Los personajes son de Stephenie Meyer y la historia es mía.
Bueno aquí el primer capitulo, espero que este les guste, ya es parte de la historia
Angustia
Capítulo 1
Sentí como era despertada por pequeños besos de mariposa por todo mi cuello. Me removí en la cama, aun con el peso del sueño sobre mí. Tal vez si volvía a acorrucarme podría volver a dormir. Suspire. A los besos se les unieron unas manos traviesas, me tense; el sueño se fue de mi cuerpo inmediatamente.
Las manos traviesas entraron por mi blusa para dormir, fueron bajando por mi vientre hasta… las detuve. Escuche unas risitas a mis espaldas, me voltee lentamente, las sabanas blancas hicieron que se me enchinara la piel.
—Buenos días.
Amaba despertar de esta manera con mi esposo, aun no me podía acostumbrar después de tres años de matrimonio, sentía que cada día que amanecía a su lado, era como el primero. Yo lo amaba.
—Bueno días dormilona—dijo inclinándose hacia mí para besarme, pero lo detuve — ¿Qué sucede?—dijo con el ceño fruncido.
—Mal aliento—le digo tapando mi boca, con las sabanas blancas, me da un poco de desconfianza que me bese con mi aliento mañanero, no quería que se desmayara.
—Sabes que eso no importa, yo también tengo mal aliento—dice volviendo a atacar mi cuello, yo solo puedo reír, pues me hace cosquillas, muerde y luego sopla en mi lóbulo—Además, no le darás a tu esposo aunque sea un besito, a tu esposo el cual te ama con locura—sus manos se movieron hacía mi vientre su mano subía y bajaba dejando mi piel de gallina, pero se detuvo, se separo de mi, mirándome a los ojos con una luz que había visto cuando está emocionado o ilusionado —Sabes Bells, creo que ya es hora de que empecemos a agrandar la familia—mis ojos se agrandaron, mi libido que está al 100 bajo al 0 en unos segundos, Edward debió de sentir mi tensión.
— ¿Un hijo?—pregunto temerosa.
—Si amor—se sostuvo en su codo, mientras con su otra mano, tomo mi mano y entrelazo nuestros dedos—ya llevamos tres años de matrimonio, nuestras vidas son estables, creo que los dos estamos satisfechos profesionalmente, así que sí, me muero por tener una pequeña Bellita correteando por la casa ¿Qué dices?—dijo con los ojos brillantes.
A mi mente llego la visión de Edward, pero en ellas me vi con un pequeño bebe de cabello cobrizo en mis manos mientras lo arrullaba, después me mire llevándolo de la mano a la escuela y por ultimo nos vi a los tres viendo la televisión juntos en la cama. Pero rápidamente tal como llegaron estas hermosas imágenes, llegaron a mi imágenes peores en donde mi hijo era yo y miraba como sus padres se separaban y tenía que brincar de un hogar a otro.
Tal vez sea muy pesimista respecto al futuro en algunas ocasiones, pero a veces me pongo a pensar en que no tengo nada especial y sí no llegara un día en que Edward se aburra de mí y me dejara sola, con el corazón roto.
No podría soportar que un hijo mío sufra lo mismo que yo sufrí cuando era una niña.
—Bella, ¿estás bien?—preguntó Edward preocupado.
—Si lo siento, es sólo que me quede pensando—digo pues es verdad, suspiro, juego con sus dedos nerviosa— ¿no crees que somos muy jóvenes?—pregunto tratando sutilmente de que cambie de opinión.
—Claro que no, supongo, tengo treinta años y tu veinticinco, creo que es la edad perfecta—dice, pero al parecer la que realidad de mis palabras llega a él—Espera, ¿a caso estás diciendo qué no quieres tener hijos conmigo?—pregunto irritado pero tratando de contenerse.
Yo se que a Edward lo emociona la idea de tener hijos, pues él nació en un matrimonio que se caso joven y siguen enamorados como el primer día, además de que sus padres tuvieron tres hijos; sus hermanos Emmett y la pequeña Alice ya tenían hijos con sus respectivas parejas. A veces cuando vamos a cenar con toda su familia, miro como observa con añoranza a su cuñado y hermano conviviendo con sus bebes.
—No, yo no dije eso, estas cambiando mis palabras, Edward—me siento en la cama, pues me siento vulnerable debajo de su cuerpo.
—Entonces ¿Qué es?
—Siento que aun no estoy preparada, tengo miedo—confieso sin dar razones de mi miedos, no puedo ver pues las lagrimas empañan mi vista.
Edward mira la verdad en mí y limpia las lagrimas que empiezan a bajar como ríos por mis ojos.
—Mi Bella, que voy a hacer contigo—dice mientras besa mis parpados—perdón amor—siguió besándome—podemos esperar, todo a su tiempo bebe.
Me besa en los labios frenéticamente, mientras sostiene mi cara y limpia los últimos vestigios de mis lagrimas, me acuesta suavemente en la cama mientras aparta la cobija que cubre parcialmente nuestros cuerpos, mis manos se van hacia su cuello mientras le respondo el beso con igual fervor, sin querer jalaba su cabello lo cual le provocaba pequeños gemidos.
—Lo siento—le digo con voz entrecortada mientras su boca se dirige a mi barbilla besándola y luego mi cuello, aprieta mi seno y estimula el pezón con su dedo pulgar, separa su boca de mi cuello y me mira a los ojos.
—No te preocupes cielo, usaremos este tiempo para practicar—dice mientras mueve sus cejas sugestivamente y mueve de nuevo su pulgar por mi pezón; pero aun así, vi un rastro de tristeza en su mirada. Me sentía como una mala esposa pues yo quería tener hijos, compartir mi vida con Edward, me hacia enojar sentir miedo del amor del hombre que amo, del hombre que me juraba amor eterno; pero todo quedo olvidado cuando volvió a atacar mis labios con mas ansias aun si se podía, su mano bajo el tirante de mi blusa, dejando un seno al aire, pudiendo tocarlo libremente sin ninguna barrera.
Me separe de sus labios y me dirigí a su cuello, mientras lo besaba y lamia.
—Te amo—le dije entrecortadamente mientras el ahora estimulaba los pezones de mis senos que habían sido liberados de la blusa que usaba para dormir.
Pase mis uñas por sus brazos y pecho, mientras mi mano bajaba, el se estremeció y antes de que llegara al hueso de su pelvis el me detuvo.
—No juegues con fuego, Bella—dijo mientras yo soltaba una risa que espere que sonara seductora.
—Y si yo quiero quemarme.
Edward rugió y se lanzo contra mí, beso mi cuello y siguió bajando hasta que llego a mis senos y empezó a chuparlos desesperadamente.
—Los amo, son perfectos—dijo mientras los sostiene en sus manos, solo me puedo reír, mientras el continua con su tarea de consentirlos, lamio el pezón en círculos y yo gemí.
Mis manos acariciaban su cabello y su espalda, mientras él me quitaba la blusa que ya estaba enrollada en mi cintura. Sus manos codiciosas fueron a mis caderas, acariciando mis piernas, yo ya no aguantaba.
—Edward, por favor—suplique, el entendió que necesitaba apagar este calor, así que se levanto y fue hacia mis piernas a retirar mis braguitas lentamente.
Pude ver su virilidad en todo su esplendor, sin querer mordí mi labio.
—Por favor bebe, no hagas eso.
Edward dormía totalmente desnudo, en cambio yo, era un poco pudorosa después de años de intimidad, aun seguía durmiendo con una blusita y unas braguitas. Edward se volvió a acostar sobre mí, mientras su mano se dirigió a mi intimidad y la acaricio.
—Tan suave—dijo mientras me besaba, yo movía mis caderas entorno a su mano.
—Edward, necesito tocarte—tome su virilidad entre mis manos y empecé a masajearlo, el gimió, me penetro con su dedo, mientras estimulaba mi clítoris, el aire se fue de mis pulmones—Oh, Edward—El aumento la velocidad de las embestidas y agrego otro dedo, mientras yo lo seguía tocando, nuestras miradas se conectaron, el placen que nos estábamos dando iba al mismo ritmo.
Empecé a sentir como el nudo de mi vientre se empezaba a formar, me empecé a mover contra su mano más rápido mientras gemía, hasta que ya no aguante y explote, cerré los ojos fuertemente tratando de no gritar demasiado, cuando los temblores estaban a punto de acabar sentí como era levantada y Edward ponía una almohada en mi espalda baja, elevando mi cadera unos grados que harían de esta sensación de mucho placer.
No paso mucho tiempo cuando Edward estaba dentro de mí y me embestía con fuerza, los dos gemíamos con fuerza, Edward se acerco y me beso para tragarse nuestros gemidos.
Nuestras caderas siguieron embistiendo sin ritmo aparente por la necesidad de ser uno solo. Edward empezó a acariciar mi clítoris con sus dedos mientras sus embestidas eras mas rápidas, volví a ver colores por segunda ocasión, a los segundos Edward también llego con un gemido muy profundo, se desplomo sobre mí, nos abrazamos mientras nuestras respiraciones llegaban a un ritmo normal.
Edward estaba contra mi pecho dando pequeños besos en mi pezón no mas haya lleno de dulzura y amor.
—Te amo Bella y esperare todo lo que quieras, cuando tu estés lista—me dijo Edward suspirando.
Yo no puede contestar solo lo bese en sus labios lentamente.
—Te amo, gracias.
Nos quedamos así por nos minutos.
— ¿Qué hora es? Necesito ir al hospital. Tanya me dará unos nuevos expedientes.
Oh oh….pense, aquí es cuando las inseguridades vuelven a mí.
— ¿Tanya?—pregunte tratando de que mi voz sonara normal— ¿Hoy, en domingo?
—Sí, quita esa cara amo. Sabes que en los hospitales nunca se descansa.
—Si lo sé, lo siento—acaricie su cabello— ¿a qué hora tenernos que estar ahí? Recuerda que Esme y Carlisle nos invitaron a desayunar.
—Sí, sobre eso—se rasco la cabeza—pensé que podríamos ir a desayunar y luego tú te puedes quedar con Esme mientras yo voy al hospital.
—oh...—murmure sorprendida 'te engaña', 'seguro Tanya es su amante', 'que tal si no va al hospital y va a ver a otra familia'; mis demonios salieron a la luz, ¡Cállense! Grite en mi mente ¡déjenme en paz!
—No quiero aburrirte, iré por los expedientes y luego pensaba ir a dar un recorrido para ver a los pacientes, hay dos nuevos pacientes y aun no determinamos en qué fase están.
Si, Edward era un médico especializado en oncología y pediatría, en cambio yo era una maestra de primaria.
—Te entiendo Edward—dije apartándome de él y levantándome de la cama, tal vez fui un poco brusca.
— ¿Estás bien?—dijo tocándome el brazo, me aparte de su caricia inconscientemente
—Si
—No te creo—me reprendió dulcemente.
—¡Estoy bien!, solo es tarde, si quieres llegar al hospital a tiempo debemos darnos prisa—se me quedo viendo preocupado, mientras buscaba por la cama mi blusa—¡Donde está la maldita blusa!—grite exasperada, conteniendo las lagrimas de rabia, removí todas las sabanas bruscamente, tal vez parecía una loca pero no me importo, en el camino encontré mis bragas y me las puse rápido, Edward al ver mi estado me ayudo a buscarla, hasta que la encontró en el suelo, me la entrego viendo todos mis movimientos.
—Gracias—dije sin mirarlo, mientras me la ponía, me dirigí hacia el baño aguantando las lagrimas
—Bella…—me dijo preocupado.
—Puedes poner la cafetera, por favor —digo antes de entrar al baño y sin voltearlo a ver.
Cierro la puerta y me derrumbo contra ella… me engaña, lo sé.
Hola, espero que les guste este capítulo, el cual fue muy difícil escribir para mi ya que fue la primera vez que escribo algo como esto, aún me da vergüenza.
Bueno la historia es corta durara unos cuatro o cinco capítulos y tratare de actualizar cada tres días así que el sábado nos veríamos. Si me equivoque de día, alguna sugerencia, algún comentario, algo que no quedo claro, háganmelo saber por favor.
Nos leemos el sábado.
