❇La mas pequeña de todos❇
Un FanFiction de los juegos del hambre
Nota: los personajes pertenecen a Suzanne Collins y sus respectivos dueños, yo solo los tomo un rato para compartirles la historia que inventé.
❇Capítulo 2❇
Cuando termina el "Himno de Panem" parece que yo ya me he tranquilizado un poco, y tambien parece que poco a poco me estoy resignando a lo que me espera.
-¡Dense la mano chicos!- Ordena Michelle Pheelmyhoothers, la acompañante del distrito. Tomo una mano que parece dos veces más grande que mi rostro, y sin duda varias veces más grande que mi mano: la mano de Thresh, el chico que casi parece un hombre que tendrá que acompañarme a los juegos. Pero "Los juegos del Hambre" no es una competencia por parejas o por equipos, (o bueno, sin contar las alianzas que suelen suceder entre los tributos profesionales) lo que significa que con muchísima suerte, solo uno de nosotros regresará con vida. «Y esa seré yo» intenta pensar una parte de mi, la que no piensa rendirse tan fácilmente, voy a lograrlo. La suerte no parece estar de mi lado, pero admitamoslo, ¿quién se fía de la suerte en estos momentos?
-El protocolo establece que pueden pasar unos lindos y enternecedores minutos de despedida con sus familias, jóvenes, ¡pero no se tarden! Hoy tendrán un día ¡Magnífico!- nos grita Michelle, que dejó de llamarnos niños o chicos al ver que Thresh era más alto que ella. Es cierto, tenemos unos minutos para despedirnos de la gente a la que queramos, pero me parece que no podre soportarlos. Aparecen unos agentes de la paz que parecen no tener idea de lo que significa la palabra «delicadeza» o «sensibilidad» para conducirnos a un cuarto del edificio de justicia, limpio y cómodo. Los primeros en entrar son mis padres, sin mis hermanos:
-Rue, yo...- solloza mi madre. Mi padre esta en las mismas, intentado no derrumbarse ante la mera idea de que (quizá) sea la última vez que vean a su hija mayor.
-Tranquila, todo saldrá bien -le digo a mi madre, dedicándole una pequeña sonrisa, cuando una lágrima resbala por mi mejilla... Y todo un río por las de mi madre.
-Si, si... Tienes razón Rue, todo saldrá bien... Tu solo...- empieza mi padre, controlándose para no desplomarse frente a mis ojos «tu solo ¿que?» tengo ganas de responder... Pero si yo estuviera en su lugar, tampoco sabría que decir.
- ¡LOS NIÑOS TAMBIÉN TIENEN DERECHO A DESPEDIRSE!- vocifera uno de los agentes de la paz, a la vez que abre la puerta para que pasen mis hermanos «oh no,» pienso, ser fuerte ante mis padres podría parecer sencillo, pero ver a mis hermanos y decirles, tal vez mentirles que volveré pronto... Será más difícil que cualquier cosa.
-Rue ¿porque mis papás lloran tanto?- pregunta uno de los más pequeños Dylan. No es lo suficienteme mayor para entender lo que el capitolio le hará a su hermana, pero como todo niño, le afectan las emociones de sus padres. Mi madre se inclina a abrazarlo.
-No pasa nada- le respondo, intento hacer que mi voz parezca firme, pero sin demasiado éxito - tendré que irme y...- respiro, para poder terminar lo que quiero decir - tal vez nunca regrese.- concluyo. Mis hermanos parecen estar comprendiendo la gravedad de la situación, ya se empiezan a derramar lágrimas que no son solo mías o de mis padres.
-Pero entonces... ¿Ya no estarás conmigo?- me dice Lila, mi pequeña hermana, una de las niñas más dulces que conozco y de las personas que mas quiero en el mundo.
-¡Claro que si!- le respondo sonriendo -cada que escuches el canto de un sinsajo, piensa en mi, y recuerda que siempre estaré aquí- digo poniendo mi mano en su pecho, donde esta el corazón -contigo. - Y es lo último que los agentes de la paz me dejan decir antes de llevarse a mi familia.
-¡Espera!- le grito a mi hermano, al ver que se ha caído el collar que siempre lleva puesto. Está tejido con hojas de arbustos con flores: una hoja de rosal por aquí, una hoja de prímula por ahí, pero la flor de madera que cuelga de ella soy yo. Una rue, la amaga, una flor amarilla que crece en la pradera. La flor la tayó el mayor de mis hermanitos varones, tiene 11 años y por pocos meses, su nombre habría entrado en la cosecha. Su nombre es Abraham, y prometió que no me daría el collar hasta que fuera el momento. «creo que este es el momento» pienso mientras me lo pongo; será mi amuleto de buena suerte. Y, es entonces cuando un sinsajo se para en las rejas que protegen la ventana que tengo enfrente.
-¡Suban jóvenes suban! Y ¡No olviden dedicarle una sonrisa a las cámaras!- nos dice Michelle mientras subimos al tren que nos llevará al capitolio. Intento dedicarle una tímida sonrisa a las cámaras mientras dejamos la estación, y no me resulta tan difícil. Hay una pantalla en el comedor central que debe estar transmitiendo el canal del capitolio y lo que veo en este momento es una joven (mayor que yo) que corre desesperada gritando. Uno de los asistentes del tren sube el volumen al televisor y escucho lo que sucede:
-¡...El espíritu de los juegos!- dice una mujer con una peluca rosada: una acompañante. Y si no me equivoco, en estos momentos se esta viendo el distrito 12. - ¿¡Como te llamas!?- pregunta a la joven que subió al escenario, aparenta unos 16 o 17 años
-Katniss Everdeen- responde con voz ahogada
- Me apuesto los calcetines a que era tu hermana, no querías que te robase la gloria ¿verdad?- me alejo y dejo de escuchar. En los distritos en los cuales ganar se considera gran honor, suceden cosas como esa. Pero con nosotros no. Yo sin duda hubiera hecho lo mismo por mis hermanas, pero como soy la mayor nadie pudo hacerlo por mi.
Me voy a lo que me han indicado que es mi "alojamiento" y veo que esta compuesto por un dormitorio, un vestidor y un baño con agua caliente. Puedo hacer lo que quiera pero debo estar lista para la cena, así es que tomo uno de los mejores baños de mi vida. En casa difícilmente hay agua, ya no digamos agua tibia y ni en sueños habría tantos aromas y burbujas. Me divierto un rato mientras me aseo y al salir, me pongo un sencillo traje blanco que lo escogí solo para que combine con mi collar y voy al comedor. Hay comida que solo había soñado y manjares que nunca había probado; lo primero que me llevo a la boca son galletas con chispas de chocolate, tantas que pierdo la cuenta. Sonrio. Pasando por alto que después de esto tendré que luchar por sobrevivir con otros 23 chicos, esto esta bien, lo que sólo hace que suelte una risa amarga. Cuando considero que ya comí suficientes galletas para una semana, regreso a mi cuarto e intento dormir un poco antes de la cena, aunque sin mucho éxito.
Dentro de lo que parecen unas horas, Michelle viene a recogerme para decir que ya es la hora de la cena. Cuando llego al comedor, me encuentro con la misma mesa de hace rato, pero sin duda con platillos diferentes; veo sopa, ensalada, fruta, carne de animales que desconozco: una cena del capitolio. También hay gente diferente, personas que claro que no estaban cuando merendaba: esta Thresh, y Chaff un hombre que ganó los juegos hace ya tiempo atrás, pero al parecer, será nuestro mentor: solo espero que sea el mio. Es un buen hombre que en una ocasión incluso llegó a compartirnos comida. Hay dos sillas vacías que nos pertenecen a Michelle y a mi. La cena se compone de una sopa de zanahoria, ensalada verde, chuletas de cordero y puré de papas, queso y fruta, y pastel de chocolate. Todo me parece delicioso, y casi no se por donde empezar.
«Se comienza por la ensalada» me susurra Chaff al ver mi indecisión. Como todo lo que puedo, y me siento un poco mareada y asqueada, pero el asco no lo causó la comida; sino la reacción de Michelle, que frunció los labios en cuanto vio que Thresh se comía las chuletas con la mano.
Cuando terminamos, nos escoltan a otro compartimiento donde vemos el recuento de las cosechas a lo largo de día: aunque solo los Capitolinos pueden verlas seguidas. Recuerdo los rostros de algunos tributos más que de otros; una chica muy bella del distrito 1, alguien que se apresura a presentarse voluntario en el 2, una chica de alrededor a los 13 años del 5, un chico cojo del 10 y el acontecimiento completo de la joven que se presentó voluntaria. Por algún motivo siento una gran confianza de antemano al verla: alguien capaz de hacer eso no es cualquier persona.
El único problema es que ya se quienes serán mis rivales, y desgraciadamente soy "La más pequeña de todos". «Pero eso no me preocupa» pienso mientras sonrio y me voy a mi cuarto. Las rastrevíspulas también son animales pequeños, las mutaciones más pequeñas creadas por el capitolio: pero causan un gran dolor y son terriblemente peligrosas. «Pues bueno, preparen una gran cantidad de hojas para los aguijones: porque no me van a matar sin que les presente batalla». Pienso para mis adentros.
Este fue el segundo capítulo de una historia desde la perspectiva
❇"De la más pequeña de todos" ❇
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El siguiente capítulo en unos días ^=^
