Konnichiwa! Esto era originalmente un One-shot; pero sus comentarios me animaron a hacer una secuela; aún no sé si sea de tres o cuatro capítulos este fic; pero espero les guste este capítulo

Muchas gracias por sus reviews; son bien lindas *Abrazo*

Disclaimer: KHR! no me pertenece ni sus personajes; son de Amano-sensei

Disclaimer 2: La canción usada es "Tengo Miedo" del grupo Yndio (así esncontré que se escribía); sólo la use sin fines lucrativos para este fic.


Miedo …

Por que cada vez que te veo, siento algo en mis entrañas, y en mi pecho que no conozco.

Porque cuando sonríes, deseo que esa sonrisa sea sólo para mi.

Tengo miedo de estos sentimientos que comienzan a nacer en mí ser

De amarte… De entregarme… De perderte…

Miedo…

De que ames a alguien más, que me traiciones, de no ser necesario.

Lo que siento por él, es diferente a lo que me haces sentir; hacia él es amistad, confianza, cariño; hacia ti son: celos, desesperación, molestia, dolor… temor.

Por eso cuando te acercas a mi, me alejó de ti. No quiero sufrir, llorar, ser débil; tengo que ser fuerte, por él, soy su mano derecha, debo de ser fuerte, de ser el mejor; pero siempre estás ahí; un paso delante de mi, con esa estúpida sonrisa, observándome…, animando a la persona que respeto; cautivándome y al mismo tiempo molestándome.

Ha pasado una semana desde aquella vez que Yamamoto intentó un acercamiento hacia el joven de ojos esmeraldas; el albino empezó a notar las emociones dirigidas hacia aquel chico japonés, primero fue la irritación y molestia; ahora: Miedo, de reconocer sus sentimientos, de aceptar que siente algo más allá de la amistad por el moreno, de no ser amado o de ser amado y luego desechado.

― Tsk ― chasqueó la lengua mientras caminaba en dirección al instituto, pues sus pensamientos no le permitían concentrarse en otra cosa que no fueran sus nuevas emociones. Además la ausencia de aquel moreno durante toda esa semana no ayudaba al ojiesmeralda, pues entre menos le veía, pensaba más en él.

Al parecer Takeshi le estaba evitando, pero eso terminaría ese día; Gokudera había decidido confrontar al estúpido ese; pues el Décimo estaba preocupado por el repentino alejamiento, y como buen guardián, tenía que hacer lo posible para calmar las preocupaciones y estrés de su jefe.

La hora de la salida había llegado, Hayato estaba dispuesto a hablar con el japonés; pero observó a una chica acercarse a él, y como este le sonreía de esa forma tonta con la que reía siempre frente a los demás; posteriormente ambos jóvenes se alejaron; Hayato dio media vuelta sobre sus talones, y salió de aquel salón, no sin antes despedirse cortés de su jefe.

Había pasado media hora aproximadamente desde que salió de la escuela; se encontraba en su habitación viendo hacia la ventana, exhalando el humo del tabaco en sus labios; y sonriendo amargamente al recordar la escena de momentos antes. "Soy un idiota" pensó.

Prendió la radio, era la estación de música mix para todos los gustos, desde rock, clásica hasta pop o baladas; la hora romántica estaba comenzando así que decidió apagarla, pero el anuncio que hizo el locutor le abstuvo de hacerlo; dejando encendido el aparato.

Damas y cabelleros; muchas veces tenemos miedo del amor; de ser heridos, de muchas cosas; por eso para todos los corazones que sufren por amar sin saber sí son amados o si durará ese amor; les presentamos una petición especial de un chico enamorado, estudiante del instituto Namimori: Sawada Tsunayoshi, ― "¡¿Qué rayos? ¡¿El Décimo hablaba a esos lugares?, ok voy a escuchar, sólo para saber sobre que piensa el Décimo", pensó mientras el locutor continuaba hablando ― que acaba de confesarle sus sentimientos a la Madonna de su escuela, la cual acepto sus sentimientos.

El chico se alegró por su jefe, y decidido a escuchar la melodía, cerró sus ojos al tiempo en que introducía el cigarrillo en sus labios; inhalando y exhalando con placer aquel contenido nocivo. La rola empezó a sonar inundando los sentidos del chico sentado junto a la ventana con los ojos cerrados.

Tengo miedo, que como un pájaro
te me vueles de la mano.

Tengo miedo, de que todo lo
que hago se en vano.

Tengo miedo, de decirte
que te quiero y no quererte.

Tengo miedo, de vivir pero también
temo a la muerte.

Al inicio de la canción; un chico de ojos marrones había llegado al departamento de aquel medio-italiano; le observo acomodado frente a la ventana, fumando un cigarro; se preguntaba si era buena idea o no de interrumpir ese momento en que parecía concentrarse en algo; pero la semana había sido tan difícil estar sin verlo, sin hablarle; los entrenamientos de béisbol, los recados de los profesores; todo le había impedido acercarse a ese chico por tanto tiempo. Y hoy que finalmente había pensado en que esos sentimientos que le carcomían debían de ser expresados aún a pesar del evidente rechazo, lo haría.

Aunque no contaba con que aquella chica le pidiera salir para confesarle sus sentimientos, y al saber que eso requería valor, aceptó ir con ella para decirle que él amaba a alguien más; ella le sonrió y se retiró; ahora era el turno de él ser valiente frente a Gokudera.

Aspiro una bocanada de aire, y empezó a subir las escaleras a paso firme, así que alcanzó a escuchar unas frases de aquella melodía, lo que le hizo detenerse delante de la puerta de madera.

Tengo miedo, de marcharme
y lamentar haber partido.

Tengo miedo, de jugarme y
lamentar haber perdido.

Tengo miedo, de buscarte un día
y saber que te fuiste.

Tengo miedo, de saber que la
eternidad no existe.

Gokudera por su parte; se sentía identificado con la tonada; tiró la colilla del cigarrillo, abrió sus ojos dirigiéndolos hacia el aparato, y la imagen del moreno le vino a la mente, sin saber que este se encontraba frente a su puerta blanca.

Tengo miedo, de decirte
que te quiero y no quererte.

Tengo miedo, de vivir pero también
temo a la muerte.

Tengo miedo, que la flor de ayer
hoy pierda su fragancia.

Tengo miedo, en el día en que
dejé atrás mi infancia.

Tengo miedo, porque ayer gritar
era mi forma de ir hablando.

Tengo miedo, que hoy callar
sea mi forma de ir gritando.

― Che~ no creo que esa canción vaya con el Décimo ― suspiro hartó― más bien va con lo que siento en estos momentos ¡Maldición! ― gritó frustrado al concluir la frase; Yamamoto había escuchado todo. "Así que ya tiene alguien en mente" rió con tristeza para sí, alejándose poco a poco de aquella puerta sin tocarla.

Pero algo le detuvo; fue aquella canción; pues un párrafo en específico había expresado y captado sus emociones, y se repetía en su cabeza, a pesar de que minutos antes la radio había sido apagada.

Tengo miedo, de marcharme
y lamentar haber partido.

Tengo miedo, de jugarme y
lamentar haber perdido.

Tengo miedo, de buscarte un día
y saber que te fuiste.

No, él no sería como el de la melodía; así que regreso de donde se alejaba, y toco con insistencia, hasta que el dueño de aquel departamento abrió maldiciendo; pero calló al verle, la mirada esmeralda reflejaba un gran shock e incredulidad, que en instantes desapareció y fue cambiada por molestia.

El chico de ojos marrón preguntó con una sonrisa y algo nervioso.

― ¿P-Puedo pasar? ― le observo detenidamente, esperando un "Lárgate" que nunca llegó. Contrarió a eso, el albino se retiró del umbral en señal de aprobación y una orden de "Cierra la puerta, idiota".


¿Y bien? ¿Las desilusione? Espero que no. Acepto sus críticas, abucheos, sugerencias o comentarios.

Nos leemos en el próximo capítulo; gracias por leer este capítulo.

Ja ne! ;D