2- El almacén numero seis y la factoría de asesinos.

Ken corría en sus sueños, pero no alcanzaba a la joven de cabellos violáceos y ojos café, ella reía y lo llamaba, sin embargo él no podía ni rozarla.

- ¡Yolei! – la llamó despertando con la frente perlada por un sudor frío, las entrañas se le revolvieron y la buscó entre sus sabanas, buscó su aroma, sus ojos y el tacto de su pelo y su piel. - ¿Por qué te me has escapado de entre los dedos? – le preguntó a la luna mirándola desde su ventana, parpadeó y tras sus parpados se dibujó el rostro de la risueña Yolei.

El ruido de pasos y la luz de la cocina se encendieron, pero Ichijouji ignoró los pasos vehementes de la mujer apenada que caminaba arrastrando sus pies hacia la cocina. Un nuevo ruido, el de un cajón abriéndose extrañó al joven de pelo oscuro pero no salió de su ensimismamiento, por último un ruido seco retumbó por toda la casa alarmando al chico.

- Megumi – susurró corriendo hacia la cocina de su piso y el de T.K, allí encontró a la hermana de su difunta novia tirada en el suelo blanca como la nieve recién caída con dos cortes en las muñecas y a su lado el cuchillo cebollero. – No te vallas, tú también no. – le suplicó intentando frenar la hemorragia. - ¡Takeru, Hikari! – llamó a su compañero de piso y a la novia de este.

- Déjame morir, Ken. – le pidió la chica mientras T.K entraba asustado en la cocina y detrás suyo su novia, los cuales al ver la escena cogieron las llaves del coche y Kari se quedó junto a Ken intentando ayudarles. – Sin Tai no merece la pena que siga con vida – le dijo con voz débil y Kari rompió a llorar. – Quiero ir con ellos; con él, con Yolei y con los demás. – Ken frenó por fin la hemorragia y la agarró en brazos para bajarla al coche, la llevaron al hospital.

En un almacén abandonado junto al puerto; en el almacén número seis hay veintiséis chicas la más joven de catorce años y la más mayor de veinte, todas despiertan ahora con un único recuerdo, su nombre.

- Soy "la Rosa de Odaiba" y hace diez años fundé una asociación con el mejor asesino de Tokio "el Lobo de Sibuya" – las chicas desconcertadas y en posición de firmes estaban descalzas vestidas con una tunica de seda blanca apoyadas contra la pared del fondo del almacén. – Solo las mejores de vosotras sobreviviréis, cada una habéis sido escogidas por mí personalmente por vuestras habilidades o simplemente por vuestro potencial. – algunas de las chicas sobre todo las mas jóvenes sentían un profundo temor hacia la mujer de pelo blanco y mirada grisácea. – Vuestros nombres empiezan con cada una de las letras del abecedario, vuestro entrenamiento durará dos semanas, solo las más fuertes vivirán; las demás moriréis y dejareis un hueco en la tierra. – las jóvenes mujeres se comenzaban a aterrorizar pero una de ellas se adelantó a las demás. - ¿Quién eres que osas interrumpirme? – preguntó sonriente la vieja, al descubrir que se trataba de uno de sus diamantes en bruto.

- Soy Sora y deseo saber cuales son nuestras normas y en que consistirá nuestras vidas una vez sobrevivamos al entrenamiento. – preguntó la pelirroja con cara impasible y seria. - ¿Cuál será nuestro entrenamiento? – la mujer sonrió y se acercó a la joven.

- Tengo muchas esperanzas en ti, Takenouchi. – La joven sintió una punzada en el pecho al escuchar aquel apellido. – ese es tu apellido y eres privilegiada al saberlo, ninguna de tus compañeras lo sabe. – le susurró y la joven abrió mucho los ojos sorprendida. – Vuestro entrenamiento consistirá en unas pruebas de velocidad, destreza con las armas y sobretodo camuflaje. – las chicas del fondo comenzaron a murmurar. – Las normas son sencillas: no dejéis nunca que vean vuestro verdadero rostro, cumplid siempre las misiones y acabad con los Sibuya Boys. – las chicas murmuraron de nuevo al escuchar ese nombre extraño.

En la factoría un panorama parecido se presentaba allí, chicos sin memoria, un hombre viejo que les explica su destino pero en este caso dos lideres preguntan.

- Soy Yamatto, Matt. – dijo el rubio alzando la voz y adelantándose un paso. – Quiero saber ¿Quiénes son esas Odaiba Women? – preguntó recibiendo las miradas de muchos de los chicos.

- Yo me llamo Taichi, Tai. – se corrigió adelantándose también un paso y mirando directamente al viejo a los ojos. - ¿Se nos tratará como a esclavos o se nos dará la libertad suficiente como para salir de aquí cuando queramos? – el hombre se acercó al castaño y le pasó el brazo por los hombros en un gesto muy paternal llevándolo junto al rubio.

- Seréis los líderes de los que sobrevivan, porque estoy seguro de que pasareis el entrenamiento y las misiones. – los chicos se miraron reticentes a tener que compartir el liderazgo del grupo, pero sonrieron y se dieron la mano en señal de aprobación. – sois dos lobos entre un millar de corderos, pero no debéis devorarlos si no que tenéis el deber de enseñarles a ser lobos fieros y sin ningún miedo. – los chicos asintieron y volvieron a sus puestos. – lobeznos míos, debéis crecer y dejaros guiar. – el hombre calló al ver a uno de los más jóvenes recoger el arma que la muchacha que estaba junto a él le entregaba. – Tu nombre.

- Soy Codi. – dijo mirando al suelo. – No quiero esta espada. – rechazó el arma arrojándola a los pies del viejo, el cual rió. – No rías, no voy a luchar en una causa que no es la mía. – el viejo señaló a un chico uno o dos años mas joven que Codi y este se acercó a él temeroso, lleno de respeto hacia el viejo.

- ¿Confías en mi? – preguntó el viejo al niño el cual estaba de frente a Codi y lo miraba nervioso. - ¡Contesta! – gritó el hombre enfurecido. – Ten el arma que Codi a rechazado y defiéndete. – el chico con movimientos torpes esquivaba el arma que el viejo tenía guardada, al final el joven quedó desarmado en el suelo con la espada del hombre junto a su garganta. – No eres digno de ser un Sibuya Boy. – dictaminó cortándole el cuello a los pies de Codi.

- ¡No! – gritó Codi cogiendo la espada del chico y arremetiendo magistralmente contra el hombre. – ¡Maldito, bastardo! – gritó desarmándolo. - ¡Solo era un crío! – el hombre quedó junto al cuerpo del niño en la misma situación que él había estado contra el viejo. – Dime porque no debería matarte. – le pidió con una mirada fría impropia de esos ojos color oliva. - ¡contesta! – le gritó fuera de si, Matt estaba a punto de entrar en escena, pero el viejo le hizo un gesto y este permaneció quieto.

- Porque he conseguido que luches. – le contestó el viejo recibiendo un corte profundo en su pierna izquierda. – Muchacho eres un Sibuya Boy, uno autentico. – dijo frenando la hemorragia de la herida con su mano. – ahora vosotros entrenad y pasad las pruebas. – ordenó el viejo cojeando y junto a él una joven de cabellos dorados. – No, Lola tú serás la cuidadora de estos jóvenes y algún día volveréis a verme. – La joven se fue junto a Tai el cual no la había mirado en lo que había estado despierto, no como el resto de chicos. – Yamatto, ven. – le pidió al rubio el cual estaba a punto de matar al joven contra el que estaba entrenando con la espada. – Te voy a dar un dato que sé que solo la líder de las Odaiba Women posee, tu apellido. – Matt no comprendía porque si acababa de decir que compartiría el liderazgo con Tai al castaño no le decía su apellido. – A Tai no puedo dárselo por su propia seguridad y por la nuestra, no debe descubrir nunca quien era. – le aclaró el hombre con cara de temor. – Yamatto Ishida, tu principal misión es vigilar a Taichi y evitar a toda costa que recuerde. – Matt sintió una leve punzada en la cabeza al escuchar su apellido.

Empezaron a entrenar las chicas pero una de ellas acabó en el suelo con el cuchillo de su adversaria en la garganta, nada más empezar. "La Rosa de Odaiba" que había estado buscando a alguien con la mirada corrió a salvar a la pelimorada la cual no debía haber empezado siquiera a entrenar, Sora que estaba ya manchada con la sangre de su primera adversaria vio la escena y como la contrincante seguía dispuesta a matar a la chica.

- Detente – le dijo Sora con el cuchillo apoyado ligeramente en la espalda de la atacante. – ¿No has oído a "la Rosa de Odaiba"? – la chica hizo un ligero corte en el cuello de Yolei. – Maldita. – Sora la acuchilló justo en el corazón sin ninguna piedad. La muerta cayó sobre Yolei quien gritó asustada. – Soy Sora ¿como te llamas? – la mirada de la pelirroja se había vuelto maternal llena de calor y amor.

- Yol…Yolei – tartamudeó aceptando la ayuda de la mano de Sora. - ¿Por qué me has salvado? – Sora se encogió de hombros y señaló con su pulgar a la jefa.

– Ella gritó que esa zorra se separase de ti, no lo hizo y yo me encargué de que se apartara de ti. – La pelimorada sonrió, esa chica sería una gran amiga y aliada sobre todo en casos como ese. – Vamos a ver que quería la jefa. – dijo mirando las manchas de sangre que manchaban sus túnicas blancas.

- Yolei pequeña, ¿estás bien? – la mujer la examinó de arriba abajo. - Charles, cúrale ese corte no quiero que se le infecte, es nuestra coordinadora. – el joven de cabello rizado y cobrizo examinó el cuello de Yolei, ella miró al joven y a Sora de reojo la cual le guiñó un ojo sonriente. – Enséñales el puesto de Yolei. – él las guió de entre los cuerpos de las chicas ensangrentadas tanto las muertas como sus asesinas.

- Esto es una pasada – dijo Yolei al ver la guarida subterránea de las Odaiba Women. - ¿Este es mi cuarto? – preguntó al ver un cuarto con una Y en la puerta, el chico asintió y Yolei entró y gritó de felicidad, tenía un gran baño, una gran cama, la mejor tecnología y vistas al mar. – Me encanta, me esforzaré todo lo que pueda en mi trabajo.

- Tu puesto está al fondo del pasillo, junto al gimnasio. – las guió y paró en el cuarto en el cual estaba la S, Sora entró y salió sonriente a los pocos segundos, su cuarto estaba en el otro lado del pasillo; un gran baño, las paredes blancas y lisas preparadas para ser decoradas, una hamaca en vez de una cama y el suelo lleno de almohadas. - ¿Es de su agrado, señorita Sora? – ella asintió y los siguió por el pasillo hasta el otro extremo del pasillo. – Y esta es la sala central, la coordinadora, o sea tú, te encargaras de coordinar todas las misiones. – ella al ver las pantallas, los simuladores holográficos, los equipos híper veloces de tecnología punta y sobre todo esos altavoces de sonido envolvente con su propia mesa de mezclas.

- Ahora sí, me he muerto y estoy en el cielo. – Sora se echo a reír y Charles sonrió al ver a la joven tan contenta. – Hay Chuqui, cariño gracias, mil gracias. – se le abrazó pero eso no fue lo que molestó a Charles, sino el echo de que le pusiera un mote.

- Chuqui, mmm..., me gusta como suena. – declaró Sora jugueteando con el cuchillo. - ¿A ti, te gusta Chuqui? – él atemorizado asintió de muy mala gana.

- Voy a ir a atender al resto de jóvenes señoritas. – se despidió el joven intentando huir de las dos chicas. – ¿Si me dispensan? - Sora negó con la cabeza cruzándose en el camino del criado y señalando el cuello de Yolei. - ¡OH! Discúlpenme. – dijo apurado yendo a atender a Yolei. – Siento ser tan distraído, pero me turbó su belleza, señoritas. – Sora pegó una colleja.

- No me gustan los tíos pelotas. – Le colocó el cuchillo en sus partes mas intimas. – O… te quedas sin pelotas, pero que buena que soy enlazando palabras. – Yolei se rió y Chuqui se fue a la enfermería a atender al resto de chicas, después de curar el cuello de Yolei.

- Sora – la llamó su jefa desde la puerta. – Ven un segundo. – Sora agachó la cabeza y la siguió, mientras que Yolei empezaba a encender los aparatos y los manejaba a su gusto. – Tienes otra misión a parte de convertirte en la mejor. – Sora asintió sin mirarla a la cara. – debes evitar a toda costa que Yolei recuerde nada de su pasado, un nombre una cara un gesto que recuerde pone en peligro toda la organización. – Sora no entendía aquello. – Os sustraemos los recuerdos porque vuestro pasado siempre es muy traumático, yo os escojo porque estáis a punto de morir de desesperación o en tu caso tuviste un accidente horrible. – Sora intentó recordar pero un nombre y unas palabras se le vinieron a la memoria. - ¿Te encuentras bien? – preguntó la jefa a Sora.

- sí, ¿si me disculpa? voy ver al resto de futuras Odaibas o mejor me voy a descansar. – dijo Sora con la cara como la leche y un dolor creciente en el pecho. – Matt, yo también te amo. – dijo cerrando la puerta de su habitación tras de si. - ¿Quién es Matt? ¿Por qué me atormenta no saber quien es? – se preguntó dejándose caer detrás de su puerta. - ¿Por qué tengo miedo de haber perdido algo que no recuerdo? – se golpeó con las manos cerradas en la frente. – Sora relájate y descansa, ella confía en que sigas viva y no lo conseguirás si estas así. – una lagrima recorrió su mejilla y Sora se arrastró hasta su hamaca se puso en pie y se tumbó.

Ken estaba dormido junto a la cama de Megumi esperando a que despertara. El medico decía que se recuperaría pero Ken no quería dejarla sola. T.K y Kari se turnaban para cuidar de Ken y Megumi.

- ¿Qué demonios ha ocurrido? – dijo Momoe la mas mayor de las hermanas Inoue. – Primero me entero de que Yolei ha tenido un accidente y ahora Megumi se intenta suicidar. –La chica no sabía muy bien que había ocurrido por lo que estaba de los nervios y sus voces despertaron a Ken. - ¿Dónde están mis hermanas? ¿Cómo están? – preguntó nerviosa.

- Yolei ha muerto en el accidente junto al resto de nuestros amigos y los hermanos de T.K y Kari. – le informó Ken a Momoe la cual se dejó caer en la silla de la sala de espera. – El novio de Megumi, el hermano de Kari ha muerto y Megumi ha intentado suicidarse porque se culpa del accidente. – le explicó Ken a la chica la cual estaba con los ojos como platos y no se lo creía.

- Yolei ha muerto… - dijo con vehemencia y se levantó a abrazar a Ken, él volvió a dejar escapar un par de lágrimas. – Ven a tomar algo en la cafetería no tienes buena cara. – intentó distraerlo Momoe. – Ellos pueden vigilar a mi hermana por si despierta. – les pidió con la mirada a T.K y Kari. Ken accedió y se bajó con Momoe a la cafetería.

Kari entró a la habitación y acarició la mano de la chica la cual tenía puesto el oxigeno y un gotero con sangre. Sonrió mirándola a la cara, si su hermano estuviese vivo estaría golpeando a médicos y enfermeras porque aun no había despertado. Comprendía que ya nunca podría ser la cuñada de Megumi, ni tener sobrinos, ni bromear con su hermano, eso la entristecía muchísimo, pero aun le quedaba T.K.

- Kari, he de hablar contigo. – le dijo T.K asustándola por su oscuro tono de voz. – he decidido que lo mejor para ti será que rompamos. – Kari rompió en llanto. – no llores por favor, lo hago por tu bien, todo lo que amo muere o desaparece y no quiero que eso te ocurra a ti también. – ella intentó abrazarlo y suplicarle que lo pensase. – No cambiaré de opinión así que no intentes hacer que rectifique.

- No puedo vivir sin ti. – le dijo ella con la mirada fija en sus ojos azules lo que forzó a T.K a apartar la mirada. – Tai querría…

- Tai siempre quiso que solo fuésemos amigos. – dijo él adoptando la voz y el semblante frío que su hermano tenía a los once años antes de conocer a Sora y a los demás. – Y creo que nunca debimos ser nada más que amigos. – ella lloraba y T.K permanecía sin mirarla, frío intentando no sucumbir ante las lagrimas de su amada y abrazarla.

Una sombra entró en la habitación de Megumi aprovechando la distracción de sus cuidadores. Le acarició la cara y se colocó junto a su cara susurrándole al oído con voz estridente y odiosa, una voz de mujer que Megumi conocía sin recordar de qué.

- ¿Qué se siente al perderlo? – le preguntó y las pulsaciones de Megumi se aceleraron. – Tai es mío, él es mío, ¡mío! – le dijo pellizcando el tubo del gotero. – Pero soy buena persona y no quiero que sufras. – las pulsaciones de Megumi estaban al borde del infarto. – solo pídemelo y acabaré con tu sufrimiento, criatura inmunda. – su voz tenía mucha seguridad en si misma, una gran capacidad de persuasión y su tono de voz irradiaba superioridad.

- Po…Por favor. – suplicó Megumi débil sin poder abrir los ojos y la mujer, la sombra o como queráis llamarla, sonrió y se acercó a su oído. – Quiero ir con él.

- Tai está vivo, pero nunca volverás a verle. – le confesó la sombra a Megumi mientras manipulaba el gotero y le inyectaba una sustancia del color de la sangre. – esto te causará un infarto y te matará. Pero no veras a Tai, ni a Yolei, porque ellos están vivos y tú vas a morir. – el monitor indicó un paro cardiaco y la sombra se escabulló.

- ¡Megumi! – gritó T.K volviendo a la realidad del momento. – Kari avisa a los médicos. – le pidió a su ahora ex novia. – Megumi cálmate. – T.K se dio cuenta de que no era un paro cardiaco normal había algo sospechoso en todo aquello. – Estamos contigo, no nos abandones. – Los médicos los echaron de la sala y la reanimaron, al salir de la sala el doctor; Ken y Momoe llegaban nerviosos de la cafetería.

- ¿Qué ha pasado? – preguntó Momoe y Ken intentó colarse en la habitación de Megumi. – He perdido ya una hermana y no quiero perder otra. - dijo nerviosa observando al doctor. - ¿Está bien?

- La señorita Inoue, Megumi ha sufrido un paro cardiaco. – informó el medico y Ken se metió en la habitación donde Megumi dormía. – Hemos conseguido estabilizarla y está fuera de peligro. – le dijo a Ken el cual se acercó a la chica con los ojos como platos. – Repetía un nombre una y otra vez desde que la estabilizamos.

- Tai – susurró Megumi con un suspiro. – Tai – volvió a susurrar. El medico indicó a los presentes que ese era el nombre que la chica repetía una y otra vez. – están vivos, ella me lo ha dicho. – susurró con el pulso un poco más acelerado e iba a más. – intentó matarme. – murmuraba.

- Tranquila estoy contigo. – al oír la voz de Ken se calmó un poco. – No volveré a dejarte sola. – le prometió a Megumi la cual se durmió tranquila. – estaba delirando, ha dicho que alguien la ha intentado matar. – T.K le hizo un gesto con la cabeza y Ken lo siguió.

- Ese infarto ha sido provocado, tenía una salpicadura de algo parecido a la sangre en el brazo izquierdo y una herida como si le hubieran inyectado algo. – le informó a Ken, y este se quedó pensando. – Además, creo que he visto a alguien salir de la habitación antes de que yo entrara. – Ken buscó algo anormal en el pasillo pero todo estaba en calma, en lo relativo a un hospital. – No, digo que no delirara con respecto a que estén vivos, pero alguien la ha intentado matar.

- Lo mejor será que intente entrar en la policía, así podré investigar quien querría hacer daño a Megumi o a Tai. – Kari gritó de euforia en el pasillo y se abrazó a Momoe la cual también sonreía. - ¿Qué ocurre? – Preguntó que con una mezcla de molestia esperanza.

- Está embarazada, de mi hermano. – la castaña sonreía y T.K dejó escapar una sonrisa tierna. – Vamos a ser tíos… - miró a T.K pero al segundo su felicidad y la ternura del rubio se borraron. – Voy a ser tía. – se corrigió con amargura.

- ¿Cómo es posible que haya intentado suicidarse en su estado? – el medico enseñó los análisis a Ken, Megumi apenas estaba de unas semanas era probable que ni lo supiera. – Momoe, vas a ser tía y Yolei lo sería si siguiese aquí. – el chico se acercó a la hermana mediana de las hermanas Inoue y la besó en la frente. – Yo os cuidaré. Le prometió y la chica sonrió en sueños.

- Tai, esta vivo. – susurró y Ken borró su sonrisa de la cara. – Mi gigante valiente. – volvió a sonreír, pero pareció recordar algo y su cara se llenó de dolor. – Aléjate de él, es mío. – gritó en sueños despertando sobresaltada. – Ken – susurró abriendo por fin los ojos con los tubos del oxigeno en la nariz y el gotero con la sangre. - ¿Por qué estáis felices? – preguntó enfadada, se suponía que había intentado suicidarse y después… estaba algo confuso, alguien le había dicho que Tai seguía vivo, pero aquello era imposible.

- Vas a ser mamá. – dijo Momoe y los ojos de Megumi se llenaron de lagrimas. – Tranquila, no llores, estamos todos contigo. – la intentó calmar Momoe.

- No quiero ser la madre del hijo de Tai. – todos se quedaron sorprendidos. – No quiero si el no está conmigo… no quiero que este niño crezca sin un padre. – Momoe miró a Ken y le hizo un gesto para que hablara.

- Yo seré su padre. – se ofreció Ken entendiendo los gestos de los presentes. – Si tú quieres… - ella se puso la mano sobre su vientre y sonrió a modo de afirmación. - ¿Cómo lo llamaras? – A Kari se le iluminó la cara y T.K sonrió sin que nadie le viera, le iba ser muy difícil fingir que ya no sentía nada por su "amiga" pero era lo mejor para ella.

- Taichi, llámalo Taichi Junior. – A Megumi no le gustó lo de "Junior" pero sí que iba a llamarlo Taichi. – Y si es niña Yolei, o Kari. – intentó colar su nombre y todos rieron.

Una sombra se revolvía en una terraza justo enfrente de la habitación del hospital en la cual había surgido una luz de entre la oscuridad de los hechos de aquella noche.

- Está embarazada de Tai. – gruñó la mujer que había intentado matar a Megumi. – Ha sobrevivido al infarto y su bebé también. – golpeó el telescopio con el que había estado siguiendo la escena.

- Te pedí explícitamente que no intervinieras. – dijo una voz desde el fondo de la oscura habitación. – Casi nos descubren, si quieres librarte de ella usa intermediarios. – le ordenó molesto, la voz era dura e inflexible, estaba molesto por algo, era de hombre pero no se le podía distinguir con aquella oscuridad.

- Lo importante ahora es eliminar al bebé y si es posible también a la madre. – Dijo la mujer con una sonrisa perversa en su cara. – Y tengo un plan… - el hombre que estaba en el fondo de la sala se marchó molesto por los caprichos de su aliada. – Tu solo piensas en tú Yolei y yo en liberar a Tai de sus ataduras. – murmuró una vez que se fue para que no la oyera.

- ¿Dónde se ha metido la rubia? – preguntó un chico peligranate a Tai el cual lanzaba cuchillos junto a la puerta, a una diana improvisada en la pared. – Estaba contigo, ¿qué le has hecho? – Tai frunció los labios, muy molesto; Matt le había encasquetado a Daisuke el pesado del grupo y no lo aguantaba más. – Casi me matas, menudo fallo de puntería. – Tai sonrió, había fallado le apuntaba a la cabeza pero casi le da a las piernas.

- ¿Tengo hambre? – se quejó Codi que asustó al pesado el cual se cayó en cuanto entró en la sala. - ¿Habéis visto a Matt? – Tai negó con la cabeza y le puso la mano para que le chocara los cinco como felicitación por desarmar al viejo y hacer callar a Daisuke. - ¿Qué haces? –preguntó confuso el chico de quince años y ojos oliváceos.

- No sabes chocar los cinco, "give me five" – lo dijo en inglés y Matt que entraba le chocó los cinco, después de el Codi y cuando lo fue a hacer Daisuke quitó la mano. – Tú no pesado, ellos son de mi especie, tú no. – dijo serió con un gruñido.

- Espero que no seamos de tu especie. – se rió Matt intentando sonar sarcástico, pero recordó que tenía que vigilar al castaño. Se compadecía de Tai, el no quería recordar en cambio a Tai se lo habían vedado. – Era broma, ¿qué tal Otōto*? – Preguntó a Codi alborotándole el pelo.

- Cansado, Chōkei*. – le respondió con un gran respeto hacia el rubio el cual ni Tai, ni Daisuke entendían. – Sigo teniendo hambre, ¿dónde está la chica? – preguntó condescendiente a Daisuke.

- Salió a comprar la comida. – informó un chico pelirrojo, un rojo eléctrico que recordaba un poco a la sangre ahora que no le daba la luz, acompañado de un chico de pelo naranja. – Soy Izzi y este es Migeru*. – el chico sonrió y bajó la mirada.

- Mi nombre significa Miguel. – Dijo esquivando la mirada inquieta de Daisuke. - ¿Quién de vosotros es Davis? – Tai, Matt, Izzi, Codi e incluso el propio Daisuke se extrañaron del nombre, pero Davis por otros motivos diferentes a los de sus "amigos".

- So…Soy yo. – contestó temeroso por primera vez el pesado de Daisuke, el cual se escondía detrás de Tai. - ¿Cómo sabes mi apodo? No lo he dicho a nadie excepto a…

- Mi hermano, el chico de pelo cobrizo que has matado. – Davis se estremeció, ¿como podía recordar ese chico a su hermano o como podía haberle oído decir su apodo? – Mañana en los duelos, de ametralladoras o alguna otra arma estúpida y peligrosa la cual seguramente odie, te retaré y deseo que me mates. – dijo quitando uno de los cuchillos que Tai había lanzado a la pared. – Porque si no después de matarte me mataré yo… no quiero vivir si mi hermano ha muerto. – Davis se estremeció y agachó la cabeza con una sonrisa irónica, cuando el chico lanzó contra él su cuchillo.

- Creo que tu hermano hubiese echo lo mismo. – se inclinó mostrándole su respeto. – y creo que no estoy de acuerdo con esa decisión. – Migeru y los demás vieron en sus ojos una madurez que creían que no existía dentro del chico. – Yo no te mataré, a menos que tú luches contra mí e intentes matarme con todas tus fuerzas. – Migeru asintió y se inclinó del mismo modo que Davis antes de mirarlo por primera vez a los ojos. Davis notó su miedo, rencor, odio y sobre todo dolor ante la perdida de "su segundo recuerdo". – Yo lo daría todo para matar al mal nacido que me hubiese robado "mi segundo recuerdo", solo tenlo en cuenta.

- Ya basta. – ordenó un chico alto de pelo azul con unas grandes gafas de pasta. – Dejad que primero os cure las heridas antes de que os matéis. – pidió más amablemente. – Por cierto soy Joe.

Mimi observaba con placer como la chica se quedaba sin aliento bajo el poder de su daga, no recordaba quien era, no recordaba que era lo que le hacia feliz, lo que la entristecía, no recordaba ni siquiera porque le gustaba ese rojo de la sangre.

- Por… favor, ayúdame. – pidió una chica algo mayor que ella herida de gravedad en el tórax. – La vencí, pero en lo que moría me hirió… maldita bruja. – dijo con una débil sonrisa.

- tu nombre. – le pidió Mimi y ella articuló sin hablar. -¿Jun? – la chica asintió. – Tranquila Jun, te traeré ayuda. – le prometió Mimi cargándosela sobre su hombro derecho, el peso de la chica le hizo darse cuenta de que estaba herida también, pero aguantó el dolor para salvar a Jun – Ya llegamos... – un chico entró por la puerta trasera del almacén.

- Señorita Mimi, señorita Jun, yo las curaré. – Les informó corriendo hacia ellas con bolsas llenas de alimentos. – Primero deben bajar por el ascensor y buscar a la joven Katherine, ella las ayudará a…

- Cállate y ayúdanos. – dijo Mimi recostando a Jun en el ascensor contra la pared. – Frena su hemorragia antes de que muera o si no te mataré capullo. – le dijo Mimi sin tapujos lanzándose contra las bolsas para buscar algo de comer; había medicinas, verduras, carne pescado y frutas. Una manzana roja como la sangre llamó la atención de la salvaje Mimi.

- Señorita Midoriko, ¿podría ayudarnos? – la joven de quince años, pelo negro, ojos grises, la cual buscaba algo con la mirada. – Aquí, pequeña… - la chica fulminó con la mirada al mayordomo y se acercó a nosotros.

- Es Noriko, la chica de la N soy yo hay alguien que su nombre empieza por M. – explicó cargándose a Mimi sobre su hombro sonriente. – Apuesto a que eres tú.

- Soy Mimi… - dijo antes de que un dolor punzante le recorriera el brazo herido. – Maldita sea, Jun despierta estamos a punto de llegar con la tal Katherine. – le informó cuando la otra chica perdió la consciencia en los brazos del mayordomo.

- Chuqui yo las ayudo. – dijo una pelirroja abriendo paso hasta la pequeña enfermería. - ¡Katherine! ¡Franchute! – gritó con desespero como si no quisiera que Jun muriese.

- Je viens* - contestó una rubia de ojos azules algo apurada. – ¡Sora! ¿Qué me traes? – preguntó al ver a Jun medio desangrada (digo medio porque aun seguía viva) y a Mimi con mirada desafiante y el hombro derecho con una herida de tres centímetros de profundidad. – Yo me ocupo de la del pelo granate y tú de Mimi… por cierto, buena puñalada. – la halagó antes de correr un biombo para trabajar a gusto. – Se pondrá bien no hay daños importantes. – Mimi se tranquilizó y examinó a Sora parecía una buena lider.

*Otōto: Segun mi traductor es hermano pequeño

Chōkei: Segun mi traductor es algo así como hermano mayor

Migeru: como ya he dicho es Miguel pero mi traductor no es muy fiable

Je viens*: significa "Ya voy" , aunque no se mucho frances:-P

Doy gracias a los que habeis leido la historía en silencio y a Kanikanigoro por dejar su review. Espero que os siga gustando la historía y os enganche hasta el final.

Lokaria Akire... Nos leemos.