Beta: adlerless
N/A: La parte explícita de Abuso a menor son dos párrafos en cursiva en este capítulo. Si lo desean pueden saltárselos y para ustedes lo esencial del "misterio" se resolverá más tarde.
Parte II
El resto del día fue una tortura para él, no veía el momento de ir a la habitación para cumplir por lo que Malfoy le pagaba. Por muy horrible que fuera y los recuerdos que le suscitaba, era mejor que las miradas y el tono de los comentarios de aquellos hombres que no comprendía lo que decían.
Los griegos con los que Malfoy estaba haciendo negocios sabían lo que era, el Slytherin no lo había ocultado en ningún momento y había pasado la tarde metiéndole mano a la mínima oportunidad.
Lo único bueno era que había cenado más de lo que su estómago estaba acostumbrado a comer. Ese sentimiento de saciedad, a esas alturas extraño, le mantenía en una nube de felicidad de la que se veía incapaz de bajar.
En ese estado había entrado en la habitación de Malfoy, siendo empujado por éste con rudeza hasta que cayó de bruces sobre la cama y la nube se disipó. Hizo desaparecer su ropa y el frío acarició su piel desnuda, aunque no tardó mucho en ser templada por las caricias, lamidas y mordidas del rubio tras él.
Dos dedos fueron metidos con brusquedad en su ano. Notaba que Malfoy estaba ansioso, llevaba duro gran parte de la tarde y la noche. Cuando los dígitos fueron retirados, Harry esperó la polla que nunca llegó; en su lugar fue volteado quedando frente a los ojos plata. Sus piernas fueron colocadas sobre los pálidos hombros para facilitar una penetración profunda.
Colocó un brazo sobre sus ojos, pero como la vez anterior fue retirado.
–¿Por qué me haces esto? –preguntó en un susurro cuando sus manos fueron atadas mágicamente al cabecero de la cama.
–Porque puedo –contestó Malfoy comenzando a entrar en el tortuoso pasaje entre sus nalgas.
Harry se mordió los labios, si iba a verle llorar al menos lo privaría de escucharle gemir.
Malfoy le follaba tan fuerte, mordía aquel punto entre el cuello y el hombro y pellizcaba sus pezones enviando oleadas de placer por todo su cuerpo, que cada vez era más difícil permanecer con los labios sellados. El rubio se inclinó sobre él hasta que sus rodillas tocaron su pecho y mordió su labio superior que no estaba siendo maltratado haciéndole abrir la boca para permitir que la lengua de la serpiente entrara y sus gemidos salieran.
Se sintió acorralado, por una vez no había nada que pudiese controlar, ni sus lágrimas, ni sus gemidos, ni su mente. Todo estaba a entera disposición de Malfoy. Su amante llevó una mano a su pene masturbándolo y aquello fue su fin. Se corrió sobre su vientre como nunca lo había hecho, sin ningún tipo de inhibición, y el otro lo hizo poco después en su interior.
Malfoy se quedó quieto apastándolo durante un tiempo hasta que tuvo las fuerzas suficientes para liberarle de su peso y de las ataduras, y echarle de la cama. Harry se levantó cogiendo su ropa y se fue a dormir a la habitación contigua. El Slytherin le había dicho que no tenía la menor intención de dormir con él, él sólo era su agujero consolador.
Harry se duchó quitando de su cuerpo los restos de fluidos de la actividad anterior. Se miró en el espejo y con su varita curó las marcas que habían quedado en su piel. Se quitó las lentillas y se metió en la cálida suavidad de las sábanas del hotel. Cerró los ojos, feliz por poder dormir despreocupadamente y en una cama después de tanto tiempo.
\O-O/
Un Harry de ocho años estaba sobre las piernas de su tío Vernon siendo castigado como tantas otras veces. Había perdido la cuenta de los azotes que llevaba, su culo estaba totalmente rojo, sus pantalones estaban enrollados en sus rodillas para que nada disminuyese el dolor del golpe de la gruesa mano, y sus lágrimas caían una tras otra mojando la alfombra.
Algo presionaba contra su estómago, aunque estaba demasiado distraído con el dolor del castigo como para notarlo.
Su tío lo dejó en el suelo. Harry se limpió las lágrimas con el dorso de la mano e intentó detener los sollozos, más de una vez había conseguido por ellos una bofetada. Recogió sus gafas, que habían caído con el primer golpe, y fue a levantarse para vestirse y desaparecer de la vista del hombre lo antes posible, pero fue detenido por una gran mano sujetándole con fuerza por el brazo. Al mirar a su tío Harry abrió los ojos desmesuradamente, sorprendido, y un escalofrío de miedo instintivo le recorrió el cuerpo: su tío se había abierto los pantalones y su pene proporcionalmente tan grueso como su dueño salía erecto de ellos.
–Chúpalo, es hora de que sirvas para algo –le ordenó.
El niño negó con la cabeza y cerró la boca apretando fuertemente los labios.
El hombre le cogió del pelo, conduciendo su rostro a su entrepierna y le tapó la nariz. Cuando el pequeño tuvo que abrir la boca para tomar aire hizo que también tomara su polla y le movió la cabeza al ritmo que quería.
Una Hermione de diecisiete años apareció a su lado con un vestido blanco lleno de agujeros y manchado de sangre y suciedad, por sus piernas escurría sangre mezclada con semen. Se acercó y le acarició el pelo y la espalda compasiva, con una cálida sonrisa en sus labios y lágrimas escapando de sus ojos.
–Aguanta un poco más y todo habrá acabado –le dijo con voz rota.
Harry deseaba decirle que no podía aguantar más, quería gritar "¡NO!¡NO!¡PARE!"
Harry despertó llorando y con la garganta irritada de tanto gritar en sueños. Se encogió sobre sí mismo, abrazando sus piernas llorando libremente como no pudo hacerlo la vez de su recuerdo.
\O-O/
Draco despertó por los gritos procedentes de la habitación contigua que lograban traspasar la pared. Se incorporó preocupado por Potter, pero volvió a acostarse de lado diciéndose que no era asunto suyo.
Giró poniéndose del lado contrario, a los pocos minutos del otro y vuelta a empezar. No lo soportó más. Se puso una bata de seda, salió al pasillo y llamó a la habitación de al lado.
–Ábreme la puerta, Potter. ¡Vamos! –dijo después de unos minutos sin obtener respuesta volviendo a aporrear la puerta.
Potter abrió envuelto en una bata blanca del hotel, su rostro estaba oculto en la oscuridad de la habitación.
–¿Qué quieres, Malfoy? –preguntó con voz rasposa.
–Me despertaste con tus gritos –respondió.
–Lanzaré un Silencio para que no te moleste –dijo enojado–. Si eso es todo… Buenas noches –se despidió comenzando a cerrar la puerta.
–No quise decir eso –replicó Draco no sólo impidiendo que la cerrase, sino abriéndola hasta poder ver su rostro.
Algo se rompió en él al ver los ojos rojos y los restos de lágrimas que no habían podido ser eliminados por completo de sus mejillas. Él había sufrido muchas pesadillas durante y después de la guerra, y no era algo que desearía a nadie. Mucho menos si eran tan fuertes como las del chico ante él. Después de acudir a psicomagos y meses de tomar pociones, las pesadillas sólo interrumpían sus sueños en ciertas fechas que propiciaban los malos recuerdos.
–¿Tienes ganas de…?
–¡No! Yo sólo…–se apresuró a decir Draco siendo interrumpido a su vez.
–Entonces, buenas noches –dijo cerrando la puerta con rapidez y quizás más fuerza de la necesaria a fin de que no ocurriese lo que la vez anterior.
Draco regresó a su cuarto pensando en Potter, en cuánto le había afectado verle así cuando le había importado poco o nada que llorara mientras se lo follaba. "Esto es diferente" se dijo. "Una cosa es que lo haga porque le desagrade su... trabajo y otra que sea por culpa de pesadillas".
Volvió a dormirse, pero no fue un sueño tan reconfortante como lo había sido antes de ser abruptamente despertado. Se había dormido pensando en el moreno y una inquietud que le decía que había algo muy mal con ese chico le había acompañado a brazos de Morfeo.
\O-O/
El Sol se filtraba entre las gruesas cortinas de la habitación. Harry miró el reloj que había en la mesilla el cual marcaba las nueve de la mañana, al fin era una hora conveniente para levantarse. Aquella noche habían alterado sus sueños dos pesadillas más, en una aparecía Fred planeando nuevas bromas para vender en su tienda mientras la oreja de George asentía a lo que el pelirrojo decía y bailaba a su alrededor. El chico había pensado hacer un mapa que dijese cuándo la gente se había tirado un pedo o sacado un moco y Sirius y Remus habían aparecido para ayudarle a llevar a cabo el invento. De la otra pesadilla no se acordaba, pero en ambos casos había despertado llorando y con una presión en el pecho que le dificultaba respirar.
Se levantó y caminó sin mucho ánimo hacia el baño que quedaba junto a la puerta de salida, pero se detuvo al ver una nota que salía de esta última. La recogió y al sacarla del sobre comprobó que era de Malfoy; en ella le informaba que podía hacer lo que le viniera en gana hasta las diez de la noche después de la cena, y, no sabía qué se había tomado el rubio aquella mañana para tal acto de caridad, había unos cuantos billetes verdes y marrones incitándole a que saliese a disfrutar de la ciudad. No sabía cuál sería la equivalencia entre libras y dracmas, pero supuso que sería suficiente para visitar un par de sitos y comer. Harry sonrió y se apresuró a ducharse y vestirse: aquel iba a ser un buen día.
Regresó a las siete de la tarde agotado. Esa mañana le había preguntado a la recepcionista qué le recomendaba ver de la ciudad y amablemente le había hecho una lista de los lugares, explicado cómo llegar e indicado horarios y precios. Obviamente, su primer destino había sido la Acrópolis. Había visto la gran puerta llamada los Propileos, el templo de Atenea Niké, el Partenón y el Erecteión, y aún tenía que volver al día siguiente para visitar la ladera sur de la colina, pues se había detenido demasiado comiendo en el césped y admirando las vistas de la ciudad y el atardecer desde su altura en la Cecropia. [1]
Se acostó en la confortable cama y se quedó dormido casi al instante. "Sólo dos horitas" se dijo realizando un hechizo para que lo despertase en ese tiempo y poder cenar algo antes de que Malfoy lo requiriese.
\O-O/
Harry tocó dos veces a la puerta de la habitación de Malfoy. Este último abrió poco después y le dejó pasar.
–¿Qué tal se te dan los masajes, Potter? –preguntó.
Las negociaciones de ese día habían sido extenuantes y se le antojaba un masaje y una mamada para liberar toda la tensión que había acumulado en sus músculos.
–Nunca me han pedido hacer uno –contestó descolocado por la inesperada pregunta.
–Tendrás que servir, no me apetece buscar un masajista ahora –dijo Malfoy dejando caer la bata al suelo antes de tumbarse boca abajo en la cama desnudo–. Desnúdate y hazme un masaje, no es tan difícil hacerlo medianamente bien. Úntate las manos con ese aceite y hazlo por todo mi cuerpo, excepto la nuca, para eso no me fío de ti –indicó señalando un botecito sobre la mesilla.
Harry se desnudó, se sentó junto a Malfoy en la cama, echó un aceite que olía a romero en sus manos y miró indeciso la pálida espalda.
–Puedes sentarte en mi culo mientras masajeas mi espalda y luego pasar a los brazos y las piernas –sugirió conteniendo su impaciencia ante la parsimonia del moreno.
Harry aceptó la recomendación, sentándose a horcajadas sobre él. Llevó sus manos a los hombros del rubio y apretó suavemente.
–Más fuerte, Potter –ordenó con el rostro enterrado en la almohada.
Repitió el movimiento aplicando más fuerza.
–Mmm... Así... –susurró complacido sintiendo como la tensión acumulada iba siendo disipada poco a poco con cada apretón.
Las manos fueron bajando a base de apretones y hacer círculos con sus pulgares por la espalda hasta llegar a donde él estaba sentado.
–Sigue... –dijo adormilado–. No te cortes.
Harry masajeó sus nalgas brevemente y continuó con las piernas y los pies, en los que descubrió que el rubio tenía unas cosquillas incontrolables; sin embargo le ordenó que no dejase de masajearlos entre suaves risas amortiguadas por la almohada. Siguió con los brazos y las manos y después el Slytherin se dio la vuelta descubriendo la erección que había estado atrapada contra el colchón.
Malfoy le cogió por la nuca y lo guió hasta ella. Asombrosamente, había estado disfrutando de lo que había estado haciendo. Ese masaje desnudos era totalmente sexual y sin embargo no le había repelido en absoluto, podría decir que lo había disfrutado. Tomó la dura polla en la boca con algo menos de desagrado y comenzó a chuparla. Por alguna razón, no le resultaba tan desagradable como de costumbre, aunque los recuerdos le atormentaran, debía dejar volar su mente lejos como siempre, y de pronto se encontró pensando en el día en Atenas. Después, mientras Malfoy le tironeaba del pelo instándole a ir más rápido porque estaba a punto de correrse, en la risa de éste mientras le masajeada los pies. Tragó el semen y descubrió con asombro que no era tan amargo como la última vez que se había parado a pensar en su sabor, muchos años atrás.
–Eres lo mejor para liberar toda la tensión, Potter –dijo Malfoy esparramado en la cama absolutamente relajado.
Harry no sabía si Malfoy querría algo más de él o si ya le dejaría marcharse. El joven pareció notar su titubeo y tiró de él acostándolo a su lado.
–Hoy no quiero que te vayas –dijo acomodándose a su espalda tan cerca que podía sentir su respiración en la nuca.
–Pero yo... tengo pesadillas y ya te desperté ayer –intentó hacerle cambiar de idea.
–Todos tenemos alguna vez pesadillas. Además, me es más cómodo tenerte aquí si me despierto con ganas a mitad de la noche –explicó mintiendo en gran parte.
Malfoy apagó la luz y poco después cayó dormido. Harry tardó más, no podía dejar de pensar en sus pesadillas y en que no quería que Malfoy las escuchase.
\O-O/
Una mano metiéndose en sus pantalones y apretando su culo le despertó. Abrió los ojos y vio a su tío observándole con deseo, tras él la ventana con barrotes le recordaba su imposibilidad de escapar y Hedwig en su jaula ululó como compadeciéndole.
Se dio cuenta de cuán iluso había sido al pensar que aquel verano sería diferente al resto de su vida en esa casa.
Vernon le quitó la ropa rápidamente y continuó manoseando su culo. Cogió tres bolígrafos de un bote en el escritorio y de golpe los introdujo en su ano. Harry apretó las sábanas con las manos y mordió la almohada para no gritar. Ese era el nuevo entretenimiento de su tío desde el verano pasado. Al menos sabía que le daba demasiado asco como para que alguna vez llegase a hacer algo más por lo que pudiese ser considerado ineludiblemente homosexual.
Le giró y continuó moviendo los bolígrafos. Harry se mordió el labio hasta que pudo sentir el sabor metálico de la sangre en su boca.
–Te gusta, ¿verdad, fenómeno? –susurró su tío con una pérfida sonrisa. Él negó con la cabeza, aunque sabía que no serviría de nada–. Ya, ya sé que no es lo que más te gusta, no te impacientes –replicó poniéndose a horcajadas sobre él y desabrochando su abultado pantalón.
Se adelantó hasta que su polla quedó junto a los labios de su sobrino y Harry comenzó a chupar la hendidura de la punta para después metérsela en la boca hasta que tocase su garganta como a su tío le gustaba. Sus ojos se veían opacos. Su mente había huido a la seguridad de Hogwarts, aunque a veces unos tirones en su pelo le traían de vuelta a la cruda realidad.
Hermione apareció a su lado como cada vez, el mismo vestido, la misma sonrisa, los mismos ojos tristes, la misma caricia y las mismas palabras.
Sintió que le agitaban, su alrededor se difuminaba aún más, los jadeos de su tío se hacían más distantes…"
–¡…tter, despierta! –escuchó la voz de Malfoy–. ¡Es sólo una pesadilla! ¡Vamos, despiértate!
Harry se incorporó rápidamente escapando de los horrores del sueño. Creía que había gritado en ese preciso momento, pero no estaba seguro, sólo sentía su boca reseca y la garganta irritada.
–Ya está, era una pesadilla –repitió Malfoy acariciándole la espalda tranquilizadoramente y despejando los últimos restos de su sueño.
Se dio cuenta de que estaba llorando e intentó borrar sus lágrimas y detener sus sollozos.
–Es mejor que lo dejes salir, te sentirás mejor –le aconsejó el rubio–. Todos hemos tenido pesadillas, hazme caso.
Él sabía que aquello no estaba bien, que no debía dejarse ver tan vulnerable ante su enemigo, pero hacía tanto que no sentía una caricia real. Siempre era la Hermione de sus sueños o las caricias de índole sexual.
En algún momento cayó dormido en brazos de Malfoy y el resto de la noche las pesadillas le dejaron descansar.
\O-O/
El piar de los pájaros le hizo despertar a la mañana siguiente. Miró a su alrededor y vio en la mesilla una bandeja de desayuno. Había zumo de naranja, café y bollos para mojar en él. Era un desayuno idéntico al que había pedido el día anterior. Cogió la taza y comprobó que incluso el café era como le gustaba.
La puerta del baño se abrió y Malfoy salió con una pequeña toalla rodeando sus caderas y otra en sus hombros.
–Buenos días –saludó.
–Buenos días. Yo... lo siento, esto no será para mí y... debería irme –dijo nervioso.
–Desayuna, Potter –dijo Malfoy comenzando a vestirse–. Además he hecho que trasladen tus cosas a esta habitación. Has sido un buen compañero de cama, no veo la necesidad de tenerte en otra habitación. Antes lo hice por si dabas patadas o roncabas.
–Tengo pesadillas cada noche –admitió–. ¿Quién querría dormir con alguien así pudiendo evitarlo?
–Alguien que sabe lo que es, supongo –contestó atándose los zapatos–. Nos veremos aquí a las cinco de la tarde.
Harry asintió viéndole coger su chaqueta y su porta folios para marcharse.
–Hasta luego, Malfoy.
–Nos vemos, Harry –dijo cerrando la puerta detrás de sí.
Harry se quedó descolocado al oír su nombre en los labios del Slytherin, pensando que por alguna razón sonaba dulce, y no era el esputo en que solía convertir su apellido con esa manera de arrastrar las palabras. Sacudiendo la cabeza devolvió su atención al suculento desayuno. Ese día visitaría el otro lado de la colina y el Agora. Todo le estaba gustando mucho, pero no le atraía meterse en un museo, prefería disfrutar del Sol que pocas veces veía en su país.
\O-O/
Draco había despertado esa mañana con un sentimiento de paz que hacía tiempo que no sentía. Abrió los ojos, entre sus brazos estaba Potter con la cabeza enterrada en su pecho. Respiraba pausadamente y su pelo alborotado le hacía cosquillas en la barbilla. De algún modo se sentía correcto sostenerle de ese modo.
Un sentimiento de protección por su antiguo némesis había despertado aquella noche en él, cuando le había visto sufrir tanto en sueños, llorar y romperse mientas lo abrazaba. Lo peor era que algo le decía que esas pesadillas no eran sobre la guerra como lo eran las que de vez en cuando lo acosaban a él, que en ellas se escondía la razón de las lágrimas del chico durante el sexo.
Acarició su suave espalda y apartó los mechones de pelo que cubrían sus ojos revelando su cicatriz en forma de rayo. La vida les había sacudido a ambos, él había tenido mucha ayuda, pero al parecer Potter no había tenido la misma suerte.
Decidió que sería más paciente con el chico, que por una vez haría algo por el mestizo. Descubriría qué era lo que le atormentaba y le ayudaría a curarse.
Con esa resolución se levantó de la cama cuidando de no despertarle. Se había duchado y tras hablar con el moreno se había ido a trabajar.
N/A: [1]Para cualquier duda o queja, Wikipedia fue mi amiga mientras pensaba qué haría Harry con su tiempo libre, yo no he puesto un pie en Atenas, así es que... es. wikipedia wiki/ Acr%C3%B3polis_de_Atenas# Parten.C3.B3n(quiten espacios)
Continuará... (mañana)
N/A: Los comentarios son amor, ¿me envían un poco?
