Capítulo 2

Luego del primer impacto de desolación y confusión que llegaron tan gratuitamente a ella con las palabras de los sujetos, se tomó unos momentos de meditación para relajarse. Pasando un poco el impacto, logro ponerse en pies percatándose del largo camisón azul que tenía encima de una textura muy agradable al tacto, pero ni así cambiaba los jeans y los buzos, así que con la esperanza resurgiendo en su ser camino hacía un baúl que estaba en la esquina. Abriéndolo, feliz de ver allí su pistola con las doce balas dentro y algo de su ropa, como le costaba un poco moverse lo dejo allí mientras pensaba en qué hacer. Se trató de estirar tanto como se le fuera posible, pero la puntada en el costado no le dejo. Se iba a ver que diantre tenía allí cuando se giró quedándose de golpe mirando hacia afuera.

Camino con cuidado hacía el ventanal, quedándose impresionada ante inmensa hermosura. Vegetación abundante y brillante, tan llenos de vida que su bosque quedaría con depresión. Se escuchaba el caer de aguas y observo unas cataratas de aguas cristalinas, árboles fructíferos, el cielo más azul que nunca y pájaros cantando armoniosos. Era un pequeño paraíso. Pero esto lo había visto en otro lado, tal vez de otro ángulo pero... la alcoba de sus padres, si, allí había un cuadro de esta agua, esta casa... Rivendel en su esplendor.

Esto debía ser un sueño. Tal vez si estaba muerta.

Cerró los ojos cuando un sopor la inundo. Se sujetó con fuerza del alfeizar cuando un mareo le hizo perder el equilibrio y quedar con una rodilla en el suelo, mientras parecía que algo se le revolvía en la cabeza. Un susurro... una voz que le hablaba.

Recuerda... recuerda, tienes que saber tú pasado.

"— Llévensela lejos, si no sobrevivimos llévensela de aquí- alguien murmuraba. La voz dulce de una dama- el portal se ha abierto, llévenla lejos de este mundo, de esta oscuridad.

— Es el espíritu del Fuego Eterno, y debe sobrevivir- ahora la voz cansada era la de un hombre.

— Nosotros nos encargaremos de la niña, no se preocupe mi señora- ¡Esa! Esa era la voz de su madre.

— Ella volverá algún día, y sabrá lo que es...- la voz de la primera dama se apagaba."

Eres la última esperanza... búscame, Celiviel, búscame, yo te ayudare.

Despertó sobresaltada pegándose un cabezazo con el alfeizar. Gruñendo y maldiciendo, se levantó con pocas fuerzas para percatarse que ya había atardecido. ¿Qué carajos había sido eso? ¿Quién...?¡Aghh! No entendía nada. Fue hasta el baúl para sacar sus ropas y salir de allí. Fue hacía una esquina donde había una entrada hacía lo que parecía un baño. Por lo que entrando allí con sus ropas, se levantó el camisón solo para ver una venda muy bien puesta – al hecho de que no lo había sentido- se comenzó a desenrollar para ver qué diablos tenía allí que le dolía tanto. Solo para quedarse mirando su costado con cara de sádica- maniática por quien había osado tocarle.

— ¡Pero quien en su puta vida se ha atrevido a tatuarme!- grito. El dolor que sentía no era más ni menos que un tatuaje. Un tipo de rosa envuelta en llamas- ¿Quién me tatuó?- pregunto enojada pasando los dedos por esa imagen que sobresalía en su piel.

Obviamente nadie contesto. Enojada se puso la túnica olvidándose momentáneamente de su ropa. Se dirigió a la puerta para llamar a gritos a unos de los dos sujetos. ¿Qué se creían? Sulfurada y aún más enojada al percatarse que la puerta estaba trancada, comenzó a gruñir por todo, por el aire, por la vida, por su estómago que no dejaba de gruñir, por las moléculas de polvo... en fin... por todo.

Se estiro en la cama, frustrada. Mientras el recuerdo de esas voces se le vino a la mente en el momento en que su estómago gruño. "La falta de comida te hace tener alucinaciones" sonrió mientras se giraba en la cama por la tontera que estaba pensando.

La habitación estaba fresca. Por lo que comenzando a girar por la cama, sin saber que pensar... no entendía nada de lo que estaba pasando. Se dejó caer hacía un lado, medio cuerpo fuera de la cama solo para ver el hermosos cielo estrellado y la luna casi nueva creciendo más allá. El sueño comenzó a inundarle por lo que acomodándose solo un poco todo el cuerpo encima de la cama... se quedó dormido.

Un enorme ojo rojo sobre la cima de una torre negra. La misma torre caer en el momento en que un ser salía volando hacia el Este. El ser era un dragón y en su lomo iban varios encapuchados. Uno de ellos se giró en el momento en que bajo la capucha veía una sonrisa tan perfecta como malévola.

Luego eso varias imágenes consecutivas le llegaron de pronto. Casas quemadas, esos bichos matando, peleas, una guerra.

Se despertó de un salto, dado por su postura término cayendo al suelo en una extraña forma, mientras escuchaba a alguien dejar algo de lado y acercarse a ella.

— Lamento eso- sonrió una hermosa joven quien le ayudo a levantarse y sentarse en la cama. Ella le miro media aturdida, su ego cayo como nunca. Era la joven más bonita que había visto en su larga vida. Era alta, mucho más que ella, de hermosos cabellos negros ondulados que atrapaban la luz, estos caían con gracia sobre su cuerpo esbelto y ese rostro con esos ojos verdes esmeraldas tan potentes como dulces eran perturbadores de tan hermosos. Pero lo que le hizo tragarse todo el orgullo, fue esa luz que desprendía.

Esta se giró con una sonrisa mientras ella le miraba aturdida, cuando volvió le dejo una bandeja llena de "extraña" comida encima.

— Me llamo Arwën- sonrió mientras le hacía una venia para que comiera- soy hija de Lord Elrond.

— Gracias- susurro sin mucho que decir. Se sentía tan pequeña a su lado.

Tomo la comida y pudo haber llorado de felicidad, su estómago dejo de gruñir de esa forma tan vergonzosa. Dioses... esta comida estaba realmente buena.

Comiendo con ganas, unos momentos de su sueño llego a ella. Un chispazo le vino de pronto solo para entrar en contacto con algo o alguien.

— ¿Tu padre? ¿Dónde está?- pregunto ansiosa de pronto. La joven ¿Elfa? Eso era ¿no? Le sonrió

— Está algo ocupado ahora. Hablando algunos temas importantes- contesto. Las imágenes le golpearon de pronto, como si alguien dentro le impulsara a verlas.

— En este...mmm... lugar, ¿Están en guerra o algo?- pregunto cómo quien no quiere la cosa.

— Nos encontrábamos, hacía unos días se ha terminado, la más importante hasta el momento- le cruzo un escalofrió. ¿Qué era lo que había visto? ¿Y porque diantre lo veía ella?

— ¿Por qué ha terminado?.. O sea. ¿Quién la ha terminado?- la joven sonrió con pena

— Un joven Hobbits

— ¿Un Hobbits?- pregunto no entendiendo. ¿Se comía?

— Sí, se encuentra en otra ala del palacio, mi padre lo curo por sus heridas- sonrió. ¡Oh! Es un ser... ¿Humano?- él se enfrentó al poder del Señor Oscuro- algo en su voz le dio a entender que no era nada agradable.- Y la guerra ha culminado...- no parecía muy segura de eso.

— Oh... ¿Y cómo se llamaba el Hobbits?- preguntó algo... solo un poco curiosa.

— Frodo Bolson, ¿Por qué lo preguntas?- sonrió.

— Yo esto...no, no debería estarme involucrando en nada de esto- musitó mientras la voz le temblaba y bajo la vista. Tantas cosas le estaba alterando.

— A mí querida Celiviel, estas más involucrada de lo que crees- la voz le hizo dar un salto. Gandalf estaba en la puerta.- Frodo Bolson está descansando, muy pronto va a despertar. Tal vez hoy o mañana ¿Quién sabe?.

— Bien por él- contestó enfurruñada- además... ¿Quién me ha tatuado?- pregunto enfadada de pronto. Sus cambios de humor son más frecuentes de lo normal

— Mejor sígueme- contesto el ¿Mago? Mientras cabeceaba con una sonrisa.

Iba a volver a alegar cuando el mago salió por el lado. Cuando se apuró para detenerlo, la cabeza de este de pronto salió por el umbral de la puerta tan de prisa que el corazón le salto por el susto.

— Arwën, puedes decirle a tu padre que lleve a Celiviel abajo, voy a necesitar algo de ayuda.

— Claro Maese Gandalf- sonrió la joven con una venia. ¿Por qué el abajo le había sonado... raro?

— ¡Mi nombre no es Celiviel!- alegó mientras salía detrás del mago que ya iba muy adelante.

— Los nombre de Ann Marie y Edofan, ¿Te suenan?- pregunto mientras lo alcanzaba en una esquina.

— Son los nombre de mis padres- contesto enojada- ¿Qué tienen que ver ellos?

— Si quieres saberlos, no te pierdas

La llevaba por mil y un pasillo al parecer lo estaba haciendo a propósito porque no podía ser tan grande esa casa ¿O sí?, bueno eso no importa, el hecho es que se estaba mareando y si no fuera porque cada pasillo era distinto juraría perderse si la dejaban sola por allí.

Hermosas obras de arte se erguían en sus paredes de piedra blanca, estatuas y faroles alumbraban la, al parecer, desolada casa, ya que no había visto alma por allí. El sujeto no pronuncio palabra alguna hasta cruzar un jardín, y allí vio las primeras almas, seres hermosos, delicados rostros y pálidos, pero sobre todo aquellos seres emanaban un luz propia llena de tranquilidad.

— ¿Ellos son...? ¿Elfos?- preguntó mientras se colocaba al lado de aquel que se hacía llamar mago.

— Sí, Rivendel, es tierra de Elfos- contesto.

Miro las estrellas que se lograban ver ya que estaba anocheciendo. Y una de sus tantas preguntas deseaba ser aclarada.

— ¿Cuántos días llevo durmiendo?

— El traspaso de un mundo a otro, y siendo tú que estuviste más años allá con su línea de tiempo te has acostumbrado por lo que llegando acá haz dormido más o menos catorce meses- la chica dejo que la información pasara por su mente notando cuando era un mes por lo que de un momento a otro se quedó pegada al suelo.

— ¡¿Catorce meses?!- Preguntó exaltada. El sujeto no se detuvo por lo que llegó corriendo a su lado en el momento en que entraba por un pasillo y bajaba unas escaleras de caracol.

— Lo justo y necesario, ahora estas completamente cuerda a nuestros años.

— A mí me clavaron una flecha al llegar y cuando desperté dolía como un demonio, se supones que debía de haber sanado en ese tiempo.

— ¿Te duele ahora?

— Misteriosamente ahora allí hay un tatuaje- contestó con sarcasmo

— Casualidades... el tatuaje salió días después de que llegaras, la herida se sano a las semanas. El dolor que sentiste era algo más psicológico. Un dolor fantasma. Aquí fuiste cuidada mientras afuera se impartía una guerra.

Llegaron al fondo de la escalera a lo que un largo pasillo lleno de faroles se alzaba delante de ella, al final de esta una puerta de mármol blanco llena de runas. Afuera se impartía una guerra...

— Un ojo... yo vi un ojo- susurró- envuelto en llamas- seguía susurrando mientras sus pies le hacían caminar hacia adelante sin saber lo que le llamaba detrás de esa puerta tan rara... tan increíblemente atrayente.

— El ojo del poder, el ojo de fuego. Sauron. Este mismo fue derrotado hacía unos días, por un joven hobitt llamado Frodo Bolsón, se vio involucrado en esta guerra más que nadie, y sus compañeros descansan en esta casa, por lo menos algunos otros están en Minas Tirith donde partiremos en unos días, fue un largo viaje el de la compañía, trece meses en realidad.

El mago se posó delante de la puerta, levanto su bastó y con una luz la puerta se fue abriendo.

Era una sala circular, pero se notaba que no la habían limpiado hacía meses o años, estaba llena de telarañas, los muebles llenos de polvo y los cuadros solo lograban presentar manchones bajo las capas de suciedad que se habían acumulado con el tiempo.

En el frente había una mesa de piedra, y en cinco partes pilares formando una figura pentagonal. La mesa del medio desprendía una extraña luz rojiza con un suave humo que se perdía sin dejar esencia a nada, se acercó para ver una extraña escritura en plata a su alrededor. No entendía, no era su idioma. Iba a ver lo que era la luz rojiza, cuando el ruido de algo golpeando le hizo girarse asustada. El mago estaba cerca de la primera pintura, y golpeándolo con el bastón este dejo ver su delicado arte resguardado quien sabe cuánto tiempo.

Se alejó de la piedra con un mal presentimiento hacía su ser. La cicatriz comenzó a picarle levemente.

— Quiero irme de aquí- ordenó dándose la vuelta rápidamente, el mago no se inmuto en el momento en que dio un salto con el fogonazo que escucho detrás de ella. Observó unos ligamentos salir del interior de este ciñéndose a su cintura muy rápido y luego arrastrándole hacía la piedra, los lienzos estaban calientes pero no le hacía daño. Las letras en plata comenzaron a brillar.- ¡Ayuda...!

— No te asustes- musitó el mago sin siquiera darse vuelta, seguía viendo la pintura. Los lazos ya no ejercían fuera, pero salieron más y comenzaron a inspeccionarle- no te harán nada.

— ¿Qué están haciendo?- preguntó cuándo uno llegaba a su cara.

— Reconociendo lo obvio- contesto, ella vio su sonrisa. Seguía sin mover ni un músculo, aterrada de esos "tentáculos".

— ¿Reconociéndome para qué?- preguntó a penas, el corazón le latía muy rápido.

— ¿Qué ves aquí?- pregunto alzando la vara y mostrando el cuadro que pareció iluminarse un poco.

En este mismo habían dos figuras, era un retrato de una hermosa mujer, alta, esbelta, una elfa sumamente bonita con los ojos verdes y cabello negro; al lado un hombre, no era elfo ni humano, en él no podría decir cuántos años habían tenía un rostro tan hermoso, sabio y penetrante de mirada oscura. Poseía en su cuello un tipo de rosa envuelta en llamas.

— Dos sujetos- contestó mientras los lazos le liberaban. Ella corrió rápidamente hacía donde el mago con el corazón a mil luego de eso.

— Ella es la Elfa Isiltari, la hija de la luna y dama importante en su tiempo por tener premociones de largos años, don tanto como maldición, una guerrera sorprendente si lo quieres saber; y él un Ainur- el rostro del mago se puso serio y nostálgico- Señor del fuego eterno, ordenado por Eru cuidar que la llama de la vida jamás se apagara y con él, sus descendientes. Ellos son tus difuntos padres- Ella negó enérgicamente ante aquellas ridículas palabras.

— Mis padres son Ann Marie una humana cualquiera y Edofan, un humano igual de común. Mis padres no eran ni elfos, ni ainur, ni nada de nada, y yo soy una simple humana, nada más que eso.

— No- negó el mago y se movió a la pintura siguiente- Aquí estas tú- mientras el polvo caía de aquella pintura- tú padre al morir sello su poder en su única primogénita. Tú no eres como te ves ahora. El hecho de enviarte al mundo humano se te ha cambiado muchas cosas físicas de tu cuerpo... como tus ojos... tus ojos son verdes, no cafés.

— Sandeces- contestó enojada observando mejor el cuadro con un nudo en el estómago.

Dio un paso atrás como si esa pintura tuviera algo contagioso, era verdad. Era ella cuando pequeña, sentada en un césped verde con flores pequeñas a sus pies, a su alrededor crecía un bosque verde muy iluminado. Ella tenía fotos en su casa de cámaras digitales, pero en esta aparecía un poco más pequeña de unos 2 años, más o menos, y vestía con un traje blanco, en una de sus manos tenía un collar que ella no poseía ahora.

— Estas en Eldamar, en las Tierras Imperecederas, antes de la primera Guerra contra Sauron, tus primeros años de vida.

— Si eso es verdad, eso fue hacía años, siglos- contestó con la voz hecha un nudo.

— ¿Cuántos años crees que tienes?

— ¡Veinte!- contesto como si fuera lo más obvio del mundo. Ella tenía veinte, ¡Su carnet lo dice! El mago le miro de reojo con una pequeña sonrisa- No puedo tener más de veinte- regañó

— Ya te lo dije, tú antiguo mundo con este son muy diferentes, veinte, treinta, cientos, quinientos... ¿Qué es la edad para personas que no sienten el tiempo como los humanos?

— ¡Yo soy humana!- se estaba empezando a alterar- además no estoy tan vieja- eso lo susurro.

— ¿Cuántos crees que tengo yo?- pregunto con una sonrisa pasando del mal humor de ella. Ella abrió la boca, el tipo era viejo eso nadie lo dudaba, pero no parecía de edad TAN avanzada... bueno en realidad sí.- Más de lo que podrías contar, eres un poco mayor del tiempo de la primera batalla contra Sauron, tus padres eran guerreros muy fuertes- ella abrió la boca para cuestionar- ¡Tus verdaderos padres! Son Isiltari y Anatar, los elfos Ann Marie y Edofan eran los encargados de tú protección pero no tus verdaderos padres, hacía años, cuando la brecha entre este mundo y el otro se abrió, ellos te llevaron porque así fue especificado para tú protección.

Ella iba a refutar bastante exasperada porque todo eso realmente le dolía, ella no era de allí... ¿De adonde era?

No quería aceptar que había vivido una mentira.

— La guerra fue cruda y eras la última de una descendencia importante, si tu falleces el Fuego Eterno perecerá contigo y no sabes los estragos que eso produciría. La esperanza de los humano moriría como sus sueños, y eso es algo imperdonable, eres Celiviel Felagud, hija de Anatar el señor del sol y nadie puede decir lo contrario, y tú no puedes cuestionar tu herencia- Gandalf dio un golpe en el suelo con su bastón...

Las lenguas de fuego se avivaron dentro de la mesa y volvieron a salir en dirección a ella, se arrincono contra la pared, cuando uno de esos látigos a una gran velocidad choco contra su costado derecho, donde estaba el tatuaje que le estaba carcomiendo hacía rato. Ella produjo un leve gemido cayendo de rodilla, e intentando quitarse ese lazo dentro de ella, pero este le inundo de un calor potente, y sus músculos se tensaron, las mismas palabras comenzaron a surcar su mente más clara...

"— Llévensela lejos, si no sobrevivimos llévensela de aquí- alguien murmuraba. La voz dulce de una dama- el portal se ha abierto, llévenla lejos de este mundo, de esta oscuridad

— Es el espíritu del Fuego Eterno, y debe sobrevivir- ahora la voz cansada era la de un hombre.

— Nosotros nos encargaremos de la niña, no se preocupe mi señora- ¡Esa! Esa era la voz de su madre.

— Ella volverá algún día, y sabrá lo que es...- la voz de la primera dama- mi hermosa hija, eres la unión entre dos razas poderosas, pero nada más que tú podrá detener la guerra que continuara si es así como tu corazón ordene.

— Tienes el espíritu guerrero, Celiviel, eres la última heredera y nuestra última esperanza. El fuego no es dominable ni trabaja para bien o mal, pero tú lo sabrás cuando sea necesario. No dejes que te dominen..."

Volvió en sí. Aún tenía las manos puestas sobre aquel lazo pero ahora millones de imágenes extrañas pasaban por sus mente, fundiéndose como fuego en sus pocas memorias. Sus años con sus padres "verdaderos", y el traspaso de un mundo que creyó suyo.

Con un movimiento brusco de quito el lazo y cayo resbalando por la pared con un fuerte dolor de cabeza, respirando agitadamente. El mago se arrodillo a su lado con una mano en su hombro mientras cerraba los ojos con ganas de vomitar por todo aquel proceso. Otras presencia se puso a su otro lado, el medio-elfo con una extraña botella de líquido cristalino. Gandalf le levanto la sudorosa cara.

— ¿Ese es?

— Romperá el hechizo en ella- le tomaron el rostro y vertieron el líquido.

Este le quemo la garganta, volviéndole en sí, las lágrimas le inundaron el rostro y se negó botando un poco de aquello que le destrozaba todo dentro. ¿Por qué le hacían daño? Se preguntó mientras se retorcía de dolor, con un gesto brusco se lanzó hacía adelante.

— ¿Qué es eso?- preguntó con un quejido llevándose una mano al cuello como si pudiera sacarse la garganta con las manos, sus movimiento se basaban en alejarse de ellos.

— Volverás a ser como antes- le susurro Gandalf.

Se levantó cuando pudo y salió de la sala corriendo chocando varias veces con las paredes y cayendo bruscamente al suelo. Subió las escaleras a gatas pero el dolor era mucho y necesitaba aire puro. Todo parecía revolverse dentro de ella, escuchaba murmullos, gritos y luego el silencio. El dolor era demasiado. Llegó al jardín que minutos antes había recorrido. Choco contra un par de bultos que comenzaron a alegarle. Siguió corriendo hasta salir por una pared de piedra y llego a lo que sus ojos dejaban que visualizara un montón de cosas verdes, por lo que podía esperar era un bosque o algo por el estilo, pero en ese momento no le importo. Solo quería perderse, escapar, lo que sea pero lejos de allí...

El dolor no disminuía, de hecho, se hacía cada vez más horriblemente sofocante. Sus sentido estaba completamente perdido de repente venían con fuerza haciéndole caer mareada, y otras todo se sumía en la nada provocándole arcadas, dejo de tratar de escapar cuando el peso de la verdad le golpe frente...

Todo fue una mentira... toda tu vida, toda tu familia no era más que una simulación... todo. Ya no había universidad, ya no había casa ni caminatas solitarias a la playa, ya no habría comodidad en la soledad de su ser... ya no habría nada, viviendo una vida que no conocía, personas que no sabían nada de ella, sucesos que nunca volverá a tener... todo una mentira, su educación, sus enseñanzas, sus esfuerzos para ser reconocida por seres que en realidad no eran sus padres, guardianes que no la quisieron más que como una misión...

Cerró los ojos sintiendo como el dolor seguía allí en su tacto causándole demasiado dolor. Las lágrimas comenzaron a caer mientras se giraba observando el profundo del cielo negro estrellado.

— ¿Quién soy?- sollozó, mientras todo ya se iba apagando.

— ¿La conoces?- pregunto una voz en la lejanía. Estaba flotando.. ¿O no? ¿Qué ocurría?

— Parece- susurró una voz que reconoció en su mareo. Abrió los ojos levemente para ver contra el cielo una cabellera rubia.

— ¡La encontraron!

— ¿Quién...?

— Venga a dentro, Glorfindel, Adentro...

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Derra: Tu review fue una ilusión jajaja.. gracias. Espero que te guste.