One-shot

Clasificación: T de Tiene muchas palabrotas :v


Hola~

He aquí otro producto de mi necesidad de escribir cualquier pendejada que se me ocurriera. Esto es más crack y amistad que Romance, y es más EMA que EreMika, pero, no puedo evitarlo, amo a estos mocosos y su amistad.

Como sea, no esperen nada serio de esto, pues no lo es~


—¿Qué fue lo que ese cabrón hizo? —preguntó mi histérico amigo. Yo titubeé por unos segundos antes de hablar, me tenía agarrado por el cuello de la camisa, pegado contra la pared. Su mirada furiosa y su tono de voz eran tan intimidantes, que incluso aunque no tuviera un enojo hacia mí, daban miedo.

—Pues… e-él, Mi-Mikasa… Marco… —balbuceé. Eren cerró los párpados con fuerza, negando con la cabeza para luego soltar el cuello de mi camisa. Respiré hondo para comenzar a hablar—… Jean engañó a Mikasa con Marco—. mascullé, inseguro de haber hablado.

No, no era que quisiera defender a Jean. A pesar de ser mi amigo, lo que le hizo a Mikasa era bastante cruel, la razón por la que no quería hablar era por la predecible reacción de mi impulsivo mejor amigo. Él respiró hondo, apretó los puños y empezó a balbucear un sinfín de palabras que no logré comprender.

Siguió así, dando pisotones hasta llegar a su habitación, azotando la puerta detrás de él. Juro que las paredes de todo el departamento retumbaron en ese momento. Incluso Mikasa salió enseguida de su habitación, preguntando que fue lo que pasó.

Le mentí, le dije que nada pasaba y la empujé ligeramente, dándole señales de que regresara a su cuarto.

Ella no suele mostrar expresiones, incluso en esta ocasión, sin embargo, tantos años de amistad me habían dado la habilidad de leerla. Ojos rojos, maquillaje corrido, piel húmeda. Había estado llorando. Ella no querría que le preguntara nada de aquello, ni querría hablar, lo mejor sería dejarla desahogarse a solas hasta que ella me contase lo que necesitara sacar, además, si Eren la mirara en ese estado, empeoraría su humor -incluso ahora que parecía que empezaría a escupir fuego por la boca, sí, podría empeorar-, y todo se saldría de control.

Mi amiga de cabello azabache regresó a su cuarto, cerrando la puerta tan despacio que ni siquiera escuchaba el rechinido.

Decidí ir a la sala y mirar un poco de televisión, me acomodé en el sillón, control remoto en la mano, un tazón de palomitas acarameladas en la otra, y justo cuando iba a seleccionar mi película favorita en Netflix, un castaño me interrumpió.

—Acompáñame—. Pidió, sacudiendo las llaves de su -si se le puede llamar así- auto.

Me subí en el asiento de copiloto, y abroché mi cinturón de seguridad antes de que Eren arrancara, si algo conocía de él, es que cuando estaba enojado, conducía tan rápido como aquella carcacha se lo permitía. Y lo hizo. Yo iba agarrándome de la codera de mi asiento todo el camino hacia un conocido lugar: el departamento de Jean Kirschtein. Yo lo miré por el rabillo del ojo, asustado. Él tenía la mandíbula tensa, el ceño fruncido y se sostenía tan fuerte del volante que podía verlo temblar.

—Quiero que toques el timbre y lo hagas salir—pidió—, ese hijo de puta no abrirá si me mira a mí.

No me atreví a negarme, sólo tragué pesado e hice lo que comandó. Por un lado, me sentía mal por ser parte de esto, nunca creí en la violencia, ni en la venganza, pero, por otro lado, debía admitirlo, me encantaba ver el mundo arder.

Jean me saludó cordialmente, él no sabía que yo sabía lo que pasó. Eso era seguro, pues se atrevía a sonreírme y mirarme a los ojos.

Ahí fue cuando salió Eren del auto, azotando la puerta de este. Lo hizo tan fuerte que parecía un milagro que no se desarmara.

Tragué saliva y me aparté un poco cuando este llegó. Ahí fue cuando se prendió esta caca.

Me cubrí los ojos e hice a un lado, lo último que quería era quedar en medio.

Insultos como "caballo de mierda", "bastardo suicida", "muerde-almohadas", "cabrón hijo de puta", "imbécil", entro otros más aún más subidos de tono fue lo que escuché, además de los sonidos de dos pares de puños golpeando. Cuando comenzaron a hacerse más lentos, fue cuando sabía que debía separarlos. Hice lo que pude por tomar a Eren de los brazos, jalándolo por detrás, tomándolo por los codos para quitarlo de encima de Jean, quien quedó hecho una…

Lo diré…

Uno…

Dos…

Tres…

Quedó hecho una mierda. Eren había quedado igual, labio reventado, pómulo inflamado, ojo morado, algunos moretones aquí y allá, una herida en la cabeza, la cual estoy seguro que se hizo al caer, un chichón en la frente, en fin, lo suficiente como para parecer un boxeador principiante contra uno experto.

—¡Esto te pasa por imbécil! —gritó mientras lo sostenía—, puto degenerado—. espetó al darle una última patada en su parte más sensible mientras este seguía en el suelo.

—Eren, ya vámonos—pedí mientras lo jalaba hacia el auto—, ya le diste su merecido—. Mascullé. Este chasqueó la lengua y se soltó de mi agarre sin esfuerzo. Me dio una palmada en el hombro para hablar.

—Que le quede claro que nadie se mete con mi…digo, nuestra chica—expresó, corrigiendo. Ambos subimos al coche, comenzó a conducir más tranquilo.

¿Qué le iba a hacer?, esa era su manera de demostrar cariño.