Disclaimer: Los personajes ni nada reconocible me pertenece (si lo hicieran posiblemente JJ sería el personaje principal). Escribo esto sin fines de lucro.
Este fic participa en el "Mes Pliroy/JJurio" del grupo "TeamJuuri/TeamJJurio"
Prompt: 14. Omegaverse.
Tendrán que disculpar lo ooc que me salieron los personajes y lo muy apresurado que ha quedado este drabble. Lo hice con amorsh (?)
II. De primeras veces.
La primera vez que Jean se lo ve es en una competencia. Accedió, con cierta reticencia, a acompañar a Viktor a la competencia de su Omega, realmente no entendía porqué su compañía importaba tanto, pero el ruso podía llegar a ser aún más insistente que él y no aceptó un "No" por respuesta. Miró a los chicos que desfilaban por el pasillo sin mucho interés, bien, era un Alfa, pero no había estado interesado nunca en ningún omega. Prefería a los Betas, las relaciones con ellos solían ser menos complicadas.
Después de vagar por los corredores, accedieron al lugar donde reposaban los competidores, su amigo se reunió con su pareja y él se dedicó a ver las notificaciones de sus redes sociales en su teléfono y a quejarse con Chris por no haber asistido, idiota. Finalmente, la competencia estaba por comenzar, así que fueron a tomar su lugar junto a la pista (ya que Nikiforov era también el entrenador de Yuuri).
Ignoró las primeras presentaciones y pretendía seguir haciéndolo, pero, una antes de que Katsuki se presentará, Viktor le pidió que dirigiera su atención a la pista. Levantó la vista de su celular y no pudo apartarla más.
En el centro de la pista se encontraba un joven rubio, quedó prendido de la forma en que patinaba y… de él. Era un chico precioso. Lo observó atentamente, encantado con la delicada forma de su cuerpo, el rostro fino y la gracilidad con la que se deslizaba en el hielo. Cuando su presentación terminó le preguntó a Viktor su nombre. Yuri Plisetsky.
El resto de la competencia sólo pudo pensar en el chico, sin embargo, tuvo la decencia de evitar observarlo todo el rato como un estúpido. Ni siquiera se concentró correctamente en las puntuaciones, no tenía idea de en qué lugar se encontraba la belleza rusa.
Apenas tuvo la oportunidad, se apartó de Viktor y buscó a Plisetsky. Lo encontró en un pasillo, su Alfa se sentía intranquilo, nunca le había pasado.
—Estuviste increíble en la pista —halagó—. Mi nombre es Jean-Jacques —agregó, ofreciéndole la mano y esperando que el chico supiera quién era.
El rubio lo observó un momento antes de estrechar su mano. No parecía muy alegre.
—Gracias, soy Yuri Plisetsky, aunque ya lo sabías —respondió—. ¿Quién se supone que eres?
La pregunta del joven fue a parar directo a su ego, sin embargo, se tranquilizó repitiéndose que era normal que no todo el mundo lo conociera. Normal. Tenía que aceptarlo, se sentía ofendido al escuchar que su nombre no significaba nada para el otro. Toda una vida trabajando en su reputación y, aun retirado, Viktor tenía más fama, argh.
Le recorrió con la mirada y notó de inmediato lo incómodo que lucía el patinador con su cercanía, dió un paso hacia atrás; Nikiforov lo mataría si intentaba propasarse, aunque no le preocupaba mucho.
—No es nada —hizo un gesto con la mano, para restarle importancia—. Soy un actor, un actor famoso —remarcó—. Estoy acompañando a Viktor, seguro que lo conoces.
—Ya veo —dijo Yuri—. Me tengo que ir, ¿sabes? Dile a Viktor que espero verlo más tarde.
Y sin más el ruso continúo caminando por el pasillo, mientras él le seguía con la mirada.
Su primera cita, no fue una cita en realidad, fue un encuentro fortuito, aunque... no realmente fortuito, simplemente no planeado por ellos. Después de que Viktor y Yuuri vieron que todos los intentos de JJ para conseguir algo por parte de Yuri fueron rechazados y todas las conversaciones acabaron con un "Púdrete" o "Déjame en paz" o "Aléjate de mí" o un golpe, decidieron poner cartas en el asunto. Era verdad que JJ podía ser un verdadero patán, sin embargo, había algo diferente en su cortejo al menor, y ellos no podían evitar preguntarse si quizá ellos estaban destinados. Con el pretexto de una salida a cenar para celebrar cualquier cosa inverosímil que Viktor Nikiforov quisiera convertir en un festejo, los citaron a ambos en un buen lugar.
Jean llegó al restaurante enfundando un traje negro que acentuaba perfectamente su figura y le indicó al recepcionista la mesa en la terraza que había apartado para los cuatro (aun si él no estaba seguro de quién era el otro invitado). Quince minutos después su precioso rubio caminaba hacia la mesa con un gesto estoico, vestía un traje azul oscuro, ni siquiera podía sentirse sorprendido de verlo. Yuri le dedicó una mirada de fastidio antes de sentarse a su lado.
—¿No te ha llamado el cerdo o Viktor? —preguntó de mala manera.
—No, todavía no me llaman, han de estar en camino.
Media hora después, resultaba bastante obvio el plan de sus amigos.
—Ya que estamos aquí, al menos deberíamos de comer, ¿no crees? —comentó JJ, esperando recibir una negativa por parte del rubio.
—Está bien, pero no quiero hablar contigo.
Su primera conversación real aconteció en el escenario menos inesperado, se quedaron atrapados en el elevador y luego de un tiempo esperando que alguien fuera a rescatarlos, JJ se sentó en el suelo con la espalda recargada en una de las esquinas.
—¿Patinar es muy difícil? —preguntó suavemente.
—No mucho, lo complicado es realizar piruetas —contestó Yuri, no tenía nada que hacer, ¿por qué no conversar con el estúpido Canadiense?
—¿Me enseñarías?
—¿Por qué no le pides a Viktor que lo haga? —bufó.
—Porque quiero que me enseñes tú.
El silencio siguió a sus palabras, Yuri parecía realmente incómodo con su mirada y tenía las mejillas rojas.
—Está bien —contestó con voz ahogada.
—¿Qué haces en tu tiempo libre?
—Apenas tengo tiempo libre, estoy casi siempre practicando. ¿Qué haces tú?
—Me gusta ser voluntario, pero no como todos esos actores que son voluntarios dando grandes cantidades de dinero, aunque también lo hago. Pero prefiero ayudar en los albergues, donar mi tiempo a la gente que realmente necesita ayuda.
—¿Por qué?
—Creo que puedo hacer del mundo un lugar mejor.
—No eres un Alfa convencional, ¿no?
—No hables como si fueras un Omega común, gatito.
Jean notó el momento exacto en que la mandíbula del rubio se tensó, estaba claramente enojado. Parecía a punto de responder, cuando las puertas del ascensor se abrieron.
Yuri no ha podido sacarse al Alfa de la cabeza las semanas siguientes, le resultaba ridícula la manera en que su mente giraba entorno a él pensándolo, imaginandolo o soñandolo. Era desesperante que su Omega se sintiera desfallecer al sólo recordar al peculiar chico. Incluso había tomado un día libre para hacer un maratón de sus películas.
Acababa de terminar su práctica y sabía que Jean se encontraba residiendo en San Petersburgo por tiempo indefinido. Así que cogió el teléfono con reticencia y marcó el número que le había sacado a Yuuri un par de días atrás.
—¿Bueno? —La voz de JJ logró acelerarle el corazón.
—¿Estás ocupado? —Carajo, había sonado más ansioso de lo que pretendía.
—¿Yuri? —preguntó y agregó de inmediato—. Para ti tengo tiempo.
—Eh, ¿todavía tienes ganas de patinar?
—¡Por supuesto! Dime dónde y voy para allá.
El ruso le dió la dirección de la pista y se sentó en una banca a esperarlo, tal vez no había sido tan buena idea invitarlo, debería haber esperado a que Jean le llamará. Finalmente el Canadiense apareció con su sonrisa resplandeciente.
—¡Estoy listo, Yuri-chan! —exclamó apenas lo vió.
—Ven, vamos a conseguirte un par de patines.
Esperó pacientemente a que JJ se calzara los patines que consiguieron y a que tomará valor (aunque obviamente el otro lo había negado), después lo tomó del brazo ayudándolo a mantener el equilibrio, mientras un millar de sensaciones le recorrían la piel ante el tacto, ¿por qué no se puso un suéter?
Al parecer el Canadiense tenía un talento nato para el hielo, estaba seguro de que con un poco más de práctica lograría hacerlo decentemente en un par de semanas. Sin embargo, también tenía una manía por mantenerse pegado a él como lapa, no que le molestara en realidad. En una de esas, se tropezó con los patines de Jean y cayó al suelo, arrastrando consigo al Alfa.
Resultaba una posición comprometedora y el hielo le mojaba la espalda, pero no quería moverse y JJ obviamente tenía una opinión parecida. Se estaba acercando a su rostro de manera peligrosa, sus labios estaban tan cerca…
—¡Hey, Yuri! —La voz de Mila resonó a sus espaldas, haciendo que Leroy se detuviera en el acto.
Se encontraba en absoluto decidido en no tener ninguna interrupción, se aseguró de que ninguno de los conocidos de ambos decidiera hablarles en esa hora, todo había sido meticulosamente planeado y estaba seguro de que sería una cita increíble. Al fin podría besar al hada rusa. Aunque a veces existían cosas que no podían controlarse.
Yuri llegó a su cita acompañado de un pelinegro al que conocía de sobra: Otabek Altin. ¿Qué carajo hacía el kazajo en Rusia? y, más importante, ¿Qué carajo hacía con Yuri? Ambos parecían tan íntimos, que logró quitarle la sonrisa de la cara.
—Disculpa la tardanza, me encontré con Otabek en el camino y… no te molesta que haya venido, ¿verdad? —hizo una breve pausa para mirarlo expectante, así que negó con la cabeza—. Me dijo que también era amigo tuyo.
—Otabek, cuánto tiempo sin vernos —saludó con desgano y tomó asiento en la mesa.
Para su sorpresa, la velada transcurrió de manera amena y un poco antes de la medianoche, el callado Alfa se retiró después de agradecer la invitación y decir sinceramente que esperaba verlos en otro momento. Yuri se quedó con él hasta entrada la madrugada, cuando se dió cuenta de la hora, cogió su abrigo y le pidió que lo llevara a su casa. Era seguro que Yakov iba a matarlo.
Cuando estuvieron en la entrada, JJ lo sujeto de la cintura y depósito el suave beso que estuvo esperando darle toda la noche. Fue un beso casto y cariñoso. Tan lleno de ternura que Yuri sintió las piernas temblarle. Y algo les dijo a ambos que estaban destinados a estar juntos.
