Gravedad Cero
Track 02. Problema comestible
Luego de escuchar el quinto timbrazo en el auricular, Kisa terminó su llamada sin haberla iniciado, con un suspiro pesado ante la ausencia de su autora. Tenía la esperanza de encontrarla y pedirle que hiciera el capítulo extra que convenientemente Takano les había impuesto a todos en el departamento Esmeralda. Aunque Kouga-sensei le había dicho que se tomaría un par de días para enfocarse en la nueva historia que tenía planeado iniciar, le llamó con la esperanza de pedirle que usaran esa historia como parte del especial de verano. Pero era obvio que la autora había iniciado su lapso vacacional dejando a Kisa con la difícil decisión de esperarla o elegir a alguien más.
El especial de verano estaba planeado para publicarse en dos semanas, así que, en teoría tenía cerca de diez días para entregar el manuscrito. Si Kouga-sensei se tomaba tres días de descanso y regresaba sin ningún avance tendría que obligarla a hacer el capítulo en uno o dos, para tener tiempo de las revisiones necesarias. Si elegía a otra autora, podían empezar ese mismo día. Pero de las posibles opciones, solo una tenía el suficiente tiempo para aceptar, desafortunadamente también era la más lenta.
Suspiro una vez con cierto aire sombrío luego de que su día hubiera sido arruinado tan temprano. Era la primera vez que Takano imponía un trabajo que parecía casi un suicidio premeditado pero, por la expresión del jefe de departamento, aquella sorpresa había sido unánime. Y tampoco le agradaría estar en la posición de Onodera, cuya aura siniestra era solo comparable a la de Hatori. Con tantas nubes negras a su alrededor, Kisa se limitó a mantenerse callado.
No podía postergar demasiado su decisión, así que tomó el teléfono marcando el número de la segunda opción, justo en el momento en que la luz de su celular parpadeo llamando su atención. Normalmente no daría prioridad a sus llamadas personales pero antes de siquiera pensarlo devolvió el auricular a su lugar tomando el pequeño teléfono solo para comprobar un mensaje de Yukina.
Sin poder evitarlo, su mirada se iluminó y al segundo siguiente se reprendió mentalmente mientras abría el mensaje. No era posible que se comportara como si tuviera quince años.
Podía sentir sus mejillas arder mientras presionaba un par de teclas para leer el mensaje. Apenas un par de líneas preguntándole si quería algo especial para comer bastaron para que recordara la reciente situación que compartía con el universitario.
En un par de días se cumpliría una semana desde que habían decidido, o mejor dicho, Yukina había insistido con la idea de que debían vivir juntos por un tiempo, al menos como una especie de prueba para conocerse mejor.
Aún era difícil llegar a casa y encontrarse con esa alegre sonrisa. Dormir se había convertido en todo un desafío a su resistencia y el colmo era que Yukina se había adaptado demasiado rápido. Era casi molesto pero no tenía caso negar lo feliz que se sentía. Su renovado ánimo para cada nuevo día de trabajo lo delataba y el hecho de que empezaba a pensar en dos en lugar de uno para cualquier detalle menor en su hogar, era prueba de que el experimento infantil de Yukina había sido un gran acierto.
Terminó su respuesta en el celular presionando un par de teclas. Suspiró una vez más antes de volver al trabajo y tomó el auricular marcando el número una vez más. Su mejor opción era Kouga-sensei, aunque tuviera que esperar un poco.
Y nada tenía que ver con ser una de las autoras favoritas de Yukina.
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– Ai-ka-wa.
La mujer dio un breve respingo al escuchar la cantarina voz tras ella, se detuvo cerrando los ojos hasta que escuchó el rápido caminar alcanzándola para detenerse a su lado. Entonces se armó de valor para levantar la mirada decorando su rostro con una amplia sonrisa.
– Buenos días, Isaka-san.
– Tengo la impresión de que te has estado ocultando de mí durante la última semana –la sonrisa de Isaka podía parecer amigable para cualquiera que no lo conociera. Pero Aikawa estaba lo suficientemente familiarizada como para saber que solo era una falsa expresión que utilizaba antes de que empezaran los reclamos.
– Eso es imposible –respondió amigable– ¿por qué me escondería?
Aquello era una acusación bien fundamentada.
La última semana, Aikawa se había asegurado de estar fuera del radar de Isaka, e incluso había ignorado deliberadamente a su asistente. Todo por culpa, como siempre, de Usami Akihiko, al parecer el único escritor que no podía seguir un simple calendario de avance. Lo peor era que sus razones no se debían a falta de capacidad o inspiración, eran burdos caprichos para volverla loca o solo porque el escritor estaba aburrido y no se le ocurría algo mejor que hacer.
Todas las novelas bajo el nombre de Usami Akihiko se convertían indudablemente en best-seller, nadie ponía en duda su talento pero como persona tenía hábitos horribles imposibles de remediar. A lo mucho podía presionarlo para terminar sobre la fecha de entrega y si existía alguien en el mundo capaz de manipularlo lo suficiente, ese era Isaka.
Por ello habían acordado hacer equipo para que las novelas fueran terminadas y publicadas con el menor daño psicológico posible. De ahí la presión constante a la que Aikawa era sometida por el dueño de la editorial, misma de la que había tenido que escapar hacia más de siete días.
Durante su última visita a casa de Usami, el autor le había comentado su deseo de tomar vacaciones, motivo que casi la infarta, justo a la mitad de la planeación para su nueva novela. Usami le había explicado el contenido de dicho libro y ella se había emocionado por el tema, había esperado pacientemente la semana acordada para ver un avance ¡y el escritor le hablaba de vacaciones con el descaro de aceptar que no había empezado a escribir!
No pudo quedarse en casa del escritor para gritarle lo suficiente porque su agenda no se lo permitía y apesar de su insistencia telefónica el resultado seguía igual.
Ahora no tenía sentido negárselo a Isaka pero era increíble que después de tantos años trabajando con Usami, siguiera cometiendo el mismo error.
– Otra vez lo dejaste holgazanear, ¿cierto? –preguntó Isaka manteniéndose falsamente alegre.
Aikawa estuvo a punto de justificarse cuando Asahina se acercó susurrando a su jefe algo sobre su falta de tiempo.
– Bien, no te preocupes –volvió a girarse hacia la castaña apoyando una mano sobre su hombro, como solía hacer con casi todos sus empleados– Akihiko es difícil pero sé que puedes solucionar esto. Solo recuerda la fecha limite, y estoy ansioso por ver esa novela tan prometedora.
– La tendré a tiempo –respondió mostrándose tan tranquila como pudo. Enseguida hizo una breve inclinación mientras Isaka se alejaba.
Ahora tenía la tarde libre con suficiente tiempo para decirle un par de cosas a cierto escritor.
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Isaka retomó su camino seguido de cerca por Asahina, aquello, como siempre, no le afectó mientras recorría varios pasillos recibiendo los saludos formales de sus empleados.
No hacía mucho tiempo que había heredado el puesto de su padre como presidente de la compañía, pero realmente no sentía la gran diferencia que mortificó a tantas personas dentro y fuera de la empresa. Era un hecho que su edad significaba un problema para los presidentes de las compañías aledañas, a muchos les pareció innecesaria la decisión de su padre al ceder su puesto. Algunos de sus propios empleados aún lo consideraban incapaz de cubrir las expectativas y sobrepasar los logros del antiguo presidente. Pero todos esos pequeños detalles lo tenían sin cuidado.
Quizá fuera parte de su personalidad o un grado de cinismo muy alto, pero no le preocupaba la opinión pública, tanto que rechazar las múltiples propuestas de matrimonio por mantener a su lado a Asahina había sido su logro más satisfactorio.
El segundo fue fastidiar a todos los jefes de departamento en un solo día.
Cuando los rumores sobre su falta de capacidad terminaran por fastidiarlo los primeros días, optó por una medida drástica que cambiara la atención de todos los empleados hacia una meta más productiva. Decidió que cada departamento de la editorial publicaría algún extra para ese verano.
Luego de anunciarlo, personalmente a cada departamento solo para darle un toque extra, los rumores cambiaron a quejas que nadie se molesto en disimular, aunque ninguno se opuso. Para Isaka se convirtió en un cambio gratificante, y aún más sus recorridos sin previo aviso para presionar a cada jefe de departamento. Ese día, era el turno de Takano.
Llegó en completa calma al departamento Esmeralda, recibiendo los saludos del cubículo contiguo, a quienes estaba seguro de haber visto suspirar. Asahina esperó al lado de la puerta por donde Isaka accedió al pequeño espacio que Takano y su equipo mantenían en múltiples tonalidades de rosa y que ya empezaba a mostrar los signos de deterioro que al final de la quincena se convertirían en algo parecido a una tumba.
Sonrío genuinamente divertido mirando la concentración en los tres rostros que se mantenían frente a sus computadoras, los otros dos debían estar cubriendo alguna otra actividad. Pero Isaka no detuvo su andar hasta que llegó al lado de Takano, quien no se molesto en mirarlo, si es que acaso había notado su presencia.
– ¡Buenos días, Takano! –gritó sin recibir ningún saludo de los presentes.
– ¿Qué haces aquí tan temprano? –murmuró Takano, su tono apagado era algo a lo que Isaka estaba muy acostumbrado, así que simplemente se recargó en la pared cruzando los brazos para mirar a Onodera y Kisa, quienes retomaron su trabajo sin aceptar la interrupción.
– Solo me aseguro de que todo este en orden. Y también para mantenerte informado. La imprenta ya dio su fecha, creo que se recorrerá un par de días –dijo sin importancia mirando los montones de hojas que ya empezaban a acumularse en el suelo.
Takano dejo de teclear, ensombreciendo su mirada mientras la dirigía lentamente hacia el presidente.
– ¿Un par de días? –siseo esperando que Isaka notara la seriedad en sus palabras pero como era su costumbre, ni siquiera se inmuto.
– Tres para ser exactos –sonrió mirándolo– así que espero un avance más significativo para la próxima vez que venga –continuo sintiendo un par de miradas extra sobre su persona pero su atención estaba en la furia que Takano debía tragarse.
– ¿Y no se te ocurrió pensar en el predicamento que eso nos pondría? Ni siquiera hemos podido terminar la edición mensual…
– Si, lo sé –interrumpió sus palabras agitando la mano con pereza– ustedes son el único departamento que me esta causando tantos problemas. Para el resto las fechas son correctas, todos se han organizado muy bien pero de ti no he recibido el calendario de trabajo. No sabes el problema que eso supone para mí –terminó fingiéndose angustiado.
Dicho calendario solo era una formalidad más para presionar a los departamentos. En realidad Isaka no necesitaba hacerse responsable de ese tipo de detalles, ni siquiera miraba los esquemas que los distintos jefes le mostraban, solo lo exigía para mantener un poco más la tensión sobre cada uno. Sus palabras no eran totalmente mentira, el resto de departamentos habían podido apretar un poco sus tiempos, pero el mayor problema de Esmeralda recaía en su falta del mismo. Las exigencias de Takano eran tales que su trabajo nunca terminaba y con su capricho añadido, Isaka esperaba verlo por primera vez en un verdadero apuro. No creía que fallara, pero tampoco iba a negarse un poco de diversión aprovechando su ascenso.
Kisa y Onodera se abstuvieron de intervenir, sintiendo la furia de Takano en el aire.
– ¿Y si estás tan ocupado a que debo esta visita tan molesta? –siseo volviendo a su trabajo. Conocía lo suficiente a Isaka como para saber el tipo de juego en el que pretendía incluirlo. Su única defensa era ignorarlo.
– A nada en especial, solo vine a mostrar mi apoyo moral.
Justo cuando Takano iba a sugerirle un mejor uso para su "apoyo moral" Asahina interrumpió, volviendo a apurar a su jefe con el tema de su apretada agenda, donde alguien como Kaoru había tenido que incluir algunos momentos para que Isaka pudiera torturar a sus empleados a gusto.
Luego de unos últimos consejos que solo mostraban las intenciones de Isaka por repetir sus visitas sorpresa, se despidió dejando la furia de Takano en un nivel muy diferente al acostumbrado.
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Cuando Misaki abrió la puerta del departamento que compartía con Usagi una pesada aura oscura se deslizó hasta sus pies cubriéndolo de un escalofrío que lo mantuvo en la puerta un par de segundos preguntándose si era seguro entrar.
Muy lentamente se quitó los zapatos caminando de puntitas hasta abrir la siguiente puerta, notando la cocina vacía deslizó su mirada por el amplio espacio hasta que encontró el origen en la sombra pesimista que ahora era Aikawa. Misaki se permitió un momento para relajarse pero cuando comprobó que Usagi no estaba cerca supo que algo debía estar realmente mal. Por un momento pensó que no había sido un buen día para llegar temprano.
– ¿Aikawa-san? –intentó dejando las bolsas con las compras para la comida sobre la barra de la cocina esperando una aprobación para acercarse. La castaña levantó el rostro mostrando una expresión furiosa que en seguida se transformó en auténtico dolor reteniendo las lágrimas en sus ojos.
– Misaki-kun…
– Mmm… ¿estás bien? –preguntó sin saber que más decir, ocupando el sillón a su lado.
– No, no lo estoy. Pero, ¿sabes a dónde fue Usami-sensei?
– No me dijo que saldría –murmuró pensativo– ¿aún no termina la novela? –preguntó compartiendo la angustia de la editora.
– Aún no –suspiró– no ha querido entregarme avances en las últimas tres revisiones, ya debería tener por lo menos la mitad pero estoy casi segura de que ni siquiera la ha empezado.
– Entonces me mintió –Misaki apretó sus manos en puños levantando un poco el tono de su voz– ayer me dijo que ya la tenía terminada.
Por un momento los ojos de Aikawa brillaron de emoción pero enseguida recordó lo bien que conocía al escritor como para adelantarse a sus engaños. Y aún así le parecía increíble que no hubiera previsto su huida en ese momento, aunque siempre pensó que de escapar llevaría a Misaki consigo. Al menos podía confiar en él como una especie de seguro.
– Entonces espero que me este mintiendo a mí –sonrío con cansancio. Misaki solo pudo compartir el gesto con cierto nerviosismo disfrazando su coraje contra el escritor.
– ¿Quieres un té? ¿O un bocadillo? –se levantó imaginando que la castaña esperaría lo que fuera necesario– si me das un poco de tiempo puedo preparar algo más –automáticamente los ojos de Aikawa volvieron a ponerse brillantes.
– Misaki-kun… ¿por qué no eres escritor?
– Creo que no soy bueno en ello –volvió a la cocina empezando a ordenar las compras.
– ¿Aún no has decidido? ¿Qué harás cuando termines la universidad?
– Aún… no estoy muy seguro –murmuró sin mirarla. Ese era un tema al que seguía dándole vueltas
Le preocupaba su propia indecisión pero no podía evitar que aumentara mientras pasaba el tiempo. A veces terminaba fastidiado consigo mismo y procuraba evitar el tema pero los comentarios que escuchaba a diario en la universidad aumentaban. Todos parecían muy decididos sobre qué camino tomar o al menos conocían sus habilidades lo suficiente como para seguir adelante. Él, por el contrario, no tenía idea de en qué era bueno, o qué le gustaría hacer, no podía responder tan sencillas cuestiones sobre si mismo. Sabía que era absurdo y al final siempre terminaba deprimido.
Justo como en ese momento.
Dejo el cuchillo sobre la zanahoria que había empezado a picar mirando un punto muerto entre sus manos.
Aikawa dejo de prestarle atención mientras hojeaba algunos documentos de Marukawa. No era normal que ambos se quedaran callados tanto tiempo, pero mientras Misaki tenía sus preocupaciones, ella no podía dejar de sudar frío a cada día que pasaba.
No paso mucho antes de que un curioso sonido en la puerta principal precediera el regreso de Usami. Automáticamente, Aikawa se puso de pie asaltándolo con sus reclamos pero tardo unos minutos más antes de que Misaki escuchara el escándalo tan cerca de él. Con un respingo involuntario levantó la cabeza al mismo tiempo que dejaba caer el cuchillo sobre la verdura y en consecuencia sobre su dedo. Salto de nuevo llevándoselo a la boca con un breve quejido que capto la atención de Usagi, conectando sus miradas.
– Estoy bien –sonrió quitándole importancia. Aikawa detuvo sus quejas para mirarlo, aún con el dedo entre los labios, entonces Misaki se sintió realmente tonto con ese par de miradas encima– ¡Más importante! –reclamó señalando– ¡me mentiste! Dijiste que casi terminabas tu trabajo y ahora Aikawa-san esta en problemas por tu culpa.
– Eso no era del todo mentira –se quejo el aludido chasqueando la lengua. Esquivó a la castaña para ocupar un lugar en la sala.
– ¿Entonces ya tiene algún avance? –preguntó Aikawa emocionada.
– Algo así –dijo distraído encendiendo un nuevo cigarrillo.
– ¿A dónde fuiste?
– Por cigarrillos.
– Sensei… –chilló Aikawa sentándose frente a él– ¿el trabajo…?
– Ya tenía algo avanzado pero cuando volví a leerlo no me gustó, así que decidí empezar de nuevo.
La expresión de Aikawa era una mezcla entre el dolor y el terror pero acostumbrada como estaba trato de pensar rápido.
– P-Pero… puede no ser tan malo, si me muestra lo que ha hecho podemos hacer algunas correcciones juntos y tal vez…
– Lo borré.
– ¿Q-Qué?
– ¿Qué caso tenía guardarlo si no me parecía suficiente?
Esta vez Misaki se unió a la serie de gritos en contra del escritor pero éste parecía muy entretenido disfrutando su cigarrillo. Aún así dirigió una sutil mirada hacia la mano del menor donde una pequeña mancha roja empezaba a secarse en el dedo índice.
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El suave sonido que producía la guitarra ante el movimiento perezoso de los dedos de Hiro era todo lo que se escuchaba en el amplio estudio de grabación. Suguru no tardó en unirse al sonido ausente dejando caer sus dedos sobre el teclado sin buscar una nota en especial.
En una esquina, Sakano lloraba en silencio abrazando sus rodillas con una curiosa nube de oscuridad cubriendo el pequeño espacio que ocupaba. Aquella era una escena común para Bad Luck. No pasaban más de dos semanas para que se repitiera y a veces podía durar el mismo tiempo sin que mejorara. La única variante la marcaba la presencia o ausencia del vocalista cuyo cambiante estado de ánimo alteraba dramáticamente los logros de la banda.
En esa ocasión, Shuichi estaba sentado en una silla con los brazos sobre el respaldo llorando como casi siempre. Hiro se limitaba a asentir a todas sus palabras sabiendo que cuando se trataba de Yuki no había poder humano que le devolviera la razón a su amigo.
Suguru ya se había resignado a esa rutina pero aún albergaba la esperanza de que pudieran grabar algo nuevo, contrario a Sakano que sin la presencia de K perdía toda la autoridad que pudiera tener.
– ¡Ni siquiera pude decirle que lo sentía! –chilló Shuichi una vez más, hablando como si Yuki estuviera muerto– sé que fue mi culpa… bueno, tal vez también fue suya pero yo… ¡Yo…!
– Shuichi, ya es suficiente –dijo Hiro genuinamente cansado pero sin moverse de su lugar, descansó la guitarra sobre su pierna levemente flexionada en la bocina mientras lo miraba con toda la paciencia que podía– ambos estaban molestos, estoy seguro de que cuando regreses a casa, Yuki estará de mejor humor.
– Hiro… –sus ojos se volvieron aún más brillantes– ¿realmente lo crees? ¿Yuki ya no estará molesto?
– Estoy completamente seguro –sonrío sin ningún remordimiento ante tan obvia mentira.
Era una suerte que su amigo fuera tan ingenuo casi todo el tiempo pero en esta ocasión parecía renuente a creerle. Se limitó a bajar la cabeza apoyando el mentón sobre sus brazos cruzados sin dejar de sacudir su nariz. Y una vez más un suspiro por parte de Hiro se dejo escuchar en el casi silencio del lugar.
– ¿Sabes que te pondrá de buen humor? –preguntó en un nuevo intento– ¡escribir una canción! –aquello captó la atención de Sakano que finalmente sintió la esperanza renacer– incluso puedes dedicársela a Yuki. Esa sería una buena forma de disculparse.
Shuichi dejo de sonar su nariz pero no le devolvió la mirada.
– Por cierto –hablo Suguru deteniendo el sonido de su teclado, ausente de los últimos comentarios de Hiro– ¿escucharon lo de Sakuma-san? –ninguno le respondió pero él parecía inmerso en su monólogo– escuche que va a dejar Nittle Grasper. Dará un par de conciertos más y…
– ¡¿Qué?! –Shuichi saltó tirando la silla con el impulso– ¿Sakuma-san…?
Suguru lo miró sin cambiar su expresión seria pero los exagerados ademanes de Hiro a espaldas de Shuichi le hicieron fruncir el ceño. No estaba seguro si le pedía que bailaran o que se callara. Cuando volvió a ver el rostro compungido del cantante supo que había cometido un grave error. Abrió y cerró la boca varias veces, ni siquiera había tenido oportunidad de alegrarse porque el llanto de Shuichi había terminado antes de convertirse en el responsable de su nuevo ataque de histeria.
– E-Es solo un rumor –dijo con una sonrisa demasiado fingida acercándose para apoyar las manos en los hombros de Shuichi cuyos ojos volvían a ser exageradamente acuosos, apretaba los labios intentando no llorar- no creo que sea verdad. Sakuma-san no renunciaría…
– Es cierto –Hiro se unió al campo visual de Shuichi notando que Suguru no estaba logrando el objetivo– tú lo conoces, puede que él ame la música más que tú. No va a dejar de cantar…
– ¡¿Qué clase de actitud es esta para un estudio de grabación?! –el intenso gritó de K junto a la puerta derribada interrumpió los balbuceos de Shuichi dirigiendo todas las miradas hacia el rubio pero solo Sakano se mostró genuinamente aliviado– ¡Shuichi! –lo señaló un segundo antes de correr a su encuentro– ¿acaso escuche que no quieres escribir canciones?
– No es eso –se defendió rápidamente, sonriendo apenas un segundo antes de volver a deprimirse– es solo que Yuki…
– ¡Ah! Por supuesto, el joven Yuki –sonrío restándole toda importancia al asunto que aunque solo podía intuir debía ser del mismo tipo de razón que solo Shuichi encontraba alarmante. Lo rodeo por el cuello con un brazo– sé que estará orgulloso de tu próxima canción –hizo un gesto con la mano y al segundo siguiente Hiro había acomodado una pequeña mesa frente al cantante; Suguru acercó una silla detrás del pelirosa y Sakano sonrío cómplice dejando un par de hojas y lápices sobre la mesa. K lo obligó a sentarse sin soltar las manos de sus hombros– y ahora…
– Pero no puedo escribir –se quejó ya con el lápiz en su mano– no se me ocurre nada.
– Estoy seguro de que lo harás –siseo en un tono amenazante metiendo su mano lentamente en su saco en un gesto que casi siempre precedía la amenaza de una de sus pistolas, pero en está ocasión solo mostró una sencilla revista que provoco un suspiro general, excepto en Shuichi que había empezado a garabatear en la hoja sin prestarle mucha atención– ¡miren esto! –exclamó con solemnidad dejando el impreso en la mesa. El resto se acercó mirando la portada donde lucía una foto de Shuichi y Ryuichi.
– No escuche nada sobre esto –murmuró Sakano tomando la revista, Suguru a su lado lo apuró para que buscara la página donde se hablaba del artículo.
– Eso es porque solo se trata de una encuesta –sonrío K– la revista le pidió a sus lectores que votaran por su banda favorita. Y según los resultados… –continuo mientras Hiro se unía para leer la nota– ¡Bad Luck supera a Nittle Grasper por mucho! –automáticamente Shuichi saltó de su lugar casi derribando a Sakano quien sostenía la revista solo para ver por si mismo lo que ya había escuchado.
– ¡Esto es increíble! –gritó Suguru chocando su mano con la de Hiro.
– ¡Lo sé! ¡¿No es genial, Shuichi?!
El pelirosa miraba aturdido la revista leyendo una y otra vez la nota, por un momento Hiro creyó que ni siquiera esa noticia serviría para levantarle el ánimo pero Shuichi solo estaba absorto en su propia felicidad. Por fin, luego de meses de perseguir la sombra de Ryuichi Sakuma, habían logrado el reconocimiento que merecían. Tal vez no fuera un premio oficial o algo que todo el mundo pudiera constatar pero era genial saber que un grupo tan grande de personas los aceptaba como los mejores.
Aquello realmente logró que todo el asunto sobre Yuki desapareciera de su mente, de pronto se sentía motivado para escribir un millón de canciones.
– ¡Es grandioso! –chilló irradiando tal euforia que casi era palpable a su alrededor. K asintió con la cabeza y una gran sonrisa de lado a lado en el rostro.
– ¡Y me parece el momento adecuado para iniciar una gira este verano! –anunció el rubio apoyando las manos en su cintura.
Un repentino silencio invadió el estudio de nuevo, dejando a todos con la boca abierta al haber detenido sus gritos tan abruptamente.
¿De dónde demonios sacaba sus ideas ese hombre? Planeando no un concierto o presentación cualquiera sino una gira total sin siquiera tener una canción nueva. Por no hablar del tiempo, ¡estaban a principios de junio! Y Shuichi no estaba en su mejor momento como para contar con él.
Al menos Hiro esperaba que la última palabra la tuviera su amigo, pero cuando se giró a mirarlo éste tenía un excesivo brillo en los ojos que envío un escalofrío no solo a él sino también a Suguru.
– ¡¿Y qué estamos esperando?! –gritó levantando el puño en alto.
Si, ese era el tipo de comentario que presagiaba una pesadilla.
Continuará…
Notas de la autora: Creo que siempre me excedo escribiendo capítulos demasiado largos, pero por el momento me he contenido. Espero seguir así. ¿Qué les pareció? Ha empezado un poco flojito porque tengo que presentar a todos los involucrados y dar una idea del momento en qué se encuentran para situarnos bien, espero que me tengan un poco de paciencia. Pero entre las novelas de Yuki y Usagi, y los conciertos de Shuichi y Ryuichi es donde todo se complicará. Lo prometo =P
Hablando del "tiempo", ya que son varias escenas que ocurren "al mismo tiempo", me tomará varios capítulos hablar de un mismo día. Solo para evitar demasiada información, espero que no resulte confuso =)
Respondo review:
Magytacruz: Gracias por el comentario, que bueno empezar con el pie derecho . Espero que te haya gustado el capítulo. ¡Saludos!
Gracias por los views, espero que más personas se animen a dejar algún comentario, cualquier queja se acepta y si son críticas constructivas, mejor =D
Besos,
Yui-chan
