Aquí la segunda parte! Esta vez desde el punto de vista de Yuri ^-^
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Extra:
Por una Nota
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«Me gustaría tener tu fuerza»
¿Qué se suponía que debía significar eso? ¿Cómo debía interpretarlo? ¿Acaso aquel chico creyó que él era un idiota? No podía haber otra opción… o al menos, ninguna otra opción existía en la cabeza de Yuri Plisetsky aquel día, después de encontrar aquella corta nota dentro de su casillero.
Él había sido intimidado por su apariencia desde hacía bastante tiempo, de hecho, lo había sido desde mucho antes de que este nuevo estudiante extranjero se apareciera por la escuela. Este chico, que era al parecer dos años mayor que él, no resaltaba mucho en ninguna de las materias, y a pesar de haber estado rodeado de varios curiosos los primeros días tras su llegada, con el paso del tiempo comenzó a rondar por los lugares completamente solo. Observaba todo a su alrededor la mayoría del tiempo, con aquella aura intimidante de «no te me acerques», y para su mala suerte, casi siempre rondaba cerca de los lugares donde lo acechaban a él.
Cada vez que Yuri intentaba defenderse, aunque sin lograrlo del todo ya que quienes se metían con él eran de cursos mayores, sentía que alguien le miraba atentamente. Siempre que podía averiguar quién era, resultaba ser este serio chico nuevo. Muchas veces, Yuri se preguntaba por qué siempre tenía que verlo en sus momentos más vergonzosos y por qué no intervenía. ¡Daba lo mismo de parte de quien estuviera! Solo quería que hiciera algo para determinar qué tipo de persona era.
Hasta que llegó esa nota.
Claramente, quien la escribió era este mismo chico. Otabek Altin, se llamaba. Desde luego, su mensaje no podía ser más que una burla para él, otra forma de transformarlo en alguien inferior. ¿A qué fuerza se estaba refiriendo? ¿Acaso era estúpido? No podía entenderlo…
Después de todo, quienes le intimidaban, se burlaban incluso de sus intentos de defensa. Yuri lo sabía muy bien, que él podía considerarse un "niño bonito", o que tenía "cara de niña", pero eso no significaba nada. Todos eran una banda de idiotas que no entendían nada de él. No entendían que también era un chico y solo podían recordarlo cuando llegaba hasta sus caras con un fuerte golpe. Y aun así no le dejaban en paz…
Ni siquiera este nuevo estudiante lo dejaría en paz.
O eso creyó hasta que un día, su semblante normalmente estoico se transformó en uno que -para Yuri en su estado de total enojo- había demostrado total orgullo. Fue capaz de ver esta expresión en Otabek después de que se arrojara contra uno de los idiotas que lo habían estado fastidiando, solo para atestar de golpes su preciada cara. Había sido solo por un instante que sus ojos se cruzaron, pero aquel detalle fue suficiente para cambiar algo en él.
Fue entonces que lo comprendió, aunque solo un poco porque…no admitiría que había pensado mal de Otabek en un principio.
«Todavía no puedo entenderlo pero…Gracias».
Yuri se atrevió a responder su nota de esta manera porque, alguna forma, no se atrevía a decírselo a la cara. Además, había sido el otro quien le había hablado así desde un principio.
Tras descubrir que su impresión sobre Otabek había estado equivocada, Yuri pudo notar- unas cuantas veces más- las trasformaciones en la expresión de Otabek tras verlo enfrentarse a los demás… o en su mayoría, cuando solo intentaba hacerlo. Poco a poco, eso había empezado a emocionarlo y por eso mismo, había escrito su respuesta. Incluso, Yuri se había atrevido a espiarlo cuando este recibió su nota para poder ver la expresión que pondría después de leerla.
Ese mismo día, Yuri había regresado a casa con una presión extraña en el pecho. ¿Por qué Otabek tenía que lucir tan feliz por una simple nota? Además, no quería pensar cuantas veces se había quedado releyendo su corta respuesta porque, el tiempo que permaneció mirándola había sido mucho más de que era necesario.
Desde ese día todo se volvería diferente.
Sin quererlo, Yuri le estaba prestando mucha más atención a este chico que antes. El cómo estaba solo la mayoría del tiempo, y como a pesar de eso era amable con quienes se acercaban a él para preguntarle algo. A algunas niñas parecía gustarle eso de él, lo que empezaba a irritarlo un poco, pero se alejaban después de unos minutos al verlo concertarse en alguna otra cosa, buscando algo a lo lejos. Yuri se emocionaba solo un poquito al pensar que quizás lo estaba buscando a él.
Solo unos días más tarde, Yuri descubrió que su "quizás" era real y que Otabek en verdad lo buscaba a él.
Yuri, quien se preocupaba mucho de no ser visto mientras lo observaba, estaba demasiado enojado consigo mismo al ser descubierto haciéndolo y por esto mismo, solo podía escapar cuando veía a Otabek con intenciones de acercarse a él. Era muy vergonzoso para Yuri siquiera pensar en la realidad, o en las palabras que tendría que usar para explicar que rayos estaba haciendo mirándolo de lejos.
Los días pasaron así entre ambos por varias semanas, hasta que el día fatídico llegó.
Quienes le intimidaban, habían reunido un grupo más grande que antes para hacerlo ese día, y como siempre, Yuri había intentado defenderse. Sabía que alguien más estaba allí, observándolo, y quería demostrarle que sus palaras eran reales, que él podía con ellos, que era realmente fuerte. Pero eran demasiados para enfrentarlos por sí solo. Aquella fue la primera y única vez que Otabek interfirió en una de sus peleas, y la mirada de preocupación que le dio ese día Yuri no podría olvidarla en mucho tiempo.
Desde esa ocasión, Yuri no volvió a buscarlo con sus ojos jamás.
Se sentía demasiado avergonzado como para hacerlo. ¿Qué estaría pensando Otabek de él ahora? ¿Lo seguiría buscando en los recesos aunque no saliera del salón? ¿Seguiría creyendo que era fuerte? Nunca, en sus cortos once años de vida, le había importado tanto lo que alguien –aparte de su abuelo- pensara de él… y eso le asustaba mucho. No quería ver indiferencia en el rostro de Otabek, no ahora que conocía cómo era cuando estaba feliz. Cuando sus ojos daban con él.
No supo cuánto tiempo pasó de esa manera, con él aislado del resto del mundo y con las típicas riñas de vez en cuando adentro del salón. Un día, simplemente se cansó de darle la razón a todos esos idiotas que ahora también lo llamaban "cobarde", y se preparó para enfrentarlos a todos de una sola vez. A los idiotas de sus compañeros de siempre, y también a Otabek. Se lo preguntaría directamente, lo que pensaba de él, además, él le diría un par de cosas también.
Él no era un cobarde. Jamás había sido uno y no lo sería después tampoco, sin embargo, el día en que pensaba demostrárselo a todos no llegó. En cambio, solo quedaría una nota como recuerdo de lo que sucedió…
«Tus ojos son como los de un soldado y me gustan mucho Yuri…»
Otabek la había dejado para él, antes de irse para no volver…
«De verdad me gustas.»
Yuri recordaba con claridad, cómo y sin quererlo realmente, había llorado de camino a casa ese día. Habían pasado tantos años, pero todavía quedaba en su interior el recuerdo de sus sentimientos recién descubiertos, frustrados en su interior. Otabek le había gustado y mucho. Hacía que su corazón se emocionara estúpidamente y latiera a mil por hora cuando llegaba a atraparlo mirándolo, recordaba cómo le había gustado ser reconocido por él, y cuanto había deseado poder demostrarle que valía la pena creer en él.
Muchos años había trascurrido desde entonces.
Ciertamente, la decisión de unirse al ejército había sido fríamente calculada en su mayoría, pero…no podía negar que, en un rincón casi olvidado de su corazón, algo se removió al saber que la descripción Otabek sobre él al final se volvería una realidad… aunque este nunca llegase a saberlo.
Jamás se habría imaginado que al llegar a vivir al departamento que su primo había dejado abandonado, descubriría que su amor perdido vivía en el piso inferior. Por alguna razón, había evitado con todas sus fuerzas encontrarse de frente con él, pero cuando Potya apareció de la nada todo había cambiado. Y más lo haría cuando escuchara a Otabek hablar –con aquella voz que de por sí ya lo tenía encandilado-, nombrando por primea vez a este irritable gato.
Casi cae al piso cuando escuchó a Otabek llamarlo «Yuri», porque, sin desearlo, Yuri lo interpretó como si le estuviese llamando a él. Y cuando lo vio de frente por primera vez, para luego salir corriendo, tuvo que aceptar lo tremendamente jodido que estaba al darse cuenta de cuanto había esperado por esto sin saberlo. Aceptar que a Otabek no le habían sentado para nada mal los años y que él, estúpidamente, tenía la esperanza de que los años solo significasen un día entre ambos y que los sentimientos que había leído en aquella última nota, no hubieran desaparecido al igual que los de él.
Estaba decidido.
No sería un cobarde –a pesar de haber corrido antes-, no lo dejaría desaparecer.
Sonrió.
Potya lo ayudaría esta vez.
