Bueno, este fic será bastante corto, este es el penúltimo capítulo. Creo que no ha tenido mucho éxito y eso me ha animado a terminarlo en cuanto antes para así poder centrar toda mi atención en mi otro fic, "Corazón de verano" que actualmente tiene buena acogida. Cuando lleguemos al último capítulo quiero confesar un secreto respecto a este fic…
Me han preguntado varias veces si los personajes son países o personas corrientes, bueno pues en mi mentalidad (que es muy rara) son países que viven vida de humanos y bueno eso de ir al colegio… Un país tiene que estar bien preparado para sobrevivir ¿no? xD
Y eso es todo por ahora… sigan el fic y comentadme plis xD.
Cap. 1: Sentimientos desbordados.
Pov Arthur:
"No dejaré que nada me deprima" repetí miles de veces para infundirme esperanzas. Es normal en Francis tener tantos pretendientes, no puedo venirme abajo tan pronto sólo porque Matthew también se una al grupo. ¿Qué tiene él que no posea yo?...
El domingo había cambiado por completo… mis fines de semanas aburridos y monótonos no volverían a ser igual después de esto, y mientras yo estaba aquí lamentándome inútilmente, el canadiense vivía seguro de sus posibilidades y estaba dispuesto a darlo todo. Me tumbé en el blanco sofá de mi sala de estar y hundí la cabeza entre los cojines, intentando ocultar mi rostro entre ellos. La televisión seguía encendida, pero no le prestaba ninguna atención, estaba buscando la manera de arreglar todo esto. Entonces tuve una idea, una idea que quizás no resultara como yo imaginaba, o posiblemente saldría a la perfección, no lo sé, pero era mi única alternativa… Iría a casa del francés. Ya no podía esperar más en que diera el primer paso, la paciencia nunca fue mi mayor virtud y la competencia se hacía cada vez más inquebrantable.
Levanté la cabeza y tras apagar la televisión y vestirme de forma decente salí a la calle en dirección a la casa de Francis… Nunca había ido nunca a su casa, no me sabía el camino, tan solo la dirección y el número de su puerta, pero de todas formas decidí ir. Empecé a avanzar por las calles aun temeroso de no conseguir nada salvo perderme por ellas, pero mis miedos se convirtieron en realidad veinte minutos después cuando me di cuenta de que no sabía dónde estaba.
-¡Mierda!-Maldecí en voz alta-al final he acabado perdiéndome, maldita sea… ¿Qué dirección tomo ahora?
Hubiera podido preguntárselo a alguien si no fuera porque ni un alma se alzaba sobre el asfalto. ¿Quién saldría de su casa un domingo tan temprano? Aparte de Matthew que era bastante extraño… a nadie más se le ocurriría. Todo estaba resultando más complicado de lo que había podido imaginar… pensé que sería fácil, pero me equivoqué.
Estaba ya maldiciendo mi suerte y odiando la ciudad con sus asquerosas calles inaccesibles cuando todo cambió sin avisar.
-¿Arthur?-preguntó una voz al otro lado de la carretera-¿Eres tú?
Me giré en dirección al sonido para encontrarme cara a cara con Francis.
-¿Qué haces aquí?- preguntó mientras cruzaba para encontrarse conmigo.
-Yo… esto…
Dudaba entre decirle una mentira típica como "Pasaba por aquí" o el "Voy a tal sitio" o decirle la verdad, que estaba pensando en ir a su casa como si fuera un pervertido desesperado porque no aguantaba un día más de espera. Opté por perfeccionar la segunda opción.
-Me he perdido-contesté conteniendo el aliento.
-¿Te has perdido?-repitió a media risa.- ¿Adonde ibas?
-Bueno… no lo sé.
-¿Te pierdes yendo a ninguna parte? Cada vez me sorprendes más.
No sé si tomarme esto último como un cumplido o como una burla, pero al menos se sorprendía.
-¿Adonde ibas tu, Francis?
-A mi casa.-contestó secamente.- ¿quieres venir?
Hice ver que me lo pensaba, pero realmente no necesitaba pensarme nada porque mi intención desde el primer momento había sido esa, pero pensé que quedaría muy inusual que alguien respondiera inmediatamente a ese tipo de proposiciones.
-Supongo que por ir un rato no pasa nada- dije escondiendo mi alegría.
Emprendimos el camino hacia mi destino soñado. No había sucedido todo como lo planeé, pero esto es aún mejor. No dejé que su presencia me nublara y contuve mi cara arisca durante lo que duró el trayecto. Las calles estaban desiertas, tan solo podía entreverse algún gato callejero trepando por los alrededores silenciosamente. Más silencio estaba el francés que no se atrevió a abrir la boca excepto para estornudar =_=U. Tal vez esperaba que yo diera el paso y empezará una conversación… pero no lo hice. Si espera eso… que se joda.
Frenamos frente a una puerta metalizada, de color negro como el ala de un cuervo adornada por unos ribetes plateados que se enroscaban dándole un aspecto moderno. A mí personalmente me pareció horrible, espero que le cortaran las manos al diseñador. Francis introduzco la llave en la ranura, y con un delicado toque de muñeca la hizo girar, abriendo así la puerta que chirrió. Dentro tan solo habían unas escaleras de mármol negro como la puerta del exterior.
-Vivo en un piso-aclaró Francis que pareció haberme leído la mente.
Ascendimos por ellas todavía callados. Tan solo se escuchaba el sonido de nuestras botas al pisas la fría piedra de las escaleras y el sonido de nuestra acompasada respiración. Sin darnos cuenta llegamos a su piso. El francés lo abrió y me invitó a pasar. Titubeé un poco antes de dar el paso que me condujo al interior.
La casa iba mucho con el estilo de Francis. Todo estaba recubierto de colores vistosos y había cojines por doquier. Las paredes era lo único que parecía estar fuera de serie puesto que eran bastantes pueriles. Seguí estudiando cada detalle de la sala y me acerqué a una enorme estantería repleta de libros de los más valorados. Parecía una biblioteca privada. No sabía que este francés fuera tan aficionado a la lectura, y más aun a los clásicos de la literatura. Uno de los libros sobresalía. Lo saqué para ver de qué se trataba, en él se podía leer "kamasutra" ilustrado con unos simples dibujos de una pareja en una complicada pose. Lo empujé de golpe devolviéndole a su sitio avergonzado y nervioso. Cuando el libro entró de nuevo en su lugar algo fue pulsado detrás y la enorme biblioteca empezó a iluminarse de un color rojo pasión mientras giraba cambiando los libros por películas. Películas pornográficas exactamente. Había miles, nunca imaginé que pudieran rodarse tantas. Mucho menos podía haberme imaginado que una culta biblioteca pudiera ser el escondite de un material tan indecoroso.
-¿Qué es esto?-Le pregunté a Francis cuando se posó a mi lado.
-Documentales. ¿Vemos alguno?-Preguntó guiñándome un ojo mientras me sonrojaba.
-¿Documentales? ¡Esto son películas guarras!
-Te equivocas-corrigió seguro de lo que estaba diciendo-Un documental sirve para aprender y conocer cosas nuevas… cosas interesantes. Estas películas también lo hacen. Me enseñan cosas útiles en la cama.
-¡Pero no es lo mismo!... Yo nunca he visto un documental donde salga gente haciendo… ¡Ya sabes a que me refiero!-dije cuando noté que las mejillas me ardían hasta hacerme daño.
- Los hay. Los de animales.-Francis sacó un poco el libro y la estantería volvió a la posición inicial.- Siempre te explican sus formas de reproducción.
-¿Podemos… Podemos dejar ya el tema?
Di por zanjada la conversación y me dirigí al sofá más cercano tirándome en el sin el mas mínimo cuidado.
-Tu-dije dirigiéndome al francés- Tráeme un te poco cargado.
-¿Piensas que soy tu criado?
-Soy el invitado. Debes tratarme correctamente.
Francia suspiró agotado y desapareció en dirección a la cocina. Me sentí el dueño y señor del lugar cuando lo vi retirarse para satisfacer mis caprichos. Me gusta que la gente se dome ante mí. (Aunque suene infantil)
Intenté no tocar nada más de casa de Francis para no encontrarme alguna sorpresa… pero todo su hogar era una sorpresa. Qué lugar más pervertido pensé mientras recogía una revista de debajo del sofá que contenía un titulo que no me atrevo a leer. Estaba repleta de imágenes de hombres desnudos.
-Vaya-dijo una voz detrás de mí No sabía que te gustaban estas cosas.
Dejé escapar un grito mientras lanzaba la revista lo más lejos posible de mí y era eliminada de nuestro radio de visión. La cabeza me ardía, y pensé que estallaría. Pero nada ocurrió.
-N-N-n-n-nooo. No es lo que piensas.-negué tartamudeando y ahogándome con cada palabra- Yo…. Cogí la revista…. Y…. no-no sabía que era. Pero la portada era muy muy…
-No pasa nada Arthur. Yo la ojeo constantemente.
-¡Pero yo no! ¡Quema eso!
-No puedo hacer eso. Es un número especial. Ten tú te.-Francia acercó la taza hacía mi. La cogí con cuidado del asa y volví a girarme incomodo.
Di un gran sorbo. El contenido ardía, pero el sabor era excelente. Francis pasó por delante de mí y se sentó en un sillón enfrente de mí.
-¿Entonces te gustan más las mujeres?
Casi me atraganto con el té que acabó deslizándose por mis labios en un intento de contenerlo.
-¡A que viene eso!
- Por nada. Como has dicho que esa revista no era de tu agrado.
-Simplemente no me gusta ver ese tipo de cosas…
-¿Te gustan más las mujeres?
-¡Cállate!-le grité agachando la cabeza-¿Por qué haces esto?
-¿Hacer el que?
-Si sabes que… que te quiero… ¿Por qué me preguntas si me gustan las mujeres?-pregunté indignado- Yo te quiero a ti. Y como no seas una mujer disfrazada…
Pero ya no pude continuar porque el francés fundió sus labios con los míos, convirtiéndome así en otra de sus presas. En el preciso momento en que nuestras bocas volvieron a chocar, una corriente eléctrica me recorrió y en mi interior sentía una extraña sensación. Como una especie de mariposas revoloteando por mi estomago y provocando, con cada sutil aleteo, una gran sensación de euforia. Mi cuerpo irradiaba calor con cada uno de sus roces. Mi lengua se encontró con algo que jamás había conocido: otra igual. Al principio me mostré tímido, pero siempre deseoso de expresar aquello que no me atrevía con simples palabras.
Su mano situada en mi cuerpo, fue acercándome aun más hacia él, mientras que la mía simplemente revolvía y acariciaba sus hermosos cabellos rubios. Sus manos subieron y bajaron por mi espalda, recorriendo curiosas cada rincón de mi cuerpo. Hasta que al final sin previo aviso, los dos nos encontramos desnudos sobre el holgado colchón. Por primera vez sentí que verdaderamente me sentía en armonía con el francés. Eso fue lo que pensé mientras llenaba todo mi interior de nuevas sensaciones.
Al día siguiente volví a clase mucho más animado. Evitaba a toda costa encontrarme con la mirada de Francis por más de dos segundos. Cuando se lo conté a Matthew actuó de una extraña manera, diciendo algo así como "Si eres feliz todo está bien". Sus palabras me hicieron sentir asquerosamente sucio y culpable… Pasé el resto del día sumido en mis pensamientos y apoyando la fortaleza del Canadá. Realmente me odiaba por haberme dejado llevar por la situación mancillando así la amistad que compartía con el canadiense, pero peor me sentí cuando se lo conté a Alfred. El americano forzó una sonrisa que me desgarró por dentro haciéndome trizas. Todo lo había hecho mal…
Para terminar de adornar la escena Francis se dirigió hacía a mí, haciéndome mantener una vana esperanza. Quería que me besara, pero en vez de eso me obligó a olvidar todo lo que había sucedido el día anterior.
-Nada pasó ayer-dijo seriamente, sin titubear- Fue un error.
Mi corazón se vino abajo al igual que mis lágrimas. Quería hundirme en un profundo abismo de oscuridad infranqueable. Quería morirme básicamente. Llevaba toda mi vida esperando ese mágico momento, y cuando sucede todos parecen aborrecerlo y odiarme por ello… ¿Qué está bien y que mal? Pensé mientras reprimía las lágrimas en los ojos… La mejor opción sería olvidar al Francis, no sería fácil. Pero no podría hacerlo mientras Canadá le fuera detrás. Suena egoísta, pero no quiero que Matthew tenga ninguna posibilidad.
-Matthew, hagamos un pacto- le propuse aun lloroso al canadiense que se compadecía de mi estado y me proporcionaba apoyo.
-Lo que quieras Arthur.
-Olvidemos a Francis los dos. No te le acerques, no le hables y yo haré lo mismo.
-Arthur, yo nunca le presté atención. Nunca hemos hablado.
-¿En serio?
-Quería que tú tuvieras el camino abierto. Para eso eres mi amigo.
Sus palabras me conmovieron dejándome sin habla. No podía creer que el canadiense renunciara a su felicidad para conservar mi amistad, mientras que yo iba y la destrozaba acostándome con Francia…
Era una persona horrible… Llevo tanto tiempo solo que cuando diviso una manera fácil de evadir este sentimiento me llevo a todo lo que me importa por delante…
-Mañana es mi cumpleaños. ¿Vendrás? –dijo Matthew con su inusual sonrisa.
-No puedo... Tengo cosas que hacer.-contesté. Realmente no tenía nada que hacer, pero no quería tener contacto con nadie.
-Me hacía ilusión que vinieras…
-Lo siento…
-No pasa nada. Estaré bien con mi primo y Francis.
Matthew dio media vuelta y se alejó de mí. ¿Ha dicho Francis? Acabamos de acordar dejar de prestarle atención y lo invita a su cumpleaños. Seguramente ya estaría invitado desde hace tiempo y ahora no iba a excluirlo. "Esta sería la última vez que Matthew vea a Francis" pensé.
Dos días después había quedado con Alfred y Matthew para dar una vuelta. También debía entregarle su regalo al cumpleañeros, ya que no puede hacerlo el día correspondiente. Pero cuando llegué al lugar acordado no había rastro del canadiense, tan solo Alfred esperaba allí sentado al lado de la fuente mientras saboreaba su hamburguesa en compañía de un extraño ser azul y peludo.
-Hola Alfred – Saludé lo mas cordialmente posible mientras tomaba asiento a su lado, -¿ Y Matthew? Pensé que también vendría.
-Bueno… no ha podido ser
-¿Y eso?-pregunte desconfiado-¿Está enfermo?
-No… Iggy no se cómo decirte esto…
-No debe de ser muy complicado. Habla.
-Matthew… está saliendo con Francia desde el día de su cumpleaños.
Otra vez mi pobre corazón se convulsionó. No creía sus palabras.
-No es posible. Matthew me dijo que se olvidaría de él. Era nuestro pacto.
-Era tu pacto… él no le prestó atención,- dijo mientras me acariciaba la cabeza para infundirme ánimos- Matthew se ha estado viendo con Francis muchas veces atrás…
"Nunca hemos hablado" Sus palabras se repetían constantemente en mi cabeza, rebotando una y otra vez. Mi amigo me había traicionado. Peor, me había mentido para poder traicionarme luego.
Como si se tratase de una costumbre volví a ahogarme entre mis propias lágrimas que emanaban de mis ojos a borbotones. Me sentía destrozado… Había odiado mi propio ser un millón de veces después de lo que ocurrió con Francis en su casa. Me sentía sucio por dentro por haber cometido tal atrocidad a los sentimientos de Matthew… Pero el era el verdadero cabrón.
-Iggy…- susurró Alfred- No me gusta verte llorar…
-Déjame en paz…
-Iggy…
-Todo… Lo he perdido todo… mi amor, mi amigo incluso mi autoestima a quedado reducida a cenizas con todo lo demás.
-Olvídalo todo Iggy.
-¡Lo he intentado siempre! Siempre que veía a Francis con una de sus amantes cerraba los ojos y dejaba que esas imágenes desaparecieran de mi memoria junto con mis sentimientos… pero nada sucedió…
-Yo…
-Soy un idiota Alfred… Soy un idiota por creer que alguien me querría alguna vez. ¡Algo como yo jamás podrá ser amado!
-¡Te equivocas!- gritó Alfred descontrolado apretando mi cuerpo contra el suyo.- ¡Mírame!-Ordenó.
Intenté deshacerme de su abrazó, pero simplemente conseguí separarme lo suficiente para que nuestras miradas se encontraran en un mismo punto.
-¡Yo te amo!-declaró conmocionado- ¡Y siempre lo he hecho!
Alfred se abalanzó sobre mí sin separarse, y plantó un beso sobre mis húmedos labios.
He acabado por fin otro capítulo, el próximo será el desenlace. Me encantaría que opinarais del capítulo de hoy. ^^
Cada vez que escribo esta historia hay algo en mi que se descoloca un poco… Me siento como Arthur xD.
Por cierto A Bluish Coffee significa "Un café azulado"… este título se lo puse por dos razones:
1: La palabra café hace referencia a los personajes de este fic.
Canadá
América
Francia
England.
2: Cuando habló del azul me refiero al cielo… El cielo es como el amor inalcanzable que siempre ha habido (o habrá) en nuestras vidas. (¡DIOS, QUE ÑOÑO HA SONADO ESO! Voy a pillar diabetes ¬¬U...
Dejando aparte todo esto… ¡espero veros pronto! Bye!
