II
En principio la idea fue de mamá y cuando algo se le mete en la cabeza es casi imposible disuadirla, al contrario, ella convenció a papá y este, a la larga, terminó convenciéndome a mí. Yo creía que era una broma pesada, tanto él como mis hermanos mayores eran conscientes de lo mucho que me había gustado, desde siempre, Katniss Everdeen, la hermana mayor de la chica que mi madre ha elegido para convertirse en mi esposa; por otro lado, para nadie en casa era un secreto que en su juventud papá había suspirado por la señora Everdeen y para completar, a mamá las tres les caían muy mal. No había manera de que, considerando todo eso, yo pensara que la propuesta fuera seria. Sin embargo, a lo largo de los años la botica Everdeen no ha dejado de crecer y eso es lo que ha llamado la atención de mamá, dejando de lado sus antipatías, o al menos, ocultándolas muy bien.
El plan original de mamá, hace unos años, cuando mis hermanos y yo por fin salimos de las listas de la cosecha, era que yo me casara con Delly Cartwright, compartiendo la mitad de la zapatería de sus padres con su hermano mayor. Mamá no sabía que mi amiga estaba loca por Bran, cuando este se casó ella se lió por despecho con Thom, un chico del barrio minero, y por mala suerte salió embarazada. Fue todo un escándalo cuando sus padres la obligaron a casarse con él y la corrieron de su casa, dejándola de lado por haberse atrevido a enredarse con un minero.
Después mi mamá salió con su nueva "solución", mi primera reacción al saber que hablaban en serio fue negarme de plano. No había manera en que yo aceptara desposar a su hermana, pero papá me hizo entrar en razón, exponiéndome las cosas desde su punto de vista: ya la panadería no es lo suficientemente rentable, como para mantener a tantas bocas; mis hermanos mayores aunque se han casado, han llevado a sus respectivas mujeres a casa y además de ellas la familia sigue en crecimiento: Rye y Jasmine tuvieron una niña el año pasado y un pequeño en septiembre; Bran y Vivien están esperando gemelos, a juzgar por el abultado vientre de mi cuñada. Por si fuera poco, me hizo darme cuenta de que si en todos estos años no he sido capaz de declarármele a Katniss, ahora que tiene novio es demasiado tarde. Cualquiera pensaría que la señora Everdeen se mostraría más reacia a dejar a su hija mayor emparejarse con un minero, después de lo que ocurrió con su esposo, pero es un hecho, Katniss y Gale son novios desde hace tres años, en cualquier momento se casarán y no hay nada que yo pueda hacer al respecto a estas alturas. Por otro lado, Prim es un encanto y por descontado la única heredera de la Botica Everdeen, aunque yo no sepa nada de medicinas estoy dispuesto a aprender. Si realmente pongo de mi parte, seré capaz de hacerla feliz...
La vivienda es más pequeña que la nuestra, pero está muy limpia y ordenada, decorada con esmero. Pensar que la única vez que vine antes estaba inconsciente, me habían derribado durante una práctica de lucha y demoré demasiado en recobrar el conocimiento, cuando supe donde estaba le supliqué a Rye que me sacara de aquí, no quería que Katniss me viera en aquel estado, y hoy siento la misma angustia al notar que ella estará presente durante la cena. Las tres mujeres Everdeen nos reciben muy elegantes, la señora me planta dos besos en las mejillas, al igual que a mi madre, y cuando se hacen las presentaciones formales soy yo quien le da un beso a cada una de las chicas, recordándome a cada instante mientras nos acomodamos en el salón que Katniss tiene novio y que esta noche me comprometeré con su hermana.
La comida es exquisita, al igual que la visión de las hermanas, sentadas lado a lado, tan disímiles y a la vez tan hermosas. Sin embargo, a pesar de la insistente tentación de mirar a Katniss, me obligo a dedicar mis miradas sólo a la menor; eso no evita que note la miradas y sonrisas que intercambian cada tanto, es la primera vez que no la veo con el ceño fruncido. Mamá es la única que parece haber chupado un limón, no soporta a las Everdeens, pero se traga el orgullo ante lo que ella misma ha llamado un excelente partido. Mi padre en cambio ha sido todo sonrisas, ha hecho lo que ha estado a su alcance para animar la velada, al igual que mi futura suegra, pero Prim, Katniss, mi madre y yo no les hemos sido de mucha ayuda. Casi al finalizar la comida, entre charlas insustanciales, papá se levanta y propone un brindis.
—Hijos, permítanme felicitarles por el paso tan importante que están dando a partir de hoy. Primrose, estoy seguro de que serás una excelente esposa y una amorosa madre. Y tú, Peeta, eres tan bondadoso y responsable que sin duda harías feliz a cualquier mujer, en especial a la dulce Prim. Sólo dicha vislumbro en su futuro.
Olvido lo que esperan de mí y apenas logro musitar un gracias, pero la madre de Prim le da una mirada y la chica se levanta y tiende su mano hacia mí. Así que comprendo que debo entregarle la sortija. Temblando, más por la presencia de Katniss que por el momento en sí, saco la sortija que llevo en el bolsillo.
—Prim —me aclaro la garganta—, estoy muy feliz de que hayas aceptado ser mi esposa... te doy esta sortija como símbolo de nuestro compromiso y te prometo que siempre haré lo que esté en mis manos para hacerte feliz.
La mano de Prim entre las mías se siente menuda y delicada, también al igual que las mías está húmeda y temblorosa, la miro a los ojos y observo miedo, si tan sólo supiera que no hay nada que temer, jamás me atrevería a lastimarla intencionalmente.
—Y yo prometo que... que... también te haré feliz.
Katniss suelta una risa tonta y su madre le dedica una mirada severa, para luego levantar su copa y unirse a mis padres que brindan por nosotros.
Yo me quedo prendado de los ojos azules de mi prometida, me conmueve verla tan insegura, quizá porque ante mis ojos continúa siendo la hermana menor de Katniss, la niña pequeña de las dos trenzas que emocionada solía encargar aquellos pastelitos de arándanos y me cuesta verla como una chica prácticamente una adulta, a la que más o menos dentro de un año desposaré.
Pero a la vez afloran en mí unas ansias locas de protegerla, de no permitir que nada ni nadie la haga sufrir, sabiendo que tal vez ese poder sólo lo tenga yo.
