Mūn

Disclaimer: Todos los personajes de InuYasha pertenecen única y exclusivamente a Rumiko Takahashi.

Advertencia: Posible Lemon en el futuro.

Capítulo uno: Brillo

El sonido de un hacha impactando contra los leños era el único sonido que se escuchaba en el lugar. Eso y la respiración agitada del joven que se dedicaba a cortar los leños, muy concentrado en hacer su trabajo con el ceño fruncido.

Alrededor de él podía apreciarse la espesura del bosque. La calma que el lugar desprendía no era tomada en cuenta por el único presente en el lugar.

Dejó el hacha a un lado y se secó el sudor de la frente, suspirando con cansancio. Observó el cielo. Sería poco más de medio día, y la verdad el sol lo estaba matando, pero como la mayoría de los hombres de la villa donde él vivía se habían ido para una "misión", a la cual por cierto él no quiso ir por considerarlo estúpido, él era el encargado de cortar la leña para llevarla de regreso a casa.

Los demás hombres en la aldea no sobrepasaban los diez años, por lo cual no tenían la fuerza suficiente. Además, él tampoco quería morir de frío por la noche. Era humano después de todo, y tal como en la noche se moría de frío, en esos instantes se moría de calor.

A sus diecisiete años—próximos los dieciocho—, y a pesar de las palabras de su madre, se negaba rotundamente a buscar pareja para comprometerse y posteriormente casarse.

Oh, no. Claro que no. Si ignoraba el hecho de que él creía que nunca iba a encontrar a alguien con quien compartir su monótona existencia, simplemente no se sentía listo para eso (ni para buscarse una novia). En todo caso, aunque ya tuviera la edad para casarse, no le interesaba. ¿Qué más daba que las molestas jóvenes de la aldea intentaran hacer que las cortejara? No es que él fuera el hombre más atractivo del planeta (aunque nunca se había puesto a pensar realmente en su físico), él era el hombre más joven de la aldea que podía comprometerse.

Su amigo—casi hermano, pero él no lo admitía—, Miroku, ya estaba a tan solo días de casarse con Sango—otra casi hermana—. Sabía que la mujer, de la misma edad que él, no se había casado antes por estar esperando al idiota de su amigo. Ella nunca lo había dicho, pero con los celos que siempre mostraba era más que obvio que estaba enamorada de Miroku. Claro, él nunca lo había notado… Hasta que anunciaron su compromiso y quedó como que "¿Qué carajo?".

El asunto era que él era el único soltero mayor de quince años, y las jóvenes que soñaban con ser esposas y madres parecían interesadas en él (nunca comprendió en realidad el por qué).

Bueno, en todo caso para él la única prioridad era cuidar de su madre. No era fácil vivir en una época de guerras y monstruos. Él nunca había visto uno—y para ser sincero no creía que existirán seres sobrenaturales—, pero la gente de la villa parecía vivir obsesionada con el hecho de que alguna especie de monstruo llegara a destruir la aldea y devorar a los niños.

Posicionó otro tronco de manera que le resultara fácil partirlo con el hacha, y así lo hizo.

Suspiró y miro a su lado. Le faltaban al menos diez troncos para terminar.

Sip. Amaba su vida. Nótese el sarcasmo. Pero era la única que tenía y para seguirla teniendo tenía que sobrevivir al frío de la noche.

— ¡InuYasha, cariño!

Volteó a ver a la dirección por la que había sido llamado y vio a su madre caminar hacia él.

—Has estado trabajando muy duro, ¿por qué no tomas un descanso? —le habló tiernamente.

El suspiró y se rascó la cabeza.

—No hace falta, estoy por terminar.

La mujer miró los troncos a su lado y volvió su vista a él, arqueando una ceja.

—Está bien. —cedió. —creo que un descanso no estaría mal.

Su madre sonrió complacida mientras que él montaba el hacha sobre uno de sus hombros y cargaba consigo los troncos ya cortados.

Comenzaron a caminar tranquilamente hacia la aldea.

—Debes terminar todos tus deberes antes de que anochezca. —la voz de su madre le llamó la atención.

Parpadeó y la miró confuso.

— ¿Por qué?

La mujer suspiró y lo miró con aire preocupado.

—La sacerdotisa Kaede dijo que esta noche habrá luna azul.

— ¡Keh! Deberías de dejar de creerle a esa anciana, madre. Esa historia de la tipa esa ya está muy gastada. Además, si fuera real, ¿por qué aparecería precisamente en este lugar? —dejó caer los leños una vez que llegaron a la cabaña.

—Solo hazlo, ¿de acuerdo? —pidió, suplicante.

—Madre…—renegó.

—InuYasha…—advirtió.

—Bien. —roló los ojos.

Su madre suspiró con alivio y él solo negó con la cabeza.

¿Había tanta necesidad de creer en patrañas como esa?

Tú solo hazle caso, renegó su conciencia.

Bufó. ¿Qué podía hacerle?

犬夜叉

— "Pon trampas para los animales, no es tan difícil", si claro. —masculló mientras que luchaba con una soga. — ¿Por qué no solo vamos a pescar al puto río? Ningún animal pasará a estas horas por aquí.

Se dejó caer en la hierba y suspiró derrotado. Debió de haberle prestado atención a Miroku cuando intentó enseñarle a poner las trampas para cazar a los animales.

Miró al cielo. Estaba a punto de ocultarse el sol.

Parece que me atrasé demasiado.

Vio como de a poco el lugar se oscurecía. Como tenía planeado regresar antes de que oscureciera, para hacerle caso a su madre, no había llevado ninguna antorcha.

—Genial. —masculló.

No podía seguir con el arduo trabajo que estaba desarrollando si estaba oscuro. Bien, sería arroz de nuevo, pero qué más daba.

Escuchó unos arbustos moverse y se puso alerta. Maldijo la oscuridad que limitaba su vista. Malditas antorchas.

Caminó siguiendo los ruidos de las plantas moverse hasta que llegó al río.

Y la vio.

Sentada sobre sus rodillas, mirando el agua fluir, como si realmente hubiera algo interesante en ella. Estaba quieta, en silencio. La luna iluminaba su silueta. Vestía un sencillo kimono de color blanco y un pequeño adorno en el cabello, negro como la noche. Iba descalza.

Bien, admitía que parecía una imagen majestuosa, pero decidió ignorar sus pensamientos y se acercó de forma sigilosa. Ella aún no se percataba de su presencia.

Parecía perdida… Miraba las aguas con infinita tristeza en su rostro.

Se tensó cuando vio una lágrima deslizarse por la mejilla femenina, pero ella no se inmutó.

Sin estar convencido del todo, decidió hablar.

— ¿Estás perdida?

Una mueca de espanto apareció en el rostro de la mujer, quien se puso en pie rápidamente y cubrió su rostro.

— ¿Q-Quién eres? —tartamudeó la chica.

—Nadie que planee hacerte daño. ¿Estás perdida? —repitió la pregunta.

Ella negó con la cabeza.

—Es mejor que te vayas.

Vio que tuvo la intención de echarse a correr, pero la detuvo tomándola del brazo y obligando la voltear.

Para ella fue tan rápido el movimiento que no pudo hacer nada al respecto.

— ¡¿A dónde crees que-?!—cortó lo que iba a decir al verla a los ojos.

Ella le miró asustada.

Él sintió que su cuerpo no le respondía.

Los ojos de la chica parecían brillar magistralmente con el brillo de la luna reflejado en ellos.

Y entonces todo se volvió negro.

犬夜叉

N/A: Aquí, pasándola…

Tsuki.