escuchaba… todo se encontraba en tal quietud que hasta cierto punto era atemorizante.

-Abuela Kaede, ¿qué significa esto?-

-No lo sé Rin… es demasiado extraño, no es algo propio de la naturaleza, no en un amanecer-

Ambas permanecieron observando el cielo enrojecido. InuYasha salió de su cabaña.

-¿Qué hacen ahí paradotas?- preguntó adormilado.

Rin respondió señalando hacia el cielo. InuYasha entonces comprendió. Al igual que ellas permaneció estupefacto observando.

"No había visto el cielo de este color desde que falleció mi hermana Kykyo" pensó Kaede –Bueno, no vamos a conseguir respuestas aquí. Vayamos a dormir, todos-

Rin permaneció despierta, le fue imposible dormir pero siguió acostada. En realidad no tenía ganas de levantarse aún. Pocas horas después, escuchó que alguien entró en la cabaña y que Kaede se había puesto de pie. Escuchaba como en voz baja Kaede le decía a quien entró que se sentara cuidadosamente. Se trataba de InuYasha.

-InuYasha… sé que no es algo agradable de escuchar, pero debes saber que el día en que falleció mi hermana, el cielo se tornó de este mismo color exactamente… ¿crees que sea por…?- Kaede no pudo terminar la frase. InuYasha permanecía frente a Kaede sin quebrarse.

-Anciana… esto no tiene que ver con Kykyo…- dijo solemnemente.

-Entonces, ¿se tratará de la muerte de un ser con la fuerza espiritual equivalente a la de mi hermana?- preguntó Kaede alterada.

-Una especie de mensaje…-

-Sí, una señal de una fuerza expandiéndose, una fuerza que abandona este mundo-

Rin no podía evitar inquietarse con esta plática. Todas las cosas grandiosas del mundo las relacionaba con Sesshoumaru, un ser poderoso, un demonio temido. No podía con toda la preocupación que invadía sus pensamientos.

-Kaede… es difícil saberlo, ¿quién pudo haber muerto, que conozcamos?, es imposible… no percibo nada extraño además-

-¿No crees que se pueda tratar de Sesshomaru?-

-¡NO!- gritó Rin, saltando casi desde su lugar.

InuYasha y Kaede se sobresaltaron ante el grito de Rin quien se encontraba observándolos.

-El Señor Sesshomaru no puede estar muerto!-

-Ah, cálmate Rin. No creo que a ese idiota lo puedan matar fácilmente. Además, ya nos habríamos enterado, no seas tonta-

Kaede se puso de pie con dificultad y se sentó al lado de Rin.

-Siento mucho que hayas escuchado y sobre todo que te hayas preocupado. Creo que esta vez InuYasha tiene razón, Rin, así que olvida lo que dije. Debes tranquilizarte, Sesshomaru vendrá, ya verás-

InuYasha se encontraba de brazos cruzados observando a Rin quien se puso de pie y se acercó a él.

-Llévame a buscar al Señor Sesshomaru-

-¡Estás totalmente loca, tonta!- gritó InuYasha sorprendido por la petición de Rin quien aún se encontraba parada frente a él –Si crees que me vas a convencer estás muy equivocada. Que seas de mi simpatía no quiere decir que te vaya a ayudar con esta tontería, ¿entendiste?-

-InuYasha, me debes un favor enorme y es momento de que pagues-

-¡Ja!, ¿qué has hecho tú para favorecerme?- preguntó InuYasha con su usual altanería.

-Yo no hice nada, tú estuviste a punto de matarme. Si no quieres que te lo recuerde todos los días, debes ayudarme- dijo Rin con la esperanza de que la ayudara aunque en realidad no le guardaba rencor a InuYasha por eso.

-Sabes que estaba bajo una trampa de Naraku en ese momento, así que no pretendas manipularme con eso-

"Maldición" pensó Rin.

Kaede quien involuntariamente estaba cambiando de lugar a causa de Rin, volvió a sentarse en su lugar inicial. Estaba sorprendida por la decisión de Rin sin embargo, debió de haber esperado que eso fuera a suceder algún día.

-Rin, tal vez debas esperar un poco más hasta que seas mayor para ir en busca de Sesshomaru, seguramente si te vas ahora, él se molestará mucho… y no creo que InuYasha quiera acompañarte, lo más prudente va a ser que esperes-

-¡Eso no es necesario!- dijo Kagome quien se encontraba en el umbral de la puerta con su arco, detrás de ella Sango, Miroku, Kohaku y Shippo, como si estuvieran listos para ir a una batalla.

-¡Están fuera de control!- gritó InuYasha como un bebé desconsolado.

-¡Abajo!, Rin, te acompañaremos- dijo Kagome sonriendo.

Estaba tan agradecida con sus amigos por apoyarla que no pudo contener las lágrimas y corrió a abrazarlos. InuYasha desde el suelo maldecía pero no podían escucharse sus palabras, sus labios contra el suelo hacían ruidos extraños.

-Gracias, muchas gracias por apoyarme- decía Rin sin poder contener la felicidad.

-No nos agradezcas Rin. Esta es una oportunidad perfecta para acompañarte y para investigar sobre los raros acontecimientos que están pasando- dijo Miroku. –Anciana Kaede, ¿sería mucha molestia que cuide a los niños…? sólo por unos días-

La anciana Kaede asintió sonriendo