Disclaimer: Ninguno de los personajes de Full Metal Alchemist me pertenece.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Y, como prometí, he aquí el capítulo de hoy, que espero les guste. Y sinceramente, me siento feliz. Admito que no esperaba una bienvenida tan cálida, considerando que me demoré tanto y todo eso y probablemente no la merecía tampoco... Pero me alegra mucho saber que hay alguien del otro lado leyendo, o al menos dándole una oportunidad, a esta historia. Gracias, a todos los lectores, por tomarse el tiempo para leer mi fic y aún más a quienes se tomaron el tiempo extra y la molestia de dejarme un review. Gracias. A: HoneyHawkeye (¡gracias y espero te guste!), Sangito (es cierto, los primeros dos o tres capítulos son algo confusos pero prometo que pronto tomará forma y espero que te mejores también, ya es bastante horrible estar enferma y más tener que lidiar con un jefe así ^-^), Maii. Hawkeye (¡gracias! Y espero te guste también. En cuanto al review, no te preocupes. Tu opinión como está me ayuda y me anima mucho), fandita-eromena (no te preocupes por no haber podido dejar un review, realmente me alegra que hayas dejado uno en esta, me anima a seguir escribiendo. Espero que la historia anterior te haya gustado y espero que esta sea de tu agrado también), Lucia991 (ya sabes que no me importa si el review es cortito... sólo acordate que no duermo de noche (¡muajaja!) No, mentira. Gracias hermanita), Alexandra-Ayanami (¡Gracias!. Si... se me fue un poco la mano con los capítulos, espero que te guste), kaoru-sakura (No te preocupes, Roy tiene sus momentos en que puede derrotar a Riza. Y es cierto, tanta terquedad no puede ser buena =) Gracias, y espero la historia te agrade) y Mrs. Darcy95 (me alegra que te haya enganchado y espero te guste la historia). Gracias a todos. Espero este capítulo les guste también... ¡Nos vemos y besitos!
Momentos prestados, segundos robados
II
"De enfermedades y ausencias"
Observó el escritorio vacío y prolijamente ordenado por un instante, con expresión vacante. Los pocos papeles y carpetas, archivos y documentos en éste perfectamente organizados sobre la casi desocupada superficie plana. Había una pluma, tal y donde su teniente primera la había dejado el día que se había marchado por enfermedad, y aún se encontraba allí en una esquina. Junto a otros artículos de oficina y sobre el cajón en que Hawkeye guardaba sus armas cuando estaba allí. Pero no estaba allí, y la situación lo estaba inquietando ligeramente. Ya era bastante inusual que su teniente primera se enfermara, dado que velaba por su salud con excesivo esmero para no tener que faltar al trabajo ni a la promesa que había hecho de cubrirle su espalda, y eso descartando el hecho de que ya habían pasado siete días, una semana completa, y aún no había aparecido. No era propio de ella, Riza habitualmente regresaría a duras penas empezara a recuperarse y sentirse mejor, tres días –como máximo- había sido el tope, salvo en esta ocasión. Y no negaría que su preocupación por su teniente crecía tenuemente día a día.
Había aceptado tomar el pedido de ausencia por enfermedad, aún cuando lo había hecho sólo cuando él lo había formulado a modo de orden, y lo había hecho manifestando claro desacuerdo a ésta. Pero Hawkeye era fuerte, después de todo. Siempre lo había sido y eso se recordaba cada vez que observaba su escritorio vacío, donde debería estar trabajando diligentemente, pero no podía evitar pensar en la imagen de su Maestro debilitado y consumido completamente por una enfermedad que jamás habían podido ubicar y tosiendo sangre hasta el día de su muerte. La madre de Hawkeye también había muerto joven –eso había afirmado ella-, a causa de una enfermedad, y la idea de que el legado de sus padres hubiera pasado a ella no lo abandonaba. Pero Riza siempre continuaría restándole importancia a la preocupación que los demás parecían manifestar por ella y estaba completamente seguro que no diría nada en caso de que la situación fuera realmente más grave de lo que hubieran advertido.
Sin mencionar que las posibilidades de que las enfermedades de sus padres hubieran pasado a ella eran considerablemente altas, dadas las estadísticas. Y por esa singular razón siempre se había inquietado ligeramente más de lo normal cuando la había visto toser o con fiebre o pálida. Y ella siempre respondería lo mismo, dedicándole una mirada firme para tranquilizar su conciencia. La última vez inclusive había sonreído con calma, al verlo observarla detenidamente en busca de sangre en su palma sobre la que acababa de toser, y luego dicho —Por favor, quite esa cara, coronel. Estoy enferma, no muriendo. Ahora regrese a su trabajo, por favor.
Pero el comentario no había hecho más que avivar la flama de su inquietud. Y no había encontrado el comentario en absoluto divertido tampoco. Aparentemente lo había manifestado, porque ella sólo había negado con la cabeza y depositado su pluma con calma sobre el escritorio. Soltando un controlado suspiro antes de volverse a él, expresión seria —Realmente, coronel. No es nada. Sólo un resfriado... —pero la frecuencia de estos se había vuelto ligeramente mayor con el tiempo, había notado, para el general estado de salud de Hawkeye aún cuando ella lo negara o intentara disimularlo. Y él no podía evitar recordar una y otra vez la forma en que su maestro había fallecido delante de sus ojos, mientras él intentaba sostenerlo y buscar ayuda para algo que se había vuelto inevitable.
La muerte era inevitable, Roy sabía. Y lo sucedido con los Elric había probado que la inevitabilidad de la misma también se aplicaba a los intentos con alquimia y aún así había considerado seriamente realizarla cuando la había visto muriendo frente a él, desangrándose, sobre el subsuelo sucio y asqueroso. Si... lo había pensado. Y sólo lo había hecho dos veces en su vida. La primera tras la muerte de Maes, la segunda con ella. Y aunque sabía que jamás la realizaría, no podía evitar considerarla en caso de perderla a ella también. Simplemente no podía perderla, no a Hawkeye también. No como lo había hecho con Hughes. Por esa razón, creía que su inquietud era perfectamente justificada. Ella era su subordinada, después de todo; y él como su superior tenía que ser capaz de protegerla.
Lo que le recordaba que lo último que había sabido de ella había sido cuatro días atrás, cuando había telefoneado a la oficina para solicitar una prolongación del permiso de ausencia por enfermedad, algo que nunca antes había hecho en el pasado. Por supuesto, no era algo tan sorprendente tampoco. Dicho período consistía en un máximo de tres días y si aún no se hubiera recuperado sería más que entendible de parte de Riza el llamar para pedir una extensión de dicho permiso. Si estaba realmente enferma...
Observó el teléfono, un instante, como aguardando que sonara tal y como había hecho la última vez. Estaba demasiado pendiente, lo sabía. Y tendría que estar haciendo todo el papeleo que tenía acumulado sobre el escritorio, el cual se había ido acumulando desde el día uno en que ella se había marchado, pero no podía dejar de recordar la última llamada de Hughes antes de ser asesinado y de pensar en las posibilidades de que la siguiente llamada de ella fuera de la misma naturaleza. Era ridículo, lo sabía, pero simplemente no podía aceptar el perder a ningún subordinado más. Una vez más, observó el insultante objeto aguardando que sonara. Sólo para cerciorarse que estuviera en perfectas condiciones y en vías de recuperación para luego poder retomar su trabajo. Porque claramente su teniente no estaría satisfecha, una vez que regresara, de ver el desastre en que se había convertido su escritorio. A penas si podía encontrar los papeles que necesitaban. Havoc, Breda y Fuery parecían tener los mismos problemas para organizarse sin su teniente primera cerca.
Havoc bufó por cuarta vez, rebuscando entre sus papeles con tedio. Algunos de éstos deslizándose por el borde del escritorio y cayendo al suelo. Una pila prácticamente completa esparcida junto a él —Ah... Demonio... Cuando Hawkeye estaba aquí era todo más fácil...
Breda asintió, intentando organizarse también y Fuery dedicó una mirada de preocupación a su superior —No parece propio de la teniente primera ausentarse tanto, digo... ¿Creen que esté bien? —ligera inquietud en su voz.
Roy se pellizcó el puente de la nariz, dedicando de reojo otra mirada al teléfono, aún aguardando una segunda llamada de cortesía. Nada. Sin embargo, seguía repasando la última que había recibido de ella en su cabeza. La campanilla había sonado. Una, dos veces, hasta que finalmente había tomado el auricular y lo había acercado a su oído —General de brigada Mustang al habla —había dicho. Y la voz de la recepcionista había sonado calma y profesional al otro lado de la línea.
—General de brigada Mustang, tiene una llamada de una línea externa.
¿Línea externa? Se preguntó quien lo llamaría de un teléfono por fuera de la milicia. Hughes solía hacerlo, cuando se trataba de algo importante, pero difícilmente podía tratarse de su amigo debido a su fallecimiento. Por otra parte, no tenía ninguna operación con cualquiera de los miembros de su equipo en aquel particular momento, así que dudaba que se tratara de alguno de éstos dado que todos estaban allí en la oficina con él. Salvo Falman, quien había decidido regresar al Norte tras la conclusión del día prometido y se encontraba actualmente trabajando allá, manteniéndolo informado –eventualmente- e inclusive se había casado, lo cual había sorprendido inicialmente a todos. Pero Falman era un hombre serio, siempre lo había sido, y resultaba únicamente lógico que fuera a serlo también cuando encontrara una mujer para él. Y aparentemente la había encontrado.
—Ponme en línea —había dicho finalmente, resignándose a las especulaciones, pero tomando el teléfono con su mano –mientras sostenía el auricular con la otra- y girando un poco la silla para obtener algo de privacidad de los oídos curiosos de sus subordinados y de cualquiera que estuviera pululando por su oficina en el momento.
—Si, señor.
Había habido una pausa y la comunicación había sido establecida finalmente. Sus ojos negros se abrieron ligeramente —¡Ah! Teniente Hawkeye, ¿qué pasa? ¿Se encuentra mejor?
Una pausa, y luego la voz de ella había vuelto a sonar firme y clara al otro lado de la línea —Me encuentro mejor, general —había afirmado. Pero había algo inusual... no había podido ubicarlo entonces, y aún ahora –recordándolo- no podía hacerlo tampoco. Su voz había sonado como siempre, calma y colecta y había sido concisa y al grano con la conversación—. Espero que esté haciendo su trabajo —pero algo estaba... fuera de lugar, quizá. No estaba seguro. O quizá había sido su propia cabeza trabajando de más.
—Evidentemente... —había respondido con una sonrisa, observando el desorden sobre su escritorio. De estar Hawkeye allí, probablemente ya estaría dedicándole una mirada de reprobación y regañándolo como a un niño. Expresión severa y entrecejo fruncido.
—Sin ánimos de ofender, señor. No parece que esté haciendo su trabajo si tiene tanto tiempo para conversar por teléfono.
Roy continuó sonriendo y miró su reloj —Tres minutos difícilmente pueden ser considerados como "tanto tiempo", teniente. Y sólo estoy asegurándome de que mi subordinada se encuentre bien.
Otra pausa —Respecto a eso... Necesitaré una extensión del permiso de ausencia por enfermedad, general. Si es posible.
Se enderezó en la silla —¿Te encuentras bien?
La oyó suspirar al otro lado —Perfectamente, señor. Pero aún no estoy recuperada del todo y preferiría curarme adecuadamente antes de regresar. Eso es todo.
—En ese caso, lo apruebo, teniente. Y espero que se mejore.
La voz firme de ella se oyó al otro lado. Y aunque no podía verla podía imaginarla chocando los talones y llevándose la mano a la frente de forma disciplinada. Al menos tenía esa voz, la misma que usaba generalmente frente a sus superiores de la milicia —Si, general.
Roy sonrió arrogantemente. Aún entonces, Hawkeye no dejaba de lado las formalidades —Yo me haré cargo del papeleo.
—Gracias, señor —y añadió—. Aunque dudo seriamente de eso.
Hizo girar un poco más la silla —Me ofende, teniente. Soy perfectamente capaz de hacerme cargo de la oficina sin usted aquí.
La voz de ella disimuló una calma sonrisa —No lo dudo, general —y un obvio sarcasmo—. Por favor asegúrese de que los tenientes segundos Havoc y Breda y el sargento mayor Fuery realicen sus trabajos también.
—Lo hace sonar como si fueran niños, teniente —le señaló, y la oyó inhalar antes de replicar.
—A veces se comportan como tales, general. Así que por favor asegúrese de que hagan todo correctamente —otra pausa—. Y usted también.
Roy sonrió —Bien, prometo que me aseguraré de que se acuesten temprano también, teniente. Y que coman sus vegetales.
—Eso no es gracioso, señor —le reprochó—. Intentaré regresar cuando pueda.
Él asintió —Recupérese correctamente antes. Y eso es una orden.
Ella pareció sonreír con calma al otro lado —Si, general. Adiós.
—Adiós —y la línea se cortó. Suspirando, se había vuelto a sus subordinados, los cuales intentaban prácticamente encontrar siquiera el papel necesario para comenzar con su trabajo. Él por su parte no había comenzado con el suyo tampoco, y la escena no había cambiado en absoluto. Aún cuatro días después. Hawkeye definitivamente no estaría complacida, en absoluto, cuando regresara.
Volviendo a observar su escritorio, espiró cansinamente. Necesitaba comenzar o de lo contrario empezaría a recibir quejas sobre su desempeño y no podía permitirse eso cuando recientemente le había sido otorgado su nuevo rango y ascenso. Sin mencionar que debía hacer un buen papel frente a sus superiores y jugar sus fichas correctamente si un día quería alcanzar la posición de Fuhrer en la cima de la milicia. Por lo que tomando una pluma comenzó a trabajar. Lo más eficientemente que su motivación se lo permitía, la cual no era demasiado de todas formas. Pero no podía evitarlo. Él no se había enlistado para convertirse en un condenado burócrata y dudaba seriamente que firmar reportes y cosas que probablemente nadie leía de todos modos fueran a ayudarlo a él a llegar a la cima. O a mejorar el país siquiera. Pero era parte del trabajo, y parte de sus obligaciones como perro de la milicia, y simplemente no podía eludir la situación incinerando el papeleo con un chasquido de sus dedos. Aunque, no lo negaría, lo había considerado seriamente. Al menos hasta que su teniente primera había elaborado en todas las razones por las que la decisión de hacerlo terminaría volviéndose sobre él y mordiéndole el trasero (aunque no con esas exactas palabras, Hawkeye probablemente no usaría esa expresión, menos aún en la oficina).
Lo cual lo dejaba con otra enorme pila de papeles y sus deseos de quemarla y el listado de razones por las que debía abstenerse. Empezando porque, probablemente, y de hacerlo terminaría incinerando la oficina por completo también. Y a sus subordinados con ésta. Y esa era la primera razón de una interminable lista que continuaba dejándolo a él mal parado, y posiblemente como un idiota también, dependiendo el punto de vista. Suspirando, ojeó el teléfono y continuó leyendo el papel que tenía delante suyo. Tenía una cita, encima de eso; y llegaría tarde si no se apresuraba a terminar su trabajo. Sin mencionar que no le agradaba dejar a una mujer esperando, mucho menos en una cita, y mucho menos tenía intenciones de hacerlo por motivos de papeleo.
Pero realmente necesitaba despejar algo de trabajo de su escritorio. A aquellas alturas ni siquiera podía encontrar sus artículos de oficina bajo todo el desorden y el que sus tres subordinados estuvieran igual de atrasados con sus propias obligaciones no hacía el panorama mejor. En absoluto. De hecho parecía un mar de hojas de papel y Havoc aún estaba intentando organizar los papeles que habían caído al suelo, con expresión de tedio en el rostro. Finalmente, hartándose, se puso de pie y anunció que saldría a fumar un cigarrillo. Mustang lo permitió, dado que dudaba que Havoc fuera a serle de utilidad alguna si todo lo que pensaba era en fumar un cigarrillo. A Roy mismo le vendría bien un vaso de Whisky, pero evidentemente estaba descartado hasta que abandonara la oficina. Y tenía que recordarse que tenía una cita o de lo contrario ni siquiera comenzaría a trabajar.
Bufando, retomó sus obligaciones burocráticas sin disimular su disgusto por éstas. No era un secreto, de todas formas, que odiaba el papeleo y su teniente primera se aseguraba de recordárselo seguido cuando él ocasionalmente decidía holgazanear en la oficina. Lo cual era seguido, debía admitir, y si lo pensaba detenidamente no podía decir que ayudara demasiado a su asistente tampoco. No con su cuestionable ética de trabajo de oficina, como Havoc solía llamarla, para su disgusto. Pero Hawkeye rara vez se quejaba realmente, aún con todas las trabas que él mismo le ponía a la hora de realizar su trabajo. Seguro, le reprochaba su falta de motivación y lo instaba a continuar hasta terminarlo todo en fecha y forma pero jamás había abandonado la oficina realmente enfadada con él y eso le hacía estar agradecido por la eterna paciencia de su subordinada. No era fácil lidiar con él, lo admitía, pero su teniente primera parecía aceptar el hecho perfectamente e inclusive lo hacía con calma y esmero. Cada tarea, la realizaba con esmero. Inclusive cubrir su espalda. Especialmente, cubrir su espalda.
—No muera, por favor—le había dicho antes de cortar el teléfono. Y no lo había dicho, no realmente, pero Roy estaba seguro que había querido añadir: no en mi ausencia.
Y aún cuando él le había asegurado que no lo haría —Claro que no —sabía que aquello difícilmente fuera a servirle de consuelo a Hawkeye. Dado que sabía que ella probablemente odiaba no ser capaz de estar allí para proteger su espalda, en caso de él necesitarlo, como había prometido. Roy, por su parte, dudaba que algo fuera a sucederle por dos o tres días más de ausencia de su guardaespaldas. Esos días se habían convertido en una semana ya. Una semana entera.
Riza rara vez se enfermaba tanto por otra parte. De hecho, recordaba la única vez en que la había visto enferma estando él en su casa, bajo la tutela de su padre, y recordaba perfectamente que no había durado demasiado tampoco. Había sido en invierno, u otoño posiblemente, y había sido un día terriblemente frío. La salamandra no funcionaba, evidentemente. Las cosas difícilmente funcionaban en la casa destartalada y empobrecida de los Hawkeye pero Riza no parecía preocuparse por cosas como esas, o no tenía tiempo para hacerlo realmente. Dado que por esas fechas su padre rara vez abandonaba su estudio y era ella quien debía encargarse de mantener las cosas medianamente funcionando y en pie. La casa habitable, y la comida todos los mediodías y las noches. Comida que su maestro ingería en su habitación o estudio mientras continuaba trabajando en su investigación, la cual consumía todo su tiempo y atención.
Él la había estado observando por unos instantes por encima de su libro de alquimia mientras Riza lavaba los platos e intentaba mantener los hombros rectos y la espalda erguida y disimular que estaba temblando ligeramente. Finalmente, había decidido señalar lo obvio, aún cuando ellos rara vez hablaban o interactuaban más allá de breves conversaciones casuales en espacios comunes —Estás enferma.
Pero Riza simplemente había continuado con lo suyo. Replicando brevemente y con cierta sequedad característica de ella —Estoy perfectamente.
—Temblar difícilmente es "perfectamente" —había insistido, cerrando el libro. Aún entonces, Riza tenía la tendencia de evitar que los demás se preocuparan por ella. Su padre no lo hacía, de todas formas, ¿por qué debía hacerlo su discípulo? Además, no era más que un simple resfriado. Se pasaría si lo dejaba ser.
—Es sólo un resfriado, Mustang-san —había afirmado, seria.
—Deberías decirle a tu padre.
Y ella sólo había negado con la cabeza, calmamente. Sus ojos caoba fijándose en él por un breve segundo. El discípulo de su padre se preocupaba demasiado, había deducido, por ella y su padre y su situación económica general y todo aquello que considerara digno de su atención y Riza pensaba seriamente que algún día ese rasgo terminaría poniéndolo en peligro. No podía posiblemente aspirar a proteger a todos aquellos que se cruzaran en su camino, ¿o si? —Mi padre... su mirada está absorbida por su búsqueda...
—Estoy seguro... —había comenzado él. Pero ella sólo había vuelto a hacer un gesto negativo con la cabeza, con una sonrisa suave y calma.
—No, está bien. Aprecio su preocupación, Mustang-san... pero no es nada realmente... —y tras decir esto se había marchado. Manteniendo las formas y forzándose a no mostrarse decaída por la enfermedad. Y había estado en lo cierto, después de todo. Dos días después todo rastro, signo o síntoma de la gripe había desaparecido. Sin embargo, no había podido dejar de observarla a partir de entonces. Preguntándose si siempre sería así de circunspecta alrededor de las personas o sólo él. Pero no la había visto interactuar con nadie más, salvo él (escuetamente) y su padre, y dificultosamente podría arribar a una conclusión con lo poco que tenía. Sin mencionar que no tenía razones para ser abierta con él, de todas maneras, dado que sólo llevaba allí unos meses. Pocos, pero los suficientes para colegir que Riza Hawkeye difícilmente reía o sonreía (de hecho aquella bien podría haber sido la primer sonrisa que había vislumbrado de ella, y ese sutil gesto difícilmente contaba) y que siempre actuaba seria y metódica.
Así como siempre lucía prolija, con su corto cabello dorado, y expresión adulta y no había podido preguntarse qué pasaría si la besaba. Si la compostura se desmoronaría y podría hacerla sonrojarse siquiera, quitarle esa expresión controlada del rostro. No lo había llevado a cabo, por supuesto. Hubiera sido inapropiado dada la naturaleza de su relación con su padre y dada la escasa relación que mantenía con ella pero la ocurrencia no lo había abandonado por semanas. Meses inclusive. Y a veces se preguntaba si hubiera logrado alguna reacción de ella de haberla besado entonces, pero trataba de no pensar demasiado al respecto. No obtendría una respuesta de todas formas.
Alzando el teléfono finalmente, marcó el teléfono de ella haciendo girar el disco con su dedo índice. Una y otra vez, hasta que comenzó a sonar. Una, dos, tres veces, hasta que finalmente Riza atendió. Su voz neutral —¿Hola?
Sonrió —¡Hablo desde la florería, muchas gracias por su pedido!
Riza al otro lado exhaló, su voz ligeramente impaciente —¿Qué sucede, general?
Sosteniendo el auricular, se relajó. Parecía bien —Ah... Nada, lo siento. Sólo quería ver cómo se encontraba, teniente.
Sin embargo, hubo una pausa de parte de ella. Una breve pero significativamente profunda que pudo percibir. Tal y como había sucedido la vez con Pride, cuando la había telefoneado para asegurarse de que estuviera bien, dado que se había convertido en la asistente del Fuhrer. Y tal y como esa vez, había podido sentirlo. El peso de algo... algo en ella. Después de todo, podía leerla como podía hacerlo ella con él. Era inevitable, suponía, llevaban juntos demasiado tiempo como para no ser capaz de hacerlo.
—¿Qué sucede? ¿Acaso ocurrió algo?
Riza pareció responder rápidamente. Su voz controlada —No, no es nada.
Roy frunció el entrecejo —¿De veras?
—Si. No es nada. Me encuentro perfectamente —aseguró, circunspecta. Pero su voz sonaba demasiado calma, demasiado colecta, incluso para Hawkeye. Definitivamente algo no iba bien. Aquella vez no lo había ido, y tenía razones para creer que ésta vez tampoco estaba todo "perfectamente", aún cuando ella misma lo afirmara. Sonaba tensa, ligeramente tensa—. Pronto regresaré a la oficina, así que no tiene de qué preocuparse, general.
—No es eso lo que me preocupa, teniente. Evidentemente ¿De verdad no sucede nada?
Otra pausa, hueca, profunda, como un gran vacío —No, estoy perfectamente, general. Gracias por tomarse el tiempo para llamarme. Buenas noches.
—Tenien-
—Adiós —y, sin decir más, cortó. Roy, por un instante, permaneció observando el auricular en silencio. El pulso del teléfono oyéndose a través de éste y nada más. Su expresión seria. Finalmente, y completamente resignado a obtener nada más, colgó el teléfono. Lentamente. Sus ojos negros aún clavados en el objeto.
Havoc lo observó desconcertado —Uh... ¿Sucede algo Jefe?
Roy negó con la cabeza, restándole importancia al asunto y sacando su reloj de plata del bolsillo para abrirlo con su pulgar y observar las manecillas. Su mirada azabache tomando nota de la hora. 6:30 PM. Pensó. Faltaba una hora más para el término de su jornada laboral y su cita no empezaba hasta las 8 PM, por lo que si abandonaba la oficina ahora tendría tiempo para pasar un instante por el apartamento de su teniente primera y confirmar efectivamente que todo estuviera en orden con ella y su salud antes de encontrarse con su cita. Si, perfectamente podía hacerlo sin dejarla esperando. Y de esa forma podría despejar su cabeza de preocupaciones para la cita.
Poniéndose de pie, caminó hasta el perchero con paso determinado, sus dedos enroscándose alrededor del abrigo negro colgado, y lo descolgó con calma, comenzando a ponérselo ante las miradas de sus subordinados —Aún falta una hora, general —señaló Breda.
Roy asintió, acomodándose el cuello del abrigo prolijamente —Estoy al tanto, teniente segundo. Hay algo que debo hacer. Me retiraré antes por hoy.
Havoc puso los ojos en blanco. Su superior seguramente se estaba escapando a una cita como generalmente hacía, de todas formas. Y no era la primera vez que se marchaba una hora antes tampoco. A veces alegaba tener que reunir información en el ayuntamiento de la ciudad para poder escabullirse antes del trabajo, lo cual no era una sorpresa. Salvo que Hawkeye ya no le creía, y lo escoltaba cuando podía para asegurarse que regresara (en vez de retozar por la ciudad cortejando mujeres) y terminara de realizar todo su trabajo correctamente. En tiempo y forma. A veces alegaba otras cosas... —¿Cita, jefe?
El moreno se encogió de hombros —Algo así —de esa forma obviaría tener que responder preguntas. Y si resultaba que no era nada al final, habría preocupado a sus subordinados en vano, distrayéndolos además de su trabajo—. Buenas noches.
Y sin aguardar respuesta alguna de los tres se marchó, caminando con paso constante por los pasillos del cuartel de Central y hacia la entrada de éste. Deteniéndose, ocasionalmente, a saludar correctamente a algún que otro superior con que se topara en el camino. Después de todo, tenía que mantener una buena imagen y dar una buena impresión a aquellos que estaban por encima de él, especialmente si aspiraba a la cima. Por lo que no podía ser quisquilloso al respecto.
Cerrándose el abrigo firmemente contra el cuerpo, salió al frío aire nocturno. Su respiración convirtiéndose en una densa bruma vaporosa al instante de abandonar sus labios. En otra época del año, en primavera quizá o verano, aún habría luz diurna. Sin embargo, en invierno ésta difícilmente duraba pasadas las seis y pico de la tarde y la ciudad se sumía inmediatamente en la oscuridad de la noche, salvo por las cálidas luces provenientes de los apartamentos y casas y las anaranjadas luces de las farolas a lo largo de la acera. Iluminando aquí y allá como pequeñas luciérnagas perfectamente formadas en el aire y trazando sombras alargadas a lo largo de toda la vereda. Era un panorama agradable, pero permanecer demasiado en el frío empezaba a calarle los huesos y era realmente una fortuna que llevara guantes o de lo contrario no podría siquiera sentir sus manos. No le sorprendía, por otra parte, que su teniente primera se hubiera enfermado. No con el clima que había en Ciudad del Este en aquella época del año. Y no quería siquiera pensar cómo estaría Falman en el Norte, en aquel preciso momento. Pero esa era una elección que el mismo suboficial había realizado por su cuenta.
Soplando aliento caliente sobre sus manos forradas de blanco, mientras frotaba las palmas de la una contra la otra, caminó hasta su auto negro aparcado a unos metros de la entrada del cuartel. Pasaría por su apartamento un instante, para cambiarse del uniforme a un atuendo más casual y luego pasaría unos minutos por lo de su teniente primera para verificar que todo estuviera bien con ella y luego se marcharía a su cita. El plan era sencillo, y tenía tiempo de sobra para hacer ambas paradas antes de pasar a buscar a Anna y conducir hacia una agradable velada. Sacando las llaves de su bolsillo, abrió el auto y se deslizó al interior del asiento del conductor, cerrando la puerta tras de sí y agradeciendo la súbita calidez del interior del vehículo. Introduciendo la llave en el arranque, la torció y puso el motor en marcha. En cuestión de segundos estaba conduciendo por una de las principales calles de la Ciudad del Este y hacia su casa, la cual se encontraba relativamente próxima al cuartel, aunque en la dirección opuesta del apartamento de su teniente primera, el cual se encontraba aún más próximo al edificio de la milicia pero en una dirección completamente distinta.
Aparcando junto a la acera, apagó el motor, retiró las llaves y descendió del vehículo. Cerrándolo al salir y caminando con paso apresurado hacia la entrada. Haciendo un mero gesto afirmativo y educado con la cabeza al portero del edificio, antes de atravesar el corredor y dirigirse a la entrada correspondiente a su apartamento. Encendió la luz, cerró la puerta con su pie y se dirigió directamente a su habitación, la cual también permanecía en la penumbra. Suspiró, y deslizó hacia arriba el interruptor con su dedo índice, la luz mortecina derramándose uniformemente sobre la cama de dos plazas, el ropero y dos mesas de noche.
No era demasiado, y suponía que con su sueldo podría ser más ostentoso si lo deseaba pero realmente –y aunque generalmente actuara de forma pomposa- las cuestiones de esa naturaleza lo tenían sin cuidado. Tenía todas las comodidades necesarias para su agrado, y para la satisfacción de sus necesidades, y de todas formas vivía solo así que más espacio no tenía demasiado sentido. Igualmente, se trataba de un apartamento espacioso para una sola persona. Y Roy estaba complacido con su ambiente de descanso cuando no estaba trabajando, así que no veía motivos para derrochar su salario en cosas como esas cuando prefería costearse un estilo de vida relajado fuera del trabajo y apartamento.
Sacando un pantalón negro de vestir, unos zapatos de igual color perfectamente lustrados, una camisa blanca y un chaleco verde musgo, los dejó despreocupadamente sobre la cama y comenzó a desabrocharse las camisa botón a botón. Para luego arrojarla desordenadamente una vez más sobre el edredón negro mientras tomaba la camisa limpia y planchada y comenzaba a abotonarla de abajo hacia arriba. Acomodándose el cuello, se colocó el chaleco, lo abotonó también y terminó de reemplazar su uniforme por el resto de las prendas. Colocándose el segundo zapato, sentado sobre el amplio colchón mullido, se puso de pie y se deslizó el abrigo negro una vez más, tomando una bufanda color crema y colgándosela sobre los hombros cuando ya iba de salida.
Cerró la puerta de su apartamento tras de sí, con llave, y abandonó rápidamente el lugar en dirección a su auto. Sus dedos, nuevamente cubiertos por un par de guantes blancos, se removían en el interior del bolsillo de su abrigo jugando con las llaves del vehículo, haciéndolas tintinear, y girar contra el forro negro y sedoso que recubría el interior del bolsillo. Haciéndolas resbalar, casi de forma ligeramente nerviosa. No lo negaría, se sentía algo intranquilo. La voz de su teniente claramente había sonado algo estrangulada, a duras penas perceptible, a duras penas allí pero él la conocía desde hacía demasiado como para ignorar el hecho de que algo no estaba del todo bien con ella. Quizá él hubiera sacado las cosas de proporción, y admitía que en ocasiones solía hacerlo en lo concerniente al bienestar de sus subordinados, y especialmente al de ella, pero no podría disfrutar de su cita hasta que confirmara con sus propios ojos (ahora que podía hacerlo nuevamente) que Hawkeye estaba en perfectas condiciones, como había afirmado, y hubiera acallado así su conciencia.
Mientras tanto, el débil nudo en el estómago persistía. La situación le recordaba demasiado a la vez con Pride, cuando la había llamado tras ser asignada como asistente del Fuhrer, y la preocupación de que el homúnculo recordara súbitamente su vida pasada y regresara no lo abandonaba tampoco. Pero Grumman había afirmado que tal cosa no había pasado aún, y él creía en el juicio del hombre que había ayudado a colocar en la cima hasta que él pudiera llegar allí por su cuenta, así como también confiaba en el seguimiento que había hecho del único homúnculo sobreviviente durante todos aquellos años. No obstante, no descartaba nada.
Deteniendo el auto, apagó el motor frente al edificio en que vivía ella y observó la fachada de cemento por un instante. Tamborileando con los dedos sobre el volante antes de abrir la puerta y salir. Sus manos ambas en los bolsillos, para protegerse del frío, el cual azotaba cruelmente contra la piel expuesta de su rostro.
Tiritando ligeramente, ingresó al edificio y se detuvo frente a la puerta del apartamento de ella, tomándose un instante para recuperar algo de su temperatura corporal previo a tocar la puerta. Una, dos veces. Y luego aguardó, oyendo al perro de su subordinada olfatear curiosamente bajo la rendija de la puerta. Un par de pasos humanos y familiares resonando segundos después.
Inhaló profundamente, manos en los bolsillos. Y contó los segundos. La puerta se abrió.
Disclaimer: Ninguno de los personajes de Full Metal Alchemist me pertenece.
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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Y, como prometí, he aquí el capítulo de hoy, que espero les guste. Y sinceramente, me siento feliz. Admito que no esperaba una bienvenida tan cálida, considerando que me demoré tanto y todo eso y probablemente no la merecía tampoco... Pero me alegra mucho saber que hay alguien del otro lado leyendo, o al menos dándole una oportunidad, a esta historia. Gracias, a todos los lectores, por tomarse el tiempo para leer mi fic y aún más a quienes se tomaron el tiempo extra y la molestia de dejarme un review. Gracias. A: HoneyHawkeye (¡gracias y espero te guste!), Sangito (es cierto, los primeros dos o tres capítulos son algo confusos pero prometo que pronto tomará forma y espero que te mejores también, ya es bastante horrible estar enferma y más tener que lidiar con un jefe así ^-^), (¡gracias! Y espero te guste también. En cuanto al review, no te preocupes. Tu opinión como está me ayuda y me anima mucho), fandita-eromena (no te preocupes por no haber podido dejar un review, realmente me alegra que hayas dejado uno en esta, me anima a seguir escribiendo. Espero que la historia anterior te haya gustado y espero que esta sea de tu agrado también), Lucia991 (ya sabes que no me importa si el review es cortito... sólo acordate que no duermo de noche (¡muajaja!) No, mentira. Gracias hermanita), Alexandra-Ayanami (¡Gracias!. Si... se me fue un poco la mano con los capítulos, espero que te guste) y kaoru-sakura (No te preocupes, Roy tiene sus momentos en que puede derrotar a Riza. Y es cierto, tanta terquedad no puede ser buena =) Gracias, y espero la historia te agrade). Gracias a todos. Espero este capítulo les guste también... ¡Nos vemos y besitos!
