He estado pensando mucho acerca de esta creación y lo que he decidido darles unas pocas partes más que se me vayan ocurriendo, ya que como escritores sabemos que la inspiración viene y se va, hay días buenos y malos, sin embargo queremos darles lo mejor de nosotros para que tengan un buen rato de entretenimiento. Espero les guste, es una parte que se me había ocurrido desde que terminé "Una parte de ti para mí".
Gracias por los comentarios y gracias por las visitas.
Advertencias: lenguaje obsceno. SPOILER (línea del tiempo: Después de la finalización del manga)
Aclaraciones: Los personajes de Banana Fish no me pertenecen, pertenecen a Akimi Yoshida
Summary:
"Quiero ser una calabaza" Jade sonaba emocionado mientras se paraba encima del respaldo del sofá, Buddy estaba alerta. "¿Crees que sea la mejor idea que Jade salga a pedir dulces solo?" Preguntó Sing de piernas cruzadas y una mano apoyada en el respaldo del sofá. Eiji sonrió mirándolo "No irá solo" La mirada de Eiji puso pálido a Sing, ¿Qué estaba pensando?
¡Feliz Halloween!
Jade había resultado ser un pequeño estudiante brillante en la escuela, una vez que empezó el jardín de infantes no dejó de sorprender a la profesora de su salón de clases, también era un amante del deporte de béisbol, sus clases extras después de la escuela se habían vuelto no solo un hábito si no una pasión. A Eiji le entusiasmaba cada vez que podía verlo sonreír por darle la pelota, e incluso hacerse unos cuantos raspones.
Sing no parecía muy entusiasmado con la idea que Jade tomará deporte siendo tan pequeño, lo consideraba una presión muy alta para alguien de su edad, lo cual no los llevó a ninguna discusión, ya que acordaron simplemente que observar la adaptación del pequeño Jade, si mostraba signos de estrés tomarían la decisión de solo enfocarse en los estudios. Michael en algunas ocasiones se había ofrecido a cuidar de Jade tanto en su casa como en casa de sus padres, Max y Jessica estaban encantados con él, resultaba ser que había sacado muchas pequeñas cualidades de Ash al hablar, pero con más respeto.
Jade no parecía tener dificultades en la escuela por lo que había una sola cosa en la que pensaba después de terminar las clases, el béisbol, Buddy, Sing, Michael y claro Eiji, en algunas ocasiones pensaba en su padre, pero no se sentía triste, porque cuando estaba con Eiji se sentía protegido.
—Mi mamá me compró un disfraz de princesa muy bonito—Pudo escuchar a una de sus tantas compañeras niñas, todas eran muy bonitas pensaba él.
—Pues mi disfraz de supergirl es mejor—A veces discutían por asuntos que él consideraba muy infantiles.
— ¡Yo vestiré de Batman!—Saltó entusiasmado un compañero suyo.
— ¿Jade de qué te vestirás tú?—Jade giró a ver a Shota, quien había sido su amigo en poco tiempo, hijo de Charlie y Nadia, tenía los ojos como Eiji y Sing, a él le hubiera gustado también tener los ojos como Shota.
—Eiji san y yo iremos a elegir hoy—Le respondió entusiasmado mirando los dibujos en el cuaderno de su amigo, ya que estaban en un pequeño tiempo libre donde podían realizar el dibujo que quisieran en media hora. Aunque muchos de sus compañeros habían decidido hablar de sus disfraces.
—Comprando en último momento—Rio un poco Shota, nada más ni nada menos que la viva imagen de quien alguna vez fue su tío. No hablaban mucho de eso en casa de sus padres.
—Eiji y Sing san han estado ocupados—Para tener una edad tan joven comprendía el grado de responsabilidad que había en casa.
—Te entiendo, a veces cuando acompañó a mamá a trabajo solo debo quedarme sentado a esperar a que mi papá me lleve a casa—Resopló.
—Yo juego con Buddy.
—A papá no le gustan los animales—Negó Shota cruzándose sus brazos—. ¿Iremos a pedir dulces juntos no?
—Me gustaría mucho eso—Dijo Jade con una sonrisa.
Eiji observaba la fecha en el calendario de su celular, Halloween, no era un buen día para tener demasiado trabajo, sin embargo tampoco quería faltar a los servicios que solicitaba, aunque Sing le dijo que no había problema si cancelaba solo una vez, no se sentía cómodo con eso, sin embargo a veces Sing usaba su famosa táctica para no tener que salir, era bastante predecible para él. Pero estaba seguro que Jade iba a querer a pedir dulces.
—Yo podría llevarlo—Le dijo Michael como si estuviera leyendo sus pensamientos. Eiji lo miró girando su cabeza.
—No Michael, te oí hablar de tu reunión con tus amigos, no los dejes a un lado por algo que podemos resolver Sing y yo—Eiji sonrió. Michael se rascó la cabeza.
—Bueno si, pero es importante para Jade.
—Sing y yo hablaremos, incluso nos puede encontrar en la calle—Dijo Eiji sin el mayor problema, estaba seguro que Jade pasaría su mejor Halloween.
—Está bien—Michael sabía que no había manera de convencer a Eiji de lo contrario ya que no involucraba a nadie lo que pudiera llamarse un problema de tiempo—. ¿Irás por Jade?
—Sí, iremos a elegir un disfraz, aunque estoy seguro que ya sé cuál va a elegir—Dijo Eiji con una pequeña sonrisa.
—Tiene una pequeña obsesión con las calabazas—Michael ayudó a Eiji a pasarle la cámara.
—A Sing ya le está comenzando a poner nervioso eso—Eiji no podía evitar reír cuando recordó a Sing llegar a su hogar para encontrarse con varias pequeñas calabazas listas para cortar y poner en la entrada y salida del apartamento, sentía que podía darle un ataque de estrés por los pequeños espacios libres que apenas quedaron.
—Jade vino para cambiar nuestras vidas ¿no crees?—Michael se había sentado en una gran caja de madera para beber agua de una botella medianamente fría.
Eiji quedó en silencio, miraba su cámara revisando los ajustes de luz. Desde que Jade conoció el origen de su nombre, había decidido poner en un marco la foto donde Ash estaba al lado de Griff ambos sonriendo, Ash portaba orgullosamente su pequeño uniforme de béisbol al igual que Griff, aquella triste foto que encontró entre las pertenencias del pequeño cuando Jim lo dejó con él, sabía que ignoraba por qué la encontró ahí.
—Ha sido realmente bueno para todos—Dijo Eiji con una sonrisa sin girar.
Michael solo pudo sonreír también, entendía el significado de esa respuesta.
Tanto Jade como Shota estaban esperando a que fueran a recogerlos, Jade tenía un mundo de preguntas acerca de la noche de Halloween en una ciudad tan grande, estaba emocionado y a la vez nervioso, de que su disfraz no estuviera al nivel de los demás niños, aunque Sing y Eiji san le aseguraron que lo único que importaba era divertirse.
— ¿De qué te disfrazaras Shota?—Jade había olvidado preguntarle en todo el día.
—Estoy seguro que el disfraz de Shota será uno de los más bonitos como el tuyo—El profesor de quinto grado Josh había alcanzado a saludar a los dos menores, ajustó sus anteojos tranquilamente, sostenía firmemente su maletín.
Jade bajó la mirada buscando algo más interesante que encontrar en el suelo. Mientras tanto Shota miraba al profesor, a veces los saludaba en los pasillos, no es que fueran amigos, pero les habían enseñado que a los adultos había que regresarles el saludo, pero a Jade le habían enseñado otras cosas, y era la desconfianza.
—Buenas tardes profesor—Dijo Shota.
— ¿No saludas Jade?—Le preguntó con una sonrisa.
Jade fijó su vista en él. Estaba en un silencio el cual era difícil sacarlo, a veces lo hacía, simplemente no tenía ganas de responder a las personas que no conocía.
—Buenas tardes profesor—La voz de Jade sonó muy bajita con su mirada fija al suelo.
—No te escuché Jade—El profesor se agacho acercando su oreja a Jade de tal manera de poder escuchar lo que no logró hace unos momentos. Jade no dejaba de mirar al suelo observando los zapatos lustrados de quien debía mantenerle un fuerte respeto no solo por edad, si no por lógica.
Shota observó aquello confundido, sin embargo la inocencia que a ambos los maldecía en aquella etapa del crecimiento solo los hacía sentir incomodos.
—Jade—La voz de Eiji le regresó la sonrisa. Él se giró emocionado corriendo hacia él, quien no dudo en recibirlo en brazos, Shota tampoco se quedó fuera del saludo, chocando su pequeña mano con la de Eiji.
—Shota ¿Dónde está Nadia san?—Preguntó extrañado, ella no solía llegar tarde.
El pequeño niño solo se encogió de hombros.
—Profesor—Saludó Eiji. Mientras con su brazo derecho cargaba a Jade, decidió tomar la mano de Shota con la libre que aún le quedaba.
—Que pasen una bonita tarde—Se despidió siguiendo su camino con una sonrisa libidinosa una vez que les dio la espalda.
—Igualmente, bueno podemos esperar a que vengan por Shota—Dijo Eiji con una sonrisa, a Jade le pareció una buena idea, él quería mucho a Shota.
— ¡Eiji! Una disculpa—La voz agitada de Nadia los hizo voltear, sacudía su mano mientras sostenía su bolso.
— ¡Mamá!—Shota sonrió realmente feliz de ver a su madre, fue hacia ella con una sonrisa. A lo que ella acaricio su cabeza y besó ambas mejillas. Jade pensó en ese momento, que su mamá nunca hizo eso con él, pero Eiji lo hacía mucho, eso le gustaba.
—Discúlpame pequeño, tuve problemas con el tráfico—Le explicó tomando el morral de su hijo—. Gracias Eiji no volverá a pasar.
—Descuida, nos gusta pasar tiempo con Shota—Dijo con una sonrisa. Jade se despedía de Shota con su pequeña mano mientras con la otra rodeaba el cuello de Eiji.
Ambos se dirigieron sin problemas a las tiendas de disfraces, notó que no eran los únicos que habían dejado el disfraz para último momento, podía notar que había tantos niños como adolescentes alrededor, incluso adultos, pero esos eran para fiestas poco un diferentes a la tenía en mente para Jade. Por su parte Jade había ido directamente a los disfraces de calabaza, tenía la emoción única e inocente de cualquier niño de su edad.
— ¿Cuál te gusta?—Había de muchos tipos, sería una decisión difícil.
—Me gustan todos—Dijo con una sonrisa.
—Si bueno eso lo entiendo, pero debes escoger uno—Eiji observó cada disfraz.
Jade tomó entre sus manos un disfraz casi de su tamaño, tenía un gracioso sombrero que era la forma de la parte superior de la calabaza, mientras el resto de esta sería su cuerpo.
—Me gusta este—Dijo Jade con una sonrisa.
—Bien, no olvidemos comprar donde puedas meter tus dulces—Eiji observó algunos otros disfraces, llamo su atención una máscara de un leopardo, llenando su cabeza de melancolía un momento.
—Oye, Eiji ¿alguna vez has pensado en la muerte?—Ambos mirando el horizonte y el atardecer de una triste y gran ciudad, pero ambos compartían su presencia.
— ¿Muerte?—Aquello confundió a Eiji.
—Dijiste que no era como la gente normal, una cosa en la que admito no ser normal es que no le temo a la muerte—La mirada fija de Ash, podía poner inquieto a cualquier persona, incluso a Eiji. Pero quería estar ahí para él—. Los humanos pueden ser graciosos, no entienden la muerte, pero le temen instintivamente, hubo tantas veces que sentí que la muerte sería lo mejor, morir parecía tan dulce y tentador en ese entonces—Su voz sonaba sin vacilar, tan seguro de sus palabras, algo que le provocaba un sentimiento de angustia a Eiji el solo escucharlo, la muerte era lo más natural del mundo, pero también era lo más desconocido.
—Ash…—Eiji lo miraba fijamente.
—Hay una montaña en el Kilimanjaro de 19,710 pies de altura, en lo profundo de la nieve, los Maasai llaman a la cumbre occidental la Casa de Dios—Su mirada se cambió a una triste y nostálgica. Eiji compartió su mirada—. Cerca de su cima se encuentra el cadáver arrugado y congelado de un leopardo… ¿Qué estaba haciendo un leopardo en un lugar tan alto? Nadie ha podido explicarlo, está en la novela, Las nieves del Kilimanjaro…—El viento soplaba de tal manera en que Ash aun así, no lograba sentir que podía volar, no tenía alas, no había alas que lo sacaran lejos de su realidad.
Eiji por su parte estaba atento a sus palabras y cualquier acción.
—Cuando pienso en mi muerte, pienso en ese leopardo, ¿Por qué habrá subido tan alto en la montaña? ¿Se perdió mientras cazaba presas hasta que llegó al punto no retornable? ¿O subió más y más alto como si estuviera poseído por algún tipo de impulso? ¿Cómo es su cadáver? ¿Estaba tratando de volver? ¿O seguir subiendo?—Tenía muchas preguntas las cuales no podía responderse ni a sí mismo, proyectándose en un animal el cual pudo haber llegado a su punto de resignación después de una intensa batalla contra el destino, llegando finalmente a su muerte—. De cualquier manera, debe haber sabido que no podía regresar.
La mirada de Eiji era bastante angustiante, algo que Ash notó.
—No me mires así, nunca he temido a la muerte, pero tampoco la he deseado—Le dijo con una sonrisa mucho más tranquila, Eiji había logrado entrar a su corazón, de tal manera de llegar a contarle sus más grandes inquietudes.
—Bien, me alegra escuchar eso—Eiji sintió que el alma regresaba a su cuerpo, quería estar con él, llegar al final que ambos habían construido solo con acciones y no con palabras—. Los humanos pueden cambiar sus destinos, tienen la sabiduría que los leopardos no tienen, además no eres un leopardo ¿Verdad?—Aquella era una sonrisa cálida y sincera de la cual Ash se había vuelto adicto de manera en que no podía controlar las ganas de verla siempre. Aun así…
—Si—Bajo su mirada—.Supongo que tienes razón—Tan solo un momento de paz para ambos, quería que se quedara una vez más a su lado, no tenía que ser para siempre ¿o sí?
—Eiji san—Jade se había puesto una máscara de calabaza tratando de llamar su atención minutos atrás. Parpadeó varias veces.
—Hey te queda muy bien—Dijo con una sonrisa.
—Pero me sigue gustando más el otro.
—Compraremos ese—Eiji se acomodó sus anteojos, de nuevo esa sensación de llorar y no poder hacerlo.
—Hey esta sabroso—Se quejó Ash mientras llevaba a su boca aquel perro americano con Natto que graciosamente bautizó hace unos momentos. Ambos sentados en una banca donde más adelante los esperaba un puente.
—No eres un chico muy saludable—Dijo Eiji con una expresión seria mientras le daba la primera mordida, no sabía tan malo.
—Si quizás debería cambiar un poco mi dieta, Onii chan—Levantó su mano al aire con una sonrisa burlona.
—No es gracioso, deberías cuidarte mas—Ash sabía a lo que se refería, había muchos cuidados que necesitaba.
—Lo sé, a decir verdad, después de Griff y Jennifer eres la siguiente persona que me dice que debería cuidarme—Murmuro dejando de comer un momento mirando al horizonte de un casi atardecer esperándolos.
— ¿Soy tu amigo no? Los amigos se preocupan entre ellos mismos—Dijo con una sonrisa tan cálida que Ash pensaba cuánto tiempo más podría tenerla con él.
—Sí, somos amigos—A Ash le resultaba extraña la palabra, su relación con Shorter o Skip, no fue nada parecida a lo que tenía con Eiji, no tenía nombre. Era una persona realmente extraña y pura, lo rodeaba con sus brazos y sentía una infinita paz que no tenía comparación con ninguna otra cosa, como si los problemas que tenía fueran olvidándose poco a poco y cuándo llegará el momento de soltarlo, lloraría.
Eiji estaba concentrado en que no le se cayera los restos del perro americano que Ash llamaba al suelo, frunció el ceño, era difícil, quería sus palillos.
—Los amigos no duermen juntos—Soltó Ash de repente, Eiji giró su cabeza hacia él confundido, tenía mayonesa corriéndole por el labio inferior. Sacó la risa suave de Ash.
—No te rías—Eiji era encantador cuando se molestaba, pensaba Ash, pocas veces lograba provocar aquello.
El dorso de la mano izquierda de Ash limpio la boca de Eiji sin borrar su sonrisa, Eiji se sonrojó desviando su cabeza a otro lado rápidamente. Pero los dedos de Ash ahora estaban sobre sus mejillas apretándolas un poco ejerciendo una presión tolerable para evitar su movimiento.
— ¿Acaso te asusto?—Le preguntó con una media sonrisa que Eiji conocía muy bien, le devolvió la sonrisa.
—De ninguna manera.
—Está muy rico Eiji san—Jade comía el perro americano gustosamente saboreando el sabor.
—Está muy rico, pero no te acostumbres, no es algo muy saludable—Le dijo Eiji bebiendo el refresco que había repartido entre Jade y él gracias a un pequeño vaso que siempre cargaba consigo.
— ¿Quién ira conmigo a dulce o travesura?—Preguntó Jade mirándolo con sus ojos brillosamente ansiosos.
—Oh eso…—La mirada triste y astuta de Jade lo pusieron en alerta, a veces era macabramente listo, eso era una desventaja, no podía usar las típicas mentiras de adultos—. Sing.
Aquello sorprendió a Jade.
— ¿En serio?
Eiji tomo un largo sorbo de su refresco aprovechando los 5 segundos que tenía para pensar en una mentira blanca.
—Sí, él está encantado—Dijo con una sonrisa. Jade se puso feliz, pues quería pasar tiempo con Sing también, era alguien muy ocupado.
Sing iba a matarlo.
Una vez que llegaron al apartamento con las compras necesarias, Eiji se sintió en paz, a veces olvidaba lo mucho que disfrutaba de la tranquilidad, fuera y lejos de su estudio, descansando de la cámara y vivir detrás de ella, aunque bien, Jade se había encargado de relajar todo ese ambiente que alguna vez sintió lleno de presión.
—Quiero ayudar con el almuerzo—Dijo Jade una vez que acomodó apropiadamente sus pertenencias.
—Bien en ese caso ponte tu delantal—Eiji se quitó el abrigo colgándolo mientras Jade se dirigía a la cocina a buscar su delantal. Entonces notó un comportamiento extraño en Buddy, algo que ya había visto antes, sujetó su frente, ¿otra sorpresa? Su fiel amigo miraba hacia su cuarto con las orejas alzadas.
—Ya no saludas apropiadamente Eiji—Aquella elegante y japonesa mujer de cabello largo estaba saliendo de su cuarto, como si hubiera terminado de ir al baño o simplemente de leer un libro, sus gustos por el gris y el negro no han cambiado.
Ahí estaba su hermana menor. Hace 4 años que no le miraba el rostro, si no nada más que llamadas telefónicas una vez cada 3 meses, si acaso en fechas muy especiales. Lo último que se había enterado de ella fue su repentino divorcio hace un año, no había resultado como esperaba, lo pudo haber imaginado, su boda donde él fue justamente solo para sacar las mejores fotos, pudo notar un alejamiento entre ellos dos, por lo que podía apostar que la razón de la boda, fue un embarazo, precisamente el de su único sobrino. Con el carácter que su padre cargaba seguramente él se había terminado cansando de las peleas.
—Para nada, bienvenida—Le dijo Eiji sonriendo tan amablemente como solía ser con todas las personas que no le agradaban.
Lamentablemente su relación con su familia nunca fue a la mejor, llena de presiones por ser el hijo mayor con grandes talentos atléticos y excelentes calificaciones, mientras el matrimonio de sus padres no se basaban nada más que un simple acuerdo social formalizado por sus abuelos, él fue decayendo en su carrera como saltador profesional en Japón. Pensó que el nacimiento de su hermana iba a cambiar la tensión que había en su hogar, para ser solo un niño en ese entonces conocía bien los problemas, pero su hermana solo era una viva imagen de sus padres en personalidad, cerrada y sin gracia.
Una vez regresando a Japón después de que fue herido por proteger a Ash, sus padres no hicieron más que culpar a Ibe san por su condición, cuando se suponía que debía cuidarlo, evito abiertamente las demandas, Ibe san hizo mucho más que sacarlo de un triste y monótona vida, lo llevó a conocer al amor de su vida de una manera que jamás iba a poder olvidar. Los cuidados que recibió por parte de sus padres no hicieron más que despreciar más su hogar, y él no era una persona que despreciaba el hogar, pero no sentía la libertad que sintió cuando estaba con Ash. Ligeramente su familia se había enterado de Ash, sin embargo su hermana quien era una experta juzgadora no hizo más que despreciar el recuerdo de él, algo que le provocó una profunda molestia.
— ¿No tienes té? Quisiera algo que no fuera refresco—Parecía que ya se había instalado, ya que no traía su calzado, pero le resultó extraño que tampoco los pusiera en la entrada, por lo que concluyó que ella quería darle la sorpresa de su llegada.
Jade al salir de la cocina había quedado helado ante la visita, solía tener esa reacción al conocer personas nuevas.
—Vaya, hola—Lo saludó su hermana. Pero Jade no contestó—. ¿Es mudo?
—No seas así, es Jade, mi pequeño—Dijo Eiji con una sonrisa sin vacilar. Jade se sonrojó de manera adorable bajando su mirada juntando sus pequeñas manos.
Su hermana parecía sorprendida tanto como molesta, por ser la última quizás en enterarse, pero eso también ponía en la lista a sus padres.
—Tuviste un hijo ¿Y porque no sabía?
—Estaba ocupado, han pasado muchas cosas—Eiji se sentó en el sofá, parecía que la comida debía esperar.
— ¿Americana?—Preguntó seriamente. A la cabeza de Eiji llegó la imagen de Ash, soltó una pequeña risa traviesa afirmando.
—Mamá y papá no saben de esto—Ella no estaba feliz con la noticia, podía ver en los rubios cabellos de Jade y en sus ojos, que no había nada japonés en él.
—No es que tenga mucho tiempo, estoy muy ocupado—Jade se había acercado a él, lo colocó en sus piernas dejando que jugara un momento con su teléfono.
Su hermana había tomado asiento. Con una mirada de poca paciencia.
—Hace un año hablamos, pudiste haberme dicho—Cuestionó molesta.
—Lo siento de verdad—Agradecía que Jade respetaba la conversación de los adultos, no se apenaba de donde venía, pero ahora él era su familia también.
—New York te ha causado daño Eiji—Dijo seriamente—. Tu no eras así, primero la herida de bala, tus constantes enojos con nuestros padres, conmigo, tu huida a este lugar, tu carrera de fotógrafo y ahora casado con un hijo.
—No estoy casado—Dijo Eiji mirándola.
Aquello solo hizo que se alterará más.
— ¿Dónde está su mamá?—No tardaría en juzgar.
El silencio de Eiji fue una interpretación de lo que había pasado.
—Lo siento…—Dijo ella en un susurro, pero pena es lo último que podía llegar a sentir ella.
—No te preocupes, no hablemos de mí, me sorprende que vinieras aquí solo para visitarme—Conocía a su sangre, sabía que su hermana no venía por una visita social.
Ahora era ella quien tenía la palabra, aunque no era diferente a unos segundos antes.
—Como sabes, he tenido problemas con esto de la custodia, resulta que Dai tiene contactos aquí en New York, abogados de gran calibre, me quiere quitar a Eiri a como dé lugar—Le dijo seriamente moviendo sus dedos sobre el respaldo del sofá.
Aquello sorprendió a Eiji. Aunque no lo suficiente, Dai siempre le pareció un hombre de pocos modales para ser japonés.
—Tú también tienes contactos—Trato de tranquilizar su molestia.
—Logró que el caso lo pasaran hasta aquí Eiji—No parecía nada feliz con la noticia, sobre todo que ella odiaba esa zona del mundo.
La miraba fijamente.
—Ahora debo estar por aquí hasta que el caso se resuelva, al menos Eiri se tiene que quedar conmigo—Movió su mano al aire.
— ¿Esta aquí?—Eiji no había mirado a su sobrino.
— ¿Dónde más si no? Está durmiendo en tu cuarto—Le dijo con un tono de voz que usaba para el sarcasmo. Se sintió tonto en ese momento, no le puso atención a la pieza.
Jade le llamó la atención aquello ¿Quién dormía en su cuarto y en el de Eiji san? No solía ser un niño que preguntaba en medio de una conversación pero le interesaba saber.
— ¿Quién está en tu cuarto Eiji san?—Le preguntó mirándolo fijamente. Aquello solo hizo que su hermana se volviera aún más curiosa que Jade.
— ¿Por qué te llama por tu nombre?
—Costumbres americanas—Dijo solamente sin querer dar explicaciones. Su hermana no insistió, no quería causar una pelea, cuando seguramente quería ayuda.
—Mamá—Una vez que se levantó de la cama, después de un largo viaje de más de 12 horas, se tallaba su pequeño ojo en el umbral de la puerta aquel niño de cabello negro oscuro y piel no tan pálida como la de Jade. Algunas personas dirían que era la viva imagen de Eiji, porque lo era, aunque bien muchos japoneses podían llegar a parecerse más de lo usual. Llamó la atención de Jade inmediatamente.
—Eiri—Eiji sonrió feliz de ver a su sobrino, la última vez que lo miro fue por una foto y un video, y quizás una llamada telefónica que hicieron hace bastante tiempo.
—Es tu tío Eiji—Le dijo a su hijo seriamente—.Saluda.
Eiri afirmó acercándose inclinándose en forma de saludo. Pero miro confundido a Jade. Se sobresaltó al sentir un beso en la mejilla por parte de su tío.
—Y tu primo Jade—Dijo Eiji sonriendo presentándolo a ambos.
—Mucho gusto Jade—Dijo con una educada y tierna sonrisa. Ambos niños compartieron una sonrisa la cual cautivo a Eiji.
—Ven Eiri veamos televisión mientras los adultos hablan—Dijo Jade bajándose de las piernas de Eiji, pues sospechaba que sería una plática larga. Eiri no dudo en seguirlo.
—Es muy adorable—Le dijo Eiji a su hermana. Quien mantenía la misma mirada.
—Estaré unos días por aquí, pero no quiero que Eiri vea la tensión por la que estaré pasando—Eiji adivinó que ella no le daría vueltas al asunto.
—Puede quedarse si es lo que quieres oír—Eiji se cruzó de brazos.
—Lo dices como si fuera una mala madre—Le dijo seriamente.
—Yo no dije eso, tampoco creo que lo seas.
—Aun así, gracias—Parecía un poco agradecida y a la vez un poco avergonzada, ya que él nunca había necesitado un favor de ella, y cuando necesito su apoyo, no lo tuvo.
—Hoy irán a pedir dulces, ¿Tienes un disfraz para él?—Aquello solo la sorprendió. Porque no venía preparada para eso—. Entiendo descuida, yo me hago cargo.
Su hermana dejó varios billetes sobre la mesa levantándose sujetando su bolso, parecía tener algo de prisa.
—Te llamaré, aquí tienes dinero para él, si necesitas más, llama a Dai también, debe hacerse responsable—Dijo seriamente dirigiéndose a donde estaba su hijo, escuchó algunos murmullos y quizás un beso en la mejilla. Ella no era muy afectiva así que apostaba todo a que Eiri se lo dio.
Para cuando Eiji se dirigió a la pieza donde estaban ambos niños pudo notar que ambos se llevaban bien. Jade parecía explicarle los programas americanos a Eiri, ya que podía deducir que su inglés apenas estaba comenzando, sin embargo la comunicación que tenía actualmente le ayudaría bastante.
—Por hoy y quizás hasta mañana te quedaras con nosotros—Le explicó Eiji agachándose al lado de Eiri quien lo miraba fijamente con aquellos grandes ojos negros y profundos como los suyos.
—Si tío, me gusta estar aquí—Le contestó con una linda sonrisa la cual lo caracterizaba como un niño risueño, o al menos eso había escuchado de algunas personas.
—Conocerás a Shota, es mi mejor amigo—Jade había llamado su atención ahora. Eiji solo se dedicó a contemplar la curiosa escena. Parecía sacada de un álbum de recuerdos que posiblemente hubiese olvidado si Ash y él se hubieran conocido desde muy pequeños, ahora solo sentía una fuerte envidia naturalmente muy buena hacia Eiri.
—Odio cuando el tráfico me pone de mal humor—La voz de Sing lo sacó de sus sanos pensamientos hacia su sobrino. Solo sonrió.
—Es una oración sin mucho sentido—Dijo Eiji.
— ¡Sing!—Jade feliz de ver a Sing fue a recibirlo como solía hacerlo, a veces le traía algo que consideraba que le gustaría, la última vez fue un juego de ciudad muy grande, el cual cuidaba mucho, Eiji le enseñó cómo hacerse responsable de sus pertenencias.
—Mira—De una bolsa de plástico saco un bate de béisbol y una pelota del mismo deporte, Jade agradeció muy emocionado dirigiéndose a Eiri para explicarle e incluso compartir su nuevo juguete. Sing parpadeo varias veces confundido.
—Es mi sobrino Eiri, hace mucho te enseñe una foto de él—Dijo Eiji caminado hacia la cocina para servir el almuerzo japonés favorito de Jade por ahora.
—No fui notificado de esto—Dijo Sing quitándose el abrigo dejando libres sus brazos de esa molesta tela.
—No estamos en la oficina—Con una pequeña risa Eiji sirvió los platos.
—Cierto—Sing se sentó en una silla echando su cabeza hacia atrás. No le molestaban las visitas sobre todo si tenían que ver con Eiji, su sobrino era su viva imagen, quienes no toleraba en el mismo techo era la familia de Eiji, sus padres y su molesta hermana, por quienes pasó bastantes problemas para sacar a Eiji del agujero donde se metió después de la muerte de Ash.
—Esta noche estoy libre—Dijo Eiji.
—Yo igual.
—Entonces podrás llevar a Jade y Eiri a pedir dulces—Sing abrió sus ojos. Había caído en la trampa tan famosa de Eiji.
—Eres un tramposo, no estas libre esta noche.
—Y tu comiste afuera en la calle—La mano de Eiji limpio la salsa kétchup de los labios de Sing, quien maldijo por dentro, había olvidado limpiar su boca antes de entrar.
—Tentaciones de américa.
—Lo que digas, sabes que debes comer aquí por lo menos 4 veces por semana y no llenar tu estomago con comida de la calle.
—Seguramente a Ash no le dirías nada—Aquello les causo una suave risa a ambos. Sing notó un par de fotos nuevas en la sala de Jade—. Estas son nuevas.
—Anoche las coloqué.
—Entonces, esta noche niños y yo—Dijo Sing observando a ambos infantes en la tv luego de haber olvidado el bate y la pelota. Eso no le molesto en lo absouto.
—Si no es mucha molesta—Aquella falsa sonrisa en Eiji con aquellas intenciones provocaban a Sing querer besarlo ante la provocación solo con la simple intención de molestarlo. Su relación tan cercana había provocado a la gente pensar que eran una pareja, sin embargo, aunque a él le atraía la idea y no le molestaba, no era posible, lo que tenía con Eiji era tan especial como para darle un peso más de lo que podía soportar en su vida, por ahora, era suficiente.
—No lo es.
—Eiri puede conocer a Shota así que estará bien acompañado, recuerda, dales su espacio y antes de ir a pedir dulces cómprale un disfraz a Eiri por favor—Le recordó Eiji.
—Lo haré.
Jade tanto Eiri estaban impresionados por la cantidad de niños que había en los alrededores de la ciudad, ya que Sing los había llevado donde seguramente habría más dulces y sobre todo más niños a quienes conocer, algunos Jade podía recordarlos de la escuela, tanto niños como niñas. Jade había salido disfrazado de su casa y una vez fuera Sing los llevó a elegir un disfraz para Eiri, parecía muy feliz, era como un pollo gris muy emplumado, se preguntaba si no tenia problemas para moverse pero quizás no.
— ¿Estas cómodo Eiri?—Preguntó Sing mirando al pequeño y gordo infante a causa del disfraz.
—Muy cómodo—Dijo con una sonrisa sujetando su canasta para recoger dulces.
—Buenas tardes Sing—Saludó Nadia quien venía con el pequeño Shota quien ese año había decidido por decisión propia vestir de pandillero, tenía unos lentes oscuros que le produjeron a su mamá lágrimas, no se preguntaba porque pero ella dijo que la hacía feliz, entonces él debía ser feliz también ¿no?
— ¡Jade!—Dijo Shota, Eiri sonrojado apenado de conocer gente nueva no tardo en entablar conversación rápidamente con él.
—Veo que tocó a ti primero—Dijo Nadia con una sonrisa.
—Tú sabes, Eiji está muy ocupado.
—Normalmente así es, tú más que nadie lo sabe.
Para los tres niños pedir dulces era una satisfacción más grande que la misma felicidad, compartían caminos con otros y además conocían diferentes decoraciones, Jade se emocionaba con cada calabaza que veía mientras que Eiri con las bestias que caminaban sin asustar a la gente, por otro lado Shota ya estaba acostumbrado. Después de una hora de casi llenar sus canastas, Shota sentía que ya estaba grande para ir solo al menos 3 cuadras y regresar.
—Queremos ir solo mamá, yo conozco el camino podemos hacerlo.
—No Shota, estaremos Sing y yo por aquí, además no los molestamos, nosotros solo esperamos.
A Jade no le molestaba ni a Eiri tampoco, pero Shota quería sentirse un adulto, podían entender eso ambos.
—Por favor mamá—Rogó de manera adorable de tal manera que a Nadia le recordó un poco a su querido y fallecido hermano a quien extrañaba todos los días. A veces lloraba en las noches en brazos de Charlie, buscando su consuelo y calor mediante caricias de la tarde hasta la madrugada, era un buen estimulo, aun así a veces se sentía culpable, Shorter tendría una familia justo ahora, habría quizás dejado las calles para dedicarse a buscar una buena mujer y al menos darle a Shota un pequeño primo el cual cuidar durante las visitas, era un excelente plan de vida que ahora nunca será llevado a cabo.
—Yo creo que Shota puede hacerse cargo—Animó Sing, quien tenía una conexión especial con el pequeño niño, ya que era el sobrino de quien siempre seria su jefe, cuando se le fue presentado Shota, Sing no pudo evitar quererlo en el primer instante como un pariente, le debía todo lo que era ahora a Shorter y solo a él.
Ante aquella respuesta Shota chocó su pequeña mano con la de Sing, sabía que podía hacerse cargo, tenía la sangre de un líder, o eso creía él. Jade y Eiri no pudieron ocultar la emoción tampoco. Nadia solo suspiro.
—Cuídense, Shota, llévalos al parque donde siempre vamos a jugar—Le dijo con un tono estricto y firme. Shota no tuvo objeciones.
Para los tres niños ir a pedir dulces sin la compañía de una persona mayor a ellos era un símbolo muy claro de que se estaban convirtiendo en adultos, eso les provocaba emociones de independencia las cuales para su edad era seguridad en ellos mismos.
Shota y Jade parecían llevar el mando de la situación debido a que iban al frente de Eiri quien causaba conmoción y ternura en los adultos que se encontraba en el camino, un disfraz muy emplumado no era exactamente el tipo de gustos en los niños de New York.
—Yo tengo mucho chocolate y barras de limón—Dijo Shota revisando sus dulces.
—Veo dulces de calabaza—Jade estaba emocionado. Ambos miraron a Eiri.
Eiri se sonrojó pero podían apreciar sus dulces merecidamente ganados por su emplumado disfraz.
—Estoy soñando o veo los tres mejores disfraces de todo New York—La voz del profesor Josh saco a los tres de su concentración.
El hombre venía con un disfraz de Drácula el cual lo hacía lucir como un verdadero vampiro, Eiri se ocultó detrás de Jade temblorosamente, a lo que el pequeño rubio no se apartó pero tampoco tenía miedo, después de todo solo se trataba de un profesor de la escuela, sin embargo no venía solo, lo acompañaba otro hombre desconocido para él y Shota, su disfraz de payaso era todo menos agradable.
— ¿Son tus alumnos?
—Algún día ¿No Jade?—Se agachó a su altura sonriendo de manera en que no podía sentirse del todo cómodo.
Jade solo bajo su mirada. Quería que Sing estuviera cerca. Shota no parecía darse cuenta de su incomodidad.
—Esos son muy pocos dulces para tan buenos disfraces—Había tomado un dulce de la canasta de Eiri quien tenía una mirada bastante confundida.
— ¿Pocos? Necesitamos más—Le dijo Shota a Eiri y Jade quienes sí estuvieron de acuerdo.
—Podemos ayudarlos, en una casa grande y encantada les darán los dulces que tú desees—Dijo con una sonrisa el señor payaso.
Los pequeños ojos de Eiri brillaron emocionados como los de Shota, sin embargo Jade seguía incómodo.
—Yo no quiero ir—Dijo Jade, provocándoles gran sorpresa a Eiri y Shota.
—Tendremos más dulces—Dijo Shota con una sonrisa.
—Quiero dulces—Emocionado Eiri miraba al señor payaso que ahora parecía mucho menos temible después de un par de bromas que jugaron con las manos.
— ¿Cómo te llamas?—Le preguntó el señor payaso agachándose a su altura acariciando su cabeza cariñosamente. Eiri se estremeció ligeramente.
—Eiri—Se presentó tímidamente. El señor payaso tomo su pequeña mano.
—Vamos Eiri la casa donde iremos hay muchos dulces y pasteles—Aquello incluso a Shota le agradó.
Jade solo podía ver como ambos hombres convencían a sus amigos de ir con ellos, Eiji san una vez le dijo que a veces lo extraños eran malas personas, el profesor Josh no era un extraño pero tampoco era su amigo, eso podía concluir en aquel momento, estaba asustado, muy asustado, quería llorar pero no sabía cómo reaccionar.
— ¿Jade? Vamos—El profesor le tomó su pequeño brazo. No era correcto, se repetía una y otra vez. Sintió su corazón latir con fuerza y los ojos llenarse de lágrimas, no quería ir, no quería.
La imagen de Eiji llegó a su cabeza, temiendo no verlo nunca más, no era un adulto pero quizás si era lo bastante inteligente para saber que a donde fuera con esas personas posiblemente no sería una gran decisión. Su pequeña cabeza negó, mirando a Eiri y Shota tan tranquilos y sonrientes en cambio el, se sentía perturbado.
—S-sing…—Balbuceo primero. Nadie lo escuchó.
Una vez más.
—S-sing…—Nadie venia por ellos.
Quería seguir intentando.
—A-ayuda…—Pensó que cambiando la oración podría llamar siquiera la atención.
Nadie los miraba, nadie parecía importarle que estaban llevándolos lejos de Sing y Nadia san.
—SING—Esta vez el grito fue fuerte y claro, tanto que incluso Eiri y Shota se giraron a ver el rostro lleno de lágrimas de su amigo.
—Vamos calmate—Esta vez el rostro del profesor Josh sudó un poco sujetando firmemente los hombros de Jade. Lo lastimó.
—SING—Grito más fuerte, soltó un llanto que asustó a Eiri provocándole un llanto igual, dejando a un Shota confundido pero alertado.
—Vamos, vamos no llores—Las personas comenzaron a mirarlos, eso era bueno, pensó Jade, pero justamente solo en ese momento solo podía pensar en llorar y llamar a Sing.
—Que lastima que esta noche no vengo armado—La voz de Sing provocó que Jade corriera hacia él abrazando sus piernas. Aquello provocó a Shota y Eiri hacer lo mismo, pero Shota se vio alzado de la ropa por su colérica madre que no tardó en darle una reprimenda severa.
—S-sing—Tartamudeo con miedo el profesor Josh, algo que sorprendió a Jade.
—Creí haberte advertido que no estas más en tu querida ciudad—La voz de Sing sonó tan seria que hasta a él le dio bastante temor que fuera a herirlo.
—No sabía que lo conocías—Dijo rápidamente.
—Aun así, no has cambiado—Su mano ligeramente se metió dentro de su pantalón. Para la sorpresa de los 3 niños ambos adultos comenzaron a rogar y sobre todo a decir palabras al azar que no pudieron entender.
El susto para los tres infantes había terminado, aunque el susto se lo había llevado más que nadie Jade.
Eiji miraba a Jade y Eiri con los brazos ligeramente cruzados. La versión de Sing lo había dejado congelado, aunque no era un tema nuevo, para él era algo sumamente delicado, todo aquello solo le recordaba la vida dura que tuvo Ash y que no pudo superar, algo que sintió que no pudo curar en él, por lo que a veces se le retorcía el estómago de dolor.
—Bueno lo importa es que los tres aprendieron su lección, pero estoy seguro que Jade ya no lo sabía ¿no?—Miro fijamente a Jade, simplemente asintió con pena.
—Jade no tuvo la culpa de nada tío, fuimos Shota y yo—Dijo un apenado Eiri.
—Está bien pequeño, sé que estas cosas no pasan en Japon—Dio un largo suspiro. Observo las dos canastas llenas de dulces eso debía ponerlos felices después de semejante situación a la que tuvieron que enfrentarse en una noche que se suponía que solo pedir dulces debió ser divertido.
—Shota también se disculpó—Sing llevo una mano detrás de su cabeza rascándola.
—Solo son niños, son cosas que tarde o temprano aprenderían, Eiri ¿hay algo que quieras decirle a Jade?—Eiji cargó a su sobrino.
Jade observaba fijamente a Eiji y Eiri.
—Gracias por protegerme Jade—Sonrió tiernamente.
Jade afirmó igual de feliz, ambos niños fueron a disfrutar de sus dulces permitidos por esa noche.
—Jade lo va a extrañar mucho—Dijo Sing de brazos cruzados observando la convivencia entre Jade y Eiri.
Eiji los observaba fijamente sonriendo desde donde estaba.
—Creo que este es un feliz cuadro. Feliz Halloween Sing.
—Feliz Halloween Eiji.
Y feliz Halloween Ash Lynx. Pensó Eiji.
El caso con los padres de Eiri les tomó al menos tres semanas largas, donde Eiji no se enteró de los movimientos que su hermana y Dai hicieron referente a la custodia de su sobrino, pero podía concluir que Eiri tenía que regresar a Japón junto a ella, él dia no se hizo esperar, tanto Shota como Jade estaban sumamente tristes y Eiri no fue la excepción, según Dai, fueron sus primeros amigos ya que Eiri como él no eran buenos haciendo amigos en cualquier parte del mundo por lo que estaba muy agradecido de que Jade y Shota fueran amigos de él, la distancia sería muy dura.
Ahora en el aeropuerto mientras su hermana pasaba sus minutos en el celular antes de apagarlo y abordar el avión, Sing solo estaba impaciente por que ella se fuera pero demasiado inconforme porque Eiri tuviera que dejarlos, era extraño que a Sing le gustaran los niños, Jade fue una gran excepción ahora Eiri también. Shota, Nadia y Charlie estaban ahí también, dejando a un lado el trabajo pocas horas para que su hijo se despidiera de su nuevo amigo.
—No quiero irme—Dijo tristemente Eiri. Eiji sintió mucha lastima en ese momento.
—Tampoco nosotros queremos que te vayas—Shota miró a su mamá y papá como buscando una solución inocente pero ambos sabían que no la había.
—Eiri vendrás en las vacaciones, lo hablé con tu mamá—Dijo Eiji con una sonrisa, una pequeña mentira, pero lo hablaría con ella y sabía que quizás hasta era más conveniente cuidar de Eiri unos pocos meses, de todas maneras no era como si su hermana disfrutara jugar juegos de niños con su propio hijo, el problema sería Dai, pero encontrarían una solución para todos.
Jade guardaba silencio.
—Ya va a ser hora—Dijo la hermana de Eiji acercándose, le dio con poco tacto un abrazo a su hermano y sobre todo muy rápido, no miró a Sing ni a los demás acompañantes, tenía prisa por subir.
—Adiós pequeño, nos veremos muy pronto—Le beso las mejillas a su sobrino. Eiri se despidió de cada uno de los adultos, su concentración se dirigió en Shota y Jade.
Eiji observó a los tres infantes juntos con una sonrisa, ninguno decía una palabra no era que las despedidas fueran parte del desarrollo infantil de niños de su edad pero, realmente estaba conmovido mirar a los tres juntos y de alguna manera felices y tristes al mismo tiempo.
—Volveré, solo deben esperarme—Dijo Eiri con una sonrisa, aquellos los hizo reír abiertamente a los tres.
—Es una promesa—Jade levantó su meñique, Shota y Eiri lo imitaron.
Eiji soltó un largo suspiro sin dejar de sonreír. Había una foto ahora en la galería del museo con los tres niños en ella, Jade sonreía felizmente en medio de Shota y Eiri quienes levantaban sus manos animosamente mientras un juego de disfraces los rodeaba, quizás en lo que le resta de vida no volvería a ver a Ash o Shorter, pero por ahora, podía vivir felizmente mirando la felicidad que él hubiera deseado para sus mejores amigos, sin armas, sin peleas, sin disparos, sin violaciones, sin drogas y sin dolor en esos pequeños niños le producía un alivio que nada iba a poder arruinar. Los caminos se han cerrado y se han vuelto a abrir, para un nuevo futuro el cual solo podría disfrutar hasta que la vejez llegará a su vida y la muerte tomará lo que le prestó, su alma, y su alma, iría directamente al único ser al que le ha pertenecido, con Ash, su alma era de Ash y a su vez el alma de Ash era de él. Y ambos comparten algo que nadie más podía tener de ambos, su unión eterna.
Les deseo una prospera y feliz vida.
Mientras escribía tanto "Una parte de ti para mí" y "Happy Halloween" esta canción resonó en mi cabeza todo el tiempo, simbolizando lo que posiblemente Eiji sintiera después de la muerte de Ash, si gustan escucharla, porque si vale la pena, creo que en algún momento de nuestras vidas perdimos a alguien.
Jimmy Eat Wordl-Hear you me:
watch?v=ANdqr_R25ac
