Her eyes
Capítulo I: Punto de quiebre
La jovencita frunció el ceño desordenando su melena corta y café. En sus pupilas azules se reflejaron las cortinas blancas de la ventana, y una ráfaga de viento logró hacer correr el manto en cuestión. Reveló el cielo que ya estaba completamente naranja, allí prefirió cerrar sus ojos y tomar coraje para encaminarse hacia el salón.
Esas prácticas en el estudio de baile del colegio eran unas escapatorias para su bien estar, y eran su cable a tierra en esos tiempos turbios de exámenes y presiones de todos los miembros de su familia.
Cada tanto estando allí el tiempo parecía hacerse más largo, y eso le daba una sensación de que todo estaría bien, incluso aunque se distrajera bailando un poco. De hecho hoy fue de esos días donde un todo giró en un solo evento. Primero fue gracioso darse cuenta que no recordaba las primeras clases del día, el almuerzo, o inclusive que estaba haciendo justo antes de poner un pie en el estudio.
Aunque intentase tomárselo con gracia y aludir a que su cansancio era la respuesta, Inevitablemente sintió como "muy raro" que sólo recordase cuando anoche se quedó dormida, pero que no recordara el momento en el que despertó. Levantó la cabeza al frente viéndose iluminada. Esa palabra "despertar" fue la clave para entender porque el tiempo no pasaba nunca, y porque el mundo parecía girar en ese preciso instante.
Dentro de su cerebro se batió una idea un poco torpe, pero que tenía su justificación en el simple hecho que ya le había pasado muchas veces. Nuevamente las cortinas fueron el foco de su atención… Podía verlas, pero al momento de estirar su mano para alcanzarlas no sintió nada, no tenía textura o siquiera una materia aparente que pudiese tocar. Todo a su alrededor eran meras imágenes guardadas en su subconciente. Allí entrecerró los ojos sonriendo con decepción, esa era la explicación de porque ese momento era tan perfecto, simplemente no existía como tal.
Pero más que un sueño parecía un dejabu dentro de un sueño, y si en cuestión lo era¿Qué era exactamente lo que estaba recordando?
Los pisos blancos y lustrados se fueron del plano material, apareciendo en su lugar unas especies de baldosas transparentes, que formaban un camino hacia adelante. De golpe entre la sorpresa y la desorientación un escalofrío la obligó a mirar a sus espaldas. Aunque al principio no vio nada, moviendo un poco la cabeza noto algo parecido a un diminuto reflejo de luz… y al estirar la mano pudo comprobar la existencia de una fina pero irrompible pared de cristal.
Sin más opciones visibles, frente a su mala corazonada decidió mirar de nuevo el camino que no tenía un aparente fin. Aunque su razonamiento se volvió una mala idea una vez que lo hizo.
En la oscuridad al otro lado del camino nacieron nubes de humo color violeta. El mismo y venoso vapor comenzó a unirse en un solo punto, y mientras más la pobre chica observaba, más forma tomaba hasta volverse casi humano.
No había que ser un genio para deducir que no era alguien seguro. Por eso la actitud de Anzu fue de retroceder buscando distancia, pero chocó la espalda sin recordar esa maldita pared tras ella. En un arranque de carencia de ideas golpeo débil pero ansiosamente el vidrio. Comenzó a maldecir en voz baja, era normal que creyera que nadie podía lastimarla en un sueño. Pero ante esa lógica, no pudo saber que esas hermosas estructuras de hecho eran una trampa para acorralarla.
A medida que los segundos pasaban supo tomar varias acciones valientes pero que resultaron ser inútiles. Como golpear más fuerte, mirar si había otra salida, o intentar huir hacía los costados. Ese lugar estaba hecho con el mero fin de ser un callejón sin salida.
Aún tenía fuerzas para luchar, incluso sin saber realmente que estaba pasando. "¿¡Quién eres!?" le cuestionó una vez que su atención se centró otra vez en el ser que se estaba formando de las sombras. "¡Da la cara!" volvió a gritar apretando los puños, y viendo como los rasgos faciales del hombre estaba próximo a concretarse.
Pero… nunca se hubiese imaginado cuan desagradable sería la respuesta.
El silenció de muerte duró nada, se cortó con potentes temblores que vinieron del suelo. Algo estaba atravesando el vidrio y rompiendo el cristal a gran velocidad y con suma violencia. La lluvia de cristales apenas le dejó ver cuando frente a sus narices surgieron cadenas doradas unidas a lo que parecían ser raíces.
Sin perder el tiempo y como si estuviesen siendo cuidadosamente manipuladas empezaron a rodear a la joven que luchaba en vano por liberarse. Rápidamente envolvieron sus piernas, cintura, y hasta su caja torácica, apenas permitiendo el movimiento de la respiración.
La desesperación de esos instantes eternos, francamente, no fueron nada comparada a la que hubo cuando escuchó unos pasos firmes. De golpe se le cruzó alguien por la cabeza… Así, sus pupilas se elevaron hacían el frente sabiendo (o creyendo saber) con que se encontraría.
Si no estaba equivocada, todo eso era un remember de algo que realmente había sucedido, aunque con un escenario alterado. Cuando sus ojos finalmente terminaron de elevarse, nuevamente supo que algo en todo esto estaba siendo trastornado.
Si era él, si era su aspecto y sus rasgos. Era su voz, su forma de caminar, y sus poderes. Pero, no eran sus ojos. Ni de lejos, siquiera tenían brillo, o algún rastro de humanidad.
Pero en la versión opaca de ese joven, hasta el tono de su piel parecía haber mutado a un tono casi inhumanamente pálido, cuyo fin aparente era darle un aspecto tenebroso y fúnebre. La castaña pudo sentir sus dedos temblando entre los espacios que los trancaban y como sus grandes orbitas azules comenzaron a humedecerse entrando en pánico.
Ella en realidad no temía a lo que pudiese pasar, sino a lo que fuese que hubiese hecho para tener que verlo así… Con ese aspecto de muerto en vida, y con esa aura oscura que levitaba rodeando a su ser entero.
De nuevo la maldita incógnita de que había pasado ese día la invadieron, ella sólo era capaz de recordar una parte… la cual parecía ser cambiada constantemente por algún motivo.
El silencio seco se fue llenando con los lentos gemidos de terror de la muchacha y por los pasos que sonaron sincronizados cinco o seis veces
Anzu inconscientemente dilato sus pupilas fijándose en la sonrisa vil que se acercaba. Antes de cerrar los ojos atinó a mirar al costado del hombro del "otro yugi" y allí vio una cara que no pudo olvidar. Esa imagen se transformó en una respuesta aparente al porque de todo esto… Era un hombre moreno y en sus dedos se divisaba unos delgados hilos, cuyos extremos opuestos se unían a la espalda del otro varón.
-"Es un títere"- Susurro con su voz temblando.
Finalmente, el miedo le venció y cerró los ojos. En breve escuchó que los pasos dejaron de ser perezosos y fueron tomando velocidad paulatinamente. De un segundo a otro su indefenso cuerpo sólo pudo apretar los parpados, y verse envuelta en el frío abrazo que la derribó de un golpe.
Los instintos de la castaña demostraron tener razón. En la "verdadera" realidad, ella nunca había despertado, porque todo eso era un sueño que aún estaba viviendo. El reloj sobre la mesa de noche indicaba que no eran ni las cinco de la mañana, de modo que nadie podía sospechar lo que estaba sufriendo.
En su cuarto no había luz aparte de la luna que atravesaba las cortinas del balcón. El lugar tenía un espacio bien utilizado, pero no muy grande. Sobre el armario se podía ver algunos peluches con formas de conejo. Y en el piso se encontraba extraviado un zapato, que probablemente se cayó por accidente en algún momento de la noche.
Aunque descripto de ese modo aparentaba ser un cuarto normal de cualquier jovencita, algo sobrenatural tuvo lugar.
Él, el hombre extraño del sueño, apareció en el balcón. Pudo traspasar la puerta corrediza sin necesidad de abrirla, sólo uso un breve intervalo de tiempo, y la atravesó cual fantasma.
Primero se acercó lentamente. La castaña visiblemente se movía como tratando de luchar, pero no era contra el misterioso personaje, sino contra algo o alguien de su sueño. El hombre arqueó una ceja viendo como sus muñecas dejaron de moverse, como si alguien las hubiera agarrado. Tampoco había alguien en sima de ella, pero del mismo modo dejo de mover las piernas como si algo le hiciese peso. Luego de pensarlo lentamente entendió que ella se movía como si todo fuese verdad. Y fue bastante sombrío comprobar que ella lo sentía del mismo modo.
Claramente comprendía que ante su necesidad de "atrapar a ese chico" había entrometido en el asunto a gente inocente como ella, pero eso sencillamente era una conclusión hecha a medias. En realidad él no sabía que realmente estaba soñando (a pesar de disponer de los medios para hacerlo). Al querer desentenderse de ello, de cierto modo se estaba lavando las manos.
La muchacha dentro de la pesadilla se negaba abrir los ojos aún siendo capturada por el infinito terror que sentía. Verdaderamente estaba sudando, y sus pupilas comenzaron a gotear lágrimas pequeñas. Era un sentimiento similar a ahogarse, y estaba producido por alguien que utilizaba un cruel mezcla entre un beso y una mordida.
Al notar las lágrimas supo que era el momento adecuado para terminar con eso. Finalmente el hombre moreno de místico atuendo le puso fin al juego apoyando su mano sobre la frente de la castaña. Entre el flequillo y la mano se hizo presente una luz dorada muy tenue, pero mediante la cual aparentemente la chica cesó su llanto.Y su cara volvió a ser pacífica.
Así había sucedido noche tras noche desde hace siete días. Aunque sólo él lo sabía de verdad, ella había sido parte y a la vez víctima de un juego sombrío, y todo con el fin de intentar acorralar a uno de sus "amigos".
Se tomó un momento para auto recriminarse por esa decisión, no había tomado en cuenta de los problemas que esa táctica acarrearía. Nunca se habría imaginado que los residuos del "Yami no Game" llegasen al extremo de producir pesadillas por tantos días.
–"Tsk"- se quejó hundiéndose en una autocrítica
Sin embargo volvió a lo que estaba haciendo cuando sintió que la joven fue moviéndose para lograr sacar su pesada mano de en sima. El mismo la retiro sin problema y luego sonrió bajando la cara pero subiendo los ojos.
-Lleva días sin aparecerse… ¿A qué se supone que debe tenerle miedo un espíritu de las "sombras"?-
Si la castaña se quejaba de que sus cabello no pudo salvarse del agua, pues que decir de esos chicos. En esa mañana cargada de mala suerte Anzu se salvó por un pelo de ir bajo la lluvia protegida únicamente con su mochila… Pero por más malo que eso sonase, de hecho sus compañeros caídos en guerra (es decir que no llegaron a tiempo para tomar el bus) hicieron su tragicómica aparición en las puertas del colegio, con esas indescriptibles caras de póker.
El pequeño Yugi parecía traer una esponja en la cabeza. Y con sólo verlos uno podía imaginarse lo que había sucedido, sin necesidad de muchas explicaciones.
En la mano del más bajo de los chicos estaba su paraguas azul marino, cuyos alambres se habían invertido por el viento quedando con forma de copa, y por ende, inútil. Honda y Jonouchi por quien sabe que cruel trampa del destino terminaron usando un paraguas verde, pero dado la diferencia de altura (y la torpeza inminente de ambos) seguro que no fueron capaces de compartirla.
Anzu ser rió en voz bajita al imaginarse la escena chistosa de Honda y Jono compartiendo paraguas nada masculinamente. Y si bien trató de reír bajo para no molestarlos, de todos modos fue escuchada.
Si bien el rubio no fue lo capaz de entender el chiste, de todos modos reclamó con un fuerte "¡¿De qué te ríes Anzu?!"
A lo cual la misma respondió con un suave e irónico "nada".
La verdad esa tontería le había devuelto el humor, por lo menos eso tuvo de positivo el haber viajado sola, y haber tenido que aguantar los "halagos" de los chicos de otros institutos, o de las muchachas de otras academias de baile.
Los suspiros salieron de su boca con buen motivo. Incluso siguiendo los consejos de su profesora, incluso haciéndose a al margen en las competencias de la ciudad por esa temporada, esas tipas tenían una especie de detector en sima de ella. Pero si lo pensaba de este modo, no era tan difícil, no había muchas chicas con sus rasgos en su curso, sólo hacía falta que supieran su edad y su colegio (cosa que se decía cada vez que se presentaba) y con eso ya era más que suficiente para que la tuviesen "marcada".
Ella terminó siguiendo jóvenes sabiendo de memoria el camino entero, pero sin prestarle atención realmente. Debido a eso una de las baldosas del piso que estaba mínimamente levantada, fue contundente para hacerla semi tropezar.
Todo el peso de su cuerpo fue para adelante, y logró estabilizarse gracias a la una mano algo pequeña, pero que la agarró con toda la firmeza que pudo. La castaña abrió sus ojos y vio al "pequeño Yugi" que la miró preocupado, pero que luego soltó su mano alborotadamente con un gran rubor en su cara.
Las pupilas azules de la joven reflejaron ternura. Yugi siempre fue así, le daba pena que lo tocaran o que lo miraran mucho. Su cara era muy redonda para un chico de su edad, al igual que sus ojos, se podía decir que esos rasgos le hacían acordar a algún cachorro de cualquier animal prácticamente.
La castaña estiró la mano hacía la cara del muchacho y le piñizcó la mejilla. Quizá en algún momento de su amistad ella tuvo cierto miedo a que Yugi terminara mal interpretando su cariño, pero durante tanto tiempo lo cuidó, que de hecho no podía sentir algo así como un cariño maternal.
-¡Suéltame Anzu!- chilló el muchacho avergonzado, dejando salir algo de su no muy común aspecto casi masculino.
Ella volvió a reír y caminó haciéndole una señal de que siguieran adelante. Como esperaban que sucediera sus compañeros estaban sentados en sus lugares pero el profesor aún no estaba en la clase.
Rápidamente Anzu divisó a Mioh, que parecía algo enferma, pero que la salido con su habitual alegría dándole una seña para que se sentara a su lado. Honda interiormente maldijo la amistad entre ambas, ya que por Anzu nunca encontraba la oportunidad de sentarse o inclusive hablar con Mioh… siempre hablaban de cosas de chicas…
La muchacha de cabellos verdes saco la mochila del asiento de al lado y se lo dio a Anzu.
-¿Te sientes mejor Anzu-chan?- Le pregunto sabiendo sobre las noches de "dormir-poco-y-nada" que su amiga estaba pasando.
Obviamente aunque estaba de buen humor era difícil esconder su desconcentración (y sus ojeras claro) –Pues… Dormí un poco, por lo menos- dijo rascándose el mejilla con el dedo índice-pero no te preocupes Mioh, hoy terminaré todo temprano y me iré a casa a dormir- se excusó como para cortar el tema.
La peliverde infló una de sus mejillas tomándole de las muñecas, Anzu sonrió nerviosamente previendo lo que estaba por decir.
-¡Vamos a la enfermería!, ¡Mioh nunca podrá ser una buena enfermera si deja a sus amigos sufrir!-
Moviéndose nerviosamente en resistencia a su pedido, la castaña intentó sacar un argumento a su favor, pero sólo balbuceo como un bebé hasta que impaciente la peliverde se la llevó a la fuerza montando una especie de secuestro. Los muchacho que estaban sentados hasta atrás quedaron mirando la puerta con los ojos como plato. Todos ellos al final se rieron pero quedaron con un pequeño toque de preocupación, eso por escuchar los argumentos maternales y algo histéricos de Mioh. Pero fue el pequeño quien quedó peor... Algo dentro suyo comenzó a impacientarse de forma muy fuerte, se movía como queriendo romperse y salir.
-Esto no es necesario…- susurro sonrojándose
Avergonzada se hizo un bodoque ignorando las voces de las dos señoras que trabajaban en enfermería. Ambas mujeres la conocían desde niña, eran colegas de su madre, y por ende todo la charla con Mioh se trató de lo "linda" que era cuando niña.
A Anzu le dolía un poco esa escuchar esas palabras que la describían como una muñeca con vida… ya no podía contar todas las veces que escucho el cuento de "la niñita de vestido y sombrero" que siempre corría por los pasillos del hospital donde trabajaba su madre.
Tuvo que aguantar esas voces narrando lo mismo por unos cuantos minutos hasta que finalmente la emoción de volver a verla se disolvió. Escuchó las despedidas dando fin a la charla, y por fin pudo dejar de ignorar todo a su alrededor.
Sin embargo a penas comenzó a relajarse una de las enfermeras (la más joven de las dos) corrió la cortina y asomando la cabeza le dijo algo que apenas pudo percatarse, pero aún así sólo movió la cabeza asintiendo.
Lo más probable era que dormir durante tanto tiempo unas pocas horas le estén afectando su capacidad para concentrarse, y ahora que estaba en una suave cama completamente sola le era dificultoso no querer dormir un poco.
Sus pestañas comenzaron a bajar opacándole la vista, los parpados quería cerrarse, y ella se resistía en vano. No es como si alguien quisiera atentar contra ella mientras descansaba unos segundo los ojos. Y justo cuando estaba por dormirse se le vino a la mente ese horrible sueño que la obligó a abrir los ojos de golpe.
Tratando de olvidarlo repitió su anterior pensamiento "no es como si quisieran atentar contra mi mientras duermo", y así le volvió la sonrisa creyéndose muy tonta. De algún modo era una respuesta factible creer que si no podía dejar de pensar en ello, pues era muy difícil que no lo soñara.
Ablandó la almohada, se puso de costado y se cubrió hasta la mejilla con las sábanas. Como una canción de cuna la lluvia regresó, las hojas comenzaron a mecerse, y su sueño la fue consumiendo… tan despacio que se quedó dormida sin notarlo realmente…
Tras la puerta entre abierta se montaba una pequeña oficina dónde se guardaban los medicamentos y las dos enfermeras charlaban en sus tiempos libres. De hecho esa charla tirando a chismosaje era lo predominante casi siempre.
Frente al escritorio estaba la enfermera de mayor trayectoria, tenía el atuendo típico de su profesión combinado con un prolijo peinado que abarcaba todos sus canosos mechones en un rodete. Era de exuberante y grueso cuerpo, y que aún así lo movía pispiretamente, cuando no estaba en horas de trabajo claro.
Por otra parte su colega era por lo menos veinte años más joven, de peinado similar y vestimenta idéntica. Esta se reía sentada frente al escritorio mientras cada tanto sorbía un poco del café antes que se enfríe.
Los comentarios sobre esa niña (que de hecho hoy fue su única paciente) fueron casi todo de lo que hablaron, considerando que normalmente sus temas de conversación iban en aumento a medida que hablaban.
En medio de sus parloteos las palabras bastante hirientes no faltaron a pesar de que ellas mismas no podía catalogarla como tales. "¿Y qué es de su madre?" "Debe ser duro para ella" "pobre mujer" Cosas así iban y venían, iban y venían.
Hasta que de pronto un milagro hizo que se detuvieran, justo cuando Anzu estaba escuchando entre sueños difusamente lo que decían. Lo que había sucedido es que alguien tocó la puerta justo cuando pensaban que hoy no tendrían más trabajo.
Con su voz fina la joven ayudante le permitió pasar al visitante. La puerta se abrió y unos curiosos zapatos negros entraron. Quien ingresó tenía un aspecto un poco… ¿Llamativo? Ambas mujeres boquiabiertas vieron directamente al muchacho.
El carácter nervioso de la dama más adulta fue la de (por poco) pegar un grito tipo adolescente al tener al apuesto joven en frente de sí. Sin embargo su compañera le cubrió la boca justo a tiempo, sabía que la señora era un poco metiche, y no quería incomodar a uno de sus pacientes más frecuentes.
Pero quizá eso fue lo más sorprendente. Ese no era el mismo niño que normalmente aparecía todo golpeado por sus compañeros unas cuantas veces en el mes.
Con una media sonrisa el chico bajo un poco la cara aunque manteniendo los ojos arriba, como fabricando una especie de cara de "perrito", y les pregunto amablemente "-¿Puedo ver a mi amiga?-"
Ninguna de las dos podía creer que él tuviese ahora esa cara y esa voz… y del mismo modo no se pudieron resistir.
Él ahora tenía más aspecto de hombre sin dudarlo… pero un momento, ¿Acaso cuando lo vio hoy llegando tarde no estaba como siempre?
La joven de pelo negro se arregló el chaleco de su uniforme… y mirando desde atrás la espalda del alumno se le vino una pregunta muy rara a la mente… ese chico acaso, ¿Había crecido de un momento a otro?
En una maniobra bastante cuidadosa cerró la puerta por completo para asegurarse que pareciese accidental. Se quedó cerca para asegurarse que no saldría ninguna de las dos a decirle "deja la puerta entre abierta", admitiendo para sus adentros que eso sería una molestia.
Quizá era una escusa un poco cruel, pero mediante esta preocupación porfin encontró el momento para cerciorarse de su bien estar. Finalmente no recibió más noticia de interrupciones potenciales.
Sus pasos firmes sonaron por toda la habitación. En ese momento recordó que no le habían dicho en que número de cama estaba recostada. Al demonio… era un pensamiento un poco estúpido considerando que podía saber donde estaba de todos modos.
De golpe se paró, miró hacía un costado observando la cortina fijamente, a medida que se dibujaba una sonrisa de calma. Desde adelante se pudo ver su sombra acercarse mientras corría la cortina para terminar dentro y enfrente de su rostro descansando.
Sin decir nada sus frías manos invadieron las mejillas tibias de la muchacha. Le estaba robando ese calor que hacía que su cara siempre se viese rosa y viva. Si sus ojos violetas brillaban en la oscuridad mirando fijamente hacía la nada, era porque estaba pensativo en la incógnita sobre si estaba haciendo algo malo o no.
No podía entender cómo fue que llego a este punto donde se quebró su sentencia de silencio, y deseó que ella despertase para preguntarle como estaba. Fue un trago terriblemente amargo tener que haber dejado las cosas tan cercanas a un final abierto. Desapareció luego de ese evento desafortunado, teniendo desde ese entonces, que a rondar como un fantasma.
Pasado minutos quedó tan absorto que no notó, hasta que bajó la vista, que la chica se había puesto de costado sujetando entre ambas manos a la suya.
Como era de esperarse eso fue su pequeña alarma sobre dónde debía marcar el límite. Su fortaleza en un segundo de silencio y de estar paralizado decayeron en acercarse de apoco. Irónicamente sus intenciones quizá eran las de besarle, pero simplemente volvió a revelar su sonrisa agridulce y se detuvo teniendo como siguiente acción la de ponerse de pie y de espaldas.
Antes de salir miró hacía atrás sobre su hombro. Una especie de suspiro ahogado salio de su boca, no sabía como terminar la conversación que estaba teniendo con sigo mismo. Entendía que de nuevo todo había terminado en nada, y que al final sólo le importó ocultar ese lado humano que había surgido gracias a los sentimientos. Y esos eran los sentimientos que él escondía tras su repentina desaparición...
Esos eran los sentimientos que quería ocultarle… a pesar de que sabía que eran correspondidos.
NOTAS DE AUTOR
Hola mundo! eweU
*se oculta la cara tras una sartén*
Ok ok, no me tiren tomates porfa XD, al menos saben que no me comió el kuko LOL. Ok ya en serio.
Este cap me costó horrores, pero estoy conforme como hace mucho tiempo no estaba, es largo, bastante interesante a mi gusto y con algo dulce al final ewe!
XD, no soy de agregar romance tan rápido, pero ya entenderán porque el cambio de estrategia, todo está directamente ligado al tipo de trama que tendrá el finc! Cofcof ok creo que ya hablé de más ewe.
Bueno, espero que estén tan conformes como yo con el capi ;3
Dejad review jente! Dejar review tiene muchos beneficios: no provoca artritis y es bueno para la articulación de los dedos(°w°)b
(y sobre todo para el corazoncito de la autora (~ewe)~)
LOL ok no XD
jaja perfecto, es todo por ahora mujeres. Un abrazo, y hasta pronto (?) :)
