Un pequeño fragmento de como comenzó su historia de amor.


3 meses antes...

Slughorn parecía aún más decepcionado que ella y aún así, no cambio de opinión.

—Esta castigada, Señorita Granger.

Hermione no podía creerlo, después de 7 años en Hogwarts, de ganar una guerra, de quebrantar, posiblemente, cada regla del colegio y de robar ingredientes del armario personal del mismo profesor Snape, Slughorn era quien la castigaba por permitir a Ron mirar su examen.

El profesor se acercó hasta su lugar y le quito el pergamino de las manos.

—Y tendrá que repetir su prueba— concluyó con dramatismo.

Ron miro a Hermione con horror.

No; no porque la hubiesen castigado por su culpa, pero porque no había copiado la última respuesta completa.


—Lo siento, Herms.

Harry parecía aún más afectado que ella, él ni siquiera había tenido tiempo de copiar la primer línea.

—Esta bien, Harry, de cualquier modo, termine mis deberes hace dos días, no tengo nada que hacer.

Ronald se había ofrecido a acompañarla hasta el despacho de Slughorn, quizá era su forma de disculparse pero, de cualquier modo, Hermione no se lo permitió; quizá parecía tranquila, pero deseaba lanzar al pelirrojo desde la Torre de Astronomía.

A ella nunca la castigaba nadie.


Si algo necesitaba para empeorar su creciente mal humor de esa noche era, sin duda, la descarada impunidad del profesor que la mantuvo esperando en la puerta de su despacho por al menos 30 minutos.

—Disfruto enormemente de mis paseos en el lago durante el atardecer, ¿sabe, Granger?— llegó a decirle sonriéndole como si nada pasara. Si Hermione no fuese Hermione, quizá no le hubiese sonreído de vuelta.

—Bien, Granger, el profesor Snape la esta esperando en su despacho para cumplir su castigo.

Hermione lo miro incrédula.

—¿Por qué no me lo dijo antes?

—¿Cómo dice?

—He estado esperando fuera de su despacho por más de media hora— no quería parecer alterada pero, el hecho de que el profesor aún sonriera no la estaba ayudando.

—Bueno, Granger, no creo que se sintiera ansiosa de cumplir su castigo con el profesor Snape, debo decir. Además, el señor Crabbe debía cumplir ese castigo pero, en vista de que usted llegó tarde…

Hermione estuvo apunto de recordarle la parte que había estado de pie frente a la puerta cerrada de su oficina por al menos treinta minutos pero al final sólo se limitó a asentir.

Después, había tenido que recorrer todo el camino de vuelta hasta el vestíbulo y además, torcer a la izquierda en el corredor que la llevaba hacia las frías mazmorras.

¡Tendría que etiquetar envases!

Había esperado fuera de la oficina del hombre por 30 minutos para terminar etiquetando botellas en el despacho de Snape.

Cuando al fin se detuvo frente a la puerta del Slytherin las piernas habían comenzado a temblarle; el invierno recién había comenzado a azotar contra los terrenos del colegio y ella había dejado su capa en su habitación precisamente esa noche.

—Pase.

Snape no sonaba molesto. Había mucho que uno podía distinguir en un hombre de tan escasas expresiones luego de 8 años de conocerle y ella, había aprendido a distinguir más de 10 distintas formas que él tenía para decir una misma palabra.

Abrió la puerta con cuidado, sabía que rechinaba si la empujaba demasiado fuerte y había algo en ese sonido que le ponía los pelos de punta.

Snape no parecía especialmente sorprendido de verla, pero tampoco era como si estuviera esperándola. La ceja izquierda elevada ligeramente sobre la posición normal era suficiente interrogación.

—Slughorn me castigo— respondió con seriedad, cerrando la puerta detrás suyo y aprovechando para recargar su espalda contra ella.

Por unos cuantos segundos no recibió respuesta y cuando, al fin levantó la vista para mirarlo, él se estaba riendo.

—¡No te rías!— exclamó ella en un puchero.

Snape la ignoró por unos cuantos segundos antes de recuperar la compostura. Hermione bufó.

—¿Qué hizo la perfecta Hermione Granger para hacer enfadar al profesor Slughorn de entre todos?

—Acabas de llamarme perfecta — recalcó Hermione con una sonrisa burlona, dejándose caer en el sillón de piel negra frente a la chimenea encendida que apenas calentaba nada la habitación.

El profesor espero pacientemente a que la Gryffindor de pusiera cómoda antes de hablar.

La castaña no respondió en seguida, porque sabía que Snape disfrutaba especialmente recordarle lo idiotas que eran sus amigos y ahora sólo le estaba dando armas para juzgarlos un poco más.

—Deje a Ronald copiar de mi prueba… ¡Y tengo que etiquetar botellas! Hoy y mañana y posiblemente el sábado— se lamentó — ¡Sólo porque deje a Ron mirar mi prueba!

Su profesor nunca reía, pero esta vez sí dejó escapar una carcajada.

—¡Oh, no digas nada!— se quejó ella recostando la cabeza en el brazo del sofá.

—No lo diré.

Pasaron varios minutos antes de que alguien volviese a decir nada; Snape tenía una enorme pila de ensayos mediocres que calificar como para entretenerse conversando y Hermione parecía haberse quedado dormida.

—¡Soy una tonta!— exclamó la bruja luego de más de 15 minutos, poniéndose de pie finalmente.

—No puedo decir que no.

—¡Acabas de llamarme perfecta, no puedes retractarte!

Snape no podía rebatir eso.

—¿Quieres saber la peor parte?— volvió a quejarse ella, sentándose esta vez frente al Slytherin, del otro lado del escritorio.

—No realmente…

—¡Ni siquiera me ha invitado al baile!— exclamó, sin importarle lo que fuera que él intentaba decir.

—Suena igual que Parkinson, Granger.

—¿Draco no la ha invitado al baile?— inquirió la chica con curiosidad, poniéndose de pie nuevamente, parecía que no podía estarse quieta —Estoy segura de que terminara llevando a Harry…

Snape fruncido el ceño, no era algo que le interesara saber.

—Ronald es un idiota — concluyó Hermione, sentándose nuevamente (luego de pasearse por el lugar como si fuera de su propiedad), y tomando un ensayo de entre la montaña que Snape mantenía levitando junto a su escritorio.

—Y tardó 8 años en enterarse — replicó Snape burlón, mirándola de reojo mientras plantaba una "T" roja en el ensayo que estaba calificando.

Hermione lo imitó con el que ella misma había tomado.

—¿Por qué lees los de primer grado? Nunca revisas los trabajos de primer grado— comentó ella tomando otro ensayo de entre tantos para escoger.

—Minerva esta segura de que alguno podría tener potencial.

—Escribió "Expellarmius"— exclamó la chica, escribiendo otra "T" en la esquina del pergamino —¡Se supone que lo esta leyendo en el libro!

Snape se alzó de hombros, no era algo que le sorprendiera después de tanto tiempo de enseñar a incompetentes.

—¿Crees que Ronald me invite al baile?

Snape la miró como si estuviese loca.

Hacia casi una hora que ambos calificaban ensayos en un perfecto y cómodo silencio, sólo interrumpido por el suave sonido de la pluma rasgando el papel.

—No soy Ginny Weasley, por si no se ha dado cuenta.

Hermione lo miró con mala cara.

—Quizá yo debería invitarlo… Ronald nunca ha sido realmente del tipo que toma la iniciativa…

—¿No tenía botellas que etiquetar?

Hermione le lanzó una de sus miradas asesinas que sólo conseguían que sonriera de esa forma suya que la castaña sólo podía clasificar como "Slytherin".

Hermione le mostró la lengua y volvió a ponerse de pie antes de que el hombre pudiese tomar represalias.

—No quiero volver a mi Sala Común— se quejó Hermione volviendo al sofá frente a la chimenea.

Snape la observó desde su escritorio.

—Nadie le dijo que se fuera….

Por otro par de minutos ninguno dijo nada, el silencio entre ellos era muy común; y se sentía demasiado bien. Hermione parecía absorta en el crepitar de las llamas en la chimenea, hasta que se removió para buscar su varita. Con un suave movimiento una manta apareció sobre ella.

Se reacomodo en el sillón y se dedicó a observar a Snape sin que este lo notara.

Quizá nunca podría comprender cómo habían llegado a eso; a ser amigos, porque podía decir con toda seguridad que lo eran y se sentía increíble solo de pensarlo, aunque no hubiera nadie a quien decírselo. No podía evitar sonreír para si misma sólo con pensar la cara que pondría Ron o peor, Harry, si le dijese que las mejores tardes de todo su año las había pasado encerrada en el despacho del temido profesor de DCAO. Probablemente les provocaría un ataque o algo peor, de ahí que, implícitamente ambos acordarán que lo que fuera que tenían era un absoluto secreto.

Snape término por mirarla de vuelta y ella le sonrió, el hombre se limitó a elevar una ceja y volver a su trabajo.

Hermione no obtenía sonrisas tan a menudo como le gustaría, pero al menos sabía que Snape era capaz de reírse de ella y el chiste que tenia por vida amorosa, todo gracias a Ron.

—¿Me despertarás para irme?— inquirió haciéndose un ovillo en el sofá.

—Siempre lo hago.

Hermione cerro los ojos con una suave sonrisa en la cara y Snape volvió a su labor de calificar ensayos, debía dejar de escuchar a Minerva.


¿Review?