Capítulo 12
Veo como está ordenando las cosas en el armario de arriba. Su camiseta se estira, y deja ver la zona baja de su espalda, donde tiene dos pequeños hoyuelos. La vista se me fija en esa zona, mientras coloca bien su ropa. Desde la terraza de su gran casa, en frente de una gran vista hacia la playa, la miro. Ella termina de colocar la ropa y su camiseta se baja, instantáneamente miro hacia el mar. Algo tengo claro, antes de lo que quiera que me pasase, era de todo menos heterosexual. Viene hacia mí, y echa su pelo rubio hacia un lado, haciendo que fije mi mirada en la curva de su cuello.
-Ya está, he colocado toda mi ropa.-Dice sentándose en frente de mí. Estoy en la casa de una doctora que me ha despertado de un coma y es… Preciosa.
-No me ha dejado que la ayude.-Le reprocho volviéndola a mirar.
-No es conveniente que hagas esfuerzos ahora mismo, estás débil.-Dice fijando sus ojos en mí. Son verdes, los más verdes que he visto nunca.
-Como usted diga, doctora.-Le respondo.
-No me llames de usted, ni doctora.-Me dice sonriendo.-Me llamo Quinn.
-Perdona.-Digo sonriéndole. Deja ver sus perfectos dientes al hacerlo, y sus ojos se arrugan al sonreír. Es más preciosa de lo que había imaginado nunca.
-No importa. ¿Sigues sin recordar nada?-Me pregunta. Niego, y ella se sienta a mi lado, rozando mi brazo al hacerlo.
-No, pero me da igual. No tenía nada antes, ahora al menos tengo nuevos recuerdos.-Digo resoplando y apoyándome contra la silla de nuevo.
-Pero es importante que recuerdes, al menos, qué hacías en tu vida.-Dice. Me encojo de hombros y la miro.-Vamos a hacer una cosa, dime lo que te gustaría hacer ahora y vamos a hacerlo, quizás así comiences a recordar. Venga, dime.-Dice sujetando mi mano. Lo primero que pienso es: "me está agarrando la mano, estoy mirando sus labios". Ahora mismo, tengo curiosidad por saber a qué sabrán sus labios.
-Bueno, querría ir a la playa.-Digo mirando al mar.
-Claro, vamos.-Dice levantándose y colocándose bien la camiseta que dejaba ver su firme vientre y su pequeño ombligo. Me levanto y voy detrás de ella, siguiéndola hacia la puerta que lleva a la playa.
-La suerte de ser doctora, ¿no Quinn?-Digo soltando una pequeña risa.
-La suerte de haber podido estudiar una carrera.-Dice volviéndose sonriendo. La sigo y me pongo a su altura, yendo hacia la orilla. No sé si es el viento, que está más cerca de mí que antes, pero un olor dulce llega desde su cuello hasta a mí.-Bueno, y… ¿Qué te hace sentir este lugar?-Pregunta parándose en la orilla, mirando cómo me paro al lado de ella.
-No lo sé… Tranquilidad, paz…-Digo mirándola. Me mira entrecerrando los ojos, pero no puedo dejar de mirar sus labios.-Lo único que sé de mí es que no tenía nada, nadie me quería. Ni tengo casa, ni amigos, ni familia, ni trabajo… Es lo que se llama.. Estar sola.
-Santana, quizás ese accidente es la oportunidad de empezar una nueva vida. Quizás tú no lo supieras, pero alguien se moría por pasar tiempo contigo. Porque, ¿por qué si no ibas a despertarte del coma así?-Me pregunta girando su cabeza hacia mí esperando mi respuesta.
-Quizás tengas razón y no fue una casualidad.-Digo refiriéndome a cuando me tomó la mano en la habitación. Sonríe y sabe que es por eso.
-Lo que quiero decir es, que ahora puedes empezar a importarle a la gente. Lo que no voy a permitir es que utilices tu amnesia como una manera para autodestruirte como persona, porque sinceramente, si la gente no te quería no tienes porqué martirizarte ahora. –Sonríe y por propio instinto, no sé si suyo, o de ella, nos abrazamos.
-Eres increíble.
