Disclaimer: Todo pertenece a Rowling salvo la trama que es mía. El coco te comerá si plagias y Sirius te morderá en la entrepierna. No, va en serio.
N/A: Esto sigue siendo para Lexa (con muchos achuchones y eso) y bueno, cada capítulo va a ser desde puntos de vista diferentes. En este, Regulus. Comentarios y tomates en el botón del Go, gracias.
II
Regulus admiró a su hermano durante mucho tiempo. Recordaba aquella tarde, cuando le defendió y se convirtió en su particular héroe. Probablemente fuera el único que le viera así, pero no podía evitarlo. Tal vez era demasiado niño para ser consciente de lo que realmente había significado aquello.
O, tal vez, y para disgusto de todos, le gustaba el hermano que tenía, rebelde y todo. Tal como era, tal como actuaba y tal como pensaba. Eso era peligroso y todos lo sabían, pero a él no le importaban las miradas atentas de todos, no le importaba que todos intentaran ver más allá, buscando los mismos signos que en su hermano. Aunque en el fondo, sabían que no los encontrarían. Porque él no era valiente, ni impulsivo, aunque sí observador.
Tan observador que, aquel día, cuando vio a su madre tan nerviosa mientras su hermano soplaba las velas, cuando de pronto miró el calendario y se dio cuenta de que la fecha se aproximaba, se dio cuenta de que algo iba mal. Terriblemente mal.
Aquella tarde fue una tarde más fría que de costumbre, si es que eso era posible. Walburga apenas hablaba y Orión no había podido asistir al cumpleaños, pues había estado entablando relaciones en el Ministerio. Y él, desde una esquina del salón, con sus apenas diez años de edad, lo observaba todo, queriendo grabarlo en la memoria aunque no sabía por qué.
Unas semanas después, él también acompañó a su hermano a la estación de King's Cross. Mucho tiempo después se alegró de haberlo hecho, pero aquel día también. No le importó lo extraño de la situación, la mirada que Walburga le dedicaba al mayor de sus hijos, entre abatida y enfadada. No le importó aquel ambiente que se respiraba.
Porque aquello no era exactamente un hasta luego, porque, aunque él no se diera cuenta, aquel era, para muchos, el adiós definitivo a Sirius Orión Black.
(De hecho, tardó mucho en darse cuenta. Y aún más en asimilarlo. Porque Sirius seguía siendo su hermano, y ni las tonterías que hizo ni todas las veces que se rebeló, servirían para quitarle de la cabeza todas las veces que le defendió y ayudó. Ni las que le defendería y ayudaría aún tiempo después).
