Capitulo 1

Sin Poder Recordar.



-Prongs.- se escuchó un fuerte grito. James continuaba caminando hacia la torre Gryffindor, mientras una pequeña sonrisa curvaba sus labios. Estaba cansado tanto de cuerpo como de mente, pero se sentía pleno. Siguió caminando ajeno a los gritos que estaban a su alrededor. En ese momento, él estaba desconectado del mundo. Sólo pensaba en todo lo que había ocurrido en ese día. Sobretodo, en la castaña que había estado en sus brazos.

Aún recordaba la tersura de su piel, mientras la cargaba y lo provocativos que estaban sus labios, se preguntaban si sus labios se sentirían tan suaves y dulce como imaginaba. Mentalmente se reprendió por ese pensamiento. La pobre estaba muy herida y él pensando en como sería besarla. Negó con la cabeza, mientras su sonrisa persistía. Para que engañar, no se puede negar el instinto. Él era un hombre, y peor aún, uno adolescente. ¿Y como no sentirse tentado a besar a una chica con semejante cuerpo y cara? Si parecía sacada de lo más recóndito de su imaginación. Esa chica era definitivamente su tipo.

En ese momento, sintió como era detenido en su camino, para luego ser girado bruscamente por alguien. Enarcó una ceja al ver de quien se trataba. Un joven de cabellos negros, algo más largos de lo permitido, con un par de ojos grises, los cuales lo miraban enojado, mientras llevaba el ceño fruncido. Ese era su mejor amigo. El "Maravilloso", como él mismo se había autodenominado, Sirius Black.

-Prongs! ¿Estás sordo o qué? Llevo llamándote un buen rato- le espetó con rabia, pareciendo más un gruñido que otra cosa. En ese momento, James se vio a si mismo siendo zarandeado de un lado para el otro, por los potentes brazos de Sirius, quien esperaba una respuesta. Y rápido.

-Pad, si dejaras de hacer eso, tal vez podría contestarte mejor. Me estas mareando.- respondió el moreno en tono bromista, pero al ver la cara de pocos amigos que le mandaba Sirius, desistió en hacer otra broma en lo que quedaba del interrogatorio.

-Habla Prongs, que no tengo todo el tiempo del mundo. ¿Dónde diablos estabas, que casi me llevas por delante en el pasillo?- preguntó Sirius con impaciencia. Estaba algo preocupado al ver entrar a su amigo de esa manera al castillo. James estaba algo extraño en los últimos días y no se sabía porque, y Sirius comenzaba a preocuparse por él. No por nada, lo consideraba como un hermano.

-Tranquilo Sirius, estaba en el campo de Quidditch. Fui a volar un rato.- fue la respuesta del moreno.

-¿En serio? ¿Y porque te vi con una chica en brazos entrando corriendo rumbo a la enfermería? y ahora te veo sucio de sangre. Prongs, dime que pasó allá afuera.- preguntó Sirius, mientras observaba detenidamente la ropa de su amigo. James también observó su ropa y supo que su amigo tenía toda la razón. Estaba sucio de sangre, la sangre de aquella chica.

-Ok Padfoot, te lo contaré todo. Pero al menos vamos a la sala común, tengo unas ganas inmensas de darme un baño que no las aguanto y debemos darnos prisa, que la cena pronto empezará.- respondió James con una sonrisa resignada, para luego suspirar con cansancio, ante la atenta mirada de su mejor amigo. En silencio, comenzaron a caminar hacia la torre donde residían sus habitaciones. Mientras que James intentaba ordenar sus ideas y poder explicar bien todo lo que había pasado en ese día.


Estaba algo aburrido, por lo que decidió caminar un poco por el castillo. Hacía buen tiempo y prefería estar afuera, que encerrado todo el día en su sala común. Además, de que sus admiradoras debían estarlo extrañando en su ausencia.

Si, definitivamente debía darse un paseo por el colegio. ¿Quién sabe que sorpresa podría estar detrás de la primera esquina? Sonrió burlón ante ese pensamiento. Supongo que no me haría mal llevarme una pequeña sorpresa un día de estos, sobretodo con lo aburrido que esta el castillo. Pensó con tranquilidad, mientras salía de su sala común.

Iba a paso tranquilo, sin prisas ni preocupaciones. Eso era lo bueno que fuera sábado, ya que no habían clases y no era necesario tener el uniforme puesto. En ese momento llevaba puesto un pantalón negro con una camisa manga larga blanca debajo de un jersey de color negro. Su cabello lucía algo despeinado. Le gustaba llevarlo de esa manera cuando vestía informal. Sonrió levemente y notó como una chica de Ravenclaw que cruzaba la esquina por donde el también iba se le quedaba mirando fijamente mientras sus mejillas comenzaban a teñirse de rojo y sus ojos se veían brillantes. Patético. Eso era realmente patético, ya que al fin y al cabo, ella debía saber que él no le haría ni el menor caso. Siguió andando sin quitar la sonrisa de su rostro, es más, la volvió más atrayente sólo para darse el gusto de ver como se derretían las jóvenes que pasaban junto a él.

Arrogante. Si. Mucho en realidad, pero bastante orgullo de serlo. Es más, ¿Cómo no serlo con el físico que poseía? Rió ante ese pensamiento. En fin, mejor seguir de largo antes que se reunieran más chicas a su alrededor. Le gustaba la atención, es más, le encantaba. Pero también llegaba a ser agobiante, y en ese momento no quería sentirse agobiado. Quería estar tranquilo.

Dobló una de las esquinas del castillo y se vio completamente solo y en silencio en uno de los corredores cercanos a la enfermería. Pero no prestó mucha atención a ese pensamiento y siguió caminando tranquilamente. Escuchó pasos cerca de donde estaba él pero los ignoró por completo, ya que no interesaba mucho quien viniera en sentido contrario. Poco a poco los pasos se tornaban más sonoros y más cercanos, lo que indicaba que la persona se acercaba. Él iba demasiado concentrado pensando como para fijarse por donde iba o por donde caminaba la otra persona.

Siguió de largo y de un momento a otro sintió que algo había chocado con él y lo había empujado hacia al suelo. Cayó sentando y contra la pared, golpeándose levemente la cabeza con la dura roca y obligándolo a cerrar los ojos por el dolor punzante que sintió de inmediato. Maldijo por lo bajo y se dispuso a insultar a aquel que lo había tropezado. En ese momento se percató de un ligero peso sobre sus piernas y abrió sus ojos para ver a la persona que sería el objeto de sus insultos.

Su boca quedó levemente desencajada por una fracción de segundo, antes de que él tomara una expresión serena como le habían educado que hiciera en cualquier ocasión en que se sintiera sorprendido. Sobre sus piernas se encontraba recostada boca abajo una joven. Una joven de larga y ondulada cabellera castaña, con un cuerpo bien proporcionado y en una posición un tanto sugestiva. La observó momentáneamente mientras ella se sobaba las partes afectadas por el golpe y mientras se reprendía a si misma por su despiste. Sonrió ante esa reacción por parte de ella. Le causaba gracia que se estuviera regañando en voz alta, le hacía ver infantil y tierna. Tierna, era la primera vez que usaba ese adjetivo en alguien después de tantos años. Se golpeó mentalmente, pero aún así no logró cambiar de parecer.

Poco a poco sintió como ella se levantaba de encima de él y se sentaba en el piso de piedra frente a él. La vio sonreírle con algo de vergüenza antes de que pudiera hablar, sin mantener contacto visual. Y se perdió en su boca. En esa pequeña y apetitosa boca de color rosa. No sabía que bien había hecho al mundo, para que se le cumpliera el deseo de que algo interesante pasara en ese aburrido colegio. Y vaya que era interesante.

Observó detenidamente como tomaba aire y levantaba el rostro para quedarse por unos cuantos instantes perdida en su mente. Sus ojos, un par de ojos color miel. Ojos que en ese momento parecían mirar más allá de él.

-Draco.-escuchó que ella dijo. La miró interrogante, notando que ella regresaba a la realidad y lo miraba fijamente, antes de sonreírle alegremente. -Lo siento Draco, soy una torpe y se que me merezco la retahíla de insultos que pensabas darme por no prestar atención por donde camino, pero es que me siento algo perdida y no se donde estoy.- confesó con la mirada fija en él y con una sonrisa algo nerviosa, que la hacía lucir curiosamente encantadora. Sonrió levemente ante el pensamiento y se dio cuenta que ella lo había llamado por otro nombre diferente al de él.

-Lo siento cariño, pero yo no soy Draco. Mi nombre es Lucius, Lucius Malfoy.- dijo con voz suave y tranquila, mientras la observaba fijamente intentando ver cada una de sus reacciones.


-Profesor Dumbledore. Profesor Dumbledore.- se veía una agitada Madame Pomfrey entrar a la oficina del Director del más Prestigioso Colegio de Magia y Hechicería del Reino Unido, con el cabello desordenado por la carrera y la cara roja por el esfuerzo físico realizado al llegar corriendo desde la enfermería.

-¿Qué sucede Poppy?- preguntó el anciano director al ver entrar por la puerta de su oficina a la enfermera.

-Albus, esta tarde el señor Potter encontró a una joven desconocida en el campo de Quidditch del colegio con múltiples heridas de gravedad, la llevó a la enfermería y la dejó a mi cuidado. Pero tuve que dejarla sola descansando mientras iba a buscar unos ingredientes que me iba a dar Pomona, para al regresar encontrarme con la enfermería vacía.- comenzó a explicar aceleradamente, casi sin respirar. -¿Quién sabe donde estará esa jovencita, y sobretodo si estará bien? Ella estaba muy malherida y aún no se ha recuperado del todo.- completó la enfermera con preocupación.

Albus la escuchaba en silencio, meditando sus palabras. Algo interesante estaba sucediendo en Hogwarts y él quería averiguar lo más posible. Sonrió para si mismo y se levanto de su asiento, para luego acercarse a la enfermera y encaminarse juntos a la salida de la oficina.

-No te preocupes Poppy, la encontraremos.- fue la simple respuesta del director, tranquilizando a la preocupada mujer, quien suspiró con más tranquilidad. Y sin más, salió de su oficina con paso tranquilo. Sentía curiosidad por esa joven y el porqué se encontraba en su escuela.


-Lucius, me gustaría que me llevaras afuera, si no es molestia.-dijo la joven con una mirada soñadora mientras detenía su caminar y observaba el lago y los jardines del colegio a través de la ventana. Habían estado recorriendo el castillo a petición de ella y sin saber muy bien porqué, él no se había podido negar. El rubio la observaba sonriente por la emoción que mostraban los ojos miel de la chica al observar el bello paisaje. Era de tarde y la brisa soplaba suavemente sobre los arboles. Era un día perfecto para pasear, y que mejor con la compañía que tenía.

-Claro, como gustes.- respondió él mientras la tomaba de la mano y comenzaba a guiarla por los pasillos de la escuela. Iban caminando tranquilamente y en silencio. Ella observaba todo a su alrededor, sorprendiéndose por lo que sus ojos veían, mientras que él, la observaba a ella. Una sonrisa apacible se encontraba en el rostro del rubio, mientras la observaba. En ese momento no vio lo que venía hacia él y chocó con alguien más. Murmuró palabras in entendibles, al tiempo que pensaba enojado que era la segunda vez que le pasaba en el día. Se levantó con lentitud y toda la parsimonia inculcada por años de enseñanza, para luego limpiar cualquier rastro de polvo o suciedad de su ropa. Y luego de esto, se fijo en quien había sido el causante de su caída. Y allí, entre varios libros regados, una joven pelirroja yacía, mientras intentaba recogerlos todos.

-Lo siento, pero no veía por donde caminaba.- se disculpó la pelirroja sin mirar a la persona con la que había chocado, mientras recogía cada uno de los libros con cuidado.

-Más te vale tener más cuidado la próxima vez que andes por ahí, sangre sucia.- espetó el rubio. La joven pelirroja levantó su rostro del suelo y observó al rubio con rabia contenida, para luego ignorarlo mientras seguía con su labor. Lucius sonrió triunfante, pero luego sintió un golpe en la cabeza, en donde anteriormente se había lastimado, por lo que sintió nuevamente un dolor punzante.

-Lucius, no seas grosero con Ginny.- dijo la castaña mientras se agachaba y ayudaba a la otra joven a recoger sus pertenencias. La pelirroja la observó en silencio por unos segundos con algo de suspicacia y desconfianza, mientras veía como la joven recogía los libros con extremo cuidado y con una sonrisa en sus labios para luego pasárselos. Pero notó que ese par de ojos eran trasparentes y la castaña parecía no tenerle ningún sentimiento o pensamiento negativo hacia ella. La pelirroja sonrió de vuelta y aceptó los libros de buena gana, mientras se colocaba de pie.

-Ginny, por favor disculpa a Lucius, está algo enfadado porque hoy ha sido tirado al suelo dos veces.- explicó la castaña con tranquilidad, sorprendiendo al rubio por lo acertado de su explicación, pero aún así bufó mostrando no estar de acuerdo con las palabras de la castaña. El no tenía pensado disculparse con una sangre sucia. La pelirroja la observó con sus ojos verde esmeralda por unos segundos antes de girarse a ver al rubio, y luego asintió imperceptiblemente a la joven, quien estaba sonriente. -Lucius me esta mostrando el castillo y ahora me va a llevar afuera. ¿Quieres unirte?- preguntó la castaña de la nada, sorprendiendo a ambos jóvenes, que se miraron unos segundos con odio, para luego posar sus ojos sobre ella.

-No sé si pueda, ya que tengo que llevar los libros a mi sala común y luego…-comenzó a excusarse la joven, pero se vio interrumpida por la castaña, quien había sacado rápidamente su varita y sin decir palabra alguna, había encogido todos los libros de la pelirroja a tal tamaño que podrían caber fácilmente en su bolsillo.

-Ya esta. Ahora no tienes excusa. Por favor acompáñanos, eres la única persona, aparte de Lucius, que conozco aquí y me gustaría hablar un poco más contigo.- dijo la castaña con cara de cachorrito, lo que hizo que la pelirroja soltara un suspiro resignado y asintiera en silencio, lo que obtuvo una sonrisa amplia como agradecimiento. En eso, los tres comenzaron a caminar en silencio. La castaña iba en el centro, mientras a los lados de ella iban Lucius y la Pelirroja que trataban por todos los medios de ignorarse mutuamente.

Iban cada uno concentrados en sus pensamientos, hasta que la pelirroja se dio cuenta de algo. La joven con la que iba caminando la había llamado Ginny.

-Disculpa pero creo que me has confundido. Mi nombre no es Ginny. Yo me llamo Lily, Lily Evans.- dijo la pelirroja mientras seguía caminando. Lucius iba pendiente de la conversación, y recordó ese detalle. A él también lo había confundido con un tal Draco y ahora confundía a la sangre sucia de Evans, con una tal Ginny. ¿Quién vendría después, confundiría a Potter o algunos de sus amigotes con alguien más y lo invitaría a andar con ellos?

-Lo lamento, no fue intencional. Es solo, que creí que eras alguien más.- explicó la castaña con suavidad.

-¿Alguna amiga tal vez?- preguntó Lily, sólo para continuar la conversación.

-En realidad, no lo sé.- fue la respuesta de la castaña, dejando sorprendida a Lily.

-Bueno, ahora que sabes mi nombre, creo que me merezco saber con quien hablo.- dijo en tono divertido Lily, mientras observaba a la castaña. Lucius prestó total atención en ese momento, ya que a él se le había pasado preguntar el nombre de su acompañante. Se sorprendió de lo poco atento que había estado ese día y se prometió no volverlo a repetir.

En ese momento vieron como la joven se detenía y sus ojos se nublaban por la confusión. Tanto Lily como Lucius esperaban una respuesta a la pregunta anteriormente formulada y al extraño comportamiento de la joven, por lo que la observaron en silencio, mientras veían como la sonrisa desaparecía del rostro de ella.

La vieron murmurar en voz baja después de los eternos segundos en que permanecieron en silencio, pero aun así, no pudieron escuchar lo que había dicho. La joven castaña buscaba en lo más profundo de su memoria, pero nada. No podía recordar nada de si misma. Ella notó como los jóvenes la observaban expectantes y se dio cuenta que no la habían escuchado. Por lo que trató de tragar el nudo que sentía en la garganta y poder decir lo que su mente había descubierto.

-No puedo responder a eso.- comenzó a decir, dejando extrañados a ambos jóvenes, quienes se miraron interrogantes entre ellos, olvidando momentáneamente el odio mutuo, para luego volver a posar su mirada sobre la castaña que se notaba cada vez más perturbada. Unas lágrimas acudieron rápidamente a los ojos miel de ella y los empañaron con rapidez, dejando más confundidos y sorprendidos a ambos jóvenes, quienes la miraban preocupados y alarmados. -No puedo contestar porque yo no recuerdo cual es mi nombre.- respondió la joven mientras soltaba las lágrimas de impotencia que había retenido en sus ojos.