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—Capítulo 2—
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El chico que fue golpeado.
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Su cerebro entró en estado de suspensión y por algunos instantes agradeció la serenidad de la paz. No más dolor, no más angustia, no mas llanto pero sí recuerdos del pasado.
Su abuelo y su madre lo habían entrenado para soportar algo como esto, que le doliera tanto quería decir que Deathstroke tenía razón.
Vivir con su padre, lo estaba ablandando.
Carraspeó, mientras sentía las heridas arder de manera intensa, tenía una demasiado molesta en la cabeza. Las demás provenían de los amarres y del ser arrastrado durante buena parte del camino.
Fingió desmayarse unas cuantas veces, lloriqueó como haría cualquier chico de su edad y se tragó las tremendas ganas de romperse los huesos, soltarse de los grilletes y asesinarlos de varias, pintorescas y grotescas formas.
Créanle, tuvo la oportunidad.
Pero seguía siendo el hijo de su padre y su madre.
No podía comprometer su identidad secreta, tampoco revelar la existencia de la orden de los asesinos. Dar vestigios de su formación, que honestamente había sido mil veces peor.
La súplica de hace un rato, no había sido para Bruce o Talía, sino más bien para Jonathan Kent. Le pidió que no hiciera nada estúpido, porque todos sabemos que algunas veces le ganaba la pasión y se olvidaba de detalles fundamentales como proteger su identidad.
No por nada, se negó a estudiar en la misma escuela que él.
Ya había soltado sus verdaderos nombres en alguna ocasión, y hecho uso de sus habilidades especiales en presencia de otros chicos de su edad pero afortunadamente, eran demasiado estúpidos como para poderlo notar.
Aún así, su paranoia y la de Bruce, no se podían arriesgar a que llegara algún jovencito con la perspicacia de Timothy Drake y notara que eran Superboy y Robin.
Sabía que lo lastimó cuando no quiso ir con él, pero era mejor así. Además, no quería que conociera la otra cara de él.
La que ocultaba a los demás, incluso a sí mismo.
Esa faz medio trágica, rota y noble. Ese sujeto mediocre, desagradable y francamente, despreciable. El que gustaba de esbozar superhéroes, animales, plantas y demás a la sombra de un árbol y tenderse sobre la hierba fresca a pensar en nada más. Quien decía hacer oídos sordos de lo que pasaba a su alrededor (a pesar de que lo consumía en su interior) y prefería que lo golpearan a que lo notaran.
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Sus secuestradores interrumpieron su línea de pensamiento. Hablaron de repartir heridas por cada hora que pasara.
Pensó que dolería. Bruce lo permitiría (porque no negociaba con criminales) y su madre enfurecería. Habría asesinos desfilando en las noticias de las seis o detalles de cómo una bala le atravesó el esternón a un jovencito de catorce que lucía como de doce.
Su aspecto (delgado y pequeño) tendría que conmover a alguien. No a sus hermanos o padres, pero a alguien. Quizás a su gato, Pennyworth o a él…
Cabellos anaranjados, ojos verdes, pecas incipientes y piel tan pálida que le hacía preguntarse si su madre realmente lo alimentaba.
Le causó gracia la desesperación con que intentó aferrarse a él para que no se levantara. Ternura el temblor de su voz al pronunciar su nombre para que no les hablara y algo que aún no lograba identificar, el grito de horror que brotó de sus labios cuando finalmente lo golpearon.
Su único "amigo" en ese lugar demencial llamado "Escuela privada" suplicó a los demás que lo ayudaran. Él era demasiado delgado, tímido e invisible para poder hacer más. Llamó a Donovan y comitiva. La banda de matones que día a día los pateaba y obviamente, ninguno se atrevió.
Otra chica, (suponía que Maya) se acercó a Colín y le pidió que se tranquilizara. Si eran inteligentes no llegarían a matarlo, era un pez gordo. Su padre, efectivamente era el dueño de todo. Los secuestradores siguieron diciendo cosas que ya no escuchó, el golpe en la cabeza llegó a la parte fulminante, abrió heridas viejas producto de sus correrías nocturnas.
Nightwing solía enfadarse con él por descuidar siempre la guardia derecha, los golpes en la cabeza ocasionalmente le venían por ahí, pero era zurdo de nacimiento. ¿Qué otra cosa podía hacer? Esa "falla" se la corrigieron a golpes y aunque ahora usaba la diestra para casi todo, sus cables internos permanecieron cruzados.
Perdió el conocimiento en ese instante pero no hubo miedo, ni oscuridad.
Pensó en Wilkes.
El sonido de su voz y la manera en que su aspecto, le hacía recordar las puestas de sol en Nanda Parbat.
A R'as al Ghul le agradaba contemplar el ocaso, ese momento en que el cielo se tiñe de anaranjado y te hace pensar en la sangre. Ya fuera de tus enemigos o de la familia…
Todo lo que había padecido hasta ahora, era por su familia.
—La sangre es importante, Damian. —recordó decir al anciano. —El imperio, nuestro poder y nombre. Algún día, tú heredarás todo esto…(y aquí entraba la parte en que sus hermanos lo levantaban en volandas y en contra de su voluntad, lo comparaban con un León llamado Simba)
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Carraspeó.
Las heridas de que era presa, claramente lo estaban afectando. Eso y un sonido estridente que de pronto atravesó su cerebro y le hizo sisear de dolor.
¿Qué era? ¿Una alarma? ¿Sismo, patrulla o ambulancia?
No…
Una llamada entrante.
Gordon no era tan tonto como pensaba o alguno de sus hermanos se unió a la búsqueda e identificó la señal desde la cual estos ineptos se comunicaban.
—¡¿Cómo qué quieren hablar con el chico?! —bramó el que debía ser su líder. —¿A caso no lo están viendo? Se encuentra vivo y eso es todo lo que su padre, debería agradecer.
—Bruce Wayne, no negociará con ustedes hasta escuchar de su propia voz que se encuentra bien.
—Mmmmh…¿Así que lo quieren escuchar? Bueno, creo que toda Gótica también. —tiró de sus cabellos con impaciencia y él se quejó con apenas un hilo de voz. Eso dejaría marca o con toda seguridad, acabaría calvo.
Su madre lo había rapado cuando era mas joven confiriéndole un aspecto bastante extraño, pero evitaba escenas como esta. —¡Habla, gusano! —demandaron haciéndole daño y él se mordió los labios para no soltar alguna especie de maldición.
El hijo de un multimillonario, debía ser recatado y bien hablado. —¡Ja!— vomitó sangre tan pronto como abrió los labios y manchó el rostro del que lo estaba maltratando. Lo golpearon de nuevo y por extraño que pareciera, extrañó las palizas que le acomodaba el bueno de Anton Schott (Dollmaker)
—¿No vas a decirle a tu papi que estás bien, cierto? —inquirió el líder y él se negó rechinando los dientes y tensando hasta el último de sus músculos.
—Bien, entonces hablemos de tu madre. Estoy dispuesto a aceptar preguntas y donaciones de la prensa. Esos veinte millones que tu padre no me dará, pueden ofrecerlos a cambio de cualquier cosa que quieran escuchar.
—¿Qué…?—preguntó y le salió algo pastosa la voz. Sangre, tenía la boca llena de sangre otra vez y eso quería decir, que además de la cabeza, poseía profundas heridas internas. ¿Qué le rompieron? ¿Un pulmón o costilla?
No lo sabía, pero su secuestrador siguió hablando luego de ordenar que le limpiaran la cara. Volvieron a tirar de su cabeza hacia atrás y le arrojaron una cruel y helada cubetada de agua. Sintió que se ahogaba, moría y resucitaba pero ya podía hablar con normalidad.
—No hagas nada estúpido, Kent...—susurró en un tono tan bajo que estaba seguro de que solo él (y Clark) lo lograrían escuchar.
—¿¡Qué dijiste…!?—una nueva golpiza. Y ya recordaba como fue buena parte de su tierna infancia. ¿Cuántos años tenía la primera vez que le partieron la cara? ¿tres o seis? A los siete ya mataba, así que debió ser a los cuatro.
—Que no ha…blaré de mi madre.—respondió para mantener las apariencias.
—Yo creo que sí o morirás para nada.
—Si me matas…
—¿No tendré mis demandas? Antes preguntaste si quería dinero o atención. He decidido que me gusta más lo segundo. Aunque nos tengan rodeados, todos mis "amigos" te están apuntando. El primero de ellos que caiga hará que los demás te disparen.
—Tt…
—Creo que ya entiendes el juego y mi postura sigue siendo la misma. Alguien tan ambicioso como Valerie Vale, ya debe saber desde qué lugar estamos transmitiendo.
—No…—refutó porque se negaba a ser el centro de tal espectáculo. Su madre, su abuelo, su maldita vida en la isla de los asesinos.
—Si…—insistió, Puños Locos. —Quiero un millón de dólares por la primera pregunta. El número de cuenta al que deben hacer el depósito es…
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—¡Esto es enfermo y ridículo! —gritó Drake y varios oficiales de policía estuvieron de acuerdo.
Todos sabían desde donde transmitía y efectivamente los tenían rodeados por todos los ángulos. El problema con eso era. Una bonita planta química con sabrá Dios qué clase de porquerías. El G.P.S del auto robado los llevó de inmediato hasta ahí.
Palmer no había querido dar detalles públicamente sobre las sustancias que ahí elaboraba, pero en secreto, les dijo a ellos que era una especie de suero de la verdad. "Veritaserum" por homenajear a la afamada saga de Harry Potter.
Tim carraspeó, Jay se indignó, Dick había demandado que se dejaran de estupideces y pidieran la ayuda de Barry Allen. El rayo escarlata podía entrar y salir con su hermano en menos de diez segundos.
Bruce se negó porque su secuestro ya era noticia internacional y pedir la ayuda de los héroes haría dudar sobre la integridad de sus actos.
La "justicia" no se puede vender o comprar, es decir. ¿Qué pasaba si sucedía una tragedia de mayores proporciones en lo que Flash estaba salvando a Damian? Además, permitir que lo hiciera el G.C.P.D era bueno para la Ciudad. Si salvaban al joven heredero, les haría sentir una luz de esperanza.
—¿Luz?—gritó por ultimo Nightwing. —¡Tu has pasado más de la mitad de tu vida escondiéndote en la oscuridad! ¿Y ahora esperas que tu hijo traiga la paz?
—Damian puede…
—¡Morir en cualquier instante, pero evidentemente, para ti no es importante! —Colín Wilkes, quien se negó a retirarse pese a la insistencia de su madre, reaccionó ante aquellas palabras y rompió en un silencioso y enternecedor llanto.
Jonathan Kent estaba a punto de golpearlo hasta matarlo porque no tenía derecho a llorarlo.
¡Él no lo conocía de nada! ¡No sabía los detalles de su vida privada y actuaba como si lo hiciera!
¡Le dolía su condición, pero no sabía que fue entrenado para tolerar esa clase de situación!
¡Lloraba y rogaba con el corazón herido a un Dios en el que Damian, ni ninguno de los ahí presentes creía!
¡No había nadie místico o celestial que pudiera salvarlo!
Nadie, excepto él.
Su padre no dejaba de mirarlo con amenaza por el rabillo del ojo. Sabía que en la primera oportunidad que tuviera, rompería todos los juramentos y se pondría sus ropas de héroe para ir por él. Lo sacaría en tres minutos, antes de que la primer pregunta…
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—¿Cómo se llama tu madre? ¿Dónde conoció a tu padre? ¿Es cierto que murió de alguna enfermedad venérea? —¡Oh, vamos!, pensé que serían mas creativos, pero al menos ya tenemos tres millones de dólares, chicos. —los gamberros que lo acompañaban soltaron algunos tiros libres al aire.
Damian, contrario de lo pensado, bajó el rostro y comenzó a tararear una canción.
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—¡Santo Cielo! Ahora sí, lo volvieron loco. —apuntó Bullock y Gordon lo miró como si no pudiera creer que fuera tan estúpido.
—¡Hey! No te pongas así, jefe. Ha recibido docenas de golpes en la cabeza, es natural que…
—No, no se trata de eso Detective. —comentó Ray Palmer, más sombrío que una tumba. —Eso con que lo bañaron, no era agua. Sino un cultivo de "Veritaserum"
—¿¡Qué!?—gritó Bruce, ampliamente alterado.
—Revisé las cámaras desde otro ángulo. Tomaron la cubeta de ahí, una muestra que estaba reposando para una segunda destilación. —Bruce Wayne, perdió los pocos estribos que le quedaban y tomó al destacado científico por las solapas de su saco, levantándolo del suelo a tiempo justo que todos los reporteros tomaban capturas con sus teléfonos celulares cómo si aquello fuera una entrega del Oscar.
—Repite muy claramente lo que estás diciéndome, Ray
—Lo que le pregunten a tu hijo, cantará. —Wayne lo devolvió al nivel del suelo porque sus hijos y amigos estaban bastante seguros de que olvidaría la etiqueta y acabaría con la vida del pobre hombrecillo. Podía alegar demencia temporal por la preocupación paterna, pero se controló.
No por nada, llevaba casi veinte años en esto de lidiar con el mal.
—¡ALFRED! —bramó en dirección de su auto y pronto la puerta del chofer fue abierta. El caballero de cabello cano, delgado bigote y traje sastre perfectamente planchado y almidonado descendió del vehículo y se dirigió al otro.
—¿Llamaba, señor?
—Dime que compartiste tus historias de la guerra fría con Damian
—Desde luego, a parte del gato y el perro, es el único que se ha mostrado puesto a escuchar. —Bruce rechinó los dientes y cualquiera aseguraría que su vena izquierda comenzó a saltar. Ordenó que los dejaran a solas, importándole muy poco que el Comisionado y demás oficiales de alto rango estuvieran presentes.
Quería privacidad y la necesitaba ahora.
Gordon dijo que irían a reunirse con las demás unidades en el lugar del secuestro. A la prensa le pareció maravillosa la idea de dirigirse hacia allá y lo hicieron, aunque no sin antes recibir una advertencia por abuso de la situación. Si descubrían que cualquiera de ellos estuvo involucrado con las preguntas dirigidas a Damian. Los destruirían.
A Palmer le cayó una advertencia mucho peor, esa iba de labios del Caballero de la Noche y el Hombre de Acero. Si por causa suya, Damian comprometía sus identidades secretas. No habría lugar en el universo donde se pudiera esconder.
Colín, fue dejado a su cuidado por petición de su madre, Clark le pidió a Jon que se hiciera cargo de él. (No que lo matara como quería, sino que lo cuidara) el joven con sangre kriptoniana accedió de mala gana.
No le agradaba ese pequeño llorón, pero qué más podía hacer.
En la transmisión de video, Damian seguía tarareando y si hacía memoria esa era "su canción" la que escribieron para ese pequeño concurso de bandas escolar.
¿Por qué la cantaría ahora? —aguzó su oído y escuchó decir a Alfred que durante sus años de servicio. La unidad a la que pertenecía fue descubierta y vuelta prisionera. A él, lo encadenaron y torturaron como hacían con su muchacho, le inyectaron el suero de la verdad y aquí era donde la cosa se ponía buena.
Concentrarse en una melodía hacía que no soltaras tan rápido la lengua. Sin embargo, le inyectaron una segunda y tercera dosis.
Tuvo que responder y aunque el suero te obligaba a decir la verdad, podías manipularla soltando solo partes de la verdad, mínimas, ínfimas. Responder en otros idiomas le salvó el pellejo a su misión encubierta. Le abrió horribles heridas en la piel, pero eran soldados, huesos duros de roer.
A ninguno de ellos le quedaba la menor duda de que Damian también lo era, pero en teoría, tenía que fingir que no era así.
¿Ser un soldado y desvelar a la orden de los asesinos? ¿O dejarse vencer y decir quienes eran?
Colín Wilkes chilló de nuevo, Jonathan bramó que se callara. Ellos terminaron su pequeña reunión y corrieron a ver lo que pasaba.
Damian volvía a ser golpeado.
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—El nombre de tu madre, vamos. Dilo…
—A…lia…
—¿¡Qué…!? —Bruce sintió la sangre congelarse al interior de sus venas. R'as y Talía enfurecerían si es que esto estaba llegando hasta Nanda Parbat. Mantenerlos en secreto era una especie de trato implícito pero no explícito.
Su hijo volvió a ser presionado y él estaba por mandar al cuerno todo esto.
Llamar a Barry y pedirle que lo sacara.
Era demasiado para el departamento de justicia, no podían encontrar un ángulo de tiro que no comprometiera a su hijo o la instalación, pues al tratarse de una planta química, no podían disparar sin arriesgarse a que todo explotara.
¡Jodido infierno con los laboratorios clandestinos en la City!
Damian carraspeó, todo su cuerpo tembló y como pudo respondió.
—Dahlia…
—¿Dahlia, qué? —el menor se tensó. La herida en su cabeza seguía sangrando, lo mismo que su boca, él podría decir de manera austera que tenía un pulmón perforado. Era un milagro que no se desmayara.
—No lo sé…
—¡Cómo que no lo sabes, bribón!
—La llamaban la rosa negra los domingos, la rosa salvaje los viernes, pero su nombre los miércoles era Elisa Day…
La prensa enloqueció con eso y se regocijó de lleno. Drake silbó por lo alto y les hizo saber a todos que estaba enunciando nombres de prostitutas "famosas"
La rosa negra murió desmembrada al interior de un pequeño cuarto de hotel. La rosa salvaje fue asesinada a las orillas de un río, Elisa Day fue ahorcada por su ultimo amante, mismo que desfiguró su rostro con ácido y su cuerpo con una daga punzante.
—Se está apegando a la teoría popular…—comentó Jason con algo de desazón. Talía era una puta, pero no una cualquiera. Es decir, que esas eran las tradiciones de la realeza en Nanda Parbat, tener multitud de amantes, ya fueran hombres o mujeres. Suponía que en algún momento de su día a día, él tendría que haberla visto de cuerpo en cuerpo y de cama en cama.
Le enfurecía, más que cualquier otra cosa que alguien la llamara ramera.
No lo era, a sus ojos. Su madre, no lo era. Sólo se trataba de una reina, una deidad que satisfacía sus apetitos con patéticos e insignificantes súbditos.
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—¿Dónde conoció a tu padre?
—No lo sé…
—¡Algo tienes que saber! Una ramera no se guardaría en secreto que tiene al hijo de Bruce Wayne.
—¡NO LA LLAMES ASÍ! —la objeción le valió una nueva herida en el rostro y pase directo al País de Nunca Jamás. Colín volvió a chillar, el rostro de Damian ahora estaba bañado de carmín. Le rompieron la nariz. Jon pasó de él y se dirigió a su padre.
—Diez minutos. ¡No soportaré más de diez minutos!
—Jon…—Clark intentó negociar, pero sólo recibió una mirada que de azul comenzaba a tornarse rubí.
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No fue el único que amenazó. Bruce atendió una llamada por su línea privada de Talía al Ghul.
—¡Libera a mi hijo de esta tortura o yo misma le diré al mundo que te encamaste con la hija de un Demonio! Haré pedazos tu reputación amado mío.
—Talía…
—Quedamos en que no comprometerías jamás los intereses de la orden, nuestra identidad o la seguridad de mi hijo.
—Nuestro hijo. —le recordó.
—¿En serio? Primero le dices al mundo que estoy muerta y ahora soy más famosa que la puta de Babilonia.
—No creí que te afectara esa clase de título.
—Sabes que no, querido. Lo que me duele es ver a mi hijo así. ¡Él fue entrenado para la grandeza, no para satisfacer…!
—Lo está haciendo bien.
—¿¡Qué…!?—gritó Talía y no fue la única que lo hizo. Sus hijos lo miraron como si estuviera loco, y no lo estaba. —al menos no del todo— el atardecer llegaba y con él, la aparición de Batman. Se deshizo de la prensa y de todo el mundo (con excepción del joven Wilkes) para que pudieran ir a cambiarse.
Damian ocupaba esos "lapsus" de inconsciencia para ganar tiempo.
Sus heridas eran profundas pero aún llevaderas.
—Aplaudo tu entrenamiento, se está apegando a alguna especie de historia.
—¿Donde nos conocimos en un Bar?
—Depende de qué le hayas dicho.
—La verdad, mi amor. Tú me salvaste una vez, luego yo te salvé a ti, te presenté a mi padre quien te acogió en nuestro hogar, después nos enamoramos, tuvimos una noche de pasión donde eventualmente, él fue concebido.
Bruce suspiró al evocar esos eventos, por su parte Damian pensaba en la melodía que compuso junto a Jonathan Kent. Lo agradable de aquel momento en compañía de sus padres, el aire libre y la puesta del sol.
Le agradaba ese momento del día, al igual que su abuelo podía disfrutarlo y pensar en...
Colín Wilkes.
Cabellos anaranjados, ojos verdes, pecas incipientes y piel tan pálida que le hacía preguntarse si enrojecería al tono de sus cabellos, si en algún momento de la tarde, en un impulso juvenil y arrebatado, él lo llegaba a besar.
Sus bocetos comenzaban con líneas que lo describían a él, pero para mantener las apariencias, lo transformaba en alguno de sus hermanos, Nightwing, era su preferido porque los dos compartían esa sonrisa amplia y afable, los ojos transparentes, en ausencia de maldad, además de ser las únicas personas con quienes le gustaba estar.
No que despreciara los momentos con Jonathan Kent, pero algunas veces el silencio entre los dos se volvía incómodo. Sentía que tenía que llenarlo con algo, cosas triviales, cosas de hijos de "Batman y Superman" cosas de la escuela, pero a él le importaba un cuerno la escuela y Jon era un chico totalmente de escuela.
Tenía sus amigos, hacía sus tareas, se llevaba bien con los profesores y no faltaba o se saltaba las clases. Él odiaba las relaciones humanas, las tareas podía completarlas con los ojos cerrados, retaba a los profesores y en general. Pasaba el ochenta porciento de su vida escolar desparramado en el pasto.
Wilkes le copiaba los apuntes (no sabía por qué) le compartía de su almuerzo y también, intentaba recibir el mismo número de golpes cuando los perseguían y atormentaban. Kent, tenía en su escuela a su propia banda de matones pero también de amigos que le ayudaban a combatir a dichos bravucones.
Era un líder nato (aunque sólo él lo reconociera) él era un chico de sombras y Wilkes, de silencios.
No se sentía incómodo estar solamente tendido con él.
Contemplar el atardecer que no era otro más que él.
Su acto heroico no podría describirse como tal. No le interesaba que le metieran una bala en el medio de los ojos a la histérica de Anette O'Brian, si se levantó y los defendió, fue porque esa maldita niña estaba demasiado cerca de Wilkes y él no se podía arriesgar a que fuera el siguiente que asesinaran.
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Matar…
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Si no pensaba en algo, pronto lo iban a matar. ¿Dónde se conocieron su padre y su madre? En las arenas del Desierto que lo vio nacer, su piel era tostada al color eras tierras, sus cabellos negros como los de su padre y sus ojos verdes como los de su madre. Amaba el lugar donde lo concibieron. Ser lo que es, aún si eran pocos los que entendían y apreciaban, el monstruo que en realidad es.
—¡DESPIERTA!
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Colín cayó desmayado y una parte de los demás agradeció que sucediera. Los secuestradores decidieron que era buena idea despertar a Damian con un balazo y claro que reaccionó con un estremecedor grito de dolor.
Bruce ordenó a todos sus hijos que subieran al auto, sus trajes estaban ahí, podían cambiarse en el camino. Alfred los llevaría al lugar del encuentro, Superman y Superboy ya estaban volando. El jovencito Wilkes podría ser llevado a la mansión. Asumían que enloquecería de tristeza si despertaba y descubría que se deshicieron de él, en vez de llevarlo junto al objeto de su preocupación.
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Continuará...
