TITULO: Mi sabor favorito

AUTORA: Tetsuna Hibari

RESUMEN: El amor puede ser expresado de diferentes maneras. Ella y el estaban a punto de descubrirlo.

CLASIFICACIÓN: Todos los públicos

PAREJAS: MuraMito - Murasakibara x Mitobe

GENEROS: Genderbender, Romance y Drama.


Mi sabor favorito


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El día de la reunión había llegado sin grandes sucesos reveladores. Él apenas llegaba junto con Tatsumi, habían ido a comprar algunos dulces antes de ir al lugar indicado. Eran solo ellos dos ya que cuando invito a su sempai, ella se negó diciendo que tenía trabajo ese día y que lamentaba no poder acompañarlos.

Llegaron al restaurante en donde Akashi los había citado y en donde ya se encontraban todos los viejos compañeros del jugador y solo faltaban ellos dos. Tomaron asiento a la par que realizaban su orden.

― ¡Al fin llegan! ―grito desesperado Aomine.

Himuro saludo a todos mientras que el mayor no le dio importancia, prefería seguir engullendo sus dulces, a sabiendas que de hablar con ellos solo pelearían desde el inicio.

― Al fin estamos todos y con molestias incluidas, a excepción de mi Furi-chan ―empezó a hablar el pelirrojo, observando de reojo a Kagami

― ¿Ahora qué quieres fresa? ―pregunto sonriente una pelinegra, que abrazada felizmente a un peliverde.

―Shintarou, dile a tu noviecita que se comporte. ―ordeno el pelirrojo.

―Takao.

― ¡Eres un idiota Shin-chan! ―la chica soltó el abrazo a su novio y lo agarró del cuello de la camisa. ― Siempre obedeciendo a la fresa.

―Por favor cálmense todos ―pidió una peli-azul que se hizo notar y asustando a la mayoría.― Akashi-kun, ¿porque nos llamaste?

El pelirrojo suavizo la mirada que le dirigía a Takao, observando a quien tiempo atrás fue su pareja y quien le presento a su actual amor.

―Estoy saliendo con Kouki. ―les anuncio.

― ¿Eso es todo? Porque ya lo sabíamos ―alego Takao, regresando a su posición anterior.― Furi-chan hace dos hizo una reunión de chicas y nos pidió consejos. Me sorprende que haya aceptado salir con una fresa como tú.

―Takao-chan…. –exclamo avergonzada Kouki.

― ¿Una reunión de chicas? ―dijeron todos los varones, observando a las féminas.

― Por supuesto. Nosotras también necesitamos nuestro tiempo juntas sin que ningún chico esté a nuestro alrededor, y poder contar nuestros secretos. ―hablo la rubia del grupo con gran sabiduría.

Antes de continuar con la plática, una mesera se acercó al grupo para entregar los pedidos. Él peli-morado no espero mucho para empezar a comer a diferencia de sus compañeros que habían comenzado una pelea entre algunos sobre los gustos ajenos. Podían ser considerados un grupo bulliciosos.

― ¿Sucede algo Atsushi? ―pregunto Himuro mirando a su amigo.

Tal pregunta llamo la atención de todos, quienes se detuvieron para voltear a verlo ya que después de probar el primer bocado, el chico se había detenido, algo raro en él considerando que se trataba de comer.

― Este sabor… ―murmuro más para sí, que en repuesta.

― ¿Sabor? ―dijeron todos mirando la comida.

¿Se trataría de comida envenenada? ¿Echada a perder? ¿O simplemente sabría mal? El que Murasakibara observara la comida de tal manera, no podía significar algo bueno ¿o sí? Después de todo, él estudiaba gastronomía.

―Mesero. ―llamo Murasakibara.

Ignoraba a sus compañeros, ya que su prioridad era saciar su curiosidad sobre el conocido sabor de la comida. El trabajador llego rápido a la mesa, con la esperanza de que no se quejaran de la comida, lo cual era raro que sucediera desde que habían contratado a una nueva cocinera.

― ¿Desea algo, señor?

― Quiero ver a la chef que preparo este plato. ―todos lo miraban sin entender.

― ¿Sucede algo malo con la comida? ―cuestiono preocupado el chico.

― Todo lo contrario. ―respondió.

Sin comprender del todo a lo que se refería con ello, el mesero se retiró en dirección a la cocina. Mientras comían, todos miraban al peli-morado en busca de una respuesta ya que la comida esta deliciosa, pero el estudiante de gastronomía no hablo para explicarse y siguió comiendo. Sin poder contener más la duda, el pelirrojo fue quien pregunto.

― ¿Sucede algo en especial con esta comida, Atsushi?

―Nada, Aka-chin.

― ¿Cómo sabes que es mujer el chef? ―pregunto la peli-azul, a ella no se le había escapado ese detalle pero no tuvo respuesta por que el mesero regreso.

―Aquí tiene a la chef, señor. ―se hizo a un lado mostrando a una azabache conocida por algunos de ellos.

―Hola Mito-chin.

―Rinko-sempai / Mitobe-sempai ―dijeron Himuro a la par de Furihata, Kuroko y Kagami.

La azabache los miraba con una sonría, se encontraba vestida como compinche. No creyó que sus kohai´s de la preparatoria también asistieran al lugar de su trabajo.

―Espera Atsushi, ¿cómo sabías que era Rinko-sempai la chef? ―pregunto sorprendida Tatsumi― Ni siquiera yo estaba al tanto de que ella trabajaba aquí.

―El sabor de la comida de Mito-chin, es inconfundible. ―dijo el chico con gran pereza.― He probado varios de sus platillos y postres.

Que sorpresa encontrarlos aquí a todos, veo que están con amigos

Dijo en señas la chica, sus conocidos presentes conocían aquel alfabeto por lo que le era fácil hablar con ellos.

―Sí. ―respondió Tatsumi.

Los que no conocía a la azabache se sentían fueran de lugar, por lo que se limitaban a verla. De algún modo les parecía que era especial para quienes la conocían.

― ¿Trabajas todo el día? ―pregunto Murasakibara mirando su sempai.

No, en realidad mi jornada acabara en 15 minutos.

Respondió la chica ladeando el rostro, desconcertada por la pregunta. Aún estaba sorprendida por que el chico haya adivinado que ella era responsable de sus platillos. Cuando la invitaron a esa reunión, nunca pensó que sería en el mismo lugar en que elabora, así que cuando lo vio llegar junto a Tatsumi en verdad se asombró por la coincidencia, pero sus deberes no le permitieron acercarse a ellos.

Murasakibara más o menos había aprendido a interpretar las señas y como la mayor le había estado enseñando como se lo prometió, le era más fácil entablar una conversación más fácil con ella. Aunque Mitobe en ocasiones se reía ya que el chico las confundía y entendía o decía algo fuera de lugar.

― ¿Es muda? ―pregunto Aomine.

Tanto Murasakibara, Himuro, Kagami, Kuroko y Furihata lo miraron con el ceño fruncido, molestos por su falta de consideración. El moreno se asustando un poco al ser víctima de mirada asesinas.

― ¿Qué? ―exclamo a la defensiva.

―Insensible. ―le dijeron las tres chicas.

― Aomine-kun, no sabía que podías ser tan insensible. ―dijo Kuroko con un tono de gran desprecio.

― Mine-chin es un negro malo e insensible ―dijo Murasakibara.

―Sí, sí. Es un negro malo e insensible ― apoyaron los proclamados hermanos, Tatsumi y Kagami.

A todos les cayó una gotita de como aquellos cuatro empezaron a molestar al moreno, mientras que la chica por la cual peleaban parecía preocupada por la batalla unilateral -Aomine no podía defenderse- que se había comenzado.

― Parece ser que eres amiga de Atsushi, Tetsuya y Kouki. ―el pelirrojo llamo la atención de Rinko, quien asintió aun preocupada por que los contrarios no se detuvieran.

Ella no quería ser causante de un pleito entre amigos, principalmente si se trataba de los presentes. Los quería a todos, además de que eran buenos amigos de ella. No estaban bien las peleas, ella era seguidora del lema "amor y paz."

―Entonces después de que termines tu jornada de trabajo, únete a nosotros. ―la invito con galantería.

Siendo que era amiga de su novia, no podía ser descortés, aunque el hecho de que la chica fuera más alta que él lo molestaba un poco.

―Ah, en ese caso pediré más comida de Mito-chin antes de que dejes de trabajar. ―dijo Murasakibara abandonando el pleito.― Quiero unos dangos.

Mitobe lo miro y asintió sonriendo, era algo que se podía esperar del chico. Y nada le costaba complacerlo teniendo los ingredientes y utensilios disponibles para hacerlos en la cocina.

―Eso no está en el menú Murasakibara. ―aclaro Midorima, la petición irracional de su viejo conocido podría poner en dificultades a la chica.

― ¿Eh? Pero yo quiero. Los dangos de Mito-chin son deliciosos. ―se quejó pero sintió como tocaban su hombro por lo que levanto su mirar.

«Lo siento, tengo que retirarme a la cocina nuevamente.»

Aviso en señas para luego retirarse.

―Mis dangos. ―chillo el alto.

―Luego se los puedes pedir ―le dijo Tatsumi con una sonrisa.

Los minutos pasaron, la reunión de ellos continuaba pero el peli-morado no prestaba atención realmente y solo miraba el reloj de la pared para saber cuánto tiempo se llevaría su sempai. Habían pasado 10 minutos desde que la jornada de la azabache había terminado y esta no aparecía, se estaba fastidiando hasta que de repente un plato con unos dangos con caramelo le fue puesto frente a él, sus ojos brillaron de felicidad.

Miro a su lado izquierdo, encontrándose con la azabache que había cambiado su traje blanco de trabajo por su ropa cotidiana. Era la primera vez para Atsushi que la veía con un vestido blanco de tirantes y que le llegaba a mitad de muslo. Podía decir que le quedaba muy bien, sin embargo a su parecer, la falda era demasiado corta, muy reveladora. Por lo que se levantó y se quitó su sudadera, para luego ponérsela a la chica alrededor de la cintura.

-¿Atsushi? -llamo Akashi, asombrado por las acciones de su desinteresado amigo.

Murasakibara no hizo caso, sentando a Mitobe en su lugar para luego arrastrar otra silla de una mesa cercana para poder sentarse él y comer los dangos. Todos sus conocidos a excepción de Himuro lo miraban sorprendidos, no era algo común en el chico hacer algo así. Tatsumi se había acostumbrado a esa extraña caballerosidad exclusiva que solo mostraba el más alto con la azabache.

―Mito-chin, sin duda será una buena esposa. ―dijo mientras comía los dangos y sonrojaba a Mitobe.

Las chicas rieron por aquellas reacciones, confundiendo a los chicos. Por su parte, Himuro sonrió, solo quizás… sus amigos se estaban atrayendo inconscientemente, aunque eso lo vería después, no quería atraer la atención curiosa de los presentes y que comenzaran a indagar indebidamente en la relación entre ellos.

Aomine y Kise no eran precisamente las personas indicadas para que profundizaran en el tema o se entrometieran en lo que fuera que estuviera sucediendo.

-Bueno, ¿qué les parece si Akashi-kun nos cuenta como logro obtener el "si" de parte de Furihata-kun?

Himuro levanto discretamente el pulgar y le sonrió a Kuroko por su buena intervención, atrayendo la atención de todos a un tema más llamativo. Al parecer no fue la única que noto lo peculiar del entrenó de Atsushi y Rinko.

Continuaron con la plática hasta que la mayoría de los chicos -Atsushi no estaba del todo de acuerdo- propusieron ir a un parque cercana, ya que querían jugar un poco de basquetbol para recordar viejos tiempos.

Mientras los varones jugaban en la cancha, ellas permanecieron a un lado, observándolos desde las bancas junto a las mochilas.

―Mitobe-sempai no cambia, sigue pareciendo una mamá. ―le dijo Furihata con una sonrisa.

―Opino lo mismo. ―dijo Kuroko con una leve sonrisa.

― ¡Chicas, ¿no quieren jugar?! ―les grito Kagami.

Ellos habían empezado a jugar casi desde que entraron al parque, por lo que momentáneamente se olvidaron que sus compañeras también eran amantes del deporte.

―Claro. ―dijo Kuroko levantándose. ― Mitobe-sempai ¿desea jugar?

La mayor acepto al ver la mirada llena de súplica de sus kohai's, hacía mucho que no jugaba pero no quería negarse a pasar un rato agradable con sus amigas y con los chicos que había recién conocido y que se habían comportado bien con ella.

―Pero no le será difícil con la falda. ―dijo preocupada Furihata.

―Allá hay otra chica con falda y está jugando. ―dijo Tatsumi señalando a Kise.

La rubia se había unido a los chicos desde el inicio y a pesar de traer una mini-falda, daba grandes saltos sin importarle que se viera su ropa interior y les brindara a los chicos un espectáculo.

―Kasamatsu-san estaría furioso. – dijeron con lastima ajena Takao, Furihata y Kuroko a la vez, observando la clavada que hizo la rubia al encestar el balón.

―Que bueno que él no está o la estaría golpeando por descuidada. -río Tatsumi.

―Es muy celoso cuando se trata de ella, eso es bueno para Ki-chan ―dijo Momoi con una sonrisa nerviosa, su amiga era tan despreocupada en algunas cosas.

«No se preocupen por mí, traigo short debajo de la falda»

Agrego Mitobe por medio de sus señas y una sonrisa, aliviando a sus compañeras.

―En ese caso es mejor.

Aclarado el asunto, se acercaron a la cancha, formando dos diferentes equipos; el equipo de "Chica Lindas" VS el equipo de "Chicos Mugrientos", ambos nombres cortesía de cierta rubia vivaz.

Después de un gran encuentro, los chicos llevaban una ventaja de un par de puntos, aunque no de manera fácil, les costó un gran esfuerzo el anotarlos. Las chicas eran bastantes buenas en el básquet y eran ayudadas por los dones de Kise y Kuroko. La rubia era capaz de copiar los movimientos de los chicos al ejecutar sus jugadas y la peli-celeste contaba con su habilidad de pasar desapercibida y realizar pases que les brindaba ventaja a su equipo.

―Tu turno, Mito-chan ―dijo Takao pasando el balón.

Era la última oportunidad de anotar y al menos empatar el encuentro y de entre todas las chicas, Rinko era la más alta con 180 c.m. de altura y la única que podía competir de alguna manera con el titán colosal y flojo que no se separaba de la canasta de los chicos.

La azabache la tomo, Murasakibara sonrió levemente, primera vez que se enfrentarían. Él se acercó a la chica que también sonrió y salto de perfil. El peli-morado al no saber qué haría su contrincante, tardó en responder al tiro de gancho que realizo la chica. Todas celebraron cuando el balón atravesó la canasta, anotando así dos puntos.

― ¡Bien hecho! ―exclamaron las chicas.

Murasakibara y Mitobe intercambiaron miradas. La chica azabache le sonrió victoriosa y el chico no pudo evitar regresarle el gesto, aclarando que no había terminado.

El juego continuo unos minutos más, terminando con la victoria de los chicos.

― ¡Bien! / ¡Yes!

Aomine y Kagami chocaron puños en celebración por su última jugada, donde pasaron burlando a las chicas y lograron anotar el tiro ganador.

― ¡Eso es trampa, ustedes jugaban con tenis! ―exclamo Kise con un puchero en los labios.

Ante el reclamo, todos miraron los pies de la chica, la cual traía zapatillas con tacón, uno no muy alto pero igual era sorprendente que hubiera podido moverse rápidamente durante todo el rato en que jugaron.

― ¡Exacto! ―exclamo Takao apoyando a la rubia.

―Tu si traes tenis –aclaro Midorima, su novia no debía hablar.

―Pero Ki-chan y Mito-chan no, es una clara desventaja para nosotras, que dos de nuestras jugadoras no estuvieran en sus mejores condiciones. ―reclamo con los brazos cruzados.

Como estudiante de derecho, estaba en contra de las injusticias... Y también porque su orgullo como jugadora estaba en juego.

Todos miraron esta vez a la azabache, notando que traía zapatillas con un leve tacón.

― ¡Woow! Eres sorprendente. ―alabo Aomine realmente asombrado por las habilidades que mostró la chica― De Kise no nos sorprende, la conocemos desde la secundaria y sabemos de lo que es capaz.

―Ahora que lo recuerdo. ―hablo Momoi.― Mitobe Rinko, es el nombre de una buena jugadora de basquetbol femenil en la secundaria.

―Oh, yo sé de eso. -dijo Takao alzando la mano, muy emocionado.- Esperaba encontrarla en preparatoria como una rival pero no sucedió.

― ¿En serio? Eres genial Mito-chan ―exclamo Kise, abrazando a la azabache.

«No me comparo nada a ustedes, la generación milagrosa y los reyes sin corona»

Respondió la chica avergonzada, hacía mucho que no jugaba o dudaba que sus habilidades no se hubieran oxidado. De hecho le dolían un poco los pies.

―Pero igual eres buena Mito-chin. ―Murasakibara se unió a la conversación, posando su mano en los cabellos negros de la mujer.

―Si no se dan cuanta chicas, Mitobe-sempai es un año mayor ―les dijo Kuroko al ver que la trataban de "chan" y no de "sempai".- Deberían tener más respeto hacia ella.

―Moo~ Kurokochii, eres demasiado rígida. ―le reprocho Kise, abrazando más fuerte a la mayor.- Mito-chan es Mito-chan.

Murasakibara y Tatsumi la acompañaron a casa y aunque los invito a pasar, tuvieron que negarse debido a la hora, era demasiado tarde. Estaba a feliz pero muy cansada.

Al adentrarse a su casa se quitó los zapatos en la entrada y anduvo descalza, le haría bien a sus pies. Se extrañó al no escuchar ni un ruido en casa, reviso las demás habitaciones de la planta baja pero no encontrar a nadie. Tomo su celular para llamar a su madre, pero al desbloquear la pantalla noto un mensaje de su madre avisándole que la esperaron pero como no llegaron tuvo que salir con sus hermanos y llegarían tarde.

Subió a su habitación, su casa silenciosa era una gran sorpresa y no muy común, siendo que tenía varios hermanos menores y su hogar siempre era bullicioso. Tomo algunas cosas antes de entrar al baño para tomar una ducha y relajarse un poco. Agradecía que por ese día no tuviera deberes escolares, por lo que al salir se cambió a un conjunto de ropa más cómodo para luego acostarse en su cama.

Envuelta en el calor debajo de sus cobijas, recordó los sucesos del día. Llevaba tiempo que no se divertía tanto. Las personas que conoció ese día eran buenas y pudo divertirse nuevamente con sus viejas kohai's de la preparatoria. Sumándole que disfruto poder divertiste con Murasakibara, eso le había alegrado aún más.

Murasakibara Atsushi.

El nombre de aquel chico vino a su mente, quiso alejar ese pensamiento por lo que miro al techo pero la imagen del peli-morado no se iba a su cabeza.

~Mito-chin será una buena esposa~

El recordar aquellas palabras y la voz de joven hicieron que un sonrojó se apoderara de sus mejillas. Tomo su almohada para tapar su rojo rostro. ¿Qué rayos sucedía?

El día empezaba como cualquier otro y la hora del almuerzo llego. Había quedado el día anterior de almorzar con Rinko por lo que se dirigió al sitio de encuentro, recostándose sobre el césped mientras esperaba a su compañía.

― ¿Sucedió algo? Llegas tarde –le dijo abriendo un ojo y mirando como la chica se sentaba a su lado.

La mayor solo negó fervientemente con la cabeza, sonriendo y un poco sonrojada e incapaz de mirarlo fijamente. La noche anterior tuvo problemas para dormir por culpa de las palabras del chico.

Y el solo hecho de ir a su encuentro con el menor, se le hizo muy difícil pero no podía acobardarse. Por muy avergonzada que estuviera no podía dejarlo plantado.

― ¿Mito-chin?

Se estremeció al oír la voz y sentir al chico incorporarse a su lado. Negó con la cabeza y empezó a sacar de su mochila el almuerzo del día. Debía actuar normal.

«Para ti»

Le dijo al entregarle unas cajas de obentou de manera rápida, con la intención de que se olvidara su comportamiento anterior.

― Gracias. ―tomo el almuerzo, desenvolviéndolo con una sonrisa― ¿Eh? ¿Esta vez no hay dulces? –se quejó ante la ausencia del postre.

La chica río al ver el puchero del más alto, he hizo unas cuantas señas.

«No puedes seguir viviendo de dulces, debes de alimentarte bien. De manera más balanceada.»

―Pero... ―Callo cuando ella se cruzó de brazos, mirándolo seriamente.―Está bien, comeré. Pero para la próxima trae dulces.

Rinko suavizo su mirada, riendo ante lo infantil que podía llegar a ser. Ella tomo su parte del almuerzo y comenzó a degustarlo en compañía del chico.

Al término de la comida, la azabache saco otro recipiente de su mochila y en secreto de la mirada del chico. Lo abrió y para alegría del más alto eran dos rebanadas del pastel de tres leches. Por mucho que le dijera que no comiera dulces, ella no se sentía capaz de negárselos. Le gustaba observar la expresión de felicidad de Murasakibara al comerlos.

«Espero te guste.»

Dijo Mitobe al entregarle su rebanada y extenderle una cuchara.

Atsushi no tardo en comerlo, olvidándose de su alrededor, los postres hechos por la chica eran muy ricos.

Rinko se llevó un trozo a la boca pero se quedó quieta al dar una rápida mirada al más alto. Detallando su rostro para bajar a los brazos, torso... prefirió alejar su mirada del cuerpo ajeno. Ni siquiera sabía lo que estaba haciendo, quizás se estaba volviendo loca por fin.

La locura la había alcanzo. Se deprimió, algunos recuerdo de su pasado la asecharon.

―Chin... Mito-chin ―llamo Murasakibara a la chica, sacándola de sus pensamientos.

« ¿Sucede algo? »

Hizo las señas rápidamente.

―A mí no, a ti sí. Hacías muecas de desagrado.

La chica se sonrojo, se había adentrado en sus pensamientos e inconscientemente hizo muecas. *Qué vergüenza* Se dijo a sí misma.

―Ahora estas roja, ¿tienes fiebre? ―preguntó.

Preocupado, acerco su frente a la de la chica, aumentando su sonrojo y terminar desmayada.

Tanto Murasakibara como Himuro se encontraban en la enfermería de la facultad, el chico había llamado a su amiga cuando la azabache se desmayó en sus brazos. Se encontraban sentados frente a la camilla donde descansaba la próxima chef.

Himuro observaba lo inquieto que parecía su viejo amigo, aun no podía borrar de su mente el estado alterado con el que la llamo. Cuando llego a la enfermería escuchó las exigencias de Atsushi sobre revisar a Mitobe con mayor cuidado, aunque el medico aseguraba que estaba bien y que probablemente había sido un golpe de calor, por culpa del fuerte sol de esos días. Ella tuvo que intervenir y librar del amenazante chico al doctor, que no tardo en salir del lugar con un pretexto cualquiera.

―Podrías calmarte. ―pidió la chica, harta del movimiento constante del pie de su compañero contra el suelo.

―No estoy haciendo nada malo.

―Nunca te había visto tan alterado por alguien. ―dijo Tatsumi en voz baja― Ni siquiera cuando lloraste al perder en el torneo de básquet en preparatoria.

―No llore.

―Oh, sí. Si lo hiciste.

Murasakibara se lento de su lugar, saliendo de la habitación y siendo seguido por la chica.

―No lo hice. ―dijo una vez afuera― Y estamos aquí por Mito-chin.

―Por eso lo digo. Ella debe ser especial para ti, si...

―Es mi amiga...

―Dudo que te alteraras así por mí...

― ¿A dónde quieres llegar, Muro-chin?

―Atsushi, no has pensado que quizás… quizás...―se mordió el labio inferior, sintiéndose nerviosa por la mirada inquisidora del chico― que quizás te guste Rinko-sempai.

―Me gusta. ―a la chica le brillaron los ojos― Como una amiga.

―Yo me refería en un sentido más romántico.

―No.

―Y para desgracia responde rápidamente. ―murmuro la chica con un puchero.― ¿Seguro? ―él asintió― Es con la chica con la que más te he visto estar. Además, en mi opinión, creo que en realidad si te gusta. Rinko-sempai es la chica perfecta para ti. Es callada, paciente, amable, hermosa, alta, ama cocinar, es... Es demasiado buena en todo en realidad. ―alababa Tatsumi― espera... Ahora creo que tú no te mereces tan buena mujer...

*Puedes decidirte...* es lo que le hubiera gustado decirle, pero no quería aumentar los delirios de su amiga.

―Pe... Pero se ven bien juntos y sé que tú podrías cuidarla muy bien. ¿No lo crees?

Se mantuvo en silencio, no sabiendo que responder ante todo lo dicho.

―Al menos piénsalo bien. ― le dijo Tatsumi, dándole una palmaditas en el hombro y regresar a dentro de la habitación.

Murasakibara miro desde la puerta a la chica desmayada y sonrió levemente.

Mentiría si dijera que no pensó una y otra vez en las palabras de Tatsumi. Durante todo el día, toda la noche y durante toda una semana. ¿Le gustaba? ¿Mito-chin le gustaba?

Si bien gustaba de su compañía, su comida, sus charlas, su sonrisa, de ella en general… Oh. Al final lo había entendido. Vaya que le costó bastante entenderlo. Sufrió incluso de algunos dolores de cabeza.

Miro a su lado, en donde se encontraba la chica sonriente. Ambos caminaban mientras comían unas crepas durante una amena charla.

« ¿Un lema? Pues sería… "La verdad, la humildad y en silencio"»

Le respondió la chica después de unos segundos que le tomo pensar en su respuesta.

« ¿Y tú?»

―Los dulces son la justicia. ―respondió el más alto haciendo reír a la chica.

Murasakibara sé que absorto en la risa de la chica, quien no se había percatado de lo que sucedía.

―Muro-chin tenía razón.

« ¿Sobre qué?»

Pregunto curiosa, apenas había alcanzado a escuchar el murmullo del chico pero no lo comprendió.

―Que me gusta Mito-chin. ―respondió con gran sencillez.

La chica detuvo su andar, girando un poco el rostro parar mirar al más alto. Sus ojos tan abiertos como le era posible, sorprendida por la declaración de su compañía. Su corazón latiendo a un ritmo acelerado e intentando mantener a raya el sonrojo que amenazaba atacar su rostro.

« ¿Qué dijiste? »

Pregunto con sus manos temblorosas, quizás se había equivocado al escuchar.

―Que me gustas, Mito-chin.

Ok, no había escuchado mal. Pero tal vez el contexto era diferente.

«Te refieres como amiga, ¿cierto?»

-Me gustas como chica.

Ok, no era en un contexto diferente al que pensó en principio.

« ¿Por qué yo? No soy una chica normal, yo no soy…»

―Mito-chin es Mito-chin, no importa si es normal o no, a mí me gusta Mito-chin ―respondió seriamente.

Tomo a la esquiva chica de la mano, jalándola para tenerla entre sus brazos. El rostro de Rinko se tornó completamente rojo pero aun había inseguridad en ella.

― Mito-chin es solamente mía. Es mi chef personal... es mía completamente, al igual que tu comida. ―declaro mientras besaba a la chica que no sabía qué hacer.

Rinko estaba confundida ante la espontaneidad del momento y los sucesos pasados. Su antiguo amor tan solo fue una ilusión, una muy tristeza... pero este ¿qué seria? ¿Porque sucedía aquello? ¿Qué cambiaría? Se preguntaba mentalmente la azabache dejándose besar porque estaba confundida.

Se separaron cuando ella al fin reacciono, con una mano cubriendo sus labios e incapaz de ver a su compañero. No quería sufrir y tampoco deseaba lastimarlo a él.

« ¿Porque hiciste eso?»

Le cuestiono en la misma posición.

―Ya te lo dije. Me gustas.

«Yo no soy una buena opción... Tú lo sabes. Soy muda.»

Le dijo desesperadamente en señas.

―Eso no tiene que ver. Mito-chin es una buena persona.

« ¿Me tienes lastima?»

― Solo se las tengo a los dulces que se me han caído ―respondió― Aunque para mí, Mito-chin es un dulce, no uno cualquiera. Es uno muy valioso, un dulce que no quiero compartir con nadie, no quiero que nadie lo coma más que yo. Eres un dulce que guardare toda mi vida ―declaro tan sencillamente y directamente que la chica no podía creerlo.

~Seamos sinceras, Rinko-sempai. Atsushi te gusta~ recodar las palabras de su kohai pelinegra la hacían caer cada vez más en una verdad que ya había aceptado, después de hablar con ella sobre lo sucedido aquel día que se desmayó.

Murasakibara le gustaba pero no quería ilusionarse nuevamente. Y lo único que deseaba era que el chico fuera feliz con alguien normal. Alguien que le complicara la vida innecesariamente.

― ¿Yo no te gusto? -le pregunto al ver lo necia que era la chica al negarse.

«No es eso...»

-¿Entonces?

«No quiero ilusionarme nuevamente.»

―No tienes que hacerlo, yo no te estoy dando una ilusión. Yo te estoy diciendo la verdad ―respondió.

La mayor no podía creer que tan simples respuestas la desarmaran, que tan fácil le era al chico expresarse... pero tenía que aceptar que era la primera vez que alguien era tan directo con ella y no la veía con lastima. Murasakibara volvió a tomarla desprevenida, coloco una mano debajo del mentón de la chica para alzar su rostro y darle un beso.

―Mito-chin, ¿quieres salir conmigo? Me conoces y sabes que nunca te he mentido... Que soy tal vez muy malo hablando pero...

Ella cubrió con sus manos la boca contraria, llamando la atención del chico. Ante un par de ojos morados ella asintió.

―Gracias…-dijo feliz y con lágrimas en los ojos.

El peli-morado abrió los ojos sorprendido al escuchar por primera vez la voz de la chica, que aunque apenas fue un murmullo lo hizo feliz. Sonrió, aquella voz había sido melodiosa pero sobre todo dulce, un dulce que probó al besar los labios de la azabache que cerró los ojos.

―Pero deja me corrijo en algo...―pidió al separase, obteniendo la atención angustiada de la chica― Ya no me gustan tanto los dulces... Ahora tu eres "Mi sabor favorito"...

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Contestando RW:

TKarin: Nos alegra que te gustara y esperamos te gustara el final. Gracias por leer.


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Tetsuna: Esperamos les haya gustado.

Marlene: MuraMito es una pareja muy poco conocida pero que a nosotras nos encanta.

Angelice: Gracias por leer.

Bye~