Crédito de la portada para: .

Gracias a Destacado777 por su review y a Fenrir Kholer por seguir la historia. Espero que este capítulo sea de su agrado n.n

Había una vez…

Un enorme bosque encantado dentro de un mundo donde todos los cuentos no terminan con un "Y vivieron felices para siempre" sino que su historia aún continua.

La historia seguía escribiéndose siendo leída por Pitch. Sandman, como público encerrado solamente podía escucharla, molesto ante la alteración.

–¡Ja! Creo que me está gustando ver a tu amigo en apuros—bufó el de negro, siguiendo con su lectura – El joven y hermano mayor había caído al frío lago luego de salvar exitosamente a su pequeña hermana, sacrificándose por ella…

Cuando se hundía en aquellas heladas aguas tenía miedo, perdía las esperanzas de poder salir de ahí, se entregó a la desesperación.

Jackson cerró sus ojos luego de que sus pulmones no aguantaron, soltando el ultimo soplo de aire que lo mantenía con vida. Él imaginó la muerte como un sueño más que lo llevaría a un lugar mejor cuando abriera los ojos. Cuando eso pasó, Jackson se encontraba en el mismo lugar donde inició. No estaba muerto, pero tampoco estaba vivo.

Pero ese había sido el inicio de su historia.

Jack Frost abrió los ojos solamente para notar que estaba en un lugar diferente, llevaba puesto su misma ropa y su cayado estaba en sus manos, pero aquel lugar le parecía desconocido, un bosque.

Lo último que recordaba era que estaba ocasionado una nevada en Burguess para su amigo Jamie y de ahí todo se volvió borroso.

–¡¿Hay alguien ahí?!—se le ocurrió gritar sin recibir alguna respuesta. Miró al cielo, preguntándose que estaba pasando.

Al cabo de un rato decidió comenzar a avanzar por el bosque. Si tenía suerte quizá se toparía con alguno de sus amigos.

Alzó el vuelo, observando los alrededores del bosque dando con un pequeño poblado relativamente cerca de donde estaba. Sin perder tiempo voló hacía allí a una gran velocidad.

-¡Oye!... ¡Tú, el que vuela!—escuchó esa voz obligándole a detenerse, venía del suelo. Jack bajó la mirada notando a un hombre de edad avanzada cuya carreta parecía haberse roto. Confiado, el Guardian bajo para ver que sucedía. –¡Oh! Eres un niño—exclamó el hombre cuando Jack estuvo frente a él.

–Técnicamente soy un adolescente—le corrigió intentando no sonar grosero –En fin ¿Necesita ayuda con algo, señor?—

–Si, necesito llevar toda mi mercancía al pueblo, pero como puedes ver a mi vieja carreta se le zafó una rueda, ya no soy tan joven y fuerte como para llevar cargando todas las cosas sobre mi espalda ¿No te molestaría echarme una mano?—

–Por supuesto que no—respondió Jack, si tuvo suerte de encontrar a alguien que conociera el camino por tierra y que igualmente podría responderle algunas preguntas que tenía. Hasta que Jack se percató de algo –Señor ¿Cómo es que usted puede verme?—

–Con mis dos ojos, no estoy ciego muchacho—

–Me refiero, es que se supone que sólo pueden verme los que creen en mi… normalmente sólo son niños—explicó ya bastante nervioso –Soy Jack Frost, un espíritu de hielo—

–Ah sí, conozco ese cuento—agregó el hombre dándole poca importancia.

–¿Usted qué?—Jack abrió los ojos como platos.

–Sí, la historia del chico que causa las nevadas y la escarcha—explicó el hombre –¿Me vas a ayudar o no?—

–Cierto, perdón—

–¡No te vayas a ir volando!

–De acuerdo—Jack se echó sobre la espalda los dos sacos pesados y espero que el hombre tomara el resto que era lo más ligero. El hombre llevaba puesto ropas que Jack no veía desde sus primeros años de inmortalidad, su espalda estaba encorvada y su cabello daba ceñas de haber sido pelirrojo en el pasado, pero ahora era más que nada canoso. Jack supuso que el hombre tendría mínimo unos setenta años.

–¿Qué me ves? Vámonos antes de que caiga la noche—exclamó el viejo. Su caminar era rápido para la sorpresa de Jack.

El viejo silbaba para aligerar el ambiente entre ambos mientras que la mente de Jack iba generando demasiadas preguntas, algunas demasiado torpes como para decirlas en voz alta.

–Podria decirme ¿Qué es este lugar?—

–Un bosque

–Eso ya lo sé

–Entonces para que preguntas…

–¡No!—ya se estaba frustrando –Me refiero a ¿Qué tipo de lugar es este? De donde vengo no es común que un adulto vea a alguien como yo—

–Aquí la magia es algo a lo que estamos acostumbrados, bienvenido al Bosque Encantado, Jack Frost—pronunció el hombre cuando estuvieron entrando al pueblo. Varios soldados colocaban grandes pergaminos en algunas paredes, donde la oración más grande resaltaba la frase:

"La magia está prohibida"

Siguió al viejo hasta lo que parecía ser su almacén –¿Todo está en orden? ¿Por qué prohíben la magia?—

–Sucedió hace menos de una semana, un torbellino hecho por una fuerza misteriosa arrasó estas tierras, no hubo nada de destrucción, pero si maldiciones que cayeron sobre gente inocente… fue una magia muy poderosa lo que lo causó y es por eso que se está prohibiendo al igual de que se nos ha ordenado si es que vemos a alguien que posea magia lo entreguemos a la ley, a alguien justo como tu—el hombre lo miro fijamente, expectante.

Jack dejó caer los sacos y dio unos pasos atrás, alejándose un poco de él.

–Y yo creo que esa prohibición es una tontería, chico no tengas miedo no le diré a nadie lo que eres, es más pienso compensarte por haberme ayudado—el hombre buscó entre sus cosas, lanzando cosas a un lado a otro haciendo un desorden. –No me dio tiempo de preguntarte pero me gustaría saber ¿Qué fue lo que te trajo aquí, Jack Frost?—

El aludido dejó salir un largo suspiro, recargándose en la pared –Es lo que me gustaría saber, al igual que quisiera buscar a mis amigos. Puede que ellos se encuentren en peligro o no sepan de esta prohibición contra la magia—

–Bueno, no puedo ayudarte con eso, pero esto quizá te sea útil—el viejo le mostró un mapa del Bosque Encantado, con el nombre de todos los poblados y reinos que se encontraban dentro o en sus alrededores –Señale en rojo los reinos aliados, los tipos que promueven esta prohibición más bien, son DunBroch y Las Islas del Sur los que están a cargo de la aplicación de esta ley—

Jack dobló el mapa y lo guardo en el bolsillo de su sudadera. –¿Esa alianza es peligrosa?—

–No, pero tienen el suficiente poder como para mantener a los habitantes del bosque a raya. Hay más reinos pero no muestran resistencia ante la prohibición ¿Sabes por qué?—

–¿Por qué?

–Por qué esos reinos igual cuentan con magia y las maldiciones cayeron sobre ellos también— explicó el viejo, sirviéndose algo de beber y también algo para Jack –Los soldados patrullan toda la noche, así que te recomiendo que salgas mañana al amanecer a buscar a tus amigos—

–Muchas gracias por su ayuda, señor— Jack sonrió, tomando un poco de su bebida.

Ϡ

En las afueras del Bosque Encantado: Berk.

Un par de jinetes patrullaban el cielo, pendientes por si ocurría algún incidente o el torbellino que habían visto hace días se acercaba a sus tierras.

Se llevaba a cabo una reunión en el gran salón. El bullicio era espantoso, todos hablaban al mismo tiempo, más bien gritaban y el jefe de la isla no podía mantener el control; estaba perdiendo la paciencia. Las quejas eran las mismas: si estaban seguros con ese torbellino volvía a aparecer, si tenían que tomar medidas o si alguien debería checar el bosque para ver que efecto tuvo la misteriosa tempestad.

–Por favor les pido a todos que se calmen… guarden silencio—la voz de Hiccup era más que opacada por los fuertes gritos de su gente.

–¡Cállense!— Valka, la madre de Hiccup, tuvo que alzar su voz a su máxima capacidad para silenciar a todo el salón, ganándose también que todos la vieran estupefactos –Todos tuyos, hijo—

Hiccup, boquiabierto y algo asustando se forzó a continuar con aquella reunión –Gracias, ehem… como ya todos sabrán hace unos días se desató un extraño fenómeno en el bosque cercano a la isla, que nos mantuvimos atentos por si aquello llegaba a chocar con nuestras tierras y afectarnos, lo cual por suerte no llegó a pasar porque aquel extraño torbellino se esfumó—

–Si, eso ya lo sabemos—espetó uno de los aldeanos estresado por la situación. –Dinos alguna novedad sobre ese asunto, seguramente quieres esconder la información porque crees que somos idiotas—

–Nada de eso, el problema es que no sé cómo explicarlo… me di a la tarea de explorar aquella zona, pero sorprendentemente no está en los mapas de los que disponemos, es como si aquella tierra hubiera aparecido de la nada y me fue difícil acercarme, hay algo ahí que me impedía entrar al bosque—

–Podría ser magia…—sugirió Valka algo consternada.

–No saquemos conclusiones tan apresuradas—intervino Astrid –Debe haber una explicación lógica para todo lo que pasó—

–¿Y cuánto tomará encontrarla? Toda la gente está asustada, debemos estar completamente seguros de que nada malo va a ocurrir—

–Lo sé, pero…—Hiccup no supo cómo seguir. Volvió a sentarse, entrelazando sus manos y recargando su cabeza en ellas adoptando una postura pensativa; el alboroto regresó, pero esta vez era menos ruidoso, lo suficiente como para permitirle sumirse en sus pensamientos.

Ignoró cualquier ruido, se imaginó a sí mismo solo en aquella sala, con el fuego de la fogata reflejando su sombra en las paredes y reflejándose en los escudos que adornaban en lugar. Hiccup llevaba sólo algunos meses siendo el jefe de la aldea, y él creía que no era la sombra de lo que su padre fue.

Lo extrañaba, más de lo que admitía; se preguntaba "¿Qué hubiera hecho Estoico el Vasto en una situación como esta?" aunque igual se preguntaba si su padre hubiera tenido las mimas preocupaciones que él en ese momento.

Tenía que cargar con todas las preocupaciones de su pueblo, ver lo que era mejor para todos ellos, en resumen, ser el líder que todo Berk merecía. Había hecho a un lado su vida personal para eso, no recordaba la última vez que pudo cenar con su madre sin que los temas de conversación fueran los problemas de la aldea, o la última vez que pudo volar junto con Astrid y los dragones en completa tranquilidad.

Ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que pensó en si mismo. Comprendía que eso era lo que un líder debía sacrificar, y ahora su gente estaba asustada, su deber era recuperar su tranquilidad. Aquel bosque y lo que contuviese a igual que el misterioso torbellino eran cosas que él deseaba comprender, y ahí fue donde comprendió cual debía ser su tarea.

Se levantó rápidamente, tirando la silla de paso –Tengo una alternativa—

–¿De qué hablas, Hiccup?—cuestionó Astrid, estando a su lado al mismo tiempo que la sala entera volvía a prestarle atención.

–Es obvio, entraré en ese bosque e investigaré sobre lo que sucede y les enviaré toda la información que descubra—explicó el vikingo de los ojos verdes –Estoy consciente de que puede ser arriesgado, pero es algo que debo hacer y tendré que ir solo con mi dragón, no quiero arriesgar a nadie—

–¿Estás seguro de esto, Hiccup? Nadie te está pidiendo que lo hagas—intervino Valka.

–Lo sé, pero necesito saber la verdad de todo esto, estar seguro de que estamos a salvo y también hay una posibilidad de que haya más personas en ese bosque que necesiten ayuda.

Valka comprendió las intenciones de su hijo, y no le replicó sobre ellas ya que ella hubiera pensado lo mismo –Es una decisión muy precipitada—

–Mi instinto me dice que lo que menos tenemos que perder es tiempo—tomó las manos de su madre para luego volver a mirar a su gente –Me prepararé para salir al amanecer, cuando el viento sea favorable para volar… con su permiso me retiro, ahora pueden disfrutar de la cena—se dispuso a marcharse, no dejando que su madre o Astrid interfirieran con ello.

–Chico, estás loco—comentó Bocón acompañándolo fuera del Gran Salón.

–También lo estaba mi padre, y él fue el mejor líder que Berk pudo tener— fueron directo a la herrería, donde Chimuelo descansaba en la entrada en la espera de su jinete.

–Y también el más testarudo, si es que estas seguro de esto más vale que vayas armado, no sabes que peligros puedas encontrarte ahí—Bocón le lanzó su escudo y su espada al muchacho casi derribándolo.

–¿Peligros peores que dragones savajes? Lo dudo mucho—de igual forma se colocó su armadura, guardando la espada antes de colocarle la montura a su dragón.

–Oh un peligro llamado Astrid Hofferson, que no se veía muy feliz con lo que decidiste—agregó Bocón en un tono de burla.

Hiccup también estaba seguro de que Astrid no estaría precisamente encantada por eso –Es un riesgo que estoy dispuesto a tomar, la necesito a ella y a mi madre aquí por si cualquier cosa llega a suceder. Astrid es la persona más fuerte que conozco—

Bocón notó preocupación en la voz y mirada del chico, casi llegando a leer su mente, imaginándose la frase "Si algo me llegase a pasar por lo menos estaré seguro de que ellas estarán a salvo" saliendo de la boca del muchacho.

Hiccup siguió empacando todo lo que pensó necesitar, incluido un mapa y varios cambios de ropa. Luego de eso decidió irse a descansar.

Ϡ

La noche fue tranquila y fría. Hiccup no pudo soñar en nada, durmió profundamente. El ocaso se coló por su ventana dándole la señal de que era momento de despertar. Junto con Chimuelo se dirigió a los límites de Berk, donde gran parte de la aldea había ido a despedirlo.

Estrechó las manos con varios y fue abrazado por varios más, como Bocón que casi le rompe las costillas con su abrazo de oso. Valka se acercó a su hijo, con un pequeño Terrible Terror en manos.

–Lo entrené como un mensajero, úsalo para reportarnos tu avance y saber que te encuentras bien—dejó el dragón en los hombros de su hijo antes de abrazarlo –Ten mucho cuidado—

–Lo tendré mamá, no quiero que te preocupes—respondió, separándose de aquel cálido abrazo para dirigirse a Astrid, que aún conservaba su expresión seria y desaprobatoria. –Ehem… lamento estar haciendo esto sin pedir tu opinión antes—

La rubia solamente lo golpeo en el hombro con toda su fuerza –No lo vuelvas a hacer—dijo antes de abrazarlo. Un par de lágrimas resbalaron por las mejillas de la chica –Regresa pronto y con vida—.

–Te lo prometo—Hiccup dejó un último beso en sus labios antes de montar a su dragón. Dejando el Terrible Terror en el lomo del dragón más grande, Hiccup tomó las riendas y se elevó hacía el cielo.

Chimuelo y Hiccup se fueron alejando cada vez más y más de Berk. Pudiendo divisar la entrada al bosque Hiccup se preparó, recordó que en su primera visita sintió que había chocado con una barrera, por lo que esta vez procuró ir más rápido lo cual quizá terminaría por chocar y darse un buen golpe junto con su dragón o bien podría pasar dicha barrera.

Cruzó los dedos para que fuera lo segundo.

Visualizaba el bosque cada vez más cerca, haciendo que su dragón fuera más rápido. Hiccup cerró los ojos esperando el resultado.

Ϡ

Jack estuvo al pendiente desde la mañana, pero los soldados no abandonaron el lugar. Estaban en cada esquina, con armaduras puestas y armas en las manos listas para cualquier combate. Los aldeanos pasaban al lado de ellos con cierto temor, mirándose entre ellos con sospecha, ya que si alguno poseía magia sería entregado y quien lo entregara sería recompensado con una buena suma de monedas de oro.

–Que molestos son esos tipos, seguramente ni durmieron—expresó el anciano apareciendo detrás de Jack con un tazón de avena –A desayunar, niño. Aliméntate bien si es que llegas a emprender tu aventura—

Jack tomó el tazón y comenzó a comer su contenido para no verse descortés, porque realmente él no necesitaba de ningún alimento –Esta buena—decía el chico metiéndose una cucharada tras otra a la boca.

–¡No hables con la boca llena!—el anciano casi le dio un golpe en la cabeza con su cayado –¿Tu mamá no te enseñó modales? ¡¿O qué?!—

El pobre Guardián tan sólo se sobó el golpe –Si me enseñó, pero fue hace bastante, perdone—

Terminó su desayuno, dejando el plato sobre el marco de la ventana para seguir observando los movimientos de los soldados, notando como varios comenzaron a ver al cielo bastante inquietos, incluso podía decirse que estaban asustados. Los aldeanos igual empezaron a ver el cielo, quedándose por completo estáticos.

–¡Un dragón!—gritó una mujer alarmando al resto de la población al igual que a los soldados. Aquellos que cargaban arcos y ballestas fijaron su objetivo en aquella bestia.

Jack pudo verla desde donde se encontraba, era la figura de un reptil de gran tamaño de piel oscura que volaba cerca de ellos, estaba a punto de pasar sobre la aldea y cuando lo hiciera sería emboscado por una lluvia de flechas.

–Un dragón, eso es algo que no se ve todos los días—expresó el anciano con total tranquilidad. Jack sin pensárselo por segunda vez salió de la casa de aquel hombre, empuñando su cayado alzó el vuelo ante la mirada de todos los aldeanos y soldados.

Voló lo más rápido que pudo hasta el reptil, notando que era montado por un enmascarado.

–¡Fuego!–las flechas fueron lanzadas en dirección a ellos.

–¡En picada! ¡Baja en picada!—exclamó Jack. El jinete estaba ligeramente en shock cuando lo vio volado por lo que tardo un poco en reaccionar. Soltó un poco el agarre del dragón, indicándole que se dejara caer. Las flechas pasaron casi rozándoles, siendo solamente una la que cortó un poco la mejilla de Jack.

El dragón y su jinete fingieron que les habían dado para distraer a sus atacantes, pero antes de chocar con las copas de los arboles el dragón comenzó a planear, buscando aterrizar en un sitio seguro dentro del paraje.

Cuando estuvieron en tierra firme, Hiccup bajó del dragón para checar que todo estuviera en orden –¿Estas bien amigo? ¿Nada te duele?—

Chimuelo en respuesta le dio un cabezazo –Bien, lo entendí… nada de aterrizajes forzosos a partir de ahora—

Hiccup se quitó el casco a la par que su dragón emitió un gruñido de alerta. Hiccup se vio amenazado por la punta del cayado del misterioso chico de pálida piel frente suyo.

–¿Piensas picarme con eso?—dijo irónicamente, tocando el cayado con la punta de su índice, este se cubrió de escarcha.

–Picar no es lo único que hace—respondió Jack ahora apuntando al dragón –¿De dónde sacaste esa bestia?—

Chimuelo volvió a gruñirle, de no ser calmado por su jinete ya habría saltado sobre Jack –No es ninguna bestia, es un dragón perfectamente domado que no lastimaría a nadie—

–Pero si que asustó a una aldea entera ¡¿en que demonios estabas pensando?!—exclamó el Guardián intentando asestarle un buen golpe en la cabeza.

–¿Quién pensaría que había una aldea a mitad del bosque?—respondió Hiccup evitando los golpes del otro.

–¡Exacto, no pensaste!—Jack bajó su cayado, cansado de agitarlo de un lado a otro –Como si esta gente no tuviera suficientes problemas ya—

–Mira, yo solamente venía a ayudar.

–Buena ayuda has sido, seguramente un pelotón armado está buscándonos.

–Niñas, las dos son lindas así que paren de pelear—el anciano había salido de los arbustos, dándoles a cada uno un golpe en la cabeza con una rama –Pero el mocoso de las nieves tiene razón, los soldados ya están registrando el bosque en busca de sus cabezas—

–¿Por qué las querrían en primer lugar?—preguntó Hiccup, ganándose otro golpe por parte del anciano.

–No todos los días una lagartija superdesarollada y un niño volador aparecen a plena luz del día, además la prohibición de la magia también nos obliga a capturar cualquier tipo de criatura extraña—explicó el hombre.

Hiccup se volvió a sobar la cabeza, como si no hubiera tenido suficientes golpes en un día –¿Prohibición de la magia?—

Jack estuvo a punto de replicarle, pero se percató de que aquel chico estaba igual de confundido que él cuando despertó –No eres de este bosque ¿cierto?—

–No, yo vengo de unas islas vecinas. Quise venir a investigar debido a un raro torbellino que observamos—declaró el castaño.

El anciano se recargó en el tronco de un árbol –Es una muy larga historia y no hay mucho tiempo para contarla, pero lo que debes saber joven jinete es que has llegado a un lugar casi fuera de tu entendimiento, un lugar donde la magia es real y ahora es un delito, aquel torbellino fue producto de una magia muy poderosa y desconocida, su poder cayó en personas inocentes, maldiciéndolas y dejándolas marcadas con un símbolo parecido al que tienes ahora en el cuello—

–¿Qué?—Hiccup se tocó el cuello por reflejo, tan solo sintiendo los bordes de algo parecido a una cicatriz. Jack curioso de la situación se acercó a verlo de cerca, lo que vio fue una especie de cicatriz con forma de estrella alargada de cinco picos que parecía haberse hecho con fuego. –¿Cómo paso esto?—

–No lo sé, supongo que cuando entraste al bosque la magia te invadió o algo así—Jack intentó encontrarle lógica.

–Si, eso puede ser, pero el punto es que ahora estas maldito, quien sabe que es lo que te depara a futuro la magia que infecta tu sangre y alma—advirtió el anciano.

–Espere, debe haber una forma de quitarme esa maldición—Hiccup estaba más que histérico –No puedo volver a mi hogar así, de hecho, no sé si pueda regresar—

–Cálmate, todos aquí tenemos problemas—agregó Jack, acercándose a Chimuelo que llevaba rato mirándolo de mal modo.

–Mira, no lo escuchaste de mí, pero dicen que hay una bruja… digo, talladora de madera experta en todo tipo de magia y quizá sepa como curarte; niño préstame el mapa—Jack, un tanto molesto por como lo había llamado, le regresó el mapa que le había obsequiado –La última vez que dio señas de vida fue aquí, en DunBroch—les señaló aquella ubicación en el mapa, estaba en las tierras altas del bosque –Aunque, si los soldados la interceptaron puede que ya este en otro lugar—

–¿Adónde llevan a los prisioneros?—preguntó Jack, pensando en la posibilidad de que el resto de los guardianes hubieran sido capturados.

–Los rumores dicen que los llevan a un castillo escondido dentro de una zona peligrosa del bosque, a un castillo que solía estar abandonado—ahora les había señalado una ubicación más alejada, donde los dibujos del mapa se hacían más oscuros –Ahí me parece que están reubicando a todas las personas maldecidas y a los poseedores de magia, deben estar vigilados a toda hora—

Jack volvió a guardar el mapa –¿Usted podría mostrarnos el camino hasta allá?—

–Por supuesto que no, estoy demasiado viejo para un viaje así, ustedes tienen una ventaja: pueden volar, cada uno con sus propios medios, pero pueden—

–No voy a viajar con este tipo—expresó Hiccup bastante molesto por su anterior riña.

–Pues, aunque no quieran, él tiene el único mapa de este bosque—agregó el anciano.

–Que bien, entonces el único que necesita ayuda es este tonto—expresó burlonamente el espíritu.

–Yo creo que necesitaras de alguien que te cubra el trasero ¡Lárguense de una buena vez! No tienen mucho tiempo antes de que los soldados vengan por ustedes—

–Pero-

–¡Pero nada! ¡Vayan por esa dirección!—señalándoles el Este, los chicos sin tiempo de agradecerle solamente salieron corriendo como les había dicho aquel hombre. El dragón tuvo dificultades para evitar chocar con los árboles, pero logró igualar la velocidad en la que corría su jinete.

Ellos se fueron perdiendo en el bosque, fuera de la mano del hombre.

Ϡ

El hombre anciano se quedó en aquel lugar un rato más, observando la naturaleza que lo rodeaba despreocupadamente. Escuchaba pisadas acercarse hacia él y metal chocando.

–Sabemos que ayudó a esos fenómenos, eso está contra la ley impuesta por los reinos aliados así que no tenemos otra opción que llevárnoslo—espetó uno de los soldados con aire autoritario.

El anciano sin temor los encaró con un rostro inexpresivo –Ustedes creen que todo el mundo es igual a ustedes, que pueden poseer la tierra, pero si siguieran las pisadas de un extraño verán cosas que jamás esperaron ver—la voz del anciano sonaba distorsionada, como si fueran tres voces las que hablaran al unísono.

Los soldados se asustaron, empuñaron sus armas, temblorosos.

Todas las hojas, césped muerto y ramas que se encontraban en el suelo comenzaron a rodear al anciano, que poco a poco fue cambiando de forma a una silueta femenina, alta y casi por completo negra –Piensan que poseen cualquier lugar que pisan, que la tierra es algo muerto que pueden reclamar, más toda roca, planta o criatura tiene vida, tiene alma y es un ser—con un simple ademan causó que los arboles tomaran vida, atrapando entre sus largas ramas a los soldados y prensándolos para impedirles escapar. –Si no entienden que hay aquí, y sólo es tierra para ustedes no descubrirán los colores del viento… no amenacen más este bosque—

La silueta fue fundiéndose con lo verde del bosque hasta desaparecer, dejando tras ella una ráfaga de viento.

–¿Eso era una bruja?

–No, era algo peor.

Continuara…