-Enserio lamento la tardanza pero no he podido tener la película a mi alcance para escribir más rápido ya que mi señal de Internet es bastante...compleja. Perdón por la tardanza, prometo escribir tanto como mi tiempo y situación lo permita. :3
-Como es claro, la historia no me pertenece en lo absoluto. Ni los personajes que son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo estoy realizando una adaptación de la historia.
Para la familia Uzumaki el haber dejado su antigua casa a favor de un hogar nuevo, más espacioso y bucólico era una apuesta difícil y complicada. Naruto llevaba tiempo ahorrando el dinero suficiente para comprar una casa así y esta encajaba exactamente con su presupuesto…además de lo que necesitarían para pagar las reparaciones y el corte de la mudanza.
Pero, si, podían pagarla perfectamente.
-Llegamos—anunció Naruto deteniendo el auto.
Hinata, sentada a su lado en el asiento del copiloto, abrió la puerta y salió inmediatamente en compañía de sus hijos y e hijas que comenzaron a bajar, algunos muy emocionados, y Boruto no tanto, aunque él, a medias, tenía justificación para actuar así.
-Ya cierren la boca—se quejó Boruto que llevaba todo el camino escuchando los chillidos de sus hermanas y hermano menor.
El rubio, de casi quince años, se había visto forzado a dejar a todos sus amigos en la ciudad producto del traslado familiar a la vida, por así decirlo, "campestre". Había estado a nada de tener su primera novia, pero había desechado tal idea al notar que una relación a distancia hubiera sido un verdadero fiasco en su situación. Y ahora tenía que tolerar a sus insoportables hermanas y hermano menor todo el camino. ¿Estaban probando su paciencia? Pues eso era un error ya que era, por no decir nada, escasa.
Naruto, cerrando la puerta del vehículo y viendo que ya la mayoría de sus hijas e hijos habían bajado, observo a su esposa que tomaba aire después del viaje a través de la carretera.
-¿Oyes eso?—le preguntó divertido.
-No, no oigo nada—le respondió Hinata, confundida por su pregunta.
-Exacto—respondió Naruto en el acto, haciéndola reír.
Hinata inmediatamente siguió sus cuatro hijos que por poco y derriban la puerta, emocionados por entrar a su nueva casa para elegir habitación. Hinata debía de admitir que está igualmente emocionada que ellos, Naruto y ella habían esperado mucho y ahorrado cada centavo que les había sido posible para tener esa casa…y ahora era suya.
-Genial, estamos en medio de la nada—se quejó Boruto. El rubio volteo a ver a su padre antes de entrar. -¿Puedo elegir mi habitación o tampoco tengo alternativa?—pregunto a regañadientes, entrando a la casa y dándoles la espalda a sus dos padres.
Naruto observo a Hinata, que estaba de pie en la entrada observando a Boruto entrar completamente desganado. El rubio no sabía cómo tener paciencia para con su hijo mayor que les estaba dando a ambos, sobre todo a él, varios dolores y quebraderos de cabeza, como todo adolescente.
-Bueno, era la primera novia que tendría—recordó Hinata a Naruto, en voz alta, -ya lo superara—lo alentó ella.
-¿Tú crees?—le pregunto Naruto notoriamente dudoso.
-Eso espero—finalizó Hinata antes de entrar.
El rubio, solo con sus pensamientos y con el pequeño perro Akita Inu que tenían por mascota, negó para sí mismo. Lentamente camino hacia la casa pero se detuvo en espera de ingresar junto a su fiel amigo y compañero, Shiro quien para su sorpresa se quedó parado en la entrada sin atreverse a ingresa, como si sintiera miedo a algo que Naruto no podía ver.
- Entra Shiro—le ordeno a su perro que siempre obedecía diligentemente, más esta vez el pequeño perrito se quedó quiero en su lugar, gimiendo de forma lastimera. -¿Qué te pasa?—le pregunto acercándose a él hasta sujetarle el collar que jalo en un intento porque el entrara, más no lo hizo pese al esfuerzo de Naruto. –Camina—pero Shiro siguió quieto en su lugar, como si hubiera algo en el interior de la casa que le resultara inquietante o peligroso. Naruto jamás recordaba haberlo visto así. -Está bien, como quieras.
Naruto, viendo que no podía hacer nada para que su perro entrara, lo dejo ser y en su lugar ingreso a la casa sin pensar en aquello que podía estar asustando a Shiro.
Cosas de perros, pensó Naruto únicamente.
La mudanza había llegado solo unos minutos después que ellos y eso había servido para comenzar a darle forma y lugar a toda la que, ahora, era su nueva casa. Incluso Boruto había recompuesto su habitual mal humor en pro de ayudar a su madre, hermanas y hermano mientras su padre dirigía a los encargados de la mudanza. Si había algo que Boruto apreciaba de la nueva casa era el espacio; ahora si podría tener una habitación para el solo ya que era mayor que sus hermanas y hermano. Ellos podían compartir pero él no aceptaría menos.
-Boruto ¿Sabes dónde está mi móvil?—se le acerco Isae.
De todos sus hermanos, y tenía cuatro, Isae era con la que mejor se llevaba. La rubia de larga cabellera rubia y orbes perla, iguales a los de su madre, era pasiva y nunca le daba problemas. Podía sentarse a su lado toda la tarde, centrada únicamente en dibujar y el disfrutaba de ese silencio en que podía hacer aquello que quisiera. Además de que ella no era una entrometida como Kushina o Himawari, y esta última le daba miedo por su mal temperamento.
Si la viera la abuela, pensó Boruto para sí mismo recordando a su abuela Kushina en base a los relatos de su padre.
-Creo que lo tiene Kushina en la sala—le respondió tras haber revisado la caja que tenía frente a él y no encontrar nada.
-Gracias—le respondió Isae al instante, corriendo hacia la habitación continua—la sala—donde Kushina descargaba varias cosas de una caja. Al verla igualmente atareada dudo en si debía preguntarle o no, pero finalmente lo hizo; -oye Kushina, ¿has visto mi móvil?
Revisando el interior de la caja, ante la pregunta de su hermanita, Kushina extrajo un sencillo móvil de largas figuras de metal pintadas con pintura metálica y listas gris perla que se sostenía en su base gracias al emblema de la familia Uzumaki. La pequeña rubia asintió vigorosamente al reconocerlo
-¿Es este?—pregunto Kushina con diversión al ver la expresión soñadora de su hermana.
-Si, gracias—respondió la rubia dispuesta a tomar su móvil.
Pero su hermana, un tanto más alta, se lo impidió sujetándolo lo suficiente más alto como para que su hermanita no pudiera alcanzarlo como disponía. La observo retadoramente con la mirada, dándole a entender que tendría que esforzarse si lo quería de vuelta.
-Tienes que alcanzarlo—la alentó Kushina, retrocediendo.
La pequeña, aunque rápida, rubia, salto y avanzo siguiendo muy de cerca a su hermana que se divertida al frustrarla y causarle un bochorno. Pero si algo había heredado Isae de su padre era su determinación y eso la incito a seguir intentando pese a las bromas de su hermana.
-Kushina, basta—le gritó Isae al lograr alcanzar el móvil, arrebatándoselo de la mano.
La peliazul se encogió de hombros y la dejo pasar.
-Ya, no llores—se burló más la rubia la ignoro.
Con su móvil en la mano, Isae atravesó la sala y otro pasillo más hacia la cocina donde su madre desempacaba los platos y utensilios por si sola. Deteniéndose al lado de ella, más sabiendo que su madre no aceptaría ayuda en ello, Isae solo se quedó ahí para preguntar.
-Oye mamá, ¿puedo colgar mi móvil?—le pregunto ya que su madre seguramente ya había visto toda la casa.
Hinata detuvo su trabajo y volteo a ver a su hija que estaba a su lado.
-Claro, afuera hay un lugar donde puedes ponerlo—apenas respondió Isae camino hacia la puerta. -Hija, dile a Himawari que entre, oscurecerá pronto—le indico alzando un poco la voz al ver a su hija abrir la puerta y salir a colgar su móvil.
Subiendo a una especie de hamaca que estaba en la parte trasera de la casa, Isae colgó su móvil sobre un gancho escuchando la melodía que se producía cuando el viento hacia chocar las figuras entre sí, cosa que la hizo sonreír. Busco con la mirada a su hermana menor, Himawari, encontrándola-en su rango de visión—sentada contra un gran árbol, con algo en sus manos.
-Himawari, entra, mamá dice que es tarde—le gritó Isae al verla distraída y metida en su propio mundo.
-¡Mira lo que encontré!—le gritó, igualmente, Himawari.
Viendo que su hermana no respondía a su llamado, Himawari siguió jugando con aquel extraño juguete con el que, al girar la manecilla, veía a una niña detrás de ella que lucía muy amigable. Notando las nubes avanzar a paso veloz, cerro la cubierta del juguete y regreso con el hacia la casa, corriendo.
Ya vería que era eso, más tarde.
Kushina e Isae hacían girar a Minato que tenía los ojos vendados y que intentaba no caerse por culpa de ellas si es que terminaba mareado.
Ya era tarde y se habían aburrido tras haber desempacado gran parte de sus cosas, más aún quedaban varias que terminarían de ordenar y ubicar al día siguiente. Por ahora, y siendo niños como eran, solo querían jugar y corta con la seriedad por un rato.
-Uno, dos, tres—contaban los tres al mismo tiempo.
Aunque el pobre Minato más que contar intentaba retener su propio estómago y paleaba por no caer de rodillas al suelo producto de los mareos, aferrándose a las manos de sus hermanas que lo hacían girar En cuanto escucho que ellas contaban tres, se sintió endeble ya que ellas habían corrido a esconderse..
-¡No veas!—escucho la orden de Kushina cuya voz se alejaba.
Siguió girando por mera inercia, como se suponía que debía hacerlo por el juego, e intento no caer producto de su debilidad. Busco apoyo en la pared y así pudo girar sin perder el equilibrio.
-cuatro, cinco—conto el mismo sin parar de girar.
Corriendo y mirando cada lugar había y por haber para esconderse, Kushina e Isae involuntariamente chocaron contra su padre a quien, chistándolo, le pidieron que guardara silencio para que Minato no supiera donde estaban.
-Oigan, ¿ya se terminaron la pizza?—preguntó Naruto con la caja de pizza entre las manos cuando sus hijas pasaron a su lado. -No quiero que se desperdicie. Es muy costoso alimentarlos—se quejó más para sí mismo.
Se retiró, dejándolas jugar. Ya vería cuando podría regañarlas por jugar antes de comer. Si las cosas seguían así perdería todo el dinero en comida que se desperdiciaba inútilmente.
-Siete, ocho, nueve, diez—termino de girar Minato, encontrando estabilidad antes de decidirse a buscar. -Listas o no halla voy—dio a saber el peliazul, comenzando a caminar. Se sentía todavía más perdido al no ver y conocer la nueva casa. Las cosas no eran como en la casa anterior donde conocía el orden de las cosas, ahora no tenía ni la más remota idea de donde estaba las cosas. –Aplaudan—señalo el Uzumaki.
Escucho dos aplausos, uno en una dirección y un segundo, casi inmediato, en otra dirección. Siguió el rastro del que había escuchado primero, pero casi cae producto de una caja que se encontró en su camino, acción mediante la cual asusto a su madre que pasaba por el pasillo.
-Niños, no conocen bien la casa, se van a lastimar—advirtió Hinata a Minato que asintió, con los ojos vendados.
-Bien, bien—respondió únicamente sin ver a su madre entornar los ojos, pero casi adivinando que lo había hecho, -segundo aplauso.
Kushina aplaudió y, casi inmediatamente, Isae que estaba en otro lado, desorientando a su hermano, cosa que su madre Hinata, que estaba ahora subiendo las escaleras, noto inmediatamente, observando reprobatoria y burlonamente a su hija.
-Tramposa—susurró Hinata a modo de crítica para su hija.
Minato, usando sus manos para tantear el terreno, sintió la pared mediante la cual avanzo hasta encontrar una puerta. Sostuvo y giro la perilla, abriendo la puerta y estando seguro de que ahí se encontraba alguien.
-Aplaudan—demando escuchando el inmediato aplauso de alguien contra quien se lanzó, triunfante. -Te tengo—escucho el ruido de, contra quien se había lanzado, chocando su espalda contra las tablas de la pared a sus espaldas las cuales aparecieron caer. Se quitó la venda dándose cuenta de que a quien había atrapado era Kushina. -¿Estás bien?—le pregunto, preocupado por la fuerza de su exabrupto.
-Si—respondió Kushina.
Naruto, tras escuchar el ruido de algo cayendo en una de las habitaciones, supo que había pasado; sus hijos habían roto algo. Camino rápidamente hacia donde escucho el ruido encontrando a todo sus hijos, incluso a Boruto que observaba curioso la abertura que habían hecho Minato y Kushina.
-Haber, ¿y ahora que rompieron?—los regaño, abriéndose paso entre ellos para entrar en esa habitación que, desde su llegada, no habían examinado. -Déjenme pasar, por favor—pidió encontrándose con el hueco en la pared, producto del juego entre Kushina y Minato. Eso no parecía una rotura, parecía que habían tapado ese pasaje por un propósito que, hasta ahora, el Uzumaki desconocía, -Kushina, tráeme los fósforos por favor—pidió Naruto al no conseguir ver nada de lo que había al otro lado.
El Uzumaki comenzó a apartar las tablas para despejar el espacio, ante la atenta mirada de sus hijos. Hinata, que había escuchado el golpe, bajo las escaleras rápidamente y se dirigió hacia donde se encontraban sus hijos.
-¿Qué paso?—pregunto asustada al ver que todos sus hijos se encontraban allí, y Kushina regresaba con fósforos de la cocina.
-Kushina rompió algo—acuso Minato
-¿Qué se rompió?—pregunto Hinata, de pie tras sus hijos.
-La pared—le respondió Kushina, con los fósforos aun en la mano y sin entregárselos todavía a su padre.
Naruto aparto lentamente las tablas, abriendo el espacio que antes había formado una puerta y observo el interior que se encontraba completamente oscuro y cuyas luces eléctricas claramente no funcionaban ya que el había oprimido el interruptor.
-Al parecer tenemos un sótano—volteo a verla Naruto. –Fósforos—pidió haciendo que Kushina se los entregara, -gracias.
Hinata, escuchando a sus hijos pedir desesperadamente ver que era lo que había allí. Naruto entro sin titubeo alguno con los fósforos en la mano, y uno encendido para iluminar lo que había allí abajo. Sin saber porque, pese a confiar en él, Hinata sintió miedo al verlo desaparecer en el umbral de aquellas tablas, casi como si presintiera que algo podía pasarle.
-Todos podrán ver—los tranquilizo Hinata. El no escuchar a Naruto la estaba asustando, casi contaba los segundos que pasaba ahí abajo y eso solo la ponía todavía más nerviosa. -Naruto, ¿Qué hay ahí abajo?
El Uzumaki, en el sótano, iluminaba lo poco que le era visible con ayuda de un fosforo, analizando objetos viejos como un piano y cientos de cosas que parecían verdaderamente sacadas de un vertedero y que no llamaron en lo absoluto su atención.
-Pues…no estoy seguro, hay un piano muy viejo…y bastante basura—enumero Naruto justo antes de que el fosforo en su mano se apagara, dejándolo completamente a oscuras. -¡Rayos!—maldijo su lentitud.
Hinata sentía el corazón en vilo al haber dejado de escucharlo. No sabía porque pero sentía mucho miedo.
-Naruto. Sube ya—le pidió intentando no sonar paranoica.
El chirrido de las escaleras la alerto justo antes de que Naruto apareciera con los fósforos en la mano y una mirada crítica hacia sus hijas. Hinata sintió el alma volverle al cuerpo y se contuvo de lanzarse a abrazarlo por mera inercia.
-No quiero que bajen, está lleno de arañas—ordeno Naruto sabiendo que la advertencia de arañas sería suficiente para mantener a sus hijos alejados, y de hecho fue así ya que todos se retiraron inmediatamente, decepcionados por la respuesta de su padre. -Tenemos un espacio extra, lo revisare mañana—le comunico a Hinata mientras se retiraban y Naruto cerraba la puerta.
Hinata lo observo confundida.
-¿Por qué lo cerraron con tablas?—se preguntó ella en voz alta.
El rubio sencillamente se encogió de hombros pues el tampoco encontraba una respuesta a tal interrogante.
-No lo sé—respondio Naruto, envolviéndola en un abrazo mientras se dirigían hacia la escalera.
-Estoy muy cansado—se quejó el rubio al escuchar como sonaban las articulaciones de su cuello.
Naruto entro en su, ahora, nueva habitación, completamente agotado. Únicamente con la idea de tumbarse sobre la cama y dormir inmediatamente. Todo su cansancio se esfumo al ver a su bellísima esposa, de pie junto a la ventana, con la mirada preocupada y fijo en algo que había en el exterior, lo cual lo preocupo. Se acercó por detrás de ella y, abrazándole la cintura, observo por sobre los hombros de ella a Shiro que seguía afuera, ladrando fuertemente hacia la casa.
-Algo le pasa a Shiro—dijo Hinata en voz alta.
-Si, y no sé cuál es su problema—le respondió Naruto, encogiéndose de hombros, -no pude lograr que entrara a la casa.
Hinata giro su rostro para verlo a los ojos haciendo que Naruto se diera cuenta de que su preocupación, por más extraño que parecía, no lograba desaparecer pese a su explicación, es más, ella lucia todavía más preocupada.
-No podemos dejarlo afuera—respondió Hinata únicamente, negando con su cabeza.
Ella tampoco podía creer el extraño comportamiento que estaba teniendo Shiro. Jamás había actuado así en todos los años que llevaba con ellos. Naruto le beso el hombro y abrazo igual de cálidamente.
-Está bien, tiene la cadena—respondió él, pero sabiendo que, ni con eso, Hinata se quedaría conforme. -Shiro, ya cállate—demando Naruto con voz fuerte, escuchando al canino Akita Inu ladrar un par de veces antes de guardar silencio.
Sonriendo ligeramente, Hinata se giró por completo hacia su esposo, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de él y sintiendo los suyos alrededor de su cintura. Pese a todo el esfuerzo hecho durante el día, la felicidad que sentían era enorme, sobre todo ella que comprendía muy bien el sacrificio que Naruto estaba haciendo al cambiarse de casa tan abruptamente.
-Gracias por todo esto, sé que fue complicado—agradeció Hinata sin apartar sus ojos de los de su esposo, -será fabuloso, ¿no crees?—lo alentó con una deslumbrante sonrisa.
-Yo creo que ya lo es—respondió Naruto con un beso.
En ese beso, que duro unos segundos, Naruto supo que se le había esfumado el cansancio producto de la presencia de ella, su mayor felicidad que lo llenaba de una paz y plenitud que, en el pasado, había creído o considerado imposible.
-¿Estás muy cansado para estrenar la casa?—le preguntó Hinata, tímida pero coquetamente al romper el beso.
Naruto tenía muchas cosas que elogiarle a su esposa, los hijos que le había dado, la felicidad que le brindaba cada día, la calma que le transmitía sin importar cual fuese la situación. Con ella era feliz como—y estaba seguro—no lo hubiera sido jamás con ninguna otra persona. A ella jamás podría negarle nada.. Y para ser honestos…a él ya se le había pasado el cansancio.
-No mucho—menciono sin demasiado interés, actuando, antes de cargarla sin el menor esfuerzo, dirigiéndose hacia la cama, -parece que el cansancio se va.
Hinata no pudo evitar reírse cuando Naruto la recostó sobre la cama, con el encima.
Pese al ambiente de alegría y paz que reinaba en la casa…había algo que lo tenía a todos intranquilos. No podían entender que era ese algo, pero fuera lo que fuere aquello se sentía peligroso…y puede que, hasta entonces, Shiro hubiera sido el único que se hubiera dado cuenta con la suficiente antelación como para no entrar en la casa.
PD: nuevamente perdón por la espera y gracias por los comentarios. Si, escribí la historia porque vi que nadie había decidido hacer una adaptación y a mi me pico la curiosidad el hacerlo. :D espero que no le parezca mal a nadie y de ser así, por favor dígalo. Hay que ser honestos. Además yo solo escribo por gusto y sus comentarios son muy apreciados por mi :D gracias
