Primer día.

Disclaimer: Diamond no Ace o Daiya no Ace cómo quieran llamarle sin lugar a duda no me pertenece, todos sus personajes, personalidades y derechos son de su respectivo autor y mangaka Yuji Terajima quien es el creador de esta maravillosa obra. Cabe aclarar que lo único que me pertenece es la idea central en la cual basaré la historia (o en pocas palabras la trama de la historia) La historia principal —por así decirlo— es de la serie de este mismo autor, sí fuese dueña de los personajes… seguramente tuviese mucho dinero —cosa que no tengo—. Ah… sería rica vendiendo BL.

Pareja: Misawa (Miyuki Kazuya and Sawamura Eijun).

Ranting: MA.

Género: yaoi — shōnen ai.

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—Hablan los personajes.

–Intervenciones en medio de la lectura–.

Hablan por teléfono.

» Aquí van los mensajes de texto «

« Recuerdo de diálogos pasados y/o recuerdos de algún personaje »

Pensamiento de los personajes —.

Disfruten de la lectura (´∇´) ~

¡Oshi! ¡Oshi! ¡Oshi!

« — ¡Sawamura! —Eijun desvió la mirada hacia atrás deteniéndose a mitad del largo pasillo que le guiaba hacía el campo de prácticas cubierto, observando a un grupo de segundo año que se dirigía –extrañamente– hacía él de manera demasiado amigable para su gusto. No es que Eijun Sawamura fuese el tipo de chicos que desconfiaba de todas las personas, era demasiado impulsivo y capaz de ganarse el afecto de las personas aunque estas de manera robótica lo negaran con todas sus fuerzas era fácil de leerse en la frente de cada una que se había hecho bastante cercano a él.

Sawamura tenía ese extraño don de hacer que todos los que se encuentren a su lado confíen en él, así, cómo lograr que le trataran en poco tiempo como si fuesen amigos de toda la vida, sin importar como los llamaba, de dónde ellos venían e incluso sin formalidades, él hacía que todas las personas estiraran su mano, mantuvieran dentro de sí mismo una confianza increíble que les hacía proseguir poco a poco hacía adelante. Tal vez, por esa razón no había visto con buenos ojos el acercamiento de esos compañeros de segundo año.

Dio un paso hacia atrás —. ¿Qué ocurre, Sawamura? Pensé que eras tú quien se llevaba lo suficientemente bien con todos los de tercero para también hacerlo con los de segundo. Los titulares no son los únicos que están en el equipo —y sonrieron. Eijun simplemente se dedicaba a observarlos sin decir palabra alguna.

Pero era Sawamura Eijun, jamás se quedaba callado—. ¿Qué puedo hacer por ustedes, senpais? —Preguntó, bajando suavemente su mirada hacia el suelo recorriendo rápidamente con esta las manos vacías de sus compañeros que no cargaban nada más que sus voluntades en ellas—. ¿Quieren hacerse amigos míos atrapando para mí? Necesito a alguien que atrape mis lanzamientos… ¡Ese idiota de Miyuki Kazuya se negó escapando de mí! —Y apretó con fuerza sus puños, colocando una de sus manos bajo su barbilla.

Pero el silenció de los estudiantes de segundo le había hecho detenerse en sus gritos insultando al capitán actual del equipo.

— ¿Qué ocurre, senpais? —Frunció el ceño, marcando una mueca de inconformidad en sus labios—. Creo que eso no es lo que vienen a hacer acá, ¿verdad?

—Vaya, resulta que ahora eres inteligente —soltó con burla uno de ellos. Eijun amplió una sonrisa que les había sorprendido completamente. La forma de insultar de algunos no era tan efectiva como la de sus compañeros que siempre estaban cerca de él, era distinta, llena de odio, arrogancia, egocentrismo. Sin lugar a dudas, eran el tipo de personas contrarias a las que Sawamura conocía o las que siempre se encontraban a su alrededor.

—Cualquiera con un par de dedos en la frente son capaces de pensar —se levantó de hombros—. ¡Qué sea un idiota del béisbol no significa que sea idiota en la vida real! —Y los señaló, cómo sí estuviera enseñándoles una lección de vida. Los estudiantes se miraron bufando dando media vuelta.

—Pensamos que por tu físico eras tú quien se estaba besando con el Capitán Miyuki, pero nos equivocamos —uno de ellos lo observó atentamente. Poco a poco los ojos del castaño, aquellos hermosos ojos de un chocolate intenso, mezclados con un caramelo pasión se abrieron fuertemente ante aquello, sintiendo como el color dorado poco a poco iba mezclándose hasta no ser más que un chocolate amargo, sí había escuchado perfectamente… ¿les había visto? sintió como todo su cuerpo había temblado, cómo sus dedos lo seguían haciendo a pesar de estar apretándolos con fuerza a un costado de su cuerpo. Ese miembro de segundo año había sonreído con burla—. Oh, esto es una sorpresa… ¿eras tú, Sawamura?

—No… —negó, pero su voz había sonado lo suficiente bajo—. ¿Qué están diciendo? ¿El Capitán Miyuki besándose con otro hombre? ¿Es… una broma? —Su voz estaba temblando, sus manos intentaron aferrarse al pantalón que estaba vistiendo. Por su culpa, por su propio impulso, había condenado a Miyuki en lo que ellos dos más temían, sobre todo él. Qué todo el equipo de béisbol se enterase de su relación. No tenía miedo en admitir que posiblemente se sintió encantado cada vez que lo conocía, en que sentía aquella presión fuerte sobre su garganta cuando se encontraba con él, que los latidos de su corazón no se detenían por nada cómo sí estuviese en el montículo. Pero nunca pensó que todo aquello se trataba de ¿amor?

Sonaba incluso ridículo para Miyuki Kazuya, pero comenzaron los encuentros, los roces, los labios, su presión sobre el cuerpo ajeno e incluso las bromas cada vez iban subiendo más de nivel. No eran simples bromas cualesquiera, estaban llenas de pasión, llenas de adrenalina e incluso sentía que todo lo que le rodeaba estaba completamente pintado con la estúpida cara de su superior. Pero nunca pensó que los miembros del equipo se enteraran tarde o temprano. Él no tenía miedo por él, sino, por Miyuki. Era el capitán, debía de lidiar con todos los miembros del equipo… no podía colocarlo en un apuro tan estúpido como ese.

—De-debieron de haber… —tragó seco—, visto mal.

—Nosotros también pensamos lo mismo —soltó uno de ellos después del largo silenció que se había presentado entre los adolescentes—. Pero no, era sin lugar a dudas el Capitán Miyuki, es fácil reconocer su espalda. Pero el chico que estaba en sus brazos, sin lugar a dudas tenía tu complexión.

Sawamura negó—. Él no era…

— ¡¿Quieres dejar de mentir de una vez, Sawamura?! —El gritó de uno de los de segundo le cayó como un balde de agua, mordió con fuerza su labio inferior temblando como un niño pequeño en aquel grande y largo pasillo.

Oe, oe… ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué tanto alboroto? —Del campo de prácticas cubierto había salido Miyuki Kazuya seguido de Kuramochi al igual que de Haruichi acompañado de Furuya quienes sintieron curiosidad por la persona que le había gritado a Eijun. Usualmente todos los del equipo de béisbol le gritaban al castaño pero siempre era porque el contrario comenzaba a alborotar todo a su paso. Pero a esas horas de la noche… ¿Quién gritaría a plena luz de la luna? —Sawamura, ¿qué ocurrió?

El castaño se había tensado, sintió toda una corriente eléctrica por toda su espalda hasta la parte baja de su cuello, sintiéndose mucho más pesado que de costumbre cuando la mano del capitán se posó sobre su hombro. Era costumbre de él que ese tipo de situaciones ocurriesen, sin embargo, nunca pensó que se sentiría tan inseguro con el capitán detrás de él, cuando era todo lo contrario. Sí era Miyuki quien lograba regresar a su estado de tranquilidad con sus bromas, no tendría que preocuparse por su reacción.

Apretó suavemente sus labios sacudiendo su cabeza de un lado a otro, negando ante todos los presentes que estaba ocurriendo algo. Miyuki frunció los labios con algo de molestia, era obvio, para todos los presentes. Que a ese niño de primer año le pasaba algo. Sawamura hizo una reverencia delante de los de segundo año sorprendiendo a todos sus compañeros inclusive al castaño de gafas quien se alejó un poco de él viéndole con sorpresa. Este dio la vuelta todavía con la mirada gacha caminando lejos del campo de prácticas.

—Nunca espere esa reacción —se burló uno de los compañeros de segundo que se encontraban presentes. Miyuki sintió la sangre arder al observar como una gota que seguramente era lágrima se deslizaba por toda su muñeca. Kuramochi también se dio cuenta a diferencia de los demás, sobre la mirada que le había dedicado por última vez Sawamura a Miyuki, los ojos bañados en lágrimas y su paso apresurado para salir de la vista de los demás. Furuya al igual que Haruichi se habían dado la vuelta ignorando a sus senpais intentando alcanzar a Sawamura, por algún motivo, Furuya Satoru se había sentido impulsado a hacer esa acción. Ellos también, a diferencia de Miyuki, habían visto las lágrimas vividas del castaño.

— ¿Qué ocurre con esa mirada, Capitán y Vice-capitán? —Preguntó el mayor de los mencionados con una sonrisa entre sus labios.

—Tú, ¿qué le dijiste a Bakamura? —Preguntó Youichi sintiendo como toda la sangre que tenía en su cabeza se acumulaba poco a poco, apretó suavemente sus puños con una mirada inquisidora. Cualquier rastro de haberle hecho algo a su compañero de habitación, a su hermano menor ese pequeño alborotador que solía alegrar todo a su paso… los mataría, lentamente. A cada uno.

— ¿Piensas que pudimos haberle hecho algo a Sawamura? Le preguntamos algo y nos mintió. Teníamos derecho de gritarle, ¿no?

Kuramochi frunció el ceño, girando su mirada hacia los demás miembros del equipo que se encontraban presentes. Pero un golpe les había sorprendido a todos, con la mano libre de cualquier guante o venda que pudiera defenderle, Miyuki había golpeado una de las máquinas expendedoras que se encontraban cerca, sintió como toda la sangre que había estado acumulando en el entrenamiento se liberó de un solo golpe contra aquella gran máquina. Desvió su mirada hacía un costado observando a través de sus anteojos a los tres miembros de segundo año.

— ¿Qué le preguntaste a Sawamura, Takahashi? —Preguntó suave, a pesar de que estaba a punto de explotar y su mano estaba ardiendo no era lo peor que podría haberle pasado. La mirada del estudiante de segundo se oscureció al ver los ojos sedientos del Capitán del equipo actual de béisbol de Seidou, dio un paso hacia atrás; pero no podría retroceder, había comenzado con Sawamura porque sabía que les iba a soltar todo aunque nuca lo escuchó de sus labios.

Ese idiota era fácil de leer.

—Solo quería confirmar algo —y sonrió—. Ustedes dos eran los que se estaban besando detrás del segundo campo de entrenamiento, ¿no?

Los ojos de Miyuki ni siquiera se abrieron de la sorpresa a diferencia de la de Kuramochi Youichi quien giró a ver de inmediato a su compañero, podría decirse en pocas palabras: amigo, quien estaba delante de los miembros del equipo.

— ¿Y? —Levantó una ceja—. ¿Qué tiene que hayamos sido nosotros dos? ¿No podías venir a preguntarme a mí directamente? —Apretó con más fuerza el puño que tenía en la máquina expendedora. Sabía que algún día aquello iba a salir a la luz en todo el ambiente donde ellos dos se encontraban. Pero nunca pensó que antes de tiempo, nunca se detuvo a pensar que eso podría hacer reaccionar a Sawamura de una manera psicológicamente errática. Había llorado delante de estos idiotas… los golpearía, juraría que los golpearía a cada uno de ellos.

—Miyuki —el capitán reacciono ante su llamado por parte de Kuramochi quien colocó su mano en su hombro—. Sawamura estaba llorando por culpa de la pregunta de estos imbéciles, ¿no? —Apretó con fuerza sus dientes—. Ve tras él, sí es cierto lo que acabas de decir.

— ¿Mochi? —Lo vio, en los ojos del chico de cabellos verdes lo que estaba ardiendo en la ira, pero los dos sabían que no podían perder la calma en esos momentos, intentar golpear a alguno de ellos podría significar grabes problemas dentro del equipo, una constante tensión ya estaba creciendo en el ambiente con pocas palabras. ¿E irse a las peleas por una estúpida pregunta?

Kuramochi estaba pensando como vice-capitán a pesar de que por dentro sentía tantas ganas de partirle la cara a cada uno de los presentes, pero también, sentía que dentro de él debía de cuidarse de no hacer nada para que estuvieran en problemas. Sawamura hizo todo lo posible para que eso no saliera de ellos cuatro con una reverencia, cómo sí estuviera suplicando que no dijesen nada más de lo que sabían. Y Kuramochi tomaría ese impulso para detener a Miyuki, sabía que estaba ansioso por dentro: era raro ver a Kazuya de esa forma.

—Sí —giró de regreso su rostro hasta observar a los tres miembros restantes, antes de darse media vuelta corriendo en la dirección dónde el grupo de mejores amigos de primer año habían corrido.

— ¿Quién iba a pensarlo? —Lanzó uno al aire con burla—. El capitán es 100% homosexual —se burlaron después de soltar una carcajada. La patada que Kuramochi había lanzado hacía la máquina expendedora les había sacado de su charla.

—A mí me da igual sí los encontraron o no besándose, sí Miyuki es homosexual o no lo es… —apretó suavemente sus dedos tronándolos, sacando la diversión que había estado dentro de los alumnos de segundo año quienes tragaron seco al escucharlo—. Hicieron llorar a Bakamura y nadie más que a mí excepción lo puede hacer llorar —sonrió con diversión, mostrando sus largos labios—. Los golpearé sí no se van de aquí —dio dos pasos hacia adelante—. ¿Saben cómo me llamaban en la secundaría?

Una vez lo habían escuchado de Miyuki Kazuya—: Be-berserker… —susurró uno de los que estaba más atrás de todos.

—Sí… ¿y saben por qué? —Volvió a preguntar, esta vez dando dos pasos hacia adelante.

Los estudiantes dieron dos pasos hacia atrás, cada vez más alejándose del mencionado. Cuando Kuramochi soltó su famosa risa alrededor de los pasillos del campo de prácticas cubierto las piernas de los miembros de segundo año se movieron con velocidad fuera de su alcance. El joven de cabellos verdes bufó con molestia al verlos alejarse. Al menos esperaba que dijeran que él se lanzaba al combate con furia ciega y que su sola presencia atemorizaba a sus enemigos. Bueno, nunca se obtenía lo que se quería, al menos, su prestigio en la secundaría no se había vencido. ¡Gracias a la ayuda de Miyuki Kazuya! Pero algo era algo.

—Tsk… —chasqueó la lengua con molestia.

[—]

¡Hey, Bakamura! ¿Sabes qué hora es? —Youichi giró su cabeza hacía atrás observando al castaño de ojos chocolate quien entraba después de ocho horas en las cuales el entrenamiento general había terminado. Sawamura pensó que Kuramochi se encontraba ya dormido, pero parecía esperarlo todas las noches.

¿Las doce?

¡Son las dos de la mañana, idiota! —Lo señaló—. ¿Qué tanto hacías?

¡Pero es que Kuramochi-senpai! ¡Miyuki-senpai por fin recibió para mí! —Gritó con sus ojos brillando y un extraño sonrojo de excitación en sus mejillas. Era normal para Miyuki huir de Sawamura como de Furuya en los entrenamientos extras porque esos dos no se cansaban nunca de lanzar—. Lo hice atrapar todas las bolas que yo quería —y sonrió con malicia. Kuramochi iba a regañarlo, pero después de haber castigado a Miyuki de esa forma lo iba a dejar pasar. Sería divertido verlo con ojeras al día siguiente.

Aun así.

¡Deja de quedarte tan tarde después de los entrenamientos, idiotas! —No pudo evitar regañarlo—. ¡Al menos practica hasta después de las diez! —Bufó con molestia levantando su pierna para golpearle en la espalda baja provocando que saliera disparado unos pasos hacia adelante.

¡¿Por qué me golpea, Kuramochi-senpai?!

¡Es para que respetes las horas de sueño de esta habitación, Bakamura! ¡No voy a levantarte más!

¡No te necesito! —Y lo señaló con fuerza comenzando una batalla dónde obviamente iba a ganar Kuramochi, las llaves del chico de cabellos verdes sobre el de cabellos castaños por su flexible cuerpo sin lugar a dudas eran las mejores que él tenía.

Pero su discusión había quedado en el aire al sentir que algo estaba sonando con demasiada fuerza. Ambos giraron hacía un costado concentrándose en el sonido y en los gritos de sus compañeros.

Miyuki no atrapó las de Furuya… ¿cierto? —Sawamura negó sutilmente ante aquella afirmación sonriendo con malicia.

¡Miyuki ve a atrapar los lanzamientos de Furuya antes de que haga un agujero en el techo como la otra vez! —Gritó Kuramochi saliendo de la habitación #5 observando hacía arriba en dirección a la habitación del mencionado—. ¡MIYUKI!

¡¿Estás loco?! ¡Son las dos de la mañana! ¡Furuya ya duérmete!

Kuramochi no pudo evitar girar a ver a Sawamura quien se metía a la cama ignorando completamente el alboroto que estaba ocurriendo afuera y todos corriendo en dirección a la habitación de Furuya para lograr detenerlo –o quitarle la bola, lo que ocurriese primero–

[—]

Kazuya Miyuki había logrado alcanzar a los de primer año, pero se detuvo a mitad de camino al escuchar los sollozos del castaño quien se encontraba sentado en el suelo con las rodillas golpeando su frente. Se sintió increíblemente débil en esos momentos. ¿No pudo siquiera estirar su mano para atraparlo antes de que se alejara de los miembros de segundo año? Deseó realmente no ser el capitán y golpearlos con todo lo que tenía aunque eso incluyera ser castigado por el entrenador o en el peor de los casos ser expulsado del equipo… pero en esos momentos, sentía como su sangre estaba hirviendo, como su corazón latía cada vez más rápido a pesar de todo lo que había pasado. Se arrepentía, sintió la necesidad de regresar para romperle a cada uno todo lo que se llamaba cara, pero sabía de antemano que Kuramochi se había encargado de ellos tres.

Inhaló el aire suficiente colocando su espalda suavemente en la pared que se encontraba a un lado de él, cerrando sus ojos para escuchar la conversación de los estudiantes quienes estaban a pocos pasos de él. A pocos pasos de correr y abrazar a Eijun, de sostenerlo entre sus brazos evitando que siguiera llorando como un niño pequeño. Él no podía hacer nada más que estirar su mano para darle su apoyo, no era como en el béisbol que cada uno era enemigo de uno mismo, esta vez los dos estaban en el mismo barco, se arrepentía muchas veces de no haber estirado su mano cuando tenía yips o en otros casos cuando fue destruido poco a poco por la presión de Inashiro. Pero no fue capaz de moverse, esa noche, sentía todos sus pies dormidos.

—Eijun-kun —llamó suavemente Harucchi agachándose a la altura del contrario, deslizando su mano por la espalda ajena intentando darle ánimos. Levantó su cabeza observando a Furuya quien veía también la espalda del castaño en el suelo, después de un minuto, giró suavemente su rostro hacía un costado.

— ¿Qué paso? —Preguntó después de una larga pausa. Harucchi sonrió bastante enternecido al ver la extraña amistad que tenían esos dos.

—No es nada… —susurró lo suficiente bajo al ser comparado con su usual tonó de voz. Furuya frunció ligeramente el ceño con molestia.

—Entonces regresaré para seguir lanzando.

— ¡¿No te vas a tomar la molestia de volver a preguntar?! —Gritó el castaño girándose hacia atrás señalando a Furuya con su dedo índice. El adolescente alto de cabellos azules bufó con molestia agachándose hasta su altura. Harucchi quien también estaba cerca de la altura de Eijun no pudo evitar sonreír con bastante diversión.

—Sí me vuelves a decir: no es nada, me iré sin voltear hacia atrás.

—No es cómo sí quisiera contarte a ti —bufó, el de cabellos rosados mostró una divertida sonrisa en sus labios—. ¡Harucchi! ¡¿Te estás riendo de mí?!

—No es así, Eijun-kun —intentó disculparse levantando sus manos. Los tres se sentaron en el suelo ante la atenta mirada de Kazuya Miyuki quien no apartaba su rostro del trío de primer año.

—Lo siento, deje que mis emociones me controlaran…

No es nada nuevo —pensó Harucchi observándole con una ligera gota de sudor deslizándose por su cuello.

—Eso es normal en ti —comentó Furuya, mucho más directo que Haruichi Kominato quien no pudo evitar simplemente cubrir sus labios para no soltar una risita. Eijun sintió como una gran piedra le caía en la cabeza.

— ¡¿Qué has dicho, Furuya?!

— ¿Ves? Vuelves a dejar que te controlen —señaló como si fuese lo más obvio del mundo. El castaño chasqueó la lengua desviando su mirada hacía un costado sin atreverse a mirarlos.

—Nos vieron… —susurró suavemente. Miyuki abrió sus ojos con fuerza al escuchar lo que había dicho—. Ellos nos vieron… le cause problemas a Miyuki-senpai.

Furuya no había dicho nada, Harucchi cerró suavemente sus labios mientras el castaño detrás del muro apretaba con fuerza sus puños. ¿Él tuvo el valor de contarles a sus amigos? Realmente era increíble la gran confianza que le tenía a esos dos. Sintió algo de celos a raíz de cómo se llevaban, sin embargo, no quiso salir. Las últimas palabras le habían helado totalmente. ¿Problemas? ¿Él?

Sawamura Eijun en sí era un problema andante, cada vez que te tropezabas con él terminabas metiéndote en alguna clase de problemas… ¿por qué se incomodaba tanto ahora?

— ¿Lo estaban haciendo cuando los encontraron? —Preguntó Furuya observando con curiosidad a Eijun quien se sonrojó de golpe señalándole con todos los dedos de su mano, provocando que Harucchi soltara una risita de vergüenza de su garganta.

— ¡Claro que no, Furuya! —Gritó—. No… nos vieron besándonos.

— ¿Solo eso? —El castaño levantó su mirada observando los ojos platinados, bañados en la luz de la luna con ese extraño brillo que pocas veces lograba observar—. Sólo fue un beso.

Harucchi sonrió—. No es eso… —bufó con molestia—. A pesar de que llegamos a un acuerdo de que no intentaríamos mostrar nuestra relación a los demás miembros del equipo… hice que por culpa de mis caprichos nos encontraran… Miyuki-senpai es el capitán del equipo y lo que menos quiero hacer es causarle problemas… o algo así.

¡¿O algo así?! —pensaron Haruichi tanto como Miyuki quien apretó sus labios con fuerza. No sabía sí estaba molesto por lo último o porque pensara que en serio estaba causándole problemas.

—No creo que Miyuki-senpai piense eso, Eijun-kun —comentó Harucchi mientras sonreía colocándole una de sus manos en el cabello contrario—. Al contrario, creo que sería el primero en afirmar que ustedes están saliendo y por eso se habían besado.

—Sí, Miyuki-senpai es un idiota también —aportó Furuya haciendo que el castaño pensara en triplicar su entrenamiento y hacerlo correr por cinco días seguidos. No, no atraparía para él. ¡Ese idiota de Furuya!

—Pero…

—Deja de culparte, Eijun-kun. No ha sido tu culpa, todos estamos preparados para enfrentar todo tipo de problemas. ¿Qué tiene de malo que uno o dos se enteren?

—Miyuki-senpai… podría causarle problemas a él —susurró lo suficientemente bajo para los demás.

— ¿Eijun-kun?

—Es lo que menos quiero hacer… ¿qué pasa sí todos le pierden el respeto o le exigen al entrenador que lo quite del puesto? Yo… tengo miedo de que eso ocurra —apretó con fuerza sus puños—. ¡ARG! ¡Estoy tan molesto y no sé por qué! ¡Harucchi, atrapa para mí!

— ¡¿Eh?! Eijun-kun… —susurró el de cabellos rosas lo suficientemente bajo sonriendo con bastante diversión.

—No, él va a atrapar para mí.

— ¡¿Qué?! ¡Ni lo creas, Furuya! ¡Yo le dije primero!

— ¿Y? —Le interrumpió una voz bastante conocida para los estudiantes—. ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a dejar que los sentimientos de los demás te venzan terminando con él? —La voz de Kuramochi había interrumpido con obviedad, observó de reojo a Kazuya quien levantó suavemente su dedo hasta sus labios para que no dijese que él estaba allí. Caminó hasta dónde se encontraban los de primer año observando a su compañero de habitación quien se encontraba temblando en el suelo luego de haber escuchado la pregunta que había hecho—. Sawamura —el mencionado levantó su rostro hasta toparse con los ojos de su senpai—. ¿Qué vas a hacer?

—Yo…

— ¿Qué es lo que tu corazón desea hacer?

—Pro-proteger a Miyuki-senpai —susurró. ¿Eso que significaba? —. Yo… quiero terminar con Miyuki-senpai. »

28 DE DICIEMBRE.

Japón — Tren de bala.

(Vías en dirección a Nagano, 08:05 a.m.)

Abrió los ojos de golpe respirando con dificultad, intentó mover su cuerpo hacía adelante buscando regresar su respiración a la normalidad pero fue imposible moverse de aquel lugar. Viró su cabeza hacía un costado de forma delicada topándose con el cabello del castaño cubriendo suavemente su frente e incluso los parpados de sus ojos quedaron detrás de estos. No pudo evitar soltar una risita que se liberó de su garganta al darse cuenta de que había estado soñando con sucesos del pasado. ¿Desde cuándo se habían hecho tan frecuentes? Volvió a colocar su cabeza en una posición dónde no molestara al pitcher que parecía sumergido en sus propios sueños antes de despertarlo y escuchar una larga argumentación sobre su falta de respeto por despertarle de su sueño embellecedor o quien sabe con qué tonterías saldría ese día.

Recordaba que habían tomado el tren alrededor de las siete y ocho de la mañana, encontraron su puesto bastante rápido colocando las maletas de viaje en los cajones de almacenamiento superior. Eijun se sentó a un lado de la ventana mientras él tomaba el asiento del pasillo por el cual podría observar a todas las personas caminar de un lado a otro cuando debían de ir con urgencias al baño. Menos mal que había ido antes de que el tren saliera, de lo contrario, podrían entrarle ganas en cualquier momento; y no sabía que era peor –sí soportar las ganas o despertar a Eijun para que le permitiera ir–. Deslizó suavemente sus dedos a través del marco grueso de sus gafas para quitárselas de encima limpiando las gotas de sudor que se deslizaban de su frente por el sueño que había tenido.

Envolvió con más fuerza el agarre de ambos entre el pequeño espacio que separaba a ambas sillas, sentía como sus dedos apretaban suavemente la mano contraria sintiendo la piel áspera del pitcher por lanzar tanto, sentía cerca de su oído el suave compás de su respiración, veía su pecho subir y bajar mientras murmuraba un par de palabras indescifrables para el cátcher de segundo año. Sonrió, a pesar de que aquellos recuerdos le habían traído malos entendidos, también les había hecho avanzar un poco con las personas indicadas. Cerró suavemente sus ojos de nuevo, después de depositar un beso en los cabellos del castaño dejando que su nariz rosara con unos pocos de estos.

« —Sawamura, ¿es cierto lo que has dicho? —No había soportado estar detrás del muro por más tiempo. El castaño tembló en aquella posición, con sus manos aferradas a la arena del suelo sin atreverse a mirar por segunda vez en el día a Miyuki. El capitán del equipo apretó con fuerza sus dientes y con una sola mirada hizo que Kuramochi se llevara a los estudiantes de primer año quienes estaban cerca de sus amigos.

—Es mejor dejarlos solos —opinó. Furuya a diferencia de Haruichi no estuvo demasiado de acuerdo con la idea, pero el solo hecho de escuchar que atraparía para él le hizo simplemente darse media vuelta despidiéndose con una mirada de su rival quien todavía no se había movido del suelo.

—Eijun.

— ¡No quiero causarte problema, Miyuki!

— ¿Y quién te ha dicho que los has causado? —Preguntó, un poco más suave que hace unos minutos, apoyándose en el suelo con sus rodillas para levantar el rostro del castaño hasta su altura—. Sí realmente desearías terminar conmigo… no estuvieras llorando a moco suelto.

—No tengo mocos —bufó enojado—. Sí no fuese por mi culpa…

— ¿Tú culpa? Eijun, los dos decidimos meternos en esto. Sí no somos capaces de superar situaciones como esta los dos juntos ni siquiera merecemos ser reconocidos por los demás. Hey, ¿tus amigos nos aceptaron, no? —Asintió débilmente—. Kuramochi nos dio una oportunidad para hablar… aunque siento que me arrancara las pelotas sí te toco de más —susurró lo último junto a un frío escalofrío que recorrió su espalda.

El castaño no había evitado reír. Miyuki había ampliado una sonrisa al verlo mucho más relajado, deslizó suavemente sus manos alrededor de su rostro, palpando su piel, rozando sus labios esta vez con más atrevimiento, suavemente siendo correspondido por el beso del contrario.

—Sawamura, sabía que causaría esa reacción en nuestros compañeros sí esto entre los dos comenzaba. Tarde o temprano se iban a enterar —sus dedos se envolvieron alrededor del cabello contrario—. ¿Y eso te hará huir? ¿Huiras de lo que sientes porque temes que me lastimen? —Preguntó con burla—. Venga, tengo los huevos suficientes para seguir adelante después de perder un partido de béisbol también tendré los huevos necesarios para hacer entender a todos en el club, en la escuela… quienes sean, que tú y yo estamos saliendo —Sawamura sonrió—. Ahora sí, ¿quieres terminar conmigo? —El castaño negó—. Buen chico —susurró deslizando sus dedos alrededor del cuello ajeno atrayéndolo hacía si con fuerza—. ¿Dejarás de preocuparte por cosas tan pequeñas? —El mencionado asintió—. ¿Ya no lloraras por eso? —Volvió a asentir—. ¿Dejarás de pedir que lance para ti? —El mencionado volvió a asentir pero se detuvo de golpe al comprender sus palabras.

— ¡No me vas a hacer rendirme tan fácilmente para que atrapes mis lanzamientos Miyuki Kazuya! —Le gritó señalándole con fuerza. El mencionado sacó su lengua apoyando sus manos en el suelo detrás de él.

Casi~

— ¡Casi nada! »

—Bakazuya… —susurró entre sueños. El castaño sonrió con su típica sonrisa de arrogancia, apoyando sus labios en las mejillas del pitcher de primer año.

—Bakamura… —río entretenido.

Sintió una vibración en sus pantalones, deslizó su mano libre hasta el bolsillo hasta toparse con su teléfono celular. Cuando observó la pantalla tenía más de veinte mensajes que decían exactamente lo mismo: » Te mataré sí le colocas un dedo encima a Sawamura « tecleó con una sola mano una sola respuesta a ese montón de mensajes en una frase: » Le he puesto cinco, será una quíntuple killing «

No pudo evitar mostrar sus dientes después de recibir otro tipo de amenazas en otras redes en las cuales tenía a sus compañeros. Observaba aburrido los mensajes sin el menor interés del mundo.

— ¡OHHH! —Escuchó un grito de sorpresa que venía… ¿probablemente de adelante? No se tomó la molestia en levantar el rostro por ver quien había gritado—. ¿Ustedes dos están saliendo? —Miyuki saltó de la sorpresa, pero fue sutil, nadie se habría dado cuenta si no le estaba prestando la suficiente atención, pero al parecer, quien estaba delante de él era demasiado observador—. Lo siento, te asuste.

—No, no lo hiciste —contestó levantando su mirada topándose con un par de ojos brillantes, el chico delante de él no parecía tener más de doce años. ¿O tal vez trece? Podría equivocarse, pero estaba seguro que asistía a la secundaria. Su cabello era de un color negro y lo tenía más o menos largo, sus ojos eran de un hermoso color oro brillante que resplandecía a la vez con su sonrisa.

—Menos mal —volvió a sonreír—. Soy Ken —señaló su pecho con una sonrisa—. ¿Quién eres tú?

—Miyuki —Ken levantó una ceja—. Kazuya.

—Es un placer, ¡Kazuya! —Miyuki pensó que había un montón de chicos adolescentes que eran tan irrespetuosos en la actualidad, pero lo dejó pasar –porque él era exactamente de ese tipo–, levantó una ceja al ver sus ojos brillar con más intensidad —. ¡OH! ¡Tú eres ese jugador de Seidou! ¡Miyuki Kazuya! —Y soltó una carcajada llamando la atención de todas las personas que estaban a su alrededor. Miyuki pensó que quien estaba a su lado iba a levantarse a golpearlo tarde o temprano pero parecía tener un par de audífonos ignorando todo a su lado: suertudo, pensó.

— ¿Juegas béisbol? —Le preguntó, sin la menor intensión de soltar la mano del castaño después de lo que había preguntado al principio.

— ¡Sí! —Contestó con una sonrisa—. Por cierto, juego en la posición de cátcher. ¿A qué es genial?

— ¡Haha! Obviamente es genial, esa es mi posición más deseada —contestó imitándole, ambos con tan pocas palabras habían alcanzado a comunicarse—. ¿Por qué juegas en esa posición, Ken?

— ¿No es obvio? En la cancha puedes mandar a todos e incluso puedes lanzar a todas las bases ¡y defiendes el home dónde las carreras llegan! Y a parte del pitcher, soy quien más atrapa las bolas —completó con una sonrisa, Miyuki pensó que ese chico tendría futuro por su forma de pensar, era, al menos, un tanto parecida a la suya cuando estaba todavía en a secundaria—. Ne, ne… pero no me has respondido a mi pregunta. ¿Ustedes dos están saliendo? No has soltado su mano desde que están allí sentados —apuntó con una sonrisa inocente.

¿Nos ha estado espiando? —Pensó con una gota de sudor. Deslizó su mirada hacía un costado—. Sí.

—Lo sabía, era obvio —soltó desviando su atención del castaño hasta los ojos del cátcher—. Tus ojos brillan como los de Papá.

— ¿Eh?

—Sí, cuando Papá miraba a Dad, tienes la misma mirada —señaló con una inocencia pura que podrían tener solo algunos estudiantes. Eijun era de la misma clase, pensó con bastante diversión.

Miyuki pensó que hacer una pregunta tan obvia era increíblemente estúpido de su parte. Eso se lo dejaba a Sawamura sí este hubiese estado despierto. Era obvio que ese chico quien estaba delante de él actuaba de forma tan natural con ellos porque sus padres también eran homosexuales. Miyuki desvió un momento la mirada hacía los campos abiertos por dónde el tren bala estaba pasando.

— ¿Qué iras a hacer a Nagano, Ken?

—A visitar a la abuela —contestó con una sonrisa—. Tenemos tiempo que no la vemos. ¿Y ustedes?

—Venimos a visitar a la familia de este idiota —apuntó con su mirada a Sawamura quien se removió inquieto en aquella posición. Seguramente había escuchado idiota dentro de su subconsciente o su sueño. ¿Se lo habrá dicho él?

—Kazuya.

— ¿Hn?

— ¿Ustedes ya lo hicieron? —El castaño casi comenzaba a toser descontroladamente al haber escuchado lo que el estudiante de secundaria había preguntado. Levantó su mirada observando con bastante curiosidad la mano del hombre que estaba a su lado estrellándose en su cabeza y su voz quejándose de que su "Dad le había golpeado demasiado fuerte" Entonces estaba viajando con uno de sus dos papás, se preguntó mentalmente… ¿dónde estaba el otro? ¿Podría verlos caminar delante de ellos como una familia? —. Ignora a mi viejo —bufó—. ¿Y, y?

—No es una pregunta que vaya a contestar con facilidad, Ken —sonrió con burla.

—Lo tomaré como un sí —afirmó desviando su mirada hacía un costado—. ¿No se va a lastimar el cuello sí sigue durmiendo así? —Preguntó señalando al castaño suavemente con su dedo índice. Miyuki pensó que probablemente tendría razón, pero no quería lidiar con Sawamura ahora que se despertara. Tenía suficiente con el chico de nombre Ken quien se encontraba delante de él—. Venga, despiértalo. Vamos a hablar los tres.

—No querrás verlo despierto —susurró.

— ¿Qué? ¡No me digas que habla tan poquito como tú! —El castaño tuvo ganas de mentirle, decirle que era un cubo de hielo como Furuya, pero imaginándose que su alborotador de primer año era tan frío como Satoru negó un par de veces quitándose un peso de encima: nunca.

—Al contrario —musitó—. Habla más que tú —apuntó a un hecho que era cien por ciento real.

—No vayas despertando a la gente, Ken —escucharon una profunda voz que venía de adelante. Seguramente su padre había sentido aquella misma electricidad que cubrió la espalda de Miyuki al imaginarse a esos dos hablando en esos momentos. ¿Alguno de los dos se entendería?

— ¡Pero quiero hablar con alguien! Kazuya es demasiado callado —bufó con la molestia suficiente haciendo un puchero—. Y tú vives durmiendo, viejo.

Ya el hombre no parecía prestarle atención, en lo que se animó Kazuya a abrir suavemente sus labios.

— ¿Dónde está tu otro padre, Ken?

— ¿Papá? —Preguntó con inocencia señalando suavemente el techo. Sawamura seguramente hubiese soltado un comentario tan brusco cómo: ¡¿Está durmiendo en el techo?! Pero él le había entendido, sobre todo al ver la sonrisa de nostalgia que se había formado en sus labios—. De hecho, viajamos a la casa de la abuela de Papá —volvió a hablar—. ¿Quieres conocerlo? ¡Papá es él más hermoso del mundo! —Rebuscó entre sus cosas una fotografía que le mostró. Logró ver con claridad que su físico había sido sin lugar a dudas el del hombre que se encontraba a su lado, mientras aquel que se encontraba a un costado tenía una belleza increíblemente inhumana. Levantó su mirada topándose con la del chico de cabellos negros quien a simple vista decía: te lo dije.

— ¿Tú Dad no se molestará porque me lo hubieses mostrado?

Ken negó divertido—. Al contrario, le gusta presumir.

No pudo evitar pensar en la extraña relación que tenían los Todoroki, era exactamente como la estaba viendo actualmente. Ese dúo de padre e hijo que discutían por absolutamente todo, pero no podían evitar presumir lo que más le gustaban. En el caso de Ken y su padre… ¿Su padre? Mientras que de los otros dos su hijo y lo bien que bateaba… ¿o eran las bananas? Bueno, él no era el amigo de Raichi Todoroki, era el chico que se encontraba dormido a su lado, que desde un buen rato comenzó a moverse inquieto.

¿Una pesadilla?

—Sawamura, hey… ¿estás teniendo una pesadilla?

Bakazuya… no —susurraba suavemente. Miyuki se alarmó al escuchar lo que había dicho, que se iba a acomodar mejor para levantarlo—. No… no te comas mi pudín… ¡Masuko-senpai me lo dio a mí! —Los ojos del castaño se abrieron de golpe observando a quien se encontraba a su lado con una sonrisa un poco forzada. Frotó de forma lenta sus ojos con las mejillas ligeramente sonrojadas al igual que sus ojos por estar durmiendo demasiado.

— ¿Por qué me comería tu pudín? —Sawamura se sonrojó de golpe desviando su mirada hacía un costado.

—Nunca se sabe de ti, Miyuki-senpai.

—Sabes que no me gusta el dulce —sonrió divertido, apuntando a una realidad obvia; pero el castaño suavemente se levantó de hombros.

— ¿Has probado los flanes que compra Masuko-senpai? —Miyuki negó—. ¡Entonces no puedes hablar que no te gustaran! ¡Son la bomba!

— ¡OHHHH! ¡Tenías razón al decir que hablaba más que tú!

De hecho, eras tú —pensó Miyuki, pero no se atrevió a decirlo. Después de todo, los ojos caramelo del castaño se encontraban observando los ojos del chico de cabellos dorados.

— ¡Soy Ken Ishida! ¿Quién eres tú?

— ¡Sawamura Eijun! —Se presentó golpeando su pecho con fuerza—. ¡Un placer conocerte, Kenicchi!

— ¡OHHH! ¡Un apodo! ¡Qué cool! Te llamaré… eh… ¿cómo? ¡Eijin!

— ¡OHH! ¡Cool!

Miyuki golpeó con la palma de su mano su frente al darse cuenta de que había despertado a un monstruo y había estado compartiendo palabras con un demonio por más de veinte minutos. Debía de haber esquivado su pregunta o hacerse el dormido… pero no, tenía ganas de hablar o molestar a alguien y resultó él quien había terminado siendo molestado por un par de mocosos. Observó en la silla de adelante como el padre de Ken movía sus dedos por encima de la pantalla táctil de su celular subiéndole todo el volumen que tenía: buena elección, viejo —pensó.

— ¡Ne, ne, Eijin! ¿Qué posición juegas tú?

El mencionado se señaló. Ken asintió un par de veces emocionado—. ¡Yo soy pitcher! —Y mostró sus dientes en una brillante sonrisa.

— ¡Genial! ¡Entonces podré atrapar tus lanzamientos!

— ¡OHH! ¡Eres cátcher! ¡Genial! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

Ken pensó que su gritó era asombrosamente genial, por lo que abrió sus labios dispuesto a gritar. Sawamura leyó sus movimientos sabiendo que iba a imitarle también. Pero Miyuki al igual que el padre de Ken fueron lo suficientemente rápido para cerrarles la boca de golpe sentándolos.

—La…lamentamos el alboroto —se disculpó el adulto mayor haciendo una reverencia. Miyuki tenía su codo en la cabeza del contrario disculpándose también con los demás pasajeros.

¡¿Estás loco, Sawamura?! —Susurró lo suficientemente bajo, pero aun así, hablándole cerca del oído—. ¿Cómo vas a gritar dentro del tren? ¡Tienes suerte de que no vinieran a sacarnos y dejarnos en la próxima parada!

—No tienes que gritarme —bufó con molestia girando su rostro hacía un costado con vergüenza.

— ¿Qué quieres? —Preguntó acercándose a su oído—. ¿Quieres que te silencie con un beso?

— ¡¿Qué estás diciendo, Miyuki Kazuya?! —El castaño río con burla al verlo gritar echándose hacía atrás con las mejillas sonrojadas—. ¡Nunca dije eso!

Kukukuku… seguro dijo algo tipo: la próxima te silenciare con un beso —Sawamura se sonrojó por completo al ver que Ken se había puesto del lado de Bakazuya—. ¿Eh? ¿Acepte, Kazuya?

El capitán del equipo de Seidou le guiñó un ojo al ver que los contrarios brillaron. Ken volvió a apoyarse sobre la silla observando a los chicos del asiento trasero para seguir hablando. Miyuki al menos controlaría los gritos de Sawamura con aquella pequeña y sutil amenaza. Eijun hablaba realmente bajo, sabía que ese hombre era capaz de cumplirla sin importar absolutamente nada de lo que pasara a su alrededor o dónde estuvieran. Él la cumpliría sí era capaz de volver a gritar.

Las dos horas había trascurrido relativamente rápido. Sawamura se entretuvo todo el viaje hablando con Ken, pasaban del béisbol a los mangas que le gustaban e incluso aterrizaban a los libros que habían leído y que el contrario tenía que leer. Intercambiaron números –Miyuki había sido obligado por su novio a entregar su número también a Kenicchi–, hablaban de sus familias, e incluso Eijun llegó a la conversación que Kazuya en lo único en que él era bueno definitivamente era en el béisbol. Era malísimo para los otros deportes. Después de haberlo visto fallar una patada para hacer gol en un partido de futbol de los de segundo, le invitó a jugar baloncesto: sus gafas se rompieron. Tenis, tuvo tan mala suerte que no logró golpear la pelota y las gafas volvieron a romperse. Vóleibol, otra vez se rompieron las gafas, bádminton esta vez las gafas salieron volando –y bueno, se cayeron al suelo y se rompieron–. ¿Natación? Tuvo que lanzarse al agua para que no se ahogara.

—Apesta —dijeron los dos después de una larga pausa que había hecho Eijun en los segundos que trascurrieron luego de haber finalizado sus recuerdos. El castaño se encontraba entretenido en su teléfono celular contestando mensajes, ignorando olímpicamente la conversación de los presentes porque definitivamente iba a volverse loco. Tomó el consejo silencioso del anciano apartándose de esa extraña amistad que se estaba formando.

Miyuki le contestaba los mensajes a Kuramochi, Mei e incluso habían algunos de Zono ¿también había recibido mensajes de Carlos? ¿Qué hacía el primer bateador de Inashiro enviándole mensajes a él?

» Es porque es un chico « ¡¿Ese idiota estaba anunciándole algo absurdo por lo que Mei le había enviado en el mensaje pasado?! Realmente no podía entender cuanta estupidez cabía en la cabeza de cada uno de los jugadores de béisbol. Probablemente mucha, demasiada. Atravesaba los límites volviéndola infinita. Suspiró respondiéndole aquel mensaje, después de todo estaba aburrido: » ¿Seguro que no es niña? Su altura es bastante cuestionable « Después de unos minutos recibió un mensaje de Mei » ¡Vete al infierno, Kazuya! .I. « y al mismo tiempo recibió uno de Carlos » Lo acabo de verificar en el baño, Miyuki. ¡Es hombre! « Por algún motivo, Kazuya se imaginó una escena bastante absurda en los baños de Inashiro dónde Carlos le bajaba los pantalones a los demás miembros para comprobar que Mei era en definitiva hombre. No pudo evitar soltar una carcajada.

Eijun queriendo saber de qué se reía se acercó a él intentando quitarle el teléfono, pero recibió un beso del castaño quien lo dejó completamente quieto en la silla de alado mientras este no podía evitar reír. Ken simplemente bufó al sentirse abandonado por Eijun quien se había sentado mirando hacia la ventana como si fuese un lugar bastante agradable. Un comentario que escuchó el chico de gafas le hizo mirar hacía un lado dónde un par de mujeres susurraban entre ellas. Levantó suavemente una ceja sin evitar mirarlas, no quería que Eijun escuchara lo que hubiese comentado, estaban comenzando su semana de descanso, no quería dañarla por unos estúpidos rumores.

Ken seguía hablando a pesar de que Eijun comenzó a contestarle con monosílabos, pero luego poco a poco se iba soltando. Debajo del separador de las sillas los dedos volvieron a unirse entre los largos dedos del cátcher quien pensó que él había escuchado lo que las mujeres contrarias habían dicho. Chasqueó suavemente su lengua, pero los dedos volvieron a apretarse con mucha más fuerza, cómo sí le estuvieran diciendo: no es la primera vez, Miyuki. Sonrió, apoyando su otra mano en el brazo de la silla dejando que su puño se encargara de sostener su mejilla escuchándoles hablar. No faltaba mucho para llegar a Nagano, él, comenzaba a sentir el frío helado de las montañas.

[—]

Japón, Prefectura de Nagano | Nagano — Estación de trenes.

(Shinkansen de JR East, 10:05 a.m.)

— ¡LLEGAMOS! —Gritó Eijun levantando sus manos al aire con un porte de victoria. Ken se despidió de ellos después de haber llegado a la estación sacudiendo su mano de un lado a otro prometiendo que se encontrarían durante esa semana para salir a comer juntos.

Miyuki agradeció haberse vestido con dos camisas debajo de él al notar el helado frío que subía por su cuerpo hasta sus manos. Restregó estas buscando el calor al sentir que realmente ese lugar era helado cuando de invierno se trataba. Kazuya estaba vistiendo un pantalón de color oscuro, su tela era bastante dura casi parecida a un jeans. Una camisa manga larga de color azul junto a un chaleco de color negro que se encontraba encima de su camisa y una gorra ubicada hacía atrás. Eijun vestía mucho más fresco, acostumbrado posiblemente al frío del invierno –o más bien era el hecho de que su cuerpo era increíblemente cálido–. Vestía una sudadera de color platinada y un buzo de color verde manga larga. Golpeó un par de veces el suelo frío de la estación observando como la nieve se acumulaba poco a poco en dónde los árboles de cerezo habían florecido antes de que él se marchara hacía Seidou. Recordó el día que sus amigos lloraron, recuerda con nostalgia como le habían dicho que hubiesen deseado jugar más con él. Recuerda la frustración que sintió al no haber rechazado la oferta, pero había sido su mejor decisión. Se agachó para tomar la maleta levantándola, la fría mano de Kazuya se había envuelto en la suya ocultando la palma de su mano entre los bolsillos de la chaqueta negra.

—Hace demasiado frío… ¿cómo estás tan fresco? —Preguntó frunciendo ligeramente el ceño.

— ¿Hace frío? —Le preguntó con una ceja levantada. Miyuki sacudió un par de veces su rostro como si realmente no tuviera remedio.

—Eres una máquina de calefacción.

— ¡¿Qué has dicho, Miyuki Kazuya?! —El castaño comenzó a reír alejándose de las líneas amarillas que poco se veía por culpa de la nieva saliendo de la estación. Sawamura seguía sus pasos quejándose sobre cómo le había llamado ignorando por completo las miradas que eran dedicadas exactamente a ellos dos.

— ¿Alguien nos vendrá a recoger? —Preguntó interrumpiendo su monologo, el castaño pareció recordar algo que sacó su mano del chaleco de Miyuki escuchando su chasquido de lengua al haberse visto tomado por sorpresa tecleando unos números que conocía bastante bien.

¡Mamá! ¿Dónde estás? —Miyuki sonrió jalándolo hacía un costado para que la gente pudiera pasar sin tropezar con el castaño quien hablaba moviendo su mano con la maleta que tenía a un costado—. ¡Sí, sí! Ya llegamos. Sí, ¿en la entrada? ¡Bien, nos vemos allá! —Eijun guardó el celular en su bolsillo tomando la mano del castaño otra vez guardándola en su chaqueta mientras lo jalaba hacía la salida—. Mamá está cerca, así que vendrá de dónde estaba en el carro de un vecino —apuntó hacía la salida—. Serán alrededor de unos minutos, ¿okey?

Miyuki asintió sin problema alguno mirando todo con curiosidad, era la primera vez que viajaba a Nagano. El dinero que utilizó para comprar los boletos tanto de ida como de venida había sido un ahorro que tenía, pensó gastarlo con Eijun viajando hacía un lugar interesante en las próximas vacaciones, pero aquella visita se atravesó y no pudo decirle simplemente que no. ¿Quién aparte del entrenador le decía que no a Sawamura Eijun? E incluso, a veces ese hombre caía en los encantos de aquel tramposo zorro que tenía sus dedos sujetando con fuerza su mano evitándole que se marchara.

—Sawamura.

— ¿Qué? —Giró su rostro hacía un costado observando la mirada extraña de aquel astuto mapache.

—Eres realmente cálido —susurró, el rostro de Eijun ardió con tanta intensidad que Miyuki pensó que todo el calor de sus mejillas iba a llegar hasta sus manos, bueno, al menos había conseguido lo que quería. Colocarlo avergonzado por haberlo hecho pasar vergüenza durante todo el viaje con sus griteríos. ¿Debería probar hacer otra cosa para que deseara que se lo tragara la tierra? Bueno, esperaría un poco a estar establecido mentalmente en Nagano y las piernas no le temblaran constantemente por el frío que hacía.

[—]

— ¡Ei-chan! —La voz femenina llamó la atención de los dos adolescentes. El cátcher suavemente deslizó su mano con la contraria fuera de la chaqueta permitiéndole que corriese con libertad hacía dónde se encontraba su madre bajándose del auto para abrazarle con fuerza. La mujer tenía una belleza increíblemente única, el cabello corto permitía que la bufanda encajara con perfección envuelta en su cuello con elegancia. Su color de cabello era marrón, era el mismo que el de Eijun desde su punto de vista él tenía bastante parecido a su madre –todavía no conocía a su padre–, pero esa mirada, esa sonrisa y los ojos que brillaban con tanta intensidad, por supuesto, Miyuki Kazuya todavía pensaba que ese brillo caramelo en los ojos de Eijun no los había visto en otra persona. Inhaló el aire suficiente tomando la maleta del castaño entre sus dedos caminando hacia dónde se encontraba el pequeño reencuentro familiar antes de que las trompetas sonaran indicando su momento de presentación.

Por un momento deseó regresar a Tokyo.

Los marrones ojos de la mujer se dedicaron a recorrerlo cuando él llegó hasta dónde ellos dos estaban, ampliando una gran sonrisa dónde sus dientes resplandecieron. Miyuki apuntó que la famosa sonrisa de Eijun definitivamente era de los genes de su madre—. Tú debes ser Miyuki Kazuya, ¿no? —Comentó con una mano en su mejilla recorriendo su mirada de arriba hacia abajo—. Ei-chan, no sabía que ibas a traer a un amigo tan guapo… ¡me hubiese arreglado!

— ¡Mamá!

Haha… —rio con nerviosismo dejando la maleta de Eijun en el suelo extendiendo suavemente su mano hasta rozar la de la mujer—. Usted debe ser Nanami Sawamura, ¿no? Eijun me ha hablado mucho de usted.

—Seguramente, ese niño nunca se calla.

En un extraño silencio, el dúo llegó a la conclusión de que Eijun hablaba demasiado para el gusto de muchos. El castaño se había dado cuenta de aquellas intensiones soltando un montón de monólogos de que esos dos se encontraban sin lugar a dudas abusando de él desde el fondo de sus pensamientos.

Subieron las maletas en la parte de atrás de auto acomodándose para poder llegar a la casa del mencionado. Esta vez Miyuki iba sentado observando por la ventana detallando con sus observadores ojos cada extensión de la ciudad que estaba conociendo ese día. Eijun iba hablando con su madre e incluso con el chofer quien parecía ser vecino de los Sawamura sobre los entrenamientos, las practicas e incluso emocionado decía que les iba a mostrar a todos sus amigos lo que había mejorado. Kazuya cerró suavemente sus ojos un momento, para luego abrirlos de la sorpresa al sentir una mano sobre la suya. Sonrió mostrando sus dientes reflejados en la ventana al darse cuenta de que el contrario lo había hecho por nerviosismo. Apretó suavemente su mano, recordándole que él todavía estaba allí.

—Oye, Mamá —llamó Eijun después de una pausa bastante tranquila para los presentes—. ¿Papá y el abuelo saben que vamos a ir?

Nope —contestó con una gran sonrisa en sus labios—. Me pareció más divertido ocultarlo. Aunque creo que el abuelo sospecha, limpié de más tu habitación —apuntó como la cosa más obvia del mundo. Kazuya sonrió bastante divertido al ver que la personalidad de Eijun era realmente parecida a la de su madre.

Japón, Prefectura de Nagano | Nagano — Casa de los Sawamura.

(10:35 a.m.)

— ¡OHH! ¡Estamos llegando! ¡Mira, Miyuki-senpai! —Apuntó hacia adelante un conjunto de casas que se encontraban entrando a un gran campo de nieve, los chicos que jugaban en la nieve se movían de un lado a otro aventándose la fría nieva con los guantes que les brindaban calor, algunos se encontraban entre los campos haciendo muñecos de nieve mientras otros se llevaban en trineos bajando de las pequeñas colinas que se formaban con risas. El complejo de casas más adelante se dividían bastante lejos, habían grandes terrenos e incluso Kazuya desvió su mirada hacía la casa dónde se habían detenido.

Miyuki sin lugar a dudas, al momento que observó la casa con sus ojos marrones captó un viejo aire japonés que le hacía lucir increíblemente hermosa aún con la nieve cubriendo sus tejados. El estilo de la casa era mucho más conservadora que muchas en la gran ciudad. También, era grande. Del tejado caían pequeños cúmulos de nieve que se hacían en la entrada, giró a ver a Eijun quien se quejaba con su madre que seguramente limpiaría la entrada durante algunas horas más adelante dónde la nieve no permitiera la entrada a nadie. Giró suavemente su rostro hacía un costado notando un invernadero bastante cerca de la casa, posiblemente sea el trabajo de su padre. Se preguntó qué clase de cultivos u flores sembrarían en ese lugar con el clima como estaba. Eijun inhaló todo el aire que pudo, Miyuki dejó las maletas en el suelo cubriendo sus ojos al darse cuenta de lo que iba a hacer el contrario.

— ¡ESTOY EN CASA! —Gritó con todas sus fuerzas. Kazuya bufó bastante divertido al darse cuenta de que parecía querer romper el suelo con cada pisada que daba después de quitarse los zapatos. Nanami también entró segundos después seguida de Kazuya Miyuki quien acomodó las maletas en la entrada para quitar sus zapatos y arreglar los del castaño y los suyos a un costado de la entrada. Tomó las dos maletas adentrándose poco después de las indicaciones de Nanami.

—Lamento que sea tan ruidoso.

—Ya estamos acostumbrados, y cuando digo estamos. Es porque todos en el club sabemos que sí Eijun no grita ese día es porque realmente está mal —Nanami no pudo evitar soltar una risa de sus labios—. Todo el lugar siempre está animado por él —sonrió—. Debo de admitir que por su culpa todo el equipo vuelve a llenarse de fuerza para seguir entrenando.

—Gracias por cuidar de mi hijo, Miyuki-kun.

—Llámeme Kazuya, Nanami-san —sonrió con una mueca bastante entretenida.

—Tú puedes llamarme entonces Nana, Kazuya —apuntó con una sonrisa a un apodo mucho más relajante para que el castaño comenzara a abrirse un poco en la casa. Miyuki pensó que iba a ser mucho más fácil de lo que realmente pensaba.

— ¡OHHH, ABUELO! —El gritó que vino de la sala de estar llamó la atención de las dos personas quienes hablaban caminando por el pasillo. Miyuki levantó una ceja al escuchar un golpe seguido de un grito de queja del castaño y de una fuerte voz.

— ¡Deja de formar tanto alboroto, Eijun! ¡Estoy viendo un partido importantísimo! —Kazuya soltó una carcajada, joder. Ya sabía de dónde había salido la alborotada voz del castaño.

— ¡Esa es una jodida carrera de caballos! —Apuntó el castaño con obviedad—. ¡He incluso es una vieja carrera! ¡En invierno no hacen esas cosas!

Touché —pensaron los demás.

—Todavía eres muy joven para entrar en este mundo, debo de revaluar mis inversiones; investigaré a cada équido posible para conseguir el mayor resultado cuando la primavera llegue —Sawamura Eitoku golpeó con fuerza su pecho—. ¡Y me haré rico! —Comenzó a reír con fuerza colocando las manos en su cadera.

— ¡OHHH! ¡Una investigación con antecedentes! —Los ojos del castaño brillaban con intensidad, en algunas ocasiones realmente era un niño.

—Abuelo, deja las investigaciones para después. Tenemos un invitado que vino con Ei-chan desde Tokyo —Nanami entró seguida de Miyuki quien observaba con bastante curiosidad la sala de estar de los Sawamura.

— ¡OH! ¿No es el cátcher famoso de Seidou? Miyuki Kazuya —el mencionado sonrió mostrando sus dientes al momento que le había señalado. Dejó las maletas de nuevo en el suelo estirando su mano para saludar al abuelo del contrario de la misma forma en la que había saludado a Nanami.

—Sí, usted debe ser Eitoku —apuntó con obviedad.

—Un placer, mocoso —saludó estrechando la mano del adolescente. No pudo evitar anotar en su cabeza no dejar que Eijun saliera con la idea que quería cambiar su peinado como el de su abuelo. Definitivamente no lo iba a dejar, aunque la vida se le fuese en ello.

— ¿Por qué trajiste a alguien tan famoso a nuestro humilde hogar? —Le preguntó en un susurro al castaño alejados en una esquina de la sala. Miyuki no necesito adivinar que estaban hablando de él porque le había apuntado durante todo el trayecto hasta la esquina. Nanami avisó que iba a preparar el almuerzo, cuando esos dos terminaran con la reunión familiar seguramente Eijun le mostraría la casa. Así que estaría allí un poco más de tiempo.

—Invite a Miyuki-senpai porque quería invitar a Miyuki-senpai, ¿no podía hacerlo, Abuelo? —Le preguntó frunciendo el ceño. La verdad es que habían llegado a un acuerdo de que sería Miyuki Kazuya quien escogería el momento adecuado para hablar de ellos dos, pensaba que solamente con su abuelo y su madre no sería suficiente. Él prometió que esperaría hasta que el castaño mayor estuviese de acuerdo en que situación hablarían con los tres.

—Bueno, da igual. ¿Cuándo se va?

Oe, oe… acabo de llegar ¿y ya me está echando? —Se preguntó mentalmente Miyuki con los ojos entrecerrados observando al anciano.

—El tres —contestó entrecerrando suavemente sus ojos.

— ¡¿Qué?! ¡Eso quiere decir que estará toda la semana con nosotros! —Eitoku no parecía bastante contento, pero luego había sonreído con burla. Miyuki pensó que eso era de mal augurio—. Bueno, ya que está aquí lo trataré como un nieto más.

Hubiese sido mejor idea que me lo llevará esta semana de descanso a un hotel de aguas termales —pensó entrecerrando la mirada. No importaba quedarse totalmente sin dinero, pero había sentido un escalofrío recorrer todo su cuerpo y eso nunca era bueno. La última vez que lo había sentido, sin lugar a dudas fue cuando recibió el golpe en todo su cuerpo de aquel estudiante de primer año.

Comenzaba a dolerle todo el cuerpo.

— ¡OH! ¡Miyuki-senpai, te mostraré la casa! —Eijun recordó algo realmente importante ignorando el aura maligna que cubría el cuerpo de su abuelo tomando su maleta y la de Miyuki caminando hasta el pasillo—. ¡Vamos, vamos!

Kazuya simplemente era capaz de ver el aura maligna que cubría completamente a Eitoku, después de todo prácticamente a él le envolvía todos los días del año. Pero parecía que toda su maldad había sido transferida hacía el cuerpo contrario. Hizo una pequeña reverencia acercándose al pasillo sin mirar hacia atrás. Tenía un mal presentimiento.

—No le hagas caso a mi abuelo, él es así a veces.

¿A veces? —Pensó, frunciendo ligeramente los labios—. ¿Qué significa eso de qué mientras esté aquí también seré su nieto? —Preguntó por lo bajo, pero Eijun le había escuchado perfectamente claro.

—Bueno, es invierno. ¿No? —El mayor asintió—. Hacemos muchas actividades en invierno para mantenernos calientes.

— ¿Con este frío?

—Bueno, es mejor que estar encerrados en casa —apuntó el castaño con una sonrisa en sus labios—. A veces salimos a caminar… ¡Al abuelo le gusta pescar en el río congelado! Dice que los peces son más sabrosos cuando están todos fríos —una gota de sudor se deslizó por todo el cuello de Miyuki hasta su espalda. ¿En serio?, pensó—. Vamos a las montañas a esquiar, también hacemos snowboarding ¡Soy bastante bueno! —Presumió—. También podemos ir a patinar sobre hielo, mi papá tiene unos patines extras que podrían quedarte bien.

—Paso.

— ¡Será divertido! Verte caer será divertido.

— ¡¿Así que eso es lo único que será divertido?! —Preguntó con una mueca de molestia. Eijun casi nunca conseguía hacer enojar a Miyuki o en casos hacer que sienta vergüenza de su probablemente existencia. Recordaba que habían sido dos ocasiones en la que había enojado al cátcher. La primera vez fue cuando insultó indirectamente a Chris sobre su nivel actual en el campo de juego, la segunda vez había sido cuando lanzó una bola que Miyuki no había pedido. Recuerda todavía el sonido de la bola golpear contra su guante, apretó ligeramente los labios dándose media vuelta en la escalera uniendo su boca contra la ajena en un roce increíblemente inocente.

—Lo es.

Kazuya simplemente no pudo oponerse a eso, ¿estaba diciendo la verdad, no?

[—]

(11:55 a.m.)

Después de haber caminado la casa durante unos quince minutos en lo que Eijun le mostraba absolutamente todo, desde dónde estaba el cuarto de su abuelo hablándole hasta la última mugre de la habitación hasta el cuarto de sus padres. Cuando por fin llegaron a la habitación del castaño pasaron hacía dentro con bastante interés –Kazuya–. La habitación de Eijun era sencilla desde el punto de vista del mayor, tenía una cama sencilla a un costado de la ventana, un pasillo largo dónde posiblemente cupiese el futón en el cual él iba a dormir –o solamente en apariencia, estaba seguro que se metería en las sábanas del castaño en las noches–. Un escritorio con posibles libros de secundaria, e incluso habían unos manuales para el béisbol, libros de pesca y unos que otros mangas colgados en un armario pequeño arriba de estos. Habían cuadros, retratos e incluso tableros grandes de madera dónde las fotografías de Eijun en la secundaría e incluso la niñez con sus amigos reunidos. Kazuya pudo pasar su mirada desde su amiga de la infancia Wakana hasta el último de sus amigos del cual sabía, probablemente, que Eijun le llamaba: Nobu. Había dos gorras de béisbol colgadas encima de un pequeño televisor que se encontraba encima de una mesa de noche con tomos de manga bajo esta. Diagonal a la cama había poster de jugadores profesionales japoneses e incluso una revista llamó su atención. Cuando se acercó a está tomándola en sus manos observó que marcado en la parte de arriba se encontraba el reporte escrito de él.

"¿Este cátcher de primero será el salvador de la prestigiosa Seidou?" —repitió suavemente leyendo el articulo por encima, Eijun estaba ocupado moviendo algunas cosas para poder guardar las dos maletas dentro del armario del castaño para que no ocuparan espacio en la habitación, pero la extraña sonrisa de Miyuki no se quitaba de sus labios—. No sabía que me habías investigado antes de asistir a Seidou.

— ¿Qué? —El castaño giró su rostro hasta toparse con el castaño ojeando la revista que había estado puesta en el escritorio—. ¡No es lo que parece, Miyuki Kazuya! —Gritó sacudiendo sus manos de un lado a otro con la vergüenza palpable a raíz en sus mejillas.

— ¿No lo es?

—Ni siquiera sabía que estabas ahí —mintió. Kazuya se burló con una carcajada—. ¡¿Qué?!

—Eijun, eres un mal mentiroso, ¿lo olvidas? —Le recordó el castaño sentándose en la cama con una sonrisa entre sus labios. Sacudió su rostro un par de veces volviendo a colocar la revista en el escritorio apoyando sus manos detrás de su cuello para acomodarse mejor en la cama.

—Yo… —giró su rostro sonrojado, caminando hacia dónde estaba el castaño. Miyuki movió uno de sus dedos incitándole a que se sentara en sus caderas, obedeció la petición de su senpai, siendo sujetado por el contrario obligándole a encorvarse un poco para besar sus labios. Sawamura jadeó sobre los labios contrarios, Miyuki disfrutaba envolver el beso con maestría, después torturarlo con suaves caricias deslizando sus dedos por la cálida piel—. Miyuki…

— ¿Hm?

— ¿No escuchas algo? —El castaño se levantó después de que Sawamura lo había hecho, concentrándose en los pasos apresurados por la escalera. Miyuki empujó a Sawamura de sus brazos que cayó en la cama. Ambos tomaron de golpe la revista que estaba en el escritorio ojeándola discutiendo por lo bajo cual página era la más adecuada para hablar. La puerta se había abierto de golpe minutos después…

— ¡Eijun! ¡¿Así que viniste?!

— ¡Papá!

Miyuki levantó su mirada para toparse con la viva imagen de un… ¡¿delincuente?! ¿Ese era el padre de Sawamura? Bien, segunda nota: jamás dejar que Eijun piense que el peinado de su padre es genial. Debía de dejarlo realmente claro. Miyuki cubrió suavemente sus labios evitando comenzar a reír, realmente la familia de Sawamura era todo un teatro. Se iba a divertir durante esa semana. El adulto era alto, mucho más que los mencionados. Probablemente un metro con ochenta. Su cabello castaño se encontraba peinado a lo Elvis Presley, ¿era un fan de él? Sus cejas ligeramente cortas se fruncían con elegancia y sus labios se abrían lo suficiente hasta formar una sonrisa. Tenía una barba pequeña en su barbilla y algunas marcas alrededor de su rostro.

— ¡OH! Tú debes ser el mocoso Miyuki Kazuya, mi padre me dijo que tendríamos una larga y emocionante visita en la casa… ¡haré que te diviertas cómo en la ciudad, mocoso!

—Realmente preferiría pasar del concepto de diversión que usted tiene —susurró.

—Que aburrido amigo trajiste desde Tokyo, Eijun. ¡Hubieras traído a quien llamas Yankee-senpai! ¡Seguramente él se apunta a todo lo divertido!

—Dudó que Mochi se apunte a algo así —comentó entretenido.

—Etsu Sawamura —se presentó estirando su mano hacia adelante. Miyuki se levantó estrechándola con la ajena—. ¡Hey, mocoso! ¿El clima de la ciudad es mucho más fresco? Estás helado como un cubo de hielo.

—Miyuki-senpai tiene la temperatura baja, Papá —habló Eijun desde dónde se encontraba sintiendo un par de veces cómo sí su temperatura cálida fuese tan normal.

—Los chicos de la ciudad no resisten ni un día en el campo. ¡Deberías haberlo traído en verano! ¡Así puede trabajar en los campos!

— ¡OHHH! ¡Es una buena idea, Papá!

—No, es una mala idea, una muy mala idea. En verano tenemos las eliminaciones para ir al torneo nacional —señaló con obviedad—. Nunca tenemos descanso en verano.

—Ningún día del año tienen descansos estos niños de hoy en día —sacudió su rostro de un lado a otro. Miyuki lanzó un suspiro de sus labios.

¿Él? ¿Trabajando en agricultura? Espera, ¿Eijun solía hacerlo en verano? Desvió su mirada hacía el castaño quien amplió una sonrisa en sus labios mostrando sus dientes. Realmente sería entretenido verlo trabajando como un agricultor en verano, aunque no tendría ese privilegio hasta que el castaño terminase la escuela. ¿Y sí escogía la universidad? Nunca habían hablado de lo que iban a hacer después de la graduación.

— ¡OH! Nanami dijo que el almuerzo estaba preparado —comentó girando su mirada hacia atrás—. ¿Qué esperan mocosos, vamos a comer?

— ¡Sí! —Gritó con emoción Eijun saliendo después de su padre, pero fue detenido por la mano del adolescente con gafas quien lo atrajo hacía sí besando sus labios.

—Sí~ —canturreó con burla al ver el sonrojo en las mejillas del castaño y la vergüenza que mostraba en su rostro al ser besado por su pareja detrás de su padre.

— ¡¿Qué es ese ánimo, Kazuya?! ¡Debes de tener más fuerza! ¡No eres el capitán!

—Una cosa no tiene que ver con la otra… —susurró.

— ¡No te escuchó!

— ¡Sí, señor! —Vociferó con más fuerza, Eijun sonrió divertido al ver la tensión en la espalda de Miyuki al momento de recibir en sus hombros los brazos del padre del castaño quien le hablaba sobre quien sabe que cosas.

[—]

(03:23 p.m.)

— ¡OH! ¡Raichi viene a Nagano! —Miyuki quien estaba sacando su ropa de invierno, se detuvo observando al castaño de inmediato al ver que estaba revisando su teléfono sentado en la cama cruzado de piernas. Kazuya gateó desde el armario hasta aquel lugar en dónde su pareja le mostraba el mensaje con bastante emoción. Pero no leyó absolutamente nada, solo había visto la pantalla en blanco con algunas letras escritas allí.

— ¿Todoroki?

— ¡Sí! Sanada-senpai lo invitó a esquiar —comentó con bastante emoción—. ¡Vendrán el segundo de enero! —Comentó emocionado girando a ver a Miyuki. El castaño tragó seco al ver los ojos brillantes de este quien no apartaba su mirada de él. Es cómo sí estuviera diciendo que fueran a esquiar con ellos dos.

—Espera, ¿desde cuándo te diriges a Sanada como –senpai? Incluso pasaron meses para que me llamaras a mí senpai.

— ¿No es normal dirigirse a un senpai como senpai? —Preguntó bastante curioso, ladeando su cabeza con inocencia. Este no pudo evitar sonreír deslizando su mano por la sudadera contraria haciendo que el castaño se sobresaltara—. ¡Tienes las manos heladas, Miyuki-senpai!

—Sí, sí —río bastante divertido levantando sus manos que fueron atrapadas entre las del castaño envolviéndolas en una confortante y cálida temperatura corporal.

— ¿Les puedo decir que iremos con ellos?

— ¿Te invitó Todoroki? —Este asintió suavemente, Miyuki se levantó golpeando su frente con la contraria en una acción bastante agradable, suave—. Vale, vamos a ir. ¿Pero no quedaste en esos días también con Ken?

—Podemos ir a esquiar los cinco —susurró.

El castaño se levantó de hombros, de todas maneras él no pensaba montarse en esas peligrosas tablas de esquiar. ¿Esos idiotas no tenían miedo que se lesionaran una parte de su cuerpo? Bueno, Eijun en sí era bastante flexible por lo que no se preocupaba lo suficiente. ¿Y los demás? Sawamura soltó la mano del castaño quien gateó de regreso hacía la maleta dónde estaba sacando todo para tener más facilidad al tomar las cosas que necesitaba. Mientras Eijun escribía de lo más de contento: » ¡Iremos! ¡No perderé contra ti, Raichi! « Miyuki se detuvo de golpe a mitad de lo que estaba arreglando.

—Eijun.

— ¿Sí, senpai? —Preguntó tecleando bastante divertido en el teléfono, el castaño giró su rostro hacía dónde se encontraba Sawamura quien había dejado de teclear.

—Todoroki no tiene celular —Eijun parpadeó de forma inocente. Miyuki se dio cuenta que se mandaban mensajes… ¡desde el celular de Sanada! ¡Ese bastardo! ¡¿Qué tanto sabía de su Eijun?!

No dudo en tomar su celular entre sus manos escribiéndole un mensaje de advertencia a Sanada quien nunca le contestó a él, pero la risa que escuchó de los labios de Eijun le había hecho entender que ese bastardo se lo había mandado a Sawamura.

—Miyuki-senpai.

—No quiero saberlo, Sawamura.

—Sanada-senpai —recalcó el "senpai". Giró a ver hacía un costado al castaño que no se movía de dónde estaba—. Dice que no seas tan celoso, cómo Raichi no tiene celular él hace una buena caridad prestándolo.

Miyuki chasqueó la lengua, Eijun mostró su típica sonrisa levantándose de dónde estaba para caminar hacia dónde se encontraba Miyuki sentándose en el suelo para envolver sus piernas alrededor de la cintura ajena.

— ¿Qué estás practicando? ¿Un nuevo movimiento que te enseño Mochi?

—Cállate —bufó, asomándose por el cuello contrario para ver lo que estaba haciendo el castaño—. ¿Te ayudo?

—Ya estoy terminando, ¿quieres envolver la tuya? —Eijun negó suavemente.

—La mayoría de mi ropa de invierno está aquí en casa, solo traje algunas cosas para andar por allí —señaló su maleta que era mucho más pequeña que la del castaño, la verdad es que había traído esa maleta para llevarse algunas cosas al club.

— ¿Cómo puedes andar por allí con algunas cosas? —Preguntó entrecerrando la mirada, el castaño se levantó de hombros sin prestarle demasiada atención.

—Otro mensaje de Raichi —avisó abriendo su celular. Miyuki lo tomó entre sus manos leyendo con Eijun lo que decía dentro:

» ¡Nos vemos el primero en la estación de Nagano! Miyuki nos prometió un almuerzo, así que espero que lo pagues.

Sanada. «

Miyuki Kazuya chasqueó la lengua escuchando la risa del contrario contra su oído—. Ese bastardo.

—Sí también te mandas mensajes con Sanada-senpai no deberías ponerte celoso de que yo lo haga con Raichi —reclamó Eijun después de unos segundos de silencio.

— ¿Quieres dejar de recalcar el senpai contra mí oído? —Eijun sonrió con burla deslizando su rostro por el cuello contrario escondiendo este en aquel cálido lugar sin querer separarse de él.

— ¿Quieres conocer el invernadero de mi padre, Miyuki-senpai?

— ¿Qué tiene de interesante conocer un invernadero en invierno? —Preguntó levantando una ceja, la sonrisa de Eijun simplemente le había cegado, le indicó que quería terminar de envolver la ropa para ubicar la maleta y dejar mucho más espacio en el armario antes de cualquier cosa.

Después de haber pasado la tarde caminando del invernadero a la casa e incluso respectivamente, estuvieron el resto del día dentro de la casa leyendo revistas y algunos mangas que tenía Eijun en su habitación con bastante entretenimiento. Ese día ninguno de los dos había querido salir. En la noche tomaron un baño cada uno separado respectivamente regresando a la habitación sobre las nueve de la noche después de haber visto la televisión –una película de terror– en familia. Cuando ambos se fueron a dormir, Nanami se disculpaba por tener a Eijun en su brazo pegado como sí de un bebé se tratara. Miyuki le quitó la preocupación agregando que ya estaban acostumbrados a lo temeroso que él era.

Y así, el veintiocho de diciembre llegó a su fin. Ese fue el primer día en Nagano.


Notas después de la lectura:

—Lamento la súper tardanza, sí, la verdad es que planeaba escribir todos los capítulos de una sola vez, pero tuve tantas cosas que hacer que solo llegué hasta el capítulo cuarto, y me olvide de subir los primeros capítulos. LOL

—Estuve trabajando durante todas las vacaciones, y también tuve que atender asuntos familiares, viajes, roles, diseños, entre otras cosas. Así que planeo subir los capítulos en estas semanas que pase, uno a la semana, o probablemente dos a la semana, dependiendo de mi tiempo.

— ¡Espero que le guste!

Besos.

An.