Hola de nuevo gente bonita. Pues regresando como parte de la encomienda que me auto propuse. Seguir este fic. Entonces sin dar más rodeos continuemos.
Ah una cosa mas… Anaiza 18 e IVIMON, les agradezco haber sido las primeras en comentar…les agradezco y me gusta saber que eh conseguido mi ideal, ahora es mantenerlo.
Capitulo II: La enfermedad…
La mañana había avanzado siendo casi el filo del medio día. El sol subía a plenitud y sus rayos de luz cegadora se colaban por las ramas de un exuberante árbol de cuyas hojas verdes repletas de roció constataban con el brillo cegador que pasaba por ellas. El parque frente al hospital central de Odaiba estaba despejado de transeúntes. Era algo inusual. La amplia banqueta comúnmente llena de personas que iba y venían, se veía solo ocupada por una sola alma que caminaba insistentemente rumbo a las instalaciones
El graznido de un ave esquiva se oía en los alrededores, pero eso no interesaba a quien subía por las escaleras e ingresaba por las puertas automáticas de vidrio. Una enfermera que estaba en su turno, se hallaba sentada tras su escritorio archivando documentos y atendiendo las posibles llamadas de emergencia. Sin embargo y al igual que afuera, este día parecía estar algo flojo.
El sonido de los vidrios deslizarse llamaron su atención. La enfermera dirigió su vista hacia la entrada. La imagen de una joven posiblemente en sus 17 o 18 años se vislumbro atravesar la entrada. Su cabello castaño revuelto parecía símbolo de rebeldía apaciguada por una banda de algodón o neopreno que amansaba sus rizos en un anillo azul neutro, sus ropas típicas de un adolescente, se veían limpias y parcialmente ordenadas, a razón de poder dar la mejor finta posible. Miro hacia el joven notando su semblante caído y cansado, posiblemente se encontraba enfermo y esta era quizá la razón de su llegada.
Una vez dentro. Tai miro a la enfermera y enfilo hacia el escritorio. Con todo el respeto que podía reunir entre su agotamiento su dejadez, dirigió sus palabras a la recepcionista. Un para de minutos paso entre la presentación y el motivo de su visita. Finalmente Tai tuvo luz verde y avanzo hacia uno de los ascensores del fondo. Presiono el botón del panel y unos instantes después la puerta de a cabina abrió. Ingreso en el ascensor y este cerro sus puertas una vez dentro.
Mientras el ascensor subía, Tai se miro reflejado en el metal de las puertas. Realmente no había escatimado en su imagen a la hora de venir. Presuroso acomodo sus prendas de vestir a manera de lucir lo mas presentables posibles. Tai usaba unos pantalones de mezclilla azul rey que poseían bolsas extras a los lados en la altura de sus rodillas. Usaba los mismo tenis que en esa mañana cubrían sus pies descalzos del agua del sereno. Ahora el calzado había sido presurosamente limpio y acorde a la situación. Una camisa de manga corta de color negro y cuello V cubría su pecho torneado y atlético pero aun así menguado y con hombros abajo. La sudadera que traía había sido dejada posiblemente en la recepción del hospital.
Una vez listo presto atención e intento encrespar su figura para verse con el porte que debía de llevar a una reunión tan importante como era esta. Sin embargo las ropas y el porte no escondían lo que sus ojos y semblante en general demostraban. Que el pobre se encontraba vencido y débil, cansado y frustrado. Horriblemente nervioso. Sabedor de una verdad que de momento nos es ajena pero que amenaza con hacerse de nuestro dominio, y de ser así. Resultar en una trágica noticia.
El joven Kamiya acomodo los presentes que llevaba para que lucieran lo mejor posible. Y una vez listo, el timbre del elevador indicaba el arribo a su destino. Las puertas abrieron y un intento de renovado Tai Kamiya salía a paso lento y constante del elevador, encaminándose por el amplio pasillo que llevaba a su destino.
A la derecha suya, la puertas de marcaban mientras avanzaba por el pasillo, a su izquierda las ventanas parecían una tira de vidrio segmentada por la barras de aluminio que indicaban una ventana de otra. Varias fueron las puertas que recorrió mientras su avance se reducía. Pronto una sola fue la habitación que detuvo su caminar.
De pie, frente a la puerta con el numero 413…13, no era un numero de suerte que se dijera. El apellido Kamiya se veía en la tarjeta de ocupación. Este era el cuarto. Esta era la celda donde su hermana Kari se encontraba. Pero…ahora…Tai parecía vacilante. Es decir…tanto había sido su insistencia, su desesperación su nerviosismo y su impaciencia para que de buenas a primera, un vil acto de cobardía mitigase su acción de entrar.
El antiguo elegido del valor, brillo por su ya inexistente peculiaridad. Solo el impulso detuvo su huida, eso y la rabia que sentía para consigo. Era despreciable. ¿Como osaba siquiera salir corriendo como un cobarde y dejarla sola de nuevo? ¡¿Que clase de hermano era?! Aquello era tan infame que si no fuera por ser el mismo quien compartía este cuerpo con aquel cobarde. Se auto golpearía en la cara con fuerza. Tanta como para hacerle añicos la nariz y los dientes.
Al final. El cobarde Tai fue sometido por su contraparte heroica y su agarre en la perilla fue firme de nuevo. Un seño de determinación y renovado interés salió a relucir en sus cansadas facciones. Y con esta faceta a plenitud, manipulo la perilla y la puerta abrió.
Supuestamente no debía haber nadie ahora en el cuarto, la enfermera en turno había indicado de ello. Mejor así, lo ideal es estar ahí para Kari sin alguien ajeno a su relación. Tai se asomo ligeramente por el contorno de la puerta mientras inspeccionaba la habitación.
El aroma a hospital fue levemente subyugado por una fragancia más cómoda. El aroma a durazno de su hermana. Su aroma. Y luego de su inspección anaerobia, Tai hecho un vistazo. El cuarto era de un tamaño estándar. Una ventana que daba a un patio interno donde el sol relucía nuevamente, la ventana cerrada a fin de evitar el ingreso del aire exterior. Una cubierta de varilla y tela creaban un recinto al fondo del cuarto. El baño que era un cuarto pequeño tomaba el lado izquierdo a lado de la puerta de ingreso. Y tomando todo el flanco derecho, una cama de hospital con sabanas blancas se levantaba viendo hacia la ventana anteriormente descrita.
Una joven se encontraba acostada descansando en la cama. Tai la miro mientras ingresaba al cuarto con el mínimo de ruido a fin de no despertarle. Una vez cerrada la puerta, admiro detenidamente a la joven durmiente.
Su edad rondaría entre los 15 años. Y sus facciones seguían siendo tan finas y delicadas como los de una bebe. Su cabello castaño claro se mantenía corto y asido a su cabeza, formando dos visibles mechones que caían por sus sienes. Un tercer mechón era retenido por una pequeña horquilla de color rosa, dejando su frente despejada. Su piel durazno de tono blanquecí suave, era tan tersa como el mismo algodón y con un leve sonrojo en sus mejillas.
Solo la indeseable vista de una manguerilla de polímero que posado frente su nariz rompía la calma de aquella vista. Introduciendo dos incomodas boquillas en cada fosa nasal que suministraban oxigeno directo a su sistema respiratorio. Eso y la maldita intravenosa que atravesaba su delicada piel en su mano derecha. Siendo sujeta mediante parches que evitaban a la aguja moverse más de lo debido en la pobre y frágil carne de su brazo descubierto.
Tai miro aquella mano. Juraría que estaba viendo la mano de un guante por el color blanquizco que tenia la extremidad. Era como ver la mano de un cadáver…"No…no pienses eso…" el joven Kamiya se recrimino por la estúpida idea que corrió su mente. Luego de asentar su cabeza, pudo escuchar nítidamente la respiración entrecortada de su hermana, y más allá, el continuo pero latente bip del instrumento de lectura de pulsaciones cardiacas, misma maquina que se ubicaba a lado de la cama de Kari al otro lado de su mano atravesada por la Intravenosa.
Entonces Tai pudo ver la serie de cordones que se colaban por las sabanas ligeras rumbo al pecho de su hermana quien cubierta por su bata de hospital las mismas sabanas evitaba seguirles la pista a los sensores ubicados en su cuerpo. Fue casi como si el espectáculo deprimente se develara paso a paso minando lo que para Tai fue la impresión de un recinto tranquilo y lleno de quietud. Demasiado bizarro.
Mas lagrimas fueron contenidas en una apreciable muestra de fuerza de voluntad y tragándose su debilidad y su cobardía. Tai camino despacio hasta llegar a estar frente a la cama donde Kari dormía. Cuando estuvo frente a ella se quedo quieto, la admiro, miro lo que aquel desgarrador mal había hecho con su pobre hermana. Dio un rodeo escudriñando, centrándose en la bitácora clínica a los pies de la cama. Ahí estaba.
El reporte clínico sonaba demasiado cruel o simplemente era muy técnico para el gusto del joven Kamiya. Pues de acuerdo al reporte medico: La paciente presentaba un cuadro poco usual de trastornos neumonales mismos que combinados con su débil salud y lo que parecía ser síntomas de un incidente acontecido en su niñez. Habían desencadenado en un mal degenerativo cardiovascular. En pocas palabras; Su corazón estaba condenado a perecer…y con el la joven que lo poseía. Eso a menos que se encontrase un donador compatible o de cercanas cualidades.
"También pudieron decir que era imposible…" Susurro quedamente luego de que una lagrima culpable escurriera por su mejilla.
Kari estaba condenada a muerte, condenada a morir en la flor de la juventud y la inocencia, pues ni siquiera de un pretendiente se había hecho. Suena fuera de lugar pero a pesar de su estado actual, Kari siempre destaco de entre las demás jovencitas por tener una especie de aura benigna, algo que prácticamente le haría brillar. Esto era acompañado por una belleza externa que si bien era algo secundario, resultaba digno de una princesa.
Y sin embargo ahora ella no conocería la dicha de un romance porque su corazón estaba destinado a morir. Morir en parte a la culpa de cierto joven presente quien en un acto de su estupidez disfrazada de ingenuidad infantil, había colaborado a aquello que ahora mataba lentamente a su hermana. Terrible era esto, y as tener que verlo.
Limpiando otra lágrima escurridiza Tai reunió valor de donde pudo y fue justo a tiempo, pues casi como si fuera sincronizado, Kari abrió sus ojos lentamente. Ella despertó poco a poco, enfocando su visión para asimilar donde se había quedado la ultima vez que se había dormido, y es que fue su lento escudriño lo que daba crédito a lo anterior.
Finalmente pudo centrar al joven Kamiya en su campo visual derecho. Tai le miro expectante intentando formar una sonrisa lomas sincera posible. Per fue su hermana quien le gano a este juego. Ella sonrió con sinceridad mientras su débil gesto transcurría en todo su rostro. Sus ojos, castaño canela brillaron como joyas casi de un tono rubí revelando ese magnifico brillo de vida de luz y pureza, e inocencia. Luego, sus labios comenzaron a moverse, intentando hablar o decirle algo al chico que le miraba detenidamente.
"Hola hermano" Kari pronuncio su primera palabra desde que había sido intervenida de emergencia hace solo media semana
"Kari…" Tai intento, lucho contra todo su yo interno. Pero no pudo evitarlo, su sonrisa honesta, se fue rompiendo por un gesto de pena y tristeza. Mientras sus cristalinos ojos no pudieron contener a las lágrimas cautivas. Ávidas de salir.
Con debilidad, la joven Kamiya levanto su mutilada mano derecha y en un sobre-esfuerzo la dirigió al mentón de su hermano quien se haba agazapado hasta quedar casi a su nivel. Recargo su palma en la mejilla de Tai y le acaricio, e incluso limpio un par de gotas saladas que tuvieron la suerte de toparse con su mano.
"No llores…hermano…no estés…triste." Los ojos canela de Kari también cristalizaron. Y a su vez lágrimas invadieron sus cuencas mientras cerraba los ojos de forma lenta.
"Kari…" Tai se acercó con la máxima delicadez posible… y le dio un beso en la mejilla mientras juntaba su frente con la de su hermana. Tragándose su pesar le hizo un susurro infantil tratando de evitarle una fuerte primera impresión. Y lentamente abrazo a la jovencita que con cuidado extremo, movió sus brazos para darle un abrazo al que siempre fue su protector y guardia. Para su ángel de la guarda.
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Un rato más tarde. Kari se encontraba parcialmente sentada en su cama gracias al colchón ajustable. No despegaba la vista de Tai ni del presente que le había traído. Un ramo de rosas blancas que ahora se encontraban en un florero al lado de la cama. Kari teniasis manos juntas mientras sobaba con cuidado su mano derecha, entumecida por el frio
Ahora Tai se encontraba sentado a lado suyo mientras tenía un libro en su regazo abierto en lo que se alcanzaba a ver como la portada de una obra literaria. Parece ser que ciertas cosas no podían faltar en esa reunión de hermanos.
"Y así fue…como Andrew Martin iniciaba su viaje autodescubrimiento, deseoso de poder encontrar algún otro robot que compartiese su peculiares características…fin del capitulo." Tai terminaba de hacer la lectura a una emotiva Kari quien no había perdido pista de la narración desde que su hermano había comenzado.
"Eso fue increíble Tai" Kari sonrió a su hermano quien no podía evitar corresponderle de igual modo. "¿y que paso después…?" Como una niña impaciente de otro cuento, la joven deseo seguir con la historia.
"Seguiremos en la otra visita Kari me temo que el tiempo de visita ya termino." Tai cerró el libro después de haber visto la hora en su reloj. Era obvio que quería seguir pero el hospital tenía un horario de visitas que debían seguir con suma disciplina. "Papa y mama vendrán de seguro mas al rato para acompañarte en la cena. Yo…" Cayo en silencio un momento, la imagen de Kari en esa cama esclavizada a esas maquinas y esa aguja intravenosa eran de momento irreales nuevamente el sentido de cruda verdad le acuchillo, solo que esta vez lo escondió de momento. "Te traje otro libro de cuentos infantiles, y también unas cuantas fotos que tome ayer, me parecieron buena idea traértelas." Tai saco dos libros de formato compacto así como u sobre de papel donde de se traslucían dichas fotos instantáneas.
"Es lindo de tu parte hermano…" Kari sonrió gentilmente, Tai era el mejor hermano del mundo. Ella sabia lo duro que su hermano se esforzaba para hacerle feliz aun en estos momentos.
"También te traje esto." Saco un par de sobre con cartas en su interior, difícil esconder tanto equipo pero Tai había sido capaz de ello por Kari "Son de Yolei y tus demás amigas del grupo. Mandan saludos.
"Que bien…aun se acuerdan de mi…" Kari se dio cuenta de esto conforme lo decía…"creo…"
"Lo-lo que pasa es que están ansiosa de que regreses. Ellas…ellas te extrañan. Y también tus compañeros. Aunque posiblemente todavía me tengan miedo como para intentar ser algo más que amigos o compañeros. .." Tai se rio quedamente. Kari le miro y casi sintió un sonrojo en sus mejillas por la pena
"No hermano. Lo que pasa…es que en realidad…no me llama la atención eso de los chicos." Kari excuso con humildad. Su hermano entendió
"Descuida Kari…eres muy linda. Seguro que algún día encontraras a tu príncipe azul" Nuevamente Tai hacia su mejor esfuerzo por motivar a su hermana mantenerse firme en su lucha a no rendirse nunca.
"Mi príncipe…azul?" ella pregunto
"Si, tu príncipe azul bueno a aquel chico que te demuestre cuanto le importas y cuanto te quiere, sin importar nada ni nadie." El asintió seguramente mientras acomodaba las cosas antes de irse. Kari le miro por breve momento y entonces dijo.
"Hermano…" Kari le llamo insistiendo en que se acercase.
"Si…" él se acercó.
Ella le tomo de la camisa y lo obligo a bajar hasta quedar a su alcance. Le abrazo con toda sus fuerzas y le susurro al oído.
"Para que quiero un príncipe azul…si te tengo a ti." Acto seguido. Le dio un beso en la mejilla mientras le dejaba alejarse.
Tai quedo sin aliento. Y no era por las palabras ni el beso sin por lo que Kari expreso en ese abrazo. Una total y plena confianza, sentimiento de dependencia y de cobijo que ella buscaba en el. Y e sintiéndose en esta mañana iracundo y desdichado, ahora con renovado animo se esforzaba por ser aun mejor, a hacer todo lo que tuviese a la mano para hacer que su hermana pudiera enfrentar esto con mayor fuerza.
Lastima era saber que aun después de todo lo que hiciera Tai, y sin importar lo que se esforzase. No podría salvar a Kari de las garras de la muerte.
Vaya cargo de consciencia…
Finalmente le devolvió el beso en la frente de Kari y le dijo:
"Si tienes razón. Yo soy mejor que cualquier príncipe." Dijo casi riendo.
"El mejor…" Kari musito.
Bueno queridos lectores. Para mi des fortunio esta entrega siendo la segunda la estoy entregando casi 5 horas tarde. Maldeciré por no poder hacerlo más rápido. Pero esto es parte de mi entrenamiento tengo que superar esta desventaja o tropiezo. Porque así es como se le llama a estos inconvenientes. Tropiezos y nada mas…
Los vere en la siguiente entrega
Sato Vamp Fuera…
