2.- Audiencia y sentencia final.

Curioso por saber qué tratarían sus dioses en esa audiencia, Dégel se vistió con sus mejores ropas y se dirigió al antiguo palacio merovingio, sede de las reuniones de los inmortales. Radamanthys no había sido informado por petición expresa de los dioses que usando un intermediario solicitaron que el líder no sea notificado.

Ocupó su lugar a lado de Eleonor quién asintió con una discreta sonrisa, puestos más allá se hallaba Sisifo quién se le acercó para preguntarle cómo se dio el nacimiento.

—tuvieron que practicar una cesárea porque él no emitía movimientos, no respiraba y los médicos por poco lo declaran muerto—contó a sus aliados que en silencio lo escuchaban—prometí que volvería más tarde.

—¿ el padre biológico de él no se presentó?—preguntó Eleonor curiosa.

—no sé quién sea ese sujeto, además creo que la abandonó apenas supo su estado y no tiene relevancia.

Los que dirigirían la audiencia aparecieron por una puerta trasera del palacio merovingio, el Concejo estaba compuesto por seis miembros, tres hombres y tres mujeres escogidos por antiguedad y liderazgo que se jactaban de tener un contacto más cercano con los dioses. Todos los presentes se pusieron de pie como señal de respeto.

—nuestros dioses—comenzó una de las mujeres ganándose la atención de todos—están interesados en un tema especial que tiene que ver con uno de nuestros más apreciados miembros.

A continuación, una apabullante energía se manifestó en la sala, se estaba manifestando uno de los dioses. Minutos después esa energía se dispersó mostrando a un hombre de facciones nórdicas, cuyos ojos azules eran igual que el cielo, cabello muy oscuro largo que caía sobre sus hombros que sostenía entre sus manos una lanza plateada cuyo brillo encegueció a Dégel quién se vio obligado a bajar la cabeza.

—hijo pródigo—se dirigió a Dégel al cual puso una mano bajo su barbilla obligándole a mirarle—¿cúanto tiempo?

—Lertes, Gran Señor de los Inmortales—murmuró él.

—las decisiones apresuradas conducen a consecuencias dolorosas, pero si yo te digo que... lo que se hablará aquí es el inicio de esa consecuencia ¿ acatarás?

Un golpe en su pecho alertó de que las cosas no iban a estar a su favor, posó su mirada en la del dios que lo escrutaba con severidad, se vió despojado de todo su temple.

—te otorgamos aquel privilegio de ser padre, pero en un tiempo en que las cosas no estuvieran marcadas por sucesos que ya conoces. Sin embargo optaste por apresurar y traerlo a la vida en la edad media, no en la moderna como debió ser.

—necesitaba una compañia que no me mirara con temor u odio—contestó—y además podía protegerlo hasta su vejez...

El dios negó.

—podías haber esperado un poco más... Sisifo aguardó hasta ahora para tener a sus hijos y sin embargo ellos tienen un destino sin sobresaltos.

Ahora lo tildaba de imprudente e impulsivo.

—¿acaso me culpa de la muerte de Camus?—farfulló.

El dios ignoró esas palabras dichas con coraje, ya tenía una decisión y no echaría marcha atrás.

—necesito una respuesta... ¿me culpa de que mi hijo haya muerto hace siglos?

—fuiste insensato, hijo y por eso debes asumir las consecuencias y como te dije al inicio... aunque te duela debes acatar.

El párrafo cantó en su mente y entonces supo que ese era su " castigo".

Los inmortales presentes contuvieron el aliento cuando el dios se hizo hacia atrás y dictaminó su sentencia. Pero antes hubo un silencio en el que claramente hasta se podía oír los latidos acelerados del corazón de Dégel que presentía que iba a sufrir nuevamente.

Cuatro lustros lejos... quiero decir que no lo tendrás por veinte años...

—¡NO!—cayó de rodillas ante la frase—eso no, no lo puedo permitir.

Su madre será su padre y madre en esta vida y eso no lo impedirás...

—conmigo es suficiente, puedo ser ambas cosas.

Serás un borrón hasta sus veinte años, sus memorias serán nulas...

—no puedes alejarlo de mi—bramó con el corazón en la boca—por lo menos...

Te escucho, ¿qué ofreces?

Con lágrimas él se puso de pie, se sentía pequeño, débil y derrotado ante el poderío de Lertes que lo observaba indiferente, Sisifo trató de acudir en su auxilio, pero la sola mirada de otro del Concejo lo mantuvo en su sitio.

—permíteme verlo cada cinco años...cuando sea su cumpleaños...

Lertes pareció analizar la propuesta.

Para hacer menos severa tu sentencia, lo podras visitar cada cinco años cuando sea siete de febrero, día de sus dos nacimientos. Ya no se llamará Camus como en el pasado... sino con el nombre que su madre le ponga en esta vida.

Cuando se cumplan los cuatro lustros, podrás tenerlo a tu lado...

—quería verlo crecer ¿ sabe? pero sus decisiones egoístas me lo impiden—refutó.

—el egoísta fuiste tú, ahora déjalo que viva una vida normal y si desobedeces lo que se ha dicho—sus ojos color cielo se dilataron—tendrás un peor castigo más que la maldición de aquel humano.

Ya no quiso oír más, sus oídos se cerraron a las demás palabras que Lertes decía a los demás inmortales, cabizbajo regresó a su sitio evitando mirar a Eleonor y Sisifo que compungidos no tenían palabras de consuelo para Dégel.

Más tarde.

Maternidad.

Reveló lo acontecido en la sesión, Carrie se sintió un poco mal por lo escuchado, secretamente pensaba permitirle que visitara a Albert y hasta dejar que se lo llevara de vez en cuando. El bebé dormía en esos instantes a su lado lejano de la tristeza de Dégel.

—¿cómo ha estado?—preguntó señalando al recién nacido.

—bien, hace poco comió—dijo la madre.

—supongo que si lo cojo llorará—dijo.

—sabes que contigo se movía—intervino Kardia—hablas como si...

—técnicamente debo despedirme de él hasta dentro de cinco años—la interrumpió constrito—duele, pero debo obedecer.

Sacó de su bolsillo una cajita se terciopelo azul la cual abrió mostrando una delicada joya en forma de un pequeño dije que se la dió a Carrie. No era invención de que los inmortales eran ricos, lo eran prueba de ello eran sus inmensas propiedades.

Ese dije era un regalo adelantado por su primer año de vida.

Adicionalmente Dégel le entregó un pequeño pedazo de pergamino en el que estaba escrita la leyenda en forma de canción que él le cantaba antes de dormir.

—le hablaré de ti.

Él asintió mientras se acercaba al pequeño que comenzó a mover la nariz buscando el olor de la persona que se acercaba, al reconocerlo comenzó a moverse desesperado aguardando ser cogido por Dégel, este sonrió mientras estiraba sus brazos para tomarlo. A pesar de que era una nueva vida, lo reconocía desde la vida intrauterina.

—yo... sabes—hizo una pausa—debo dejar que crezcas con tu mamá pues lo acontecido siglos atrás, me orilla a alejarte de mi por veinte años, ahora me reconoces, pero...—su voz se quebró—seré un vago recuerdo mientras seas un niño.

Kardia se excusó alegando que tenía una llamada y salió del cuarto.

—estaré siempre pendiente de ti, de lo que necesites aunque tú no me recuerdes mucho...

No quería que esa despedida temporal sea larga y dolorosa por lo que acortó todo lo que iba a decir.

—siempre mi cariño y amor te acompañará—su dedo fue apresado por la pequeña mano del bebé con fuerza—no puedo quedarme contigo ahora, aprenderás muchas cosas te lo aseguro, mi petit

Un beso en su frente fue el punto final.

—obedece a tu mamá...—se lo entregó a Carrie más él empezó a llorar sin descanso—cálmalo... antes de que mi corazón termine por romperse... ¡ por favor cuídalo!

Apenado abandonó la habitación mientras el llanto desconsolado del recién nacido lo seguía, padre e hijo separados por cuatro lustros...

Camus no dejó de llorar por espacio de media hora, las enfermeras alarmadas pensaron que algo le sucedía al bebé pero Carrie les dijo que ya lo calmaría, ella comenzó a cantársela logrando que el llanto bajara de intensidad hasta cuando finalmente se tranquilizó.

—no creí que fueras tan unido a él—murmuró ella con ternura—pero le prometí que te hablaría de él.

A partir de ese momento comenzaba una nueva vida para Camus o Albert como se llamaría.


Algunas cosas se solucionaran con el paso de los capítulos.

Saludos :)