Disclaimer: One Piece no me pertenece.
―Dialogo de los personajes―
Pensamientos de los Personajes
Capitulo 2: Primera Discusión
Se levantó antes de que amaneciera, mirando por la ventana el mar obscurecido que poco a poco se ilumina. Se dio una ducha y se vistió con un vestido corto y de mangas largas color rojo cereza, sus típicas sandalias y se recogió el cabello en una cola alta.
En el camino a la cocina agradeció no encontrarse con ninguno de su tripulación, no estaría de ánimos para dar explicaciones complicadas. Cogió un poco de jugo del refrigerador, un sándwich y regreso a su habitación para comer con tranquilidad. Suerte tenía de que Robin se quedo en la biblioteca a leer sus incontables libros. Y mientras comía recordó con una gran sonrisa la noche anterior que pasó con su capitán.
Hasta ahora parecía un tonto sueño más que la pura realidad.
Pensar que Luffy reaccionaría de esa manera por algo tan superficial.
Sin embargo no tenía nada en contra de ese tipo de celos, por el contrario, le sacaban una sonrisa de lo más grande.
Después del arrebato en el acuario Luffy la acompaño hasta su habitación, y aunque pidió quedarse para asegurarse de que ella estaría bien le logro convencer de que nada pasaría y podría regresar tranquilamente a dormir.
Termino de comer y se fue al lavado para lavarse la boca, se acomodo un poco el cabello y tras tomar el abrigo amarillo que antes le fue entregado salió rumbo a la nave del otro capitán.
―Luffy lo entenderá luego. ― se dijo a sí misma, aterrizando con la agilidad de un gato sobre el submarino. Ahora estaba contenta de haber aprendido a robarles a los ancianos de Weatheria y saltar por sus pequeñas casas mientras era perseguida.
Probó la entrada principal del submarino y tal y como espero, la puerta estaba abierta. Entró y camino hasta el centro de la nave donde se dividían los cuartos y corredores.
― ¿Qué hace aquí? ―le preguntó un despierto Jean Beart al verla entrar.
Nami alzó el abrigo amarillo en respuesta. ― Busco a Law, ¿Dónde está?
―El capitán está en su habitación, el segundo pasillo a la izquierda. Dobla a la derecha y verás unas escaleras que van a la sala de maquinas de la nave, su dormitorio está al lado. ― informó, desapareciendo por uno de los corredores en busca de un desayuno.
La navegante acató las indicaciones y camino hasta la susodicha habitación. Bajando las escaleras escuchó el sonido de la sala de maquinas, y justo al lado estaba una puerta con el símbolo de la banda de los piratas corazón pintado. Esta entreabierto, con una tenue luz saliendo de la habitación.
Tocó la puerta con leves golpes sin obtener respuesta y entró con cuidado.
La tenue luz de la habitación venía de una vela posicionada sobre un escritorio de acero que sobresalía de la pared. Dos sofás color vino están posicionados en uno de los extremos de la habitación, con pieles de animales encima. En las paredes están pegados muchísimos carteles de se busca, incluidos los de su banda, y varios de ellos lucían rotos o rasgados.
Hay un librero con varios papeles y apuntes a los lados sobre el escritorio, ropa colgada en un armario sin puertas y de cara a la puerta está una cama de sabanas color gris con el susodicho capitán durmiendo sobre ellas.
No trae una camisa puesta, tan solo un pantalón largo y suelto, con su típico sombrero en el suelo, como si hubiera resbalado de su mano mientras dormía. Está boca abajo, con los brazos estirados a los lados de la cama, casi como si se hubiera tirado encima y se quedara dormido de golpe.
Nami apoyo el abrigo sobre el escritorio, dejándolo encima para no despertar al moreno. Hecho una leída rápida a todos los apuntes del médico y descubrió la pequeña investigación que tenia escrita. Notas sobre el tesoro que debía robar.
Había escuchado de tal tesoro mucho antes, un artefacto capaz de contener la esencia del mar en sí mismo. Tesoro que pasó a ser olvidado cuando se descubrió el Kairoseki, pues se creyó que tal piedra era un sinónimo a aquel tesoro que se decía, neutralizaba cualquier poder de las frutas del diablo.
Y su principal interés para colaborar con el Shichibukai. El tesoro donde Law descubrió aquella joya, y que ahora estaba oculto en una isla de la marina.
Escuchó un ligero gruñido por parte del capitán y decidió que era momento de irse de allí. En otro momento podría pedirle el favor. Se dio media vuelta, chocando su mirada contra la esquina de la pared donde estaban los carteles de recompensa de su banda; entre ellos, el suyo estaba marcado con un círculo.
―Una agradable visita, Nami. ―alegó el pelinegro, levantándose con pereza de su cama.
―Lo siento, no pretendía levantarte, solo vine a dejarte tu abrigo. ― se disculpó, señalando la prenda que dejó sobre el escritorio.
―Creí haberte dicho que podías quedártelo. ―se quejó él, levantándose para tomar el abrigo del escritorio.
Nami sonrió con gracia. ―Luffy se molestaría si me lo quedo, apenas y logré que no lo quemara anoche. ― comentó, tapando su boca para reprimir una risa. ― Gracias por el gesto de todas formas.
Law se quedó observándola mientras la veía reír, en completo silencio.
Sus sospechas estaban confirmadas, y ahora tenía una idea más clara de cuál sería su siguiente movimiento. Todo para que su plan siguiera su curso.
―También quería pedirte un pequeño favor.
El pelinegro mantuvo una expresión tranquila, y preguntó. ― ¿Qué sería?
―Ya conociste a Chopper, nuestro medico. Quisiera que hablaras con él.
― ¿Chopper? Ah, hablas del mapache que ese narizotas quiso amarrarme en la cabeza cuando estamos en Punk Hazard. ― comentó con desagrado.
Como olvidar la vergüenza en que le puso.
―Hablaré con él, aunque no creo que tengamos mucho de que conversar en realidad.
―Yo creo que podrían aprender mucho el uno del otro. ―dijo, con una sonrisa de oreja a oreja. ― Chopper en verdad te admira como médico, y quizás podrías enseñarle algunas cosas que hayas aprendido.
El trafalgar se sentó de vuelta en la cama, meditando las palabras de la hermosa pirata. Encontró interesante la rapidez con la que el reno lograba disminuir el dolor y cerrar las heridas, así como lo peculiar que eran las plantas que utilizo para muchos de los ungüentos con los que le ayudo a curar a su tripulación, en ese punto Nami tenía razón. Algo podrían aprender uno del otro.
―Está bien, hablaré con él más tarde. ― respondió, tomando su gorro del suelo. ― ¿Algo más? ― preguntó, al ver como ella seguía de pie junto a la puerta.
―Sobre lo de ayudarte…
―Mugiwara te prohibió juntarte conmigo ¿no? Por eso has venido tan temprano, para que no te vea. ― concluyó, poniéndose de pie para acercarse a la chica, manteniendo una distancia prudencial.
Nami se mordió los labios. Luffy se lo había dado a entender, y aunque quería acatar su orden no podía dejar escapar una oportunidad como esa. Era una en un millón y era posible que jamás se repitiera.
―Quiero que lo mantengamos en secreto, por lo menos hasta que Luffy se calme.
La recomendación llego como la encarnación de la tentación hacia el capitán.
Una tentación que no dejaría escapar.
―Eso será algo difícil. ― dijo, levantando la barbilla de Nami con sus dedos.
― ¿Por qué? Puedo venir aquí por la mañana, mientras traigo a Chopper y todo solucionado.
Law sonrió, ella tenía hasta una coartada lista. ―Me temo que no es tan sencillo.
― ¿Y eso? ―se impacientó ella.
―Nico Robin te está vigilando. Anoche también nos estuvo espiando cuando entre a tu habitación. ― confesó, poniéndose de vuelta el sombrero en la cabeza. ― Presiento que Roronoa la está ayudando.
― ¿Robin y Zoro? Eso es imposible ellos no…
Y recordó el comentario del espadachín. A él no le agradaba Trafalgar Law en ningún sentido.
―Entonces ellos saben sobre el tesoro…
―No― negó. ― Utilice Haki para romper la habilidad de tu amiga, al igual que lo he hecho en el momento que entraste a este piso. Te escuche hablando con Jean Beart y noté que Nico Robin te venía siguiendo, sus habilidades no tendrán efecto siempre que estés cerca de mí.
Nami se cruzó de brazos sorprendida. Era la primera vez que encontraba a alguien tan calculador y eficiente. Sin duda el chico no tenía su titulo de Shichibukai por nada, era un estratega altamente calificado. Eso podría ser bueno para ella, como también malo para su grupo.
Malo si Law decidía traicionar su alianza.
―Tengo una idea para decirle a tus amigos si estás de acuerdo. ― ofreció. ― Diles que me enseñaras sobre navegación y el clima de Nuevo Mundo, hay ocasiones en las que me las tengo que manejar por mi mismo así que es una coartada creíble.
― ¿Qué hay sobre tus visitas? Robin no pasará por alto que he venido. ― preguntó perspicaz, observando el rostro divertido del varón.
―Podemos decir que fui a pedirte que me enseñes y hoy viniste a darme tu respuesta, aparte si es que no llega a creerte basta con que le digas que viniste a devolverme mi abrigo o a pedirme el favor por tu amigo.
La ladrona sonrió, feliz por las deducciones de Law. ― Será verdad de cierto modo, está bien. Solo procura no hacer enojar a Luffy, es demasiado impulsivo a veces.
― ¿A veces?― se burló Law. ―Creo que el problema no es ese, Nami. ―contestó, abriendo la puerta para que la chica dejara la habitación. ― El problema es donde ha fijado su interés.
Y cerró la puerta.
La pelinaranja decidió pasar por alto el comentario. De cierto modo sabía que había algo más profundo en las palabras del moreno, algo de lo que preferiría no enterarse. Regresó a su nave, dándoles los buenos días a la tripulación de los piratas corazón que caminaban somnolientos, todos sorprendidos de ver a una de las féminas de los Mugiwara saliendo de la única ruta que daba a la habitación de su capitán.
Y peor aún, que fuera la misma mujer que su solitario capitán hubiera comentado como su próximo objetivo.
― ¡¿De verdad?!
El grito emocionado del pequeño doctor resonó por todo el Sunny.
―Sí, Chopper, solo no vuelvas a gritar así. ― afirmó Nami, tapándose ambos oídos por el fuerte alarido de su compañero.
― ¡Gracias, Nami!― agradeció el pequeño, saltando de un lado a otro.
La navegante solo asintió y le dio los últimos detalles al médico. ―Vendrá por la tarde y estaba interesado en las plantas que trajiste contigo del País de las Aves, aprovéchate y pregúntale todas tus dudas, ¿entendido?
Chopper asintió y salió despedido como una bala a buscar a Ussop y pedirle ayuda para remover algunos brotes de sus plantas y así poder hacerle una demostración al tétrico capitán. Dejando a una alegre Nami apoyada en la puerta de la enfermería.
―Bien, creo que es hora de hablar con Zoro y Robin. ― murmuró para sí misma, emprendiendo su búsqueda rumbo a la sala de entrenamiento.
Tal y como lo predijo, Zoro ya había comenzado con sus entrenamientos antes del desayuno y cargaba sus gigantescas pesas. El espadachín continúo en lo suyo, sin prestar mucho caso a la entrada de la navegante, ni a como ella cerraba la puerta tras ingresar.
Tras algunos minutos en silencio y tensión finalmente se dignó a detener su entrenamiento y a girarse para ver a la "mujer" de su capitán.
―No tengo dinero para pagarte si es lo que quieres― dijo de mala gana, jalando una toalla para poder secarse el sudor del rostro.
Ella hizo caso inmune mientras Zoro se quitaba el sudor de la parte superior del cuerpo y sonrió.
―Sé que no tienes dinero, Zoro.
― ¿Entonces?
―No te hagas el tonto, sabes por lo que he venido. Quiero saber por qué rayos me están vigilando tú y Robin. ― se quejó, en un tono más demandante y molesto. ― Y quiero la verdad.
El espadachín respiro profundo y le volteó a ver con una mueca seria y fastidiada.
―Quieres la verdad, bien, yo también. ― dijo, en un tono frío. ― ¿Qué te traes con ese hombre? Con el Shichibukai.
―Lo que hable o no con él no es tu problema. Es un asunto mío. ― contestó, con la misma agudeza en el tono que Zoro uso.
El duelo de miradas termino con Zoro como perdedor. Si había alguien que pudiera retar a Zoro de aquella forma sin duda era Nami. Y Zoro detestaba eso. No es que quisiera discutir con ella, pero sus respuestas y el tono de voz lo sacaban de quicio.
¿Qué parte no le cabía en el cerebro a esa mujer como para entenderlo? ¿Tenía que gritárselo para que lo entendiera? ¿Era eso?
―Eres la mujer de mi capitán. No me interesa si es una relación de un rato o si Luffy se volvió loco, mientras tu andes con él de verás comportarte como tal. ―respondió, tomando sus espadas de una de las esquinas de la sala de entrenamiento.
El rostro de Nami se llenó de ira pura, y con toda la paciencia que juntó se atrevió a preguntar.
― ¿Qué quieres decir?
Zoro no respondió y tomó sus cosas, buscando salir de la habitación, pero la palma de Nami estrellándose contra la puerta lo hizo detenerse en el acto.
―Escúpelo, Zoro. ― amenazó, mirando directamente al espadachín. ― No te dejaré salir hasta que lo hagas, así que adelante. Dime lo que crees que estoy con haciendo con Trafalgar Law.
―Sí planeas ocultarle algo a Luffy tendrás que tener en cuenta que eres parte de nuestra banda, si Luffy confía o no en ese sujeto es algo que tú también debes aceptar.
Nami cerró los ojos y se cruzó de brazos. Ya veía por donde iba el argumento de Zoro.
―Crees que voy a engañar a Luffy o a la banda con Law… ―concluyó, en un tono de enfado.
Zoro tomó el pomo de la puerta y apoyo una de sus manos en sus espadas. ―Por el contrario, creo que te usaran en contra de Luffy, más ahora que ustedes andan juntos, ese tipo puede estarte engañando.
La navegante sonrió ante lo dicho por su amigo. Y abrió la puerta antes que él para salir, sin olvidar dejar unas palabras mientras se iba.
― ¿No has pensado, Zoro, que soy yo la que lo está engañando a él?
Estaba furiosa con Zoro por sus palabras. Furiosa consigo misma por entender lo que quería decir, y furiosa con Law por ponerle tal tentación encima.
¿Quién en su sano juicio se atrevería a dejar pasar esa oportunidad?
Con seguridad, no ella.
Se sentó algo aburrida en el escritorio de su habitación de dibujo y, tras evadir por otro día el glorioso desayuno de Sanji, se encerró a hacer mapas. Aunque casi no dibujo nada, más fue lo que se pasó revisando los mapas guardados y las notas que trajo consigo de Weatheria para confirmar su ruta.
Tenía algunas ligeras sospechas sobre las posibles tres rutas que el Log Pose le estaba marcando, y hasta donde podía notar, las tres eran completamente seguras. Sus destinos eran tres islas con diferentes climas, una isla de invierno, otra de verano y por ultimo una de otoño. Trazó una ruta a la de otoño, pero tras algunos cálculos se percato de que solo aumentarían en exceso los días de navegación y por ende, las provisiones que venían usando desde Punk Hazard serían muy escazas.
―Parece que solo queda la isla de invierno. ― musitó algo desilusionada. ― Por lo menos Chopper estará cómodo en ese clima.
―Seguro que será divertido. ― comentó una voz a un lado del escritorio de dibujo.
―Sí, supongo.
En ese momento cayó en cuenta de la presencia masculina cómodamente sentada en el suelo, justo a su lado derecho.
― ¡¿Luffy?! ¡¿En qué momento entraste?! ― preguntó nerviosa, asombrada por la inexplicable presencia de su capitán.
El pirata de cabellos negros solo sonrió, tan despreocupado como siempre y se mantuvo con la cabeza recostada en el escritorio, con toda la alegría pintada en la cara.
―Hace un rato. ― respondió, acomodando su sombrero para mirarla. ― ¿Iremos a una isla de invierno? ¡Genial! Podemos jugar con la nieve como cuando fuimos a donde vivía Chopper. ― comentó emocionado, doblando sus piernas para acomodarse mejor.
Ella no dijo nada, procesando todavía la no tan esperada presencia del sombrero de paja. Apoyo los materiales de trabajo, dejando de lado todas las mediciones que hizo y volteó la silla para poder conversar con el moreno. Con aquella sonrisa divertida y sentado allí a su lado, el líder parecía no querer marcharse muy pronto, por el contrario, se veía bastante cómodo.
― ¿Es eso lo que te molesta, Nami? ― preguntó él, mirando directamente los ojos castaños de su navegante.
― ¿De qué hablas? ― preguntó ella, confundida por la preocupación que llenó la cara de Luffy. Raro que el pusiera caras como esa. Muy raro.
―No viniste a comer. ― se quejó Luffy.
―No tenía hambre, Luffy. No como tanto como tú y lo sabes. ― respondió con un tono cómico, intentando hacer el ambiente menos denso.
Luffy solo ladeó el rostro, sin dejar de ver la sonrisa que Nami había puesto para calmar su preocupación. Lo encontró muy difícil de entender. Si ella no quería sonreírle entonces que no lo hiciera, así de simple.
―Nami. ― llamó, en un tono más grave y serio. ― ¿Qué te preocupa? No sonríes como siempre, y sé que me estás mintiendo.
La acusada en cuestión se retorció por dentro al verse descubierta.
Era una ladrona con miles de caras y gestos, se había entrenado por años en el arte del engaño, pero cuando se trataba de lidiar con su capitán nunca fue capaz de hallar la forma de ocultarle o mentirle. Por eso siempre prefirió gritar y criticar a todo lo antes de traicionar su confianza. Nunca pudo volver a mentirle desde que la salvó de Arlong, y por experiencia, ninguno de sus compañeros pudo hacerlo tampoco.
A excepción de Ussop y aquel drama que hubo con Merry. Pero esa era una excepción muy particular y delicada.
Sintió el toque delicado del sombrero de paja y supo que había perdido la batalla. Con el tesoro mejor cuidado de su amado en la cabeza, mentirle era una misión imposible. Se acomodó en la silla, juntó las piernas, apoyó el rostro en sus palmas y borró la sonrisa de plástico que mostró antes.
―Solo estoy algo fastidiada, no es nada importante.
― ¿Tanto como para perderte el desayuno? ― refuto él. ― Debe de ser importante. Puedes decirme, soy el capitán, puedes confiar en mí.
Y de nuevo puso esa sonrisa de oreja a oreja que le hacía sonrojarse. Se quedó pensando un momento, tratando de pensar una buena excusa. Alguna idea que no incluyera mentirle, o al menos no del todo.
De pronto Luffy se había puesto de pie y la había cogido por los hombros con un poco de fuerza, la suficiente como para levantarla de su asiento.
― ¿Es por Zoro? ¿Es por él, verdad?
La navegante sintió que el mundo se le venía abajo.
― ¿Por qué… porque mencionas a Zoro? ― inquirió nerviosa.
No había forma de que Zoro le contará a Luffy… ¿o sí?
¡No! ¡Zoro podía ser muchas cosas pero chismoso jamás!
―Los capté de casualidad mientras te buscaba para ir a desayunar. Luego te vi salir y cuando le pregunte a Zoro dijo que no era nada, pero si estabas tan molesta como él no pudo ser nada. Es muy raro que ustedes anden peleados.
―Tú… ¿nos captaste? ¿Qué eres, un radar? ¡¿Desde cuándo haces eso?!
Luffy sonrió alagado, sin hacer caso al tono sorprendido de la chica. ― Lo aprendí con Rayleigh, si me concentro puedo ubicarlos a todos, pero dime ¿Por qué discutiste con Zoro? Es raro que discutas con él, generalmente solo lo golpeas al igual que a mí.
La resolución de Luffy la tenía más que inquieta, sin duda podría golpear a Zoro y este no le haría nada. Era un tonto con mucho respeto a las mujeres para empezar, sin embargo, el problema era que su "discusión" no era por cualquier cosa. Zoro no se iba a tirar para atrás con respecto a su nuevo "amigo", ni tampoco recurriría a Luffy para hacer que ella desistiera, por si solo era suficiente hombre como retar al Shichibukai y obtener sus propias refuerzas.
Respuestas que ella no le podía permitir tener por ahora.
― ¿Nami? ― llamó el impaciente pirata, al ver como su pareja parecía algo perdida en el espacio.
―Dime…
―Estoy esperando una respuesta. ―dijo algo incomodó Luffy, notando ya el oculto nerviosismo de su navegante. ―¿Por qué discutiste con Zoro?
―Ya te dije que no es importante…
―Lo entenderé por mí mismo, anda dime. ¿Zoro te insultó o algo? ¿Quieres que vaya a hablar con él?
En ese segundo supo que lo que menos le convendría era que Luffy fuera con Zoro para reclamarle.
Tenía que decirle algo para despistarlo. Cerró la boca con un poco de temor, aun cuestionándose si era o no buena idea decirle. Tenía demasiadas dudas respecto a su reacción.
―Zoro solo… estaba molesto conmigo por una cosa de nada… ― contestó, dudando mucho entre cada palabra.
El pelinegro ya había perdido la paciencia, primero por el hecho de que Nami se pusiera tan nerviosa hablando de lo que ella definía como una cosa de nada. Si era "nada", no tenía porque ponerse tan nerviosa; salvo que, obviamente, fuera algo mucho más que "nada".
Y encima, Zoro estaba metido en el embrollo. Su primer nakama era una persona muy pacifica, exceptuando cuando estaba cerca del rubio cocinero, y se molestaba muy poco con los demás miembros de la tripulación. En su mayoría, él buscaba protegerlos de cualquier cosa.
Proteger y no pelear.
Salvo que… Zoro peleara para proteger.
El recuerdo de sus duras palabras y su comportamiento cuando la banda sufrió la pérdida del Going Merry y Ussop le reto a duelo vino como caído del cielo. Claro, como olvidarlo, Zoro no solo le había reforzado el hecho de que era el capitán, sino que también, cuando quiso correr de vuelta por el tirador de la banda, le había detenido amenazando con irse si daba un paso fuera de la habitación.
Lo recordaba claro, pues reflexionó muchísimo sobre su responsabilidad para con sus amigos.
En aquel tiempo odio un poco, solo un poco, al espadachín de cabello verde. Pero le molesto más el que tuviera toda la razón por detenerlo. Tal y como dijo, había asuntos como el que alguno dejara la banda, en los cuales debía dejar de pensar como un niño.
Zoro protegía a sus nakama, y de ser necesario, optaría una actitud ofensiva con tal de seguir ese fin.
Su mente ató cabos de una manera muy cruda y veloz, tanto que incluso le pareció impropio de su personalidad.
Apretó más fuerte lo hombros de la navegante, cerró la puerta con un estiramiento de su pierna y la miró directo a los ojos, asustándola por la seriedad en sus ojos.
― ¿Qué hiciste? ― pregunto en un tono tosco y fuerte.
―…Luffy…
―Zoro no es de los que se enfadan por nada si no es con Sanji, si está molesto contigo es porque estás haciendo o hiciste algo peligroso, dime Nami. Y quiero la verdad.
La juguetona voz del Mugiwara ya no era nada divertida ni amable, por el contrario, era pura frialdad y serenidad. Cualquier mentira que le surgiera a Nami de la boca sería descubierta, no había forma de que no se percatará de ello. No cuando entraba en ese modo tan serio.
―Fui a ver a Trafalgar Law temprano… ― terminó por confesar.
El capitán soltó a la chica, procesando las palabras que le había dicho. Estaba molesto, no lo iba a negar. Pero más que molesto estaba triste.
Ya le había pedido explicaciones a su navegante la noche anterior, y ella le dijo que solo estaba conociendo a los otros piratas para sentirse en confianza, que no tenía nada más con los piratas corazón ni con su líder. Simple simpatía y compañerismo.
Intento de muchas maneras explicarle a Nami que Law podía no tener las mismas intenciones, le dijo que le miraba mucho y que no le agradaba para nada cuando decía cosas , que para sus oídos tenían un claro doble sentido. Menos aún, que le estuviera haciendo "regalitos" tan extraños.
Le señalo, con toda la inocencia y confusión propia de su primer enamoramiento, que no tenía sentido que le regalaran un abrigo para hombre a una chica tan a la moda como ella; y menos aún, cuando tenía el símbolo pirata de otra banda. La de cabellos naranja solo le sonrió y le dijo que no se preocupara, que no iba a dejarse tratar con tantas confianzas para no ponerlo incomodo.
O como le explico Robin mucho más tarde, que Nami intentaría no ponerlo celoso.
Claro que ninguno espero esa reacción desde el principio.
Y ahora, ella iba a hacer precisamente lo que le prohibió. Se había metido, de nuevo, en la nave del Trafalgar sola y sin decirle nada.
Se sentía herido y algo traicionado.
Supuso que su cara le había traicionado también, pues Nami le había tomado por el rostro con una expresión de preocupación total. No supo ni cómo fue que el termino sentado en el escritorio, con Nami algo agachada hacia él.
―Déjame explicarte…
¿Explicarle? ¿Qué quería explicarle? ¿Qué le importo un rábano su pedido y fue a hacer lo que se le daba la gana? ¿Eso iba a explicarle?
Era algo tonto y despistado, hasta él lo sabía. Pero no iba a dejarse mangonear por ella, no con un tema tan importante. La rabia ya comenzaba a hervirle por la piel, y ella seguía insistiendo en que le escuchase sin obtener respuesta.
Se quitó con cólera sus manos de su cara y se puso de pie, irritado por la desobediencia de su navegante. ¿Quería le ordenara como su capitán y no como su amigo? ¿Quería que le impusiera reglas para que las siguiera definitivamente? Él no era ese tipo de persona, nunca le gusto imponerse ante sus nakama, y mucho menos ante ella, que fue una esclava usada por muchos años.
Pero si con eso podía mantenerla alejada de Law… quizás valía la pena tratar.
Quizás sí… o mejor no.
No lo sabía, su mente ya había llegado al límite de su razonamiento. Tenía una encrucijada entre lo que quería hacer y lo que debía hacer.
Al final opto por una tercera opción, mucho más fácil de escoger pero difícil para expresar.
Iba a reclamar, iba a reclamar muchísimo a su navegante el porqué de su rebeldía.
Muchísimo.
―Te dije que no fueras. ― expresó molesto. ― ¡Te lo dije!
Nami se cohibió un poco, intimidada por la altura de Luffy. Aún estaba asombrada de que este le quitará las manos de manera tan brusca, sin ningún cuidado, y ahora le hablaba en ese tono tan fastidiado. Hacía apenas un rato que se quedo mirando al vació y no decía palabra.
―Sé que me lo dijiste pero…
― ¡Pero fuiste a hacer lo que te daba la gana! ― gritó el chico, comenzando a dar vueltas por la habitación para calmarse.
Se tomó del cabello, removiendo sus manos con desesperación en busca de una idea para lidiar con su liberal Nami. No quiso gritarle pero se le escapo de la boca, y agradecía que la furia fuera bajando gracias a eso.
― ¡No me grites!
― ¡Tú tampoco lo hagas!
― ¡Tú empezaste!
― ¡Y tú te fuiste sola a verlo! ¡Y no me dijiste! ― se quejó el pelinegro, deteniendo sus vueltas para enfrentarse de frente a la navegante, parándose frente a ella en la discusión.
― ¡Pensaba decírtelo! ― refutó. ― ¡Pero si me gritas y no me dejas explicarte no puedo hablar tranquila!
― ¡Siempre gritas! ¡¿Cuál es la diferencia?! ― exclamó hastiado, apretando los puños en señal de ira.
Odiaba cuando alguien le daba la contra, y menos si quién lo hacía era ella.
Por otro lado, Nami ya estaba llegando a un punto de ira. Luffy a veces podía portarse como un completo niño mimado, ¿Qué acaso no podía ser más maduro en ese tipo de conversaciones? Y venía encima a decirle que era una gritona.
Ya estaba, no podía aguantarle más gritos. Se ajusto el sombrero de paja sobre la cabeza, asegurándose de que no se cayera y le propino el golpe más fuerte que pudo justo en medio de su cráneo.
El chillido de dolor que dio el moreno resonó por todo el Sunny, trayendo la atención de todos los miembros de la banda. No era ni el desayuno, y el primer día de pareja que tenían ambos, y ya se estaban matando a golpes.
Ussop y Brook se asomaron por la única ventana que había, viendo por dentro a la navegante con el puño en alto y a su capitán sentado en el suelo, quejándose de dolor por el gigantesco chinchón en su cabeza. Sanji y Chopper estaban de pie a un lado, uno con expresión de gusto y otro de curiosidad. Franky venía riendo, diciendo que Nami era quien tenía los pantalones en esa relación, acompañado de una arqueóloga que encontró muy curioso el desenlace de la discusión.
Después de estar espiando ya esperaba que uno de los dos dijera cosas que no querían, gracias al cielo que ellos no eran para nada normales.
Zoro solo regresó a dormir en la cubierta, abriendo y cerrando el ojo tras ver a sus amigos curiosos rodear la habitación en la que se metieron Luffy y Nami. Agradecía que no fue él quien Nami golpeo, aunque podía esperar un golpe similar si volvía a retarla.
Los Mugiwara se mantuvieron cerca, esperando la continuación de la pelea "amorosa" de dos de sus miembros. Por dentro de la habitación, la situación se había tornado menos tensa.
―Ah… ― jadeó la chica, poniendo las manos en sus caderas en expresión de superioridad. ― Lo que tengo que hacer para que me dejes hablar. ¡Si te digo que me escuches, hazlo y luego quéjate!
Luffy levanto la cara, los ojos con pequeñas lagrimitas y una expresión de pequeño recién regañado. ¿No se suponía que el molesto era él y no ella? ¡Ella fue la que rompió las reglas, no él!
La navegante resoplo mucho más tranquila. Si no le golpeaba estaba segura de que su discusión se iría demasiado lejos.
―Fui a pedirle un favor por Chopper. ― explicó, en un tono más calmado.
Luffy la miró desde el suelo confundido.
―Cuando nos presentaste Chopper estaba muy emocionado por hablar con él, pero te la pasaste conversando tanto que nunca pudo acercarse. Me ofrecí a preguntarle si quizás podía enseñarle algunas cosas mientras seguía como nuestro aliado.
El pelinegro se sentó más calmado, con muchas dudas por la reciente explicación.
― ¿Por Chopper?
―Sí, por Chopper.
― ¿Enserio?― inquirio poco convencido.
―Que sí Luffy, puedes ir a preguntarle a Chopper si quieres.
El silencio pensativo de Luffy se vio interrumpido por la alegre voz de Chopper, quién reforzó la confianza de su capitán.
― ¡Es verdad, Luffy! ¡Gracias a Nami podre aprender muchas más cosas! ― exclamó contento, gritando desde afuera.
Ussop le dio un coscorrón por su torpeza. Se suponía que estaban encubierta, sin que ellos supieran que los andaban espiando. Nami resoplo profundo, había escuchado pasos cuando Luffy gritó, podía jurar que si salía se encontraría con todas las caras de sus amigos, escuchando atentos su conversación.
Vaya grupo de chismosos.
― ¿Solo fuiste por eso? ― preguntó Luffy, aún enfadado con ella. La chica le volteó a ver, se agachó hacia él y asintió.
―También a devolverle su abrigo, se que te molestaba así que se lo regrese. ― respondió con tranquilidad.
Luffy le siguió mirando, buscando algún resto de mentiras en las palabras de su querida nakama. Hasta donde veía, Nami no ocultaba nada.
― ¿Por qué fuiste sola? Pudiste pedirme que fuera contigo…
―Estabas durmiendo, ayer te quedaste despierto hasta muy tarde. Además apenas y hable con él, solo le pedí el favor por Chopper y me fui.
― ¿Y Zoro?
El espadachín volteó a ver hacia la habitación, sorprendido por la mención que hizo Luffy en la discusión. ¿Le había escuchado discutir con Nami? Ahora si tenía mucha curiosidad, pero su orgullo le ganaba, no quería ser catalogado como una cotorra por estar escuchando conversaciones ajenas. Él tenía una imagen que mantener.
La arqueóloga lo vio dudar y se animo a ayudarle. Con el uso de sus poderes hizo florecer una pequeña oreja al lado de Zoro, un altavoz privado con el cual podía mantener su imagen y escuchar él porque Luffy y Nami hablaban sobre él.
―Zoro es un imbécil. ― termino por deducir Nami, tras un incomodo silencio que puso a más de uno al borde de sus nervios.
El de cabellos verdes se hundió más en su sitio, con una expresión atónita por la definición que le dio la navegante. ¿No tenía otra cosa que decir? Él solo estaba siendo cuidadoso y ella venía a decir eso. Casi podía jurar que Sanji se moría de la risa, aunque su vista no se equivoco cuando lo vio tirado en el césped con una mano sobre el estomago, carcajeándose a más no poder.
Era hora de hacer picadillo al cocinero.
Preparó las espadas y se puso de pie, dispuesto a iniciar la quinta discusión en el día con el rubio de cejas raras. Lástima que Nami salió dando un portazo, encontrándose con todas las caras de sus compañeros, a excepción de la de Robin, quién ya había huido del lugar.
―Creo que ya oyeron suficiente. Sanji-kun, no va a ser pronto hora del almuerzo, te vendría bien una mano. ― comentó la chica, con falsa inocencia.
El cocinero dudo un segundo al no comprender el doble sentido de la chica, pero comprendió todo cuando Ussop y Chopper les fueron lanzados como sus nuevos ayudantes y tuvo que huir a la cocina, evadiendo el mal humor de la chica del East Blue. Brook se excusó diciendo que tenía una nueva melodía que componer, Franky dijo que tenía que ir a revisar el suministro de cola y… con eso solo quedaron Nami, Zoro y Luffy en la cubierta.
El espadachín estaba pasando en su mente miles de formas de escapar, pero ninguna le pareció lo suficientemente convincente como para ser aplicada. Escuchó los pasos de la fémina y alzó la mirada, encontrando el rostro sereno de ella mirándolo de frente.
― ¿Qué? ― musitó en un tono poco amigable.
―Se que también nos oíste, así que dejemos esta tontería y resolvamos esto. Ya le explique a Luffy porque fui al submarino, así que supongo que estarás más tranquilo. ― dijo, mirando de reojo la figura tranquila del Mugiwara a unos metros.
Zoro le sostuvo la mirada, sin estar totalmente convencido. Sí le había oído, fuerte y claro, y tenía mucho más sentido que las locas ideas que estuvo maquinando su cabeza y la de Robin juntas. No obstante, aunque tuviera sentido no quería decir que fuera totalmente cierto.
Robin le había comentado que Nami salió con el abrigo en rumbo a la nave muy temprano, y en efecto, salió poco tiempo después, solo que sin el abrigo. Por la respuesta de Chopper supuso que eso también era cierto, pero la sensación de que algo andaba mal no le dejaba en paz.
Volteó a ver a su capitán, que parecía bastante complacido con la explicación y sonreía con confianza. No le quedaba de otra, si Luffy le creía entonces lo que él fuera a pensar no tenía sentido. Si el capitán le creía, él tendría que asimilarlo también.
―Como tú digas.
Su respuesta fue la señal de paz entre ambos, Nami sonrió, tranquila de haber solucionado el encuentro que tuvo con el espadachín. Y eso de paso, le traería mucha más calma a Luffy.
―Bien, pero igual te añadiré 800,000 berries a tu deuda. ― comentó la chica, caminando de vuelta hacia el interior del barco, dejando por un momento a solas a ambos muchachos.
Luffy se carcajeo del aumento de la deuda y Zoro solo se pregunto mentalmente cuanto le debía a la bruja ahora. Ya había perdido de vista el saldo la primera vez que se puso a calcularlo, y ahora sentía que jamás sería capaz de pagárselo.
―Oi, Zoro― le llamó Luffy, riendo desde el centro de la proa.
― ¿Qué?
Luffy sonrió con más gracia, alegre porque su primer nakama volviera a esa actitud filosa y calmada suya.
―Gracias por preocuparte. A partir de ahora estaré más al pendiente de Nami, así que relájate.
Y dicho eso dejó de nuevo solo al espadachín. Quería decirle gracias de alguna forma, y espero que es resultara en la más sincera y directa. Se sentía feliz de que Zoro cuidara tan bien de sus compañeros, y que él tuviera la suerte de tenerlo como su amigo.
Zoro era una espada y un escudo. O al menos esa era la forma en la que le veía. Siempre mostrando una actitud y comportamiento tan filoso y letal como una espada, pero manteniendo siempre la dureza y la protección del más fuerte escudo.
Así era Zoro, y estaba agradecido de que él se tomara la molestia de cuidar también de la mujer que decidió convertir en su reina. Pero no podía dejarle ese trabajo, él era el futuro Rey y su deber principal era velar por quienes tenía cerca.
Y quién más cerca estaba era la reina.
Su futura Reina de los Piratas.
Corrió de vuelta a la nave, en busca de su navegante y de su tesoro. La encontró sentada en una de las sillas de playa que tenían guardadas, leyendo unas notas y analizando el ambiente. Aún bajo el agua las habilidades de navegación de la fémina seguían siendo perfectas.
― ¡Nami! ― le llamó, corriendo hacia ella.
Ella le volteó a ver, se puso de pie y dejó las cosas a un lado, recibiéndolo en un fuerte abrazo. Cuando Luffy llegó la alzó con facilidad, manteniendo sus brazos alrededor de su cintura y sintiendo la cálida risa de la navegante en su cuello. Se sentía feliz de solucionar las cosas con ella, y aun más feliz de que todos esos feos y "raros" sentimientos desaparecieran en cuanto ella le explico lo que ocurría.
La bajo despacio, luego de varias vueltas y una que otra burla de la chica diciendo que estaba demasiado alegre.
Se rió al verla toda sonrojada y riendo al igual que él. Sí, se sentía muy feliz.
―Nami. ― le llamó, tomando las manos de la chica entre las suyas. ― Ya no estoy molesto contigo. ― aclaró con una sonrisa.
―No lo hubieras estado si me hubieras escuchado desde el principio, idiota. ― se burló ella, conteniendo el sonrojo que amenazaba con poseer todo su rostro. ― Pero ya olvídalo, no ha pasado nada y para la próxima me escuchas antes de gritar.
El capitán asintió, acercándose un poco más hacia ella.
―Solo si tú prometes decirme siempre a dónde vas.
La condición fue bastante justa, ella asintió con una sonrisa y contuvo el aliento cuando el pirata depositó un rápido beso en sus labios.
A veces Luffy podía resultar demasiado tierno y grandioso a su manera.
― ¿Alguna otra noticia? ― pregunto el capitán, sin despegar su frente de la de su navegante.
Nami sonrió aún más. ― Llegaremos a una isla mañana por la tarde, capitán.
Luffy grito emocionado, dándole más vueltas a Nami por el aire. Y comenzó a hacer planes del montón de cosas que podían hacer juntos. Nami no le detuvo, escuchando sobre los miles de juegos que se le estaban ocurriendo, quería decirle si podían hacer algo mucho más romántico, pero al ver la gran emoción por la nieve en él, se quedo callada.
Luffy era Luffy, y le gustaba demasiado jugar y divertirse a lo grande.
―Sabes, Nami. Estoy muy feliz. Muy, muy feliz. ― comentó el chico, ya un poco más calmado.
La navegante volteó a ver a su pareja, quién la abrazaba por detrás, ambos sentados en la cubierta, mirando los diferentes peces y criaturas que pasaban por los lados del barco.
― ¿Por qué?
El chico sonrió, contento por la pregunta. ― Porque tengo a la reina más grandiosa de todas.
Primero que nada... ¡Te odio Internet! ¡Borraste todo mi super comentario!
Ahora si mi comentario, reescrito de lo que me acuerdo. xD Quiero agradecer a todos aquellos y aquellas que dejaron tan geniales comentarios, y sí, este trabajo si era un One Shot pero he decidido alargarlo. No unos cuantos capitulos, me espero algo mucho más largito :). Las ideas llegan rapido con tan positivos ánimos.
Esta historia tendrá para rato, y ojala les siga gustando. Acepto criticas constructivas, e ideas o sugerencias :). Veremos que les espera a estos piratas no solo en el romance, sino en la aventura. ¡ Prepárense para un fic a lo Lonely Athena! ¡Lleno de misterios! :3
¡Cuidense montones y no olviden... DEJEN REVIEW XD!
