Continuando con la historia, les recuerdo que los personajes no son míos, únicamente la historia.
¡A leer!
-Namba64
Abrió sus ojos, reconocidos por muchos, como los témpanos de hielo marca Malfoy.
Se levantó temprano utilizando el artefacto muggle que Pansy le había regalado. Como si el sueño aún le tuviera por las piernas, camino con pereza hacia la ventana para respirar el aire puro que luego contaminaría con su cigarrillo cotidiano. El ardor de su garganta y el hecho de saber quién era y dónde estaba siempre lo hacían despertar por completo.
Tiró su cigarrillo a una planta que Hermione le había dado. Su madre detestaba que tuviera ese hábito, pero no podía hacer nada.
Ya era un adulto hecho y derecho.
Como todas las mañanas, inclusive en las que se despertaba en otra cama y con otra persona a su lado, iba al baño, se acicalaba y luego se vestía elegantemente como siempre. Dio un último vistazo a su reflejo y se marchó. Ellie su elfa, le tenía preparado un delicioso desayuno, del que solo probo su café y una que otra tostada, acompañándolo de la sección de economía y política.
Interrumpiendo su rutina, el celular sonó.
- ¿Te gustó tu regalo?
-Hermione, son las seis de la mañana. Por Merlín, deja de ser tan entrometida a estas horas.
El sonido indistinto de un puchero, hizo que resoplara de fastidio antes de levantarse con el periódico en mano. Salió de su pequeña mansión, más cercana a la ciudad de Londres mágica que la misma Malfoy manor donde vivía su madre. Utilizó su auto deportivo, modificado mágicamente por los concesionarios mágicos, y escuchó a la parlanchina de Granger, ahora Hermione.
-No sé si Gleather aceptará su regalo. Es como tú, una sangre pura millonario y bastante exigente. La verdad no lo sé. ¿Qué le vas a dar tú?
-Una faja de puros rusos. Son sus favoritos desde los quince.
-Ves- Le señaló con un tono chillón. El rubio negó nuevamente, volteando por una carretera antes de llegar al innovador y reconstruido ministerio de magia. Se alzaba blanco, majestuoso y lleno de funcionarios aún corruptos e ineficientes, de los que él se encargaba en ocasiones. Parqueo en su lugar favorito, ignorando miradas de odio y de asco hasta llegar al ascensor, con el celular en su mano todo el tiempo.
Pulsó el botón número 502, y sintió el tiesto en movimiento.
-No me convencerás Hermione, si no sabes qué regalarle, es tu culpa por no conocerlo bien. Aunque ¿Qué puedo esperar de ti Hermione? Escasamente sales de la biblioteca del ministerio para ir a tu oficina. Nunca cambiarás- Suspiró.
Sabía que sus palabras no le llegarían.
Alejó el celular de su oído para saludar y despedir a los compañeros que subían también. Algunos le habían ignorado desde el primer día que había pisado la estructura, otros como Mickels de contaduría especial, o Runia de leyes básicas comenzaron a hablarle inmediatamente, con evidente curiosidad por conocer al ahora, enemigo del mundo mágico rebajado a trabajador del ministerio.
- Es Hermione intentando convencerte de algo ¿cierto? -Interrogó Runia. El otro asintió.
-Aunque en esta ocasión es una buena idea, deberías reconocérselo.
-Pues que lo haga ella- Le espetó al moreno, quien se encogió de hombros antes de despedirse con su mirada lasciva de siempre. Un breve encuentro en un evento, una mamada fantástica y una paja conjunta incómoda era el recuerdo que tenía del tipo.
- ¿Estabas hablando con Mickels? - Le interrogó la mujer en tono sospechoso, apenas al dar un paso en su piso. Como no, había llegado antes que él, y ahora le tenía un café de soya, bajo en grasa y con un delicioso aroma a fruta.
Se estaba exasperando.
- ¿Puedo colgar esta cosa ahora?
Pasaron a la oficina y los malos modales de la gryffindor hicieron presencia cuando sentó sin invitación en las sillas que estaban frente a su imponente escritorio. - ¿Entonces no te gustó?
Cansado, dejó el periódico de lado. Le miro entrecerrando los ojos: Ella le dedicó una sonrisa adorable. Dejó caer sus hombros y negó. – Es práctico.
-Pero te gustó más el regalo de Blaise. ¡Lo sabía!
Intentando terminar esa charla lo más rápido posible, rebuscó en la paciencia que había adquirido desde el primer día que supo que su compañera de piso era la mente del trío de héroes. La miró hablar hasta por los codos, recordando su primera impresión, aumentando así su paciencia.
Caminó nervioso por el piso delegado al servicio de leyes. Había recibido miradas desagradables, pero aquello no era nuevo. Desde que terminaran los juicios a sus dieciocho años le habían mirado así, de hecho, puede que desde antes, cuando lo atendieron en san mungo. En la universidad las cosas no habían cambiado, aunque lo único bueno era que se había podido concentrar en sus estudios, logrando ser el mejor estudiante de su generación con su especialidad, porque frente a él, con un vestido formal de los años cincuenta, se encontraba la otra mejor estudiante de su generación especializada en litigio.
Esperó encontrar de todo en esa mirada. Estaba reunida con otros de sus futuros compañeros que no le dedicaron ni siquiera una mueca. La indiferencia también le había tocado muchas veces, no le importaba, pero era difícil cuando se trataba de un profesor en una materia importante.
Pero ella le miró e inmediatamente se acercó a él. Se puso a la defensiva, preparado para lanzar comentarios sarcásticos e hirientes así fuera a un héroe del mundo mágico. – Tu tesis sobre la necesidad de entender la cultura de las especies antes de defenderlas en el Wizengamot me pareció increíble. Me alegra mucho que hubieras obtenido el reconocimiento debido, fue magistral.
Eso fue cinco años atrás, cuando tenía veintitrés años recién cumplidos. – El caso de McMoller necesita que estés en tu oficina Hermione.
Ella le miró con enojo. – Nos vemos en el almuerzo.
-Salgo con Blaise- espetó divertido. Ella se giró molesta, y se fue levantando el mentón.
Si creyó que había ganado, se había equivocado.
Por todo el ministerio cayó el rumor de que la castaña lo perseguía todas las mañanas y tardes antes de salir del trabajo. Pese a que había adquirido paciencia cada año cada vez que pasaba con ella, su malgenio fue notable para su amigo.
-Quizá deberías aceptar su propuesta. Eres bastante bueno con las encuestas de opinión. ¿Recuerdas la del año pasado?
Frunció el ceño, intentando concentrarse en el caso frente a él. Era de un duende que estaba enojado porque no lo dejaban trabajar en otro lugar que no fuera el banco de duendes. Era bastante difícil porque era un hombre ya mayor, que se había cansado de trabajar en el banco, y eso era algo en su contra. Más viejo, más posibles enfermedades, más posibilidades de morir ante cualquier situación era igual a mala imagen de alguna empresa. Era un señor trabajador, como todos los duendes.
- ¿Qué te pareció Defgook? No parecía un duende común y corriente.
El otro aceptó el cambio de tema, y se reclinó lo más vulgarmente posible en el mueble de la oficina de su amigo. Si solo la señora Malfoy lo viera. – Tienes razón. ¿Qué duende no querría trabajar en Gringotts? Es decir ¡pueden tratarnos mal todo lo que quieran! Además, no fue tan grosero.
-Pediré otra cita, hay algo extraño en ese duende y necesito saber qué es. Además, lo echaron de ese banco.
- ¿Crees que es algo jugoso? -Cuestionó el otro sin interés.
-No lo sé. Y deja de ser tan holgazán Nott, ve a tu propia oficina.
-No quiero- Expresó luego de un bostezo, procedido después de un resoplido, señal inequívoca de que estaba dormido. Negó nuevamente, y se recostó en su cómoda silla. Con su dedo en su mentón repasó nuevamente el caso. Dado que ganaba muy bien con algunos casos de sangre pura, amigos suyos y de su padre, no tenía problema en atender a los que no pudieran pagar sus honorarios. Además, se recordó, eran pocos los valientes que le pedían su ayuda.
El pasado de mortifago era su carta de presentación para todo. Antes de dejar que ese pensamiento dañara su estado de ánimo se comunicó con su secretaria.
-Sarita- Mujer latina, regordeta y cariñosa, que se había enamorado de un frío y alto británico con el que tenía seis hijos en la actualidad. – Tráeme café y un pastel para Nott.
- ¿De chocolate?
-No.- Aseguró divertido, mirando el teléfono por el que le hablaba. – Nott no está embarazado, así que no tiene esos antojos.
- ¡Señor Malfoy! - Exclamó risueña, y pudo escucharlo desde afuera de su oficina.
-Encárgate de traerle uno de esos azules, y uno de chocolate para ti.
- ¿Ya le había dicho que es el mejor jefe?
-Demasiado a menudo para mi gusto . También llama al duende Defgook para otra cita, que sea para el lunes a las dos.
- ¡Pero es muy temprano! Usted llega usualmente tarde después de almorzar.
El otro levantó la ceja ante aquello. No lo había notado. -Es momento de cambiar.
-Y así la señorita Granger no lo molesta con el asunto de las encuestas. ¡Lo tengo! - Anotó.
-Creo que hubieras sido Slytherin si hubieras ido a Hogwarts Sarita.
Unos minutos después de colgar, la mujer le trajo lo que había pedido.
-Qué lástima que no fui a Hogwarts. Aunque mi esposo dice que eran terribles los de esa casa que usted menciona- Comentó risueña, sin notar la tensión en el rostro de su jefe. – Pero siempre le digo que es imposible, el señor Blaise, y el señor Theo, así como usted, son de esa casa ¿cierto? Entonces le digo lo queridos que son conmigo. Inclusive la señorita Pansy.
La tensión se diluyó en medio segundo luego de ese comentario. – Esa mujer…- Masculló antes de que le diera dolor de cabeza. -Debe estar comprándote ropa para el bebé, estoy seguro. Cuando llegue de Grecia, dime con antelación para cancelar la tarde.
-Muy bien- Contestó risueña. Ella y Pansy eran dos pintas que no quería ver juntas. Eran demasiado entrometidas en su vida, especialmente en la amorosa.
Continuó trabajando esa tarde, ignorando que, en otra oficina cerca suyo, cierta castaña planeaba el ataque final. Dejo a un lado el caso para el cual ya tenía la investigación hecha gracias a la biblioteca del ministerio. En unos días sería el juicio, así que tenía poco trabajo para ese día. -Ya te lo dije Pansy, necesito tu ayuda.
-Pero ¡Draquito se va a enojar conmigo! - Comentó con voz superficial al otro lado del teléfono. A Hermione le exasperaba que hablara así.
-Pero ¡es necesario! No puedo olvidar la cara de Roger cuando le di ese pastel. ¡No tenía idea de que odiara los pasteles! Aunque no sé por qué alguien odiaría los pasteles.
-Es tu culpa cariño, no la de Draco.
-Lo sé, lo sé- Musitó, intentando calmarse, tenía reunión en una hora. -Conseguiré que Dean esté en el evento que planea mi jefe ¿Cuento contigo Pansy?
-También para arreglarte ese desaliñado cabello cariño. Te veré en unos días.
La abogada bufó ante lo último, pero sonrió maquiavélica porque su plan iba a resultar. Era una tontería para algunos, pero no para ella. No era tonta, todavía escuchaba los insultos y retahílas que soltaban en voz baja cuando su amigo pasaba, y Draco Malfoy ya no era el muchachito influenciado que fue a sus quince años. Ahora era todo un hombre, que nunca le negaba nada, a excepción de su última petición, era generoso, amable en lo que cabía, cariñoso con su secretaria, y auxiliador con los casos más difíciles y perdidos.
Draco era demasiado, y ella se los haría ver.
-Toc Toc. ¿Se puede pasar? - Habló su mejor amigo desde la puerta abierta. Hermione le sonrió y se levantó para abrazarlo como una mamá que no ve a su hijo en años. Aunque era cierto en parte; Harry había viajado a África y había pasado mucho tiempo por fuera.
Tuvo que agacharse un poco para darle un beso en la coronilla. - ¿Cómo sigue mi abogada favorita?
Ella murmuró sobre su pecho. No se le entendía nada.
- ¿Ha pasado algo?
Lentamente se soltaron, y ella le invitó a sentarse, claramente en las sillas y no en la mesa, donde terminó sentándose. -Es solo que he estado pensando desde hace unos meses en un plan, y mi cabeza está a reventar por eso.
El otro levantó las cejas con cierta sospecha. Luego negó incómodo.
- ¿Quién es el blanco esta vez?
-No me mires así Harry, no es nada malo, lo prometo.
-Lavender Brown no diría lo mismo. – Comentó como quien no quiere la cosa. Su amiga le miró mal antes de recostarse contra su sofá, parecido al de Draco porque era extremadamente cómodo. Aunque el del hombre era mucho más cómodo, y no sabía por qué.
-Lo de ella fue un desquite. Pero esta vez no pienso lo mismo. -Suspiró. – Si te contara. ¿Recuerdas lo de Rogers?
- ¿El tipo por el que te sentiste mal todo un mes? - Cuestionó con deje de agotamiento. La miró asentir y negó nuevamente. Semanas consolando a su amiga porque su regalo había causado que su compañero de trabajo se sintiera mal en su cumpleaños, lo había dejado con una mala impresión del tal Rogers. ¿Era tan malo que ella no supiera de aquello? -Herms...
-No, no es eso. -Esclareció, antes que nada. – Lo que sucede es que pudo haberse prevenido ¿Me entiendes? Pude haber sabido desde el principio que no le gustaba, y en ese caso haberle dado otro regalo. - Comentó entusiasta.
Le miró con sospecha de nuevo. –¿Qué estás planeando?
-Deja de mirarme así Harry James Potter- Le regañó sentándose derecha. El otro levantó las manos en señal de tregua y siguió sentado en su escritorio, encima de sus casos más importantes, como siempre. – Es solo que planeo matar dos pájaros de un solo tiro.
- ¿Ah sí? ¿A quién vas a matar? - Le miro con interés, y luego añadió. - ¿Tengo que estar presente como auror?
La mujer rio y luego negó.
Estaba emocionada, y Harry agradeció que así fuera. -Ya verás, ya verás.
- ¿No me vas a contar?
-No después de esa mirada. Auror Potter nos vemos esta noche en el caldero chorreante. Ahora veté- Lo sacó con movimientos de mano. – Debo trabajar.
-Eres malvada, mujer.
- ¿Quién es malvada, Potter?
Cuando el auror volteó hacia esa, un poco, afeminada voz, supo de quien se trataba. Theodore Nott seguía igual que siempre, alto, atractivo y delgado. Se mostró erguido para demostrarle que no quería que el otro se le tirara encima. Quizá si no fuera un hombre tan libertino, atado a fiestas y a su parecer, superficial, se lo habría llevado a la cama.
- ¿No deberías estar en la sección de Economía Nott? Este no es tu piso.
El otro le miró encantador, para que negarlo, y se le acercó como un depredador. Sarita miraba para el otro lado, la muy traidora. -Estaba visitando a Draco. Pareces tensionado- Le dijo en voz baja, tocando sus musculosos brazos. Harry se sintió en extremo incómodo, pero las palabras del otro le interesaron. -Puedo ayudarte a relajarte, ya sabes.
- ¿Cómo a Malfoy? - Declaró irónico.
En los ojos azules de Theodore Nott brilló la astucia. -Draco tiene gustos muy particulares, así que no, no como a él.
El otro alzó ambas cejas. Esa era información especial. Intentó ponerse en modo auror-interrogador pero Slytherin se alejó, preguntándose por qué nunca lo había notado. Antes de que el otro dijera algo, se despidió en un tono sugestivo. -Nos vemos esta noche Potter.
- ¿Qué? – El Slytherin le dejó con la pregunta en el aire.
Un poco molesto por ello, caminó por el piso saludando a todos los que salían justo en ese momento para saludarlo. Ya estaba acostumbrado a que fuera así por donde quiera que pasara, así que tuvo que despedirse con un afán que no tenía, porque le disgustaba que todos se reunieran a su lado siempre.
Pero entonces una masculina y seductora voz lo detuvo y le hizo devolverse.
Merlín, que había soñado con el portador de esa voz en los peores días de su misión. Había atesorado ese rostro inexpresivo y distante; codiciado ese cuerpo perfecto, que posaba lujurioso y exigente en sus fantasías; deseado borrar la distancia que siempre los separaba.
Y ahí estaba.
-Sarita llama a Bladpoint, dile que su juicio es el martes a las siete, que espero verlo a las cinco en mi despacho para discutir algunas cosas con él.
- ¿Se comió su ensalada de frutas? -La fulminó con la mirada. Había pedido un café.
Antes de entrar nuevamente a su oficina, donde millones de casos le esperaban, notó a alguien acercársele. Levantó la mirada para saludar, y se quedó con las palabras en la boca al ver al héroe del mundo mágico saludarlo con una sonrisa bastante agradable.
Ni qué decir del resto de su atlético y atractivo cuerpo.
- ¿Qué hay Malfoy? Hola Sarita, estás hermosa hoy- Le saludó coqueto, pasándole por el lado, para acariciar la tierna barriga de la mujer. Dialogaron un poco entre ellos, y el abogado notó que sus demás compañeros miraban hacia su lugar. Algunos ya no con el mismo desagrado que en su primer día, pero si con desconfianza.
Respiro profundamente, sin querer pensar en el roce que tuvo el hombro de Potter contra su mismo hombro cuando dio la vuelta.
-Malfoy- Le llamó, aun acariciando el vientre. - ¿Por qué Nott dijo que nos veríamos hoy?
Dejando sus nervios atrás, el rubio suspiró.
– Porque Hermione nos invitó al caldero chorreante.
- ¿A todos? - Cuestionó esta vez, mirándolo con sus asombrosos e intensos ojos verdes. El rubio asintió, queriendo demostrarle seguridad y la misma confianza que el otro tenía, respondió aunque fuera imposible.
-Y…- Cuestionó, acercándose a él ahora que Sarita contestaba unas llamadas. Sus pasos eran lentos, pero Malfoy sentía que era como un depredador llegando a su presa. Alto, inclusive más que él, fornido y trigueño, con una mirada que debía denominar casi sexual. Definitivamente, pensó, estaba perdido. - ¿Tú también vas?
Los demás todavía seguían viéndolos.
De seguro esperaban algún comportamiento agresivo de parte de ambos. Él como representante de todo lo malo y Potter, claramente, como un representante altamente atractivo, de todo lo bueno.
- ¿Tienes algún problema con eso, Potter?
Algunas mujeres abrieron la boca soltando un jadeo. ¿Quién le hablaba así al héroe del mundo mágico? ¡Si por él todos seguían vivos!
Pero Potter no lo miraba mal como algunos lo hacían, no le respondía grosero, ni intentaba hacerle sentir inferior. Y por eso lo ponía nervioso. Porque le hombre erguido frente a él lo miraba muy diferente a los demás, no era aprecio, ni cariño, ni odio.
Era demasiado fuerte, demasiado potente.
Demasiado honesta.
-A menos que vaya Nott, no habría ningún problema. – Contestó algo tímido.
Draco sentía que su corazón le iba a fallar. Ese grandulón podía verse como un manso perrito en menos de un segundo.
Cansado de seguir con el show, se volteó para entrar a su oficina. Antes de hacerlo le dijo a su secretaria que recordara al restaurante la cena que tenía con Zac Hughson en la noche, y se despidió de Harry diciéndole un
– Nos vemos en la noche, Potter.
Nadie lo vio.
Ni siquiera la hormonal de Sarita. Pero aquellas palabras le envolvieron en un estado de excitación en el que mantenía siempre que veía al rubio. Aunque el aludido sintió que alguien le miraba al trasero, se dijo que eran imaginaciones suyas.
- ¿Supongo que no te veré esta noche Sarita?
-No, cariño, no.- Negó la mujer, volviendo a su computador como posesa. – Si mi querido Erick no es capaz de comer solo, mucho menos con mis niños.
- ¿Frank ya entró a Hogwarts?
-A Hufflepuff. Estoy tan contenta. – Confesó. Luego de dialogar con la mujer, el auror se despidió y bajó finalmente para salir del ministerio con una sonrisa gatural en sus labios.
Una buena semana: podría ver más tiempo a Malfoy. Podía detallarlo, inclusive esperar una conversación vacía esperando contenerse para no lanzársele encima y gritarle que le dejara tomarlo encima de algún lugar.
- ¿Y esa sonrisa? -Le cuestionó su mejor amigo cuando llegó a su oficina. Como no, estaba comiéndose una rosquilla.
- ¿Qué pasó con la mansión embrujada? ¿Eran elementos malignos?
El otro asintió, pasándole los papeles que confirmaban el examen hecho por el área de asuntos intranaturales. Lo sabía, esa mañana cuando fue a visitar la casa lo sintió de inmediato. Sus profesores en la academia nunca supieron por qué le pasaba ello, e inclusive algunos creían que sus altas notas se debían a que era el elegido. Pero no habría llegado a ser jefe de su propio escuadrón si no tuviera el talento mágico, el pensamiento y análisis necesario; y más importante, no lo sería si sus jefes no creyeran en él.
-Prepara a los chicos. Solo vamos Isaac, Oliver, Seamus y Dean. Los demás que atiendan el caso de las posesiones elficas en el norte. Recuerda que debemos batir al escuadrón de Rodríguez.
-Listo jefe- Dijo, para después aparecer con los mencionados.
El moreno se puso su túnica oscura antes de abandonar el lugar. Llegaron y notaron nuevamente el aire tenso. Podía deberse a cualquier situación, pero él podía notar, ahora gracias a los exámenes que, en efecto, los elementos malignos debían ser bastante viejos, y debían haberse activado pocos días atrás para que la tensión llegará hasta sus principales órganos.
-Oliver, realiza los hechizos de reconocimiento. Isaac, refuerza el parámetro, no queremos que ningún Muggle pase por aquí. Dean, conjura los hechizos de protección, no quiero a nadie herido- Estableció autoritario y los demás asintieron. Ron y él se encargarían de entrar primero.
Diez minutos después, todos siguieron cada orden de su capitán de escuadrón. Había sido un verdadero honor ser escogidos por él mismo, y en cada misión lo demostraban.
-Tenemos que terminar temprano muchachos, hoy vamos al caldero chorreante.
- ¿Va a ir Hermione?
-Si Ron, claro que va a ir.
Los demás llenaron de murmullos y risas la casa, hasta que un sonido los hizo ponerse serios.
-El que termine de último hace el papeleo.
Los demás gimieron.
No le podían decir que no era un buen líder que incentivaba su escuadrón.
Horas después, en una oficina elegante y masculina, el rubio terminaba de arreglarse para salir con su cliente. Zack era un hombre de unos cuarenta años, atractivo, bastante masculino y con una voz de infarto.
Le aseguró por enésima vez a Hermione que se verían en el caldero chorreante a las once, y partió antes de que se le hiciera tarde. El lujoso restaurante al que le había invitado el vigoroso hombre, solo le revelaba lo detallista que podía ser.
Lo vio esperarlo con una mirada hambrienta, y sintió hambre también. Haber visto a la representación de lo masculino esa tarde había hecho que sus pantalones se vieran demasiado pequeños a lo largo de la jornada, ahora aprovecharía un polvo fantástico.
- ¿Cómo estás, ángel?
-Me apena que me consideres un ángel Zack. – Le recriminó en un tono juguetón. Se sentó frente a él, admirando el fino corte de su traje. Se sintió admirado nuevamente. -Espero que no te haya molestado el que haya pedido por ti, ¿Pavo a la naranja y papás a la carbonara?
Más que sentirse ofendido, se sintió halagado. - ¿Y un buen postre para rematar?
-De eso me encargo yo.
Contuvo un gemido. Hablaron de muchas cosas, pues Zac era un hombre culto, divertido y sagaz. Le gustaba lo atractivo que era, lo fuerte y audaz que era con él.
- ¿Tienes algo temprano que hacer mañana?
-En realidad- Le comentó, con tono precavido. Lo único difícil de su interlocutor, era lo posesivo que se volvía una vez se reunían. – Tengo que ir a una reunión con unos colegas a las once.
- ¿Y dónde?
-En el peor sitio que podrías creer.
El otro hizo como si pensara, pero una sonrisa le delató. - ¿El caldero chorreante? Tus colegas no pueden ser menos burdos.
-Lo sé.
Entonces- Musitó decidido. - ¿Qué hacemos perdiendo el tiempo?
El otro hizo un gesto apreciativo, y el hombre mayor se encargó de pagar la cuenta. Se desaparecieron juntos en la grandiosa mansión de uno de los empresarios más ricos del mundo.
-Quítate todo y espérame en la cama.
Fue lo único que le dijo el otro antes de alejarse para ir por sus juguetes. El más joven se mordió los labios y obedeció.
Esperaba tener energías para soportar a Potter esa noche, después de lo que le hicieran a él.
Eso es todo por ahora.
La verdad no tengo mucho que decir. Debería ser más creativa para estas notas finales, veo muchos autores que siempre comentan algo. En fin, seguiré con la temática que me gusta. Comenten y diganme qué les ha parecido y de dónde son, siempre me gusta saber de dónde leen.
