Capítulo 1: De Como Un Gato Conoce a Un Conejo

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La alarma despertadora del buro sonaba por toda la habitación, que seguía a oscuras por las cortinas en la ventana.

Gato quien ya había despertado, lanzo un bostezo para después hablar consigo mismo:

-El mismo sueño- se quedó pensante, intentando recordar la silueta que lo sostenía momentos antes de despertar – con esta ya son 5 veces que tengo el mismo sueño…-

Gato vivía solo, en búsqueda de algo que por mucho no encontraba…

Él era hijo de una poderosa hechicera y por consecuente él y su hermana (mayor) eran herederos de una magia sin igual y lo que Gato buscaba era una forma de liberarse de él.

Justo antes de partir de su hogar (a la edad de 14 años) su madre le dijo:

-No puedes escapar de lo inevitable…

Gato agacho la mirada un momento y tras meditar sus palabras le contesto:

-lo sé, pero al menos quiero intentarlo-

Miro a su hermana y le dedico una mirada de confianza, después de esto, él se fue… ya han pasado 6 años desde entonces.

El aspecto de Gato no destacaba, castaño de ojos café, alto, de una actitud alegre y sonriente. Vivía en el 5to piso de una seria de departamentos y trabajaba medio tiempo (y a veces tiempo completo) en una librería local de la cuidad en la cual no llevaba mucho tiempo viviendo.

Era una mañana nevada, así que Gato se abrigo, pasaría primero a la tienda e iría a dar una vuelta al parque que se encontraba a unas cuadras de los departamentos.

Lackey City, la cuidad a la que Gato se había mudado, pero más que ciudad, era un pueblo oculto entre extensos bosques y grandes montañas

Para las 8am, la mañana estaba cubierta de una capa de nieve y unas nubes grises envolvían al sol.

Gato bajo a zancadas las escaleras de los departamentales, escaleras que daban a la calle y cruzando se encontraba Odel, la tienda local conocida por vender los mas exquisitos cafés en días fríos

Tras salir de la tienda, se dirigió al parque, un parque conocido por ser fácil en donde perderse (Gato pasaba gran parte del tiempo hay, así que ya no se perdía como antes) y en cuanto llego se dirigió a su lugar acostumbrado: una vista del lago principal desde una banca de madera donde se apreciaba un sol cálido y radiante… aunque no hoy. Dispuesto a sentarse en la banca junto con su café pero…

-¡diablos! , ¿En qué me senté? –

Gato sin darse cuenta se había sentado en un caramelo, un huevo de chocolate que la había dejado un manchón en su pantalón de mezclilla

– y es mi pantalón favorito-

Replico frotando una servilleta intentando quitar el manchón.

Pero claro, se dijo gato, hoy es día de pascua y a los padres les da por esconder golosinas para que sus hijos las busquen... o eso era lo que él pensaba en ese momento.

Un escalofrió, puede que por el frio, pero en ese momento un escalofrió recorrió los nervios de Gato

-Algo, no está bien- dijo atento antes de darle el primer sorbo al café, aun humeante, y justo en ese momento, dos sombras espectrales aparecieron para atacar a Gato. ¿Algún motivo en especial? Quien sabe, pero gato estaba indefenso ante dos criaturas, más oscuras que la misma noche y aterradoras como una pesadilla andante…

-eso es - pensó Gato – son pesadillas

Ya había oído hablar de estas criaturas: espectros ocultos para atacar a cualquier desprevenido y llenarlo de miedo, temor y pesadillas.

Pero cuando parecía que ambas criaturas atacarían a Gato, él se había cubierto con sus brazos, pero algo detuvo a las pesadillas…

Un sonido y parecía que solo quedaba una pesadilla, que miraba algo con mucho temor

-¿es posible que una pesadilla tenga miedo?- y justo en ese momento un bumerang paso casi rosando el rostro de Gato y vio como el bumerang atravesaba a la pesadilla como si nada, dejando es su lugar una nube negra que se disolvía con el viento

Gato giro para ver quien había sido quien salvo su cuello en ese momento y su sorpresa fue más que clara:

Un conejo de casi dos metros de alto con un pelaje azul y blanco, unas líneas más azul en sus brazos que daban a un trazo curioso y que también pasaban por su frente, un arnés que recorría de parte de su hombro y pecho y donde justamente estaba guardado los bumerangs en la parte trasera, ojos color verdes y sus orejas atentas a todo lo que ocurría a su alrededor.

Pasaron al menos 5 segundos para que Gato saliera de su shock

-¡oye!- grito Gato para ver si realmente lo que veía, era real

El gran conejo giro de golpe, sorprendido y dijo:

-espera un momento, ¿puedes verme?-

-estoy hablando contigo, ¿no?- una contestación demasiado tranquila para una conversación con un conejo gigante

-¿acaso tu…- pero el conejo no termino su pregunta, dio media vuelta y desapareció en un parpadeo.

Un grupo de niños apareció, buscando golosinas de pascua

-vamos hacia allá- dijo el mayor de los 3

-sí, ¡vamos!- le contestaron otros dos

Y Gato se quedó solo de nuevo, viendo donde hacia no más de un momento, había un conejo parlante de casi dos metros de alto.