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CAPÍTULO 2: ALGUIEN NUEVO EN SU VIDA

La ruptura con Kurt había dejado a Blaine tan tocado que su vida había cambiado radicalmente. Se había mudado a un apartamento más barato tres días después porque no podía pagar el alquiler y malvivía con el poco dinero que conseguía trabajando en una cafetería.

En cuanto a su vida amorosa, había decidido no volver a enamorarse. Los fines de semana iba a un bar gay en busca de alguien con quien pasar un buen rato. Las palabras de su ex habían dolido tanto que no iba a empezar una nueva relación.

Estaba buscando alguien que pudiera saciar sus necesidades carnales cuando un hombre mayor se acercó a él. Tenía el cabello canoso y los ojos grises. La cosa le intrigó, él jamás había estado con alguien así y deducía que le doblaba la edad.

–¿Te invito a una copa? –El hombre llegó.

–Eres muy directo, ¿no crees? Ni me preguntas mi nombre. –Anderson intentó mostrarse sensual, estaba realmente intrigado.

–Tienes razón… Soy Charles… –El señor le sonrió.

–Yo soy Blaine.

–¿Te apetece tomar una copa conmigo?

–Claro.

Blaine y Charles estuvieron tomando varias copas juntas, riendo y disfrutando mientras se conocían mejor. El joven flirteaba y le encantaba saber que al otro le gustaban sus atenciones. Pensó que esa podía ser su solución, una relación con alguien mayor que aguantaría a su lado sólo porque podía darle sexo y era algo atractivo. Sólo tenía que cuidarse.

Para intentar convencerlo, cuando Charles se fue al baño, él lo siguió y acabó de rodillas dándole placer. Después fueron a casa del mayor y siguieron con el sexo. Pensaba que era su única oportunidad y lo iba a intentar todo.


A la mañana siguiente, Blaine se despertó en una cama que no era suya. Sonrió al recordar la noche anterior. Era cierto que él no había tenido un gran orgasmo, pero había disfrutado y su amante sí había llegado al máximo placer.

Se movió y se dio cuenta de que Charles estaba excitado, algo normal a esa hora de la mañana. Sabía la mejor manera de despertarlo y se puso a ello.

Cuando terminaron, los dos se quedaron recuperando el ritmo de su respiración. Después el mayor le ofreció a que lo acompañara a desayunar. No quería separarse de él tan pronto, nunca antes había tenido a alguien tan joven y atractivo a su lado y quería mantenerlo ahí tanto como pudiera.


Tres semanas habían pasado desde que Blaine y Charles se acostaron por primera vez y las cosas no podían ir mejor para el mayor. Hacía cuatro años que se había atrevido a salir del armario y divorciarse de su mujer. Por suerte para él, habían firmado la separación de bienes y ella no se llevó nada. Tenía dos hijos, Charley y Amanda, que curiosamente eran mayores que Anderson, tenían 25 y 27 años, frente a los 23 de su amante.

Aunque sí había tenido amantes, a los que había pagado con regalos para tener sexo una noche, hasta que conoció a Blaine no había tenido a alguien que se quedara a su lado y, lo mejor de todo, era que no le había pedido nada y no necesitaba regalos para darle lo que deseaba.

Se habían estado viendo todos los días y conocía lo suficiente de la vida del otro para saber que podría hacer con él lo que deseara. Sin amigos ni familia y después de fracasar con su profesión, él podía aprovecharse de eso para que dependiera de él.

Charles siempre había sido posesivo y dominante, pero como hasta ese momento nadie le había importado lo suficiente, no había mostrado esa faceta suya. Normalmente sus amantes se alejaban cuando comenzaba a controlarlos.

Pero Anderson no era así. Estaba tan desesperado que con sólo acostarse con él y darle alguna muestra de cariño dejaba que hiciera con él lo que quisiera. Por eso habían ido a uno de los restaurantes más lujosos de todo Nueva York, elegantemente vestidos, y disfrutado de una maravillosa cena antes de ir al teatro. Había conseguido entradas para ver Wicked porque, a pesar de que Blaine había perdido contacto con sus amigos, sabía que quería ver a la nueva protagonista, Rachel Berry.

A la salida del teatro, el chófer estaba esperándolos para volver a casa. Mientras se acercaban, escucharon que alguien gritó el nombre de Blaine. El joven se volvió y parecía asustado mientras Santana, Brittany y Quinn se acercaban a él.

–Vámonos. –Anderson suplicó mientras aceleraba su paso hacia el coche.


Brittany gritó el nombre de Blaine otra vez, pensando que él no las había visto. Cuando Santana lo había llamado, se había vuelto, pero no había tardado mucho seguir su camino de nuevo. Entró rápidamente al coche y se alejaron de allí.

–No lo entiendo. –Pierce frunció el ceño.

–Tengo una teoría, pero Rachel no para de insistir que es imposible. –La latina la abrazó por la cintura.

–¿Qué crees? –Quinn cuestionó, confiaba en la intuición de su amiga.

–La ruptura con Kurt no debió ser buena y Porcelana no parecía muy afectado, de hecho, parece que librarse de Blaine fue lo que quería. Sabemos que Hummel es una Bitch cuando quiere… ¿Y si le hizo creer que no éramos sus amigos? –Lopez explicó.

–Eso no explica que a nadie le conteste al teléfono. –Fabray no sabía qué creer, uno de sus dos amigos le había fallado y no podía decidir cuál. O Kurt les había apartado de Blaine definitivamente, o éste no valoraba su amistad lo suficiente.

–Blaine quería mucho a Sam. No creo que se haya alejado de él sin motivo. De los demás puede, de Sam no. –Brittany explicó porque conocía como era esa amistad.

–Sea como sea, no tendremos respuestas hasta que Blaine hable con nosotros. –Santana suspiró, había algo muy raro en todo eso.


Blaine y Charles estaban en el coche. El mayor notó la diferencia en la sonrisa de su amante. Decidió decirle en ese momento lo que estaba deseando contarle.

–He estado pensando… Sé que puede parecer precipitado, pero creo que nuestra relación es más que sexo. Sé que te está costando llegar a fin de mes con tu trabajo y quiero ofrecerte que te mudes a mi casa. Sé que eres el amor de mi vida y no puedo esperar a que estemos juntos el máximo de tiempo posible. –Sonrió nervioso porque quería una respuesta afirmativa. De esa manera, podría controlarlo mejor.

–¡Me encantaría! Pero… ¿Estás seguro? Ya sabes que tengo defectos y, aunque intento mejorar, vas a necesitar paciencia. –El moreno parecía avergonzado.

–Estoy seguro… ¿Quieres conocer a mis hijos? Puedo preparar una cena. –El mayor sugirió.

–¿Crees que les gustaré? –Anderson estaba avergonzado.

–Seguro. Son un poco mayores que tú, pero no mucho. Seguro que tenéis muchas cosas en común. –Charles lo besó.

–¿Te apetece que vayamos a tu casa a celebrar que vamos a vivir juntos? –Blaine sugirió seductoramente. Se veía mejor en aspectos sexuales que románticos.

–Me encantará.

La pareja volvió a la casa del mayor y estuvieron horas teniendo sexo. El mayor tomaba pastillas azules para poder disfrutar más tiempo del trasero de su pareja, algo que se había vuelto su debilidad.