Disclaimer: Card Captor Sakura le pertenece a las de CLAMP. Lo saben.


¿Secuestrada?

II. Extraño Tratado.

No había murmurado nada desde aquellas palabras. Ni él ni yo.

El ambiente era… tan infrecuente. Claro, no es que sea frecuente que te secuestren mientras esperabas que el conductor del taxi volviera de comprar cigarrillos para llevarte a tu departamento; pero… no era el que imaginaba que se tenía entre un secuestrador y victima.

No había gritos, ni insultos… nada. El aire estaba recargado de silencio.

Las gotas de lluvia seguían golpeando las ventanillas, pero ya al paso de los minutos lo hacían sin fuerzas. Era una simple llovizna que acabaría pronto. El auto seguía su paso, a una velocidad no demasiado rápida.

No me preocupaba por ver por el camino por donde íbamos, por si podría reconocer el lugar. Ni siquiera me preocupaba por llorar gritando que me dejara.

¿Por qué? Era la única pregunta que llenaba mi mente. La única. Ya que podrían haber otras billones otras o regaños, al menos. Cómo que todo hubiera sido mejor sí hubiera aceptado ir con Rika o si, al menos, no hubiera tomado el taxi.

Pero en lugar de regaños, preguntas o pensamientos mínimamente coherentes, había preguntas absurdas. Ilógicas en todo sentido. También era irracional, por ejemplo, pensar en aquello cuando tendría que estar desesperada.

¿Por qué ese hombre había tomado ese lado? Ese hombre… Sentía el aura especial que él desprendía, ¿Cómo fue que había pasado a secuestrar?

Cerré mis ojos. No sentía en él el interés de hacerme daño, o sacarme dinero, lo sentía más como sí sólo quisiera haber tomado el auto. ¿Pero para qué? ¿Por qué?

¿Por qué no me había sacado del auto, sí era así?

Y… ¿Por qué sentía que presentía todo aquello? Estaba volviéndome lunática, era lo más racional.

Para ya. Me acallé. No quería oírme más, sólo sacaba conclusiones estúpidas.

Quizá, después de todo, tenía futuro como psicóloga, ¿no es verdad? Esa idea no era tan imposible… Bueno, no lo sabía, quizá sí.

— ¿Es que no piensas gritar? —Preguntó el hombre al fin, se notaba que se había estado conteniendo por varios minutos.

Aquello parecía sorprenderlo gratamente. Bueno ¿A quien no? Cualquier persona empezaría a aullar del espanto. O desmayarse, quizá.

— ¿Es que no piensas atarme y ponerme una cinta en la boca? —Contraataqué. Por el simple hecho de no tener admitir que lamentablemente, no era lo suficientemente normal como para actuar como se debía.

Pero… ¿Quién le hablaba así a su… secuestrador?

Él ya debía de haberse dado cuenta de mi anormalidad. Pero, no lo admitiría. O por lo menos aquella confesión no saldría por mis labios.

Pegué mis labios entre sí. Aunque en realidad no deseaba sellar mis labios, si no más bien mis pensamientos, que estaban a punto de enloquecerme.

Suspiré, mientras pegaba mis esmeraldas en la ventanilla del vehículo, donde caían lágrimas del cielo con lentitud, y se resbalaban por todo el vidrio. La vista por esa ventana no era muy entretenida, todo se veía borroso. ¿Pero que más daba? ¿Mirar la figura de mi secuestrador extraño? No, gracias. Paso.

—No —Pude escuchar su voz, en un susurro. Pero fue claro y audible para mí.

— ¿Qué? —Posé mi vista en su poca visible figura. Sin comprender aquél susurro.

Me mordí el labio inferior, arrepintiéndome de aquella pregunta. Nada que dijera o pensara tenía sentido ya. ¿Por qué?

Me apreté contra el asiento y respire profundamente, mientras cerraba mis parpados y me reía con cierta ironía en mis adentros, ¡Que torpe!

— No voy a atarte, ni nada parecido —Respondió con voz suave, yo no pude entender las emociones de aquella voz.

Abrí mis ojos lentamente, algo sorprendida por esa contestación. Pero fue algo extraño aquella sensación… era… ¿Agradable?

No, no era posible que fuera agradable, sólo… asombrosa.

Me sonreí a mí misma por lo que podía llegar a pensar.

Oh, vaya. Creo que alguien tendría que venir a aclararnos los papeles de secuestrado y secuestrador ¿Verdad? ¡Esto no era un comportamiento racional entre rehén y captor!

Como si algo lo fuera. Racional. ¡Ja!

Me mordí nuevamente, pero con más fuerza, el labio inferior, a tal punto que pronto comenzaría a sangrarme. Necesitaba usar cualquier método con tal de cerrar mi gran boca, sabía que sí me descuidaba, ésta hablaría por sí sola.

Dejé de hacer presión cuando creí que era suficiente, y me volví a recostar sobre el respaldo, mirando hacía un punto inexistente.

Cerré mis párpados. Nada me preocupaba. Dejé que él aire saliera por boca lentamente, y agarré mi bolso y lo deposité en mis piernas, lo apreté fuertemente. Me olvidé de todo.

El tiempo pasaba. No sabía definir, como había pasado todo el viaje, si fueron segundos, minutos, horas; lo único que podía asegurar es que me instalé en el mundo de los sueños.

. ______________ .

Me revolví inquieta, sin abrir aún los párpados, sobre mí misma. Estaba todavía algo dormida, y no encontraba la fuerza suficiente como para despertarme completamente.

Seguí dando vueltas leves y cuidadosas, enredándome con… ¿una sábana?

Debía de estar… Yo… ¿Dónde?

Me tardé unos segundos en recordar todo lo que había sucedido luego de salir de la universidad. Y deje de respirar por unos cuantos segundos.

¿Dónde estaba ahora? ¿Qué había ocurrido después de que me quedará dormida? Claro estaba que me había llevado a un lugar, pero… ¿a dónde?

Abrí los ojos lentamente mientras me sentaba sobre aquella cama y recorrí con ojos sorprendidos toda la habitación.

Era una habitación pintada de color crema, con varios muebles y adornos antiguos, también había varios cuadros. No era un cuarto grande, ni pequeño. Era perfecto.

Fije mis esmeraldas en donde me encontraba sentada. Era una cama de dos plazas y me hallaba cubierta por una sábana color carmín, y algo de rosado en los bordes.

En la habitación no había ninguna lámpara prendida, pero sí una ventana abierta, donde sus cortinas blancas estaban corridas y dejaban entrar la luz del sol.

Sí, del sol. La lluvia se había detenido, y ya había amanecido.

Sonreí ante el hecho de que la lluvia hubiese parado y no me preocupe en fijarme que paisaje se reflejaba através de la ventana.

Me destapé suavemente, dejando a la vista mi jeans oscuros y un poco de mi remera blanca con un fino abrigo rosado la cubría. Lo mismo que llevaba desde el día anterior, suspiré tranquilizada. Tenía la certeza que aquél hombre no era un violador, pero todavía seguía un poco adormilada.

Miré hacía un costado, donde estaba una mesita de luz y sobre esta unos cuadros con fotos. Las observé atentamente.

Mis ojos fueron como platos. Había tres fotos. En la primera había una mujer alta, de cabello largo y negro con un niño en brazos, un bebé que tenía una sonrisa plegada en su rostro, al igual que la mujer y que las cuatro niñas que la rodeaban. Eran tan angelicales y bellos. Debían de ser una familia… ideal.

En la segunda, mi ser se lleno de ternura. Era un niño de cabello color chocolate y ojos color ámbar, era pequeño y estaba junto a dos adolescentes que lo rodeaban y lo apresaban en sus brazos y mostraban una sonrisa divertida, mientras el niño sólo un rostro fastidiado. Debían de ser hermanos, el bebé de la foto anterior y dos de las niñas.

Y en la tercera, decir que el corazón se me acelero y que mi respiración se me detuvo era una forma mínima de expresar el asombro que me causo encontrarme con aquella imagen. Pues era un joven. Ese joven.

¡Claro!, también era el bebé de la primera foto y el niño de la segunda. Aquél ser perfecto de cabello chocolate, ojos color ámbar y rasgos perfectos.

Tenía una sonrisa nerviosa y los ojos levemente entornados. Llevaba las manos en los bolsillos de su jeans y una camiseta de color azul marino.

No sé cuanto tiempo me quede observando fascinada la última foto, admirando la belleza de aquél ser. Podía asegurar que fueron varios minutos. Moví mi mano hasta aquel cuadro y lo atraje hacía mí, hasta que lo tuve cerca y con mis dedos comencé a acariciarlo.

Suspiré y —sin dejar el cuadro— miré hacía mi alrededor. Y me atacaron las preguntas que debían haber captado mi atención desde el principio.

¿Dónde estaba? ¿Por qué me habría llevado allí? ¿Sería su casa? ¿Y esta habitación? No. Debía de ser de alguna de sus hermanas o de su madre… Seguramente de su madre, es más común que lleven ese tipo de cuadros y adornos en una habitación. ¿Entonces…?

Devolví el cuadro a su lugar y apreté con fuerza mis parpados antes de deslizarme sobre la sábana. Cuando llegue a tocar el suelo, me dí cuenta de algo en lo que no había pensado: Llevaba mis zapatillas blancas también puestas. Suspiré.

Me encaminé, despacio, hacía la puerta de salida: una puerta de madera, con leves detalles de textura. Parecía que era una familia estable ¿O es que habían robado todo? Sacudí mi cabeza, y deposité mi mano en el picaporte.

Detente, piensa en lo que podría haber.

Pero no, aunque mi parte racional sabía que eso era lo que debía hacer, sólo giré el picaporte. Pero ¿Qué era lo que iba a hacer de cualquier manera? ¿Salir por la ventana?

Moví la puerta con lentitud y cuidado, hasta dejarla entreabierta. Hizo leves chirridos al moverse, pero nada demasiado estruendoso.

Para dejar a la vista un pasillo, paredes color blanco y baldosas celestes. Salí de la habitación, cerrando con cuidado ésta. ¿No era raro que no la hubiera cerrado con llave? Bueno. Todo era extraño, mejor no pararse a pensar en aquello.

Caminé a paso lento por el pasillo, con la vista perdida. Todo era sencillo, pero no por ello menos bello. Había cuadros, adornos y todo lo demás, que le daba un efecto especial a aquel pasillo.

Miré las baldosas, por alguna razón, no deseaba mirar hacía delante. Seguí así, sin importarme cuanto me faltaría para encontrarme con otra habitación, ya me había cruzado con algunas puertas idénticas por la cual yo había salido al pasillo.

— ¿Qué haces aquí? —Su voz ruda y varonil hizo que me parará en seco.

Cerré los parpados fuertemente por unos segundos y respiré profundamente. ¿Cómo sería verlo al rostro… en la luz? ¿Me quedaría embriagada con su belleza y diría cosas incoherentes?

¿Por qué me preocupa aquello? ¿Es que nada puede ser… mínimamente normal?

Levanté levemente el rostro mientras habría con lentitud los ojos. Él estaba a unos pocos metros de mí, donde el pasillo terminaba, abriendo paso a una enorme sala, pero no pude percibir lo que había dentro.

Él era aún más hermoso, la foto simplemente no reflejaba ni mitad de su belleza verdadera.

Los mechones de su cabello chocolate estaban dispersados y algunos en su rostro, que raramente, no tapaban su perfección, si no que aquél despeinado toque lo hacía aún más tentador.

¿Tentador? De acuerdo. Algo va mal en mí.

Suspiré y miré hacía sus ojos. No pude parpadear. Me quedé pérdida en aquél laberinto color ámbar.

—Mm… —Un extraño sonido salió de sus labios. Algo así como… diciendo… ¿Espero tu respuesta? Debía de ser.

¡Entonces, despierta! ¡Sakura!

—No lo sé. Dímelo tú. ¿Qué hago aquí? —Pude modular. Bajo, pero audible.

Las comisuras de sus labios se elevaron, formando una sonrisa divertida, mientras se acercaba unos pasos a mí y se apoyaba contra la pared.

Bien, ya no son pocos metros, ya es un metro de distancia.

—Oye, puede ser que no te de el trato esperado, pero sigo siendo tu secuestrador, trátame como se debe —Susurró mientras su sonrisa crecía.

Le sonreí con cierta ironía.

—Oh, pues… ¿Se supone que deba temblar mientras te hablo? —Pregunté con sarcasmo.

Negó con la cabeza.

Lo miré desconcertada. Su mirada misteriosa no respondió a ninguna de las preguntas que se escribieron en mis ojos.

Suspiré.

—Me llamo Sakura. Y no comprendo —Confesé. No le temía.

Puso uno de sus dedos sobre el mentón, pensativo. O por lo menos, eso quería dar a entender. Seguía apoyado en la pared y su expresión seguía siendo pensativa, pero una pizca de diversión surcaba en sus ojos.

— ¿Qué no comprendes? —Preguntó al fin.

Nada. Absolutamente nada.

—Por qué no me atormentas, ni me atas… ni me robas, o lo que desees —hice una expresión de asco ante imaginarme lo que haría cualquier depravado, sacudí la cabeza y proseguí—, nada. No… yo n-no te sentí con aquellas intenciones…

No descubrí su reacción, ni sus pensamientos ante mi "confesión". Sólo cruzó sus brazos sobre su pecho y cerró los ojos por unos instantes.

Me mordí el labio inferior. Se veía demasiado atractivo. ¡No era justo! ¿Por qué me sentía así?

— ¿Qué no sentiste? —Se extrañó. No abrió los ojos al modular su pregunta.

Abrí levemente mis labios.

Claro que le extrañaría aquello.

—Sí… es que soy psicóloga… en realidad, estoy estudiando psicología —susurré.

De todos modos, no tenía coherencia. No lo conocía de cualquier manera.

Se calló por unos minutos, pensativo. Abrió los ojos y me miró directamente a los míos. Me sentía aprisionada, atrapada en aquél par de ámbares.

Asintió.

—Bueno —suspiró—. No voy a hacerte nada.

Esa no era mi duda. Mi duda era ¿Por qué?

Intenté salir de su aprisionamiento, y logré desviar la mirada. La dirigí al suelo.

Me mordí el labio sin fuerzas y luego suspiré levemente.

— ¿Por qué me atra… —me corregí— Secuestraste?

Dejó de apoyarse contra la pared y se encaminó hacía el largo salón donde terminaba el pasillo, dándome la espalda.

—No era mi intención secuestrarte —Lo escuché musitar.

Y desapareció en la sala que se extendía luego.

Sin decirme nada más.

Nada.

Absolutamente nada.

¿Qué debía hacer? ¿Ir a la sala?

Creo que era lo más acertado. Además…

Todavía tenía dudas sobre aquel… extraño tratado.


Bueno, Cap. II de este Short-Fic (: Perdón por el leve retraso. Espero que les guste y dejen sus reviews (: Por cierto, gracias por los reviews que me dejaron ^^.

Gracias a mi ángel personal por todo, betearlo y darme su apoyo (L). Te adoro Angie! (L). Hay un reto que ella me dió, que lo publique el lunes, "Objetivos" MeilingxShaoran ^^, a quien le interese, puede leerlo y dejar su review ^^. ¡Se los agradecería mucho!

Bueno, no sé, no me gusta mucho. La idea me encanto desde el momento que se cruzo por mi mente (I), pero no estoy conforme con mi forma de expresarme, pero, bueno. Por cierto, ya lo tengo todo planeado (?), sólo faltaría escribirlo y no tengo detalles u_u. Si Dios quiere, en una semana o un poco más, va a estar el Cap. III.

Gracias a todos. ¡Un beso! ¡Dejen sus reviews! ¡Por favor!; Por que si me siento leída, me dan ganas de seguir escribiendo, comprenden? xD, Bueno, me despido xd. Espero sus reviews :)

Se cuidan. Jane (L).