Capitulo 2
Sorpresas
Ya recuperados de la emoción inicial, la señora Pony se dispuso a presentar a sus tesoros entre si, mientras los invitaba a tomar asiento.
-Bueno, creo que los voy a presentar para que dejen de mirarse como bichitos raros- dijo Nany
- Creo que sería lo más correcto mamá- acotó Albert.
- Mamá?, es que tu tienes un hijo Nany?- preguntó asombrada Candy
-Si, mi niña,… verás; cuando vine a trabajar aquí como tu nana, tu madre me pidió que me dedicara a ti de manera absoluta, pero yo le aclaré que tenía un hijo que atender también… por lo cual ella me ayudó con la educación del niño, mientras yo me ocupaba de ti.
-Oh… ya veo, pero porque nunca me lo dijiste Nany?
-Porque yo estaba aquí para cuidarte, no para ser tu amiga, mi niña- aclaró Nany con tristeza
-Seguro que esa fue idea de mi madre… verdad Nany?
-Hay mi niña… esas cosas ya pasaron, no tiene caso recordarlas
-Tú siempre defendiendo los imposibles nana.
-Bueno, creo que eso ya no importa, verdad… ahora mamá, nos presentarás o seguiremos aquí como extraños- interrumpió Albert
-Oh… si, es cierto,…Candy, mi niña, este es Albert, mi hijo, la luz de mi vida.
-Mucho gusto Albert, es un placer conocerte- decía Candy mientras extendía su mano para saludarlo.
-Albert…hijo, esta es Candy, mi niña dulce-
-El placer es mío, dulce niña- decía Albert al tiempo que besaba la mano de la joven y la miraba a los ojos.
-Bueno… ahora que ya nos presentaron… podríamos comer algo Nany… muero de hambre- decía Candy para pasar el rubor que había asomado a su cara.
Albert lo notó, y sonreía, este había sido un día lleno de sorpresas y aun no terminaba- me parece buena idea mamá, la verdad es que yo también tengo un poco de hambre.
-Bueno mis niños, vayan a la sala que enseguida les llevo algo-
-No Nany, yo te ayudo con las cosas- se apresuró Candy, que no quería estar a solas con Albert, ya que su presencia la ponía muy nerviosa.
-Si mamá, nosotros te ayudamos, pero primero voy a lavarme un poco… me dirías a donde puedo hacerlo?-
-Por supuesto hijo, te indico cual es mi habitación y allí te pones cómodo… si?
-Gracias mamá; con permiso… dulce niña-
-Todo suyo, señor Albert… jaja- reía Candy muy nerviosa
Cuando Albert se retiraba con su mamá, ella se quedó observando a ese espectacular hombre que caminaba hacia la salida de la cocina. La verdad es que la había impactado con su sola presencia; Candy se sentía rara, nunca le había sucedido algo similar… y no es que no haya conocido otros chicos… pero Albert era especial, no estaba segura que era lo que la mantenía en constante expectación, pero no lo podía sacar de su cabecita.
Albert, por su parte tenía en su memoria muy bien grabada esa figura femenina que lo dejó sin palabras. El era un hombre que ya había vivido romances fugaces, con mujeres atractivas…pero nunca ninguna lo había dejado como pez sin agua. Esta niña lo tenía dado vuelta y apenas si la conocía… algo no estaba bien… porque su cuerpo reaccionó de esa manera frente a esta jovencita… era algo que quería averiguar, y de manera muy rápida. Tomó una ducha corta y se cambió de ropa. Su madre lo esperaba en la cocina junto con Candy y así se dirigieron los tres a la sala, acomodaron todo y se dispusieron a conversar.
-Bueno hijo- comenzó la señora Pony- dime como están tus estudios y tu trabajo.
-Bien mamá, todo está muy bien; la próxima semana presento mis exámenes finales y si todo sale bien comienzo a trabajar como corresponde-
-Perdón que interrumpa...-se atrevió Candy- pero que estudias?
-Estudio abogacía, y si me va bien en el último examen, seré abogado titulado- decía Albert orgulloso-
-Así es mi niña, Albert es un joven muy inteligente… y no es por que yo sea su mamá, pero es muy dedicado a su carrera, es mi orgullo-
-Gracias mamá, que haría yo sin ti-
Candy en ese momento se sintió muy mal. Sentía ciertos celos de lo que Albert tenía con su madre; por un instante sus ojos se llenaron de lágrimas, pero se obligó a si misma a guardarlas en el mismo lugar donde estaban todas las otras que había juntado en estos años de soledad… de no haber sido por su Nany… ella ya no estaría allí. Todo esto no pasó desapercibido para Nany y Albert, y ella se sintió culpable del sufrimiento de su niña.
La acarició dulcemente y le sonrío de manera tan maternal que ella se sintió mal por no poder ocultar mejor su dolor.
Hábilmente Albert cambió el tema, se dijo a si mismo que debería averiguar que era lo que hacía que esos hermosos ojos quisieran llorar… pero lo haría con calma, por ahora solo quería ver esa sonrisa tan angelical que lo había cautivado.
- Dime Candy… siempre eres un tornado por la casa?- preguntó Albert de manera inocente.
- Pues… no, solo cuando estamos sola con Nany- respondía Candy sacando la lengua
- Ah… me imagino que el resto del tiempo eres un mar de tranquilidad- se burlaba Albert
- Oye… siempre conservo mis modales… bueno …la mayor parte del tiempo…-
- Jaja… mi niña siempre es un torbellino… pero esa es su esencia hijo… ella es natural.
- Ya lo veo mamá- decía él mientras la miraba fijamente –realmente es muy natural.
- Bueno que es esto, estoy en un concurso de ejemplares raros o que?
- Jaja, nada de eso Candy, es solo que tu naturalidad es llamativa- acotaba Albert mientras la miraba intensamente.
- Que bien… por un momento pensé que estaba en exposición- reía ella para quitarse un poco los nervios.
- Bueno hija, hablando de todo un poco, dime… saldrás esta noche o ya te quedas hasta el lunes?
- Oh Nany, es cierto… esta noche saldré con Annie y Patty, pero vuelvo a dormir y me quedaré hasta el lunes.
- Bien mi niña, prepararé tus cosas para estos días que estarás acá.
- No te molestes Nany, tú sabes que yo apenas si uso las cosas de la casa, saldré de aquí a las 10 de la noche; las chicas iran a mi departamento a las 11, así que debo ir antes.
- Esta bien hija, pero cenarás en casa verdad?
- Mmm..., podríamos pedir pizza Nany, así no cocinas y podemos estar mas tiempo juntas, … oh, perdón Albert, creo que acaparé a tu mamá y no te pregunté que piensas de todo esto
- No te preocupes, yo me quedaré con mi mama toda la noche, tú ve tranquila.
- Gracias, pero a veces olvido que no es mi mamá.
- Oye… yo se compartir- reía Albert
- Lo se, créeme que lo se, de otra manera yo hubiera estado muy sola.
- Bueno mi niña… si no procuras ver que te pondrás se te hará tarde para salir.
- Tienes razón nana, me alistaré para irme… regresaré temprano, no te preocupes- se retiró dándole un enorme beso a su nana.
- Hasta pronto Albert, espero que te sientas como en tu casa- dijo y se acercó a darle un beso en la mejilla.
- Gracias- fue lo único que pudo decir un asombrado Albert.
Esta niña lo ponía de cabeza… iba en contra de todo los esquemas que tenía de lo que una señorita de dinero debía ser: era tan natural, tan espontánea, que lo dejaba con la boca abierta, y ese beso de despedida lo había perturbado más de lo que el creía.
Candy, por su parte, no sabía de donde había sacado esa idea de darle un beso, pero es que durante toda la tarde lo único que había hecho era mirar esos rasgos tan varoniles y sus ojos se habían detenido en esos tentadores labios, que desde que los analizó no se dejó de preguntar como sería darle un beso, rozar sus labios contra esa boca que invitaba a pecar… oh, pero que cosas estaba pensando, algo definitivamente en su cabeza no funcionaba bien… "debo dejar de leer novelas o mi cerebro se secará… jaja", y así se dispuso a cambiarse para salir.
Había elegido para esa noche, que se presentaba particularmente cálida: una falda corta pegada al cuerpo, que resaltaba su pequeña cintura y su bien proporcionada cadera, en color negro y en la parte superior, una blusa que simulaba un corsé con cordones en su parte delantera de color bordó, y como abrigo una "torerita", similar a una pequeña casaca que solo cubría su busto, acompañado todo de unos zapatos de tacón, no muy altos.
Su cabello lo recogió en una coleta, dejando escapar algunos rizos para darle naturalidad y así vestida, se dirigió a la cocina donde estaba su nana para despedirse.
Solo que allí no solo estaba su Nany, también estaba un desprevenido Albert, que al momento de ella entrar al lugar, volteó a ver, ya que el aroma que ella despedía lo había registrado en su mente asociándolo a un espectacular cuerpo de diosa. Cuando Albert giró, casi se desmaya: esa niña de verdad era una mujer por demás espectacular.
La señora Pony se había acercado a Candy para arreglar algunos detalles en la vestimenta de la jovencita y no se percató que su hijo no respiraba… éste al recuperarse del impacto trataba de no mirarla, pero no lo podía evitar, simplemente era irresistible.
Candy notó la mirada de Albert, y se ruborizó… no era la primera vez que la miraban así, pero este hombre tenía la particularidad de desestabilizarla: era como si sus ojos la acariciaran de manera provocadora, y ella lejos de incomodarse… se complacía.
Se despidió de la señora Pony con un cálido beso, prometiéndole regresar temprano y cuidarse, y cuando iba a despedirse de Albert, dudo un instante… no sabía si darle la mano o plantarle otro beso en su mejilla. Tras pensar por un segundo, optó por el beso, pero justo cuando ella acercaba su cara al rostro de él, un movimiento sin intención hizo que su beso descansara justo al comienzo de los labios de Albert. El había cerrado sus ojos cuando ella se acercó para poder disfrutar de su aroma, pero sorprendido por la cercanía de ella se movió justo quedando su boca cerca de la de Candy.
El impacto que esto produjo en los dos los dejó sin aire, y en estado de alerta, algo en ellos había provocado una descarga que los dejó tensos, y curiosos por la reacción, se miraron unos segundos y luego cada uno retomó lo que estaba haciendo antes de ese electrizante medio beso.
