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Capítulo 2


Un hombre necesitaba tomar decisiones

Un hombre que era consciente de su papel superior, muy por encima de sus congéneres y al grado de ser un imponente emperador, se mantenía de ellas

Un instante de vacilación e ignorancia podría representar la muerte, o peor: sometimiento

Y nadie, nadie, sometía a Alasdair McAllister

Nadie se burlaba de él. Nadie le hacía dudar como un estúpido. Nadie le quitaba el control sin que su cráneo rodara por el piso y lo aplastara de golpe

¿Qué estaba sucediendo, precisamente?

En un día común, dadas las 18:00 pm., salía del despacho con la ligera satisfacción de hacerles la vida miserable al par de asistentes que tenía, más la seguridad de haber obrado adecuadamente con los distintos clientes que estarían perdidos sin él. Los mismos clientes que le pagaban sumas ridículas sin objeción que solventaban los tragos que bebía en su pub favorito cada noche

Esos días comunes no habían cambiado

Pero parecía que algo se agregó a ellos

—Ya es tarde. Tengo que retirarme

—¡Gracias por todo! — comentó una chica de cabello largo castaño y ojos verdes — Has trabajado muy duro, ¡te mereces un buen descanso!

—Supongo que sí

—¡No seas tan modesta! Puedes atribuirte un poco de crédito, no te hará daño

—Me parece que ese no es el punto de todo esto

Cuando abordaba su Ferrari 599 de color negro y salía del estacionamiento hacia la avenida, el semáforo siempre tocaba en rojo, haciéndolo esperar antes de arrancar

Como algún tipo de broma, de un intento por quebrarle la poca paciencia que lo caracterizaba, le tocaba aguardar la señal del lado contrario de la banqueta, cerca la mayoría de las veces de aquella mesa de intenciones burdamente caritativas

Era como si sólo buscara la manera de tener a esa mujer dentro del foco de vista. Que completo asco

Jodida molestia que se acopló a la rutina antes de que se diese cuenta: cada vez tenía la oportunidad de escuchar sin verdadera intención de lo que hablaban los presentes, incluyéndola

Se trataba de lo más bajo de la cadena alimenticia, y a pesar de ello, ahí estaba la situación, persiguiéndolo

Cada vez analizaba aquellas pupilas azules que, entre más las veía, menos le gustaban

No había nada en ellas, igual que el autobús número 30 que explotó en miles de pedazos

Y a esas alturas, con la falta de sorpresa, no conocía su nombre

No le importaba en tanto no representaba una diferencia, y no ayudaba en la cuestión que lo irritaba

Era patética, y al mismo tiempo, era como observar al lobo disfrazado de cordero

Quería ver la masacre, porque aquella farsa ya había durado demasiado. Una farsa a la que seguía sin encontrarle sentido

Nada se hacía sin un motivo. Las buenas intenciones jamás eran puras

¿Qué trataba de demostrar, con exactitud?

—¡Hoy reunimos una buena cantidad! — abrazó con lastimera emoción un bote plateado, de aquellos en que se envasaban las frutas — ¡Es más de lo que juntamos el mes pasado! Y eso que vamos en la segunda semana, ¡es como si la buena suerte nos hubiera favorecido!

—Ojala nos acompañe una larga temporada

—¿Pero de qué hablas? ¡Si eres tú quien la trajo! — sonrió abiertamente — ¡Desde que nos ayudas, más personas quieren hacer donativos!

—No lo creo

—Pues yo sí, y te digo que no hay que desaprovecharlo, ¡sólo mira! — le enseñó el recipiente — ¡Podremos comprar mantas, ropas, cosas para el botiquín, e incluso pagarle a un terapeuta para que comience a ayudar a los chicos que apenas llegaron! Arthur no puede encargarse solo de un grupo tan grande

—Pienso que ha hecho un buen trabajo hasta ahora

—Claro que lo piensas~ — no le gustó en nada como dijo eso – Pero el punto, es que haremos cambios importantes, ¡y es por eso que…! — hizo que sostuviera el bote — Te lo encargo

—¿A qué te refieres? — aceptó la carga sin cambiar aquel gesto que no decía nada

—Nosotros nos quedaremos un par de horas más, y por la cantidad, no es seguro que eso se quede aquí — movió la mano con despreocupación — Vives muy cerca, así que no habrá problema, y antes de que mañana vayas a trabajar, puedes dejarlo en el refugio, ¡ahí estará Arthur desde temprano!

—Entiendo — tomó su bolso, el termo de color rojo, y abrazó con discreta fuerza el tesoro que le dejaron — Entonces, hasta pronto

—¡Entendido! — le dio un rápido beso en la mejilla — ¡Y de nuevo, gracias por tu trabajo!

Apenas esbozó una débil sonrisa. Dudaba que aquella chica la hubiese notado, pero para él no pudo pasar de a desapercibida, más sí la intención con que la hizo

Esta clase de juego ya le estaba molestando

Cuando ella empezó a caminar, el semáforo dio paso a que avanzara

Lo hizo con la velocidad apropiada, ya que le fastidiaba que los otros conductores le pitaran, y a la vez, buscaba tenerla dentro del foco de su espejo retrovisor

La forma en que andaba, cómo su cabello suelto se movía conforme a la brisa helada de la tarde, ese modo en que sus pupilas seguían negándole cualquier tipo de respuesta con la carencia de brillo, los pasos firmes y ágiles, su piel un poco enrojecida por el golpe de aire que buscaba cortarla

Tenía que haber una manera de cazarla y exhibir su hermoso esqueleto como advertencia de que nadie debía quebrantar el orden caótico de esos tiempos

—¡Ah!

Abrió los ojos con leve sorpresa, sintiendo una bizarra ansiedad cuando se percató de todo lo que, en un mero instante, se reflejó en el espejo que tan cuidadosamente acomodó

Al pasar ya cinco calles y dar vuelta en una esquina, chocó agresivamente contra ella un sujeto que venía corriendo

El golpe y la nula sorpresa no provocó esa inesperada exclamación, sino lo que conllevó: al momento de separarse, él extendió las manos y en un movimiento rápido, le arrebató el recipiente que con comprensible protección la chica guardaba, echando una vez más su carrera sin que hubiera oportunidad de darle alcance

En un sólo segundo, todo por lo que se esforzó había sido en vano. Esa era la vida

Cayó su termo, cayó su bolso. Cayó por igual su parsimonioso rostro y se permitió expresar, aun con levedad increible, la decepción que la invadió

Se quedó quieta por unos minutos, mirando fijamente la dirección que el sujeto tomó mientras la frustración y un básico temor se combinaba con el resto de sus emociones

El más hábil siempre se salía con la suya. El más fuerte siempre dominaba a los demás

Ella era débil, y aquello probaba cuan deformado había terminado su innata grandeza que, con la dirección adecuada, hubiese brindado maravillas a ese mundo de mierda

Antes que convertirse en aquello, hubiera absorbido lo que ahora lamentablemente se desechaba

Estacionó el auto a pocos metros y salió, viendo a cada momento la forma en que ella ya se daba a la vergonzosa tarea de recoger sus pertenencias como toda una perdedora, además de la inmediata desesperación por pensar en lo que haría

Se trataba de una buena cantidad, ¿no? La que perdió gracias a la habilidad de alguien más osado, ¿qué iba a decirle a los idiotas que confiaron en ella? ¿Qué pasaría ahora que quedó en ridículo no sólo por el hecho, sino de que no sirvieron de nada sus esfuerzos? ¿Qué haría con todos los planes que tenía?

Sería bueno cortarle la cabeza en ese instante

Llegó a su lado, y si ella lo notó no lo demostró, puesto que siguió recogiendo todo con diligencia, reteniendo en sus mejillas el rojo que provocó su ira y desilusión

Aun con eso, no distinguió la esencia de miedo o derrota. Quizá venganza…

La propia tal vez ya había llegado

—Hey — inició en un tono frío, casi despectivo y sin la mínima intención de ayudarla. La chica le miró de reojo mientras continuaba con su labor, carente de extrañeza — ¿Cuánto perdiste?

No respondió, aunque sí le sostuvo la mirada todo el tiempo, examinándolo apenas y suspirando ante la intromisión que, seguramente, predijo desde mucho antes

No le gustaban esos ojos: su nada total no le permitía ver qué podría utilizar a su favor

Esas pupilas se cernieron sobre él aún después de que terminó de reunir sus cosas, levantándose y mostrando ese imponente pero parsimonioso porte con el que no se había enfrentado antes

La combinación resultaba abrumadora, y con ella venían las cuestiones que no dejaban de molestarlo

Era iguales. A pesar de todo, no había espacio para negarlo

La rubia suspiró con cansancio, entrecerrando la mirada que, desde el principio, no buscó nada en él

Lo hacía sentir como un maldito punto en el planeta que no era diferente de otro que hubiese visto antes

Ante ella no era nadie, y no se molestó en ocultar la ira que eso le generaba

No era que la chica no supiese con quien trataba, sino que no le interesaba en lo más mínimo

Odiaba la sensación. La odiaba a ella

Apenas abriendo los labios, mencionó el número que solicitó

Alzó levemente una ceja, admitiendo que para alguien que no gozaba de medios ilimitados, se trataba de una cantidad de importancia. Dinero que, de cualquier modo, era mejor que los pobres diablos a los que cuidaba no recibieran, ya que salvándolos no los haría más virtuosos, ni se volverían piezas útiles en la sociedad decaída

En cambio, no obstante, había una manera de sacarle provecho

Sonrió de lado, con cinismo y arrogante, despectivo y distante, mirándola de arriba abajo como quien observa por primera vez la belleza de una flor recién cortada

Cortarla, ese era el punto

—Bien —sacó su cartera, y sin el mínimo problema, extendió los billetes que cubrían la recaudación. Ni una libra más ni una menos — Toma

Los recibió de forma apática, ausente, sin nada que sentir ni agregar al momento, salvo el rápido movimiento en que los guardó en su bolso con cuidado y precaución

Él mismo aprovechó el espacio para sacar su agenda de bolsillo y escribir algo en una de las hojas arracadas, sin ningún temor a ser descubierto

Sabía lo que venía, no tenía ninguna duda de eso

—Mi dirección — le dio el papel, interiormente consternado de que la recibiera con toda la naturalidad posible — Llega puntualmente a las 22:00 pm

Intercambiaron miradas

Sólo la vio asentir antes de que reiniciara su camino, tan tranquila y vacía como lo estuvo desde la primera vez que la notó

No hubo más palabras. No hubo recriminaciones. No hubo gestos, ni sensaciones que transmitir

Simplemente continuó, dejando en el aire su perfume de narcisos y violetas

Perra

Regresó a su auto y arrancó sin prisa, sintiendo la frustración correrle por cada centímetro de la piel, junto al irónico escalofrío que precedía a la victoria y a la contribución, a la venganza y a la cacería

Hoy no pasaría a su pub favorito

Maldita perra