Hola! Aquí está el primer capi! Muchas gracias a todos los que lo habéis leído y sobre todo a los que habéis comentado o añadido la historia a vuestros favoritos, es algo que me ayuda a seguir escribiendo y que me anima mucho

Como muchos han comentado que no se esperaban a Draco en Griffindor, quiero deciros de dónde salió la idea.

Yo pienso que cuando un niño ve lo que hacen sus padres, hermanos o familia puede coger tres caminos básicos, idolatrarlos hasta el final y asumir ideas y gustos como tuyos, hacer lo que te dicen por miedo a defraudarlos y/o miedo a lo que te pueda pasar si no haces las cosas como te dicen (creo que una media entre estas opciones es la del Draco de libros y películas) y otra es renegar de todo e irte al otro extremo. Ese es el Draco que yo quería (y quiero) mostrar un poco. Es como los What if…?, de Marvel. Es un ¿Qué pasaría si Draco se rebelara? Escribí esto tomando que en muchos fics ponían a Harry en Slytherin y muy pocos a Draco en Griffindor y me pareció una idea interesante. Evidentemente, es más difícil meter a Draco en Griffindor, así que os pido paciencia con los capis y perdón de antemano si hay situaciones que no os cuadren.

Por cierto, los personajes de HP no me pertenecen si no, probablemente en vez de estar aquí estaría nadando en una caja fuerte como la del Tío Gilito (siempre he querido saber cómo hace eso de sumergirse en dinero sin hacerse daño XD). Aunque la trama, en muchos puntos, sí que es mía así que ¡Nada de plagios o Harry mandará un maleficio sobre sus cabezas!

Después de toda esta charla (que os la podéis saltar si queréis, no me enfado XD) os traigo el capítulo 1

Una decisión diferente

Capítulo 1: Año 1. El tren a Hogwarts, el sombrero seleccionador y la 1ª noche.

- Harry… Me llamo Harry Potter

Sus ojos se abrieron como platos ¡El niño de las gafas era Harry Potter! ¡El niño que vivió! ¡Harry Potter!

El pobre Draco tenía una cara tan alelada que Harry se echó a reír. Ya se empezaba a acostumbrar a que todo el mundo pusiera cara de tonto cuando se enteraba de su nombre. No es que eso le agradara demasiado, pero la cara del chico le había hecho gracia.

Después de eso, estuvieron hablando durante mucho rato. Harry no tenía ni idea de casi nada referente al mundo mágico y era un preguntón incansable. Por otro lado, Draco era un poquillo sabelotodo y le encantaba demostrar sus vastos conocimientos (y así alardear un poco). Y así, se pasaron los minutos, las horas. Los dos habían congeniado muy bien, pero Draco había decidido guardarse todo lo referente a su familia. No deseaba perder tan pronto a la primera persona que lo trataba como a una persona y no como a un Malfoy. Porque, aunque deseaba lo contrario con todas sus fuerzas, sabía que acabaría en Slytherin y que eso significaría el fin de su amistad con el ojiverde. Solo quería aprovechar al máximo el tiempo que pudiera estar con el moreno.

Cuando pasó el carrito de las chucherías, entre Draco y Harry lo dejaron completamente sin existencias. Mientras iban comiendo, Draco se iba poniendo cada vez más nervioso. Hogwarts estaba cada vez más cerca, al igual que su destino. No quería, antes de conocerle todo le daba igual pero ahora ya no. No quería ser un odioso Malfoy para Harry, solo quería ser Draco.

Entonces, la puerta del compartimento se abrió y entró uno de los pelirrojos que habían ayudado a Harry en el andén. Aún tenía roja la nariz, en el lugar en el que su madre había frotado. El pelirrojo iba a hablar, dirigiéndose a Harry, pero al ver al rubio sentado frente al Niño que Vivió, exclamó con cara de asco:

- ¡Tú eres Draco Malfoy! ¡El hijo de Lucius Malfoy! – Draco giró imperceptiblemente la cabeza y su pelo rubio le tapó los ojos. ¡Por qué tenía que aparecer ese precisamente ahí! Cuando los vio en el andén le habían caído bien, pero ahora no sabía que hacer o sentir. Su destino la había alcanzado antes de tiempo por culpa de ese maldito pelirrojo…

- ¿Qué hay con eso, esto… Ron? – Harry tenía los ojos como platos ¿Qué narices estaba pasando?

- Oh vamos Harry, su padre estuvo al lado de Quien Tú Sabes… ¡Qué haces hablando con el hijo de un hombre que adora las artes oscuras, odia a los muggles y traidores a la sangre y desprecia todo lo que considera inferior a él! ¡A mi padre le hace la vida imposible en el ministerio! – En las palabras de Ron se destilaba odio y furia ¡Es que no se podía creer que un Potter y un Malfoy estuvieran sentados charlando tan tranquilos!

Harry se quedó en silencio. Miró a Draco por el rabillo del ojo y vio como agachaba levemente la cabeza y desviaba sus ojos hacia otro lado. Así que era verdad. Pero se veía avergonzado por ello, no orgulloso. Draco ya se temía lo peor ¿Tan malo había sido querer entablar amistado con ese chico? ¿Es que no podía escoger ni a un amigo por si mismo? ¿Era por ser Potter y Malfoy? Sólo le quedaba esperar la sentencia final de Harry pero, sin duda, no se esperaba lo que iba a escuchar:

- Su padre, su padre, su padre… ¡Sólo has hablado de su padre! No sabes cómo es él, no le conoces, no le juzgues por lo que haya hecho su familia – Si miraran a los Dursley nadie querría ser su amigo–Yo he hablado con él y no me parece tan mala persona. No se ha reído de mi ignorancia ni le ha importado explicármelo todo pacientemente. No me ha preguntado por Vol… Quién tu sabes o por la cicatriz o por si recuerdo algo…

- No me esperaba algo así de ti precisamente – Ron tenía las orejas rojas como tomates maduros

- Tampoco yo de ti, Ron – Harry le miraba con ojos tristes pero decididos a no retroceder

- Weasley para ti, hasta que o entres en razón o me demuestres que este no es como su padre, con algo mejor que una conversación en un tren

Y salió dando un portazo (N/A: ya sabéis como es el tren de Hogwarts con compartimentos y eso). Harry se desplomó sin mucho orden en el rojo asiento, agotado y con la mirada cansada. Draco le miraba todo lo sorprendido que un Malfoy podía estarlo. Sus ojos no podían abrirse más dentro de lo malfoymente posible ¡Harry lo había defendido! ¡A él! ¡No a Weasley!

Harry se levantó y sin decir nada se sentó al lado del ojigris. Draco no sabía que decir o qué hacer, era la primera vez que alguien hacía algo así por él… no estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones.

El incómodo silencio fue finalmente roto por Harry

- Vaya decepción, él y sus hermanos me cayeron bien… no pensé que el Mundo Mágico fuera así de superficial…

- Potter, yo…

- Harry, por favor, después de esto no podría dejar que me siguieras llamando por el apellido así tan frívolamente – Harry concluyó esa frase con una hermosa y dulce sonrisa.

- Gracias - Draco se sonrojó al decir eso

- De nada… Draco

Y así se pasó el resto del camino, juntos, sentados el uno al lado del otro, hablando y comiendo dulces. Sentando las bases de los sucesos que ocurrirían en Hogwarts durante los siguientes 7 años


Al llegar al Gran Comedor de Hogwarts, los asustados nuevos alumnos de Primer Año temblaban como un flan ante la perspectiva de la selección. Aún cuando ya les habían explicado que sólo tenían que ponerse un sombrero y ya, Harry y Draco estaban muy nerviosos. Aunque por motivos diferentes.

Harry temía no ser seleccionado en ninguna casa y tener que volver con los Dursley a la alacena bajo la escalera.

Draco temía que al caer en Slytherin Harry acabara odiándolo. Antes todo le daba igual, pero ahora… Era el primer amigo, no, la primera persona en la que se atrevía a confiar y no quería perderlo.

Ambos se cogieron de la mano, para infundirse el uno al otro algo de valor

"Serán llamados por orden de inscripción" la voz de la Profesora Mcgonagall resonó por todo el Gran Comedor, mientras ingresaba en el salón con un viejo y raído sombrero y colocaba un taburete frente a la mesa de los profesores

- Susan Bones – Una chica regordeta de cara tímida subió y se sentó en el taburete

- ¡HUFFLEPUF! – La mesa de los tejones comenzó a aplaudir para dar la bienvenida a su nueva integrante

- Blaise Zabini – Un chico de aspecto italiano subió al taburete

- ¡SLYTHERIN! – Esta vez fueron las serpientes las que rompieron en vítores

- Neville Longbottom – un chico de aspecto tímido se sentó en el taburete, temblando como la gelatina Royal muggle

- ¡GRIFFINDOR! – El chico salió corriendo con sombrero y todo y, entre las risas de sus nuevos compañeros, devolvérselo a la Profesora Mcgonagall. Para después sentarse en una de las mesas, en la que los leones aún aplaudían

Tras Longbottom, subieron un montón de niños como Crabbe, Goyle, Nott, las gemelas Patil, Finningam, Thomas… A Harry no le sonaban, pero Draco conocía bien a algunos de ellos. Y llegó la hora de la verdad

- Harry Potter – Harry apretó fuerte la mano de Draco una última vez y se soltó, andando con miedo hacia el taburete con el sombrero. Se sentó en él, y la Profesora Mcgonagall puso suavemente el sombrero sobre su cabeza. Todos en el Gran Comedor se pusieron a mirarle y a cuchichear entre ellos. Los Slytherin le miraban con odio y burla y Harry se sintió algo intimidado. En general le gustaban las serpientes, no por nada una se había lanzado sobre su primo dándole una lección, pero esas en concreto como que no le daban muy buena espina ¬¬U. Entonces oyó una voz, retumbando en el interior de su cabeza

- Hum, difícil, muy difícil, lleno de valor lo veo, tampoco la mente es mala, hum sí veo valor y determinación y muchas ganas de probarse a sí mismo – Harry no sabía dónde demonios veía eso el maldito sombrero- Veamos dónde podría ponerte…

- Esto… creo que en Slytherin no… - Harry se sentía algo tonto hablando con un sombrero

- ¿Estás seguro? Lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin podría ayudarte en tu camino hacia la grandeza, de eso no cabe la menor duda

- Ya, pero no parezco ser bienvenido allí, yo quiero una casa donde hacer amigos y vivir mejor que con mis tíos y tengo la impresión de que a esos chicos de ahí les caigo mal. Además, sé que es la casa en la que estuvieron los que mataron a mis padres y sentiría como que les estoy traicionando – Harry bajó la cabeza, él normalmente no discriminaba sin conocer, pero su instinto de supervivencia le hacía tener cierto rechazo hacia la casa de las serpientes

- Ya veo… entonces es mejor que seas ¡GRIFFINDOR!

A Draco se le cayó el alma a los pies mientras oía los aplausos de la mesa de los leones y a los gemelos gritar ¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!

Él nunca podría ir a Griffindor, no con su historial familiar, pero pensó que Harry sí podría caer en Slytherin. Pero era una vana esperanza, porque Harry no podía ser una serpiente, no con su amabilidad, sus sonrisas, su fresca confianza.

No llegó a oír muy bien los nombres de los alumnos que subieron tras Harry, o más bien no les prestó atención. Él único que sí distinguió fue el del pelirrojo Weasley del tren, que apenas el sombrero tocó su cabeza fue enviado a Griffindor. Finalmente, la Profesora Mcgonagall pronunció su nombre:

- Draco Malfoy – Draco sintió todas las miradas del Gran Comedor en su espalda. Por el rabillo del ojo vio que en la mesa de las serpientes todos le miraban con envidia y con respeto y que en las otras mesas las caras se dividían entre los que le miraban con resentimiento y los que no tenían ni idea de quién era y le miraban con cara de confusión. Así que avanzó de la única manera que sabía, con altanería y elegancia para ocultar su inmenso miedo e incomodidad. Al sentarse en el taburete, la Profesora Mcgonagall puso el Sombrero Seleccionador sobre su cabeza

- Vaya, vaya, un Malfoy. Hace mucho tiempo que Lucius Malfoy me tuvo en su cabeza. Pero a diferencia de él, tu cabeza solo tiene confusión. Qué difícil, eres inteligente, especialmente apto para las pociones, y, aunque sobresales por tu cobardía estás dispuesto al luchar por aquello que hayas aprendido a apreciar. Además veo que has conocido a alguien que ha puesto tu mundo de cabeza y te ha hecho rebelarte contra tu tradición y destino y contra los deseos de tu padre – A Draco le molestaba sobremanera que un sombrero ajado estuviera leyendo su corazón de esa manera. Además no quería seguir oyendo palabras que caían como losas en su corazón. Draco susurró como una plegaria

- Slytherin no, por favor…

- Hum, ¿Estás dispuesto a luchar contra tu propia familia? ¿Tus creencias, tu tradición? ¿Estás dispuesto a perderlo todo sólo por la amistad de esa persona? – Draco sabía lo que en su familia implicaba no ir a Slytherin. Pero esta vez no se permitió dudar

- Slytherin no.

- Jajajajaja – era raro oír reír a un sombrero – el ramalazo Black

- ¿Eh? – Draco estaba confundido, ¿A qué se refería el maldito sombrero?

- Nada, si lo tienes tan claro, es hora de dar mi veredicto. Debes ir a ¡GRIFFINDOR!

En el Gran Comedor se hizo el silencio. Ni alumnos ni profesores podían creer lo que escuchaban. Entonces, en la mesa de Griffindor, se oyeron unos aplausos que retumbaron por todo el comedor. Harry Potter estaba aplaudiendo.

Tras una opípara cena que dejó a Draco como atontado, un pelirrojo con una insignia con una P de prefecto llamó a los de primer año

- Los de primer año seguidme por favor

Todos los pequeños en masa trotaron tras el prefecto. Al salir del comedor, Draco sintió una mirada en su nuca. Al girarse, descubrió a un profesor de túnica negra y pelo grasiento que le miraba. Podía leer cierta decepción en sus ojos y Draco se sintió fatal. Porque si había alguien a quien no deseaba defraudar por encima de su propio padre era a su padrino y profesor de Pociones. Severus Snape. Le devolvió una mirada dolida pero decidida que sorprendió al oscuro profesor. Vio como Harry le miraba y se tocaba la frente con dolor. Se giró para preguntarle qué le pasaba y tras comprobar que estaba bien salió del comedor sin mirar atrás, bajo la atenta mirada del profesor. Quizás su ahijado tuviera el valor de hacer lo que él no se había atrevido.

Tras salir de comedor, pasaron las locas escaleras que cambiaban a placer, viendo a los cuadros saludar. A Draco todo esto le resultaba común pero para Harry todo era nuevo, saludaba a cada cuadro y miraba cada esquina maravillado. Draco no podía evitar preguntarse cómo es que el Niño que Vivió no sabía NADA de magia. Ya le preguntaría con tiempo.

Cuando llegaron al retrato de la Señora Gorda, el joven prefecto se detuvo a explicarles:

- Esta es la entrada a la Torre de Griffindor. Para entrar debéis saber las contraseñas – El regordete chico llamado Neville se puso totalmente pálido – Los chicos van arriba a la derecha, las chicas arriba a la izquierda. Si tenéis cualquier duda, dirigíos a los prefectos o a la Jefa de Casa, la profesora Mcgonagall. Y ahora la contraseña que debéis recordar, Caput Draconis.

Y así, entraron a la Torre de Griffindor. Draco no pudo evitar sentirse un poco fuera de lugar. Estaba acostumbrado a la seriedad, oscuridad y frialdad de Malfoy Manor. Ese lugar era acogedor, cálido, lleno de colores llamativos y con adornos de leones por todas partes. Pero él no se sentía un león, se sentía un gatito enjaulado al borde de un precipicio.

Subió las escaleras junto a sus nuevos compañeros. Algunos le habían saludado tímidamente, intimidados por el manifiesto mal humor del pelirrojo. Y Draco sintió que iba a ser muy difícil convivir con él.

Al subir al cuarto, descubrió que era una pequeña habitación redonda con las camas dispuestas de forma circular. Sin saber muy bien qué hacer, se dejó llevar cuando Harry le condujo hasta una cama, que dejaba al rubio entre Harry y un chico llamado Dean Thomas si él no recordaba mal. Se desvistió, se puso con algo de vergüenza un pijama verde ante la burlona mirada de Ron y se metió bajo la cama. No dijo ni buenas noches ante la sorprendida mirada de algunos de sus compañeros. Ya no sabía si lo que había decidido era correcto o no. Quizás aquel lugar nunca llegaría a ser su casa…

… Pero al darse la vuelta tras un rato, vislumbró la cara de Harry arrebujado en las mantas con una sonrisa feliz, de paz. Y pensó que aquel lugar sí podría llegar a llamarse "hogar".


Y bien? K tal? Espero sus Reviews porfa, me ayudarán a seguir con esto y agradeceré sus ideas, para darle algo más de vida a la historia

Así que dejen Reviews, porque si no Draco se enfadará y los hechizará a todos! XD

Besos ¡Hasta la próxima!