Misterio O1
Welcome to Gravity Falls.
¡Se había cumplido! Al fin su condena había terminado junto con esos tres largos años de secundaria. El verano apenas comenzaba. Hizo sus maletas, preparo un boleto de autobús y se preparó mentalmente para lo que le esperaba ahora de regreso en ¡Gravity Falls! Donde por fin regresaría a pasar su verano. Al fin podría volver a ver a su hermano.
Subió corriendo al autobús. Evitando tropezar. Escogió un asiento del lado de la ventana y observo la estación de autobuses con todas las personas despidiéndose de sus seres queridos.
—¡Cariño! ¡Buen viaje!
—¡Saluda a tu hermano de parte nuestra Mabel!
Observo a sus padres, quienes se dependían de ella con alegría y su madre con incluso algunas lágrimas.
No muchos viajaban hacia el norte de Oregón, especialmente al condado de tronco suelto, a su pueblo olvidado del mapa como lo era Gravity Falls. Cuando el autobús por fin dio marcha, la dulce chica observo su celular ilusionada mientras leía la hora. A éste paso, llegaría para el atardecer, quizá un poco más tarde. Su madre había hablado con su tío Stan, él estaba encantado de recibirla. Pero ¿qué tanto habría cambiado? ¿Seguiría en la Cabaña del misterio? Con Soos y Wendy. ¿Cómo estarán las cosas con su Tío Ford? Había sido un milagro que la Cabaña del Misterio siguiera en pie después de tanto.
Con las horas, el autobús fue vaciándose poco a poco. Y el cambio de ciudad a campo comenzó a maravillarla con la vista. Agradecía que al menos Pato le hiciera compañía en su travesía. Su madre le había advertido que el tío Stan la recogería en la estación en cuanto llegara.
¡Ya quería llegar! ¡Como lo deseaba!
Se mantenía tejiendo, puntada tras puntada. Antes era capaz de hacer un suéter en solo 10 minutos. Podía hacerlo ahora también.
Pato lamió su mejilla en cuanto noto que las agujas se le caían y sus manos temblaban, pero es que estaba muy nerviosa.
Ya tenía 15 años. Y hasta eso, su época en la secundaria la había hecho cambiar. Seguía siendo la misma niña adorable y admitía que el último año, la mayoría de los chicos de su escuela le pidieron varias citas y ser su pareja en el baile, se había llenado de amigas y era una de las chicas más populares en el colegio. Pero era rara y lo admitía, también muy torpe. Con aquella rareza que no podía mostrar para ocultar las apariencias y ser en cierto punto aceptada, y eso que siempre había sido muy libre con sus actitudes. Y aunque la secundaria no fue tan terrible como Wendy le había revelado, el primer año había sido de lo más difícil y desolado que había tenido. Y es que por primera vez había estado sola, sin nadie con quien compartir su verdadera forma de ser.
Observo el letrero. "Bienvenidos a Gravity Falls" y los recuerdos llegaron, oh… esos recuerdos. Los grandes bosques, aquellas cascadas y el tanque de agua de Gravity Falls.
El autobús se detuvo. Observo la estación emocionada y se levantó de golpe. Era la única en ese solitario autobús omitiendo al conductor. Bajo las escaleras haciendo rodar su maleta rosa. Con su cabello castaño lleno de flores y hasta la cintura. Con su ropa tan rara y colorida hecha por sí misma y un suéter tejido rojo que llevaba Pato.
Habían muy pocas personas en ese lugar y por eso fue increíblemente fácil encontrar a su tío abuelo Stan. Y que viejo se veía.
—¡Tío Stan! —grito emocionada y comenzó a correr hacia el para luego atacarlo con uno de sus abrazos asfixiantes.
—¡Calabacita! —y el tío Stan la recibió igual de feliz y con algo de dificultad. Y es que la niña ya solo tenía que levantarse de puntillas para poder rodearle el cuello. Cuanto había crecido.
Los saludos solo duraron unos minutos, con Pato pidiendo mimos. Después su tío le ayudo a cargar su maleta y en lo que la guiaba hasta el auto ella no pudo evitar tratar de observar al rededor para ver si alguien más había llegado a recibirla. Pero no fue así.
—Estoy muy emocionada. —comento mientras conducían hacia el pueblo.
—Me alegro mucho por eso. Deje a Soos al cuidado de la cabaña, quería venir también pero Wendy no trabaja hoy y alguien tenía que hacerse cargo. —le respondió.
Y Mabel no pudo evitar hacer la pregunta. ¿Que acaso su hermano no podía hacerlo? No, a decir verdad, ella prefería que fuese su hermano quien la recibiera en la estación. Pero no, así que la pregunta se quedó en su mente de manera de que nadie pudiera escucharla.
—¿Y... cómo están todos?
—Oh bien, todo es... normal hasta cierto punto. Aunque... no sé, creo que debo arreglar algunas cosas en la cabaña. Es el último verano que pasara aquí Wendy antes de que se vaya a la universidad y... Soos ha hecho de su relación con Melody lo más formal. Se casaran dentro de poco.
—¡Ay! ¡¿En serio?! —más emoción. Los recuerdos que le venían de aquella vez en la que ayudo a su amigo a conseguir novia.
—¿Y te digo cuál pienso que sea mi regalo de bodas? —su tío sonrió aún más. Ella solo pudo observarlo inquisitiva. —Pues... quiero darle la cabaña del misterio. Necesita un nuevo dueño y no hay nadie mejor.
—¿En serio? ¡Eso es genial! Soos estará muy feliz. Pero y ¿qué pasara contigo?
—Yo... yo pensaba en retirarme ya. —su tío sonrió con melancolía, pero no le contesto más. En vez de ello siguió hablando del pueblo. La alcaldía, su amiga Wendy, el restaurante con Linda Susan, el viejo McGucket, el tiempo en prisión del ya no tan pequeño Gideon y todas las maravillas extrañas que había en Gravity Falls. Y a pesar de que veía a su sobrina escucharlo con curiosidad, emocionada y sin interrumpir, él sabía que no era en realidad eso lo que le interesaba a la pequeña.
Entonces la chica fue la que le pregunto. —Y... Tío Stan, ¿cómo está el Tío Ford?
—Igual de cerebrito como siempre. —hablo con cierta molestia.
—Y... ¿Y cómo está él?
La miro, sin apartar mucho la vista del caminó. Estaba encogida y observando al piso. Si le fuera posible y un poco menor usaría su suéter como refugio en esas preguntas.
—Él está bien... —respondió. —Te ha extrañado.
Ella sonrió. —Gracias.
Pasaron por todo el pueblo, observando todos y cada uno de los rincones de Gravity Falls, de verdad parecía que todo estaba igual. Todos estaban ahí, si no supiera todo lo que le pasaba a ese pueblo, incluso podría considerarlo como un lugar mucho más común. Estaba asomando su cabeza por la ventana del auto mientras sonreía maravillada. Sintiendo el aire y el olor a pinos del lugar.
—¡Mas rápido Tío Stan! —grito aún más feliz.
Y su tío la obedeció. En menos de cinco minutos llegaron a la Cabaña del misterio. Hogar de todas las cosas más raras y misteriosas del lugar. Claro que la mitad de todas ellas eran falsas.
Bajo del auto con una velocidad impactante y comenzó a correr hacia la entrada de la tienda de regalos. En cuanto entro y la pequeña campanilla sonó Soos ya la tenía en brazos cargándola y abrazándola y revolviéndole el cabello.
—¡Si yo también te extrañe Soos! —reía.
—¡Mabel! Pero qué alta estas, te extrañe tanto. ¡Pato! O pequeño tocino, tu vida siempre es fácil. —bromeo mientras se inclinaba para recoger al animal. Mabel rio encantada.
—¡Soos! —escucho el grito de su tío. —Ven a ayudarme con esto. ¡Estas niñas parece que traen rocas!
—Oh diablos. —exclamo su gran amigo mientras iba por las maletas.
Mabel dio vueltas por el lugar. Si, tenía moho por todos lados, cosas raras, polvo y excesos de pegamento, también el papel tapiz se caía a pedazos, el piso de madera rechinaba como loco y había goteras. Pero aún así era maravillosa.
Entro a la casa y observo todo el lugar. Pero cada que entraba en una nueva habitación deseaba con todo su corazón encontrarlo. Pero ¿dónde estaba? Subió escaleras arriba. Corriendo y casi tropezando en el proceso. ¡Al ático! Ahí debería de estar. En su habitación.
Abrió la puerta sin siquiera medirlo. Y lo único que encontró fue una gran habitación vacía y con una sola cama sin mantas. La observó decepcionada.
—Lo lamento cariño. —su Tío Stan llego y Soos puso la maleta en su habitación.
—Me encargue de que Soos limpiara tu recamara, pero aún hay astillas en la madera así que ten cuidado. —bromeo.
Ella volvió a poner su sonrisa encantadora. —Es perfecto Tío Stan.
Y es que ya lo debió de haber imaginado. Ya no eran unos niños. No podían seguir compartiendo la habitación. ¿Entonces donde dormía él?
—Señor Misterio, he ordenado pizza como me lo pidió. No tardara en llegar. —hablo Soos mientras la abrazaba por un hombro.
—Eso es perfecto. ¿Ya oíste Panquesito? Esta noche celebraremos tu llegada.
Ella rio nerviosamente. —Gracias...
—Te dejaremos para que te instales. La cabaña cierra temprano hoy.
Y la dejaron sola.
Bueno no pasaba nada. Ya estaba acostumbrada a tener su propia habitación. Las cosas si habían cambiado aunque sea un poquito. Tomo su maleta y saco su equipaje acomodando todo en las estanterías. Saco todos los regalos que había traído de la ciudad para sus amigos y los envolvió en papel decorativo con muchos brillos. Tomo su bola de lana, sus agujas y siguió tejiendo puntada tras puntada. Todavía tenía tiempo para terminarlo.
—¡Mabel! ¡Es hora de la cena!
—¡Ya voy! —grito.
Termino la última puntada y remato. —¡Listo! Lo hice. —se alago a sí misma. Mientras Pato exigía que la puerta se abriera para bajar a comer algo. Ella tomo su mochila y de esta saco una bolsa de papel. Metió su creación dentro y la sello con cinta decorativa. Se observó al oscuro y sucio espejo. Acomodo su cabello, cambio uno de sus prendedores de flores y metió su blusa dentro de su short. Suspiro.
—¡Mabel! —su Tío Stan grito de nuevo.
—¡Ya voy! —era la cena. La hora en la que toda la familia se reunía y si eso no era excusa suficiente, se reunían ahora por otro motivo. Su llegada.
Bajo las escaleras y en cuanto toco el piso y llego a la cocina un montón de confeti cayo desde el cielo y los gritos, especialmente de sus amigas, estaban ahí.
Todos le aplaudían, Wendy estaba ahí, también Candy y Grenda. ¡Oh sus amigas!
—¡Como las extrañe! —no pudo contenerse y corrió a abrazarlas. Había pizza, sodas, un pastel, música, y un gran letrero que decía "Bienvenida a casa". Soos puso un poco de su música para hacer más liviano el ambiente y poder tener "la fiesta de chicas" de las que todos hablaban.
Todos estaban preguntándole cosas y abrazándola. Candy y Grenda habían cambiado mucho. Eran muy bonitas y Wendy era toda una mujer. Casi, seguía siendo tan divertida como la recordaba con las mismas botas y el mismo gorro. Se preguntaba... si su hermano seguía enamorado de ella.
La fiesta fue pequeña.
Su Tío Stan se lanzó al sillón después de haber devorado pizza y pastel y Soos y Wendy se fueron poco después. Las ultimas en irse fueron Candy y Grenda.
—¿Que te párese si tenemos una pijamada esta noche Mabel? —pregunto una animada Candy.
—¡Excelente idea! —Grenda seguía siendo más grande que ellas dos. Posiblemente también más fuerte.
—Oh chicas... me encantaría pero no sé qué opine el Tío Stan.
—Vamos él te adora, no creo que se niegue.
Y Mabel sonrió inocente.
—¡Mabs hay que celebrar al grande! Tienes todavía que contarnos más y nosotras a ti también.
—Lo sé, lo sé, pero en estos momentos... creo que prefiero estar sola, estoy un poco cansada por el viaje. Y quiero dormir.
Las chicas la miraron un poco desanimadas. —¡Pero no se preocupen! —tomo su mochila, con un llavero de gatito colgando y saco los regalos que les había traído desde Piedmont a sus amigas. —Es para ustedes. Ábranlo en sus casas. Es que les traje regalos a todos. —sonrió inocente.
—Muchas gracias Mabs.
—¿Y para quien es esa grande? —Candy señalo la bolsa de papel.
—Oh... para nadie... —contesto negado con sus manos. —¡Bueno fue lindo verlas! —grito. —Mañana hay que reunirnos en la cafetería, ¿qué les parece?
—¿A medio día?
—A mediodía. —y sin parecer brusca, las corrió de la cabaña.
Suspiró agotada mientras se dejaba caer en la puerta. Observo la sala. Sí que era un desastre. Apago las "luces mágicas" de Soos y la música. Cerró la pizza con algunas rebanadas más dentro y observo a su Tío Stan dormir en el sillón. Le puso una mantita encima y cargo a Pato para que dejara de comer una paleta helada. —Vamos Pato gordo. —lo acaricio. Tomo su bolsa de papel grande y subió las escaleras de regreso al desván. Al entrar a su habitación dejo a su mascota en el piso y observo la bolsa mientras la dejaba sobre su cama.
—Bueno ¿qué era lo que esperaba? —se sentó en el piso, junto a su cerdito. Cubrió su rostro sonrojado con sus manos. —Vine para verlo y ni siquiera estaba en la fiesta.
Y hablaba con Pato mientras él la veía atentamente.
—¿Puedes creerlo? Nadie hablo de él, ni siquiera lo comentaron... como si... no existiera. ¡Ay! –gimió. —Quiero verlo. Era mal momento para decir lo que sentía. Era un muy mal momento para que ese cerdito fuera más listo de lo que creía y para haber dejado la puerta abierta. De inmediato el más grande animalito comenzó a correr fuera de su habitación y escaleras abajo. Mabel se levantó asustada y comenzó a perseguirlo, no quería que hiciera un desastre. Bajo las escaleras cuando escucho cosas romperse. Se llevaría una reprimenda.
—¡¿Pato dónde estás?! —grito, y mientras más corría por las salas más fácil fue resbalar contra una alfombra y caer al piso. Aunque su rostro nunca lo llego a tocar porque choco antes con alguien.
Aun así el resto de su cuerpo termino en la madera. Se sobo el chichón mientras gemía y apenas levanto la mirada lo vio.
También sobando su frente y con una rebanada de pizza en la boca y otra en el piso a su lado. Su cabello castaño de su mismo tono pero corto, su altura al parecer igual o él era más alto, y al verse a los ojos, los mismos. Solo para presenciar sus mismas fracciones, unas más delicadas que las otras. Era él, estaba ahí, aquel por el que había llegado al pueblo principalmente. Su hermano gemelo. Dipper.
Dipper había estado trabajando los ultimos tres años con su Tío Ford. Metidos en el laboratorio o vagando por todos los bosques de Gravity Falls en busca de aventuras. Estaba tan acostumbrado al lugar y tan maravillado con la ciencia que había olvidado muchas cosas.
Su Tío Stan le había recalcado que se había vuelto mas frío y serio. Seguía sin ser incluido como amante de la diversión. Pero no era verdad. Él se divertía demasiado con sus experimentos, era un nivel de diversión que ellos nunca podrían sentir y tenía cientos de emociones con solo descubrir algo nuevo. No era frio. Era muy entusiasta. Y todo eso requería tanto de su tiempo, que había olvidado a las personas. Había olvidado amigos, incluso a Wendy. Había olvidado a Mabel.
Esa noche ni siquiera recordaba porqué habían tantos globos en la casa. Solo observo la caja de pizza y se sorprendió de encontrar pedazos dentro con lo avaro que su tío era. Robó unas rebanadas y regreso al laboratorio. Pero a la mitad del camino escuchó algo romperse y de inmediato trato de encontrar algo para golpear. Poniéndose en modo sigiloso. Nunca esperó que lo atacarán y luego lo taclearan.
Por un instante todo se congelo. Y comenzó a escuchar los latidos de su corazón subir por su cabeza. ¿Era él? ¿De verdad era él? Eran iguales. Su cabello, sus ojos, su rostro. Y lo único diferente era la rara marca de nacimiento de su hermano. Pero lo recordaba... y lo había extrañado tanto.
—¡Dipper! —grito tan fuerte que pudo haber despertado al vecindario entero si la Cabaña del Misterio no estuviera en medio del bosque.
Saltó y enganchó sus brazos al cuello del chico. Se subió sobre él y lo abrazo tan fuerte mientras sentía como sus ojos se humedecían y trataba de no llorar.
Con su grito, despertó a Stan quién llegó corriendo a la cocina y encendiendo las luces. Y de unas escaleras en el sótano, Ford apareció con una bata de laboratorio, guantes y lentes. Ambos observaron a los gemelos menores.
Y Mabel seguía abrazando a Dipper, sintió como él se quedó sin aliento, pero podía sentir el corazón de su hermano latir. Eran gemelos. Sus alergias estaban compartidas.
Se separó apenas para luego comenzar a besar sus mejillas y a picarlo de la misma manera en que lo hacía cuando eran niños.
Y Dipper había estado tan distraído y aún en shock que comenzó a reír por el asaltó. Y ahora tenía a su copia abrazándolo y besándolo como una loca. Haciéndole cosquillas y asfixiándolo.
—Espera... Mabel... detente…
—¡Dipper! ¡Dipper! ¡Dipper! —y la chica estaba más que encantada.
Ambos adultos observaron sorprendidos la escena. Era hasta cierto punto conmovedora. Mabel se enganchaba tanto a su hermano que parecía imposible que alguien logrará soltarla.
—¡Mabel! ¡Mabel detente! —pidió el gemelo y la tomo de las manos alejándola un poco de él y dejándola en el piso cuándo se cansó de las cosquillas. —Basta... —frunció el ceño. Observó a su hermana aguantar por un segundo la respiración inflando sus mejillas.
—¡Lo siento! ¡Es que no puedo! —volvió a abrazarlo. —¡Espera aquí! —lo soltó, de inmediato se puso de pie y comenzó a correr hacia el ático. —¡Hola Tío Ford! —se escuchó que grito desde arriba.
Dipper, aun en el piso se fue levantando poco a poco sorprendido y luego observo a su Tío Stan con enfado.
—¡¿Por qué no me dijiste que vendría?!
—Si te lo dije, tres semanas antes, y lo repetí en todo momento los últimos dos días. No es mi culpa que no pongas atención. —bromeo el anciano mientras reía y se burlaba de su gemelo y su sobrino quienes no cabían en la sorpresa.
—Esto es malo, estábamos a la mitad de un proyecto. —suspiro su tío Ford mientras sobaba sus parpados.
—¿A qué hora llego?
—Es tu hermana. Tú pregúntaselo. —contesto con los brazos cruzados y rostro de completa satisfacción. —Oh-oh aquí viene. —advirtió cuando escuchó los pasos en calcetines trotar hasta bajar las escaleras y medio tropezar en el camino.
—Amm... Mabel. —Dipper la miró apenado. Y es que recordaba que la última conversación que habían tenido no había quedado en los mejores términos. Pero Mabel siempre se había olvidado de los problemas rápido. Tal vez este problema fue igual.
La chica le dejo una esfera de nieve en las manos a su Tío Ford y luego abrió la bolsa de papel sin poder resistirse y de ella saco su pequeña creación de esa tarde. Un suéter rojo que le tomo tres días, con un bordado de pinos azules en filas. Se lo extendió de frente a su hermano y él lo miro sorprendido. Luego la observo asomarse con una enorme sonrisa. Ya no llevaba los frenos.
—¡Es para ti! —le dio la vuelta y pegó el suéter a sus hombros. —Yo misma lo hice.
Y entonces Mabel noto que apenas y le quedaría exacto. Su hermano era más alto y a vista más fuerte. Aunque tenía una expresión de científico loco y de no haber dormido en varios días. Debió haber estado durmiendo un poco. Se veía cansado. Por eso no pudo estar con ella en su fiesta ni recogerla en el autobús. Ahora lo entendía. Todo estaba bien.
Lo abrazo de nuevo.
Su cambio había sido tanto. Que si no fueran iguales no lo reconocería. Dipper tenía una voz más gruesa y el inicio de una pequeña barba en el filo de la barbilla, aún con su cabello revuelto y despeinado por no tener su peculiar gorra.
—Dipper... —susurro. —te extrañe tanto.
Y el chico solo pudo sentir la humedad en su hombro por las lágrimas de su hermana.
See you next summer.
