Capítulo 1:

Unos dicen que el mundo se consumirá en el fuego otros dicen que en el hielo por lo que yo he probado del deseo estoy por los que apuestas por el fuego pero, si tuviera que perecer dos veces conozco lo bastante el odio para decir que la destrucción el hielo también es sutil y... sería suficiente.

Cerró el libro y suspiro.

-Tonterías… -dijo una voz que hizo que se sentara en el asiento trasero y sonriera moviendo el libro.

-Hermano, las novela de Stephenie Meyer son lindas y románticas-suspiro una rubia de ojos verdes-Además su novela de vampiros es tan…-soltó un suspiro largo.

-No se que tanto le ven a ese tal Eduardo Collon-dijo un chico de cabellos azulados que tenía las manos en el volante.

-¿Eduardo Collon?-soltó una risa un rubio de ojos azulados.

-¡Es Edward Cullen!- les gritó la rubia haciendo un puchero-Además es muy guapo y es un vampiro que quisiera que chupara mi sangre-abrazo el libro estrujándolo en sus pechos.

-Lo primero, no se porque crees en vampiros, querida hermana-soltó un suspiro el rubio y miró a su compañero que estaba en su costado- Además no se porque estas tan emocionada de esta ciudad Forks.

-Porque aquí se hizo la película Twilight y también por las historias acerca de estas criaturas-sonrió y dejó el libro en el asiento y miró hacia la ventana- ¿Cuánto falta, Sasuke?

-Ya hemos llegado Ino-respondió un pelinegro señalando el letrero que decía "Bienvenido a Forks"-Naruto, si que tu hermana es tan soñadora.

-Tiene apenas 17 años-sonrió el rubio rascándose la mejilla- ¿Qué, haría sin mi pequeña hermana, que se emocionó que vengamos a estudiar aquí?

-Eso hay que agradecer a nuestros padres, que aceptaron que viniéramos solos y que empezáramos a madurar-soltó un suspiro manejando por las calles de Forks- si que es tranquilo-susurro.

La rubia miraba tan emocionada las calles de Forks, su sueño se hizo realidad, venir a esta ciudad donde filmaron su película favorita, la hacía suspirar. Agradeció a sus padres y a los padres del amigo de su hermano que los hayan dejado venir a estudiar aquí. Claro está que ella fue de la grandiosa idea, alcanzar su mayoría de edad en esta ciudad que tanto quería conocer. Miraba detalladamente los árboles, las tiendas, grifos y supermercados de la ciudad de Forks.

Observó a los dos chicos que estaban conversando sobre la ciudad ya que el frío era incontrolable. Forks era una ciudad húmeda y pocas veces salía el sol y justo hoy estaba todo nublado con las nubes negras queriendo llover con fuerza.

Sin lugar a dudas Forsk era un lugar interesante, cuando le dijeron que sus estudios los llevaría a esa ciudad, su pregunta fue ¿Porque? ¿Porque Forks? ¿en su último año de estudios en la preparatoria? Miro por el retrovisor y vio esa cabellera rubia de la hermana de su mejor amigo.

Acaso esa niña tuvo la culpa de llevarlos a ese dichosa ciudad.

-Necesito que culmines tus estudios ahí-le dijo un pelinegro de apenas Cuarenta años apoyándose con sus codos sobre un escritorio de madera muy tallada-Hijo, se que me vas a decir el porque pero, solo diré que es por algo que un día descubrirás.

Su padre porque le había dicho eso, algo esconde esta ciudad o algo le esconderá su padre. Miró su reloj de su muñeca, eran las 13:00 horas, sonrió de lado y miró a su amigo estacionados en un pequeño restaurante campestre.

-Creo que ya es hora de comer algo-los miro y sonrió apagando el auto y saliendo del hermoso Audi negro.

-Tienes razón, ahora mi pregunta ¿La comida será sangre o no?-se rió con fuerza al rubio abrazando a su hermana pequeña, dándole besos en la mejilla y pidiendo disculpas. A lo que la rubia le contesto jalando de las mejillas-a… auush-se alejó-eso si dolió-sonrió.

-Bueno dejes las niñerías Naruto y Ino-dijo el pelinegro entrando al restaurante y observando.

Las personas se les quedaron observando por un rato, mientras ellos ingresaban y se sentían incómodos por las miradas. Se sentaron en una mesa que estaba libre y tenía cuatro sillas. Carver Café es un lugar muy cómodo, como una pequeña casa de campo, solo que en esta había una barra grande como mínimo alcanzaba seis sillas, lo cual se podían sentar y observar cómo preparaban sus bebidas.

-Disculpe jóvenes, ¿Que van a pedir?-les preguntó una señora de cabello castaño y ojos color marrón oscuro-Creo que nunca los he visto por aquí-sonrió-¿Son forasteros?

-Nos hemos mudado-le respondió el rubio-venimos a acabar nuestro último año aquí.

-¿En Forks?-les pregunto y los miró seriamente-No será por los vampiros.

Los chicos se le quedaron viendo por un momento de silencio, las personas que estaban comiendo ahí los observaron seriamente. Un silencio realmente incomodo, que hicieron que se les eriza la piel. La señora cambió su cara a una sonrisa.

-Ya saben de la famosa película Twilight. ¿Porque creen que Forks es tan famosa?- les sonrío

-¡Usted cree que existen!-grito la rubia parándose de su asiento-En verdad existen esos seres aquí en Forks. Usted ya sabe por las historias que guarda esta ciudad-en eso sintió que la jalaron de la muñeca haciendo que se siente de golpe y recibía una mirada tan fría de su hermano. Todo se quedó en silencio.

-Disculpe a mi hermana, está tan emocionada de venir a esta ciudad...-se quedó callado al ver las miradas serias de todas las personas de esa pequeña cafetería, miró a su amigo que también se quedo sorprendido por esas miradas que transmitían esas personas.

Miradas frías y secas a la vez preocupados. Todo silencioso, hasta que la señora soltó un suspiró y solo les pregunto que iban a pedir para comer, ellos se sorprendieron pero, aun así pidieron lo que iban a digerir a la vez que aún sentían esas miradas. La rubia solo tenía la cabeza agachada y avergonzada por haber gritado esas palabras. A los pocos minutos recibieron su pedido y decidieron comer en silencio, mientras aún sentían esas miradas.

Al terminar de comer, decidieron pagar y se despidieron de la señora. Al momento de que el pelinegro cerrara la puerta al salir, vio a un chico de cabellos rojos sentado en una de las sillas de la barra, bajándose un poco el gorro blanco que traía puesto y no dejaba ver sus ojos, mientras que sonreía muy divertido. Esto le pareció raro al pelinegro que achino sus ojos y miraba a ese chico.

-¡ Sasuke !, ya nos tenemos que ir-le gritó su amigo rubio haciéndole señas con sus brazos- ¡De seguro ya el camión de mudanza llegó a la Casa que nos compró nuestros padres!.

El pelinegro volteo al escuchar el grito de su amigo, le sonrió y solo hizo una seña con su mano levantando su pulgar, al voltear de nuevo al buscar al chico de cabellos rojos, retrocede hacia atrás asustado, el chico estaba al frente suyo mirándolo con esos ojos verdes tan fríos y serios. Trago saliva de golpe y pudo ver que en sus ojos alrededor de su pupila estaban rojos. El chico pasó por su lado y solo pudo pronunciar un monosílabo que llegó a sus oídos de aquel chico de cabellos negros azulados. Dejándolo ahí parado sin ni siquiera pronunciar ninguna palabra.

-¡Hey!-le llamó de nuevo el rubio que venía hacia él-¿Qué te pasa, Sasuke? Te hemos estado llamando varias veces pero, es como si te hubieras quedado tonto mirando a ese chico pelirrojo-se quedó en silencio y lo miró sorprendido-No me digas que te pasaste para el otro lado.

El chico se le quedó mirando y reacciono dando un golpe en el brazo con su puño.

-No digas tonterías-sonrió de lado y miro como se iba ese chico de cabellos rojos, pasando por el costado de Ino y que ella se le quedara mirando con un pequeño sonrojo-Creo que Ino ya le echó el ojo al chico-se rió, agarrando los hombros de su amigo y haciéndolo voltear.

-¡Hey, Ino! ¡Que te hayan dado permiso a venir con nosotros, no es para que le estés echando ojos a un desconocido!-le gritó su hermano, haciendo que ella saltara de la sorpresa y se pusiera roja-¡Así que señorita métase al auto sin berrinches!

El rubio se dirigió a su hermana, mientras que ella pataleaba. El chico de ojos ónix solo se quedaba mirando donde había desaparecido ese chico, suspiro y sintió como una gota caiga en su mejilla, levantó la cabeza y se venía una tormenta. ¡Genial! gruño el chico, dirigiéndose a sus amigos, se subió al auto lo encendió y se dirigieron adonde iba a ser su nuevo hogar, por un año claro esta, ya que él no se iba a quedar mas tiempo aquí. No le gustaba los lugares húmedos.

A lo lejos se podía ver a un chico de cabellos rojos observando como un Audi negro se perdía en las calles de Forks. Se lamió los labios, encendió su moto deportiva BMW rojo, se fue por el mismo lugar que el auto pero, dobló hacia la izquierda por otro camino que era una subida.