Disclamer: Inuyasha sigue sin pertenecerme :c

Segundo regalito para la linda de Fifiabbs :D. Un pajarito me dijo que te gustaban los vampiros, y como yo también los amo, ¡decidí hacerte esto! Eespero que te guste.

Besitos

Tu amiga secreta.


Blood

.

.

.

La luna llena permanecía erguida en lo más alto del cielo, delineando con su platinada luz una figura que se escondía en la negrura de la noche.

Estaba sentada en el alfeizar de una ventana como la noche anterior y las otras catorce que le precedieron. Se encontraba ahí, inmóvil, esperando con la mirada fija en una ventana que permanecía cerrada.

Habían pasado ya tres semanas desde aquel día, en el que por primera vez alguien ajeno a su mundo y raza le había ayudado.

Pasaba por un momento difícil con su familia así que no pasaba tiempo en casa… Lo cual la ponía directamente en huelga de hambre. Bueno, de sangre. Podría alimentarse de los humanos que vagaban en las calles por las noches, pero la mayoría tenía más alcohol y drogas que plasma en la sangre y le causaba repulsión.

Pasó una noche en la que se sentía tan débil que dudaba encontrar el camino a casa.

Se sentó en una banca en el parque y respiró profundo tratando de encontrar una presa cercana. El olor a alcohol, nicotina y heroína ligados con sangre humana la mareó al punto de casi desmayarse. Pero había algo más. Se incorporó con cuidado. Había una presa acercándose a paso lento hacia ella.

Era un hombre humano.

Se plantó en frente de ella observándola.

-No debería estar por estos alrededores, señorita,-ella abrió los ojos y lo miró, su mirada vino tinto apagada por la hambruna se encontró con la azul del humano.

Se trataba de un hombre joven de tez clara y cabello oscuro recogido en una pequeña colita. ¿Apuesto? Sí. ¿Interesante? No. Pero el instinto era más fuerte, y el olor de su sangre le hacía rugir el estómago. Se levantó de la banca para salir de ahí, pues vampiro o no, creía en el Karma y eso de drenar humanos inocentes por un capricho, no le iba. Bien podía llegar a su casa, alimentarse y volver a salir como si nada hubiera pasado. Lastimosamente su cuerpo le había demostrado horas antes que no estaba en condiciones y el tropiezo que sufrió en el momento que comenzó a caminar se lo corroboró.

-¡Tenga cuidado!

El hombre la sujetó rápidamente impidiendo que perdiera el equilibrio. Y no la soltó hasta que pudo mantenerse en pie. Las manos de él dejaron rastros de calor en su piel ahora helada y la cercanía de su cuerpo incrementaba sus ansias de sangre. Podía sentir como sus colmillos empezaban a picarle.

No, usted tenga cuidado.

-¿Vive cerca? Puedo acompañarla hasta su hogar.

-No, gracias.

-Parece que necesita ayuda… Está temblando.

-¡No quiero su ayuda!-gritó molesta ante la insistencia del humano. Si supiera lo que ella era, estaba segura que no se hubiera acercado ni cien metros a su alrededor.

-Usted necesita ayuda.

Esto era el colmo. ¿Él quería ayudarla? Bien.

La mujer volteo su cabeza hacia él. Sus ojos antes apagados ahora brillaban en un vino tinto intenso, sus labios se contrajeron levemente para mostrar unos colmillos afilados.

-Necesito su sangre.

El hombre palideció por un momento y abrió los ojos en sorpresa. Ella sonrío, esta era la reacción que esperaba, todos los humanos reaccionaban igual. Pero bueno, él se había ofrecido ya varias veces y seria grosero de su parte rechazarlo de nuevo. A ella la habían educado muy bien. Tomó de su muñeca y comenzó a acercarla a sus labios. Para su sorpresa, nunca llegó. En cambio, ahora era arrastrada por el humano hacia una pequeña arboleda.

Maldita hambruna que la tenía tan débil.

-¡¿Qué está haciendo?!

-Hay muchos testigos.

Llegados a la sombra de un grueso árbol el hombre se detuvo.

-Aquí nadie lo notara.

Ella lo miró atónita. ¿Acaso estaba loco? Estaba segura que el imaginaba lo que era, habían montones de historias sobre los de su especie alrededor del mundo. ¿Y aun así el buscaba estar a solas con uno de ellos? Y con uno muy hambriento. Y ahora se desabrochaba la camisa… ¿Es que había una nueva droga inodora circulando por el mundo de los humanos?

-Puede beber de aquí-Habló él señalando su cuello.

O quizás él estaba loco… Sí, eso no lo podías averiguar con el olfato.

-No puedo beber de su cuello-sentenció frunciendo el ceño para desviar la atención de sus ahora sonrosadas mejillas-.

El joven la miró con aquellos ojos azules de nuevo y puso su muñeca a la altura de su boca. Bastó mirar a sus ojos de nuevo para conseguir el permiso que necesitaba.

.

.

Una fría ráfaga de viento alboroto su larga cabellera, negra como la noche.

Hacía ya veintiún días que eso había pasado. Desde el momento que se marchó luego de beber de él y no podía sacárselo de la mente. Su recuerdo interfería con cualquier acción que realizaba y su mente no dejaba de hacer preguntas sobre él. Al cabo de una semana, y pasando por sobre todas las normas y prohibiciones de su especie, decidió ir en su búsqueda. No fue nada difícil encontrarlo, pues aun tenia parte de su sangre en su interior.

Desde ese momento había trascurrido ya quince días. Al principio lo observaba desde una distancia bastante precavida, pero con el paso de los días fue acercándose y descubriendo cosas sobre él. Como que estudiaba historia antigua y que dormía boca abajo. Que tomaba mucho café, dormía con las ventanas abiertas y cuando se aburría buscaba cosas sobre ella.

Bueno, de su especie.

No fue hasta el día catorce en el que descubrió su nombre y de la peor manera.

Ella esperaba en el mismo lugar de siempre cuando su antigua presa llegó a la hora habitual.

Con una mujer de su brazo. Una rubia.

Ella, desde su alfeizar, observó como la visita transcurría con normalidad. Al parecer no eran más que compañeros de estudio pues hacía rato ya que examinaban textos. Esto la hizo sentir más tranquila.

Aquello que la encolerizó no sucedió hasta que llegó la hora de partir para la mujer.

La rubia se acercó a la ventana abierta de par en par y exclamó algo sobre lo hermosa que era la vista desde ahí. Casi enseguida dos brazos masculinos rodearon la cintura. Allá en su alfeizar ella frunció el ceño.

El hombre retiró los cabellos de su compañera de su cuello y la estrechó más contra su cuerpo. Su nariz olisqueo la curvatura entre su hombro y cuello para luego dar paso a sus labios y besar toda el área con lentitud. Ahí mismo profirió una mordida que hizo a la rubia gritar la única cosa que podría interesarle a la vampiresa que yacía a unos metros de distancia.

-¡M-Miroku!

Sango se levantó de golpe indignada dispuesta a irse. Se sentía una imbécil viniendo aquí cuando era obvio que no tenía que hacer. Apretó su gabardina negra y miró por última vez a la ventana. Ahí estaba el, asomado por la enorme ventana. La rubia había desaparecido y él estaba… Mirando en su dirección con una enorme sonrisa.

Acaso… ¿Podía verla? No, no podría… porque en ese caso se estaría burlando de ella. Y ningún humano osaba burlarse de un vampiro. Vio cómo Miroku se alejaba de la ventana y bajaba las cortinas. En los días que ella había venido a visitarlo nunca lo había hecho. Y había habido noches mucho más frías que esta. Cansada de sentirse como una idiota, emprendió su camino a casa.

Todo esto la llevaba al día de hoy. En el que se mantenía inmóvil en su ya autoproclamada ventana esperando que el humano apareciese. Planeaba cobrar venganza por lo que había hecho la noche anterior. Nadie y hacia énfasis en que nadie se burlaba nunca de un vampiro. Mucho menos de ella. Aun así, no era mucho lo que podía hacer si el no aparecía en su hogar esta noche. Miró a su reloj, las doce y media y ni rastro.

-Jodido idiota.

Lo único que faltaba era que apareciese de nuevo con la rubia. Dios sabía que lo último que quería era perder tiempo asesinando un humano antes de torturar a su presa como era debido.

Un 'click' la sacó de sus pensamientos. Se enderezó para obtener una mejor vista y ahí estaba. Miroku había llegado y se anunciaba abriendo las ventanas de nuevo.

Sango no perdió tiempo y saltó hasta el techo de su puerta. Esperó unos momentos hasta que se pusiera a gusto para al fin entrar.

-Así que al fin decidió venir-habló el desde la silla de su ordenador fingiendo no tener gran interés-.

-Insolente…

No había ninguna luz encendida en la habitación, solo eran alumbrados por el halo platinado de la luna. Miroku volteó su silla hasta quedar frente a ella.

-Bueno… He sido yo quien ha sido espiado por una semana al menos.

Sango cruzó los brazos y frunció el ceño… Si él había sentido su presencia significaba que lo de ayer no había sido casualidad. Se había burlado de ella y lo pagaría.

-Así que lo sabía…

-Mis ancestros solían casar a los de su especie y mi abuelo me enseñó todo sobre ustedes… Para su suerte, no encuentro nada fascinante esas prácticas.

-Entonces sabía lo que era cuando me encontró en el parque… ¿Por qué no me mató?

-Como dije, no encuentro nada fascinante en esas prácticas…-Miroku se paró de la silla para sentarse en su cama, haciendo que Sango estuviera atenta a todos sus movimientos-Su especie por otro lado… Además, suele ser difícil identificarlos cuando están de encubierto.

Sango se encontraba inmóvil. Estaba frente a este hombre sin saber que pretendía, ni siquiera sabía que era exactamente lo que pretendía ella. Pero si sabía que esto no era bueno.

Si había roto las reglas de su especie al encontrarse con un humano que había sido su presa anteriormente, el haber bebido de un potencial cazador y espiarlo por dos semanas era… Probablemente como escupir en la cara de los sabios y luego limpiar el piso con el libro sagrado.

-¿Y bien? ¿Que la trae por aquí?

Piensa rápido.

-Debe pagar por la burla que cometió ayer.

Bueno, eso era en parte cierto.

-¿Eso?-habló despreocupadamente mientras señalaba a la ventana.-Pero si solo estaba tratando de hacerla venir. Y al parecer funcionó.

-El que imitara un ritual tan sagrado para mi especie solo para molestarme es algo que no puede quedar impune. Debe pagarlo con su sangre.

Él se dedicó a mirarle sin decir nada. Al cabo de unos segundos una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

-Antes de cumplir con mi castigo, quisiera dos cosas.

-No está en posición de exigir.

-Quiero saber su nombre.

Sango se sorprendió. Este hombre tenía que estar demente. Lo amenazaban con torturarlo y él quería el nombre de su verdugo… Lo miró con cuidado, ahí sentado al borde de la cama parecía tan inofensivo. Si fuera un cazador entrenado ya habría arremetido en su contra. Al ser solo un humano supuso no habría mucho peligro en decirle algo tan insignificante como su nombre.

-Sango… Me llamo Sango.

-Me gusta…

Había algo en su tono que la ponía alerta. Harta de seguir con este juego pero más que todo por curiosidad, se atrevió a preguntar.

-¿Y la segunda?

Miroku se acomodó en la cama, tomó los bordes de la camiseta que llevaba puesta y se la quitó.

-Si voy a pagar con mi sangre, me gustaría que la tomara de mi cuello.

Ah… ¿Qué?

Sango lo miró incrédula desde donde estaba. Quizás este humano sí estaba loco. Y era contagioso. Quizás eso explicaría las acciones de ella desde que bebió su sangre. Y que ahora estaba pensando en pisotear de la peor manera las reglas y tradiciones familiares. Miró hasta su torso ahora descubierto y únicamente iluminado por la luz de la luna, luego a su cuello. Se le hizo agua la boca.

Dio dos pasos hasta él. Esto sería solo por esta vez y no supondría ningún tipo de beneficio para él. Él solo estaría pagando una ofensa y ella solo estaría infringiendo un castigo. Nada más.

Al llegar al borde de la cama, donde él estaba sentado, se armó con una determinación que no conocía y se ubicó de la forma en que tomar de su vena le sería más cómodo. A horcajadas sobre él.

Solo por esta vez.

Sus ojos color sangre hicieron contacto con los de él totalmente decididos. Fue ahí cuando se dio cuenta que encajaba perfectamente donde estaba. Un ligero estremecimiento le recorrió el cuerpo y sintió las mejillas y el pecho calientes. Se inclinó un poco colocando las manos en el pecho de su ahora presa, llegando hasta su cuello. Su piel era cálida y tenía un aroma fresco y masculino que la estaba entorpeciendo un poco. Se tensó un poco al sentir ambas manos del hombre en su cintura haciendo presión para acercarla más a su pecho, más aun cuando escuchó su voz.

-Castígame.

Fue un ronco susurro en su oído que la hizo estremecer de pies a cabeza logrando luego relajarla. Miró hasta el cuello de él, sabía que una mordedura justo en la vena podía ser bastante dolorosa, así que opto por hacerlo un poco más abajo. Pasó su lengua por el lugar que pretendía morder más porque quiso que por preparar el área. El a su vez tensó su agarre.

Sango saco sus colmillos y mordió rápidamente succionando el cálido líquido que manaba del cuerpo de él. Tal como la última vez, su sangre era extrañamente deliciosa y ligado a que las manos del humano acababan de burlar la seguridad de su sweater de lana y vagaban libremente por su espalda desnuda se sentía extasiada.

Se alejó de su cuello cuando pensó que había sido suficiente pero las manos de él no se detenían. Se sobresaltó un poco cuando sintió que le tocaba el trasero sin prudencia alguna y lo miró. No había rastros de arrepentimiento en su rostro, al contrario, había más bien bastante determinación. Trató de bajarse pero se encontró perdida de nuevo cuando la lengua de él le rozó la clavícula. Bueno, se había buscado una presa bastante pervertida… Pero supuso que no sería tan malo dejarlo estar.

Solo por esta vez.

.

.

.

Se supone que esto sería un Drabble, pero una vez que comencé no pude parar xD. Espero que sea de tu agrado y no te moleste el OOC que se escapó por ahí.

¡Muchas gracias por sus comentarios favoritos y reviews chicas! Sobre todo a M.J Hayden, Artemisa y (la dueña del regalito) Fifiabbs :D.

Besitos.