CAPÍTULO 2
—¿Te lo puedes creer? Phil les puso pegamento a las trenzas de Heidi porque le parecían que estaban muy separadas. ¡La pobre niña no paró de llorar durante horas! ¡Ese crío es un pequeño demonio! —Le explicó Alice, su compañera de trabajo y amiga mientras hablaban por teléfono.
—No sé de dónde sacan esas ideas. —Bella mezclaba la masa para galletas mientras que sostenía el teléfono entre su oreja y su hombro.
—Yo te lo diré; de unos padres que no se involucran en la educación de su hijo.
—Alice... —La reprendió antes de gemir de dolor al sentir la patada de su pequeña. Una contracción siguió al pequeño movimiento del bebé haciéndola bufar y apoyarse en la mesa.
—¡Bella! ¿Estás bien? —Preguntó preocupada su amiga al escucharla quejarse.
—Sí es solo... Ha sido una pequeña contracción.
—¿Contracción? ¡Oh, Dios mío!
—¡Tranquila, Alice! No es la primera. He estado toda la noche sintiéndolas.
—¿Y Edward te ha dejado sola sabiéndolo? ¡Le voy a matar!
—Edward no sabe nada, no he querido decírselo para no asustarle. —Explicó— Estoy bien, el ginecólogo me dijo que era algo normal. A medida que se vaya acercando la fecha las iré notando más.
El sonido de las sirenas le hizo desviar la vista hacia la televisión que estaba puesta, pero estaban pasando anuncios, por lo que dedujo que habría sido en la calle.
—Edward se enfadará cuando se entere, lo sabes ¿Verdad?
—Por eso le estoy haciendo sus galletas favoritas. —Confesó haciéndola reír.
De nuevo, el sonido de las sirenas llamó su atención. Se aproximó de nuevo hasta la ventana y observó pasar a toda velocidad tres ambulancias y cinco camiones de bomberos.
—¿Bella, sigues ahí?
—Sí, es solo que...creo que ha ocurrido algo. Hace un momento escuché el ruido de una sirena y ahora acabo de ver a unos cuantos camiones de bomberos.
—Habrá sido algún accidente, ya sabes que en esta ciudad siempre pasan cosas. —Explicó su amiga.
—Puede ser... —Las palabras de quedaron atoradas en su garganta y el cuenco con la masa de galletas que tenía en sus manos cayó al suelo al ver la imagen que la pantalla de la televisión ofrecía.
El corazón del World Trade Center aparecía en primer plano y en él, se podían observar dos inmensos agujeros en ambas torres, columnas de humo saliendo de las ventanas...Las palabras de la locutora hicieron que su alma se encogiese.
—Dos aviones de pasajeros se han estrellado contra las torres gemelas, otro acaba de hacerlo con el Pentágono y la alerta se mantiene ante un cuarto vuelo desaparecido. Lo que en principio se creía que podía ser un fatal accidente se confirma como un atentado contra la nación.
—Edward... —Susurró llevando las manos a su boca para calmar el sollozó que escapó de ella. El teléfono cayó a sus pies olvidando la conversación con Alice.
Edward estaba allí, trabajaba allí. Sintió como sus piernas se doblaban haciéndola caer al suelo. Necesitaba saber que estaba bien, tenía que estar bien. La imagen que ofrecía la televisión no podía ser real.
Con manos temblorosas volvió a coger el teléfono y cortando la llamada de Alice, sin despedirse, marcó el número de su marido. Esperó impaciente una respuesta al sonar cada tono.
—¡Hola! Soy Edward Cullen, en este momento no puedo atenderte, deja tu mensaje después de la señal.
—¡Mierda! —Volvió a marcar intentando contener las lágrimas, pero volvió a recibir el mensaje del buzón de voz.
—¡No, no, no! ¡Edward, por favor! —Insistió una vez más pero no obtuvo respuesta. Desesperada llamó directamente a la oficina, pero el resultado fue el mismo.
Sentía como la presión en su pecho crecía y las lágrimas rodaban por sus mejillas. Los calambres en su vientre se estaban intensificando haciendo que tuviera que sostenerse para no caer.
El timbre de la puerta sonó y abrió los ojos esperanzada. Seguro que era Edward que volvía a casa.
Como pudo llegó hasta ella y ver el rostro desencajado de su padre tiró por tierra todas sus ilusiones.
Como si fuese una niña pequeña se abrazó a él.
—¡Papá! ¡Es horrible! Dicen que han atacado las torres y... No consigo hablar con Edward... —Explicó rota por el llanto— En la oficina tampoco responden y... ¡Tiene que estar bien, papá!
—Cariño, tranquila. No puedes alterarse en tu estado. —Intentó calmarla Charlie.
—Tienes que llevarme allí, papá. Necesito encontrar a Edward, necesito saber que está bien. —Como pudo se deshizo del agarre de su padre dispuesta a salir a buscarlo.
—Cielo, no puedes ir hasta allí. No nos van a dejar pasar. Carlisle se ha acercado y está intentando averiguar qué ha pasado y dónde se encuentra. En cuanto sepa algo nos avisará.
—¡No! Yo... ¡Tengo que ir allí! Yo... ¡Ah! —Gritó doblándose por el dolor que atravesaba sus entrañas.
—¡Bella! Cariño, ¿Estás bien? —Charlie corrió hasta ella asustado al verla así.
—¡No! —Jadeó agarrándose el vientre— Creo...creo que me estoy poniendo de parto.
Charlie intentó controlarse y no entrar en pánico, lo último que necesitaba su hija era que él perdiese los nervios.
—Vale, cielo. Nos tenemos que ir al hospital.
—¡No, papá! ¡No puedo! ¡No puedo tener a este bebé sin saber si Edward está bien! Tenemos que ir allí y averiguar... —Lloraba.
—Cariño, escúchame. —Pidió sosteniendo su rostro e intentando tranquilizarla— Tenemos que ir al hospital. Carlisle se está encargando de buscar a Edward, tú, en tu estado no puedes hacer nada. Estás de ocho meses, el bebé se está adelantando. ¿Entiendes, Bella?
Las palabras de su padre la hicieron tomar conciencia de la realidad; su bebé podía no estar preparado para nacer, no era el momento y, sin embargo, estaba dispuesto a venir al mundo.
—Vamos a ir al hospital, Bella. Te verá un doctor y mientras, Carlisle seguirá buscando a Edward.
—Pero... Tiene que estar bien, ¿Verdad, papá? Él no puede estar en el edificio. Puede que saliese a desayunar o que tuviera que ir a otro lado. —Dijo entre lágrimas— Él... Él no puede...
—Tranquila, cielo. Todo va a estar bien. No pierdas la esperanza.
Charlie metió algo de ropa en una bolsa e improvisó una pequeña canastilla para el bebé, por si acaso. Al dolor por la incertidumbre de saber que había ocurrido con su yerno se unía saber que el nacimiento de su nieta se podía estar adelantando.
Cuando vio las imágenes por el televisor no dio crédito a lo que estaba ocurriendo y la llamada desesperada de Carlisle informándole de que no podía contactar con Edward le hizo salir corriendo en busca de su hija.
Siempre habían estado muy unidos. Su mujer los abandonó cuando Bella tenía siete años. Al parecer, quería libertad y tener una familia le agobiaba, por lo que se marchó y cortó con ellos todo tipo de contacto y relación.
Saber el sufrimiento por el que estaba pasando Bella le estaba matando y rezaba porque Edward, al que consideraba como a un hijo, estuviese a salvo.
Llegaron al hospital tardando más de lo habitual. Las calles estaban cortadas y había numerosos controles por toda la ciudad.
Cuando entraron todo era un caos. Médicos, auxiliares y enfermeras corrían de un lado para otros, había camillas por todos lados e improvisadas cabinas donde atender a los heridos.
Bella se quedó paralizada al ver todo aquello, pero la nueva contracción que la atravesó la hizo salir del trance.
Charlie se acercó al mostrador y al explicar el caso, un celador acudió con una silla de rueda y la entraron directamente para monitorizarla. Minutos después el médico les informó que el parto se estaba adelantando. El bebé no estaba bien posicionado para salir, por eso intentarían frenar las contracciones para ver si podían detenerlo y si no harían una cesárea de urgencia.
—¿Pero mi bebé está bien? —Preguntó asustada.
—Perfectamente. Si no somos capaces de frenar el parto la llevaremos a quirófano y sacaremos a esa pequeña impaciente, que al parecer tiene bastante prisa por salir. —Sonrió el doctor intentando calmar sus nervios— No se preocupe y esté tranquila.
Una vez en la habitación que le asignaron, Bella no paraba de removerse en la cama.
—¿Has averiguado algo papá? ¿Carlisle ha llamado?
—Le está buscando, hija.
—Dame mi teléfono, probaré a llamarlo de nuevo. Puede que haya ido a casa y al no verme allí se habrá asustado y... Tengo que avisarle que puede que el bebé nazca hoy. Tiene que estar a mi lado, no puede perderse el nacimiento de su hija —Hablaba nerviosamente.
—Cielo, escúchame. —Charlie se sentó a su lado en la cama— Deseo de todo corazón que Edward no estuviese en ese edificio, pero tienes que empezar a barajar la posibilidad de que puede que esté herido.
—No, yo sé que está bien y...
—Bella...
—Es que no puede haberle pasado nada, papá. Él tiene que estar bien. Si algo le hubiera pasado yo... me moriría.
—Tranquila, hija. Seguro que pronto aparecerá. Voy a ver si aquí tienen noticias de él, ¿De acuerdo? Tú intenta descansar.
Pero Bella no podía. Estaba demasiado nerviosa con todo lo que ocurría a su alrededor. En el hospital no tenían noticias de Edward y había escuchado a su padre hablar con Carlisle entre susurros, por muco que lo intentó no consiguió escuchar nada, pero al parecer seguían sin noticias.
Las contracciones cada vez eran más intensas y dolorosas, su instinto le pedía empujar, pero no estaba dilatada con lo cual no podía hacerlo.
Su padre llevaba un rato bastante serio y taciturno, estaba demasiado preocupado.
Charlie Swan estaba intentando no romperse. Había visto como ambas torres se derrumbaban. Era imposible que alguien hubiera sobrevivido y la idea de que Edward estuviese allí cada vez se volvía más real. Según Carlisle nadie tenía noticias de él. El hombre estaba destrozado.
Charlie había hablado con las enfermeras y les advirtió sobre la situación, Bella no debía saber que estaba ocurriendo. Si su hija se enteraba de lo ocurrido probablemente sufriría un ataque de nervios.
El médico volvió a revisarla y les comunicó que iban a bajarla a quirófano. Debían hacerle la cesárea antes de que hubiese complicaciones. Las pulsaciones del bebé habían disminuido y seguir prolongando esa situación podía traer problemas.
—¡Papá, tengo miedo! —Lloró contra su hombro.
—¡Todo va a estar bien, cielo! Te lo prometo. —Aseguró besando su frente.
Las luces de quirófano le molestaban. Le habían puesto la epidural e iban a comenzar con la intervención en seguida. De cintura para abajo no sentía nada.
—Vamos a traer a tu pequeña al mundo, Isabella. —Dijo el médico— Este bebé será un rayo de esperanza en este monstruoso día.
Bella, que estaba completamente atemorizada miró al hombre que tenía frente a ella cubierto por el gorro, la mascarilla y la bata y en cuyas manos sostenía el bisturí con el que la iba a intervenir.
—Doctor, —Habló con voz rota mientras que dos silenciosas lágrimas caían por sus mejillas— Está no era la forma en la que imaginé dar a luz. Mi marido debía estar aquí, sosteniendo mi mano y aguantando mis gritos. Él... trabaja en el World Trade Center, ¿Sabe? En la torre sur. —Su voz termino de resquebrajarse y las lágrimas se desbordaron de sus ojos al ver el gesto de asombro y congoja del hombre que intercambió un par de miradas con las enfermeras allí presentes— Llevo toda la mañana intentando hablar con él y no lo he logrado. Mi suegro no es capaz de localizarle y en los hospitales no saben nada de él. No sé si está vivo o...muerto.
—Isabella...
—No. No diga nada, solo... Por favor, no sé si le he perdido a él, pero no puedo perder a este bebé. —Lloró.
—No te preocupes, dentro de unos minutos tendrás a tu hija entre tus brazos.
Bella observó cómo él médico empezaba a trabajar en su abdomen, mientras ella, intentaba controlar su llanto, aunque era imposible. Edward debería estar allí, con ella. Pero no podía seguir negándose la realidad. Había altas posibilidades de que Edward estuviese herido o...ni siquiera quería pronunciar esa palabra de nuevo, y ella tenía que ser fuerte.
El llanto de su pequeña irrumpió en el quirófano haciendo que enfocase su vista en ella.
—Aquí tienes a tu sana y hermosa pequeña. —Dijio el doctor colocando al bebé sobre su pecho.
Era preciosa. Aún cubierta de sangre y arrugadita, tenía una pequeña mata de pelo cobrizo como su padre y una nariz muy parecida a la suya.
—Mi bebé, mi hermosa niña. —Lloró besando su cabecita.
—Isabella, tenemos que llevarnos al bebé a la incubadora. Está bien, no te asustes, pero al ser prematura de vemos vigilarla.
—Pero… No le ocurre nada, ¿Verdad?
—Está perfecta, quédate tranquila ¿Sabes cómo se llamará?
Isabella negó con la cabeza. Aún no habían decidido el nombre. Edward tenía dudas. Ojalá estuviese allí para ayudarla a decidir.
—Está bien, por el momento será la pequeña Cullen. Vamos a terminar contigo para que puedas subir a planta.
Bella sintió como se llevaban a su pequeña de entre sus brazos. La metieron en una pequeña cuna de cristal y la sacaron de allí. Ella cerró los ojos y vencida por el agotamiento, el cansancio y el dolor se dejó ir.
El sonido amortiguado de las voces de los médicos le llegó como un ligero eco dentro de la nube de sopor que se estaba apoderando de ella.
—¿Crees que su marido esté vivo?
—Si salió antes de que los edificios se derrumbasen puede ser, si no ha sido así...
Aquí os dejo el segundo capítulo. Mañana publicaré el final. No están siendo momentos fáciles para la pareja. Ya veremos como acaba todo.
Muchas gracias por la acogida que le habéis dado a la historia. Espero que os esté gustando.
Agradecería conocer vuestras opiniones en los comentarios.
Gracias también por los favs, follows y reviews.
Nos leemos mañana.
Saludos.
