Quiero agradecer a Venus, Maya y PrincessVirgo por sus reviews y espero saber qué opinan de este.
Disclamer: Nova, Alexo y Adrian son míos, al igual que la trama. El resto pertenece a Kurumada-Sama.
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El sol se colaba por la ventana y no lo dejaba dormir. Podía oír a su maestra dando vuelta por la casa. Limpiando.
No quería levantarse. Sería otro aburrido día en que su maestra le hablaría del cosmos y le mostraría como usarlo para crear flores. Después de eso le enseñaría italiano. Ya llevaba dos meses con ella y había aprendido griego con facilidad.
Dejo la comodidad de la cama cuando una cabellera rubia y unos ojos rosas aparecieron por una rendija de la puerta. Se acomodo el cabello, algo que la falta de espejos en la casa no hacía sencillo, y fue al baño a lavarse la cara.
En la cocina, Nova preparaba el desayuno cuando sintió las manos de alguien rodear su cintura y una voz masculina cerca de su oído.
-Tiempo sin…-el sujeto no pudo terminar la frase porque la amazona lo había golpeado en el estomago haciéndolo perder el equilibrio.
-¡Un hombre!-fue el grito de la chica al voltearse a verlo.
-Nova esper…-la amazona lanzaba golpe tras golpe contra el intruso, sin escuchar una palabra de lo que decía y reaccionando solo por miedo. Incapaz de pensar con claridad.
-¡Hombre! ¡Hombre!- no dejaba de repetir la chica.
Alexo se paraba en la puerta en compañía de un niño de cabellos cortos azules y ojos del mismo color que miraba preocupado y algo entusiasmado la paliza que le estaban dando a su maestro.
-Te dije que no era buena idea Adrian- recrimina Alexo sin borrar la sonrisa de su rostro.
La conmoción atrajo la atención de Afrodita que llegó a la sala para descubrir que su maestra no era para nada débil.
El visitante, un griego de 16 años con cabello corto rubio y ojos verdes, yacía en el piso. La nariz le sangraba profusamente, igual que el labio partido. Sin embargo la rubia no paraba de golpearlo y gritar.
-Señor Alexo haga algo-pidió Afrodita al ver como el mencionado no movía ni un músculo y no mostraba intensiones de intervenir en la pelea unilateral que se llevaba a cabo frente a ellos.
-¿Y que me pegue a mi también? Creí que ya habías entendido que es peligroso para un hombre estar cerca de Nova. Adrian se lo buscó- Alexo dio por zanjado el asunto con un movimiento de su mano.
Afrodita miró desesperado a Alexo y el niño en la puerta, ninguno haciendo nada, y luego a su maestra y el apaleado.
-¡Maestra! ¡Maestra! ¡Basta!- pidió Afrodita a la rubia que ahora había tomado una silla y estaba a punto de golpear a Adrian.
La amazona lo miro sin verlo. Sus ojos solo mostraban una cosa. Puro instinto. Era como un animal salvaje siendo amenazado.
Lo único que Nova veía era un manchón turquesa. Lo conocía. Su mente le gritaba que debía detenerse pero su instinto le decía otra cosa. Parpadeó un par de veces y logró distinguir el manchón. Era su alumna.
-¿Afrodita?- preguntó bajando la silla. El agredido suspiró aliviado.
-Maestra ya no le pegue-pidió. La amazona ladeó la cabeza no entendiendo. Miró hacia la puerta y notó a Alexo en compañía de un niño. Inmediatamente todo su cuerpo se tensó y tuvo que pelear el instinto de golpearlos. Un quejido llamó su atención. Al voltear vio al rubio levantándose. Una mano apoyada en la pared para sostenerse y la mirada en el piso.
-¡Hombre!- gritó la chica y comenzó a golpearlo con la silla. Adrian volvió a caer al piso y atinó a cubrirse la cabeza con los brazos.
-¡Maestra ya basta!- Afrodita sujetó el brazo de su maestra pero no hubo caso. La rubia continuó golpeando al griego.
En la puerta Alexo suspiró. Ambos niños dirigieron sus miradas a él.
-¿Quieren ir a comer afuera?- preguntó sirviendo en tres platos algo de lo que Nova había estado preparando y le entregó uno a cada niño. Tomó su propio plato y salió por la puerta.
-¿Y mi Maestro?-preguntó el niño de cabellos azules.
Alexo volteo hacía adentro una vez más. Nova se había alejado de Adrian pero ahora le lanzaba con todo lo que tenía al alcance de la mano. Platos, cuadros, la otra silla, la mesa, libros, tenedores, cucharas…
-Buena suerte cuando llegue a los cuchillos Adrian- se burló del otro que abrió los ojos lo más que podía en pánico y volteó a ver que los cuchillos eran lo único que la chica no le había lanzado y que ya casi no le quedaba nada más.
-¿Y mi maestro?- volvió a preguntar el chico.
-Estará bien- Alexo le restó importancia y se sentó con los niños afuera a degustar su comida.
Dentro de la casa, Nova se había quedado sin cosas que lanzar y respiraba de manera agitada. Al parecer se le había acabado la energía. Adrian suspiró aliviado. Se acercó a la amazona para ver que estuviera bien. Ella levantó el puño para pegarle pero al mirarlo a la cara se quedo paralizada. Los ojos grandes, llenos de terror.
El silencio alertó a Alexo de que algo no andaba bien. Había dos opciones, ó Nova había matado a Adrian, ó, Adrian había matado a Nova. Lo primero era lo más probable.
Entraron los tres a la casa para encontrar a Nova mirando fijamente al griego. Puño en alto, sin hacer ningún movimiento.
-¿Maestra?-preguntó Afrodita despacio intentando no asustar a su maestra.
La amazona dijo algo por lo bajo y dejo caer su puño.
-¿Qué cosa?- preguntó esta vez con más confianza.
-Sangre- fue el murmullo de la amazona. –Sangre-repitió ahora más fuerte. -¡Sangre!- gritó.
Todos creyeron que iba a empezar a golpear a Adrian de nuevo, pero, en lugar de eso, se desmayó.
Después de acomodar a Nova en la habitación, Alexo se dedicó a curar las heridas de su compañero y a regañarlo por su falta de instinto de auto-preservación mientras los niños limpiaban el lugar.
-Sabes que Nova le teme a los hombres. ¿Por qué demonios te acercaste tanto a ella? Te tenías está paliza bien merecida. Por eso no quería traerte. Ya sé que el niño tiene que conocer a los que serán sus compañeros de la Orden y que tú eres su maestro pero aún así…-
-Ya entendí, ya entendí. Deja de regañarme. Ya lo hará el Patriarca cuando regresemos al Santuario
-Señor Alexo- llamó Afrodita -¿Por qué mi Maestra se desmayó?- los mayores se miraron entre ellos. ¿Este niño llevaba dos meses con la chica y no lo había notado?
-Afrodita tu maestra es…
-Hemofóbica- contestó la sueca desde la puerta de la habitación. A unos buenos y seguros dos metros de esos hombres que podían lastimarla. – Le temo a la sangre. Mi paralizo cuando la veo y a veces me desmayo- explicó la chica. Ahora todo tenía sentido. El por qué su Maestra jamás le enseñaba a pelear físicamente. Si lo hacía podía haber sangre involucrada. Aunque ahora se preguntaba cómo le hizo la chica para convertirse en amazona. Hasta donde él sabe se debe pelear por una armadura. –Lamento haberte golpeado, y haberte lanzado las sillas y los platos y demás- se disculpó la amazona peleando contra su voz.
Ambos santos sonrieron y después de decidir que el incidente había sido culpa de Adrian. Se retiraron. Nova soltó el aire que estaba conteniendo.
-No me gustan las visitas del Santuario. Siempre algo sale mal- dijo levantándose. Miró su mano para encontrar una mancha de líquido rojo. –Sangre- murmuró y se desmayó.
En el Santuario después de informar al Patriarca de lo ocurrido, Adrian y su alumno se dirigían a la cabaña que compartían a descansar.
-Maestro- llamó el niño.
-¿Qué?- preguntó el aludido con poco interés y sin dejar de mirar al frente.
-La alumna de esa chica era linda- habló el menor. Su maestro mostró una sonrisa que pretendía ocultar la carcajada que luchaba por salir. No quería burlarse del niño, pero sí que era distraído. No se había dado cuenta que la "alumna" de Nova era en realidad un niño.
-Sí, su alumna- dijo con aire misterioso y una sonrisa para después desaparecer tras la puerta de la cabaña. Después de la paliza de Nova dormiría por lo menos una semana. El niño se quedó fuera, con la cabeza ladeada sin entender la actitud y las palabras de su maestro.
Notas:
Sí notaron quién es el alumno de Adrian ¿verdad?
Estaré trayendo otro de estos dependiendo de las reviews que reciba. Y a los que lean esto y estén esperando la continuación de Pediculosis, lo lamento esa historia se niega a dejarme continuarla. Pero seguiré peleando. La voy a terminar como sea.
