DIA 2

Una vez más me he despertado pero de pronto me dieron ganas de vomitar, pareciera que lo que viví hace unos momentos fuese verdad… Candy White ahora aparte de ser una lesbiana declarada y Casanova también es una auténtica psicópata desquiciada. Menos mal que había un sanitario cerca de este maldito cuarto aunque sigo sujetada y aferrada a esa puta cadena.

Intento quitarme esa cosa rara del cuello pero es inútil, ahora veo una puerta negra… Genial, ahora todo está con seguro y lo peor no hay llave, no hay televisión ni nada. Al menos hay Maruchan en una mesa de noche y una nota que decía "Volveré a más tardar esta noche. Te ama, Candy".

Miro todo este maldito lugar, ¿Qué diablos es esto? ¿Acaso es una broma? Porque si lo fuera sería muy de mal gusto e incluso sospecho de Neal… No, dudo que sea él, nunca sería capaz de hacerme mal e incluso juntos o no somos muy leales… Miro que tengo grilletes en mis tobillos como si me tuvieran en un campo nazi o algo así.

¿Podría ser que estoy en prisión por algo que no hice? No tampoco y eso que no veo ni nadie aparte de la ventana que sólo tiene una vista hacia al cielo nada más. Y lo peor no tengo ni mi móvil, no tengo dinero, pareciera que esa rubia desquiciada intenta desconectarme de todo el exterior como si fuera un experimento.

Cada vez que me veo encadenada e incluso alrededor de donde estoy siento que una desesperación se apodera de mí… Eso… No puede ser… Yo no lo creo… Pero, de cualquier forma, ¿Qué voy a hacer respecto a que me violaron? Lo raro es que no fue un tipo cualquiera sino Candy… Y más raro, ¿Por qué sexo conmigo? ¿Acaso Patty no le llena las expectativas en las noches?

De pronto siento que noto una voz parecida a la de ella, si una voz muy molesta e infantil como siempre susurrando mi nombre. Una vez más quiero vomitar pero de pronto me quedó en pausa y más cuando veo a ella… Candy está al frente mío y aparte de ella… ¿Dos Candys? La primera está vestida de sirvienta con vestido verde y su delantal blanco, la segunda usaba el uniforme blanco del San Pablo y la última usaba su uniforme de enfermera.

¿Acaso pretende burlarse de mí y humillarme? ¿Acaso ella es fan de Naruto? ¿Qué hice para merecer esto? ¿Le hice algo a ella?

-Obvio Eliza- Dijo la Candy vestida de sirvienta- ¿Te acuerdas cuando tú y el putito de Neal tomaron un broche y un brazalete de tu madre? ¿Recuerdas cuando me culparon de ladrona? Por culpa tuya me topé con un viejo gordo y asqueroso, por suerte salí gracias a Albert

-No olvides que esa imbécil metió sus vestidos dentro de tu maleta- Dijo la Candy del San Pablo

-Ah, gracias por aclarármelo Candy

-De nada, Candy

-No olvides el anillo de la zorra de su madre- Dijo la Candy enfermera

-Ya que me lo mencionas también me culparon de robar el listón de Annie

-De hecho Candy- Prosiguió la Candy San Pablo- Ese día Annie no sólo dejó su listón, también dejó sus bragas

-¿Por qué dejaría sus putas bragas?

-Por qué en aquel entonces se orgasmeaba por ti

-Ella no me dijo de unas pantys

-¿Pueden dejar de hablar de eso? El asunto es con Eliza y cantarle sus verdades- Exclamó la Candy enfermera mientras las demás asentían

-Bien mi turno- Se presentó la Candy Enfermera

-¡No jodas, ¿Por qué tú?-Reclamó la Candy San Pablo

-Porque se me da la gana y ya…-Suspiró y se dirigió a mí- ¿Te acuerdas cuando el maricón de Neal se enamoró de mí? ¿Recuerdas cuando usaron eso aparte de unas cuantas mentiras para desprestigiarme? Gracias a ti me quedé sin trabajo y mi reputación se fue a la mierda aunque como siempre Albert me ayudó

-¿Y también te acostaste con Patty? Lo sé porque cuando Berty salió de negocios te pusiste bien calenturienta y te la tiraste… Pobre Stear, lástima que su novia sea profanada por ti- Dijo la Candy sirvienta en forma de burla

-Dejen la homosexualidad y denme la palabra- Exclamó la Candy San Pablo y se dirigió a mí- ¿No te acuerdas de la trampa que me tendiste a mí y a Terry?

-Ay Terry… Cuando se trata de ese maldito hijo de puta se le sale lo fangirl-Se burló la Candy Enfermera

-¡Ya cállense!... Bueno Eliza como te decía, ¿Te acuerdas de la trampa del establo?

-Sí, el viejo capítulo 47…Como no olvidarlo

-Sí, todo un clásico

-En aquel entonces te pusiste celosa ya que andaba con Terry y claro te pusiste de celosa y en plan villana, utilizaste a Patty

-Error, utilizaste a la gorda de mi novia- Exclamó la sirvienta

-¡Cierra la puta boca, ¿Quieres?!- La Candy enfermera le propinó un coscorrón en la cabeza con tal de que la Candy del San Pablo prosiguiera

-Como decía, utilizaste a Patty enviando mensajes por el celular para una invitación en el establo por la noche y claro las monjas dinosaurio nos culparon, a mí me encerraron y a Terry lo castigaron aunque tuvo que irse del colegio para salvarme

-Sí, fue noble

-Sí, lástima que más tarde la Gusana lo volvió un marica

-Cierto- Asintieron las tres Candys hasta que de pronto una Candy vestida de rojo y falda con detalles amarillos me dijo mientras me señala con su dedo

-Vaya Eliza, antes Terry te señaló diciendo que tu cara es la típica mirada de los que hablan mal de los demás… Ahora tu cara no es más que la de una perra al ser violada

De pronto oigo unos pasos mientras la Candy de rojo me dice con una mirada sombría que me causa mucho miedo

-No te preocupes querida, lo de anoche es sólo la primera parte de tu castigo… Disfruta tu día, Eliza

Las Candys desaparecieron en una explosión de humo mientras en menos de nada llegaron esos recuerdos… Sí hice esas maldades, quizás la envidia y los celos, la avaricia y quizás mi impotencia al ser nada frente a ella e incluso lo hice por diversión… Pero, ¿Por qué violarme cada noche?

De pronto la puerta se abre y en efecto es ella, esa maldita demente con su cara de niña buena y en efecto usando la misma ropa de hace dos días.

-Hola Eliza-Saludó a modo de un canto con esa maldita expresión en su rostro

La pecosa mientras tanto saludó a su víctima cuya reacción fue un intento de golpearla pero no contaba que por la cadena añadida a su cuello no podía alcanzar a la rubia que conservaba su tranquilidad y su calma pero cambió su expresión a la de expresar su miedo pero muy bien fingida.

La pelirrosa intentó zafarse de su grillete en su cuello pero igualmente era infructuoso con lo cual no tuvo más opción que mirar con odio a la ojiverde y exclamar llena de ira

-¡Maldita demente! ¡Déjame salir de aquí!

La ojiverde sufrió un ataque de risa hasta que miró de manera seductora a su victima

-Hahaha, te ves como un animal salvaje y con esa expresión te ves muy linda… ¿O muy sexy?

-¿Por qué haces esto? ¡Explícame!

La rubia miró de reojo a la Leagan enfocó sus ojos en la cadena e incluso el grillete pesado adornando el cuello de su victima

-¿Cómo está tu cuello?

-No puedes mantenerme aquí… Cuando salga te haré pagar de la manera más brutal de la que se pueda ocurrir

Candy suspiró

-Intenta todo lo que quieras, ajusté el largo de la cadena para así asegurarme de que no intentes destruirme, así que cuídate tu lindo cuello- Sacó una bolsa blanca de supermercado lo que parecía ser un pequeño plato de porcelana

-¡Ah sí! ¿Quieres algo de comer? Ayer olvidé alimentarte, lo siento por eso- Miró los platos Maruchan que estaban encima de la mesa de noche- Y traeré una estufa la próxima, supongo que no te gusta el ramen instantáneo

La pecosa le presentó el plato de porcelana a modo de dar una pequeña ofrenda a un necesitado a lo cual Eliza aceptó humildemente para luego lanzarlo contra el rostro de la secuestradora y romperse sobre el suelo. La Leagan roja y con ojos inyectados de sangre gritó fuertemente

-¡¿Por qué me estás haciendo esto?! ¡¿Dónde estoy?!

La rubia no prestaba atención ya que su mirada era de lado mirando al plato roto, de pronto apretó sus puños mientras de la nada su mejilla izquierda empezó a sangrar. La pelirrosa viendo como sus gritos resultaron ser inútiles trató de exigirle explicaciones mientras más gritaba más su tono de voz se tornaba violento contrastando con el tono que solía usar generalmente

-¡Deja de andar en las nubes y mírame! Tú no harías esta clase de cosas sin una razón, ¡¿Verdad?!... ¡Hey subnormal, ¿Me escuchas?! ¡Di algo!

La rubia se volteó al inicio con su cara cuando algo le pasaba, su típica cara de querer llorar y conociéndola podía comenzar un drama por ello. Pero explotó haciendo una cara nunca antes vista: Sus ojos se inyectaron de sangre aparte de que sus ojos estaban distorsionados, sus dientes estaban muy apretados como un perro con ganas de morder a alguien y su mira llena de completo odio… La Leagan se quedó sin habla ya que era la primera vez que la pecosa mostraba una cara que daba miedo y más cuando su mejilla estaba en un río de sangre.

Candy ahora tenía una profunda voz pero plasmando toda su ira, bajó la mirada haciendo que sus flecos le cubrieran los ojos pero unos esmeradas brillaban con la luz de un psicópata

-Eliza… Eres igual a Annie o esa maldita Susana, siempre llorando como unas perras escandalosas… Es jodidamente molesto, ¿Sabes? Y por confiarme en esa gusana perdí a Terry creyendo que era lo correcto… Que idiota fui aquel día… Debí haber matado a ese par

La rubia caminaba de manera lenta mientras la pelirroja estaba paralizada ni podía moverse

-Es lo mismo de siempre, comienzo a ser amable pero al final… Supongo que no tengo una razón para…- Candy se acercó hacia su víctima la cual seguía con la mirada baja pero con esa sensación de horror

-Eres una loca…- La pelirroja tenía la voz entrecortada mientras la pecosa estaba frente a frente con su victima

-¿Quieres ver una loca?- Puso una mano sobre el grillete del cuello de la Leagan, alzó la mirada dando a ver a una Candy de cabellos alborotados, unos ojos blancos y una mejilla sangrante

-¡AQUÍ LA TIENES!-Gritó violentamente haciendo que el eco sonara hacia unas calles pero ignorado al final.

La rubia empujó con violencia a la pelirrosa contra la cama, se lanzó como un animal rabioso prosiguiendo a apretar las manos con tal evitar una gresca. La Leagan veía con horror y indignación como Candy desgarraba su camisa como un león enfurecido hasta su sostén no se salvó de la salvajada.

Sus pechos estaban al aire a lo cual la rubia sin titubear se lanzó sobre ellos para lamerlos y morderlos, estrujarlos, besarlos y jugar con ellos. La rubia disfrutaba de la esencia y del olor de los pechos de una zorra la cual le quedaba muy bien

-¡Alto! ¡Detente!-Los ruegos y gritos fueron inútiles ya que la rubia se embriaga de su olor mientras su cordura y su moral se iban desapareciendo, chupando y lamiendo el pezón rosa era su única función ni nada más

-¡Estás loca!

La rubia paró su acción mirando de reojo a su víctima como si las reacciones de asco le causaran algo de gracia, sacó un poco su lengua apuntando al pezón dio una lamida pequeña y dijo esbozando esa mirada seductora y engañosa

-No Eliza, loco es el que hace locuras… Incluso si te hago sentir bien, estoy tan cuerda como siempre

La pecosa usó la mano izquierda para tomar el grillete del cuello de la pelirrosa mientras usaba la derecha para forzar el brazo izquierdo de su contraria como si apretara un punto de presión. La Leagan de pronto sentía como su cuerpo se adormecía y no podía moverse. La rubia demente daba besos lentos y simples sobre el cuello y las orejas de su víctima hasta que una vez más miró a la pelirrosa la cual con una mirada entre enojo y miedo, pero ese temblor que sentía cara a cara la hacía feliz.

La rubia clavó sus esmeraldas sobre los ojos castaños de su víctima y con una sonrisa combinada entre morbo y calma dijo con una voz tranquilizadora

-Eliza… Estás muy débil- La pecosa desabotonó su cinturón para hacer un amarre alzando las piernas de la Leagan para adjuntar las muñecas. Adjuntó ambas partes con el largo de la cuerda de cuero para dar un buen amarre aparte de una Eliza dócil y prisionera, justo como lo planeó.

Le bajó los pantalones e interiores hasta dejarla desnuda una vez más como el día anterior

-Que gran vista- Candy con una sonrisa lujuriosa enfocaba su vista a la intimidad abierta de su rival mientras ésta la miraba con todo el odio que sentía mucho más que el que tenía en el pasado

-¡Tú bastarda! ¡Te mataré! ¡Voy a matarte!- Los gritos y los forcejeos fueron en vano ya que ahora la rubia usaba dos dedos dentro de su víctima, su sonrisa ahora mezclada con lujuria se dibujada en su rostro exclamó

-Detente, te ves como si estuvieras a punto de llorar. Mientras dormías tuve que aflojar las cadenas un poco- Fingió como si escuchara hablar a un pajarito- ¿Qué…? Podría ser…

Le dedicó una mirada demente a la pelirrosa

-Eliza Leagan, a partir de hoy eres mi perra

La rubia se bajó el jean para sacar de su bolso el mismo arnés de goma no sin antes usar un condón, lo metió hasta el fondo dentro de la pelirrosa la cual emprendió un grito que se escuchó por lo más alto mientras la pecosa aumentaba la velocidad de sus embestidas. Riendo y jadeante la rubia se sentía victoriosa mientras decía

-Hahaha, lo sabía. Tienes una voz increíble

La pobre Eliza imploraba pero esa sensación de ser taladrada en su ser hasta lo más profundo la invadía e incluso próxima a perder la cabeza acompañado de un horrible dolor.

-Oh, estás algo excitada

-¡Detente!

La rubia admiraba su obra macabra mientras empujaba con más fuerza hacia la Leagan

-Tus reacciones son grandiosas, es increíble la forma en la que tu cuerpo tiembla y salta cada vez que te toco… Sabía que éramos realmente compatibles… ¿Acaso nosotras dos somos…?

La pelirrosa trataba de articular palabra aunque no mucha debido a las salvajes embestidas de la pecosa rubia. En medio de una voz algo quebrada interrogó a su captora

-Tú… ¿Usaste alguna droga extraña en mí?... ¿No es así?

-Oh… ¿Ayer? Eso no contenía ningún afrodisiaco- Prosiguió un rato con sus empujes- Además, los efectos ya deberían haber desaparecido- Comenzó a besarle el cuello y morder el oído mientras se embriagaba con el poco aroma impregnado en su cuerpo

-Oh mi querida Eliza, tu cuerpo es tan lascivo

La pobre Leagan gruñía de ira y dolor y más cuando le daba unas intensas ganas de morirse antes de que soportara la cara alegre, esas pecas y esos ojos verdes cuyo brillo era digno de un demonio. En medio de las embestidas siempre repetía con dolor y repudio

-Cállate…

La rubia hizo oídos sordos a las quebradas palabras de la pelirrosa a lo cual besó la frente de su esclava mientras decía en voz baja con un tono dulce

-En serio eres tan linda, date prisa y te haré mía

(…)

Finalmente habían culminado el acto mientras de pronto ya eran horas de la noche, las luces estaban encendidas aparte de que la rubia tenía usada una chaqueta negra y un abrigo rojo. La pecosa finalmente tenía que ir a una cita con Patty en algún parque o restaurante no sin antes ver como estaba su esclava sexual.

Viendo un plato Maruchan le preguntó a la pelirrosa la cual desde su cautiverio no pudo probar comida

-Oye Eliza, ¿Qué hay de la comida?

-Vete al diablo…- La pelirrosa estaba acostada de lado sin mirar ni siquiera a los ojos de su captora la cual suspiró al no poder hacer nada

-Ya veo- Arropó con la cobija a la joven mientras dejaba una nota en la mesa diciendo que había una manguera y unos cuantos jabones con los cuales pudiera bañarse.

-Volveré mañana- La pecosa cerró la puerta y salió a su cita mientras la pelirrosa al sentir que no estaba su peor enemiga se sentó mientras usaba la sabana como un manto, dio un puño sobre la pared como si se maldijera de estar privada y secuestrada, caminó hacia la ventana mientras divisaba unas lejanas luces y los ruidos de grillos y pajaros.

La pobre Eliza Leagan en menos de dos días no soportaba estar hacinada y vivir en esas condiciones, debía hacer algo para escapar y quizás hundir a Candy en prisión pero había un problema… ¿Cómo debía hacerlo? Se limitó a chocar su frente a la pared para pensarlo muy fríamente mientras apretaba el grillete de su cuello, usar esa cosa la estaba asfixiando.