Los personajes de Candy Candy pertenecen únicamente a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, esta versión del final ha sido hecha sin fines de lucro y por motivos de entretenimiento.
Estaba en la mansión, rondando continuamente el teléfono, tenía la esperanza de que pronto sonaría y George me diría que por fin la había encontrado, pero pasaron las horas y este simplemente no timbraba, entonces yo comencé a preocuparme todavía más por la pequeña.
Candy es una niña de escasos 12 años, rubia, de ojos alegres y bastante simpática, una niña así no solo está expuesta a los peligros de sufrir maltrato sino también abusos… no quería ni pensarlo, ella tenía que estar a salvo pronto, quien sabe qué clase de persona era ese tal García.
Rodé en mi cama una y otra vez, debía pensar que todo estaría bien, me preguntaba cómo se estarían sintiendo mis sobrinos en estos momentos, seguramente Anthony era el más afectado; por George estaba enterado que su relación con la pequeña era más estrecha que con Stear y Archie, por ellos y por mí es que deseaba que ella estuviera bien.
Cerca de las 5 de la mañana el mayordomo subió a mi habitación avisándome que tenía una llamada, yo olvidando todas las normas de vestimenta baje apresurado con mi habitual pijama y baje las escaleras casi a trompicones, al tomar el teléfono escuche por fin la voz de George.
—Señor la he encontrado —me dijo inmediatamente al tomar la llamada.
—¡Oh George que maravilla! —exclamé emocionado y no me contuve en preguntar —¿Ella está bien?
—Ahora lo está… —me respondió arrastrando la última palabra.
—¿Qué paso?
—Señor… no quisiera decírselo, pero la encontré justo antes de que pasara una calamidad —me respondió al instante.
—Acaso…
—No, no pasó nada, por suerte yo llegue a tiempo y pude traerla conmigo… si usted no hubiese decidido buscarla ella seguramente estaría arruinada.
Al escucharlo me quede mudo, mis preocupaciones eran reales, Candy corría mucho peligro; por suerte ahora ella estaba con George y próximamente estaría con los Andrew, una vez más no pude evitar pensar en lo inconsciente que había sido Sara al enviar a una pequeña niña al extranjero.
—Y dime ¿Dónde fue que la encontraste? —le pregunte obligándome a pensar en otras cosas.
—Cerca de la frontera, en un principio se resistió, pensaba que era un secuestrador, pero al final creyó en mis palabras, en estos momentos duerme, para ella han sido muchas emociones fuertes.
—Me lo imagino, ahora George te encargo que la lleves con mi tía y los chicos, no olvides entregarle la nota que deje preparada para mi tía, espero y esta vez respete mis deseos.
—Así lo hare señor.
—Perfecto y muchas gracias George.
Cuando colgué el teléfono me sentí mucho, pero mucho más tranquilo ¡Bendita la hora en la que decidí adoptarla! Regresé a mi habitación para continuar con mi descanso, mañana George y Candy regresarían a Lakewood, y seguramente mi tía pondría el grito en el cielo en cuanto se enterará, pero, aunque diga que está en contra, la adopción ya está hecha y solo yo puedo cancelarla.
A la mañana siguiente tome mis cosas y deje la mansión para dirigirme a Lakewood, aunque George me sugirió quedarme, yo quise irme para estar presente en la llegada de Candy, quería estar completamente seguro de que ella estaba sana y salva, aunque esto lo hiciera observando en la distancia, sin poder acercarme.
Me acomode en la rama de un árbol con mi habitual disfraz de vagabundo y coloque los binoculares en dirección a la entrada de la mansión. Pupé al igual que yo esperaba impaciente a que George y Candy aparecieran, hasta que por fin lo hicieron.
Candy iba sentada al lado de George vestida con un hermoso vestido blanco de holanes y una enorme sonrisa dibujada en el rostro, nada, absolutamente nada me había hecho sentir tan bien como esto, aparte claro de Rosemary.
Los vi bajarse del coche y vi también como mis sobrinos, sobre todo Anthony salían a su encuentro, supuse que ella les estaba diciendo que había sido adoptada por mí ya que, un gesto de incredulidad se dibujó en el rostro de todos, sobre todo en el de Elisa y Daniel que también se encontraban allí.
La tía Elroy no tardó en aparecer y George se acercó a ella extendiendo mi carta, vi como su rostro se puso rojo de furia, pero no vi que se negara a recibirla, por fin había logrado valer una decisión mía sin que ella se interpusiera. No estoy seguro, pero supongo que la presión que ejercieron mis sobrinos sobre ella tuvo mucho que ver, no podía desobedecer mis órdenes frente a nadie y mucho menos frente a ellos. Grite eufórico celebrando mi doble triunfo, Candy tendría una mejor vida y yo ahora tenía el valor suficiente como para hacer respetar mis ideas.
Baje de la rama y me dispuse a volver a donde se suponía estaba yo, seguramente la tía Elroy estaría buscándome para pedirme explicaciones. Al llegar me di cuenta de que efectivamente mis sospechas eran ciertas, había pasado casi toda la mañana intentando hablar conmigo y los sirvientes me habían ayudado con unos buenos pretextos para excusarme, estaba por subir a mi habitación cuando el teléfono timbro una vez más, era mi tía.
—¿Me puedes explicar porque has adoptado a esa chiquilla? —me grito desde el otro lado de la línea.
—Porque así lo he decidido, ¿Qué acaso no soy el heredero de los Andrew? —sabía que no tenía argumentos ante mi respuesta.
—Pues vaya capricho el tuyo, ahora voy a tener que lidiar con una ladrona y mala influencia para los niños.
—Mire tía eso es algo que discutiremos luego, ahora lo que tiene usted que hacer es ver que no le falte nada y si considera que es una mala influencia haga algo por corregirla.
La tía Elroy no dijo nada más y colgó.
Por otro lado, George me llamo después para informarme mucho de lo que yo ya estaba enterado, ahora, aunque en un principio habíamos usado como pretexto un negocio ficticio me vi en la obligación de hacerme cargo de uno completamente real, por primera vez me enfrentaba yo solo a lo que estaba a nada de ser mi destino.
Me vestí elegantemente y me hice pasar por un empleado más de la compañía, que en ausencia de George debía de suplantarlo. Estaba nervioso, pero conforme la plática fue fluyendo deje que los nervios escaparan y rápidamente me vi resolviendo el asunto sin ningún problema, quizás la tía Elroy tenía razón, no había nadie mejor que yo para este trabajo. Orgulloso de mi mismo regresé a Lakewood, ahora tenía en mente organizar una fiesta de bienvenida para Candy, todos los miembros de la familia debían enterarse de su adopción y tener en claro el lugar que ella ocupaba ahora dentro de la familia.
La tía Elroy no me recibió muy alegre que digamos, pero al escucharme decir la palabra fiesta automáticamente su estado de ánimo cambio, nada le emocionaba más a ella que hacerse cargo de la organización de un evento y dejar muy en alto el apellido Andrew.
Todo iba bien hasta que me dijo… acepto organizar su fiesta de bienvenida, pero solo bajo mis propias reglas… yo acepte, pero después me arrepentí, ella planeaba castigarme un poco por haber adoptado a Candy, pues la celebración no sería otra cosa que una cacería de zorros y mi tía muy bien sabe lo que opino respecto a eso. Me trague mi orgullo y deje que sacara su coraje con eso, de todas formas, nada malo podía pasar.
Aprovechando que era la hora de la cena me vestí con mi traje de vagabundo y salí de mi habitación cuidando que nadie me viera, me escabullí por los jardines y me tire en el pasto aspirando el dulce aroma de las rosas, a pesar de que el perfume llega a todos los rincones de la mansión necesitaba venir aquí con urgencia, solo en este lugar lo disfrutaba, pues era aquí en donde Rosemary y yo jugábamos luego de que me ayudaba a escapar de mis profesores.
Todo estaba en calma hasta que una voz medianamente cerca de mí me saco de mis pensamientos, me acomodé de modo que no me viera, pues al prestar más atención me di cuenta de que era la pequeña Candy quien conversaba a solas.
…las rosas empiezan a marchitarse…
Era verdad, a pesar de que estaba aquí en medio del jardín no me había percatado de ello, el viento soplaba freso y los pétalos se soltaban débiles de las flores… entonces recordé algo, ya sabía porque la necesidad de venir aquí desde que había iniciado el día, pronto un aniversario más de la muerte de mi hermana se sumaría a la lista.
En eso mire a Anthony acercarse y supe que no podía seguir allí exponiéndome, era seguro que si mi sobrino me veía inmediatamente me descubriría a pesar del disfraz que traía encima.
¿Me pregunto cómo es que serían las cosas si Rosemary siguiera con vida? Seguramente muy contrarias a como son ahora, Anthony y yo seriamos felices, y ninguno de los dos nos sentiríamos solos…
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El día de la cacería para mi desgracia llego, y digo para mi desgracia porque siempre he estado en contra del maltrato injustificado hacia los animales; recuerdo muy bien la primera vez que me negué a utilizar el sporran porque descubrí que estaba hecho a base de piel de animal y también del castigo que recibí por parte de la tía luego de que me presente con el traje tradicional incompleto, aun a pesar de eso no me arrepiento, sé que si mi padre viviera me entendería.
Total, aunque yo no asistiría al evento me vestí de gala como si de verdad lo fuera a hacer, de todas formas, aunque los demás no supieran yo formaba parte de la celebración. Acomode un par de sillas frente a la ventana, una para mí y otra para Pupe, y coloque los binoculares que tan útiles me resultaban en momentos como este.
No paso mucho tiempo para ver como todos los integrantes de la familia se reunían en los jardines luciendo sus mejores galas. Es curioso que entre nosotros mismos queramos aparentar superioridad cuando en realidad todos somos iguales…
Bueno al cabo de un momento mis tres sobrinos aparecieron escoltando a la bella Candy que sonreía nerviosa a todos los invitados, me imagino como debió sentirse rodeada de extraños que la veían atentos esperando que cometiera alguna falta.
La tía abuela llamo la atención de todos y supongo que empezó con su discurso en donde seguramente dejo en claro a todos, que la adopción de Candy era un capricho mío, como lo llamaba cada vez que me lo echaba en cara. Después Candy fue quien hablo y fue así como se dio inicio a la cacería; decidí levantarme, lo demás que pasaría prefería no verlo, lo más probable era que vería como alguno de mis familiares corría orgulloso sujetando un zorro sin vida, así que me levante de mi asiento y fui en busca de algo de comer; por mi soledad en mi habitación había una pequeña cocina en donde yo tenía la libertad de prepararme algo; recuerdo que cuando le propuse mi idea a mi tía, ella se exalto enormemente, pero después termino aceptándolo, era por mi propio bien, aunque de todas formas rara es la vez que me deja cocinar.
Estaba yo ensimismado con el guiso que preparaba cuando un fuerte alboroto en el exterior llamo mi atención, lo que escuchaba no se trataba de una celebración sino más bien de pánico y miedo. Me acerque a la ventana con los binoculares listos para ver la causa de todo esto y entonces… ¡Oh dios mío! No puedo continuar…
Entonces miré como un par de hombres cargaban a mi sobrino Anthony y otro más a Candy, mi tía abuela lloraba y vi como George venia en dirección mía, su rostro estaba desencajado.
…Anthony está muerto…
Deje caer los binoculares y me desplome en el piso, lo único que me quedaba de mi querida Rosemary se había ido, claramente sentí como una parte más moría dentro de mí, George, él simplemente no sabía que decir, las palabras sobraban, lo único que hizo fue posar su mano sobre mi hombro y permitirme llorar cerca de él, cuando mi hermana murió me sentí devastado, ella era la única figura materna que tenía ya que mi madre había fallecido luego de traerme a la vida, y ahora su hijo, mi amado sobrino Anthony también se había marchado… siempre pensé que de no haber nacido, mi madre jamás habría muerto, pero Rosemary siempre me consolaba diciendo que eso estaba fuera de mis manos, no había sido culpa mía, pero ahora, que le podría decir a mi hermana si yo mismo fui quien le pidió a la tía organizar el evento, si yo mismo di la autorización…
Quise salir y ser yo quien cargara a mi sobrino, pero no podía… ¡maldita sea! No podía…
Candy estaba inconsciente seguramente había sido testigo de todo, la pobre estaba bajo un shock al igual que yo en estos momentos, George tuvo que salir y estar con los demás en representación mía y yo me quede encerrado golpeando la pared con los puños… no había forma de sacar el sentimiento que sentía dentro de mi pecho, ahora en verdad estaba solo.
Llore hasta que mis ojos se quedaron secos, la noche había caído ya y yo seguía en el piso sin fuerzas para levantarme, en ese momento llego George y me ayudo a subirme a la cama, él también estaba sumamente dolido por lo que había pasado.
—Su tía se ha encerrado en su habitación y la señorita Candy sigue sin reaccionar... —me dijo con un hilo de voz.
Como pude, retomé fuerzas para hablar —¿y mis sobrinos? ¿Cómo están ellos?
—Bueno… siguen sin poder creer lo sucedido.
—Yo mismo me obligo a no creerlo…
—Lo siento señor…
—Por favor George, nunca más vuelvas a decirme así, eres mi único amigo, en momentos como este preferiría que solo me llamaras William.
George asintió mientras me daba un abrazo como consuelo y entonces de nuevo hablo.
—Por ahora descansa, mañana será un día difícil.
Le hice caso, pero después decidí levantarme, debía buscar a mi tía y convencerla de que me dejara estar presente en el sepelio, sabía de antemano que eso no era posible a menos que ella estuviera de acuerdo, pero esta vez no estaba dispuesto a que las cosas se repitieran.
—Tía, por favor ábrame la puerta —la llame recordando lo que me había dicho George.
—Vete de aquí, no quiero hablar con nadie —me respondió.
—Soy William, por favor debo hablarle.
—¿William? —dijo en voz baja temiendo que alguien más me hubiera escuchado, luego se abrió la puerta.
—¿Qué haces aquí? Sabes que no puedes venir a esta parte de la casa —me dijo intentando no retarme.
—Vengo a rogarle que me permita asistir mañana al sepelio de mi sobrino… por favor…
—¡Imposible! Sabes que no puedes exponerte.
—Pero tía ¡no es justo!
—Tampoco es justo que Anthony muriera, todo es culpa tuya, si no hubieses adoptado a esa chiquilla, nada de esto habría pasado, ¡vete! Quiero estar sola.
Sin dejarme decir ni una palabra más me echo de su habitación, aunque estaba cubierta de lágrimas y completamente devastada se negó, y yo debía regresar para que nadie más me viera… al llegar a la parte más recóndita de la mansión grite y patee el piso, simplemente no era justo que me hicieran esto, yo debía de estar allí…
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La mañana era fría, ni siquiera le veía sentido tener que levantarme pronto, lo único que haría sería volver a la realidad en donde mi sobrino ya no estaba y deseaba huir de eso, de nuevo pasaría lo que en su momento paso con mi hermana, tendría que darle mi último adiós desde la ventana, lejos, sin siquiera poder ver su rostro para asimilar que de verdad estaba sin vida… ¡maldita suerte la mía! ¡maldita la hora en la que nací siendo el único heredero! De no ser así en estos momentos podría estar allá junto a todos los demás llorando la perdida de Anthony y no aquí. Pero al descubrirme la cara me di cuenta de que una nota estaba en el buro, estiré la mano para tomarla y entonces leí.
…William no hay forma de que te estés en el sepelio, pero esta vez en cierta forma podrás estar presente…
Con prisa me levante de la cama, busque mi ropa de luto y de nuevo sentí que la tristeza me embargaba, pero esta vez pude con ello y continúe vistiéndome. No paso mucho rato antes de que George llegara a buscarme.
—Qué bueno que miro mi nota y está listo —me dijo forzando una sonrisa.
—¿Nos vamos?
Me dio una capucha y salimos de la mansión por la parte trasera, abordamos un coche para luego dirigirnos a donde sería el lugar de descanso de mi sobrino.
No hubo forma de que me acercara tanto como los demás, pero por lo menos esta vez sentía que estaba presente, apreté los puños con impotencia, a pesar de poseer dinero a manos llenas no podía hacer nada para traer de nuevo a Anthony…
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Después del sepelio regrese a mi escondite, como llamo a mi habitación y comencé a guardar algunas cosas en una mochila, quería irme de Lakewood cuanto antes, desde un principio supe que venir a aquí no era una buena idea. Debía macharme lo más pronto posible, la tía Elroy seguía encerrada y George no estaba así que nadie podía detenerme; iba cruzando la puerta cuando la pequeña Candy llego a mi memoria… la pobrecilla seguía sin despertar. Mire hacia donde me disponía a ir y luego voltee a ver hacia la ventana que pertenecía a la habitación de Candy, simplemente no podía irme y dejarla a ella en las condiciones en las que estaba, me necesitaba.
Me escabullí por los pasillos y trepe hacia el tejado con mucho cuidado para llegar hasta donde ella estaba, todo lucía en penumbras así que nadie tenía porque verme. Deslicé su ventana y pude verla recostada en su cama, el gesto que tenía reflejaba una profunda tristeza y aunque estaba inconsciente sufría al igual que yo…
Tomé su mano tratando de darle apoyo y no pude evitar darle un beso en la frente, su estado en verdad me partía el corazón.
…De nuevo estamos solos Candy…
…Entiendo como debes sentirte, por fin habías encontrado a alguien que te amaba sin juzgarte y ahora lo has perdido…
Y así como había llegado, me fui.
Regrese a mi habitación y a la mañana siguiente me entere que ella por fin había despertado.
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Vagaba por los alrededores disfrazado de trotamundos, necesitaba distraerme y Pupe en serio se esmeraba por tratar de hacerme sentir mejor, a pesar de que es un animalito se da cuenta de cómo me siento; ella comenzó a correr y yo la seguí obligándome a reír, cuando la alcance levante la cabeza y me di cuenta del lugar en el que estaba, sentí una punzada de dolor en el pecho; estaba justo frente al portal de las rosas, me quede parado un instante hasta que unos pasos me sacaron de mi turbación, era la pequeña Candy, que corría desconsolada apretando los puños intentando aguantar lo inevitable, se quedó parada por un momento mirando el portal justo como yo lo hacía minutos antes y vi como su voluntad se quebraba, gruesas lagrimas comenzaron a rodar por sus mejillas y luego vi cómo se desplomaba en el piso con un llanto que me partía el alma, ser testigo de la muerte de su gran amor era una carga difícil de llevar, incluso para mí lo era todavía.
La noche anterior había pensado muy bien las cosas, sobre todo luego de verla sufrir mientras dormía, yo había pasado por alto todo lo demás y solo me centre en lo que yo sentía, Anthony no desearía eso, por el contrario, esperaría que yo le brindara todo lo que él ya no podría darle… debía protegerla.
Limpie mis lágrimas y me obligue a ser fuerte, debía serlo, esa pobre niña me necesitaba, me acerque a ella y cuando levanto la vista vi el dolor en sus ojos, por un momento sentí que no podría continuar con mi actuación hasta que se refugió en mis brazos y me dio la libertad de derramar una lagrima por mi sobrino, al tenerla allí entre mis brazos confirme que yo no era el único que sufría, ella también estaba destrozada, la abrace aún con más ternura, la calidez de su abrazo me hizo sentir que también a mí me consolaba y esto solo me dio el valor para aceptar el destino… no debíamos llorar por Anthony y mucho menos sentirnos tristes, por el contrario, debíamos estar felices de haber tenido la oportunidad de conocer a un alma tan pura y buena como la de él…
Y en esta ocasión nuestra conversación se vio interrumpida por la llegada de mis dos sobrinos, Alistar y Archivald, en un descuido me marche sintiéndome satisfecho por lo que le había dicho a Candy.
Este día sin duda había traído muchas cosas buenas, cuando George me vio se sorprendió por el notable cambio en mi estado de ánimo.
—Me alegra que se encuentre mejor.
—Sí, me di cuenta que nada ganaba con estar triste —le respondí mientras tomaba mis libros.
—¿Puedo saber cómo lo logro?
—Fue Candy quien me abrió los ojos… de echo hace un momento conversé con ella —le respondí con naturalidad.
—¿Dónde? ¿Afuera? —pregunto alarmado.
—Así es, pero no te preocupes nadie me vio —le conteste rápidamente —además, iba vestido de vagabundo.
—No deberías seguir exponiéndote de esa forma, a este paso tu identidad quedara al descubierto en cuestión de días —me reprendió.
—Lo sé, por eso es que quiero pedirte un favor.
—Dime.
—Quiero regresar a Londres; ni Lakewood ni Chicago son para mí en estos momentos.
—Entiendo, aunque eso era algo que ya tenía previsto, hay unos negocios que resolver en el viejo mundo y el viaje lo habríamos de realizar aun si tu petición —me dijo ahogando una carcajada.
—En ese caso me parece perfecto, aunque de todas formas preferiría esperar un poco, Candy me preocupa.
—Le preocupa la señorita o la señora Elroy.
—Sobre todo mi tía, esta tan encerrada en su idea de que Candy y yo fuimos los culpables de todo y no me gustaría dejarla sola con ella.
—Entonces que no se hable más, nos iremos en cuanto lo creas oportuno.
Y me supongo que mientras nosotros teníamos esta conversación Candy se escapaba de Lakewood sin ser vista, pues todos no enteramos de su partida al día siguiente.
George se encargó de averiguar su paradero y pude respirar tranquilo cuando me informo que no estaba en otro sitio, sino en el hogar de Pony. Al parecer ella también necesitaba alejarse de todo esto para sanar su corazón y decidí respetar su decisión, además, eso resolvía el problema de mi tía, lejos de ella no podría hacerle daño.
Fue entonces cuando de nuevo George y yo volvimos a Londres, de nuevo huyendo de un recuerdo triste.
Continuara...
Notas de la autora:
Gracias a quienes se tomaron la molestia de leer el inicio de esta historia, les mando muchísimos saludos.
Stormaw todavía no estoy segura, pero pienso que los martes y viernes esta bien.
