Bueno primero disculpas por la demora (el trabajo y la facultad me llevaron a estar en tratamiento ToT), y segundo muchísimas gracias por el apoyo, espero que les guste o que por lo menos compense en algo la demora…
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Disclaimer: Nada me pertenece, salvo los problemas de sintaxis y puntuación.
Virtudes Cardinales
2.- Fortaleza
Yukimura no puede evitar sonreír cuando lo siente temblar.
Genichirou llegó casi al terminar la hora de visita. No coincidió con ninguno de sus compañeros, y esperó hasta que la madre de Seiichi decidiera dejarlos solos para que pudieran hablar del campeonato, de la escuela, o de las cosas de las que hablan los chicos cuando no están presentes sus madres.
Sus escalofríos son más continuos, y está seguro que Sanada también pensó en una princesa de cuentos cuando lo vio por primera vez. Lo sabe pero no le incomoda, porque a su corta edad ha recibido más cumplidos por su gracia y delicadeza que por su gran habilidad para el tennis.
Cuando le propuso quedarse a dormir pudo distinguir el sonrojo en sus mejillas, y antes que algunas excusas se colaran entre ambos, corrió hasta la enfermera de turno logrando, gracias a su cara más tierna, un par de almohadas y mantas extras para que Sanada-kun pasara más cómodo la noche.
Es irónico como una persona tan fuerte, tiembla ante la idea de quedarse solo con alguien que parece tan frágil. Porque lo ve indefenso tratando, en vano, de poner toda su atención en la puerta, forzando a su oído a sentir el menor ruido de pasos, agudizando su vista para comprobar por enésima vez si el pestillo de la puerta está colocado, intentando sin éxito vano no pensar en lo que esta haciendo Yukimura.
Es por eso que ver asustado a Sanada lo divierte.
Y lo incentiva a mover su mano con más calma, acomodándose mejor sobre sus caderas. Olvidando los botones de su camisa, deslizándose cada vez más abajo, haciendo que sus ojos se ensanchen aún más. Y sonríe más al ver la desesperación de Sanada por constatar con la mirada que el seguro de la puerta, esté puesto en realidad.
Deja su mano quieta sobre su cintura, escuchando con calma los suspiros de Sanada cada vez que juega con el botón de su pantalón. Sus dedos se cuelan y van bajando la tela, liberándolo. Besa su pecho de a poquitos, torturándolo porque aún sigue vestido y se muerde la lengua para no rogar que lo deje desnudo de una vez.
Su sonrisa se ensancha al sentir el primer gemido que logra escapar, a pesar de que Genichirou intenta ocultarlo besándolo con torpeza. Y el capitán de Rikkai Dai agradece en silencio a la enfermera que permite dejar dormir a su compañero la noche antes de la operación, a la madre que deja a su hijo dormir fuera de casa sin enojarse, a su padre que entiende y hace comprender a su madre que necesita estar solo, porque no aguanta más las ganas de tenerlo consigo esta noche.
Esta noche. Por lo menos esta noche.
Porque mañana será la final y él no podrá ir a recoger el trofeo con su equipo, porque estará rodeado de bisturís y algodones que disimulen la sangre de sus cortes. Su lengua recorre con calma la longitud de su cuello, desviándose apenas lo suficiente para dejarle murmurar lo mucho que lo quiere, que lo ha querido y que lo querrá.
¿Y si la operación no funcionaba?
Porque él no sabe que pasará mañana, porque tal vez nada funcione, porque tal vez no resista, porque tal vez todo termine. Y si todo va mal no sabe qué les dirá a los muchachos cuando lleguen a darle su medalla, que no había sido lo suficientemente fuerte, que el dolor era mucho más de lo que podía resistir, que tenia miedo…
El último estremecimiento de Sanada, lo devuelve a la realidad.
Vuelve a sonreír besándolo dulcemente, explicándole sin palabras que todo está bien, que no importa que lo haya manchado; pero él no se mueve, intentando normalizar su respiración, evitando mirar a los ojos a su capitán. Yukimura siente el cuerpo de Sanada más pesado, como si toda la carga que intentaba olvidar al ingresar al hospital se acumulara sobre sus hombros, recordándoles que mañana puede ser un nuevo comienzo o un esperado final.
Así que lo coge con cuidado, limpiando cualquier sospecha que indique que han hecho algo más que conversar. Lo acomoda con calma a su lado, jugando con su cabello en un intento de ayudarlo a dormir, y cuando lo ve cerrando los ojos se acuesta junto a él, dándole la espalda, mirando el reloj, porque mañana será un día largo para ambos y deben intentar dormir aunque sea un poco.
—No me dejes…
El susurro de Sanada, su cuerpo pegándose a su espalda, sus brazos apretándolo con fuerza y hundiendo el rostro en su cabello, aspirando el suave olor de su piel, temblando ante la cercanía y la casi ausencia del autocontrol necesario para no pedirle que continúe acariciándolo. Todo eso junto y retumbando en cada parte de su cuerpo.
Yukimura se siente culpable por no ayudar a abatir su insomnio, sabe que acaba de romper la barrera más férrea de Sanada, y que a pesar del miedo a lo que venga de ahora en adelante, ha descubierto también la clave de su victoria.
-Nunca…
Debe ser fuerte.
Por él.
Por Sanada.
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No me termina de convencer (tal vez porque es más largo de lo que me gusta escribir), pero si lo tengo más tiempo nunca lo voy a terminar. En verdad todos los capítulos estaban boceteados (medio intangibles porque escribo cuando apago la luz antes de dormir XD), pero a veces no llega la inspiración para darles el toquecito que quiero. Ando más entusiasmada con el siguiente.
Gracias por leer, y ya saben cualquier queja o comentario háganla llegar con total confianza n.n
