Capítulo 2: Girasoles


Era él... el jefe del área de diseño era mi admirador secreto.

Empecé a sudar frío, mi garganta estaba seca y me quedé sin palabras. Tenía sentimientos encontrados, no sabía si estar furioso con Alfred por no haberme contado nada o morirme de la vergüenza porque un hombre me estaba regalando flores.


Traté de continuar con el papeleo pero Ivan no me quitaba los ojos de encima, deseaba una respuesta; MI respuesta.

-¿Los girasoles?-intenté conservar la calma-eran lindos, gracias-sonreí mostrando gratitud y despreocupación.

El rubio solo pestañeó y bajó la mirada hacia sus cuaderno de apuntes.

-Lindos...-murmuró.

-¿Pasa algo Sr. Bragynski?

-Esperaba una mejor respuesta de un amante de las flores-siguió murmurando sin levantar la mirada.

-¿Eh? ¿Se enteró por Alfred que me gustaban las flores?

-Je~-Ivan soltó una risita

¡Se había reído, el hombre conocido por ser el más tétrico se había reído!-Jones tiene un lengua muy larga... lo he comprobado.

-¿Disculpe?-sin querer, malinterpreté la frase de Ivan.

-Jones es un hombre que no sabe guardar secretos, recuerdo que mi edad era un secreto hasta que lo divulgó en la fiesta anual de la empresa ¿qué fue lo que entendió usted?

-Yo... no había escuchado bien-mentí, no quería que Ivan pensara que era un pervertido.-Yo no sé su edad ya que lo menciona-intenté cambiar el tema.

-Usted si que es un hombre desconectado de los chismes-continuó con el papeleo-es muy raro con una actitud como la suya, tan sociable y amable.

¿Sociable?

Era increíble la imagen que tenía Ivan sobre mí.


-Claro, cada vez que habla tiene una hermosa sonrisa dibujada en el rostro.

Me sonrojé, no pude evitarlo, él estaba siendo sincero y tierno conmigo. Lo admito, este hombre era increíblemente adorable. Pero faltaba algo: Debía averiguar porqué el jefe del área de diseño dejaba esas cosas sobre mi escritorio.

-... -Disculpe mi osadía-se tapó el rostro-lamento incomodarlo.

-Oh-reaccioné después de escuchar la voz del rubio-no se preocupe, solo me estaba preguntando lo diferente que puedo ser a los ojos de otra persona.

-¿A qué se refiere?-abrió los ojos como platos.

Tenía miedo; mucho miedo de que Ivan se enterara que en realidad no era como él me veía. Pero las mentiras tienen patas cortas.

-Yo no soy lo que usted cree-cerré los ojos para no ver su reacción-soy el hombre más deprimente de mi sección, insociable por experiencia pero un buen líder cuando se trata de negocios y sin ser egocéntrico, cuando se trata de mi trabajo, soy feliz si llevo a esta empresa al éxito. Eso es lo que me hace un ser sociable, pero fuera de eso soy un hombre serio y depresivo...

-Abre los ojos-dijo con frialdad.

-Lo siento-miré a Ivan a los ojos-será mejor que me vaya; solo debo terminar esto.

-No-sentí que me ahogaba en sus ojos violeta. Su mirada era cálida y sin una pizca de desilusión.

-¿Qué pasa Sr. Ivan?-pregunté sin dejar de mirar al rubio.

-No digas esas cosas... Sé lo que es vivir la rutina, te entiendo. Es admirable el cambio que puedes hacer cuando sonríes. Estoy feliz de trabajar con un hombre como tú.


Estaba aliviado; no había desilusionado a Ivan. ¿Estaba feliz de no desilusionarlo? En ese corto tiempo varias preguntas invadieron mi mente-Yo también me alegro de trabajar con usted.

-Wow, ya es tarde-miró el reloj-hoy fue un día muy productivo ¿no cree?

Asentí, cuando estaba listo para preguntarle a Ivan sobre los regalos mi teléfono móvil empezó a sonar.

-Será mejor que conteste, debe ser importante. Nos vemos otro día-se levantó, tomó su maleta y no tuve más remedio que hacer lo mismo. Seguí hablando por celular y lo último que vi del rubio fue su espalda.


Continuará...