Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es autoría completa de J.K Rowling. Yo solo uso sus personajes para fines de entretenimiento y sin ánimo de lucro.

SUMMARY: Tras la muerte del esposo de Hermione Granger, Draco Malfoy, el mejor amigo de infancia de éste, Theodore Nott, comienza a visitar a la viuda con la esperanza de volver a construir entre los dos, aquello que la vida les quitó.

ADVERTENCIA: Este fic está catalogado como M pues aparecerán situaciones donde se pondrá en duda lineamientos morales versus deseos propios, situaciones de sexo explícito. Sí eres sensible a este tipo de temas o eres menor de edad, ésta no es tu historia.

FUEGO AZUL

Remembranzas 1: No dejes de mirar al suelo.

Septiembre 3 de 1998

Era muy extraño volver a Hogwarts sin Harry ni Ron. Sobre todo sin Ron. Por fin, cuando las piezas habían calzado. Cuando la guerra vio fin… cuando fueron sinceros uno con el otro: la inminente separación.

Hermione no había hecho alguna escena al respecto, pero ganas no le faltaron. Prefirió callar ante la decisión de su novio, pero en su interior lo desaprobaba. Otra hubiese sido la circunstancia y le habría gritado por el error, hasta que volviera entrar a sus cabales. Ella era así, una terrible controladora. Su novio en cambio, siguió igual a como era siendo soltero e hizo lo que le dictaba su corazón. Lo cual era entrar a la escuela de Aurores.

En su interior, Hermione Granger operaba de forma sistemática. Para ella todo tenía un orden, todo en una enorme escalera quieta e inamovible, necesaria para lograr un objetivo. Terminar la escuela era primordial y el primer peldaño a subir. No finalizarla era RÍDICULO. No importaba que les hubiesen ofrecido entrar a practicar sus estudios superiores sin necesidad de terminar los básicos. Ellos tenían y debían cumplir con unos pasos determinados. Era cuestión de lógica y metodología, al menos para Hermione.

Sin embargo, de algo estaba segura, no quería arruinar su reciente relación. Una que había idealizado desde hacía años. Una que había soñado todas las noches y días. Una que le había costado tantas lágrimas y sacrificios. Por primera vez en su vida, no hizo caso a sus verdaderas intenciones y dejó la situación "ser". Que Ron hiciera sus cosas y su idilio, tan terriblemente luchado, seguiría intacto.

En sus anteriores años, cuando solo la amistad los unía, pese a un sentimiento de atracción tangible, nunca pasaron de un abrazo incómodo o de un apretón de manos necesario, pero siempre estuvieron juntos. Compartiendo espacios, aventuras, desdichas y un destino en común. Ahora, cuando todo había acabado, cuando eran algo y la paz los rodeaba, estaban apartados uno del otro.

No, así no era como funcionaban las cosas. Hermione exhaló cansada revolviendo su sopa caliente con parsimonia.

Después de la caída del Señor Tenebroso, pocos volvieron a retomar los estudios a Hogwarts. Nadie los culpaba. Los quebrantos habían sido inconmensurables. Varias vidas perdidas y mucho por lo cual llorar. El castillo tenía graves daños a reestructurar y no había magia suficiente para ejecutar todo de manera rápida.

La planta de maestros había sido aumentada al doble y se crearon espacios nuevos en materia académica como el "Club de defensa permanente", que contaba con varios niveles de dificultad. El Gran Comedor, que fue uno de los espacios con menos daños, fue divido en dos partes para tener un vestíbulo de entrada que reemplazara momentáneamente al original, del cual no quedó nada. Solo columnas destruidas y manchas de sangre imposibles de quitar y que cuyo olor parecía no disiparse, ni con moquetas nuevas.

Con solo una entrada habilitada, los esfuerzos se concentraron en reconstruir el puente de la parte de atrás, la Sala de Menesteres, sellar de una vez y para siempre la Cámara de los Secretos, restauración de fachadas, torres y jardines, entre otras.

Con tan poco espacio para comer, desayunar y cenar, no parecía quedar abarrotado. Los estudiantes eran escasos y ese año no se admitieron nuevos de primer año, mientras se terminaban los arreglos definitivos. Por supuesto, todos cooperarían en la difícil tarea, repartiendo asuntos académicos con ayudas de obras que no implicaran riesgos. Séptimos y sextos harían en esa parte, mientras el resto se dedicaban a las labores estéticas y plantación de hierbas en los alrededores.

Sentada junto a Ginny, a veces se sentía fuera de ambiente. No se llevaba mal con el resto de Gryffindors, pero nunca habían intercambiado más de una palabra con los cursos inferiores. Ahora, las conversaciones que iniciaban con ella, era para saber detalles sórdidos de la guerra. Preguntar sobre la tortura a la que había sido sometida o por su relación con Harry y Ron.

Si había alguien que la estuviese pasando peor que ella, era Draco Malfoy.

El sobreviviente y vergüenza Sangre Pura. Era constantemente marginado y víctima de matoneo y amenazas por parte de todos. Sin distinción. Slytherin le repudiaba por haber estigmatizado su casa y la otra parte lo odiaba por ser un maldito cobarde que, a su parecer, había jugado en los dos bandos de la guerra. Un instinto de supervivencia muy afín a los ideales de la casa, pero que les repudiaba a todos.

El antes, príncipe de Slytherin, temido y admirado por muchos, ahora era un paria. Un hazmerreir y el chico favorito para odiar. Le empujaban en los pasillos, escupían en su comida, desparecían sus pertenencias y una vez lo dejaron fuera del castillo para que durmiese afuera. De ser posible, en el Bosque Prohibido para que no volviera jamás.

Hermione de verdad no tenía nada contra él. Ese último año fue de completa revelación para todos. Pese a que era un bastardo desagradecido, también era cierto que él, en su extraña, retorcida y caótica manera, se movía por motivos claros: el amor a su familia. Pese a que la ética usada era reprochable y de carácter subjetivo para él, Draco Lucius Malfoy solo podía obrar de esa manera. No conocía otra. Que se llevara a media humanidad por delante por ese hecho, era otra cosa. Una que realmente no parecía importarle.

La chica le vio con disimulo, mientras un par de Ravenclaws pasaron y por "accidente" derramaron el jugo sobre la cabeza rubia de él. Draco tan solo se limpió la cara para ver y continuó con su comida. No había nadie a su alrededor y parecía tener un campo radioactivo cancerígeno que evitaba que otros se sentaran cerca de él. Todos le rodeaban para chismosear y señalarlo. Como un animal de circo.

A estas alturas, ella no podía sentir odio por nadie. Ni siquiera por Malfoy. En sus terapias personales, cuando realizaba viajes de introspección, aun le costaba superar episodios específicos, pero con la necesidad de volver a tomar poder sobre su vida, el perdón y el desapego parecían los acondicionadores perfectos para su alma.

Era la primera vez que lo veía por tanto tiempo desde la Batalla de Hogwarts. Él había huido con sus padres y solo se volvió a saber de ellos por medio de El Profeta. "Antiguo seguidor de Voldemort y mortífago, Lucius Malfoy, revela información al Ministerio a cambio de indulgencia." Y ahí estaba, en primera plana, el rostro marchito del líder de la casa Sangre Pura, tratando de no ver a la cámara, tapando su rostro con su cortina de cabello rubio.

−Se te enfría la comida.

Hermione volteó a ver a su amiga y luego a su plato, echándolo a un lado para tomar un poco de pan y mantequilla. −Se siente extraño estar acá.

−Dímelo a mí. Mi madre dice que Ron se la pasa suspirando toda la noche cuando llega del Ministerio. Lo tienes atontado. Más de lo que es por sí mismo.

−Es encantador−respondió con un tierno puchero.

−Oh, mira que sorpresa.

Hermione siguió la mirada de Ginny encontrándose con el Premio Anual: Theodore Nott.

Huérfano de la guerra. Slytherin. No tenía familia y Hogwarts era el único lugar donde podía vivir. Era la única persona que se sentaba con Draco Malfoy y se atrevía a hablarle.

Tras la muerte de Vincent Crabbe, Gregory Goyle abandonó Hogwarts y su paradero era desconocido. Ella supo por Kingsley Shacklebolt que se había ido a vivir a un sitio de América con unos familiares que tenía allá. Pero no podía evitar pensar, cómo sería la relación de él con los "No-maj".

Al parecer, solo le quedaba Nott, que era un chico parco, que poco hablaba y era extremadamente inteligente. Compartía el título de Premio Anual con él, y nunca había sido irrespetuoso con ella. Aunque tampoco abogaba por tener una conversación, era una persona que bien podía pasar por invisible.

−Será interesante ver cómo nos va compartiendo Sala Común.

−Nott, nunca estuvo con los Mortífagos, aunque su padre sí. Sé que no debemos contribuir con los estereotipos, pero ten cuidado. La guerra terminó hace muy poco.

−Si bueno, ya nos hemos saludado hace un rato y se encerró en su cuarto en cuanto pudo. No creo que colaboré a mi extensa vida social.

−Entonces termínate ese pan y acompáñame a la Torre de Gryffindor. Tenemos que colgar unas cortinas nuevas.

−Bienvenida al último año en Hogwarts.

Hermione se levantó de la butaca junto con su amiga pelirroja y abandonaron el comedor entusiasmada por ver al nuevo Jefe de Casa de Gryffindor, que para el deleite del estudiantado femenino, se trataba de un hombre terriblemente bello.

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Draco Malfoy, se encontraba tirando piedras en las orillas del Lago Negro. Su cabello, que antes permanecía bien corto y elegante. Ahora era largo hasta su mandíbula y sin intenciones serias de arreglarlo. Su suéter tenía varios agujeros en el borde, que se negaba a arreglar. Se lo habían destrozado el otro día, cuando había salido a practicar algo de Quidditch. No importaba cuanto lo arreglase, siempre terminaban encontrando el modo de arruinarlo.

Los odiaba a todos. A todos y a cada uno. Odiaba su porquería de destino. Odiaba a Voldemort, se odiaba a él por ser pusilánime y por tener que aguantar la situación en general. Odiaba no tener dinero. Todo estaba congelado hasta que su padre saliera de prisión.

Con su padre sentenciado a pasar seis años en Azkaban por crímenes de guerra, y su madre, confinada a arresto domiciliario, era solo Adromeda Tonks, lo que les quedó después de tanto odio y miseria. Su tía, había sido la única persona que les hablaba y que llevaba alimento a su hermana, debido a la incapacidad de ésta para salir. No contaban con elfos domésticos y el apellido Malfoy era sinónimo de repulsión y evasión.

Todo aquel que sobrevivió a la Segunda Guerra Mágica, quería estar tan lejos de ellos como fuese posible. Para él era perfecto, tener que explicar sus acciones era tortuoso. Porque para sí mismo era una tarea de odio personal. Cuando revivía en su mente una y otra vez los escenarios por los que pasó, no sabía si sentir más asco por él que por Voldemort.

Ser sangre pura, significaba todo para él. De hecho, en cierta manera aun lo era. No le quedaba nada más. Saberse que su dinastía venía desde siglos atrás, era un estatus que le producía mucha satisfacción… o eso creía. Eso era lo que su padre le decía y él se convenció de eso a través de los años.

Conocer otro tipo de verdad, le inquietaba. No se sentía preparado para eso. Remangó su suéter y vio la cicatriz que había dejado la Marca Tenebrosa en su brazo izquierdo. Le picaba de vez en cuando y le servía de recordatorio constante para comenzar a tomar decisiones por su cuenta. Así fueran las peores, así lo mataran. Serían por él y no por otro… otro particularmente demente y terrorífico.

El rubio suspiró agotado, viendo a su reloj de ferrocarril. Tal vez una de las pocas posesiones con valor que le permitían llevar, cuando divisó un grupo de cinco personas integrado por Hufflepuffs, Ravenclaws y Gryffindors. Ya sabía lo que venía, no era la primera vez y tampoco sería la última.

No huyó como en otras ocasiones y solo mantuvo la mirada en el piso.

−Te estábamos buscando, Malfoy.

−Acá estoy−respondió escueto sin ínfulas de grandeza o arrogancia.

El puño lo sintió directo en la boca. Bueno, ese era nuevo. Por lo general siempre asestaban al estómago. Luego sintió el golpe en la mejilla izquierda. Esa lo hizo trastabillar y cayó al suelo. Escupió saliva con sangre directo al piso. No soportaba el sabor.

−Asqueroso Mortífago. Por culpa tuya y de tu papá, ¡mi papá murió!

Otro golpe. Justo en las costillas. Draco trató de agarrar aire con una bocanada de aire, pero sintió el puntapié en toda la nariz. Gritó del dolor y se retorció con un ardor que le perforaba hasta los pulmones. Los chicos, ya habiendo descargado la ira, lo dejaron botado en el suelo sin algún tipo de remordimiento.

No recordó cuanto tiempo se quedó ahí acostado. En un determinado punto, el sueño lo invadió y no quiso regresar al castillo. Fue el zarandeo constante lo que lo sacó de su estupor obligatorio. Pudo divisar un cabello rebelde negro como la brea. Lacio como la crin de un unicornio.

−Theo−susurró con sangre en su boca.

Episkey.

Draco gritó presa del dolor por unos segundos. Luego fue la calma y la conciencia completa. Theodore le ayudó a incorporarse usando Aguamenti para limpiarle la cara. El rubio usó su suéter como toalla y quedó limpió de sangre.

−Gracias−musitó refregándose la cara y amarrándose el cabello en una coleta baja. Varios mechones se escaparon a la parte de adelante no siendo lo suficientemente largos para ser sujetados.

−Defiéndete, Draco.

−Olvidé mi varita.

−Nosotros vivimos bajo torturas. No me creo eso ni por un momento.

Theodore, Premio Anual, fiel amigo y mejor amigo de Draco desde la infancia, había perdido a su madre cuando era un niño. En circunstancias altamente sospechosas. Ambos siempre dieron a entender entre conversaciones de madrugada, que el padre de Theo, había asesinado a su madre. Las intenciones nunca las supieron, pero la crueldad de Antístenes Nott era bien conocido por todos.

Había sido uno de los favoritos de Voldemort. Ese hombre había nacido sin compasión o la capacidad de discernir del bien y el mal. Profirió actos innombrables que solo fortalecieron la causa Tenebrosa y ante toda esa situación, Theo se mantuvo al margen. A pesar de desvincularse públicamente de su padre, el estigma lo perseguía. Y para su desgracia, lo seguiría hasta el fin de los tiempos.

Ser el Premio Anual lo sujetaba a un respeto intrínseco por parte del resto de sus pares, pero eso no quitaba las miradas desdeñosas, los anónimos de muerte o los desprecios mal disimulados. Theodore Nott siempre había sido un chico solitario. Solo había tenido de amigo a Draco y a Daphne. Ahora que ella había culminado su último año, mientras él había estado huyendo de bar de mala muerte en autobús noctámbulo, gracias al fanático y loco de su padre, no le quedaba nadie. Solo su mejor amigo, que estaba más hundido que él en su propio infierno.

Theo ayudó a Draco a levantarse para enfilarse al interior del castillo. −Tu no quieres seguir de esta manera. Aférrate a ello y no lo sueltes. Solo eso nos queda.

Draco asintió vagamente sin atreverse a despegar la vista del suelo. Fijarse en sus propios pasos sin tener que ver hacia adelante, era la opción más segura y lo que le daba algo de paz en tiempos de tormenta.

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Hermione, estaba acomodando sus libros en su escritorio. Uno de dos puestos que compartía con el otro Premio Anual, que poco pasaba en la Sala Común.

Llevaban un mes de clases y si había visto a Theodore Nott unas tres veces, había sido mucho. Las veces que lo había notado habían sido durante clases. En ellas, se hacía muy al fondo al lado de Malfoy. Nadie les dirigía la palabra y ellos tampoco se esforzaban por iniciar conversaciones.

Esa noche, le tocaba ronda junto con el Slytherin. Había colocado el último libro cuando oyó la puerta abrirse para dar paso al chico de pelo negro.

Theodore, que mantenía el fleco largo sobre los ojos, poco se le veían las expresiones que hacía. Nadie sabía a ciencia cierta si estaba de mal humor, pasivo o alegre. Era difícil de precisar. Nott era alto, un metro noventa ya lo acompañaba a sus dieciocho años. Era bien flaco y la túnica parecía colgar de un perchero. Pálido como un hueso, algunas de sus venas se veían por sus manos. Siempre parecía caminar un poco chueco y nunca se le había dado bien los deportes.

−Lamento la demora, Granger.

−Estamos a tiempo.

Sin más, la chica salió acompañada de Theodore que nunca hizo conversación. Ésta vez, tampoco iba a hacer a excepción. No era algo que particularmente molestara a Hermione. No tenían de qué hablar. No encontraba ideas o una charla banal para ambientar el silencio. El silencio funcionaba bien.

Hijo de un Mortífago caído en guerra, no podía sino sentir prevención. Aunque sabía que él no haría nada en su contra, no le interesaba formar lazos con él. Una diplomacia obligada por respeto mutuo era suficiente.

−Yo iré a hacer rondas abajo. Tú puedes ir arriba.

Sin más, Nott se separó de ella y desapareció por las escaleras sin esperar una respuesta. Hermione se quedó quieta un momento y retomó sus pasos en la dirección opuesta. Lo primero a revisar eran las torres. No podía pasar una noche seguida sin que una pareja estuviese de arrumacos intensos.

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Theodore no apreciaba las multitudes. Era solitario y encontraba estímulo estando solo y no rodeado de personas. Theodore era una persona introvertida. Cuestión que le había servido de manera perfecta en el transcurso de su vida. De su triste y corta vida. Tal vez de su triste, corta y patética vida. Dentro de su mente se hilaban mil mundos posibles que lo hacían soñar con universos muy lejanos a los que estaba. No era particularmente amante del mundo mágico y solo parecía disfrutarlo cuando estaba con animales o criaturas.

Durante sus años de niño, su compañía constante había sido un Puffskein llamado Epoh, o "Pequeño E", como le decía de cariño en momentos de suma ternura. Lo había encontrado rondando los vastos jardines de su casa. El primer día lo había llamado como a un gato con la esperanza que éste se acercara. No lo hizo, de hecho corrió de vuelta a un matorral y no lo volvió a ver en semanas.

En la segunda ocasión trozó galletas para tentarlo y solo había logrado que robara pedazos con su larga lengua sin ni siquiera acercarse demasiado. Huyó rápidamente después de eso.

A la tercera vez por fin lo logró. Fue un mes después del segundo encuentro. Y fue uno muy desafortunado. A sus diez años, no era la primera golpiza que recibía de su padre. Pero sí había sido la peor. Nunca llegó a imaginar lo mucho que dolía un Crucio. Al parecer, preguntar más de dos veces por el paradero de su madre, había sido suficiente razón para activar la furia de su padre. Lo último que recordaba era la punta de su varita apuntarle al rostro.

Estaba botado sobre la hierba. Sentía su saliva pegada a la mejilla y algo lamiéndole las lágrimas que se habían pegado a sus mejillas. La criatura de color marrón y rostro tierno, desenrollaba su lengua para darle una caricia de consuelo. Habían sido inseparables desde entonces.

Había vivido junto a él dos años. Cuando entró a Hogwarts falleció, dejándolo por su cuenta. Había sido su compañía y soporte mental en tiempos donde la misericordia era un concepto ajeno para él.

En la silenciosa biblioteca, pasaba una pluma entre sus dedos largos y de falanges gruesas. Le gustaba golpear las paredes de vez en cuando, en esos instantes donde no sabía qué hacer con tanta ira. Un par de chicas de sexto estaban a su lado izquierdo aparentando estudiar. Una de ellas lo miró y volteó la vista rápidamente al libro. Por supuesto que lo había notado. Si dejaran de ser tan obvias, sería mucho más sencillo.

Theo comenzó a redactar el primer párrafo, cuando el silencio del recinto fue el suficiente para escuchar la frase: "Seguro él también es un Mortífago".

−Si fuera un Mortífago, no estaría terminando un curso de un colegio−dijo el chico levantándose de la mesa llevándose sus útiles bajo el brazo.

Por supuesto que no lo era. Que otros pensaran que era así, era diferente. De hecho le sorprendía que no dijesen cosas peores. Él no iba a aumentar los chismes y haría lo suyo. Seguiría su último curso sin llamar la atención y mirar qué demonios haría una vez finalizaran las clases. Cuando quedara en la completa calle sin donde caer muerto. Era un bonito futuro el cual anhelar.

− ¡Nott!, dejaste tus apuntes en la mesa.

Theodore se volteó para ver quién le llamaba. Era Hermione Granger, que llevaba su cabello recogido en una trenza y dedos sucios llenos de tinta. Estiró su mano libre y recibió el manojo de hojas enrolladas y amarradas con un cordel que él no había puesto. Era de color rojo.

−Las tenías todas sueltas−comentó la chica girándose para irse.

No se dijeron nada más. Él tampoco dijo gracias, cuando era lo correcto por hacer. Simplemente se quedó viendo la cinta y enfiló sus pasos a su cuarto. No había avanzado nada en sus deberes.

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Sentado en el marco de una ventana, Draco miraba a la negra noche y Theo, de pie atrás de él, parecía también bastante centrado en el paisaje. Estaban en la Torre de Astronomía, ya pasado el toque de queda. El viento era totalmente fresco y levantaba sus túnicas al aire, otorgándoles un aire casi "vampiresco".

Estaban entrando en noviembre y el futuro se veía cada vez más patético.

− ¿No te quedó nada?

Theo negó con la cabeza, mientras sacaba unos dulces de su túnica para mascarlos.−Un funcionario de Gringotts, que es articulador para el Ministerio, vino hoy a hablar con McGonagall.

Draco le extendió la mano sin decir nada. El chico de cabello negro entendió rápidamente y le paso un par de golosinas. − ¿Por qué con McGonagall?

−Les "preocupa" mi futuro.

−Que amables son.

−Preocupación ajena que se traducen en servicios a cambio de dinero. Más comúnmente conocido como "trabajo".

Theo se echó a su boca el último dulce, que tenía un color azul muy vivaz. Miró a su amigo que apretaba sus puños como si estuviese impotente frente a la situación. −Ven con nosotros a la mansión.

−Eso no va a pasar en esta vida.

−Sé que te caemos un poco mal, pero es mientras encuentras algo más estable.

−Tu padre va a cumplir condena en los siguientes años. No es un lugar donde me gustaría estar. Sin elfos domésticos tu mamá debe estar para ir a San Mungo.

Era irónico pensar donde estaban en ese momento. Jamás olvidaría ese día. Cuando una línea entre su adolescencia y una adultez obligada se trazó en sus vidas. Draco miró por la baranda al vacío. Justo por donde había caído Albus Dumbledore. Con sus canas yendo en contra de la gravedad y esa expresión de no entender del todo la situación. Quiso irse de ese lugar de inmediato.

−Están sabrosos−dijo Draco yéndose, limpiándose la túnica en la parte posterior.

−Me los dejó Granger, en el escritorio.

Draco terminó de comer y debía admitir, que de verdad, había sido un dulce particularmente delicioso.

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Draco, entrecerraba sus ojos con la ilusión de aumentar el poder de su vista. Colocó la hoja de pergamino a contra luz de las velas pero no pudo ver su caligrafía. Los rayones y las machas de tintas la habían ocultado por completo.

No había sido lo más precavido de su parte, dejar su tarea a mitad de una mesa en la biblioteca mientras iba al baño. Cuando regresó, todos sus materiales estaban deshechos y sus pergaminos estropeados. La gente en general era una montaña de porquería vengativa.

El rubio bajó la hoja y suspiró cansado. Tampoco es que deseara salir de Hogwarts. ¿A qué? ¿Para qué? No le esperaba nada. Solo más repudio y ser tratado como un convicto y marginado. A pesar de lo culpable que se sentía, había una parte de él que no lo hacía. Todo había sido por proteger a su padre y madre. ¿Lo volvería a hacer? Claro.

Tal vez cuando fuese más adulto, la amabilidad y la empatía terminarían de evolucionar en él. Tal vez visitando a su padre en Azkaban, su sentido del honor y la retribución aflorarían para hacer de él, un hombre medianamente decente. Mientras tanto, solo quería de vuelta, las tareas que había hecho.

-Un hechizo de tinta impermeable… para la próxima vez.

El joven alzó su cabeza para ver a Hermione Granger viéndole del otro lado del escritorio. Llevaba varios libros en sus brazos y los dedos manchados de tinta.

Él no le respondió. No sabía cómo y tampoco estaba seguro de querer hacerlo. No le agradaba para nada. Había demasiado resentimiento y frustración entre ambos. Tanta historia. La última vez que habían "intercambiado" palabras había sido en la Sala de Menesteres. Cuando su amigo la había intentado matar y él no había hecho demasiado para evitarlo. Luego el novio soquete y pendejo de la muchachita, le había asestado un puño en toda la cara por hipócrita. La verdad lo había sido, él no quería morir, y mucho menos esa noche horrible.

Algo había seguro. De haberla querido matar, lo habría hecho. Ser un asesino nunca había terminado de encajar con su modo de vida. Por muy retorcido y despectivo que hubiese sido.

−O no lo hagas−dijo Hermione al no encontrar respuesta por parte de él. La castaña se giró y salió de la biblioteca para ir a su habitación.

Draco volvió su mirada a un pergamino medianamente usable para volver a hacer su tarea. Una que no quedaría tan completa, pero era eso o nada.

Continuará

COMENTARIOS DEL AUTOR

*Este fic es algo especial. Cuando dije que iba a hacer Theomione y Dramione a la vez, es porque iremos a dos tiempos en el transcurso del fic. Tal como fue este capítulo: Remembranzas.

*El que adivine de donde salió el nombre "Epoh" se le dedicará el próximo capítulo.

*Gracias a Puchufly por betear esta historia.

Preguntas, dudas, comentarios. Toda crítica es bienvenida, sí y solo sí es constructiva.

Anna Nott

Escuchando "Yonhon Ashi no Odori" Ookami Kodomo no Ame to Yuki OST